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Full text of "Obras de D. F. Sarmiento"

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OBRAS 



DE 



D. F. SARMIENTO 



I»t7liI-lCAOAS BA.IO LOS AUSPICIOS DKL GOBIKKNO 
AUGKNTINO 



TOMO XXVII 



ABRAHAM LINCOLN 



DALMACIO VELEZ SAARSFIELD 



HUKNOS AIUKS 

07'73 — ImpreriUi y Litojfrafia «Mariano Moreno», (.)orrienl«8 829 
1899 



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OBRAS 



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D. F. SARMIENTO 



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OBRAS 



DE 



D. F. SARMIENTO 



OBRAS 



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D . F. SARMIENTO 



rUBLlCADAS BAJO LOS AUSPICIOS DEL GOBIERNO 
ARGENTINO 



TOMO XXVII 



ABRAKAM LINCOLN 
DALMACIO VELEZ SARSFIELD 



BUENOS AIRES 



fiTía-^ImpiuntA y Lilogr^flji itMi^Ti&nD UonDo», CorrienUB 



1 



SAL í^S3^.l.¡ 






EDITOR 
A. BELIN SARMIENTO 



^ l!^Ifi 



VIDA DE LINCOLN 



INTRODUCCIÓN 

I, Ifát^Halea de qút se ha Tormada estaobn.— La materta eo relación á su estilo. 
—Solidaridad de los Intereses americanos.— 11. Lecciones íju*" enclí^rra esta oarra- 
cton.— Conirasle de antecedentes políticos y sociaíes entní el Norte y Sud-América* 
—Nuestro único modeío está en los Estados Un i dos.— El me te nía republicano triun. 
ranie.— Cruel desengaño de los inonarqaliíias.— (11. Antecedentes históricos y 
religiosos de la esclavitud.— La acción d^ la Igle-sia a su respecto— Ídem de los 
puritanos y reformistas Ingleses,— Su apoyo en la Blljlia.— CUjsequio signincativo 
del Comité Patrlótlcú de Roma.- IV, El principio de la autonomía «le los pueblos 
aplicado á la RepübUca* — Causa del intigonlsrao entre el Norte y el Sur de los Es- 
tados Unidos.— La fuerza del Norte represe ntavla por Lincoln.— Su carácter.— Su 
prudencia y euergla.—v. Su acción en el Congreso.— Carácter de su oratoria.— Su 
oposición a la guerra de Mé^leo.— ReaJI^acionde, sus pronósticos.- Poder agresivo 
é inTasor de la esclavitud «—Sus desastrosas efectos sobre la cabeza misma de sus 
fiuloras.- VI. La doctrina de 5ionroe,—Anlaiíonlsmo inevitable de los principios 
repuljlícanos y monárquicos.- Se pnede diferir^ no evitar el cúnilicto.— Cambio 
necesario de política en los Estados Unidos.— Vil.— Lincoln se prodama campeón 
de la nacionalidad.— Primero es unionista y no abolicionista.- Empuña con mano 
fEerte el poder.- Se mantiene flrrne contra toda oposición-— La ley marcial y el 
estado de sillo.- NI el poder multar nt el populadlo le Imponen.— VIII. Su ree- 
lección Justirica completa meo te su política.— Mártir de la libertad de los esclavos.— 
Grandeza de su obra.— Segundo s6lo á Washington.- El problema ile la libertad 
resuelto por él.— Carácter conservador de su polfllca de reorganUaclon.— Modo de 
apreciar su reelección.- El inicio severo déla historia no ha lle{jado aún.— Leccio- 
nes que se deducen de su rlda.— Los Estados Unidos son la fuente de las institu- 
ciones sur-americanas, y el centro de Impulsión para su progreso. 



Mas bien que ejecutada, hemos dirigido el trabajo de 
adaptar k la lengua que se habla en la América del Sud, 
una Vida del Presidente Lincoln, entresacada de las varias 
que corren impresas, y extractando de ellas, por redundan- 



n 



6 OBKAS DE SAHMIBNTO 

tes, documentos oñciales dados in extenso^ y añadiendo 
detalles ó explicaciones, necesarias á la distancia del teatro 
de los sucesos, para la recta inteligencia de los hechos. En 
verdad que nadie puede con propiedad llamarse autor de 
la biografía de hombres que han llegado entre las agitaciones 
déla vida pública á puestos tan encumbrados como Lincoln* 
Son estos personajes como aquellos lienzos transparentes, 
con letreros legibles desde la distancia, merced á su propia 
luz interna. Nacido Lincoln á la sombra de los bosques, su 
vida privada, desde que llega á la edad viril, compónese 
para el público de discursos en los meetings populares; y 
su vida pública de oraciones parlamantarias, que mas tarde 
se fijan en decretos, mensajes y proclamaciones. Su muerte 
misma es el último acto de vida tan consagrada á la cosa 
pública. 

Una bala criminal, dirigida por las pasiones políticas, lo 
alcanza, en medio de las felicitaciones del triunfo, y le 
acuerda los honores del martirio. El Comandante General 
de los Ejércitos y Marina de los Estados Unidos, es el últi- 
mo soldado que muere en aquella guerra colosal. 

Esta su historia ha debido ir quedando como estereotipada 
en las hojas diarias de la prensa, ó en los registros oñciales 
de documentos públicos. Ni corregir es dado tales pruebas, 
limitándose, el que quiera darle cuerpo y forma, á compa- 
ginarlas por orden de fechas, cuando la Providencia ha 
puesto el finis coronal opm á este libro escrito día ái día en 
cincuenta y seis años de vida. 

Así es que conservando el tono simple y sin pretensión 
literaria de las diversas biografías, al hablar de personaje 
tan sencillo en lenguaje y maneras, esta compilación ha 
querido evitar el juicio que sobre una de las biografías 
publicadas en Francia hace un escritor norte-americano, 
«En la apariencia exterior, dice de este libro, nada hay que 
lo distinga de las memorias que por millares publica la 
prensa francesa; pero al abrirlo y leerlo, i cuánta extrañeza 
no debe causar al espíritu de un americano, el encontrarse 
con esta vida de nuestro tan sencillo Presidente I A veces 
aquel sentimiento llega á ser tan pronunciado, que uno 
duda de la identidad de Abraham Lincoln con el héroe del 
vivaz autor francés. Y no viene esto de alguna palpable 
inexactitud de los hechos que se refieren á la vida del 



¥1DA D8 LINCOLN T 

Presidente Lincoln, ó de deducciones ú opitiionea erradas 
sobre su carácter, sino simptemente del peculiar color y 
sabor que da á la historia el foUetinista parisiense, que no 
puede dejar de ser espiritual, aun cuando trata de cosas 
serias, y que no quiere pasar por pesado, aunque guste de 
tilosüfar. Y de corazón escribe M, Arnaud, no puede haber 
duda, puesto que es ardiente partidario de la causa de la 
libertad y de la verdad, y un sincero admirador del Presi- 
dente Lincoln, á su manera espiritual y francesa, a 

El nombre de Abraham Lincol n ha llegado á la América del 
Sud entremezclado con la narración de los acontecimientos 
sorprendentes de una guerra gigantesca, que ha tenido en 
suspenso á la humanidad entera. Habíamos asistido desde 
lejos á este drama, asi como la actividad asombrosa de las 
comunicaciones entre todos los pueblos del mundo, nos 
habla hecho seguir de cerca ó instruimos sucesivamente en 
todos sus pormenores, causas y resultados acerca de la 
sublevación de los cipayos en la India, la toma de Sebasto^ 
pol en la antigua Cólchida; y de las batallas de Solferino 
y de Miigenta en Italia, cuando los Italiotes volvian k recla- 
mar, por segunda vez, diez y ocho siglos después, sus 
derechos á la ciudadanía romana. 

Mas de cerca que la del resto del globo, nos interesa 
comprender las evoluciones que en su desarrollo ejecutan 
los Estados UniíJos de Norte* América, cuyas instituciones y 
rápido engrandecimiento son como el itinerario que nos 
está trazado por la similitud de origen colonial, la comunidad 
de continente, y hasta de rios estupendos que fluyen de los 
Andes, lo mismo de la Sierra Nevada que del Cliimborazo 
ó Tupungato; aunque estemos ul principio de la jornada, y 
vacilemos y perdamos el camino por no estar bien trazado; 
si no se pretende todavía que están condenados á vtigar sin 
término los descendientes de los patricios y pueblos del 
Lacio, que en su tiispersion fundaron la serenísima Repú- 
blica de Venecia, sentada catorce siglos á orillas del Adriá- 
tico, Genova, Pisa, Luca y Florencia, que restauraron las 
letras y las bellas artes antiguas, y crearon el comercio y 
la industria moderna, hasta que el genio de la raza latina, 
con Colon y Cabot, salvando mares hasta entonces ignotos» 
cuales otros Eneas, señalaron el nuevo campamento donde 
habría de terminarse, en cuanto á instituciones libres, el 



8 OBRAS DE SARMIENTO 

laborioso ensayo principiado á orillas del Tíber, y cuya 
meta está ya mas cerca de lo que se pensaba ahora cuatra 

años. 

II 

En la vida de Lincoln encontraránse esas afinidades de 
existencia entre ambas Américas; y de los hechos que con 
elhi se relacionan, deducirse han por fuerza lecciones y 
advertencias útiles para nuestro propio gobierno. 

Injustos ó precipitados en demasía andan los gobiernos 
y i>ublicistas europeos, cuando echan en cara á la América 
ilel Sur sus extravíos y sus luchas sangrientas. Cúlpanla 
de su propia obra, exigiéndole que remedie en treinta año& 
los errores que al colonizarla la legaron durante tres 

iíiglOS. 

Los Estados Unidos, descartados desde su origen del 
recargo de dinastías y de noblezas, continuaron en santa 
píiz^ después de independientes, el desenvolvimiento de las 
hereditarias libertades inglesas, añadiendo nuevos resortes 
ii la máquina del gobierno con las constituciones escritas, 
la reparación de las creencias religiosas de la administra- 
ciüti civil, la educación universal, y las leyes agrarias que 
ponan al alcance de cada nueva generación su parte de 
heredad en las tierras públicas. 

Las colonias españolas, vastago del mas envejecido tronco 
de !a encina europea, venían á la vida de naciones, desde 
1>155 adelante, en la época de mas vacilación y obscuridad, 
Í>or que haya atravesado la Europa. 

Con Felipe II y la Inquisición en el cuerpo, buscaron, 
en vano, medios de desembarazarse del demonio que se 
ll¿niiaba Legión de atraso, y clamaba desde sus propias 
enuañas. Al hacerse independiente la América del Sud^ 
cediendo en ello á impulsos externos, porque era la época 
histórica de la emancipación de las colonias, volvió los 
ojos á la Europa en busca de mentores para organizar los 
nuevos gobiernos. ¿Dónde hallarlos, empero? ¿Inventa- 
ría derisoriamente una aristocracia privilegiada para go- 
üt ruarse como la Inglaterra? ¿ Seguiría á la Francia, que 
pít-'tendía ser por entonces el luminar del mundo, en sus 
revoluciones sangrientas, pero abortadas en el Imperio? 
Seguirla al glorioso Emperador cuya frente había sido 



VIDA DE LIKCOLN 9 

surcada por los rayos del sol en todas las capitales de 
Europa, pero cuyos gemidos podían, destle las costas ame- 
ricanas, oirse en la vecina isla de Santa Helena, donde, 
cual Prometeo, purgaba sus osadas tentativas de crear 
inf^tituciones emanadas de la voluntad de un solo hombre? 
¿Seguirían á [os restaurados Borbones al destierro con su 
otorgada carta? Y si al ñn aparece Luis Felipe, el rey 
ciudadano^ concillando la tradición y el progreso, la mo- 
narquía hereditaria y la libertad popular, no bien empe- 
zaban á estudiar este bello modelo, cuando. . . Luis Felipe y 
su libertad en el orden, y su progreso gradual fueron á parar 
adonde habían ido el legítimo Carlos X, el grande Em- 
perador, Robespierre el incorruptible, y Luis XVI, la víctima 
expiatoria de los delitos de la monarquía. 

La República es el gobierno definitivo de la humanidad, 
se dijo entonces al mundo expectante; pero vióse luego 
que era soío error de imprenta; que no érala República 
el gobierno definitivo de la raza latina, sino el Imperio 
democrático, absoluto, militar. La libertad quedaba para 
Sajones de aquende y de allende los mares. La raza latina 
traía en su esencia misma las instituciones imperiales. 

Y ya empezaban k aplicarse estas docLi'inasá la América, 
aprovechándose del siniestro eclipse que amenazaba obscu- 
recer por siempre el brillo de las libertades y prosperidad 
de la gran Reííública americana. 

Creyóse, al verla convulsionada, que el pueblo sobe- 
rano, artífice feliz de ferro-carriles, teléf^rafos y naves de 
vapor, muy competente para acumular tesoros por la pa- 
ciente industria ó el audaz go ahead^ retrocedería siempre, 
corno en Bull Run, ante el pelifíro de la muerte vista cara 
á cara. Naciones formadas por el voto del pueblo, sin el 
derecho superior del hereditario monartia, ó la mano de 
hierí-Q de la conquistu, se nisgarií^n como la cola del come- 
ta de Encke, ó irian sus jirones á disiparse por las pro- 
fundidades de la Historia, Sólo las innnarquías eran, al 
decir de los maestros de entonces, planetas regulares en 
el orden inmutable de la economía del universo. Tardaba 
ya la separación del Sud y del Norte en el efímero ensayo 
de los Estados Unidos, Las aristocracias sólo tienen la 
tenacidad de propósito, y el espíritu de mite que caracterizó 
á Roma, Venecia é Inglaterra en la eJ€*cucion, durante si- 



10 OBñKB D£ SAHMlfiCiTO 

filos, de un plan íijo. Los EataJos Unidos, y en ellos la 
República, desprovistos de estas guardas y seguros contra 
incendio de las democracias necesariamente turbulentas 
y veleidosas, debían sucumbir á la prueba, quedando con 
su próximo fin disipadas las falaces promesas de una 
corta y robusta infancia. 

Tales fueron los oráculos oficiales de la antigua ciencia 
de estado. 

Lo que sucedió en realidad, cómo y por qué sucedió, ve- 
rálo el lector en la Ylda de Lincolni protagonista del 
drama, narra Jo, explicado por ól mismo en documentos 
públicosi con la sencillez Jel héroe que se ignora á si 
propio, y cuenta las pavorosas peripecias de su combate 
con el monstruo, como si las cosas no hubiesen podido 
ser de otro modo, á no mediar su terrible pujanza. Ve- 
ráse también, cómo sin hacer violencia a las libertades 
inglesas, ni desmentir los principios americanos, que sobre 
ellas se levantaron — cual majestuoso edificio hecho para 
la pazj objeto primordial del Gobierno — el Poder Ejecuti- 
vo de la República halló, en el mismo arsenal de la 
guerra, coraza y guantes de hierro para manejar las esco- 
rias ásperas ó incandescentes, sin herirse en sus púas, ó 
quemarse con su abrasador contacto, 

¿Que era, en substancia, la cuestión que tres millones de 
ciudadanos soldados han debatido á fuego y sangre, cuatro 
años; disputándose palmo á palmo el terreno, á una orilla 
ú otra orilla del Potomac; oponiendo al Sud el Norte; al 
Merrimac en los mares el Monitor; al Torpedo el Parrot; 
á la victoria estéril anteponiendo la taimada derrota, hasta 
que contra Lee inventan un Grant, y cansados de acumu- 
lar montañas para el asalto de Richmond, los Titanes dan 
un prodigioso rodeo, y socavan por la espalda la fortaleza 
feudal, proclamando, al fin, entre truenos y rayos la abo* 
lición por toda el haz de la tierra de la esclavitud del 
hombre? 

Si bien la esclavitud, como institución, fué la causa 
eficiente de la guerra, y su extinción el resultado apa- 



VíDA DB LINCOLN 11 

renle, otros puntos mas vitales para la preservación de 
la República, estaban detrás de esta grande facción exte- 
rior del cuei'po político; y esto importa conocer para la 
iateügencta del grande espectáculo. 

m 

La esclavitud del ilota es la primera manifestación 
visible del sentimiento de humanidad, en el contacto 
hostil de los pueblos primitivos. Mas atrás está el 
aairopófago, devorando en horrible festia al vencido, 
rm vtctist 

Mucho escándalo causó á los del Norte ver que sacer- 
dotes piadosos, y aun ejemplares obispos, abogaban por 
la esclavitud como de institución divina. 

Preciso es convenir en ello, sin embargo* El cristianis- 
mo traia sin duda, por implicancia, en el fondo de su 
doctrina toda libertad humana; la libertad del pensamien- 
to, puesto que era una doctrina espiritualista; la libertad 
civil, puesto que constituía iguales á los hombres ante 
Dios; la libertad de las razas mferioresj pueiíto que las 
hacia provenir de un padre común á la especie humana. 
Pero su influencia no ha podido ser ni general, ni directa. 
Con el dogma del pecado original veníale de la tradición 
hebraica la condenación á servidumbre eterna de la raza 
de Cam. Los dos grandes actos de la creación genesiaca 
traen estas dos condenaciones: la serpiente tienta á Eva, 
que lega á sus hijos la pobreza y la ignorancia; el sumo 
de la vid embriaga á Noé, el segundo Adam, y Cam, por 
haberse burlado del ebrio, es maldito, esclavo en su des- 
cendencia. 

Cuando en los primeros siglos de la Iglesia se ensaya 
piadosamente el comunismo, ó el desprendimiento de los 
bienes terrestres, poco se dice ni hace por la abolición 
de la esclavitud, que los bárbaros retornaron en servidum. 
bre á los romanos vencidos • En la orgia feudal de la 
edad media, obispos y abades tomaron la misma parte 
que reyes y barones, sin hacerse escrúpulo de mantener 

C02 ^ _ 



12 0BRA8 DB 8AKMIBNT0 

el santuario con el trabajo de los siervos. Al disiparse 
aquellas nieblas de donde salía regenerado el mundo, Co- 
lon, el último de los cruzados, y el mas exaltado cristia- 
no, arrebata indios á sus hogares, para mostrarlos entre 
papagayos pintados y otros animales raros en España, 
como trofeos de su inmortal victoria sobre el misterioso 
Océano, y los vende por esclavos. El santo obispo de 
Chiapas, movido á compasión por la raza india que perece 
á millones en la servidumbre, abre él mismo el ancho re- 
guero de esqueletos humanos que tapizan el fondo del 
Océano entre el África y la América, con la trata de negros. 
La abolición de la esclavitud alcanza entonces en las con- 
ciencias hasta el seno de la raza cáucasa; pero no protege á la 
que Noé maldijo. 

Los Padres Peregrinos que desembarcaron en Plymouth, 
y se creían la expresión mas alta del espíritu del cris- 
tianismo primitivo, nada dicen ni hacen por borrar de 
la historia humana esta mancha original; porque la creen 
caída de la pluma de Jehovah, en la Biblia. Decisiones 
de los tribunales ingleses muestran largo tiempo el mismo 
respeto por el texto sagrado; y es sólo en nombre del 
derecho civil, cuando éste se ha fortificado por las con- 
quistas de las libertades inglesas, que al fin un Juez 
declara no ser la esclavitud del hombre conciliable con 
la declaración de los Derechos contenida en la Magna 
Carta. 

Sábese el extraño expediente que al obispo de Nadal ha 
sugerido la letra harto positiva del texto sagrado sobre 
el esclavo; y sábese también cuál fué el estrago que causó 
en la conciencia de un neófito negro, cuando el obispo Co- 
lenso le traducía en Zulú los versículos 21 y 22 del Éxodo: 
«El que hiere á su siervo ó á su sierva con palo, y murie- 
ren entre sus manos, será reo de crimen. Pero si sobrevi- 
viere uno ó dos días, no quedará sujeto á pena, porque di- 
ñero suyo es.y> Dinero de los plantadores del Sur eran sus 
negros. 

Mas acertado, en punto á filiación de la esclavitud, ha 
andado el Comité Romano, que tomando un^ piedra del 
Ager de Servio Tulio, sepultado bajo el detritus de veinte 



VIDA DB LINCOLN 13 

y cuatro siglos, escribió sobre ella esta inscripción del 
Lacio: 

ABRAHAMO LINCOLNIO, 

REGIÓN. FCEDERAT. AMBRIC. PRESIDÍ. II. 

HVNC EX. SEKVII TVLLII AGGERB LAPIDEM 

QVO VTRIVSQVE 

UBBRTATIS ADSERTORIS FORTIS. 

MEMORIA CONJVGATVR 

CIVES ROMANI, 

D. 

A. MDCCCLXV. ( * ) 

Y como para suplirá la tradicional concisión de la leyen- 
da inscritural, en la carta de remisión de este monumento 
al Presidente Johnson, añaden: «Lincoln, sucumbe por la 
abolición de la esclavitud y el mantenimiento de la unión 
nacional, como Servio Tulio fué víctima de un parricido, 
favorecido por los patricios que querían la opresión de la 
plebe y la perpetuación de la esclavitud. Uno y otro, en 
los dos hemiferios, á veinte y cuatro siglos de distancia, 
fueron benefactores de los pueblos, devolviendo al esclavo 
la dignidad de hombres. Sea esta antigua piedra, presa- 
j^io de libertad eterna para vosotros, y de próxima redención 
para nosotros.» 

IV 

Cuestión mas grave que la de la esclavitud traía en sus 
entrañas la República, como institución. Los pueblos no 



( 1 ) «Los Ciudadanos Romanos dedican áÁbraham Lincoln, Presidente (en su segundo 
Cotisuladoí de la Región federal atnericana, esta piedra extraida del Ager de Servio 
Tuho, en la cual va unida la memoria de uno y otro fortisimo sostenedor de la Li- 
bertad, Í865.V 

Sábese qae Roma fué cercada en sa cuna de maros renovados por Senrio Talio; 
y que á medida- que crecía la futura dominadora del mundo antiguo, se la trazaba 
naevo y mas amplio circuito. La muralla de Servio Tullo fué encontrada y reco- 
nocida en excavaciones recientes sobre el Monte Aventlno, y en lugar llamado hoy 
Termini, veriflcóse el Ager hasta la puerta Vinunale. De esta venerable reliquia 
de los fundamentos de Roma, el Comité Patriótico substrajo á buriadillas un canto 
de dos metros cuarenta y nueve centímetros de alto, tres y treinta y seis de ancho, 
y un metro y sesenta y seis centímetros de espesor; y grabando en la una de sus 
faces la citada Inscripción, lo ha remitido á América, al Capitolio de la Gran Repú- 
blica, como presagio de sus destinos^ y vinculo simbólico de la continuación de las 
Instituciones planteadas por los romanos, detenidas en su natural desarrollo por 
la resistencia de ios patricios, interrumpidas por César, continuadas, quince siglos 
después, en.los Estados Unidos.— (iV. del Autor). 



14 OBRAS l>S SARMIENTO 

siendo patrimonio de nadie; los hijos no pudiendo ser obli- 
gados, sin término, por los padres, deduciríase que las na- 
ciones fundadas en el espontáneo y libre consentimiento 
de los pueblos que las componen, pueden disolverse bue- 
namente, cuando alguna parte de ellas quisiera segregarse. 
La historia no presentaba, sin embargo, ejemplos de estos 
arbitramientos voluntarios. Las monarquías europeas, hasta 
ahora poco se compoiiian y descomponían por el casa- 
miento entre príncipes soberanos que llevaban sus propie- 
dades {naciones!) como bienes matrimoniales, ó cuyos lími- 
tes catlibiaba la conquista con harta frecuencia, sin que en 
ello entrase la voluntad del pueblo para nada. Hoy se apro- 
xima el derecho público en Europa á dar por base estable 
á las nacionalidades la comunidad de lengua en limites 
continuos; y la guerra de Italia y el desenlace de la Dina- 
marca parece sancionar este principio, con cierta admisión, 
en leve dosis, de consentimiento ó asentimiento popular, 
discernible al parecer por el éxito de las batallas. ¿Pueden 
las Repúblicas fundadas en la soberanía popular disolver- 
se, como una firma de comercio, cuyos socios están mal 
avenidos? Parece que las naciones contaran como unida- 
des ante los ojos de la Providencia para el desarrollo 
humano, y la realización de sus designios. Una grande 
nación que se disolviera en átomos ó en fragmentos, trae- 
ría necesariamente una gran perturbación en la economía 
del mundo* ¡Cuánto desastre se seguiría á la desaparición 
de Cartago, para que tres siglos después fuese todavía el 
propósito del genio romano colmar el abismo abierto, resta- 
bleciendo la ciudad púnica, ya que no el Estado colonizador 
y comerciiantel 

Esta cuestión que interesa á todas las Repúblicas, venía 
agitándose en los E^stados Unidos de treinta años atrás con 
Calhoun y los nulificadores, hasta presentarse en el hori- 
zonte, cual torva nube de hrepresible conflicto. El error de la 
transacción, en mííteria de principios, consiste en contar 
con que mientras el principio no avanza por prudencia, la 
reacción se ha de ©star tranquila en su puesto. Cuando 
el principio vuelve de su error, es cuando se encuen- 
tra circunvenido por todas partes, y tiene que pelean 
no por avanzar, sino por la vida. Así sucedió en los 
Estados Unidos. Terminada la terrible lucha, y penetrando 



Vi DA DB LTWCOLN 15 

en los misterios íntimos del Sur, se ha encontrado la ver- 
dadera causa del antagonismo entre el Sur y el Norte, que 
86 hacia mas hostil^ á medida que éste realizaba mas con- 
quistas eu la vida moderna. El Sur con los esclavos era 

como hi capa geológica anterior al terreno reciente: era el 
intermediario entre la Europa y la América: el descenso 
natural de la América del Sur k la del Norte. Conglome- 
rábanse de aquel lado la Florida que fué española; la Lui- 
siana y el Mississipi, que fueron franceses; Texas, que no 
acaba de ser mejicano. Cuando en la Convención de 1768, 
que dio la Constitución de los Estados Unidos, se discutía 
un punto, usr'i base da este argumento: «La Virginia lo quiere: 
seria desagradar k la Virginia»; y tas cosas se hacian ó no, 
según estos estímulos ó cortapisas á la voluntad d© los 
oíros. L^i Virginia dio largo tiempo los Presidentes: el Sur 
los ministros, los senadores y almirantes. La vida del pa- 
tricio romano entregado á los asuntos del foro, con consa- 
gración exclusiva, es posible donde hay esclavos, sobre 
cuyos hombros hacen pesar el fardo de la subsistencia. 
A mas de esclavos, encontróse en el Sur plehs blanca^ ó los 
blancos pobres y íidalgoSj que tienen afinidad de posición 
conloa desceníHentes de españoles en la América del Sur, 
que se llaman gaucho, ranchero, huaso. En el Sur la escuela 
primaria no estaba al alcance del blanco pobre, como un 
Johnson, hoy Presidente. Los Bancos no eran institución 
tan difundida como en el Norte; las fábricas, si no es las que 
despepitan el algodón, ó el ingenio del azúcar, no lanzaban 
8US bocanadas de humo para empañar la claridad de aque- 
lla atmósfera radiosa y tibia. 

Elamode esclavos hacía alarde de la caballerosidad de 
sus sentimientos, y debía de tener razón- Esas diversas 
capas sociales llevan los sentimientos nobles á las partes 
altas. Los señores debían sercaballerescos» valientes, tena- 
ces en sus propósitos, aptos para el gobierno de la Repú- 
blica, ya que su casa misma es un gobierno sin afecciones 
de raza, muy alto ei que manda, muy abajo el que obedece- 
haciéndose fuertes por el hábito, la ley y la disciplina dos 
blancos contra doscientos esclavos. Este es el tipo romano. 
Este fue el carácter déla aristocracia inglesa que destronó á 
los Estuardos. ¿Cü;\nto no debían despreciar at habitante 
del Norte* comerciante, industrial^ plebeyo, parvenú^ emi- 



16 OBHAS l>B 8AHUIBÍ4TO 

grante irlandés ó aleiran; el igual de todos, hasta da loa 
extranjeros; sin grandes nombres como Washington, Jeffer- 
son y Madison; rueda inferior del mecanismo gubernativo 
de que eran el muelle raallosPresidenteSf senadores y mi* 
nistros del Sur? 

Y sin embarco, el Norte con todas las fuerzas de la Re* 
piiblioa del siglo XIX iba al mismo tiempo marchando 
adelante; con sus escuelas, sus máquinas, su inmigración, 
BUS fábricas, su^ empresas, su igualdad. Esta ola subiendo, 
subiendo, llegaría al pie de los castillos del feudalismo 
colonial, y trataría de pasar el nivel que tantos prodigios 
opera en el Norte; y como el tribuno romano, á su vez 
pediría su parte en el sacerdocio, ya que la tenía nominal 
en el Consulado, La humanidad entera lo u poya ría con 
sus votos eu la cuestión de ia esclavitud; ei mayor número 
de Jos Estados eu la guerra por su propia emancipación; y 
laraiiyor riqueza y número de habitantes permitiiian llegar 
adonde el heroísmo de siempre llega, que es á vencer á 
la postre con mas recursos pecuniarios, y mayor gasto de 
sangre. 

Asi venían preparadas las cosas, cuando por un ultimo 
desarrollo del sentimiento de la iguahUd y del Norte, con- 
tra la dilatación de la esclavitud del Sur (porque sólo chocan 
los principios cunndo se exageran), aparecen eu la escena 
política dos hombres que concluyen por reconcentrar en 
torno suyo aquellas inmensas fuerzas dispersas, y llevarlas 
por la elección al asaltodel Capitolio, de donde casi siem- 
pre haijían sido alejados como menos dignos los candidatos 
del Norte. 

Vése venir á Lincoln con el hacha al hombro, el emblema 
del trabajo que conquista la tierra* desde el seno de las 
selvas del Kentucky, pioneer del desierto, dotado de aquella 
ciencia moral de los Establecimientos, que liace la belleza 
del tipo que Cooper pasea por todus sus novelas;— Calzas 
de cuero; Larga Carabina; Trampero. El otro es un joven 
saBtre que sale del corazón del Sur, como una protesta 
Tiva contra la condición que la esclavitud impone á los 
blancos pobres, que forman como una clase intermediaria 
entre el esclavo y el señor. 

El partido abolicionista con Boston, la Atenas americana^ 
por cuartel general, con la Nueva Inglaterra por guardia 



VIDA BE LINCOLN 17 

escogida, lanza al fin» con Mrs. Beecher Stowe, aquel gran- 
I de grito de redención de la raza negra, que se oyó por toda 

[ la tierra, cuando el alarido salió de las entrañas de una 

! mujer. 

Lincoln se presenta en la escena» y desde el primer día 
tiene el sentimiento del caudillo; estimulando á la forma- 
ción del partido Republicano, para oponerlo al Democrático, 
que de años venia disponiendo de la dirección de los nego- 
cios públicos. Lincoln, depuesta á la puerta de su casa, en 
Springfield, el hacha del leñador, se ha hecho abogado, 
orador y legislador; absorbiendo en su naturaleza de es- 
ponja esas esencias de civilización, de gobierno, de libertad, 
que están flotantes y diluidas en la atmósfera de los Esta- 
dos Unidos, y se reconcentran diariamente en cuatro mil 
diarios, y en millares de libros y folletos, que popularizan 
el saber del uno, la experiencia del otro, el resultado de la 
ciencia ó de sus aplicaciones en toda la tierra. Del bosque 
ha traído la confianza en la Providencia, y el sentimiento 
de la armonía de las leyes del Universo, mas visibles en 
el seno de la naturaleza, como poder protector del débil 
que entre el bullicio de las ciudades: de su vida de paisano 
viénele su conocimiento de la índole de las masas, y el 
acopio de imágenes con que hará palpables y sensibles las 
áridas deducciones de la lógica: del estudio del abogado 
saca la extrategia del controversista; de la Legislatura de 
Illinois, el hábito del debate parlamentario; del jury^ el 
conocimiento práctico de las leyes; del meeting^ las inspira- 
ciones de la política. 

Su primera palabra para contener el ardor de los aboli- 
cionistas, es que cree que la esclavitud está fundada en una 
injusticia y en una mala política; pero que la promulga- 
ción de doctrinas abolicionistas tiende mas bien á agravar 
el mal queá disminuirlo. Pero cuando ya hay disciplinado 
un ejército de opiniones decididas á la acción, en su famoso 
discurso de New York, á medida que este Juan viene avan- 
zando desde el desierto; «una casa dividida entre »í, excla- 
ma, no puede subsistir.— Creo que este Gobierno no puede 
existir permanentemente, mitad esclavo, mitad libre. Ha 
de ser lo uno ó lo otro. El resultado no es dudoso. Si nos 
tenemos firme, triunfaremos. Prudentes consejos pueden 

Tomo zxtii.— 2 



18 OBRAS OB SARMIENTO 

acelerarla» como retardarla los errores; pero mas tarde ó 
mas temprano la victoria es nuestra.» 



La hora del combate ha sonado, pues. A Jerusalen! Al 
presentarse en el Congreso ataca la política de expansión 
del Sur, por la conquista de México, y su espíritu de justicia 
para con las otras naciones se revela en aquella oración, la 
mas acabada en su género especial, pesado de ordinario, 
como el hacha que emprende derribar una encina, golpe 
tras golpe, hasta que se conmueve, sus hojas se estremecen, 
bambolea y cae con fragor. Hay en este discurso la candorosa 
malicia de Sancho, depositario de las verdades vulgares; la 
ironía de Timón; el estilo rústico y, sin embargo, clásico de 
Paul Louis Courier; pero campea sobre él, el sistema de 
demostración matemática, que ha aprendido de Euclides; 
una condensación química del pensamiento en cristales de 
dos palabras, contrapuestas como facetas, que el énfasis de 
la voz señala al hablar, é indicamos con bastardilla en lo 
escrito. Si aquel se pusiera al sol, ve ríanse relucir cual pie- 
dras preciosas, ó gotas de rocío, aquellas palabras enfáti- 
cas, llenas de vida y dotadas de inteligencia. Diéramos el 
discurso contra la guerra de México á los jóvenes, como 
materia de premio de lectura; á los practicantes de dere- 
cho, como modelo de análisis de la prueba contraria, y 
de exposición del caso controvertido. A los sud-americanos 
lo presentamos como una muestra, en lo que Mr. Lincoln 
condena, de la influencia que sobre el destino de una 
nación pueden ejercer los partidos internos de un ve- 
cino poderoso. El resumen del discurso del Diputado 
Lincoln está todo en esta frase ñnal : r<Si el Presidente 
de los Estados Unidos no demuestra que era nuestro 
el terreno en que se derramó la primera sangre en la 
guerra de México, entonces quedaré plenamente conven- 
cido de lo que ya estaba sospechando, y es que tiene 
conciencia de su sinrazón; y que siente que la sangre de 
esta guerra, como la sangre de Abel, está clamando contra 
él!» Lo que él insinuó apenas en este discurso, por no 
exasperar á la mayoría esclavócrata, díjolo á boca llena 
Mr. Mann mas tarde en la Cámara de Diputados. « La 
facción mas prominente de la civilización de este país, es 



YTDA BB LINCOLN 19 

que tiene mas de tree millones de seres humanoaen dura 
servidumbre; que ei espirita que gobierna á la nación ha 
anexado últimamente á Texas, porque tenia esclavos; que 
ha despojado á México de sus mas ricas provincias, con la 
esperanza de extender la esclavitud; que ha intentado 
robar Cuba á la España con el mismo ñn, y que no aban- 
dona el pensamiento hasta ahora. i> 

¡Ah, si, contra el Presidente! contra el gobierna de los 
dueños de esclavos es que necesitaba decirse; contra los 
Estados Unidos, á cuyo nombre se intentó y se consumó 
el acto, clamó en vano aquella sangre t 

Los Estados Unidos también sufrieron de rechazo el gol- 
pe que lanzaron sobre su hermano Abel. El día que las 
águilas americanas atravesaban el Río Colorado, firmaban 
ellos un pagaré á corto vencimiento, que han cubierto con 
intereses, desde la derrota Bull Run hasta la toma de 
Peiei-sburgo; no importa cuya fuese la sangre y el oro que se 
derramaba, como Roma pagó caro la destrucción de Cartago. 

La esclavitud buscó espacio para extenderse hacia el Sur, 
sobre Texas por la anexión, sobre México por la conquista, 
sobre Centro América por el fílibusterismo. Feliz con la 
presa dorada de California, el espíritu de invasión no cono- 
ció límites, pudiendo como Pompeyo ostentar á los ávidos 
ojoSde los romanos cartagineses los tesoros del Asia, las 
estatuas de la Grecia, y los reyes bárbaros vencidos y ata- 
dos á su carro. Julio César, empero, fué el ganancioso, y 
Boma quedó entonces herida por sus triunfos, como la 
ballena á la cual se larga bastante soga, cuando ya tiene 
clavado el rejón, para que vaya á morir en lo profundo del 
abismo. 

La Independencia de la América española venía garan- 
tida por el decoro público délas demás naciones. No era 
culpa suya, que la España al colonizarla hubiese sembra- 
do los habitantes con mano avara, sobre una superficie 
mayor tres veces que la Europa. Los Estados Unidos 
estaban codeándose á orillas del Atlántico en tres colo- 
lias, que el vapor recorre hoy en tres días. Mas previso- 
res, por instinto de raza, los puritanos no habían incor- 
K>rado como los españoles por millones á los pueblos 
lutóctonus, que han sido causa de tanta remora en la 
imérica del Sur. 



so OBKAS i>B SARMIENTO 

Las colonias españolas fueron diseminadas, espolvorea- 
das por el interior de la América del Sur, sin contacto 
unas con otras, casi sin puertos en los mares. Las repú- 
blicas emancipadas nacieron débiles de constitución, cada 
uoaconun millón de habitantes, cual con dos, una sola 
con mas de cuatro, la mayor parte indios de la raza azteca. 
Vencer á este pueblo, tres siglos después de que Cortez 
sometió con doscientos europeos el Imperio de México, no 
era empresa difícil, estando divididos entre sí los descen- 
dientes de raza europea, y en su favor la parte mas direc- 
lamente heredera de sus vicios orgánicos. Los monar- 
quistas de México son de la misma raza que los separatistas 
del Sur, los menos americanizados. Mas difícil habría 
parecido que los Estados Unidos lo hubiesen atropellado 
después que Monroe y Canning habían escudado la debili- 
dad nativa de Estados en germen, contra las tendencias de 
la Santa Alianza. Pero para conseguirlo tuvo el partido 
esclavócrata que dejar la puerta abierta á todas las ten- 
Uvas futuras sobre la América del Sur, incapaz de defensa 
marítima; porque un buque como el Dunderberg absorbe- 
ría todas las rentas de cada uno de los Estados; entrando 
ki América del Sur, á deshora, en el ruinoso sistema de la 
paz armada^ que ha creado las enormes deudas europeas, y 
que quisieran abandonar ahora, sus propios inventores, si 
juidieran darse garantías recíprocas los soberanos entre 
si. Para apoderarse de California y Nuevo Méjico, el Presi- 
dente esclavócrata sugiere que de un «pueblo dividido por 
facciones contendientes, y de un gobierno sujeto á cons- 
tantes cambios, por medio de revoluciones intestinas, no 
puede obtenerse satisfacción ». No olvidemos que la Fran- 
cia, la Inglaterra y la España (que siempre deben tener 
razón en la América española) están oyendo el mensaje 
del Presidente. ¿Qué se hará entonces con aquellos Esta- 
dos sujetos á cambios constantes? 

a El medio único de obtener una paz duradera », sugiere el 
Presidente, al decir del Diputado Lincoln, es hacer de modo 
que el pueblo mexicano desoiga los consejos de sus jefes 
jiüliticos, y confiando en nuestra protección, forme un go- 
})iernoque pueda asegurar una paz duradera.» ¿No es 
esto mismo, por ventura, lo que hizo el gobierno de Fran- 
cia, para acabar con la anarquía y asegurarle á México una 



TJDA DB UNCOLN 21 

paz daradera, con una prosecución mas Tigorosa de la gne* 
rra con tan poca razón en uno y otro caso comenzada ? 

Fueron, pues, los Estados Unidos los que atrepellando 
esas telarañas que se llaman derecho de las naciones^ 
cuando sólo concierne á los débiles, abrieron para la Amé- 
rica del Sur, en estado de crisálida, la caja de Pandora de 
todas las combinaciones de la política europea; y como 
con la raza negra arrancada al África por los portuffueses 
afines del siglo quince, se retardó la definitiva abolición 
de la esclavitud hasta el siglo diez y nueve; así los Esta» 
dos Unidos, con la conquista de Nuevo México y California» 
retardaron la formación de la República, en el terreno en 
donde, por la Emancipación, las ex-colonias españolas po- 
dían seguir su propio ejemplo, sin alarma ni ofensa de los 
gobiernos tradicionales de Europa. 

VI 

Tras la guerra de México, en que el Águila de cabeza 
blanca señaló, con la dirección de su vuelo» donde yacía 
una presa indefensa, las Águilas imperialeSi de una ó de 
dos cabezas^ alzaron su vuelo á través de los mares, como 
Audubon ha mostrado que es el seguro instinto de las 
aves de su especie, para guiarse las unas por el movi- 
miento de las otras, al cruzar el espacio. 

Y cuando se ha querido recordar con el generoso pro- 
pósito de Canning y Monroe, muertos ;ay! de cuerpo y de 
espíritu, que la América es para los Americanos^ la ironía de 
la historia ha preguntado, á causa de la guerra de México, 
si aquel principio no encierra un doble sentido, como las 
respuestas del oráculo de Delfos. Estados Unidos de Amé- 
rica, bastaría para llenar la letra de la sentencia. 

Circunstancia providencial parecía, feliz y como buscada 
para el desarrollo de los Estados Unidos, en cuanto á 
ensayo de instituciones libres, la de no tener vecinos, que 
perturben sus movimientos. Pero mucho empeora la situa- 
ción, con la vecindad del principio hostil al en que reposan 
sus propias instituciones. Ahora el único Estado del 
mundo que se vanagloriaba de no tener ni ejército ni escua- 
dra permanente, tiene uno de observación en Texás, y una 
formidable escuadra en los mares. 

Si el nuevo ensayo de instituciones ea feliz en México, la 



22 OSEAS DB SAfLUlBMTO 

América del Sur, tan vulnerable, tan dividida por faccio- 
nes internas, pedirá & gritos el bálsamo y panacea de 
México; y si en tierra por poblarse, bañada por los rivales 
del Mississipi, y unida á los Estados Unidos, ha de pros- 
perar, remediando los defectos actuales de despoblación 
y malos hábitos, desde el Canadá hasta el Cabo de Hor- 
nos, habrá tela donde cortar grandes y poderosos im- 
perios. 

No fué cosaca ni republicana la Europa, no obstante las 
previsiones del genio; pero cuando las fuerzas se equili- 
bran entre corrientes encontradas, preséntase de tarde en 
tarde el problema que formuló Lincoln en su primer diS' 
curso de Nueva York: «Este país no puede ser siempre 
mitad libre y mitad esclavo»; y fué todo libre, ün día 
llegó en que el Mediterráneo no pudo ser mitad romano y 
mitad cartaginés; y Cartago fué borrada de la luz de la 
tierra, y su nombre execrado hasta hoy. Mas tarde el 
mundo antiguo no pudo ser mitad romano y mitad bár- 
baro; y fué bárbaro diez siglos. 

Acaso no era justo en la providencial distribución del 
bien y del mal entre las naciones, que á los Estados Uni- 
dos sólo cupiesen ventajas, sin mezcla de inconvenientes. 
Acaso era llegada la hora en que devolviesen á la huma- 
nidad, tomando parte en sus tribulaciones presentes, y 
en sus progresos futuros, lo que de los progresos pasados 
recibieran en herencia con las libertades inglesas. Mal 
que les pese tendrán ejército permanente^ y borrarán de 
sus constituciones la cláusula que recuerda su incompati- 
bilidad con las instituciones libres. Mal que les pese 
tendrán formidables escuadras, y entenderán en los nego- 
cios del mundo antiguo, ya que aquella situación aislada y 
apartada ha desaparecido por culpa del gobierno esclavó- 
crata, que les deja este legado de su política. Están, pues, 
lanzados por la mano de sus antecedentes y los designios 
de la Providencia en los azares de los mares desconocidos 
del mundo futuro, de la política militante^ en antagonismo 
necesario con los que esperan hacer volver atrás la histo- 
ria, y que de las aberraciones en la marcha de los pueblos 
tienden á hacer itinerario regular á las instituciones polí- 
ticas. Lincoln tuvo, con el instinto del pueblo, el presen- 
timiento vago de estos peligros; y bueno es que haya 



\ÍDK DS L11«7C0LN 23 

protestado solemnemente en el Congreso contra los incautos 
que los provocaron. 

Lasdnras verdades que, en el discurso sobre la guerra 
de México, dirigió al pueblo desde lo alto del Capitolio, 
contra la corriente de la opinión popular que veía extra- 
viarse, DO le hicieron perder su popularidad. Es privilegio 
de la sinceridad de propósito, y recumpensade la rectitud, 
esta docilidad del pueblo para dejarse fustigaren aquellas 
prediíecciones del momento» que alhagando el amor propio 
Dacionah no tienen, sin embargo^ en su apoyo la aproba- 
ción clara de la conciencia, Webster también habia seña- 
lado los peligros de la anexión de Texas, que trajo, como 
un abismo Llama á otro abismo, la guerra de México, que 
á su vez produjo el conflicto, que á, su turno atrajo el 
imperio armado á. sus fronteras. 

vn 

Electo Presidente en 1861, Lincoln llega al Capitolio 
atravesando por Chicago, Cleveland, Boston, Nueva York, 
Filadelfla, y por todo el camino prodiga su palabra tran- 
quila, ofreciendo á sus adversarios tratarlos como Wa- 
shington y Jefferson trataron á los suyos. Pero su elevación 
era sólo la eminencia que debía hacer descargar la electri- 
cidad de que estaba cargada la atmósfera, y la tormenta 
se desencadenó. Si el triunfo electoral del Norte era para 
el Sur una mortificación, la elevación de un campesino 
era la última de las degradaciones: «un rajador de leña 
gracejo, y un sastre remendón, decían, de Presidente y 
Vicepresidente, ambos salidos de los bosques, ambos crea- 
dos en la mas grosera ignorancia ». 

El fuerte Sumter cayó, y desde entonces todas las cues- 
tiones tomaron fisonomía y cuerpo. Desde entonces tam- 
bién Lincoln mostró, como había desde antes el pueblo 
llano, la masa popular mostrado su pasión por la naciona- 
lidad y la Union, que sólo la intervención del pueblo había 
prolongado hasta entonces. 

Quiere la Constitución «tal como era», nada mas, nada 
menos; y cuando le urgen que proceda á la abolición de 
la esclavitud, contesta con su hábito de deslindar una idea 
por el Sur y por el Norte, por el Este y por el Oeste: 
«Quiero, dice contestando á La Tribuna, salvar la Union» 



2i OBRAS DB 8ARHIKNT0 

La salvaré por el mas corto camino bajo la Constitución. 
Si hubiese algunos que no querrían salvar la Union, á 
menos de salvar al mismo tiempo la esclavitud» no estoy con 
ellos. Si hay quienes no salvarían la Union, á menos que 
la esclavatura no desaparezca, no estoy con ellos ». Después 
decreta la emancipación como medida de guerra para sal- 
var la Union; pero esta cuestión habia de fijarla definiti- 
vamente el éxito de las armas. 

Otra interna, que á él solo le tocaba fijar, amenazaba 
á su retaguardia introducirla división en su propio campo. 
Setenta y cinco años habían los Estados Unidos marchado 
tranquilos, como el Mississipi desciende entre las selvas y 
praderías del mas espacioso, valle del universo. El única 
accidente que perturba la tersura de sus aguas, es la en- 
trada de algún majestuoso río que viene á rendirle el 
tributo de sus cristales, ó la rueda del vapor que acaricia 
su superficie, ó la brisa que la riza blandamente. La 
Constitución tenía mecanismos excepcionales, como las 
válvulas de seguridad de las máquinas de vapor, para 
cuando amenaza reventar el caldero, que por falta de uso» 
estaban, por decirlo así, tomados de orin. Pudiera decirse 
que en la conciencia del pueblo no existían ; para muchos 
habían caído en desuso; para otros no importaban una 
suspensión de las garantías. El Ejecutivo autorizó á loa 
generales según su discreción á suspender el escrito del 
habeas corpus en los Estados leales, siempre que la ejecu- 
ción de las medidas de guerra encontrase resistencias. 
La Ley Marcial fué puesta en ejercicio, y se aplicó á dia- 
rios hostiles, á oradores sediciosos. Un Diputado nada 
menos fué juzgado militarmente y condenado, á causa de 
un discurso inflamatorio contra las autoridades. 

El Presidente Lincoln es asaltado por los diariosy los 
meetings^ y aun graves constitucionalistas sobre el abuso 
del poder militar. El meeting en masa de Albany le 
ofrece su concurso, menos para las prisiones arbitrarias: 
una comisión del Ohio expone los agravios hechos al Es- 
tado en el arresto militar del Diputado Valandigham. 
Lincoln responde á todos, y á cada uno, con la paciente 
pertinacia de su dialéctica, comentando el texto y la excep- 
ción de la Constitución, elevándose al principio de que 
emana. ¿La Constitución salvada y el Estado perdido ? se 



TWk US LINCOLN 25 

pregunta; y responde : « La Constitución ha debido en tesis 
general proveer k los medios de saWarse á sí misma... 
Va k probarse si un gobierno, como el de los Estados Uni- 
dos, demasiado fuerte para no limitar la libertad indivi- 
dual, es demasiado débil al propio tiempo para conservarse 
asimismo. La experiencia de todos los tiempos y países 
ha mostrado, que las naciones no se salvan por los proce- 
dimientos ordinarios de la justicia, j» Cita el caso de Jack- 
son arrestando diaristas, abogados y jueces federales, y 
Id absolución que el Congreso le dio, treinta años después, 
devolviéndole la multa que le habla sido impuesta por 
el juez aprisionado. 

La opinión pública se ilustra con este dábate, y todos 
sienten que la Constitución contiene en sí medios de su- 
primir insurrecciones, previniendo los delitos sin casti- 
garlos, por la suspensión del escrito del habeos Corpus; y 
castigándolos sumariamente, después de cometidos, por la 
Ley Marcial, que Webster había definido : « la facultad de 
arrestar, juzgar sumariamente, y dar pronta ejecución al 
juicio, y que una vez proclamada, la tierra viene á ser un 
campamento^ y la ley del campamento la ley de la tierra.» 
Sobre el caso de Yalandigham dice con sencillez : « no sé 
si yo lo hubiera arrestado; pero por regla general tengo 
que el Comandante del punto es el mejor juez de la opor- 
tunidad y conveniencia, n 

Al Teniente General Grant dice otra vez: a No conozco 
sino en globo su&t planes, y no pretendo saber sus deta- 
lles:^; y sin embargo, desde el principio de la guerra y 
hasta que se concluye, releva de sus puestos á los Gene- 
rales, sean Me. Clellan, el prestigioso, ó BuLler, el antiguo 
servidor; desaprueba á Fremont, como Júhnson á Sher- 
raan, siempre que traspasen los límites de su autoridad 
puramente militar^ ó la victoria no les sonríe sistemáti- 
camente. El poder civil queda siempre incólume; y la 
República, no obstante sus colosales armamentos, libre de 
que los Marios y los Sílas vengan á debatir las cuestiones 
políticas con sus legiones en tiempos de paz, ó creando la 
guerra por sus dísenciones. 

Después de la revista de Washington, medio millón de 
veteranos vuelven al seno de sus familias, y ni aun por la 
vista de los uniformes, que nadie usa recar;4ados de relum- 



20 OBSA4 MC SAJUusarro 

brones, se sospecharía que medio mil loo ie si^liáJos han 
vuelto á sus hogares, y que los ferrocarriles tijiia^ia Tan 
transportando al Oeste aquellas famosas legiones ie Sher- 
man, que han eclipsado tixla gloria. La reToIueion íran* 
cesa muríó bajo el peso de los laureles» como el primer 
imperio en la ineritable represalia de la gloria, qae es y 
fué siempre la expiación que aplaca Ljs manes de La jus- 
ticia histórica^ 

Tm 

Su reelección en seguida de estos debates^ como había 
sido electo Jackson después de su coniena por aec»3s aun 
mas severos, mostraron que el pueblo volvía de su error; 
error adonde no lo siguió el Presiiente, defeniiendo las 
facultades y prerogativas del Ejecutivo^ tan expuestas á 
ser agredidas y menoscabadas por las Legislaturas^ los 
jueces, ó el pueblo mismo, que se olvidan que el EjecutÍTo 
es su propio brazo, y que la guerra civil es una maldición 
para todos, para los que vencen como para los vencidos. 
Este punto fijado en los Estados Unidos, esta facultad 
usada con honradez y al solo propósito señalado por la 
Constitución, ahorrará muchos dias de vergüenza á los 
Estados de la América del Sur, donde el partido liberal, y 
¡quién lo creyera! el gobierno mismo, extraviados por no- 
ciones incompletas, tiende casi siempre á exagerar las 
garantías, y á debilitar la acción del poder mismo, que 
está encargado de salvarlas en principio. 

Los asesinos de Lincoln cayeron bajo la cuchilla de un 
tríbunal militar, y el h€tbeas corpus fué negado en favor de 
una señora por el Presidente, que, sieado diputado, pro- 
puso al Congreso el bilí de reparación de una injusticia 
con Jackson; salvando así la prerogativa del Ejecutivo en 
tiempo de guerra. 

La trágica muerte de Lincoln, elevándolo á la categoría 
de los mártires, y colocando uno al firente de la emancipa- 
ción, como si, para levantar la parcial maldición de Noé, 
hubiese sido necesaria una victima expiatoria, ha adelan- 
tado el dominio de la historía y la acción de la posteri- 
dad hasta la puerta de su fresca tumba. Lincoln ha com- 
pletado á los Estados Unidos como gobierno, sometido á 
la prueba del conflicto intestino, y sacádolo ileso ; como 



TIDá de LINCOLN 27 

asociación, ha borrado la tacha que empañaba sus liber- 
tades con la aboliciotí de la esclavitud; como pueblo lle- 
gando al poder por solo el influjo de la palabra, del conven- 
cimiento, y trayendo consigo k la Presidencia al pueblo tra- 
bajador con ásperas y honradas manos, pero con inteli- 
gencia cultivada; mostrando al mundo completa ya la 
revolución democrática á que marcha fatalmente, en el 
hecho de ser gobernado por el pueblo, para el pueblo, con 
el pueblo: bien es verdad que ese pueblo, por la difusión 
de la enseñanza, por los raudales de luz que derrama la 
prensa, por los debates del jurado, el speech del meeting^ el 
discurso de la Legislatura, el mensaje y la proclamación 
razonada del Presidente, se llama Franklin, Webster, 
Clay, Chase, Qrant, Douglas, Jackson, Lincoln, Johnson, 
todos del pueblo llano, enérgico, instruido y capaz de ele- 
Tarse con el trabajo, con la paciencia, con el talento, con 
el patriotismo, como móviles, heusta altura de los mas gran- 
des proceres que honran ala humanidad. 

Detrás de Washington viene al espíritu invenciblemente 
el nombre de Lincoln, el que termina la obra liberatriz 
que el señor aristócrata del Sur no se atrevió á acometer; 
el que realiza sus previsiones de grandeza futura, y lanza 
& los Estados Unidos en el mar ¡froceloso de la historia 
contemporánea, como veíamos lanzar ayer al Dunderberg 
en las olas del Hudson, la mayor de las simbólicas naves, 
encorazada, tripulada por cuarenta millones de marinos 
que pueden ser pilotos, con todas las máquinas é invencio- 
nes que encierra aun el gigantesco cerebro de la República; 
porque esta gran fuerza intelectual y material la ha acumu- 
lado en solo ochenta años, y la presenta hoy á las miradas del 
muQdo, como muestra de su poder creador, y no como 
coerción, como ejemplo y modelo, y no como fuerza com- 
pulsiva. 

Por los Estados Unidos ha quedado probado lo que Lin- 
coln, en presencia de las tumbas de los millares de muer- 
tos en Gettysburg, ponía como un problema de la historia: 
«Si un Estado, concebido en libertad, y consagrado á la 
proposición de que todos los hombres han nacido iguales, 
podría subsistir.» Este Estado subsiste aun después de 
la guerra, habiendo ensanchado durante ella el circulo de 
las libertades humanas; mientras que con mano fuerte 



S8 OBHA& DK «AtUftS^tO 

mantuvo el gobierno, sin dejarse arrastrar por las corrientes 
de opinión que á derectia ó izquierda querían desviarlo: ya 
transando con la rebelión, para que la hidra hiciese renacer 
luego la cabeza cortada; ya exagerando las garantías indi- 
viduales* en presencia de la cuestión de ser ó no ser, que 
los romanos sabían ponerse y resolver con frente serena» y 
que la experiencia y sobriedad de la libertad inglesa no 
esquivó, dejando al alcance de la corona el resorte que en 
tiempos turbados suspende la garantía del recurso al hateas 
corpm. 

Para la reconstrucción de la Union, después de sofocada 
la rebation, tiene su máxima favorita; «tía Union como era,« 
Grave riesgo había en efecto de que la deslealtad de los 
Gobiernos del Surja exageración misma desús interpreta* 
clones de la Constitución por un lado, y por el otro la ten- 
dencia de todo poder triunfante á absorber autoridad, tra- 
jesen una modificación esencial en esta organización fede- 
ral, que, salida del acaso, ha dado» sin embargo, un nuevo 
mecanismo al gobierno; pudiendo la República dilatarse, 
sin traer, por su propia dilatación, ta necesidad de tendones 
de hierro para mover tan ponderosa masa. Roma sucum- 
bió ante esta dificultad que los Estados Unidos salvaron, 
dejando á samnitas y griego^^ su vida propia, y sólo conser- 
vando la Nación el poder exterior, y los medios de conser^ 
varias formas republicanas. En la cuestión dala esclavi- 
tud, Lincoln estaba contra los aboliciouistas y los dueños 
de esclavos. En la reconstrucción se tuvo en el terreno de 
la tradición constitucional, lo que los curiales entienden 
por r^oner al estado en que las cosas se encontraban, antes 
del caso apelado; y lo siguió Jjhnson, cuando, muerto Lin- 
coln, debió poner la firma en el decreto de restauración, 
encargándose, soío por acefalla, de darles una forma repu* 
blicana de gobierno. 

Al anunciarle su reelección, emitió un profundo pensa- 
miento político* de cuya ignoraucla ha sufrido muchas 
veces la América del Sur Atribuyéndolo k un viejo y 
experimentado labrador dijo, que nunca era bueno cam- 
biar caballos en medio del rio. Su reelección era solo, 
según él, hasta pasar* como la prudencia lo aconseja, el 
conflicto en que el país se hallaba envuelto. 

La apreciación de las consecuencias de los acontecimien- 



iriDA DI LINCOLN W 

tos que 5e han desenvuelto durante la administración 
Lincoln, no entran en su biografía. Necesítase, para la con- 
templación de los grandes cuadros históricos^ colocarse á 
la mayor distancia posible de tiempo, á fin de poder abarcar 
el conjunto, y estudiar sus armonías, descubriendo detalles 
que completan la 'escena, ó biea quitando su relieve exce- 
sivo á las figuras del primer plano. 

A.sl también la vida de Lincoln está por sí sola destinada 
á ser de un grande beneficio como enseñanza para los 
pueblos. No es la violencia del bárbíiro, abriéndose paso con 
el ma^o que descarga sobre sus semejantes mas débiles: no 
es el demagogo que, á trueque de tomar la delantera, dejará 
tras si una brecha irreparable. Es el labrador honrado que 
estuviia las leyes de su país, y conociendo los signos de los 
tiempos, se propone encabezar al pueblo y lo consigue como 
San Bernardo, Cobden, como todos los que con la palabra 
han dirigido los impulsos generosos del pueblo hacíala li- 
bertad, el progreso, la igualdad moral. E^ la historia poli* 
tica de la titánica guerra civil, sus antecedentes y su fin. 
Es, al mismo tiempo, el registro oficial de tos actos guberna- 
tivos que la dirigieron y llevaron á buen fin; pero sobi-o todo 
es una escuela de buen G-obterno republicano, cuyas leccio- 
nes no serán desoídas por los hombres honrados, que anda- 
mos, hace años, con escándalo y disgusto invencible del 
mundo^dándonoscontralas pareóles, por no acertar á encon- 
trar el camino que habremos de seguir. 

La América del Sur carece da antecedentes de gobierno 
en su propia historia colonial, pues que no ha de ir á pe- 
dirle luces á Felipe II, ó Fernando VII, sobre el arte de 
gobernar. No nos las daría mejores la Francia, cuyos pu- 
blicistas sólo pueden ser perdonados, como la Magiialena, 
por lo mucho que han amado. 

La escuela política de la Áraérica del Sur esiá en Esta- 
dos Unidos como copartícipes de las libertades inglesas, 
como creadores de un gobierno libre absolutamente, y 
fuertísimo por excepción, que en la paz ha creado la mas 
próspera nación de la tierra; y que en la guerra ha desple- 
gado recursos, reunido ejércitos, inventado armas, y obteni- 
do laureles, que abren una nueva página en la historia de 
la guerra moderna, dejando pequeñas las antiguas. 
La difusión que este libro tuviese será estímulo ó remora 



éb 



QURJíB DB 8AILM1S1IT0 



para que otros le sigan» sobre aquellas materias que las 
prensas de Bélgica, Francia y España no acostumbran 
mandar en libros á !a América del Sur, y proveerían con 
facilidad deenvio^y en cantidades sin limites, las colosa- 
les empresas de librería de Nueva York y Boston, las mas 
perfectas y poderosas en medios de ejecución, y cuyos pro- 
ductos son los mas acabados. 

La América del Norte cuenta con veinte y cinco millones 
de lectores asiduos. La del Sur con veinte y cinco millones 
de seres que hablan una lengua. ¿Cuántos saben leer y 
cuántos, sabiendo leer, leerán? 

Acaso si la cifra nos fuese conocida, hallaríamos el secreto 
de la sempiterna guerra^ y de la posibilidad de conjurarla. 

Nueva York, AgostD i« de !8es. 



Ci 



INFANCIA T EDUCACIÓN 

Semblanzas QOtables en ]a niñez de los hombres púbJleosde los Estados UaldOB. 
— Genealí>gla de Liucoin.— La vida en lo a busques.— Su niúfíi y juventud.— Llntoín 
como leñador, ctialuperoi come reí aute y mllLtar^^RaBi^o caracterislleo en su edu- 
cación .—Anécdotas, 

Muy notables semejanzas presentan los principales inci- 
dentes de los primeros años, entre los hombres que mas 
' decidida influencia han ejercido en los Estados Unidos de 
Norte-Ara erica. Si los detalles difler^n, su historia en gene- 
ral es la mií^ma: «los breves y sencillos anales del pobres* 
Obscuros de nacimiento; avezados 4 la lucha desde sus mas 
tiernos años; con escasas facilidades para adquirir educa- 
ción en la escuela; probados por todo linaje de dificultades; 
y sin embargo, independientes^ confiando en su propio es- 
fuerzo, hasta que por sus propios puños, diremos así, se 
han abierto paso á aquellas posiciones para las cuales el 
taleuto y las peculiaridades individuales los traían prepa- 
rados. 

Hijos de la naturaleza mas bien que del arte» aun en sus 
últimos años, en medio de escenas y asociaciones del todo 
diferentes á las que les eran familiares en su infancia y 
primera juventud, han conservado en sus actos y en sus 
palabras ese resabio natal» ó sea lo que se llama á veces, 
el pelo de la dehesa. Mas si no han alcanzado á la gracia 
del cortesano Ja honradez del hombre ha compensado am- 
pliamente aquella falta. Si su lenguaje es rudo, al fin es 
franco é inequívoco. Tanto el amigo como el enemigo saben 
dónde hallarlos; pues poco ejercitados en las dobleces del 
politicastro ó del intrigante, van derecho hacia el punto 
á que su juicio ó conveniencia los dirige. 

Entre esta clase de hombres ocupa un lugar prominente 
el gran estadista, cuya vida y servicios públicos nos propo- 
nemos exponer en las siguientes páginas. 



dS OBRAS DB SARMIENTO 

Abraham Lincoln, el decimosexto Presidente de los Esta- 
dos Unidos — cuyo nombre ocupará en la historia de la hu- 
manidad, por haber abolido la esclavitud y preservado la 
Union, un lugar tan prominente como Washington, que 
aseguró la independencia de un continente y consolidó las 
íu3tituciones libres — nació el 12 de Febrero de 1809, en un 
extremo del territorio entonces despoblado del Kentuclty, 
en lo que hoy es conocido con el nombre de La Rué. 

Sü genealogía no alcanza mas allá, de su abuelo del mis- 
mo iiombre,quien emigrando de Virginia hacia el Kentucky, 
tomó posesión en el país desierto, todavía frecuentado por 
los indios, de una extensión de terreno, para labrarse un 
liogíir, como es la práctica de los pobladores fronterizos de 
este país, no sin grave peligro de ser asesinados por los sal- 
vajes; no teniendo vecinos sino á dos ó tres millas de dis- 
tancia de su cabana, y viéndose forzado á tener siempre 
apercibido su fusil, mientras que con el hacha desmontaba 
campos de labor. Individuos, y aun familias enteras de 
aquellas vecindades, hablan perecido á manos de los indios, 
y no pasaron cuatro años sin que cupiese la misma suerte a 
Abraham, cuyo cadáver escalpado fué encontrado á cuatro 
millas de su cabana, en el campo que estaba desmontando 
el día anterior, y donde lo sorprendiéronlos salvajes. 

Con tan terrible contraste la familia hubo de separarse 
no quedando al lado de la viuda mas que el menor de sus 
tres hijos, Tomás Lincoln, quien apenas de doce años dejó 
taralMen la casa paterna; aunque, llegado á la edad provec- 
ta, volvió al Kentucky y se casó con Nancy Hantz. Ambos 
carecían de toda cultura, pudiendo leer algo la esposa, y ni 
eso el marido, si bien éste sabía firmarse en caracteres in- 
descifrables; pero uno y otro, como es común entre los 
menos aventajados norte-americanos, sabían apreciar el 
valor de la educación, y honrar y respetar el superior 
saber de otros. En cambio era proverbial la bondad de 
corazón de Tomás, quien se mostró siempre industrioso y 
perseverante. De tres hijos que tuvieron, dos llegaron k 
la edad adulta; una niñíi, que murió á poco de casada, y 
Abraham, llamado por cariño en su niñez Abe, contracción 
del nombre de bautismo: un tierno apodo que pronto se 
trasmitió al lenguaje popular. 
A la edad de siete años pudo entrar en una escuela que 



VIDA DE LINCOLN 33 

accidentalmente se abrió por aquellos contornos, y cuyo 
maestro podía apenas enseñar á leer y á escribir; pero ha- 
biendo hallado el padre comprador de su fundo, trató de 
cambiar de domicilio antes que el alumno hubiese apren- 
do mas que áleer. 

La propiedad fué vendida en doscientos ochenta pesos^ de 
los cuales sólo veinte pesos fueron en plata, y el resto en 
vrhiskey ó aguardiente; y como el poseedor se propusiese 
sacar partido de la mercancía, emprendió, con el escaso 
auxilio que podía prestarle el niño, construir una lancha 
para descender el RoUin Fork, en cuya vecindad estaba 
la habitación, y entrar en el Ohio, para trasladarse por 
este rio á Indiana, adonde sus hermanos le hablan precedido. 
Mal éxito tuvo, sin embargo, el viaje, habiéndosele vol- 
cado la lancha con pérdida de la carga, de la cual salvaron 
apenas tres barriles; teniendo que dar por recompensa la 
embarcación á los que le ayudaron á salvarlos. Desde allí, 
internándose en el país, y abriéndose camino por entre las 
selvas con el hacha, llegó, después de muchos días de fati- 
ga, al condado de Spencer, en la Indiana, donde se proponía 
residir, escogiendo para ello un campo conveniente; con lo 
que, dejando sus efectos al cuidado de una persona que 
vivía algunas millas de distancia, volvióse k pie al Ken- 
tucky, á. fin de trasladar su familia. 

Pocos días después decían adiós á su antigua morada 
partiendo la señora Lincoln y su hija en un caballo, Abe en 
otro, y el padre en un tercero. Al fin de una jornada de 
siete días, á través de un país despoblado, y durmiendo á 
cielo raso sobre una frazada tendida en el suelo, llegaron 
al lugar escogido para su futura residencia, poniendo in- 
mediatamente mano á la obra de despejar un sitio para 
construir la cabana. Una hacha fué puesta en manos de 
Abe, y con el auxilio de un vecino en tres días hubo Mr. 
Lincoln construido lo que se llama un log-house^ asegurando 
en las esquinas con clavijas de madera, como es la costum- 
bre, los palos ó tozas sobrepuestos bástala altura conve- 
niente para techar; y rellenando luego con barro las rendi- 
jas entre unos y otros. Una cama, una mesa y cuatro 
asientos salieron luego del mismo taller, y con esto lá casa 
quedó amueblada. Tal fué la mansión paterna del que 

Tomo xxVn.— 3 



34 OBRAS DE SAUMI£NTO 

mas tarde ocupó el White House (Casa Blanca) ea Was- 
hington, y llena hoy el mundo con su nombre. Aunque 
durante el siguiente invierno su hacha no estuvo ociosa, el 
joven A.braham continuó ejercitándose en la lectura, princi- 
piando desde tan temprana edad á hacerse notar como buen 
tirador, de cuya habilidad dio muestras, con gran deleite de 
los padres, cazando un pavo silvestre que se había aproxi- 
mado á la cabana. El acertado manejo del riñe era de mu- 
cha importancia en aquellas apartadas y solitarias regiones 
por entonces, puesto que la mayor parte de las provisiones 
dependían de la caza; y muy mal parada se encontraría la 
familia que no contase entre sus miembros uno ó dos que 
tirasen perfectamente. Poco mas de un año después de 
haberse establecido la familia Lincoln en su nueva residen- 
cia murió Mrs. Lincoln, dejando en el corazón de los suyos 
y en el hogar doméstico un inmenso vacío. Un joven que 
vino á establecerse por aquel tiempo en la vecindad, pro- 
porcionó ocasión á Abraham de aprender á escribir, lo que 
consiguió en menos de un año. 

Su padre volvió á casarse con una viuda, madre de tres 
hijos, y que por la suavidad de su carácter era muy digna 
de llenar los deberes de su nueva posición. La entraña* 
ble afección que se estableció luego entre Abe y su ma- 
drastra continuó sin debilitarse en el curso de la vida de 
ambos. 

Otro joven mas adelantado en conocimientos que los pre- 
cedentes maestros, vino á establecerse en la vecindad y 
abrió una escuela, en la que el joven Abraham perfeccionó su 
lectura y escritura, adquiriendo ademas nociones de la arit- 
mética hasta la regla de tres; dándose con esto por termi- 
nada la educación que pudo recibir en su infancia. Rete* 
nía con facilidad lo que aprendía, y como tenia pasión por 
el estudio, su constante aplicación le pi'oporcíonaba la 
distinción del maestro, mientras que los conocimientos ge- 
nerales adquiridos por sus lecturas, lo haciau muy buscado 
como escribiente por los pobladores mas ignorantes siem- 
pre que necesitaban poner una carta. Dicese que su ves- 
tido era de cuero de gamo curtido, á usanza de los fronteri- 
zos de aquel tiempo, y un gorro de coatí ó mapuche» 

Durante los cuatro ó cinco años subsiguientes, trabajó 
constantemente en los bosques con su hacha, cortando ár- 



j 



i 



'VIDA DB LINCOL» .St| 

boles, y rajando leña para cercos; y durante Jas noches 
leyendoj mucbas veces á la vacilante luz del hogar, los 
libros que pedia prestado á los habitantes de los alrededo- 
res. Entre ellos hubo de obtener un ejemplar de la Vida 
de Washington, por Weems, cuya lectura debía ejercer en 
su espíritu una influencia parecida á la que se atribuye á 
la de las Vidas de Plutarco, sobre la conducta pública de 
otros personajes célebres eo la historia, que Jas leyeron 
en sus primeros años. Por aJgun detrimento accidental 
que el libro experimentó en sus manos> vióse, en compen- 
sación del daño, oblígalo á cortar forraje por dos días. 

A la edad de diez y ocho años entró al servicio de un 
vecino, ganando diez pesos al mea, para ir ¿t Nueva Orleans 
en una lancha cargada con provisiones, que debía vender 
en las plantaciones á orilias del Mississipi cerca de Crescent 
City, partiendo para tan lejana y peligrosa expedición con 
un soJo compañero. Por la noche amarraban á la costa 
durmiendo sobre cubierta á esperar el dia para continuar 
aquel viaje de mil ochocientas millas, que llevaron á 
cabo, soportando los consiguientes molestias, sin otro inci- 
dente notable que el de ser atacados por una partida de 
negros, que fueron obligados á tomar la fuga después de un 
severo conflicto; vendiendo por fin Ja mercancía con buena 
ganancia, y regresándose inmediatamente á Indiana, En } 

1830, Mr. Tomás Lincoln trasladó su familia á Illinois, tras- '| 

portando sus utensilios de familia en carretas tiradas por 
bueyes, conduciendo Abe una de eJías- En dos semanas 
llegaron áDecatur, en el condado de Macón, ubicado hacia 
el centro del Estado; y en un día mas tomaban posesión de j 

un sitio de diez acres de tierra (cosa de cuatro cuadras) * 

sobre la ribera norte del Sangamon, que se proponían cul- 
tivar, á Ja distancia de unas diez millas de Decatur. Una | 
cabana de palos fué inmediatamente erigida, y Abe pro- t 
cedió á preparar la rajas de madera con que debía cercarse 
el terreno, pues que como leñador, labrador y cazador el í 
joven Abrahaml^incoln era tenido por uno de los mas exper- 
tos, laboriosos y certeros; y mucho debió ser el sentimiento 
de la familia, cuando el joven adulto anunció su resolu- 
ción de ir á buscarse la vida por su propia cuenta entre los 
extraños. 

Contando con que poblaciones mas avanzadas le submi- 



I 



1 



36 OBRAS DB SARMIENTO 

nistrarían teatro adecuado á sus gustos y disposición, tras- 
ladóse al mas poblado condado de Meynard, donde trabajó 
en calidad de labrador en la vecindad de Petersburgo, 
durante el siguiente verano é invierno, sin descuidar sus 
estudios en lectura, escrita» aritmética y gramática. 

En la primavera siguiente entró en tratos con un tal 
Offutt para conducir una lancha á Nueva Orleans, y como 
no se encontrase á venta una adecuada, Abraham Lincoln 
se encargó de construir una que, lanzada en las aguas del 
Sangamon, sirvió para el proyectado viaje dei Mississipi- 
Tan buena cuenta dio de su comisión, después d© termí* 
nada felizmente, que el nuevo patrón, satisfecho del tacto 
y laboriosidad de su dependiente, le confió la dirección de 
su molino y almacén en la villa de Nueva Salem- En esta 
posición ganóse el honrado Abe, como era ya llamado, el 
respeto y confianza de todos aquellos con quienes tenía 
negocios; mientras que, entre los habitantes del lugar, su 
afabilidad y prontitud para asistir á los desvalidos le atraían 
la general simpatía, no habiéndosele jamas reprochado un 
acto desdoroso. 

Muy á principios del siguiente año estalló la guerra cono- 
cida como la guerra del Halcón NegrOf por el nombre del jefe 
indio que acaudillaba el levantamiento; y habiéndose pe- 
dido tropas voluntarias por el gobernador de Illinois, Abe 
determinó ofrecer sus servicios, inscribiendo su nombre 
entre los primeros en la oficina de reclutamientos que se 
abrió en Nueva Salem. Su influencia indujo k muchos de 
sus amigos y compañeros á seguir su ejemplo; y una com- 
pañía fuéorganizada con prontitud, y Abe fué unánimemen- 
te elegido su capitán. Como la compañía alistada por solo 
treinta días, no alcanzase en este tiempo á entrar en servi- 
cio activo, se ordenó una nueva leva, en la cual éste volvió 
á tomar servicio, continuando con su regimiento hasta que 
concluyó la guerra. 

A la edad de veinte años el joven Abe medía seis pies y 
cuatro pulgadas de alto, con una constitución delgada, aun- 
que extraordinariamente fuerte y muscular, lo que lo hacia 
un gigante entre aquella raza de gigantes. 

En un discurso posterior Abraham Lincoln aludía así á. 
esta campaña, burlándose del empeño de los biógrafos del 
General Cass, en hacer de él un héroe militar : a Por lo 



VIDJL DE UNCOLN .37 

visto, señor Presidente, decía (dirigiéndose al que presidía 
la reunión), ¿Yd. ignora que yo soy un héroe militar? Si, 
señor, allá en los tiempos de la guerra del Halcón Negro, yo 
combatí, derramé sangre.,, y me fui. Al oir hablar de !a 
carrera del General Cass, me acuerdo de lamía propia. No 
rae hallé en laderrota de Stillman, es verdad; pero estuve 
tan cerca como el General Cass, del lugar de la rendición 
de Hull, Cierto que yo no rompí mi espada, (i) por la 
sencilla razón que no tenía espada; pero una vez estropié 
malamente mi fusil. Si Cass rompió su espada, se entiende 
que lo hizo por desesperación. ML fusil se quebró casual- 
mente. Si el General Cass se vio forzado á comer moras 
silv^estres, estoy seguro que yo lo aventajé en mis ataques á 
las cebollas del campo. Si él vio indios vivos y combatien- 
tes, eso es loque k mí no me tocó en suerte; pero yo 
tuve muchos y sangrientos encuentros con los mosquitos; 
y aunque nunca desfallí á causa de la sangre vertida, con- 
fieso en verdad que mas de una vez tuve muchísima 
hambre.» 

En época muy posterior y cuando Abraham Lincoln 
había alcanzado la fama de un grande orador, el Rev, Cu- 
li i vier obtuvo en conversación privada con él algunos 
detalles interesantes sobre su educación, que tienen en 
lugar aquí: 

—Deseo conocer mucho, Mr. Lincoln le había preguntado 
©1 Rev, CuUivier, cómo adquirió Yd, esa extraordinaria 
facultad de precisar todas las cuestiones» Esto debe ser 
el resultado de la educación. No hay hombre dotado de 
tal privilegio. ¿Cuál ha sido esta educación en Vd,?,; 

— Pues bien, respondió, en cuanto á educación, los pape- 
les públicos dicen la verdad; porque no alcancé á estar 
doce meses en la escuela durante toda mi vida. Mas» como 
Vd* observa, esto debe ser el producto de alguna forma de 
cultura. Eso me preguntaba á mí mismo mientras me 
hablaba Vd. Sólo puedo decir que, entre las reminiscen- 
cias de mi niñez, me acuerdo de que me enfadaba mucho 



( t ) AlQd&eQdo al heclio muy citada entances en los debates poUtlcos do la Aé- 
roiíidad del miliciano General Cass ea üaber roto ku espada, cuando supu que sus 
r^erzaíi estaban incluidas en la capItolacloD del General Uull. Casa era en aqnd 
tienapo candidato del partido democrático para la Presidencia. 



33 QBñÉLB DB SAHUflENTO 

cuando alguien me hablaba de un modo que no entendía. 
No creo que había cosa que mo irritara tanto. Esto me 
hacía perder los cascos, y me sucede ahora lo mismo. Re- 
cnerdo irme k mi pequeño dormitorio, después de haber 
oído por la tarde una conversación de mi padre con los 
vecinos, y pasarme una gran parte de la noche paseándo- 
me de arriba abajo, y discurriendo sobre el significado 
exacto de algunas frases obscuras que habia oido. No podía 
dormir, por mas esfuerzos que hiciera, una vez que me 
ponía tras una de estas ideas, hasta que daba con ella^ y así 
que la encontraba, no me satisfacía con esto, sino que la 
repetía una y otra vez ; y no quedaba contento hasta que 
habia expresado en un lenpruaje tan claro, que cualquier 
muchacho pudiera comprenderla. Esta era una especie de 
pasión en mí, y siempre la he conservado; pueSj aun ahora, 
no estoy tranquilo hasta que no he deslindado el pensa- 
miento que tengo en la mente por todos sus costados — porei 
norte,porel sur, por el este y el oeste. Tal vez esto dé la 
clave de ese rasgo característico de mis discursos, aunque 
no habí.^ pensado en ello. 

—Doy á Vd, las gracias, Mr. Lincoln, por esta revelación, 
contestóle el Reverendo. Este es el hecho mas raro que 
jamas haya conocido en materia de educación. Esto es lo 
que se llama genio con todo su poder impulsivo, inspirador; 
dominando el espíritu del que lo posee ; y convertido por 
la educación en talento^ con su uniformidad, su permanencia 
y su disciplinada fuerza siempre pronta, siempre disponible, 
nunca caprichoso: lo que constituye el mas alto atributo 
de la inteligencia humana» Pero permítame preguntarle, 
¿ha tenido Vd» instrucción en materia de derecho? ¿Pre- 
paróse Vd. para ejercer su profesión? 

— ¡Obi sí. Lei «tratados de leyese, así como suena; 
esto es, fui escribiente de un abogado de Springüeld, y 
copiaba fastidiosos legajos, adquiriendo en los ratos des- 
ocupados el conocimiento de las leyes que me era posible, 
Pero la pregunta de Vd. me trae á la memoria un cierto 
método de educación que adoptó y del cual debo hacer 
mención aquí. En el curso de mis lecturas sobre el dere- 
cho, constantemente tropezaba con la palabra demostrar 
Al principio me parecía entender su significado: pero no 
tardé de apercibirme de mí error. Yo me hacía k mí mismo. 



VIDA DE UITCOLN 39 

esta pregunta : ¿qué mas hago cuando demuestro, que cuando 
raimiOi 6 prtteho una cosa? ¿En qué se diferencia la fewo,!- 
traciún de toda otra prueba? Consulté sobre este punto el 
Diccionario de Webster. Este habla de «cierta prueba *>; 
«prueba fuera de la posibilidad de duda >); pero no podía 
yo fornaarme una idea de la clase de prueba que era esta- 
Creía que muchas cosas eran probadas fuera de toda posl^ 
bilidad da duda, sm adoptar el extraño proceder de razonar 
sobre una demostración^ tal como yo la entiendo. Consulté 
sobre eüo todos los diccionarios y libros de referencia que 
pude haber á la mano, sin mejor resultado. Era corno de- 
finirle á un ciego el color a^W. Al tin dije: íc Lincoln, nanea 
ft Uegarás á ser abogado si no entiendes primero lo que sig- 
< nifica la palabra dstnostrar ii> ; y en consecuencia dejé mi 
empleo en Springñeld» volví k la casa de mi padre, y per- 
manecí allí hasta que pude demostrar cualquiera proposi- 
ción de los Seis Libros de Eucüdes. Entonces comprendí 
lo que significa demostrar y volvía mis estudios de derecho. 

— No pude prescindir, concluye el Rev, Cullivier, de 
exclamar admirado de este desarrollo de carácter y genio 
combinados: « Ya no me maravilla, Mr Lincoln, su buen 
éxito, pues que estoy viendo que esto es el legítimo resul- 
tado de causas adecuadas. Se to merece Vd. todo, y algo 
mas todavía- Si Vd. me lo permite, desearía hacer del 
dominio público estas confidencias. Serían valiosísimas 
para excitar a nuestra juventud á emprender aquel pa- 
ciente estudio, y adquirir aquella cultura cljísica y mate- 
mática, que la mayor parte de los espíritus requiere. 
Nadie puede hablar bien sin que, ante todo, se haya dado 
primero cuenta á si "tnismo de aquello sobre lo cual se 
propone hablar Euclides bien esttidiado libraría al mun- 
do de la mitad de sus calamidades, desterrando la mitad 
de los disparates que lo alucinan y hacen desgraciado. 
Muchas veces he pensado que el libro de Euclides sería el 
mejor que podía ponerse en manos del pueblo» como prepa- 
ración moral. Este libro mejoraría las costumbres.!) 

— Piénselo mismo, dijo Mn Lincoln riéndose; voto por 
Eucüdes, 

Como nada es insignificante para caracterizar á un hom- 
bre notable, añadiremos aquí las curiosas observaciones 
del presidente Lincoln, á propósito de un bastón, recor- 



M 0BEA.8 DS BAEUIENTO 

dando sus gustos y hábitos de joveo* Una persona que 
tenia ingerencia en la prensa de Washington, necesitaba 
ver al Presidente una noche, y encontró que ya estaba 
recogido, Dljosele, sin embargo, que se sentara en la ofi- 
cina, y k poco presentóse Mr. Lincoln en camisa de dormir, 
tentando k risa con sus largos, descarnados y velludos 
miembros. Despachado el asunto, mostróse dispuesto á 
conversar; y apoderándose del bastón del interlocutor, 
empezó á decir; «Cuando era yo muchacho siempre He- 
tí vaba un bastón ; era esta mi raania- Prefería uno hecho 
« del renuevo nudoso del haya, y yo mismo les labraba el 
ot mango. Un bastón es cosa muy característica, ¿no le 
ti parece á Vd.? ¿ Ha visto Vd. esas cañas de pescar que 
ft se usan como bastón? Pues bien, esa fué una antigua 
« idea mía. Garrotes de palo del árbol del perro, eran muy 
« usados por los muchachos por allá, y supongo que toda- 
« víalos usan: los de encina son muy pesados, k menos 
tt que no se obtengan de un renuevo. ¿Se ha fijado Vd. en 
ff la diferencia que hay de llevar bastón? Sin bastón las 
K brujas y las viejas no parecen tales, Meg Merrilies (un 
« personaje de Sir Walter Scott) lo sabía muy bien,i& 




ENTRIDA EN U VIDA PUBLICA 

Su ftUacSODen la pol í tica. — Adopta la profesión úc Abogado.— Es elegido miem- 
bro de la Legisíaturi.— Su opinión sobre Ja esclavitud,— ¿u notable defensa del 
loveu Amiíátrong. — Es elegido diputado al Congreso Federal, 

No bien hubo llegado á la edad adulta, cuando Mr. Lin- 
coln decidió consagrarse á la carrera del foro; y en común 
con muchos otros jóvenes animosos de aquella época y 
lugar, se entregó á la política, abrazando calurosamente la 
cau^a do Enrique Clay y los principios del partido whig, 
que este ilustre orador encabezabas á la par del célebre 
Webster, Y es de notar que hacía su debut poli tico en un 
Estado hasta entonces decidiíiatnente opuesto k aquel grao 
caudillo; pero recibió Lincoln lamas grata prueba de su 
popularidad personal, donde mejor conocido era, con el 
voto casi unánime desús correligionarios políticos en su 
propio condado de Sangamon, para servir de representan- 
te en la Legislatura; si bien poco después^ en la misma 
campaña electoral, el General Jacison^ candidato del par- 
tido democrático, aventajó á su competidor Ciay por ciento 
cincuenta y cinco votos. 

Mientras seguia sus estudios del derecho, dedicóse á la 
agrimensura como medio de ganar con su práctica la sub- 
sistencia. En 1834, no admitido aun en el foro — un ver- 
dadero campesino en su traje, maneras y expresión, alto» 
flaco y nada agradable de aspecto — fué por la primera vez 
electo representante k la Legislatura de su Estado adop- 
tivo, siendo con una sola excepción el mas joven de sus 
miembros. 

Durante la sesión rara vez tomó la palabra, contentán- 
dose con el papel de expectador. Fué por entonces que 
entró en relación cou Estevan Douglas, recientemente 
emigrado de Vermont, y en cuyo asocio estaba destinado 



^ 



4Í OBRJIS DE SARMIBINTO 

á figurar de una manera tan conspicua en la política de 
BU paif^- 

ReBlecto en 1836, dejó con otro de sus colegas confiigna- 
das sus opiniones con respecto de la esclavitud, en la 
siguiente protesta hecha en Maizo de 1837 : 

ff Habiendo ambas Cámaras de la \samblea General, 
durante la presente sesión, sancionado resolucione!;^ sobre 
el asunto de la esclavitud domésticas los abajo firmados 
protestan contra dicba sanción; 

a Creen que la esclavitud esta fundada en una injusticia 
y una mala política; pero que la proclanaacion de doctrinas 
abolicionistas tienrle mas bien k aumentar que á corregir 
el mal; 

« Creen que el Congreso de los Estados Unidos no tiene 
poder por la Constitución, para in^reriri^e en la institución 
de la esclavituíi en los diversos Estados; 

ot Creen que el Congreso de los Estados Unidos tiene fa- 
cultad para abolir la esclavitud en el Distritode Columbia; 
pero que tai poder no debe ejercerse, sino á petición del 
pueblo de dicho distrito.» 

En 183á y 1840 fué igualmente electo, recibiendo el voto 
de su partido para Presidente de la Sala. Elegido por la 
primera vez á los veinte y cinco aüo^ de edad, habíasel© 
continuado en el mismo destino, mientras se prestó a ello; 
al mismo tiempo que, gracias á sus maneras afables, su 
habilidad y su incuestionable integridad, le habían asegu- 
rado, á los treinta años de eda<l, la posición de jefe reco- 
nocido de su partido en Illinois, Sus talentos como orador 
habíanse ya desenvuelto, mostrándose lógico y esforzado 
en la discusión. El celo ardiente que desplegó en pro de 
su partido atraía en derredor suyo multitud da amigos, al 
mismo tiempo que la reconocida bondad de su corazón lo 
conquistaba el afecto de otros, que por simples motivos de 
política no se habrían adherido. 

Mientras fué miembro de la Legislatura, continuó consa- 
grándose á la profesión que había elegido, en cuanto se lo 
permitían la necesidad de proveer a su subsistencia, y el 
tiempo que le absorbía la política; hasta que en 18;í6 fué 
admitido á la práctica en conformidad del sencillo uso in- 
glés y Dorte-americanOj que permite, á los que se consagran 
k la carrera del foro, estudiar con un abogado de reputa- 



cion, quien lo presenta á los jueces, asociándolo á sus tra- 
bajos, hasta que reconocida ia aptitud de! practicante, entra 
á abogar de sa propia cuenta. Asi no es siempre abogado 
el que ha hecho estudios en universidades durante gu 
juventud, sino el que, reconocida y aceptada su capacidad 
como orador, completa su carrera con la práctica del foro. 
En unión de otro abof^ado, Mn Stuart, Abe Lincoln abrió 
su bufete en Sangamon bajo los may favorables auspicios; y 
se hi^o notar desde luego como abof^ado de juri, por la faci- 
lidad con que se apercibía del punto fundamental del caso, 
y la prontitud para sacar partido de éL Un cierto tinte 
de rareza que á menudo usaba como medio de exposi- 
cioD, combinado con su sólido sentido práctico, y la preci- 
sión con que hería el fondo de la dificultad, imprimían un 
carácter original á sus discursos. Desdeñando las argu- 
cias del retórico, hablaba de hombre á hombre; por lo 
cual era universalmente considerado por aquellos con 
quienes estaba en contacto, como hombre de una pieza, en 
el mas lato y recto sentido de la frase- Sus pensamientos, 
sus maneras, su modo de expresarse eran suyos propios. 
Sin afectar la jerigonza del demagogo, el pueblo tenía con- 
fianza en él, reverenciándolo como á uno délos mejores, 
el mejor de todos, puesto que las simpatías del pueblo eran 
las suyas, su bien el mayor de sus deseos, y comunes los 
intereses. 

Recuérdase una ocurrencia en su prActica de abogado, 
que merece citarse. Habiéndose cometido un homicidio en 
el condado, se imputó este crimen á un Individuo por ape- 
llido de Armstrong^ hijo de dos ancianos, para quienes 
Abraham Lincoln había trabajado á jornal muchos años 
antes. Arrestado é interrogado hallóse mérito para proce- 
der contra él, y pasó á la cárcel k aguardar su juicio. Ape- 
nas supo Mr- Lincoln lo ocurrido, dirigió una sentida carta 
á Mrs. ArmstroDgs mostrándole ©1 mas vivo interés por su 
hijo, y ofreciéndole defenderlo sin retribución alguna, en 
recompensa de la bondad con que io habían tratado sus 
patrones, cuando años antes le habían encontrado en ad- 
versas circunstancias. Eí proceso convenció al oficioso 
abogado que el joven era víctima de una infame cabala, y 
determinó retardar el juicio iiasta que pasase la excita- 
ción popular contra su defendido. Al fin llegó el día de 



M 0BHA3 PE SA^REJIENTO 

juzgar la causa, y el acusador atestiguó positivamente ha- 
ber visto al acusado hundir el puñal en el corazón de su 
víctima. Recordó perfectamente todas las circunstancias: 
el homicidio había sido cometido después de las nueve de 
la noche, y á la claridad de la luna. Mr. Lincoln hizo una 
prolija reseña de todas las declaraciones, y probó en segui- 
da, de la manera mas concluyente, que la luna que el acu- 
sador había jurado estar á esa hora en todo su brillo, no 
había salido sino una ó dos horas después de haber sido 
cometido el homicidio. Otras discrepancias quedaron de 
manifiesto, y treinta minutos después de haberse retirado 
el juri, dio un verdicto de <c no es culpable. » 

Madre é hijo habían estado esperando con congojosa ansie* 
dad la sentencia, y apenas húbose pronunciado la palabra 
de absolución, la madre cayó desmayada en los brazos del 
hijo, que la estrechó contra su corazón con palabras de 
alegría y confianza. 

« ¿ Dónde está Mn Lincoln 7 » exclamó el joven, y atrave- 
sando en seguida la sala estrechó la mano de su liberta- 
dor^ demasiado conmovido para poder hablar. 

Sucedía esto á puestas del sol, y hallábanse cerca de una 
ventana que daba al dorado horizonte del Oeste, 

<( Aun no se ha entrado el sol, fué la respuesta de Mr< 
Lincoln, y está Vd, Ubre ». 

•Habiendo fijado permanentemente su residencia en 
Springfield, cabecera del condado de Sangamon, á la que 
consideró siempre como su casa, ejerció alli su profesiou 
durante seis años, continuando sus estudios legales; ha- 
biendo contraído matrimonio en 1842 con Mary Todd, se- 
ñora de maneras cultas y de finos gustos sociales; y aun- 
que se había propuesto retirarse de la arena política^ á fin 
de gozar mas á sus anchas de las dulzuras de la vida do* 
raéstica, desviáronlo de su propósito las urgentes instancias 
de aquel partido con cuyo triunfo él creía firmemente inden* 
tincados los mas altos intereses de su país. En 1844 enca- 
bezó en su Estado la campaña electoral en favor de Clay, 
pasando en seguida á Indiana, donde pronunció diaria- 



TII>Á DE LINCOLN •jfii» 

mente discursos ante reuniones numerosísimas hasta el 
día de la elección^ y deplorando 3U derrota, después de 
pasadas las elecciones, mas d6 loque su generosa natura- 
leza lo hubiera permitido, si solo se tratase de un mero 
contraste personal. 

Dos años después, en 1846> Mr. Lincoln tuvo que aceptar 
un nombramiento del partido whig para Diputado al Con- 
greso, por el distrito de Sangamon; y fué electo por una 
mayoría de que no habla allí precedente. Estaba por aque- 
lla época anexada ya Texas; continuábase la guerra de Mé- 
xico, y había sido derogada la tarifa de 1843. 

A la apertura del Congreso decimotercio, en 1847, Mr. 
Lincoln tomó asiento en la Cámara de Diputados, apare- 
ciendo al mismo tiempo Esteban Douglas, por la primera 
Tez, como miembro del Senado. 



EN EL CONGRESO 



LincolD como orador político.— Se opone á la guerra contra México.— Discurso 
Importante sobre esta cuestión.— Su oposición conservadora al gobierno. ->4 Toda La 
verdad» contra ala verdad «—Lógica de sudemostraclon.— Análisis de los diversos 
puntos en cuestión.— Lo que es un tratado.— Distinción entre el ejercicio y el reda- 
Imo de Jurisdicción.— Verdadera regla para la verificación de fronteras.— Costo ó 
nutiiidad de la guerra.— Dificultades para lograr una paz satisfactoria. 



Mr. Lincoln se colocó, desde su entrada en el CongresOj 
en las primeras ftlas entre los diputados del Oeste. En to- 
das las discusiones de entonces se distinguió como un ora- 
dor prominente del partido whig. Persuadido de que la 
administración de Mr, Polk había conducido mal desde su 
origen todos los negocios de México, combatió con la mayor 
severidad ó intrepidez su política interior y exterior; y aun- 
que votó en favor de todas las medidas para proveer a los 
gastos de la guerra, recompensar debidamente el ejército, 
etc., protestó siempre contra la iniquidad de los que la pro- 
movieron, deprecó las fatales consecuencias que había de 
producir — como desgraciadamente se ha verificado maa 
tarde— y declinó aceptar la responsabilidad de ella, para 
si á todo su partido^ desde un principio hasta el fin de la 
lucha. 

Haciéndose el eco de sus colegas del partido whig, pre- 
sentó una serie de resoluciones, pidiendo se formase una 
comisión para investigar los motivos que habían dado ori- 
gen al rompimiento, exigiendo del ejecutivo todos los da- 
tos é informes precisos para dar su dictamen. Aunque su 
proposición no fué aceptada, sostuvo los debates en particu- 
lar con gran habilidad. Del mismo modo secundó la mo* 
cion para que se debatiera el abandono de la expedición, 
aunque apoyado solo por una débil minoría. 

Como esta es una materia que interesa al lector hispano 



U 



americano, vamos á verter íntegro su célebre y tal vez me- 
jor elaborado discurso que pronunció, con este motivo» en 
]a sesión de la Camarade Representantes el 13 de Enero 
de 184S; y en el cual quedaron consignados de un modo 
irrefragable los deleznables pretextos con que se pretendió 
defender aquella empresa, 

«Skn'Or Presidente: Algunos^ sino todos los caballeros 
del lado opuesto de la Sala, que se han dirigido á la Cámara 
en estos dos últimos liías, lo han hecho quejándose, si no ha 
comprendido mal, del voto dado, hace cosa de diez días, de* 
clarando que la guerra de México fué comenzada sin nece- 
Bidad é inconstitucionalmente por la administración. Con^ 
vengo quo tal voto no podía darse por mero espíritu de 
partido, y que sería justamente censurable si no tuviese 
otros, ó mejores fundamentos. Yo fui uno de los queseaso- 
Ciaron á aquel voto, y procedí en ello conforme á la idea que 
tenia de la verdad del caso. Trataré ahora de demostrar cómo 
adquirí aquel conocimiento, y deque manera es posible com- 
batirlo. Cuando principió la guerra era de opinión que los que 
por saber muy poco 6 por saber úemmiadQ^ no aprobaban en 
conciencia (al principio de la guerra) la conducta del Presi- 
dente, debían, sin embargo, como buenos ciudadanos guar- 
dar silencio sobre aquel punto al menos hasta que la guerra 
concluyese. Muchos Jefes democráticos, incluyendo al es 
Presidente Van Burén, habían mirado el asunto bajo el mis- 
mo pu nto de vista, como los o i expresarse y yo me adherí á él^ 
y obré en conformidad, desde que tomé asiento en esta Sala, 
Y creo que aun continuaría en este propósito, si no fuera que 
el Presidente y sus amigos no lo quieren, A^demas de los 
continuos esfuerzos del Presidente para hacer pasar los 
subsidios votados en silencio para el ejércitOj como una 
aprobación de la justicia y sabidutladesu conducta; ademas 
de aquel parágrafo singularmente candido de su mensaje 
último, en que nos dice que el Congieso^ declaró con grande 
unanimidad (disintiendo sólo dos miembros en el Senado, y 
catorce en la Sala de Representantes), aque en virtud de la 
tt acción misma del gobierno mejicano un estado de guerra 
<^ existía entre este Gobierno y los Estados Unidos; d y esto 
cuando el mismo diario de las sesiones del cual sacaba esta 
noticia, le estaba informado también, que cuando aquella 
declaración se presentó, desligada de la cuestión de los 



48 OBRiLS DE SiLRMIBNTO 

subsidios, sesenta y siete en la Sala, y no meramente catorce, 

votaron contra ella. Esta manifiesta tentativa para probar 

con la verdad, lo que no podía probar diciendo toda la verdad^ 

pone en el caso de hablar á los que no quieren ver que se 

les impute una injusticia. A mas de todo esto, uno de mis 

colegas^ muy al principio de la sesión, presentó una serie de 

resoluciones expresamente para endosar á sólo el Presidente 

la justicia de la guerra en su principio. Cuando estas 

resoluciones sean puestas en discusión, yo me veré obligado 

á votar; pues que entonces no podré guardar silencio, aunque 

quisiera. En vista de eso, me estoy preparando á dar mi voto 

con conocimiento de causa, cuando llegue el caso. He 

examinado atentamente los mensajes del Presidente, para 

averiguar lo que él mismo ha dicho y probado sobre este 

particular. El resultado de este examen ha sido que, dando 

por cierto todo lo que el Presidente establece como hechos, 

está muy lejosde servirle de justificación; y que el Presidente 

habría ido adelante con sus pruebas, si no hubiese sido por 

la friolera de que la verdad no se lo permitía. Bajo esta 

impresión fué que di el voto mencionado. Propóngome 

ahora mostrar concisamente el resultado del examen que 

hice, y cómo arribé á mi convicción actual. En su primer 

mensaje de Mayo de 1846, declara el Presidente que el 

campo sobre el cual México inició las hostilidades era nuesíroi 

y repite aquella declaración, casi con las mismas palabras 

en cada mensaje anual sucesivo, mostrando cuan esencial 

considera aquel punto. En la importancia de aquel punto 

esto y perfectamente de acuerdo con el Presidente. A mí juicio 

este es el punto eocacto sobre el cual debería ser condenado ó 

absuelto. Parece que en el mensaje de 1846 se le ocurrió, 

como es la verdad, que título, propiedad del territorio, ó 

cosa parecida, no es un hecho simple, sino la conclusión 

que emana de uno ó mas hechos simples; y que á él tocaba 

presentar los hechos por donde deducía que era nuestro e 

suelo, donde la primera sangre de la guerra fué derramada. 

a Según esto, un poco mas abajo de la mitad de la página 

12, en el mensaje á que me he referido últimamente, pone 

mano á la obra, entablando una controversia, y presentando 

pruebas que van hasta un poco mas abajo de la mitad de la 

página 14. Ahora, yo voy á tratar de demostrar que todo ello 

(el asunto en cuestión y las pruebas) no es desde la cruz á 



VIDA »E LlIíCOLlf 4ít 

la fecha mas que uaa transparente decepción. El punto 
en cuestionj como él lo presenta, está concebido en estas 
palabras : « Pero quedan los que, concediendo que todo eisto 
sea verdad, sostienen que el verdadero limite de Tesas es el 
Río de las Nueces en lugar del Rio Grande, y por tanto, que 
pasando nuestro ejército á la orilla oriental del último de 
aquellos ríos, traspasamos la línea de Texas é invadimos el 
territorio de México, w Ahora, esta es una proposición ó 
articulo de dos afirmativas, sin ninguna negativa. La 
principal decepción está en que da por una verdad que uno 
6 el úlro rio es necesariamente el limite, y aleja el espíritu 
del hombre superficial la idea de que poúbimnente éste se 
encuentre en un punto enire los dos, y no precisamente en 
uno ó en otro. Una mayor decepción consiste en presentar 
como prueba lo que está excluido del punto en litigio. La de- 
manda bien entablada por el Presidente debía ser poco mas 
ó menos asi: Yo digo que era mtestroel terreno sobre el cual 
se derramó la primera sangre. Hay otros que dicen que no, 

tí Ahora procedo á examinar las pruebas del Prer^ident© 
aplicables á tal punto. Cuando se analizan aquellas pruebas 
quedan reducidas á las siguientes proposiciones: 

1^ Que el Rio Grande era el limite de la Luisiana, tal 
como la compramos á la Francia en 1803. 

2^ Que la Pte pública de Texas siempre redamó el Río 
Colorado como limite occidentaL 

3^ Que por varios actos lo había reclamado en el papeL 

á^ Que Santa Ana en su tratado reconoció como límite 
el Río Grande. 

5^ Que Texas antes, y los Estados Unidos despties, habían 
ejercido jurisdicción mag allá del Nueces, entre los dos ríos. 

6** Que nuestro CongrBso comprendió que el límite de 
Texas se extendía mas allá del Nueces, 

«A cada uno le llegará su turno. Su primera proposición 
se reduce a que el Rio Grande fué el límite occidental de 
Luisiana, tal cual la compramos de la Francia en 1803; y 
temiendo aparentemente que se Lo pongan en duda^ emplea 
casi una página en probar que es ciertoí y acaba con decirnos 
que, por el tratado de 1819, nosotros vendimos á la España 
todo el territorio desde el Río Grande al Este del Sabino. 
Ahora, admitiendo que el Río Grande fuese el límite de la 

Tomo xxtti»— * 



50 OMHA!» I>E KAHUIHNTO 

Luísiana, ¿qué tiene que ver esto, por el amor Je Dios, con 
el presente límite entre nosotros y México? Cómo, señor PreRi- 
dentej la lineü que olra vez dividió su tierin de la mía, puede 
ser aun el límite entre nosotros» despms que yo le he vendido 
ir.i tierra á V. K, es lo que á mí no me etitra, Y cómo un 
hombre qu^^ sólo tenga el objeto de probar honradamente la 
verdad, haya ptiuado jamas introducir hecho semejante, es 
para mí ifrualmente incomprensible. El ultraje inferido al 
derecho de tomar como nuestro, lo que una vez hubimos 
vendido» meramente porque fuényiesívo antes de venderlo, 
es sólo igualado por el ultraje que se hace al aenlido común al 
intentar justificar aquéL La segunda prueba dei Presidente 
es que la República de TeiEas siempre rcdium este río (el Río 
Grande) como su límite occidentaií Este hecho no es cierto 
Texas lo ha reclamado, pero no siempre. Hay al menos una 
excepción tlistinguiente. Su constitución de Estado, el mas 
solemne y el mas venerado acto público, aquel que sin 
impropiedad puede llamarse su última voluntad y testa- 
mento, revocando todtíslas otras, no hace tal reclamo. Paro 
demos de barato, que lo hubiese reclamado siempre. 
¿México no ha i-eclamado siempre lo contrario? De manera 
que no habrá mas que reclamo contra rechwio, no dejando 
probado nadEi, hasta que no volvamos atrás de lo3 reclamos, 
y hallemos quien tiene mejores fundamentos, 

«Consideraré ahoi'a, aunque no sea en el orden que pre- 
senta sus pruebas el Presidente, aquella clase de aserciones 
que en substancia se reducen á nada mas que á demostrar 
que Texas por varios actos de su Convención y Congreso 
reclamó como limite el Rio Grande, en el papd. Entiendo por 
esto, lo que él habla sobre fijar como limite el Río Grande en 
su constitución (no su constitución de Estado)j sobre formar 
distritos congresales, condados, etc. Ahora todo este es un 
puro 7-edamo; y lo que ya llevo dicho sobre reclamos, es 
aplicable á esto. Cuando yo reclamo vuestra tierra, nada 
masque de boca, esto seguramente no la hi^ce mía; y si fuera 
t reclamarla poruña escritura que yo mismo me hubiese 
hecho, y con lo cual vos no tenéis nada que hacer, el reclamo 
sería enteramente el mismo en substancia, ó mas bien una 
nulidad, 

ft Viene ahora ía aserción del Presidente, de que Santa 
Ana, en su tratada con Texas, reconoció ei Rio Grande 



i 




TIDA DE LINCOLN Si 

como el límite occidental de este Estado, Ademas de esta 
proposición tantas veces asumida, de que Santa Ana^ sienJo 
prisionero de guerra, esto es, cautivo, no podía obligar á 
México por un tratado, lo que me parece concluye ate; pero 
á mas de esto, quiero decir algo con relación á este tra- 
tado coa Santa Ana, como lo llama el Presidente. Si al- 
guno qnlere divertirse con aquella cúsííAj que el Presidente 
ha liesijínado por lamnño nombre, no tiene mas queluijear 
el RiPgistro de Ni les, volumen 50, página S86. Y si nlj^uno 
supusiera que el tal Registro de Niles es un repertorio 
tan curioso de documentos de tanto calibre como un so- 
lemne tratado entre naciones, yo solo puedo decir^ qrje lo 
averigüé con cierto grado de certeza en el Departamenlo 
de Estado, que el Presidente mismo no lo ha visto *íii 
ninguna otra parte, 

«De paso diré que no tendría miedo de errar, si dechi- 
rase que, durante los primeros diez años déla existen'Ma 
de aquel documento, á nadie le ocurrió llamarle un tka- 
TADO, que nunca fué llamado ta!, hasta que el Presidente, 
inéxtreniis^ intent45 llamarlo asi para sacar algonie él en 
favor de su política con respecto á la guerra de Mexlcí). 
Carece de todos los caracteres distintivos de un tratado. 
Ni se designa siquiera con el nombre de tratadlo, Sani.i 
Ana no pretende por este acto obligar A México; él supn- 
ne obrar solamente como Presidente de la República y 
Comandante en Jefe del Ejército y Marina mexicanos; e>- 
ttpula que ceíiarán por entonces las actuales hostil ¡dades^ 
y que por lo que á él hace, no tomará las armas, ni ej Nue- 
cera influencia sobre el pui^blo mexicano para que tome 
las armas contra Texas, durante ía guerra de inr lepen - 
dancia. No reconoce la independencia de ésta; no pre- 
sume poner término á [a guerru, sino que claramente 
indica su opinión de que continuará; no dice una palabra 
acerca de límites, y lo mas probable es que no le pa-^ó 
por las mientes tal cosa. Se estipula allí mismo qUc) las 
fuerzas mexicanas píisffráíi ai Qtro lado dd Río Colorado; y en 
otro articulo, conviene en que, para evitar colisiones en- 
tre los dos ejércitos, el de Texas no se aproximará á maa 
de cinco leguas — no se dice de qué — pero t^rrihíiblenient** 
del objeto señalado^ esto es, del Río Grande. Ahora sleií 
un tratado el que reconoce el Río Grande, con] o Umiie 



52 OBRAS DE SARMIENTO 

de Texas, contiene la singular estipulación de que Texas no 
se acercará cinco leguas de su propia linea divisoria. 

«Viene ahora la prueba de que Texas antes de la anexión, 
y los Estados Unidos después, ejercieron jurisdicción ma$ 
allá del Nueces, y enír^ los dos ríos. Este ejercicio positivo 
de jurisdicción es cabalmente la clase ó calidad de prueba 
que necesitábamos. Nos dice que llegó mas allá del Nueces, 
pero no nos dice que se extendiese hasta el Rio Grande, Nos 
dice que se ejerció jurisdicción entre los dos ríos, pero no nos 
dice que fué ejercida sobre todo el territorio intermediario. 
Hay gentes Cándidas que creen posible pasar un río,é ir un 
poco mas adelante, sin atravesar todo lo que falta para llegar 
al siguiente; que puede ejercerse jurisdicción entre dos ríos, 
sin cubrir iodo el país que media entre ellos. Conozco un 
hombre, que se me parece un poco, que ejerce dominio sobre 
un pedazo de tierra entre el Wabash y el Mississi pi; y tan lejos 
está de que este caso sea todo el terreno éntrelos dos rios, 
que su sitio mide apenas 152 pies de largo, por 50 de ancho, 
y en ninguna parte se acerca, ni con mucho, á lí)0 millas 
de uno ú otro río. Tiene un vecino entre él y el Mississipi 
(como si dijéramos' á través de la calle, y de aquel lado), 
al cual estoy seguro, no podría persuadir ni obligar á que 
le cediera su casa; no obstante que podría muy bien ane- 
xarla, si la cosa pudiera hacerse, con sólo estarse del 
otro lado de la calle, y reclamarla; ó aun sentándose, y 
extendiéndose á sí mismo una escritura en que constara 
su posesión. 

«Pero á renglón seguido, el Presidente nos dice que el 
Congreso de los Estados Unidos entendió que el Estado 
de Texas, que admitían en la Union, se extendía mas allá 
del Río Nueces. Bien; supongo que así lo entendió (que 
lo que es yo así lo entendí), ¿pero dónde es ese mas allá? 
Que el Congreso no comprendió que se extendía tan clara- 
mente hasta el Río Grande queda de manifiesto, por el 
hecho de que en su declaratoria colectiva para admitir 
á Texas en la Union, «e deja la cuestión de límites para 
arreglarse mas tarde, Y puede añadirse que la mejor prueba 
de que Texas mismo le ha dado una tal interpretación, es 
que ha tratado de conformar exactamente su constitución k 
esas resoluciones del Congreso. 
«Ya he revisado todas las razones aducidas por el Presí- 



VIDA DB LINCOLN 53 

dente; y es un hecho muy singular que, si se observa 
por alguien que aquel mandó al ejército invadiese el 
corazón del pueblo mexicano, que nunca se habia some* 
tido ni de grado ni por fuerza á la autoridad de Texas, 
ni de los Estados Dnídos, y allí y á causa deetío, se derramó 
la primera sangre de la guerra, no se encuentra una 
sola palabra en toda lo que el Presidente ha dicho^que 
admita ni niegue una declaración semejante. En esta 
extraña omisión consiste la decepción de la prueba del 
Presidente; omisión, á mi parecer, que sólo á designio 
puede haber ocurrido. Mi modo de ganar la vida me 
hace andar por los tribunales de justicia; y muclias veces 
he visto ©n ellos á un buen abogado, que, en sus esfuerzos 
para salvar el pescuezo de su defendido, emplea todo 
linaje de artificios para rodear, escamotar y confundir con 
muchas palabras una proposicionj con que taparte acusa- 
dora lo tiene cercado, y que él no se atreve á admitir, 
pero que no puede negar tampoco. Estratagemas de par- 
tido contribuirían á hacerlo recurrir a estos medios; pero 
concediendo todo lo posible k tales propensiones, aun así 
me parece que, por una necesidad muy parecida, los es- 
fuerzos del Presidente vienen á ser precisamente iguales á 
los del dicho abogado, 

aAígun tiempo después de haber introducido mi colega 
(Mr. Richardson) las resoluciones de que he hecho mención, 
yo presenté un preámbulo, una resolución é interrogatorio, 
calculados para traer al Presidente^ si la cosaos posible, á este 
terreno aun no explorado. Para demostrar su pertinencia, 
me propongo hacer ver cómo entiendo la verdadera regla 
de verificar los límites entre México y Texas, Esta se reduce 
á que, dond^ quiera que Texas estaba ejerciendo iiivisáicciún, eso 
era suyo; donde México la ejercía, era igualmente suyo; y 
que todo lo que limitase al actual ejercicio de juris- 
dicción de una respecto de la otra, ese es el verdadero 
límite entre ambos* Si, como es probablemente cierto, 
Texas estaba ejerciendo jurisdicción desde la ribera occi * 
dental del Nueces, y México la estaba ejerciendo desde 
la ribera oriental del Río Colorado, entonces ni uno ni 
otro río era e! límite, sino que lo era el país despoblado 
entre ambos. 

*La extensión de nuestro territorio en aquella región de- 



M OBRAS DB SARMIENTO 

pendía, no de un límite fijado por tratados (porque ningún tra- 
tado lo había intentado), sino de la revolución. Todo pueblo 
cualquiera que se sienta dispuesto y tenga el poder para 
ser independiente, posee el derecho de levantarse, y de expul- 
sar al gobierno existente, y darse otro nuevo que mas le 
convenga. Este es un valiosísimo, sacratísimo derecho, 
un derecho que, lo creemos y esperamos, dará la liber- 
tad al mundo entero. Ni este derecho está limitado al 
caso en que todo un pueblo de una nación quiera ejer* 
cerlo. Cualquiera parte de una nación, que asi lo quiera, 
puede revolucionarse, y dominar como íuj/o propio iodo el 
territorio que habita. Mas que eso, una mayoría de un 
pueblo pueda revolucionar, echando abajo una minoría y 
entremezclada con él, ó situada cerca de él, que quiera 
oponerse á sus movimientos. Tal minoría fué precisamente 
el caso de los Tories de nuestra propia Revolución. Entra 
en el carácter de las revoluciones no ir por los caminos tri- 
llados, ni seguir las leyes conocidas; sino romper con éstas, 
y crearse otras nuevas, 

ftEn cuanto al país ahora en cuestión, nosotros lo com- 
pramosde la Francia en 1803, y lo vendimos á la España en 
1819, según lo asegura el Presidente. Después de esto, todo 
México, incluso Texas, se revolucionó contra España; y toda- 
vía mas tarde, Texas se levantó contra México. Según mí 
manera de ver, el límite á que Texas extendió su revolución, 
haciéndola aceptar del pueblo por grado ó por fuerza, Aa«( a 
alli el país es suyo, — y no mas adelante. 

KAhora, señores, á fin de obtenerla prueba mas convin- 
cente sobre sí Texas había extendido la revolución hasta el 
lugar donde se rompieron las hostilidades de esta campa- 
ña, que conteste el Presidente k los interrogatorios que 
yo propuse, como antes lo he dicho, ó á otros por el estilo. 
Que responda plena, franca y verídicamente. Que responda 
con hechos y no con argumentos. Que recuerde que está 
sentado donde Washington se sentó; y recordándolo, res- 
ponda como Washington respondería. Así como una na- 
ción no toieraria, ni Dios permitiríay que fuese engañada, que 
tampoco pretenda darnos una evasión ó ambigüedad por 
toda respuesta. T si al contestar, puede probarnos que 
aquel territorio era nuestro, cuando se derramó la primera 
sangre de la guerra; que no fué dentro de un país habitado, 



riDK DB UNCOLH 55 

Ó siendo asi, que sus habitantes le hubiesen puesto bajo la 
jurisdicción de Texas, ó de los Estados Unidos; y que otro 
tanto sucediera con el terreno en que está situado el fuerte 
Brown; y si nos prueba todo esto, entonces rae tendrá ¿ 
su lado en su defensa. En ese caso, me considerare feliz 
en retractar el voto que di el otro día. Un móvil egoísta 
me anlraa para desear que el Presidente obre en este sen- 
tido. Espero dar algunos votos en varias cuestiones liga- 
das con la guerra, que sin esto parecerían poco propios, 
según mi modo de ver, mas que estarían fuera de toda 
duda con aquel antecedente* Pero si él no puede éno quiera 
hacer esto, si por algún motivo^ ó sin motivo alguno, lo 
rehusase ú omitiese, entonces yo quedarla plenamente eon- 
vencido dé lo que ya mas que sospechaba: que él está 
igualmente convencido que no hay justicia, que sienteque 
la sangre de esta guerra, como la sangre de Abel, está cla- 
mando al cielo contra él. Que él ordenó al General Taylor 
acometiese contra un pueblo de pacíficos mexicanos, con el 
propósito deliberado detraer una guerra; y que teniendo 
en su principio algún fuerte motivo (sobre el cual no me 
detendré á dar mi opinión aquí), para envolver los dos países 
en una guerra; y contando con que sus actos no serian 
examinados, si lograba distraer la atención del público con 
la deslumbradora glpria militar— aquel iris encantador 
formado por las lluvias de sangre— aquel ojo de serpiente, 
que fascina para destruir — hundió al país en ella, y lo ha 
arrastrado adeimüe, adelante^ hasta que, frustrado en su 
cálculo de la facilidad con que México sería subyugado, él 
mismo no sabe ahora en qué berenjenal se ha metido, 

«¡Cuan parecida es toda la parte del mensaje consagrada á 
la guerra al delirio de un enfermo medio loco con lafiebrel A 
veces nos dice que nada posee México diguode retenerse, sino 
son sus tierras: en otras nos muestra cómo podemos soste- 
ner la guerra, imponiendo contribuciones á, México, Unas 
veces invoca el honor nacional, otras la seguridad del 
porvenir, el evitar una intervención extranjera, y aún el 
bien de México mismo, como uno de tantos objetos de i a 
guerra. Otra vez nos dice, «que rechazar una indemniza- 
ción en la forma de cesión de una parte de su territorio 
seria abandonar todas nuestras justas demandas, ó hacer 
la guerra con todos sus costos^ sin un plan^ ni objeto definido,» 



$0 OBRAS DB SARMtEKTO 

Asi, pues, el honor nacional, la segaridad del porvenir, 
y todo lo que no fuese indemnización territorial, puede 
tenerse coma plan ninguno, ni rfí/ÍHtrfo objeto de la guerra. 
Pero estando convenido ahora de que su único fin es 
arreglar aquella indemnización territorialj se apresura á 
pedirnos que nos apoderemos legalmente de todo aquel 
terreno con que se daba por contento, no hace muchos 
meses, y de toda la Provincia de California, por añadidura: 
y que sigamos todavía la guerra para tomar todo aqueílo 
por que estamos ahora peleando, y continuar peleando 
todavía. Asi, el Presidente está siempre resuelto en todo 
caso á obtener plena indemnización por los gastos de la 
guerra; pero se ha olvidado decirnos de dónde vamos á 
recuperarnos del e^vceso, cuando los gastos hayan sobrepa- 
sado al valor de toda el territorio mexicano. Y mientras 
insiste en que la existencia separada de México será respe- 
tada, no nos dice como se hará esto después que hayamos 
tomado lodo su territorio- Por temor de que se crea que 
la proposición aquí indicada sólo pueda mirarse bajo un 
punto de vista ünaginario, permítaseme por un momento 
probar que no lo es. 

ftLa guerra ha durado ya como veinte meses, por cuyas 
expensasjunto con un antiguo pico, el Presidente exige la 
mitad del territorio de México, y eso la mejor mitad (Cali- 
fornia), por lo que hace k poder sacar partido alguno de ella* 
Está casi despoblada, de manera que podremos abrir ofici- 
nas para la venta de tierras públicas, y por este medio 
aprovechar alguna cosa. Pero la otra parte, según lo 
entiendo, está mas poblada, atendida la naturaleza del pius; 
y todos los terrenos dignos de poseerse, son ya de projae- 
dad particular. ¿ Cómo, pues, vamos á sacar partido de estas 
tierras con los gravámenes que reconocen? ¿ó cómo re* 
mover estas cargas? Supongo que nadie pretenderá 
que vamos á acabar con sus pobladores, ó arrojar- 
los fuera de su patria, ó esclavizarlos, ó confiscar su 
propiedad. ¿Qué provecho, entonces, vamos á sacar 
de esta parte del territorio? Si ya los gastos de la guerra 
han igualado á la mejor mitad de su territorio, veráse que 



VrDA DB LINCOLN ^ 57 

no es puramente espectdativa sino una cuestión práctica ía 
quo se nos viene encima; la de saber: ¿cuánto tiempo 
tardará ta guerra en igualar con sus costos al valor de la 
mitad menos valiosa? Sin embargo, cuestión es esta de que 
parece oo haberse ocupado nunca el Presidente. 

«Igualmente vago ó indefinido es el pensamiento dei Pre- 
sidente, en cuanto á los medios de terminar la guerra y 
asegurar la paz. Lo primero trata de conseguirse, llevando 
vigorosamente la guerra á la parte mas vital del pais ene- 
raigo; y después— como si, cansado de tanto esfuerzo» se 
hablase á sí mismo— baja el Presidente el tono hasta pare- 
cer desalentado, y nos dice: que con un pueblo perturbado 
y dividido por facciones en pugna entre sí, y un gobLerno 
sujeto á cambios continuos, por revoluciones sucesivas, el 
continuado buen éxito de mieíitras armas puede aun no ser bastante 
para obtener una paz satisfactoria. En seguida sugiere la idea 
de engaitar al pueblo mexicano, para que desoyendo loa 
consejos da sus propios jefes, y confiando en nuestra pro- 
tección, forme un gobierno con el cual podamos arreglar 
una paz satisfactoria: añadiendo, que este puede venir á ser eí 
único medio de obtener aquella paz. Pero luego le sobrevienen 
dudas sobre esto también, y retrocede á la mitad del ca* 
mino, abandonando ya la idea de proseguir con vigor la 
guerra. Todo esto demuestra que el Presidente en manera 
alguna está* contento con las posiciones adoptadas. Toma 
primero una, y cuando intenta argüimos desde ella^ él 
mismo se sale fuera. Entonces toma otra, y le sucede lo 
mismo; y en seguida, confuso de no encontrar algo nuevo 
que decir, hecha garra otra vez á la vieja argumentación 
que habla desechado. Apurado su espíritu mas allá de lo 
que permiten sus fuerzas, corriendo de aqui acullá, coíno 
si caminara sobre ascuas, no halla lugar que le contente 
para sentarse á descansar. 

También es una singular omisión en este mensaje, la de 
ao indicar cuándo el Presidente espera ver el término de 
la guerra. Al principio de ella, el General Scott incurrió 
en el desagrado, SL no en desgracia, de este mismo Presi* 
dente, por haber intimado no mas que la paz no podfa ob 



58 ÓBKA3 BE SARUí&NTí) 

tenerse en menos de cuatro meses, A.I Qn de cerca de 
veinte meses, durante los cuales nos han dado nuestras 
armas las mas espléndidas victorias, habiendo contribuido 
cada departamento» en todas partes» por tierra como por 
agua, sus oficiales y soldados, las tropas de línea y loa vo- 
luntarios con todo lo que hombres podían hacer, y cientos 
de cosas que hasta ahora se había creido que no podían 
hacerse; después de todo esto, ese mismo Presidente nos 
dirige un largo mensaje, sin mostrarnos que, por lo que 
hace al fiHy se tenga él formada ni la mas remota idea.- 
Como lo he dicho antes, él mismo no sabe dónde está. En- 
cuéntrase desorientado, confundido, y miserablemente per- 
plejo. Dios Je conceda que pueda mostrarnos un día que 
no hay algo en su conciencia, que sea mas penoso que todas 
esas perplejidades mentales.)» 



r 



EN EL CONGRESO 

Efecto desastroso úñ la política a Dexloolsta.— Opinión de LEdcoIq jsobre esclavl- 
Ind y tierras publicas, —Retiro á la vida privada^— Su reentrada A la arcDa política. 
^Cantüdato para Senador y Gobernador .—Su abnegación.— Lucüa electoral con 
Dü ligias.— Gran importancia y slgniftcado de esta contienda,— Su primer discurso 
en ella.— El Gobiemo no puede ejístir mitad llljre y mitad escJavo.— La gran 
cnestíon del dJa netamenlc declarada. -La ley NebraskayJa decisión de Dred S&Jll. 
—La Constitución de Leco nipí o n.— Denuncia la ecinspíracion para eslendcr la es* 
ciaTítud. — Perro vivo es me^or que ieon muerto*- Eitraño ardor y entusiasmo de 
la tacha. — Ti1i>uti^ ala Acta de independencia.- Descripción, hábitos y cualidades 
de Mr. LídcoIq.- Hesultado de la Juctta. 



Aunque los esfuerzos de Mr< Lincohi, para contener la 
ioicua invasión de México, no anduvieron felices, ellos for- 
marán una brillante página de su vMa pública; tanto mas 
que los acontecimientos sucesivos han venido desgraciada- 
mente á confirmar muchos de sus pronósticos. Entre otros 
efectos producidos por esta desastrosa política del partido 
democi^ático de entoncesj podíamos notar la gran prepon* 
derancia adquirida por el partido esclavista con la adqui- 
sición de Texas; preponderancia que se ha dejado sentir 
con mas ó menos fuerza durante todas las administraciones 
posteriores, hasta traer el fatal conflicto de intereses, que 
acaba de decidirse con las armas, á costa de torrentes de 
sangre y de dinero. Lo que la República ganara en exten- 
sión lo perdió en unidad; siéndole preciso reatar esos 
vínculos por medio de una lucha, que ha asombrado al 
mundo, y dado, entre tantas otras victimas, la del ilustre 
magistrado, cuya memoria escribimos, y quien vino k co- 
ronar con su martirio la gran obra de la Union. 

Macho interés tomó Mr. Lincoln en todas las cuestiones 
de mejoras internas que tanto agitaban á los partidos de 
aquel tiempo. Sostuvo con energía el ilimitado derecho de 
petición» y abogó en favor de una política liberal hacia el 



^ 



60 0BRA8 DB SARMIENTO 

pueblo en el repartimiento y venta de Jas tierras publicas. 
En la campaña electoral de 1848» trabajó por asegurar la 
elección de Mr Taylor, pronunciando eficaces discursos en 
la Nueva Inglaterra y en el Oeste. 

En el segundo aüo de aquel Congreso (el 13" de ia Hnion), 
se propuso )a cuestión de abolir el tráfico de esclavos en 
el Distrito de Colonabia; y aunque Mr. Lincoln no votó en 
favor de la medida, presentó el proyecto de otra mas com- 
prensiva y directa. En este proyecto de ley se disponía 
que en adelante ninguna persona, que á la fecha no se 
hallase en el Distrito, pudiese ser tenido por esclavo dentro 
de los límites de Colombia i y ordenaba la emancipación 
gradual de los esclavos existentes, dando una compensa- 
ción á los amoSj si una mayoría de los votantes legales del 
distrito asentía en ello por una elección que al efecto se 
celebraría. Salvábase, empero, el derecho de los ciudada- 
nos de los Estados con esclavos, que viniesen al Distrito 
por asuntos públicos, y mientras ellos y bus familias resi- 
diesen en éK 

Con respecto á conceder porciones de los terrenos públi- 
cos á los nuevos Estados, para ayudarles en la construcción 
de ferro-carriles y canales, él favoreció los intereses de sus 
propios constituyentes, con aquellas restricciones que el caso 
requería. 

No habiendo aceptado la indicación que se le hizo de ser 
reelecto, retiróle nuevamente á la vida privada, volviendo 
á ejercer su profesión, que había abandonado á causa de 
sus deberes públicos; no habiendo tomado parte activa en 
la politica durante la administración del General Taytor^ 
ni en ninguna de las animadas escenas de 1850. 

Sacóle de su reposo la introducción del bUl denominado 
de Kansas-Nebraska, presentado por Estevan Douglas en 
1854, el cual vino á despertar su energía para luchar de 
nuevo en favor del derecho oprimido. En la campaña elec- 
toral de aquel año, faé uno de los mas activos caudillos 
del movimiento anti Nebraska, como fué llamado, dirií^ien- 
do frecuentemente Ja palabra al pueblo en los lugares pú- 
blicos con aquel ardor y empeño que le eran propios; y 
con lo cual ayudó poderosamente á producir los notables 
cambios políticos que en ese año ocurrieron en elllHnois. 

Debía por entonces la Legislatura nombrar un Senador 



/ 



TIDA. DE LmCOLff 61 

de los Estados Unidos, y como por la primera vez en la 
historia de aquel Estado se hiciese posible la elección de 
uü candidato opuesto al partida democrático, Lincoln, no 
obstante estar designado por la opinión para aquel destino, 
prefirió, con aquella abnegación que le era peculiar, tra- 
bajar en favor de Mr. Trumbull, hombre de antecedentes 
denaocráticos; y que por tanto podía mas bien recibir el 
voto de tos demócratas opositores al Gobierno, y reunirlos 
á los de los whigs, con lo que TrumbuU resultó electo. 
Ofreciéronle igualmente nombrarlo Gobernador del Illinois, 
pero renunció en favor de Bissel, que fué elegido por una 
gran mayoría. 

A la formación del partido republicano como tal, Mr. 
Lincoln cooperó activa y eficazmente, habiéndose presen- 
tado su nombre, aunque sin efecto, para Vice-Presidente 
de la Convención Nacional de aquel partido. Proclamado 
por ésta, como candidato, el Coronel Fremont, se dedicó 
ardorosamente á, promover su elección, figurando su nom- 
bre á la cabeza de la listado electores generales. 

Habiéndose pronunciado el Senador Douglas contra la 
administración de Mr. Buchanan, en lo relativo á la Cons 
titucion de Kansas, llamada también de Lecompton, que 
permitía la introducción de la esclavitud en aquel nuevo 
Estado, apoj'ado en esto por el partido democrático del 
Illinois; y como su reelección dependiese del resultado de 
la elección local de 1858, la Convención Republicana re- 
solvió unánimemente, én medio de los mas vivos aplausos, 
que Abraham Lincoln era « la primera y única elección de 
los Republicanos de Illinois para Senador de loa Estados 
Unidos como sucesor de Douglas.» 

Al terminarse aquel acto, pronunció el siguiente discurso 
que nos da el tono de aquella gran lucha con Mr. Douglas, 
una de las mas notables y excitantes que el país hubiera 
presenciado hasta entonces; y que contiene en sí todos los 
gérmenes de la contienda que mas tarde debía ensangren- 
tar la Union, y dar por resultado del terrible conflicto la 
abolición de la esclavitud en todos los Estados Unidos. En 
este concepto lo reproducimos aquí : 

« Caballeros de la Convención: — Una vez que sepamos 
dónde nos hallamos y adonde nos dirigimos, fácil nos será 
en seguida juzgar lo que mejor conviene hacer y cómo 



62 OBRAS DB SARMIENTO 

hacerlo. Llevamos ya cinco años desde que se inició una 
política, con el manifiesto objeto y la seguridad de que iba 
á poner término á la agitación en favor déla esclavitud. 
Bajo la acción de esta política no solo no ha cesado aquella 
agitación, sino que ha ido en constante aumento; y en mi 
opinión, no cesará hasta que no sobrevenga una crisis, y la 
hayamos atravesado. «Una casa dividida contra sí misma 
no puede permanecer», y nuestro Gobierno no puede existir 
siempre mitad libre y mitad esclavo. No temo que la Union 
se disuelva. No temo que la casa caiga; pero confío en que 
dejará de estar dividida. Vendrá á ser toda libre, ó toia 
esclava. O bien los que se oponen á la esclavitud atajarán 
su propagación, convenciendo al público que camina á su 
completa extinción; ó sus sostenedores la empujarán ade- 
lante, hasta que venga á ser legal en todos los Estados, 
nuevos ó antiguos, del Norte como del Sur. ¿Nos inclinamos 
hacia la última solución del problema? Si alguno dada de 
ello, que contemple atentamente aquella maquinación fegal 
(pieza de maquinaria debía decir), ya casi completa^ que 
se compone de la doctrina Netraska y de la decisión judi- 
cial de Dred Scott. Que se considere no solo la clase de 
obra á que esta maquinaria se presta, y lo bien adaptada 
que está á su plan; sino también que se estudie la historia 
de su fabricación: que se rastree, si puede, ó mas bien, 
que trate, si le es posible, de cerrar los ojos y no ver las 
pruebas del designio y concierto de acción, que ha exis- 
tido desde el comienzo entre los principales forjadores lie 
aquella obra. 

«Al principio solo el Congreso había obrado; y para ñse- 
gurar el punto ya ganado, y abrirse camino para eu ade- 
lante, era indispensable obtener su ratificación real ó apa- 
rente por el pueblo. El año nuevo de 1854 encontró la 
esclavitud excluida de mas déla mitad de los Estados por 
sus respectivas constituciones, y de la mayor parte del terri- 
torio nacional por prohibición del Congreso. Cuatro días 
después comenzó la lucha, que concluyó por derogar la 
prohibición del Congreso. Esto abrió todo el territorio na- 
cional á la esclavitud, y fué el primer punto ganado. 

«Esta necesidad no había sido desatendida; y muy al con- 
trario se la había prevenido en cuanto podía serlo, con el 
notable argumento de lo que se complacía en apellidar como 



.i 



Súber ania intrusa (sguatter Búvereigntif\ y otras veces condeco- 
rado con el titulo de nagrado derecho al propio gobierno; cuya 
Última frasCj aunque en verdad sea la única base Jegítima 
de todo gobierno, había sido pervertida en el uso de que ella 
intentaba hacer, que equivalía á decir: que sí un hombre 
quisiere reducir i\ otro á esclavitud, no se permitirá opo- 
sición alguna de un tercero. Este argumento fué incor- 
porado en el mismo till Nebraska en los términos si- 
guientes: 

«Siendo la verdadera inteligencia y significado de esta 
acta, no legislar sobre la esclavitud en ningún territorio ó 
Estado, ni excluirla de ellos, sino dejar al pueblo de ellos 
en perfecta Hbertad de formar y reglamentar, como lo 
entiendan, su propias instituciones locales, subordinán- 
dose solamente á la Constitución de los Estados Unidos^ 
eic, etc. 

aSiguióse después la gritería sobre la soberanía intrusa 
(Bfixiatter); y las huecas declamaciones sobre el sagrado dere- 
cho á gobernarse k si mismos. 

«Pero, especifiquemos, decían los miembros de la oposi- 
ción; enmendemos el bilí, de manera que expresamente 
declare que el pueblo del t^irritorio puede exi^luir la esclavi- 
tud. Nó, contestaron los amigos del proyecto, y rechazarm 
la enmienda. 

^Mientras que el biU Nebraska era aprobado por el Con- 
greso, estaba debatiéndose ante la Corte del Circuito de 
Jos Estado Unidos en el Missouri, una causa en que se dis- 
putaba la libertad de un negro, por haber su dueño lleva- 
dolo voluntariamente, primero á un Estado libre, y en se- 
guida á un territorio garantido de la esclavitud i>or probi- 
cion especial del Congreso; teniéndolo por esclavos por largo 
tiempo en cada uno de ellos. El bilí de Nebraska y el pleito 
fueron decididos en Mayo de 1854 Llamábase el negro Dred 
Scott, con cuyo nonibre se conoce ahora la decisión tinal 
dada al caso. 

«Aproximábase la elección de Presidente cuando se san- 
cionó la ley, y se ventilaba la validez de ésta, ante la Corte 
Suprema de los Estados Unidos; pero la sentencia misma 
fué diferida hasta despuu de la elección. Ya antes de la 
elección, el Senador Trumbull, pedia en el Senado á. los 
principales sostenedores del bilí Nebraska, que declara- 



M OBRAS DE SAEMIENTO 

rasen si, en su opinión, el pueblo de un territorio podía 
excluir constitucionalmente la esclavitud de sus términos; 
y los últimos respondieron: eso es asunto de la Corte Su- 
prema. 

^Yino la elección. Salió electo Mr, Buchanan, y con ello 
quedó aparentemente sancionada aquella medida por la 
voluntad popular, y ganado el segundo punto. Esta sanción^ 
empero, estuvo muy lejos de ser una clara mayoría popu- 
lar, por menos de cuatrocientos mil votos; una circunstan- 
cia que ia privaba de ser totalmente tranquilizadora y 
decisiva. El Presidente saliente, en su último mensaje, 
hacia, de una manera muy ufana, mucho hincapié sobre 
la pretendida autoridad y peso que esta manifestación po- 
pular daba á este acto mas marcado de la feneciente admi- 
nistracioUp 

«;La Corte Suprema volvió á reunirse, no para anunciar 
esta vez su decisión, sino para ordenar que se abriese de 
nuevo la litis. Tuvo lugar la inauguración presidencial, y 
aun no recaía sentencia definitiva del tribunal, cuando ya 
el Presidente entrante, en el discurso de apertura, exhor- 
taba fervientemente al pueblo é. que apoyase la esperada 
decisión judicial, cualquiera que elin fuese. A los pocos dias 
vino la decisión. 

«Este fué el tercer punto ganado. El reputado autor del 
bilí Nebraska tiene muy luego ocasión de hacer un speech 
en el Capitolio, defendiendo como suya propia la decisión 
de la causa de Dred Scott, y denunciando en términos 
vehementes toda oposición á ella, 

«También el nuevo, presidente aprovecha la primera 
oportunidad, en su carta á. Silliman, para adoptar é inter- 
pretar aquella decisión, mostrarse admirado de que haya 
existido jamas otro modo de ver esta cuestión. Al fin se 
arma una rencilla ente el Presidente y el autor del bilí Ne- 
braska sobre un simple punto de hecho; cual era el saber» 
si la Constitución dicha de Lecompton había sido ó no vota* 
da propia y libremente por el pueblo de Kansas. Acaba la 
reyerta por declarar el último» que todo lo que exige es el 
sufragio libre del pueblo, sin cuidarse de si éste vota en 
pro ó en contra de la esclavitud- Yo no comprendo que 
por esta declaración el autor quisiese significar otra cosa^ 
sino que él considera ésta como la mas propia definición de 



TII>A Pfi LINCOLH 65 

la política que deseada prevaleciera en el ánimo del pú* 
blicOs una política cuyos principios declara que ya ha su- 
frido mucho, y está dispuesto á sufrir hasta el último. 

(tY bien puede aferrarse á esos priucipios. Si tiene senti- 
mientos paternales, bien le está asirse de ellos* Este prin- 
cipio es la única hilacha que ha quedado de su original* 
doctrina iniciada en la ley Kansas-Nebraska. Bajo el im- 
perio de la decisión Dred Scott, la soberanía squatteí\ sin 
existencia, se desbarató como andamios provisorios^ como 
molde de arena, que sirvió para una fundición y cayó 
reducido á polvo: ayudó á ganar una elección, y en seguida 
fué aventada en el aire. 

ctSu última lucha, en unión con los Republicanos, contra 
la Constitución Lecompton, nada tiene de común con la 
doctrina primitiva de Nebraska. Aquella contienda versó 
sobre un solo punto^el derecho de un pueblo á hacer su 
propia constitución; y sobre este punto nunca han diferido 
él y los Republicanos. 

c Las varias faces comprendidas en la decisión Dred 
Scolt, junto con la política a de qué me importa » del Sena- 
dor Douglas, constituyen el plan de aquella maquinaria 
en su estado actual de progreso. Los puntos de acción de 
ésta vienen á ser: 

«c Primero : Que ningún negro esclavo, importado por ta 
del África, y ningún descendiente suyo, puede jamas ser 
ciudadano de Estado alguno, en el sentido en que aquel tér- 
mino está empleado en la Constitución de los Estados Unidos. 

« Este punto está calculado para privar al negro, en todo 
posible evento, del beneficio de lo prescrito en la Consti- 
tución de los Estados Unidos, donde declara que: «Los ciu- 
dadanos de cada Estado gozarán de todos los privilegios é 
inmunidades de ciudadanos en los diversos Estados. » 

a Segundo : Que bajo la acción de la Constitución de los 
Estados Unidos, ni el Congreso ni una Legislatura territo- 
rial podrán excluir la esclavitud de ningún Territorio de 
los Estados Unidos. 

« Este punto está calculado para que individuos particu- 
lares llenen de esclavos los Territorios, sin riesgo de pederr- 
los como propiedad; y de este modo aumentar las probabi- 
lidades de conservar esta institución en todos los tiempos. 

Tomo xxth.— 5 



66 OBRAS ÜB SARMIENTO 

a Tercero : Que si bien un esclavo se liberta por el hecha 
de ser traído á un Estado libre, como las cortes federales 
no han de fallar nunca contra el amo, siendo esta una 
cuestión de competencia de cada Estado, el pobre ne^ro 
podrá al ñn ser forzado & seguir á su amo. 

« Este punto est& calculado, no para llevarlo á cabo in- 
mediatamente, sino para que, dado caso que fuese aceptado 
con el tiempo y aparentemente apoyado por el pueblo, k 
consecuencia de una elección, sostener en seguida como 
su resultado %tco, que lo que podía hacer legulmetite el 
amo de Dred Scott con su esclavo en el libre Estado del 
Illinois, cualquier propietario tendría derecho á hacer con 
otro ó con mil esclavos en el Illinois, ó en cualquier otra 
Estado libre. 

« Como auxiliar á todo este plan, y dándose [a mana 
viene la doctrina Nebraska, ó lo que de ella ha quedado 
con propósito de educar y amoldar la opinión pública (al 
menos la opinión pública del Norte), á que sea ir] diferente 
sobre el resultado de la admisión ó rechazo de la escla- 
vitud. 

« Esto muestra exactamente dónde nos hallamos ahora, 
y un poco adonde nos vamos encaminando. 

«Nueva luz se arrojará sobre lo último, si volvemos atrás 
y recorremos con el ánimo la cadena de hechos iiistóricos, 
que quedan ya establecidos. Varias cosas aparecerán ahora 
menos obscuras y misteriosas de lo que se mostraban, 
cuando recien estaban transpirando. El pueblo debía que- 
dar « perfectamente libre », sujeto sólo á la Constitución, 
Demasiado claro está ahora que todo ello era sólo un nicho 
ajustado, en el cual debía caber mas tarde la decisión Dred 
Scott, y declarar que la perfecta libertad del pueblo era 
no tener absolutamente libertad alguna. ¿Por qué fue re- 
chazada la enmienda que declaraba el derecho del puebla 
á excluir la esclavitud? 

«Demasiado claro está ahora, que su adopción habría 
desarreglado el nicho preparado para recibir la decisión de 
Dred Scott. 

« ¿Por qué fué postergada la decisión de la Corte? ¿Por 
qué esquivar la opinión individual de un Senador hasta 
después de la elección de Presidente? Demasiado claro 
Mtá ahora que el haber hablado entonces habría perjudi* 




VIDA DB LIMCOLN fff 

cado al argumento revestido con aquel <i perfectamei^te Ubre », 
con el cual se contaba para ganar la elección, ¿Por qué 
las felicitaciones del Presidente saliente sobre la supuesta 
sanción del pueblo? ¿Por qué la postergación é iniciación 
de nuevos alegatos? ¿Por qué lus anticipadas exhortac Junes 
del Presidente entrante, en favor de la decisión? Estas 
cosas se asemejan al vulgar método de palmear y acari- 
ciar un caballa altivo antes de montarlo, cuando se leme 
vaya á lastimar al jinete, ¿Y por qué ese apuro del Presi- 
dente y otros para aceptar y confirmar aquella decisión? 

« No podemos saber con exactitud si todos estos hechos 
que tan bien se ajustan entre sí, sean el resultado de un 
plan preconcebido^ pero cuando vemos una cantidad de 
madera labrada, cuyas diferentes piezas sabemos que han 
sido preparadas, en tiempos y lugares distintos y por obre- 
ros diversos, como Esteban, Franklin, Rojerio y yantiíígo, 
por ejemplo; y cuando observamos que reunidas e^tus pie- 
zas hacen exactamente la armazón de una casa ó de un 
molino, y que todas las espigas y exco[)!eaduras se em- 
palman unas con otras, y los largos y las proporciones de 
las diversas piezas van adaptadas eaactamente á sus res- 
pectivos lugares, sin una de mas ni de menos, sin omitir 
siquiera los andamios; ó si una sola pieza se echa de me- 
nos, divisamos que hay un lugar en la extructuí a exacta- 
mente dispuesto y preparado para colocar dicha pieza; en 
tal caso no es imposible dejar de creer que iEsteban, y 
Franklin, y Rogerio, y Santiago no lo hayan emprendido y 
combmádose desde un ptuncipio, y trabajado de consuno, 
se^íun un plun ó propósito de antemano convenido anteJ 
de dar el primer golpe. 

«No debe olvidarse que, por el bilí Nebraskn, debía de- 
jarse al pueblo de un Estado, como al de un T«nitorio, una 
perfecta Ubertmi, y subordinada sóioála Conslítucion. ¿[>ur qué 
referii^e a un Estado? Estaban legislando para los Terri- 
tojios, y no para los Estados. Sin duda que un Estado esta 
ydebe permanecer bajo el imperio de la CünsLituciun de 
los Estados Unidos. ¿Pero por qué traer de los cabeMos la 
mención de Estados en una ley puramente terntorial? ¿Por 
qué vienen ensartados y juntos, el pueblo de un TerriLoriu 
y el pueblo <le los Estados, y sus relaciones con la Consti- 
tución consideradas como si fueran una misma cosa? 



(^ OBRAS J>m SARMIENTO 

« Mientras que el dictamen (*) de la Corte, expuesto por su 
Presidente Taney, en el caso de Dred Scott, y las opiniones 
respectivas de todos los otros jueces que concurrieron al 
acto, declaran expresamente que la Constitución de los 
Estados Unidos no permite al Congreso ni á una Legisla- 
tura territorial excluir de los Estados Unidos la esclavitud, 
todos ellos omiten expresar si la misma Constitución per- 
mite ó no á un Estado, ó al pueblo de un Estado, excluirla. 
Posible es que esto no pase de una mera omisión. Mas quién 
puede estar seguro de que si los jurisconsultos Mr. Me. Lean 
ó Curtís (*) hubiesen tratado de añadir, durante las discusio- 
nes, una declaración sobre el poder ilimitado del pueblo de 
un Estado para excluir de sus contornos la esclavitud, ni 
mas ni menos como Chase y Mace trataron de poner una 
igual declaración á beneficio del pueblo de un territorio, 
en el bili Nebraska; — pregunto yo ¿quién está del todo se- 
guro de que no habría sido rechazado en un caso como lo 
había sido en el otro? 

« El Juez Nelson fué el que mas se acercó al punto de 
declEirar la facultad constitucional de un Estado sobre la 
esclavitud. Mas de una vez lo anduvo tanto, que se valió de 
]a idea precisa, y casi del lenguaje mismo, de la ley Ne- 
brask^j tal como quedó. 

(t Hay un pasaje en su dictamen en que llegó á decir: 
excepto en los casos en que esta facultad está limitada por 
la CoastitucLon de los Estados Unidos, la ley del Estado 
es suprema dentro de su jurisdicción respectiva en mate- 
ria de esclavitud». 

« En que casos está así restringida por la Constitución 
de los Estados Unidos la facultad de un Estado, queda 
abíertu á la discusión; exactamente de la misma manera 
que la ley Nebraska dejaba la limitación de esta facultad 
ea los Territorios, Juntemos lo uno con lo otro, y tendre- 
mos úttü nichito, que no ha de pasar mucho tiempo sin 
que' lo veamos llenado con otra decisión de la Cortej de- 
clarando que la Constitución de los Estados Unidos noper- 



(í) En las cortes de justicia inglesas y norte-americanas, cada Juez anuncia y re. 
glstR por separado su opinión; y en casos importantes la escriba extensamente. 

if j Esios rucroQ los únicos dos miembros de la Corte Suprema que disLnUeroo 
del reslOí y se pronunciaron en favor de la libertad de Dred Scott* 



miteáuQ Estado excluir de su jurisdicción la esclavitud, 
Y mucho mas debe esperarse todavía, si la doctrina ícqué 
me importa que sea ó no rechazada la esclavitud n ganase 
terreno en la opinión públicaj lo bastante al menos para 
asegurarse de antemano, queuna vez hecha una decisión 
podría sostenerse. 

á Esta decisión es todo lo que por ahora I© falta á la es- 
clavitud para ser uniformemente legal en todos los Es?tados. 
Bien ó mal recibida tal decisión, viene ya probablemente 
en camino, y bien pronto la tendremos encima; k menos 
que el poder de la presente disnatía política no sea afron- 
tado y destruido. Estámonos adormeciendo con el sueño 
dorado de que el pueblo de Misísouri está en vísperas de ha- 
cer libre su Estado; pero en lugar del sueño hemos de des- 
pertar á la realidad, que la Suprema Corte ha hecho del 
Illinois un Estado esclavo. 

«Afrontar y echar por tierra el poder de aquella disna- 
tla^ es la tarea que tienen por delante todos aquellos que 
quieran estorbar que tal acto se consume- Esto es lo que 
tenemos que hacer. ¿Pero cuál es el mejor modo de ha- 
cerlo? 

« Hay algunos que ñus acusan abiertamente ante sus 
amigos, y que también susurran al oído» que el Senador 
Douglas es el mas apto instrumento que tienen á mano para 
llegar á su objeto. No nos dicen, ni nos han dicho que él 
desee que tal objeto se consiga. Se limitan á dejarnos 
inferir todo de la circunstancia de haber ocurrido una pe- 
queña disidencia entre él y la actual cabeza de la dinastía; 
y que él ha votado regularmente con nosotros, en una sola 
cuestión, en que nunca hemos diftírido él y nosotros. 

a Nos recuerdan que él es un hombre muy grande^ y que 
los mas grandes de entre nosotros quedan pequeños k su 
lado. Concedido* Pero ^ perro vivo es mejor que kon muerto. 
Sí el Juez Douglas no es para esta obra, el león muerto es 
cuando menos un león enjaulado y sin dientes, ¿ Cómo pue- 
de oponerse á los progresos de la esclavitud ? ¿ No ha di- 
cho que no se le da un bledo? Su misión manifiesta es 
inducir al «corazón público» á que no so ocupe absoluta- 
mente de ella- 

H Uno de los principales'diariosdemócrato — Douglas cree 
que habrá necesidad del superior talento de Douglas para 



7^ ^amJkM jm fjkSSBMrm 

^^.f^**fi: D''>'i;r!i*ái v**^ ^í* ii^i'í*n •^-♦fiíímíi pan r*P7l^rlt? 

f.^^rar í'^^'VriTi potirj^L r^^ñi.r.r^* Ciarr^ iñi:a aii-sscaí : pr>- 
>v<*n*ii-. -j»:^ hay jn marida iemdíú i-^ lua '^ianiza» san :i:nTt- 

4^ft*i^ '•r;i^ ívir%::.'>í» %* ■*íT::i-*r.:r^TL? Y jia íxía nin- 

*%t»h^ ^^ .^a partí» ha h^iho por reíiieir Li mescoa ie Ia 
é^i^T tal á aaa 'Vjestljn ie pricieiíii símrl-ivT cierno ^al, 
r#^ T*^# rií* él pa>«ia 'jccnenü á la LuzoniiiiTc i* ea^rli^^s 
r.i e^nVi n^írgaríái qie el trid:o en esa espésete ie «pr:p:e' 
-ia-l * «^ -r p*>rí*etanient*f libre i^ i mee-:» :iie Lo ha jj p-z-r 
vía 4^ pr^Ue^n al proia-rto na*:ioiial. Y 03cn?> I-o^ pr*#«c- 
Mr>t *i*! país no reclamarán prob-abieoiecíe lalprjteccUn, 
14 ^íi^^ientra sin base al^oa de opo6i^:i-:>Q. 

# fcíen «é que el Senador I>:>a^la3 so^eae qjie nn h icn- 
tr^ P^J^e ser mas prudente hoy qae lo qae lo era el ¿11 de 
ay^r, y qae él puede legí:ÍTaamense caaibiar de iiea 
cuando ha TÍsto qae iba errado. ¿ PeD> sin mas raioD qie 
e^^a hemos de partir de pronto., é inferir qae piensa cam- 
biar en un asunto especial, sin qae antes nos lo hará 
anunciado? ¿Y es lícito basar naestras acciones sobre sim- 
ples inferencias? 

« Ahora, como siempre, no es mi ánimo desacreditar la 
IKHíicion del Juez Douglas, ni averiguar sus motiros, ni 
hacirr nada que pueda serle personalmente ofensÍTo. Si 
at^na vez llegamos á estar de acuerdo fii /« prt«cípí*#, de 
manara que nuestra gran causa reciba el auxilio de su 
grande habilidad, no temo haber interpuesto ningún obs- 
Uciilo impropio para ello. 

<f F'ero hablemos claro: él no está con nosotros por ahora; 
no pmtende estarlo; no promete estarlo nunca. Nuestra 
cau^^ft, pues, debe ser confiada á sus amigos mas seguros, 
y mfi najada por ellos— debe ser confiada á los que tienen 
ífipi mnnos libres, á los que tienen amor á la obra,á los que 
ne Interesen por su resultado. 

a lhi% afíos hace que los Republicanos contaban en sus 
niafl iin millón y trescientos mil votos; y esto bajo el aisla- 
do Impulso de un peligro común, y siéndoles adversas to- 



YIDA DB LINOOLN "íl 

das las circunstancias. Compuestos de elementos extraños 
discordantes y hasta hostiies, reunimos de ios cuatro vien- 
tos una fuerza, la formamos en batalla y presentamos la 
acción bajo el coüstante fuego de un enemigo disciplinado, 
orgulloso y envanecido. ¿Plaquearán ahora los que taa 
bravos se mostraron entonces? ¿oAora, que el mismo ene- 
migo se muestra vacilante, desunido y belicoso? 

€ No es dudoso el resultado. No sucumbiremos. No su- 
cumbiremos, si nos tenemos firmes. Frudentós consejos pue- 
den acelerarlo, ó errores dñmorarlo^ pero mas tarde ó mas 
temprano, el triunfo es seguro que vendrá. ^ 

En esta campana tan vigorosamente proseguida, el Illi- 
nois fué recorrido en todo su ancho y largo por ambos 
candidatos y sus respectivos sostenedores; y el país en ge- 
neral siguió con interés las peripecias de la gran lucha, 
Dg condado, de municipio en municipio, de villa en villa, 
viajaban amboscampeones, á veces en el mismo carro, ó 
carruaje, y debatiéndose en la presencia de inmensas mu- 
chedumbres de hombres, mujeres y niños — porque las 
mujeres é hijas de los mismos campesinos participaban 
vivamente de las emociones del día— y argüían frente á 
frente sobre los principales puntos de su creencia política y 
se disputaban noblemente la palma del triunfo. 

En uno de sus discursos durante aquella memorable cam- 
paña Mn Lincoln rindió el siguiente tributo á la acta de 
declaración de la Independencia de los Et^tados Unidos; y 
que bien podría llamarse da la humanidad entera, 

«Aquellas comunidades (habla de los trece Estados primi- 
tivos de la Union) por medio de sus representantes reunidos 
en la antiguaSala de la Independencia, declararon ala faz del 
mundo, que tenían por verdades demostradas: que todos los 
hombreshan nacido iguales^ que su Creador los ha dotado lie 
derechos inalienables; que entre ellos están la libertad, ia 
vida, y la facultad de proveer á su felicidad. Esta fué la ma- 
jestu*>sa interpretación que dieron nuestros padres de la 
economía del universo. Esta fué su alta, sabia y noble con- 
cepción de la justicia del Creador para sus criaturas. Sí, se- 
ñores, para sus criaturas todas, para toda la gran familia hu- 
mana* En su ilustrada creencia no entraba la idea de que 
ser alguno, que llevara el sello de la imagen y semejanza de 
DioSj hubiese sido enviado al mundo para ser pisoteado, 



72 ouuLS »B SAmMiKsrro 

degradado y embrutecido por sus semejantes. No se cod- 
cretaron á ona sola raza de TÍTÍentes» siao que fueron 
mas adelante y abarcaron la mas remota ^H^steridad. En- 
cendieron una antorcha que debía guiar á sus hijas, y á los 
hijos de sus hijos y á las mirladas sin cuento, que habrían 
de habitar la tierra en otros siglos. Caal sabios hombres 
de Estado que eran, conocían la tendencia de !a {:>GStendad 
á cebar tiranos; y por eso proclamaron aquellas evidentes 
verdades, á fin de que, cuando en el distante porvenir, 
algún hombre, alguna facción, algún int*?rés pretenJiesen 
erigir en doctrina, que nadie sino los ñcú% que nadie sino 
los blancos, que nadie sino los Anglo-Sajon es, tenían derecho 
á la libertad, á la vida, á la prosecución de la felicidad, esa 
misma posteridad volviese los ojos hacia la Declaración de 
la Independencia, y recibiese de ella aliento para renovar el 
combate que comenzaron sus padres, hasta conseguir que la 
verdad, la justicia, la caridad y todas las virtudes humanas 
y cristianas, no fuesen é, extinguirse en la tierra; hasta que 
ningún hombre osare en adelante limitar y circunscribir 
los grandes principios de la Independencia; y si alguna vez 
escuchaseis sugestiones que tiendan á arrebatarle su j^ran* 
deza, y á mutilar la bella simetría de sus proporciones; si os 
sintiereis inclinados á creer, que todos I03 hombres no han 
sido creados iguales y en posesión de aquello?; inalienables 
derechos enumerados en nuestra carta de liberta J, voWats 
á la fuente cuyas aguas fluyeron mezcladas con la sangre 
de la Revolución. No os ocupéis de mí, no os ocupéis de la 
suerte política de quien quiera que sea, p^^ro volved á las 
verdades estampadas en la declaración de la Independencia. 

«Podéis hacer de mí lo que queráis, si os ¡atenéis á estos 
sagrados principios. Podéis no sólo privarme de entrar en 
el Senado, sino apoderaros de mí y darme muerte. Sin 
pretender que sea indiferente en materia de honores terre- 
nales, yo reclamo hallarme inspirado en esta luchu por algo 
mas alto que el deseo de obtener un destino. Os pido que 
apartéis de vosotros todo mezquino ó insiginfieante interés 
por la ventura de un hombre. Eso es nada. Yo ua-ia soy. 
Douglas no es nada. Pero no destruyáis aquel inmortal emblema 
de la humanidad: La Decla.ra.cion de la Independencia 
Americana. » 

Tanto interés empezaba h despertar en la opinión la 



VIDA DB laifCOLK ía 

aparición de Mr Lincoln en la arena política» durante bu 
contienda con Douglas, qu&los diarios de la época están 
llenos de descripciones de gn persona y otros rasgos carac- 
terÍstico9« De ellos tomamos los mas notables, 

«Mr. Lincoln, decía nn periódico, mide seis pies y cuatro 
pulgadas. Su estructura no es muscular, mas bien es enjuta. 
En sus movimientos tiene la elasticidad y falta de gracia, 
que revela las rudas tareas de su vida primitiva; y su con- 
versación se resiente fuertemente de la pronunciación y 
provincialismo del Occidente. Camina lenta, pero delibe- 
radamente, casi siempre con la cabeza inclinada hacia 
adelante y las manos cruzadas por detraes. En materia de 
vestido es poco esmerado ; siempre limpio y culto, nunca á 
la naoda; descuidado, mas sin desaliño. En sus modales 
es notablemente cordial, pero sencillo siempre. Un fuerte 
apretón de mano 6 una simpática sonrisa de reconocimiento, 
es todo lo que reparte á sus amigos. Sus facciones, aunque 
pronunciadas, están lejos de ser hermosas ; pero cuando 
sus ojos pardos brillan con alguna emoción y sus facciones 
entran en movimiento, seria señalado entre mil como quien 
posee no sólo aquellos tiernos sentimientos que tanto agra- 
dan á las mujeres, sino el mas pesado metal de que se 
nutren los hombres de talla y se forman presidentes. Su 
cabeza es grande, y frenológicamente bien proporcionada. 
Nariz aquilina, boca grande y un color moreno, con señales 
de haberse curtido á la intemperie, completan la descrip- 
ción. 

«En sus hábitos personales Mr. Lincoln tiene la sencillez 
de un niño. Gusta de comer bien, y lo hace en proporción 
de su cuerpo; pero su alimento es simple y nutritivo. No 
es aficionado al tabaco en ninguna de sus formas ; no bebe 
licores, ni aun vino. No se le echa en la cara acto ninguno 
licencioso en su vida. No se sirve de palabras impuras, ni 
juega. Créese que á nadie debe un solo peso. En su casa 
vive como un caballero de modestos medios y gustos sim- 
ples. Una casa de madera de buen tamaño, y de propiedad 
suya, amueblada con simplicidad que no excluye el gusto, 
rodeada de árboles y flores, le sirve de residencia, viviendo 
eu paz consigo mismo, siendo el ídolo de su familia, y por 
su honradez, habilidad y patriotismo, la admiración de sus 
compatriotas. 



74 OBRAS DB SARMIENTO 

«Como orador es rápido, preciso y afluente. Su maneta 
de presentarse ante una asamblea popular, está indicando st 
trata de hacerse, excesivamente entretenido, ó muy solemne. 
Acciona poco; pero cuando desea producir efecto, se encoge 
de hombros, levanta las cejas, y deprime la boca, alterando 
su rostro de una manera tan cómicamente desmañada, que 
nunca deja de «arrebatar á su auditorio». Su enunciación 
es lenta y enfática; y su voz, aunque clara y poderosa, tiende 
á veces á emitir ásperos y desagradables sonidos; mas como 
antes se ha dicho, su rasgo característico consiste en la 
notable movilidad de su facciones, cuyas frecuentes contor- 
siones excitan á la risa, que sus palabras no provocan.» 

En la elección que puso término á la contienda, el candi- 
dato republicano para Gobernador del Illinois recibió 
126.084 votos; el Douglas-demócrata 121.940; los Leconipton- 
demócratas 5.091. Mr. Douglas fué, sin embargo, reelecto 
Senador por la Legislatura, en la cual sus partidarios, á 
causa de la peculiar distribución délos distritos legislativos 
y la coalición de las dos facciones demócratas, contaban 
con ocho votos mas. 



ANTE LA NACIOK 



Bréelo contrario producido por su derrota.— Su plan dé tratar á sus adversarios 
políUcos— Notables palabras dirigidas al Sur, — Su discurso en Nueva York.— 
Facultades del Go&Ierno Federal respecto á la esclavitud en los Territorios.— Pre- 
cedentes ülstóricos en 8U favor ►— Opinión de Washington y de los autores de la 
CoQHÜtuelou.-^Su unanimidad de pareceres en este puuto.— Limites de su autori- 
dad.— La limitación y no U atioUelOQ de la esclarltud es su objeto*- Invocación k 
sos adversarlos.- ¿Qué es conaervatlsmoT —Verdaderos principios del partido re pu- 
blica no*— Xo fomenta, ni ea poslíile, la Iniurpeccion de eacía vos.— Diferencia entre 
el dictamen r una sentencia ludlcial — Deber de los Republicanos.— Absurtlas pre- 
tensiones de los esclavó cratas.— Mr Uocoln y ios niños de las escuelas dominicales. 



El desenlace de la lucha con Douglas, no obstante llevar 
todas las apariencias de una derrota, estaba destinado á. 
convertirse á. debido tiempo en un triunfo insigne. Su 
reputación como orador y de político firme en su terreno, 
quedó establecida desde entonces, y admitida por todo el 
país. Volvió al siguiente año á consagrarse al ejercicio de 
su profesión, pronunciando, sin embargo, en la campaña 
electoral de 1853, y á. encarecidas instancias de los republi- 
canos de Ohio, dos de sus mas convincentes discursos en 
aquel Estado: uno en Columbus y otro en Cincinnati. 
Aludiendo en el último de estos á la certidumbre de un 
próximo triunfo de los republicanos en la nación, Mr. Lincoln 
hizo un bosquejo de lo que él creía ser el inevitable resul- 
tado de semejante victoria. 

«Os diré, en cuanto me es permitido dirigirme á la opo- 
sición, lo que pensamos hacer con vosotros. Pensamos 
trataros, en cuanto es posible, como Washington, Jeflferson 
y Madison os trataron; pensamos dejaros solos,sin intervenir 
de manera alguna en vuestras instituciones; respetar todas 
y cada una de las estipulaciones de la Constitución ; en una 
palabra: es nuestro propósito trataros, en cuanto hombres 
degenerados (sí hemos en efecto degenerado) pueden hacer- 



76 OBHAS DB 8ARM1BM0 

lo, imitando el ejemplo de aquellos nobles patriarcas 
Washington, Jeflferson y Madison. Tenemos presente que 
vosotros sois tan buenos cornos nosotros mismos, y que las 
diferencias que existen entre ambos son sólo de circuns- 
tancias. 

ar Pensamos reconocer y recordar siempre que tenéis tan 
buenos corazones como los demás, ó como nosotros pre- 
tendemos tenerlos, y trataros de conformidad. Pensamos 
casarnos, si ocurriese el caso, con vuestras hijas ( hablo de 
las blancas); y tengo el honor de anunciaros que ya para 
mi ocurrió ese caso (aludiendo á su matrimonio con la 
señora Mtiria Todd.) Ya os he dicho lo que pensamos 
hacer. Ahora necesito saber lo que haréis vosotros, cuando 
aquello suceda. He oído muchas veces decir que pensáis 
dividu* la Union, si la elección de Presidente de los Esta- 
dos Unidos recayere en un republicano, ó cosa que se le 
parezca. (Una voz, «Así es.») Así es, dice uno d© ellos. 
Me asombraría de que fuese un kentuquiano, ( Una voz, 
«Es uno de los de Douglas. ») Bien, deseo ahora saber, 
¿qué haréis con vuestra mitad de Estados Unidos? ¿ Vais 
á partir medio k medio el Estado del Ohio, y llevaros la 
mitad de la pieza? O pensáis conservarla en contacto 
con vuestros odiados adversarios? ¿O pensáis construir 
de alguna manera una muralla entre vuestro pais y el 
nuestro, que impida que vuestra propiedad semoviente 
(esclavos) la salve y venga de este lado a perderse? 
¿Creéis que mejoraríais de posición, dejándonos aquí sin 
obligación de ningún género para devolveros aquella espe. 
cié de vuestra propiedad semoviente que se venga de este 
lado? Habitéis partido la Union, porque no os hacíamos la 
debida justicia, según creéis, en aquella materia; ¿pero 
creéis que os encontrareis mejor cuando no tengamos obli- 
gación alguna de hacer nada en obsequio vuestro? ¿Vais 
á hacernos la guerra y matarnos? Tengo para mí que 
sois caballeros tan bizarros como los mas bravos que 
alumbra el sol; que sabréis pelear en defensa de una 
buena causa, hombre á, hombre, con tanto valor como el 
pueblo mas valeroso del mundo; que os habéis mostrado 
capaces de tiacerlo en muchas ocasiones; pero, hombre por 
hombre, vosotros no sois mejores que nosotros, y vosotros 
no Kois tantos como nosotros. No es asi no mas^ que ha- 



VIDA BB LINCOLN TT 

breis de llevarnos por delante. Si fuéramos menos en 
número que vosotros, admito desde ahora que podríais 
vencernos: si fuéramos iguales, seria juego parejo, pero 
siendo ín/eriorea en número, nada haréis con intentar 
dominarnos. 

ícDigo que no nos entrometeremos con la institución de 
la esclavitud en los Estados donde ella existe; porque la 
Constitución ío prohibe y no lo requiere el bien común. 
No deberaos negaros una ley eficaz sobre esclavos fufíitl- 
vos; porque la Constitución nos exige una ley semejante 
en favor vuestro; pero debemos evitar que la institución se 
propague, porque ni la Constitución ni el bien general nos 
piden tal cosa. Debemos estorbar que se renueve la trata 
de esclavos africanos, y que el Congreso sancione para los 
Territorios un código de esclavos. Debemos impedir que 
cada una de estas cosas sea hecha, ora sea por el Congreso, 
ora por Id Corte Suprema. El pueíílo de estos estados 

UNIDOS ES EL DUEÑO LEGÍTIMO DEL CONGRESO Y DE LOS TEU DÓ- 
NALES* no para trastornar la Constitución, sino para expeler 
á los hombres que pervierten la ConstlLucion. d 

En la primavera de 1860, ce^Hó Mr. Lincoln á los urgen- 
tes llamados que le venían del Este de la UiiioHi para que 
les trajera ayuda para la excitante campaña electoral en 
que estaban por entonces empeñados por aquella sección ; 
pronunciando al efecto discursos en varios lugares de 
Conneciícot, New Hanipshire y Rhode I^land, y también 
en la ciudad de Nueva York; siendo en todas partes reci- 
bido con entusiasmo por numerosos auditorios. Uno de 
los mas notables discursos de su vida fué sin duda el que 
proíiunció en el Instituto de Cooper, en Nueva York, el 27 
de Febrero de 1860. Damos en seguida por completo e^^^ta 
obra maestra de análisis de los hombres y actos públicos. 
Después de haber sido introducido en los términos mas 
cumplidos por el venerable poeta Guillermo Bryant, que 
presidia en aquella ocasión, habló así : 

«Señor presidente y conciudadanos de nueva yolik : Los 
hechos de que habré de ocuparme esta noche son en su 
mayor parte ya viejos y familiares; sin que haya tampoco 
cosa nueva alguna en el uso que en general haré de ellos» 
Si alguna novedad hubiera, seria en la manera de pre- 
seotar los hechos, y en las inferencias y deducciones que 



1S . OBRAS DE SARMIENTO 

de ellos saque. El Senador Douglas, si hemos de estar á 
lo que publicó El Tiempo de Nueva York, dijo eñ su dis- 
curso pronunciado en Columbus: 

((Cuando nuestros padres formaron el Gobierno bajo el 
fí CLial vivimos, comprendían tan bien, y aun mejor que 
« nosotros, esta cuestión.» 

ít Yo acepto de plano esto, y lo adopto como texto para 
este discurso. Y lo adopto, porque subministra un punto 
de partida preciso y convenido entre los republicanos y 
aquella ala de la democracia capitaneada por el Senador 
Düuglas. Queda sólo por averiguar: ¿Cómo entenJían 
aquellos padres la cuestión mencionada? 

«¿Cuál es la forma del Gobierno bajo el cual vivimos? 

« La respuesta debe de ser: La Constitución de los Esta* 
dos Unidos. Aquella Constitución consiste de la original 
dictada en 1787 (y bajóla cual se puso en ejercicio por la 
primei-avez el presente Gobierno) y de doce enmien^ias 
añadidas subsiguientemente, y de las cuales las primeras 
diez fueron agregadas en 1789. 

«¿Quiénes fueron esos nuestros padres que organizaron 
la Constitución? Supongo que podríamos llamar asi con 
tO'3a propiedad á «los treintay nueve » que firmaron ei ins- 
trumento ó carta original, á los que nos dieron esa parte 
de nuestro gobierno actual. Se diría con plena exactitud 
qtie ellos lo crearon, y es positivamente cierto que ellos 
representaban la opinión genuina y los sentimientos de la 
nación entera en aquella época; y como sus nombres fion 
familiares á casi todos, y accesibles á todos absolutamente, 
no hay necesidad de repetirlos ahora. 

ir Doy ahora por sentado que los « treinta y nueve » son 
«nuestros padres», que crearon el gobierno bajo el cual 
vivimos. 

c(¿Cuá.l es la cuestión, que, según el texto, nuestros pa- 
dres comprendían tan exactamente bien, y ann mejor que 
nosotros? 

«Esta es: ¿La división establecida entra la autoridad 
local y la federal, ú otra disposición cualquiera de ia 
Constitución, prohibe al gobierno general el derecho de 
intervenir con la esclavitud en los Territorios? 

(( Sobre este punto, Douglas está por la afirmativa, y Jos 
Republicanos por la negativa. Esta afirmativa y esta 



YIDA BS UNCOLN 99 

negativa forman el punto en disputa; y esta cuestión es 
precisamente la que al texto declara que nuestros padres 
comprendían mejor que nosotros. 

« Averigüemos ahora si los or treinta y nueve », ó algunos 
de entre ellos^ trataron alguna vez esta cuestión; y si lo 
hicieron, en qué sentido la trataron, y cómo expresaron 
aquella superior inteligencia. 

« En 1784 — tres años antes de la Constitución— poseyendo 
entonces los Estados Unidos el Territorio del Noroeste, y 
ningún otro alguno — al Congreso de la Confederación se 
ocupó da la cuestión de prohibir la esclavitud en aquel 
Territorio; y cuatro de los treinta y nueve, que después 
fornnaron la presente Constitución, se hallaban en aquel 
Congreso, y notaron sobre aquella cuestión. De éstos 
Sherman, Mifüin y Wílllamson votaron por la prohibición 
— mostrando de este modo, que en su inteligencia no 
existía línea alguna divisoria entre la autoridad local y la 
federal, ni disposición alguna, que negase al Gobierno fe- 
deral dominio sobre la esclavitud en un territorio federal. 
Me. Henry, que era el otro de los cuatro, votó contra la 
prohibición, manifestando que, por alguna causa, él creía 
impropio votar en favor de ella. 

«En 1887, siempre antes de la Constitución, pero mientras 
se hallaba en sesión la Convención que la dio, y mientras 
el territorio noroeste era el único territorio que los Estados 
Unidos poseían, volvió á tratarse en el Congreso de la Con- 
federación la misma cuestión de prohibir la esclavitud en 
el territorio; y tres mas, de los treinta y nueve que después 
dictaron la Constitución, se hallaban en aquel Congreso y 
votaron la materia. Eran éstos Blount, Few, y Baldv^'in, y 
todos tres votaron por la prohibición; probando así que, en 
8u entender, ninguna línea divisoria entre la autoridad local 
y la federa], ni ninguna otra cosa, prohibía al gobierno 
federal ejercer imperio sobre la esclavitud en aquel terri- 
torio. 

«Por este tiempo la prohibición se convirtió en ley, for- 
mando parte de lo que ahora es bien conocido con el nom- 
bre de Ordenanza de '87. 

«Parece que la cuestión de la atribución federal sobre la 
esclavitud en los territorios, no fué promovida directamente 
ante la Convención que preparó la constitución original; y 



ñ OBRAS DB SARMIENTO 

de aquí proviene que no conste en los registros que» durante 
lü3 debates relativos á ella» los treinta y nueve, ó algunos 
de ellos, expresasen opinión alguna sobre aquel punto 
constitucional. 

aEn 1789, el primer Congreso que funcionó bajo la Consti- 
tución sancionó un acta, ratificando la ordenanza de '87, é 
incluyéndola prohibición de la esclavitud en el territorio 
noroeste. 

«Informó sobre el bilí de esta acta uno de los treinta y 
nueve, que fué Fitzsimmons, entonces miembro de la Cá- 
mara de Representantes por Pensilvania. La ley pasó por 
todos sus grados sin una palabra de oposición, y finalmente 
fué ratificada en ambas Cámaras sin síes ni nóes; loque 
equivale á un voto por unanimidad. En este Congreso 
estaban diez y seis de los «treinta y nueve» padres que 
dieron la Constitución; y fueron Langdon, Qilmun, Johnson, 
Sheraian, Morris, Read, Butler, Fitzsimmons, Few, Baldwin, 
King, Pütterson, Clymer, Butler, Carroll y Madison, 

<í Esto manifiesta que, en su enteuder, ninguna línea 
divisoria enire la autoridad local y la federal, ni cosa al- 
guna en la Constitución, propiamente inhibía al Congreso 
de exclüit' la esclavitud en el territorio federal; pues» á no 
ser asi, su fidelidad á los principios de justicia y su jura- 
mento de obedecer á la Constitución, los habría inducido á 
oponerse á la exclusión. 

«Todavía mas: Jorge Washington, otro de los «treinta y 
nueve», era entonces Presidente de los Estados Unidos, y 
como tal aprobó y firmó el bilí, completando con esto su 
validez como ley, y mostrando así, que, en su entender, 
ninguna linea divisoria entre la autoridad local y la federal, 
ni ninguna otra cosa en la Constitución impedía ai Gobierno 
federal prohibir la esclavitud en un territorio federal. 

aPoco después de adoptada la Constitución original, cedió 
Virginia al Gobierno Federal los terrenos que ahora forman 
el Estado deTennessee; y un poco mas tarde la Georgia 
cedió los que ahora constituyen los Estados de Missíssipi y 
Alabama. En ambas actas de cesión los Estados cesionarios 
pusieron por condición al Gobierno federal, que la escla- 
vitud no sería abolida en el país cedido. Bajo tales condi- 
ciones el Congreso, al aceptar aquellos territorios, no podía 
prohibir absolutamente la esclavitud en su jurisdicción. 



í 



VIDA DK LINCOLK S! 

Pero aun asi, siampre ejerció, hasta cierto punto, la facultad 
de regirla. En 1798 el Congreso organizó el territorio de 
Mississipi; y en la acta de organización se prohibió la intro- 
ducción de esclavos de cualquier lugar, fuera de los Estados 
unidos, bajo pena de una multa, y de dar libertad á los es- 
clavos introducidos. Esta acta fué sancionada en ambas 
Cániaras sin discusión. Ea aquel Congreso se hallaban tres 
miembros de los «treinta y nueve» que formaron la Cons- 
titución original, y fueron Lanprdon, Read y Baldwin. Todos 
ellos probablemente votaron por la prohibición, pues á no 
ser así habrían dejado consignada su oposición en los re- 
gistros, si hubieran comprendido que existía una línea 
divisoria entre la autoridad local y la federal, ó disposición 
alguna de la Constitución, que estorbase al Gobierno gene- 
ral el legislarsobre la esclavitud en territorio federal. En 
1803 el Gobierno federal compró el país de Luisiana. Nues- 
tras primeras adquisiciones territoriales nos vinieron de 
algunos de nuestros propios Estados; mas no asi con la 
Luisiana, que adquiríamos de una nación extraña. En 1804 
el Congreso dio organización territorial á aquella parte que 
ahora compone el Estado de Luisiana. Nueva Orleans, si- 
tuada en aquella parte, era una antigua y comparativa- 
mente una gran ciudad. Había número considerable de 
colonos y establecimientos, y la esclavitud estaba difundida 
por todas partes, y mezclada con los habitantes. 

«El Congreso no prohibió la esclavitud en la acta territo- 
rial; pero intervino y ejerció dominio sobre ella en una vía 
mas lata y determinada que en el caso del Mississipi. Hé 
aquí en substancia las disposiciones entonces tomadas, con 
respecto á esta cuestión : 

aPrimero. Que no se introdujesen esclavos de país ex- 
tranjero. 

^Segundo. Que no pudiese ser llevado al Territorio el esclavo 
que hubiese sido importado k los Estados Unidos después 
de Mayo de 1798. 

^Tercero. Que ningún esclavo fuese introducido mas que 
por su dueño, y para su propio uso, como un poblador; 
siendo la pena de todos estos casos, una multa por la viola- 
ción de la ley, y la libertad del esclavo. 

« Esta acta fué votada también sin discusión. En el Con- 

ToMO xxTn.— 6 



82 OBRAS DE SARMIENTO 

greso que la sancionó hallábanse dos de loa «treinta y 
nueve*, Baldwin y Dayton; y como se dijo en el caso de 
Mississipi, es probable que ambos votasen en favor déla ley; 
porque sin eso, no habrían dejado de consignar su oposi- 
ción, si á su entender violaba la linea que con propiedad 
dividiera la autoridad local de la federal, ó alguna disposi- 
ción de la Constitución. 

t En 1819-90 sobrevino y fué resuelta la cuestión del 
Missouri. Muchas votaciones fueron tomadas por síes y 
por nóes, en ambas Cámaras del Congreso, sobre las varias 
faces de la cuestión en general. Dos de los ^treinta y 
nueve», King y Pinckney, tenían asiento en aquel Con- 
greso. King votó firmemente por la prohibición de la es- 
clavitud y contratoda transacción, mientras que Pinckney, 
con la misma decisión, votó contraía prohibición de la 
esclavitud y contra todo compromiso. Con fisto dio á en- 
tender King que, en su concepto, el Congreso al excluir 
la esclavitud en un territorio federal, no traspasaba línea 
alguna trazada entre la autoridad local y la fe^ieraU ni 
otra disposición de la Constitución; mientras que Pinckney, 
por su voto, manifestaba que, en su opinión, había razo- 
nes suficientes para oponerse, en aquel caso, á una pro- 
hibición semejante. 

«Los casos mencionados son los únicos actos de loa- 
ftlreinta y nueve», ó de algunos de entre ellos, que sobre 
este punto he podido descubrir. 

«Si hubiéramos de enumerar las personas que expusie- 
ron su juicio, y que fueron cuatro en 1784, tres en 1787, diez 
y siete en 1789, tres en 1798, dos en 1804» y dos en 1819, 
tendríamos los treinta y uno por junto. Pero esto sería con- 
tar á cinco de ellos dos veces, y á otro cuatro. El verdadero 
número de los cdreinta y nueve» que he demostrado haber- 
se expresado sobre la cuestión, que, segiiii el texto, enten- 
dían mejor que nosotros, es veinte y tri^s; quedando diez y 
seis que no emitieron su parecer en ningún sentido, á este 
respecto. 

«Aquí, pues, tenemos veinte y tres de Jos atreinta y nueveí^ 
padres, que crearon el gobierno bajo el cual vivimos, y que 
han manifestado su juicio, bajo su responsabilidad oflcial y 
la del juramento, sobre la misma cuestión, que el texto afir- 
ma «ellos entendían tan bien, y acaso mejor que nosotros*; 



VIDA DE LINCOLN 83 

y veinte y uno de eilos> es decir,una decidida mayoría dalos 
itreinta y nuevo», á riesgo de cometer !a mas palpable 
infracción de sus deberes públicos, y de hacerse reos de 
perjurio, si, en su entender, alguna peroeptibíe división 
existia entre la autoridad local y federal, ó algo en la 
Constitución que babian jurado sostener» impidiese al 
Gobierno federal ejercer autoridad sobre la esclavitud en 
un territorio federal. Así obraron los veinte y uno; y 
del mismo modo que los actos hablan mas alto que las 
palabras, también los hechos ejecutados bajo su responsabi- 
lidad son aun mas elocuentes* 

«Dos de los veinte y tres votaron contra la prohibición 
de la esclavitud en los territorios federales hecha por el Con- 
greso^ cuando tuvieron ocasión de votar sobre aquella cues- 
tión, Pero no se conocen las razones que tuvieran para obrar 
asi. Pudieron hacerlo en virtud de creer que existía de 
por medio una división marcada entre la autoridad local 
y la federal, ó alguna disposición ó principio de la Consti- 
tución; ó pudieron, sin tener en vista tal cuestión, haber 
votado contraía prohibición por conveniencias de estado. El 
que ha jurado sostener la Constitución no puede en con- 
ciencia votar por aquello que considera ser una medida 
inconstitucional, por conveniente que le parezca; pero 
no debe votar contra una medida que reputa constitu- 
cional, si al mismo tiempo la cree perjudicial. No sería por 
tanto propio el aseverar, que aun aquellos dos que votaron 
en contra de la prohibición, lo hicieron así, porque, en su 
entender, alguna regulardivision entre la autoridad local 
y federal, ó algo en la Constitución, impidiese al Gobierno 
federal ejercer su poder sobre la esclavitud en el territorio 
federal. 

«Los restantes diez y seis de los «treinta y nueve», á lo que 
he podido averiguar, no han dejado constancia de su opinión 
sobre la cuestión del Gobierno federal en punto á esclavi- 
tud en territorios federales. Pero hay fundamentos para 
creer que su modo de pensar sobre esta materia, no ha 
debido diferir sustancialmente del de sus veinte y tres 
concolegas. 

«A fin de adherirme mas escrupulosamente al texto, he 
omitido de propósito toda expresión que nazca de persona 
alguna, por mas distinguida que sea, que no fuese uno de 



84 



OBRAS DB SARMIENTO 



los treinta y nueve fundadores de la Constitución original; 
y por la misma razón también he suprimido las opiniones 
expresadas por estos mismos durante las diversas faces bajo 
las cuales se presentó esta cuestión. Si echamos una 
mirada sobre sus actos y declaraciones en los distintos 
aspectos de esta controversia, tales como la trata de esc la- 
vos y el mérito moral y político de la esclavitud en general, 
aparecerá bien claro, que si los diez y seis se hubiesen ha- 
llado en posición de ejercer directamente este imperio del 
Gobierno federal sobre la esclavitud en un territorio federaU 
habrían probablemente obrado exactamente lo mismo que 
los veinte y tres. 

aEntre esos diez y seis, contábanse algunos de los mas 
decididos adversarios de la esclavitud. Tales eran Franklin, 
Hamilton y Morris; mientras que hoy no se sabe de uno solo 
que pensase de otro modo, con excepción quizá de Ruiedge 
de la Carolina del Sur. 

El resultado final es, que de los treinta y nueve de 
nuestros padres que dieron la Constitución original, 
ttveinte uno» (la mayoría relativa) comprendieron sin 
duda alguna que ninguna separación legal de las auto- 
ridades locales y federales, ni parte alguna de la Cena* 
litucion, impedían al Gobierno federal ejercer imperio 
sobre la esclavitud en los territorios federales; cuando es 
probable que todos los demás entendían la cuestión del 
mismo modo. Sin la menor disputa, tal era la mente de 
los fundadores de la Constitución original; y el texto 
mismo nos asegura que ellos entendían la cuestión mejor 
que nosotros. 

«Pero hasta ahora he venido considerando el modo 
de entender esta cuestión de parte de los autores de la 
constitución original, según aparece de las discusiones de 
su tiempo. 

«En el mismo documento primitivo se disponía la manera 
de enmendarlo; siendo una cosa establecida, que la actual 
formado gobierno, bajo el cual vivimos, se compone de la 
Constitución original y de doce artículos sancionados y aña- 
didos después. 

«Los que ahora insisten en creer que el imperio ejercido 
sobre la esclavitud por el Gobierno federal en los Territorios 
es una violación de la Constitución, no señalan las disposi- 



YIDA DB LIf4C0LN $i> 

clones que suponen violadas^ y, á lo que yo entiendo, se fijan 
en las de los artículos enmendatarioa y no en el documento 
original. 

dLa Corte Siipremaj en el caso de Dred Scott, se plantó en 
el articulo quinto de las enmiendas que prescribe «que nin- 
guna persona será despojada de su propiedad, sino por mi- 
nisterio de la ley»; mientras que el Senador Douglas y sus se- 
cuaces extremistas, se fundan en la décima enmienda, la 
cual estatuye que «los poderes no concedidos por la Cons- 
titución, quedan reservados respectivamente á los Estados, 
ó al pueblo*» 

«Atiora, téngase presente que estas enmiendas fueron 
sancionadas por el primer Congreso, que funcionó bajo 
la Constitución, el mismo Congreso que ratificó el acta 
ya referida, dando fuerza de ley á la prohibición de la 
esclavitud en el territorio del Noroeste. No solamente 
fué el mismo Congreso, sino que fueron idénticamente 
los mismos hombres, los que durante la misma sesión 
estaban tratando y tramitando á un tiempo aquellas 
enmiendas constitucionales, y el acta que prohibe la es- 
clavitud en todos los territorios que la nación poseía en 
aquel tiempo. Las enmiendas constitucionales fueron in- 
troducidas antes, y fueron sancionadas después del acta 
que daba fuerza de ley á la ordenanza de 87; de manera 
que durante toda la discusión del acta para ratificar esta 
ordenanza, estaban también pendientes las enmiendas 
constitucionales. 

«Aquel Congreso, compuesto en todo de setenta y seis 
miembros, incluyendo diez y seis de los que prepararon la 
Constitución original, como antes se ha dicho, entra preemi- 
nentemente en el número de aquellos de nuestros padres 
que fundaron el Gobierno bajo el cual vivimos, y al cual aho- 
ra se pretende negar qus posea imperio sobre la esclavitud 
en territorios federales. 

¿No es algo presuntuoso que un hombre de nuestra 
época afirme, que las dos cosas que deliberadamente 
fundó aquel Congreso, y llevó á cabo al mismo tiempo, 
eran absolutamente inconsistentes entre si? ¿Y no es 
mas temeraria y absurda aquella aserción, cuando se la 
junta á la otra salida de los mismos labios, que da por 
sentado el hecho de que aquellos que hicieron estas dos 



v.«ír<í. yu> *.;..r^ .-^íi.r.ca Vt!ií*TuU^-t<L.n^ia ?yainmiéfi da Iflft 
'>«»*x* , .^^ v^'^irir^^oiiuta .xu-t ip ni« 3i Ai^TriA» an^iur lod-^t 

;-^rr.ii^. dir.:*^ i^ oocirrrT.tr esi* slz*: j ^^L^t% ca^a decir 
i>r»:*=^ i> -n-^i.iiis i^l ¿lx : - ^-*, j. n^ ecijícifír, existía 
o-iapr.cía í.t:s::z. e:i:r^ lu§ üiiclía:^ Loches y federm- 

h.^rr* j Ferieril -rj-r.-z-rr iinreLio 5c:c» Li aacUmu-l en loa 
T^rr:^'^r::s í-ri-r.-ji-^^ D-.^e a ^la r;-* ;aI í±%il^T^a aliara, 
r. > i^Sl'j á fii^*jr;«§ :i.ij^^ iiiefiniír':^ *Ig:::én:o b*jo el 
c iai T'.Ti.n:,^ r. '«'^ :^."ii^.-i^c. i --^iis 1:3 i:zi:r>es del siglo 
en q:e f:;é f ir.:.i: .. i.:irA vi^ ccs.;ie<i ea;re ^Ilo«,9egTiro 
q i-^ no h.in 1^ Li..:tr in s-jÍj h:^:::;^* |:;e «sié de acuerdo 

-írAr. /ra<^ ^1 caL^.«> ie p-jaerme ua p:-eo i c:it:eno contra 
^;^;i rr*^,A in:^;.¿'en.::a- No es mi i :iiaio decir que estamos 
Of/.'/^^i/s^ á vr;ri:r iaipac:Liairn:e á cues:rj« pudres en 
í/yl'^ lo '^j ie h. :íeron^ Obrar así serla renoiiciar á las laces 
d*; U exjr^riencia que se va ai luirieDia— desechar loio 
\,t'^y^Thí'/KlíA2í xci^/yjTdL. Lo que quiero decir es qae, si ha- 
b/íH^ríK/^ de supiantar las o;*inioiies fi^DlilIcas de nuestros 
pi/Jr^H, en aíí(ün caso, debe sólo hacerse est'3s cuando ocu- 
rrhupruhh^H y razones tan claras y conclusiTas que aun 
Hii ^r^fí auWrídaJ, buenamente considerada y pesada, no 
pneda fiubnístír; y seguramente mucho menos» en una cues- 
tión que noH^^tros mismos declaramos que ellos eatendlati 
mejor que nosotros. 



V1D\ Dtt LINCOLN 87 

(tSi alguien, en nuestros días, cree sinceramente que 
una propia división entre la autoridad local y federal, ó 
una parte de la Constitución impide al gobierno federal 
ejercer imperio sobre la esclavitud en Territorios federales, 
en su derecho está de decirlo^ y reforzar su posición con 
toda clase de pruebas verdaderas, y los buenos argumentos 
de que pueda valerse. Pero no tiene dereclio de extraviar 
á otros, que no conocen la historia y no tienen tiempo de 
«Estudiarla, con la errónea creencia de que a nuestros pa- 
dres» y fundadores del gobierno bajo del cual vivimos, 
tenían la misma opinión, substituyendo de este modo alas 
pruebas verídicas y á los buenos argumentos, la falsedad 
y el engaño. Si hay en nuestra época un hombre que crea 
siticeramente «que nuestros padres que fundaron el gobier- 
no bajo el cual vivimos»! sostenían y pusieron en práctica 
principios que indujeran á creer que ellos comprendían que 
había una división propia entre las autoridades locales y fede- 
rales que impidiese al Gobierno Federal legislar sobre la 
esclavitud en Territorios federales, dueño os de proclamarlo. 
Mas debe aceptar al mismo tiempo la responsabilidad 
de declarar que, en su opinión, él entiende sus principios 
mejor que lo que ellos mismos los entendieron, y espe- 
cialmente no equivocar aquella responsabilidad, asegu- 
rando que ellos entendían la cuestión tan bien y mucho 
mejor que nosotros. 

«Pero basta de esto. Dejemos á los que creen que los 
fundadores de nuestro gobierno entendían esta cuestión 
tan bien y aun mucho mejor que nosotros, hablar como ha- 
blan, y obrar como obran. Esto es todo lo que los Repu- 
blicanos exigen y todo lo que los Republicanos desean, con 
respecto á la esclavitud . Como lo caracterizaron nuestros 
padres, así la marcan ellos ahora, es decir, como un mal, no 
para ser propagado, sino para ser tolerado, y protegido sólo 
por causa de, y hasta donde, su actual existencia entre nos- 
otros la hace una necesidad soportable y defensible. Que 
sean en buena hora, plena y abiertamente mantenidas to- 
das las garantías con que nuestros padres la escudaron. 
Por esto luchan los Republicanos, y con esto, según en- 
tiendo y creo, se darían por satisfechos. 

Y ahora, si quisieran escucharme (como creo que no lo 
harán), yo dirigiría unas pocas palabras al pueblo del Sur. 



88 OBRAS DB SARMIENTO 

«Yo les diría: Vosotros os eréis un pueblo -racional y 
sensato; y no creo que en las dotes de racionabilidad y de 
justicia seáis inferiores á pueblo alguno. Y sin embargo, 
cuando habláis de nosotros los Republicanos, lo hacéis 
para denostarnos como reptiles, ó cuando mejor, como 
hombres fuera de la ley. Prestaríais oidos á piratas y 
asesinos, pero nada escucharíais de «negros republica- 
nos. »(i) En todas las discusiones que ocurren entre vos- 
otros, sólo estáis de acuerdo en condenar en común á ios 
« negros republicanos ». Tal condenación en verdad os pa- 
rece ser requisito preliminar indispensable (licencia pudie- 
ra decirse), para ser admitido entre vosotros, ó concederla 
palabra. 

« ¿ Ahora, conseguiría ó no de vosotros, que os detuvie- 
rais un instante á meditar sobre si esto es absolutamente 
justo para con nosotros, y aun para con vosotros mismos? 

« Presentad vuestra acusación y especificaciones, y dig- 
naos en seguida armaros de paciencia para escuchar nues- 
tra denegación ó descargos. 

«Decis que nosotros sostenemos opiniones seccionales. 
Lo negamos. He aquí un capítulo de acusación, y á vos- 
otros os incumbe probarlo. Producís la prueba, ¿y cuál es 
ella? Que nuestro partido no tiene existencia en vuestra 
sección. El hecho es cierto en el fondo; ¿ pero esto prueba 
acaso el cargo? Si lo prueba, entonces, dejaríamos de ser 
seccionales desde el día en que, sin cambiar da principios 
empezáramos á ganar votos en vuestra sección. No podáis 
escaparos de este dilema; ¿y estáis dispuestos sin embargo 
á aceptar esta conclusión? Si lo estáis, probablemente 
muy pronto hallareis que hemos dejado de ser seccionales 
porque este mismo año vamos á obtener votos en vuestra 
sección. Entonces empezareis á descubrir, lo que es la 
sencilla verdad, que vuestra prueba no justifica el cargo. 

«La causa de que no tengamos partidarios allí es de vuestra 
misma hechura, y no de la nuestra. Y si hay falta en aquel 
hecho, la falta viene primeriamente de vosotros; y conti- 
nuará siendo así, mientras que no probéis que nosotros os 
repelemos con nuestra doctrina ó actos injustos. Siesta 
exclusión proviniera de algún principio ó injusticia nuestra 



(I) Un apodo con que los demócratas pretendían abrumar al parUdo republicana. 



la falta es nuestra; mas esto no lleva al punto de donde vos- 
otros debáis haber partido: á la discusión de la justicia ó 
injusticia de nuestros principios. Si puestos en práctica 
nuestros principios, perjudicaran vuestra seccionen favor 
nuestro, ó para otro objeto cuaiquiera» entonces nuestros 
principios» así como nosotros mismos, somos seccionales; y 
no9 anatematizaríais justamente como tales, y nos resisti- 
ríais con razón. Discutamos, pues, sobre la cuestión de saber, 
8i la práctica de nuestros principios daña á vuestra sección 
y discutámosla también con la conciencia de que algo pue- 
de decirse en favor nuestro* ¿ Aceptáis el desafío ? ¿ No ? 
Entonces creís realmente que el principio, que los fundado- 
res de nuestro gobierno juzgaron tan evidentemente justo 
que lo adofílarün y confirmaron una y otra vez con sus ju- 
ramentos oficiales, es abora tan evidentemente injusto que 
intentáis condenarlo sin oírnos un instante, 

a Hay muchos de los vuestros que se complacen en des- 
plegar á nuestra vista las amonestaciones hechas por 
"Washington en su famosa despedida contra los partidos 
seccionales. Habían transcurrido apenas ocho años des- 
pués de haber dirigido aquellas amonestaciones, cuando 
Washington, como Presidente de los Estados Unidos, apro- 
baba y firmaba una acta del Congreso, dando fuerza de ley 
á la prohibición de introducir la esclavitud en el Territorio 
Noroeste ; cuya acta legalizaba la política del Gobierno á 
este respecto desde su principio, y hasta el momento en 
que él mismo escribía aquella advertencia; y un año des- 
pués de haberla publicado, decía en carta privada á Lafa- 
yette, que él consideraba la prohibición como una medida 
sabia, expresando, con el mismo motivo, la esperanza de 
que un día tendríamos una Confederación de Estados 
libres. 

« Teniendo esto presente, y viendo que el seccionalismo 
ha aparecido después sobre el mismo asunto, ¿son aquellas 
amonestaciones una arma en vuestras manos contra 
nosotros, ó en las nuestras contra vosotros? Si Washington 
pudiese hablar, ¿á quiénes echaría la culpa del secciona- 
lismo? ¿A nosotros que sostenemos su política, ó á vosotros 
que la repudiáis? Nosotros respetamos la amonestación 
de Washington y os la recomendamos, al mismo tiempo 



^ OBRAS DE SARMIENTO 

que su ejemplo, que nos está indicando su recta aplica- 
ción, 

tí Pero decís que vosotros sois conservadores — mientras 
que nosotros somos revolucionarios, destructores, ó algo de 
ese jaez. ¿Qué llamáis conservación? ¿No es el apego á 
)u antiguo y probado contra lo nuevo y por ensayarse? 
Nosotros nos aferramos y peleamos por la antigua é idén- 
tica ¡toH tica, sobre el punto en controversia; tal cual fué 
aü opta Ja por nuestros padres, que fundaron el Gobierno 
bajo el cual vivimos. 

(i Mif ntras que vosotros unánimemente desecháis, escupís 
aquelíí:! antigua política, insistís por colgarle algo de nuevo. 
Veriiait es que no estáis de acuerdo entre vosotros mismos, 
sül>re lo que habéis de substituirle. Tenéis un buen acopio 
de nutívas proposiciones y planes; pero estáis de acuerdo 
en deísechar y denunciar como mala la vieja política de 
liLjestros padres. Algunos de vosotros están por revivir la 
trata de esclavos; otros por un Código esclavista del Con- 
greso para los territorios; aquellos por que el Congreso 
impida que los territorios destierren la esclavitud de sus 
j urisd i i-ciones respectivas; éstos por mantener la esclavitud 
en los Territorios por virtud del poder judicial. Hay, por 
fin, quienes van por aquel cgrrran prrrincipio» de que «si 
un lioinbre quiere esclavizar á otro hombre, un tercero no 
tiene derecho á oponerse»: ó sea lo que tan bizarramente 
»6 apellida la «Soberanía Popular». Mas no se encuentra 
un solo hombre de entre vosotros, que esté por la prohibi- 
ción federal de la esclavitud en los Territorios federales, 
cüiifunne alo que practicaron «nuestros padres que funda- 
ron ei Gobierno bajo el cual vivimos». Ninguno de vuestros 
varios proyectos se apoya en un solo precedente, ni en 
autoridad alguna durante la centuria en que se originó 
nuestro Gobierno. Pensad, pues, si vuestras pretensiones 
de conservatismo, y las de destrucción que nos imputáis, 
están basadas en los mas claros y estables fundamentos. 

((También decís, que hemos hecho de la esclavitud una 
cuestión mas prominente ahora de lo que antes lo era. Lo 
tioganios. Admitimos que es mas prominente, pero no que 
nt>soíros le hayamos dado esa prominencia. No somos 
noí>otrus sino vosotros los que habéis abandonado la política 
de nuestros padres. Resistimos y resistiremos vuestra in- 



VIDA DB LINCOLN 91 

novación; y úe aquí viene la mayor prominencia de la 
cuestión. ¿Querríais reducir la cuestión á sus primeras 
proporciones? Volved á aquella antigua política. Lo que 
antes era, volverá á ser. bajo las mismas condiciones. Si 
queréis tener la paz de los tiempos pasados, adoptad de 
nuevo los preceptos y política de aquellos tiempos. 

«Nos echáis en cara, que fomentamos insurrecciones 
entre vuestros esclavos. Negamos el cargo. ¿ Y cuál es 
vuestra prueba ? Harper's Ferry, ¿Juan Brown ? (1) Juan 
Brown no era Republicano; y vosotros no habéis podido 
implicar á un solo Republicano en la empresa de Harper's 
Ferry. Si hay uno solo de nuestros partidarios culpable de 
un tal atentado, vosotros lo sabéis ó no lo sabéis. Si lo 
sabéis, sois inexcusables en no designar el hombre, y 
probar el hecho. Si no lo sabéis, mas inexcusables sois 
en aseverarlo; y especialmente en persistir en la acusa- 
ción, después de haberla propalado y no poder presentarla 
prueba. No es necesario deciros, que persistir en un cargo 
que uno sabe ser falso, es simplemente una maliciosa 
calumnia. Algunos de entre vosotros admiten, que ningún 
Republicano ayudó ó fomentó á designio el suceso de 



(1) Este primer episodio en el drama sangriento que se ha representado después, 
ocurrió el 16 de Octubre de 1859, y es conocido como la insurrección de Harper's 
Ferry, del nombre de la deliciosa villa situada en las riberas del Potomac, como á 
cincuenta millas de Washington, donde está el segundo gran Arsenal, ó mas bien. 
Armería de los Estados Unidos. En la noche del citado día, Juan Brown, á la 
cabeza de 17 conspiradores blancos y seis negros entró en el pueblo, y antes que 
nadie se apercibiera de sus planes, se había apoderado de la Annería, que estaba 
á cargo de un portero, con sus 900.000 fusiles. Bn seguida pusieron en prisión á 
los principales habitantes en calidad de rehenes. Al día siguiente sólo se aperci- 
bieron las autoridades públicas de tan inesperada y singular revolución. Pronto 
acudieron las milicias y destacamentos de tropas de línea, las cuales pusieron cerco 
álos sublevados, que se refugiaron en uno délos talleres. Uno á uno fueron ca- 
yendo los intrépidos abolicionistas; y Juan Brown mismo, después de haber visto 
caer dos de sus hijos á su lado y varios otros de sus compañeros, manteniendo 
casi solo á la distancia á sus perseguidores durante mas de cuarenta horas, fué 
cautivado al íln con las armas en la mano, y defendiéndose hasta el último. El 9 
de Diciembre del mismo año, Juan Brown y cuatro de sus cómplices fueron ahor- 
cados en Chariestown, en virtud de sentencia de la Corte, y después de seguírseles 
un largo proceso en debida forma. Este valiente y sincero amigo del esclavo ma- 
nifestó hasta el último la serenidad y plena convicción de un mártir, como indu- 
dablemente será tenido por tal en la historia, aunque condenado por las leyes y 
opinión de su patria. ( Nota del autor. ) 



SBÍ obras db sarmiento 

Harper's Ferry; pero ínsisterii no obstante, en que nuestras 
doctrinas y declaraciones necesariamente conducían á 
aquel resultado. Nosotros no lo creemos asi. Nosotros 
sabemos que no sostenemos doctrina, ni hacemos decla- 
raciones, que no hayan sido sostenidas y hechas por 
«nuestros padres que fundaron el Gobierno bajo el cual 
vivimos». No juga!s limpio con nosotros en esta materia. 
Guando el suceso ocurrió, estaban próximas algunas 
importantes elecciones de Estados; y parecíais contentísi- 
mos con la creencia de que culpándonos, lograríais aven- 
tajarnos en aquellas votaciones. 

« Vinieron las elecciones, y vuestras esperanzas no que- 
daron del todo realizadas. Cada Republicano, por lo que á 
él respecta al menos, sabe que vuestra imputación era una 
calumnia, y que os proponíais solo con esto inclinarlo á 
votar en vuestro favor. Las doctrinas y declaraciones re- 
publicanas van siempre acompañadas de protestas contra 
todo lo que huele á entrometimiento con vuestros esclavos, 
ó con vosotros mismos, respecto de vuestros esclavos. Sin 
duda que semejante conducta no los incitaría á sublevarse. 
Sin duda que nosotros, en común «con nuestros padres que 
fundaron el Gobierno bajo el cual vivimos», proclamamos 
como fe nuestra, que la esclavitud es injusta, pero ni esto 
llega á los oídos de los esclavos* 

(í Aunque digamos ó hagamos lo que se quiera, los escla- 
vos apenas saben que exista un partido republicano. Ya 
creo que, eu efectOr ellos no lo saben, sino es por el mal que 
de nosotros decís en su presencia. Eu vuestra contienda con 
nosotros, cada fracción echa en cara á la otra sus simpatías 
por el Republicanismo Negro; y para hacer mas acertado el 
cargo, definís el republicanismo negro como una simple in- 
surrección, matanza y anarquía entre los esclavos. 

a No son mascomunes ahora las insurrecciones de escla- 
vos, que lo que lo eran antes que se originase el partido 
republicano. ¿Qué originó la insurrección de Southam- 
pton, ahora veinte años, en la cual se perdieron por lo me- 
nos tres veces mas ?idas que en la de Harper's Ferry ? Por 
mas elástica que sea vuestra fantasía, jamas podríais 
explicar aquella sublevación por el republicanismo negro. 
En el actual estado de cosas en los Kstados Unidos, yo no 
creo en la posibilidad de una insurrección general de 



VIDA UB LtWCOLN 93 

negros, ó de mucha extensión. No podrían obtener la 
precisa unidad de acción. Los esclavos no tienen medios 
rápidos de comunicación, ni sediciosos blancos, ó negros 
libres, pueden proporcionárselos. Los materiales explosi- 
bles están en todas partes reducidos á partículas; pero no 
tienen ni pueden dárseles la necesaria cohesión. 

a Mucho hablan los hombres del Sur del apego de los 
esclavos por sus amos y señoras^ y una parte de esto por lo 
menos es cierto» No bien se habría tramado el plan de 
un levantanaiento, y comunicádose á veinte de entre ellos, 
cuando alguno, por salvar la vida de un amo ó señora 
querida, ya lo habría divulgado. Esta es la regla; y la re- 
volución de Haití no lo contradice, por haber ocurrido 
bajo circunstancias especialeSp La conspiración de la 
pólvora en Inglaterra, aunque nada tenga que ver con la 
esclavitud, viene mas al caso. En ella sólo veinte estaban 
en el secreto; y sin embargo, uno de ellos, ansioso por 
salvar á un amigo, reveló la trama á éste, y por consecuen- 
cia estorbó el desastre. El envenenamiento de las viudas 
en algún caso, el asesinato abierto ó clandestino en los 
campos, la sublevación de veinte ó mas, continuarán acae- 
ciendo como resultado natural de la esclavitud; pero no creo 
que por mucho tiempo ocurra en este país un levantamiento 
general de esclavos. Los que temen, ó esperan tal acon- 
tecimiento, quedarían igualmente burlados. 

(( Sirviéndome délas palabras de Mr. Jefferson, pronun- 
ciadas muchos años hace: «está todavía en nuestro poder 
encaminar la obra de emancipación y de deportación gra- 
dual y pacífica, de modo que el mal desaparezca insensi- 
blemente; y los huecos vayan siendo ocupados, pari passu, 
por trabajadores blancos libres. Si por el contrario la de- 
jamos abrirse violentamente un camino, la naturaleza 
humana se horroriza al contemplar tan espantoso espe- 
táculo en el porvenir.» 

(i Mr. Jefferson no intentaba decir, ni lo digo yo, que el 
derecho de amancipar correspondiese al Gobierno Federal. 
El hablaba de Virginia, y por lo que hace á la facultad de 
emancipar, yo hablo de todos los Estados esclavistas. 

«Yo insisto, sin embargo, en que el Gobierno federal 
tiene la facultad delimitar la expansión de esta institución 
—el poder de asegurar de que jamás ocurra una insurrec- 



04 0BKA8 DE SARMIENTO 

cion general de esclavos, ea territorio americano que 
está hoy libre déla esclavitud. 

« La empresa de Juan Brown fué peculiar, lío era una 
insurrección de esclavos. Era una tentativa hecha por 
hombres blancos, para sublevar k los negros; tentativa que 
estos no quisieron secundan Era en verdad tan absurda 
el plan, que los negros, con toda su i ignorancia, compren- 
dieron que no podía salir bien. Aquel asunto por su lado 
filosófico, corresponde mas bien á los muchos atentados que 
nos refiere la historia, para asesinar reyes y emperadores. 
Un entusiasta se preocupa de la opresión de un pueblo, 
hasta que llega á imaginarse comisionado por el cielo para 
libertarlo. Aventura su ejecución, que casi siempre con- 
cluye por su propia ruina. La tentativa de Orsini contra 
Napoleón, y la de Juan Brown en Harper's Ferry, eran 
precisamente idénticas en su aspecto filosófico. El empeño 
de acusar á la vieja Inglaterra sobre la una, y ala nueva 
Inglaterra sobre la otra, no contradice la similitud de 
ambos casos. 

«¿De qué os valdrían libros como el de Helper, HJ ú otros 
de su clase; de qué servía Juan Brown, para vuestra obra 
de disolver el partido republicano? La acción humana 
puede ser modificada hasta cierto punto, pero la natura- 
leza humana no puede ser cambiada. Hay en la nación 
un juicio y un sentimiento contra la esclavitud, que dará 
por lo menos millón y medio de votos. No os es dado des- 
truir aquel juicio y aquel sentimiento, desbaratando la or- 
ganización política que los concentra. Difícilmente podréis 
romper sus filas, y dispersar un ejército que ha sido puesto 
en batalla al frente de vuestros mas nutridos fuegos; pero 
si lo pudierais, ¿qué habríais ganado con forzar el senti- 
miento que lo creó á que salga del pacífico canal que le 
subministra la urna electoral, para lanzarlo por alguna 
otra vía? 

¿Cuál será probablemente el otro canal? Disminuirá ó 
aumentará con esto el número de los Juan Brown? 



(1) Este libro titulado «La Crisis jimeDasaote^u demostraba cod datos estadísticos 
incontestables los desastrosos erectos de la esctavÉtud en }a prosperidad y ade- 
lantos del Sur. Escrito por un Joven de Ja Carolina del NoHe> escítú grantte- 
mente la ira de los esciavócratas^ y fue otijuto de vkos debates en el Gong res d 
mismo. 



" VIDA BB LINCOLN % 

« Pero vosotros romperéis mas bien Iti Union, que some- 
teros á una denegación de vuestros derechos constitucio- 
nales. 

ff Esto tiene un significado algo violento; pero quedaría 
paliado, sino enteramente justificado, en el caso en que 
nosotros, por solo la fuerza de los números, nos propusié- 
semos privaros de algún derecho claramente escrito en la 
Constitución. Mas nada de eso nos proponemos. 

«c Cuando hacéis estas declaraciones, aludis especiñca- 
mente y de una manera sentenciosa á un pretendido dere- 
cho constitucional—el de introducir esclavos en Territorios 
federales, y conservarlos allí como propiedad; pero no está 
tal derecho específicamente definido en la Constitución. La 
letra de aquel instrumento guarda silencio sobre aquel 
derecho. Nosotros por el contrario negamos que tal derecho 
tenga existencia alguna en nuestra Constitución, ni aun por 
implicancia. 

«Vuestro pensamiento, llanamente declarado, es que des- 
truiréis el Gobierno á menos que se os permita interpretar 
y ejecutar la Constitución, como mejor os plazca, en todos 
los puntos en disputa entre vosotros y nosotros. Vosotros 
gobernareis, ó en caso contrario arruinareis. 

« Este es sin disfraz vuestro lenguaje para con nosotros. 
Acaso diréis que la Suprema Corte ha decidido en vuestro 
favor la controvertida cuestión constitucional. Vamos por 
partes. Dejando á un lado la distinción de los jurisperitos 
entre dictamen y sentencia, las Cortes han decidido laque- 
relia á vuestro favor en una cierta manera. Las Cortes han 
dicho en sustancia, que es un derecho constitucional vues- 
tro el introducir esclavos en los Territorios federales, y 
retenerlos como propiedad privada. 

«Cuando digo que la decisión fue pronunciada en una 
cierta manera, quiero significar que fue dada por una 
Corte dividida en pareceres, y por una escasa mayoría de 
los Jueces, sin estar de acuerdo entre sí sobre las razones 
en que debían fundarse; y que fué de tal manera expre- 
sada, que sus mismos sostenedores no están de acuerdo 
sobre su sentido; y que está basada principalmente sobre 
un grave error de hecho, como es la aserción, en la opinión 
de un Juez, que «el derecho de propiedad en un esclavo, está 
distinta y expresamente afirmado en la Constitución.» 



96 OBRAS DB 8ARMIBNT0 

«(El examen de la Constitución mostrará que el derecho 
de propiedad sobre el esclavo no está distinta y expresa- 
mente afirmado en ella. Téngase presente que los jueces 
no empeñan su opinión judicial sobre que tal derecho esté 
expresamente afirmado en la Constitución; pero sí han 
empeñado su veracidad, diciendo que allí está adistinta y 
expresamente aflrmado»,--ái>ü>iíam^n<«, esto es, no mezclado 
con otra cosa cualquiera; expresamente^ esto eSj que está 
en palabras que expresan aquello exactamente, sin la ayuda 
de inferencia alguna, y sin admitir otro significado. 

«Si ellos hubiesen empeñado su opinión judicial» de que 
tal derecho está afirmado en aquel instrumento por impli- 
cancia, habría tocado á otros mostrar que ni la palabra 
«esclavo» ni «esclavitud» se encuentra en toda la Constitu* 
cion; ni aun la palabra «propiedad» siquiera se lee en 
conexión con el lenguaje relativo á las cosas de esclavo y 
esclavitud; y donde quiera que en aquel documento se 
alude al esclavo, se le llama una «persona»; y donde quiera 
que se menciona el derecho que legalmente ejerce el amo, 
se habla de él, como servicio ó trabajo obligatorio, ó como 
«deuda» pagadera en servicio ó labor. 

«Tocaríale también probar con la historia contemporánea, 
que este modo de hacer alusión á la esclavitud y á los 
esclavos, en lugar de hablar de ellos, era empleado á pro- 
pósito para excluir de la Constitución la idea de que hubiese 
propiedad en el hombre. 

«Demostrar esto es cosa fácil y segura. ¿No es de justicia 
esperar que cuando llegue á conocimiento de los Jueces esta 
obvia equivocación, retiren aquella errada aserción, y re- 
consideren la sentencia basada sobre ella? 

«No debe ademas olvidarse que nuestros padres que 
fundaron el Gobieno bajo el cual vivimos — los hombres que 
hicieron la Constitución — decidieron la misma cuestión 
constitucional en nuestro favor, sin estar divididos entresL,al 
pronunciar tal decisión; sin que ocurriera división, después 
de emitida, sobre la interpretación que debiera dársele, y en 
cuanto han quedado pruebas, sin basarla en equivocaciones 
de hecho. 

«Bajo todas estas circunstancias os eréis realmente justi- 
ficados para echar por tierra este gobierno, á menos que 
no se someta á una semejante decisión, tomándola como 



*! 



VIDA I>E LINCOLN ít 

regla decisiva y final de acción potiticaj tal cual la inter- 
pretáis vosotros mismos I 

«MaSj no os someteríais á la elección de un Presidente 
republicano. Y si tal sucediere, decís que destruiréis la 
Union ; y en este caso el gran crimen de haberla destruido 
será nuestro! 

*j Frescos estamos! Un salteador de caminos me pone 
una pistola al pecho, diciéndome : deteneos y entregad la 
bolsa, ú os mato, y entonces vos seréis el asesino ! Lo que 
el ladrón me pide, mi bolsa, es seguramente mía, y yo tenía 
un derecho indisputable aguardarla; pero ya no era mas 
mía, que lo que ahora mi voto; puesto que la amenaza de 
muerte, á fin de arrancarme mi dinero, y la amenaza de 
destruir la Union á fin de arrancarme mi voto, serían difí- 
cilmente reputadas como principios distintos. 

«Unas pocas palabras ahora á. los Republicanos, Es de 
desearse ardientemente que todas las partes de esta gran 
Confederación se mantengan en paz y armonía entre si. 
Hagamos los Republicanos lo que nos corresponda para 
conseguirlo. Por mas que se nos provoque, abstengámonos 
de todo acto inspirado por la pasión y el rencor. Aun dando 
por sentado que las gentes del Sur no nos prestaran oídos, 
examinemos con calma sus exigencias, y acordémoselas, 
si después de considerar detenidamente cual es nuestro 
deber, creyésemos nos correspondía ceder. Juzgando por 
todo lo que dicen y hacen, y por el asunto y naturaleza de 
la controversia que con nosotros sostienen, ¿no podríamos 
convenirnos sobre el modo de satisfacerlos, si fuese posible? 
«¿Quedarían satisfechos si se les entregasen los Territorios 
sin condición alguna? Sabemos que esto no los satisfará. 
Entre sus actuales quejas contra nosotros, apenas hacen 
mención de los Territorios. La manía ahora son las insu- 
rrecciones é invasiones. ¿Quedarían satisfechos si en lo 
• adelante nada tuviéramos que ver con insurrecciones é 
invasiones? Estamos ciertos de que no. Lo estamos, porque 
tenemos conciencia de que nunca tuvimos que ver con 
insurrecciones é invasiones ; y no obstante esta total abs- 
tención, no estamos libres del cargo y de la acusación. 

«Naturalmente viene la pregunta: ¿qué podrá satisfacer- 
los entonces? Simplemente esto. No basta dejarlos á sus 

Tomo xxvii.— 7 



98 OBRAS de; sarmiento 

anchas, sino también convencerlos de alguna manera que 
así lo hacemos; y por la experiencia sabemos que esto no es 
cosa fácil. Lo hemos intentado inútilmente desde el princi- 
pio de nuestra organización. Igualmente inútil ha sido el 
tratar de convencerlos con el hecho de que ninguno de 
nosotros ha sido jamas descubierto en cunato alguno de 
perturbarlos. 

«Y no habiendo bastado todos estos medios naturales^ y 
al parecer incontestables, para convencerlos, ¿qué los satis- 
fará? Esto y sólo esto. Dejar de llamar iujuda la esclavitud» 
y unirnos á ella para declararla jmta. Y esto debe hacerse 
sin rodeos y por completo, es decir, de palabra y de obra. El 
silencio no lo tolerarían jamas; es preciso ponernos abierta- 
mente de su lado. La nueva ley de sedición propuesta por 
Douglas debe ser sancionada y ejecutada, y acallada toda 
declaración contra la injusticia de ia esclavitud, ya sea en 
actos políticos, en la prensa, en el pulpito, en privado^ 
Bebemos prender y entregar á sus esclavos fugitivos coa 
nuestra alegría. Debemos hacer pedazos nuestras cons- 
tituciones de Estados libres. La atmósfera misma debe ser 
purificada de todo miasma de oposición k la esclavitud, antea 
de que ellos dejen de creer que todos sus embarazos lea 
vienen por causa nuestra. 

«Yo sé muy bien que ellos no dicen todo esto en loa 
mismos términos. La mayor parte de ellos nos dirían 
probablemente: «Dejadnos solos, no os entrometáis con 
nosotros^ y decid lo que os diere la gana sobre la esclavitud,» 
Pero ya los hemos dejado solos^ nadie se mete con ellos; 
y entonces resulta, que lo que hablamos, es lo que les 
molesta. 

«Sé también que hasta ahora no han exigido terminante- 
mente^ que destruyamos nuestras constituciones de Estadoa 
libres. Y sin embargo, como esas constituciones condenan 
como injusta la esclavitud en términos mas solemnes que 
todo lo que nosotros podamos decir en su contra, se exi- 
girá su destrucción tan pronto como no haya otra cosa 
con que resistir á sus pretensiones. No importa que hoy 
no lo exijan. Al pedir lo que piden, y por la razón 
que lo hacen, no se contendrán hasta que lo hayan con- 
seguido. Considerando, como consideran, moral mente Jus- 
tiOcada la esclavitud, y como conveniente en política, na 



dejarán ú^ ' íeqtrerir ^ué ^éf reconozca como instítocion 
nacional, como un derecho, como una bendición para la' 
sociedad. ' : ' '- ■'"'" ' 

«Ni podríamos nóisotros llegarles ésto con justicia, sino 
en viitud de nuestra ícóntlccióil' de que la esclavitud es 
injusta. Sí Itf esclavitud es justa, todas las palabras, actos, 
leyes y coritítuciones cohtrá ella, son injustas, y deben res- 
cindirse y borrarse. Si es justa, no podemos en justicia ópo- 
nerrtos i qu^ sea nacionali'zada y áe haga ahiversal. SI es 
injusta, elIos'n6 pueden con' justlciaíttsistir en su extensión, 
ni propagación; Todo lo que piden debemos concederles, 
si creemos justa la esclavitud; todo lo que nosotros exigimos, 
nos lo concederían gustoáosi, si creyesen injustificable la 
esclavitud, = 

«La calificación de justa ó injusta, tal es el punto deter- 
minado sobre el cual versa la disputa. Teniéndola por 
justa no hay que vitupérarlesde qné pretendan su completo 
reconocimiento; pero creyéndola injusta, ¿cómo podríamos 
nosotros cederles? ¿Podemos darles huestros votos, según 
su manera: de ver y contra la nuestra? En vista de nuestra 
responsabilidad moral, social y política^ ¿podemos buena- 
mente hacerlo? 

«Injusta como creemos que es la esclavitud, podemos de- 
jarla sola donde está; porque todo eso se debe á la necesidad 
que nace dé sú actual existencia en la nación; pero, ¿mien- 
tras nuestros votos puedan estorbarlo, permitiremos que 
se extienda hasta los- Territorios federales, y nos domine 
allí y en nuestros Estados libres? 

«Si nuestra conciencia del deber nos prohibe consentir 
en esto, pongámonos sin miedo y con firmeza de parte de 
nuestro deber. No nos dejemos extraviar por esos sofísticos 
amaños, k que nos pi-estamos tan fócilmente; amaños tales, 
como de ir buscando á tientas un terreno intermediario, 
entre lo justo y 16 injusto— tentativa tan vana, como la de 
bascar un hombre ¡que: no esté ni vivo ni muerto;— tales 
como la dé aquella política dé «qué me importa,» en una 
cuestión que tanto importa á todo hombre de corazon-^ta* 
les como las amonestaciones á los sostenedores déla Union 
para que cedamos á los separatistas contra la regla divina, 
y de llamar no al pecador, sino al justo á que se arrepienta; 
tales como invocar á Washington, implorando que contra- 



100 OBRAS DB 8AHKIBNT0 

digamos lo que Washington decia^ y deshagamos lo que 
Washington hizo. 

c<Ni nos dejemos apartar de nuestro deber por falsas acu- 
saciones, ni amedrentarnos por amenazas de destruir nues- 
tro Gobierno, y de abrir los calabozos para nosotros. Tenga- 
mos fe en que la justicia es poder, y con aquella fe 
osemos, hasta el ün, hacer nuestro deber, tal como lo en- 
tendemos.» 

Durante esta visita & Nueva York ocurrió el siguiente 
incidente, de que damos cuenta en los términos con que 
lo refirió entonces uno de los preceptores de la Casa de 
Industria de Five Points en esta ciudad. 

«Un sábado por la mañana que estaba reunida nuestra 
escuela dominical, hace pocos meses, vi entrar y tomar 
asiento á un hombre alto y de notable aspecto* Como lo 
viese escuchar con la mayor atención nuestros ejercicios, 
revelándose en su fisonomía el vivo interés que tomaba en 
ellos, me acerqué á él para insinuarle que podía, si lo 
deseaba, dirigir algunas palabras á los niños. Aceptó la 
invitación con señales evidentes de placer; y dando algu- 
nos pasos hacia adelante, dio principio á un sencillo dis- 
curso que cautivó al juvenil auditorio, y produjo un silencio 
general. Su lenguaje era notablemente bello, y la emoción 
daba tonos musicales á su voz. Las fisonomías de los 
niños indicaban el efecto producido por la convicción: 
cuando les dirigía amonestaciones, sus semblantes se entris- 
tecían, asi como brillaban de gozo, cuando les hablaba de 
esperanzas. Una ó dos veces intentó terminar sus obser- 
vaciones, pero los imperativos gritos «seguid,» «¡ohl conti* 
nuad,» lo compelían á continuar. Al verla forma imponente 
del extranjero, y al observar su poderosa cabeza y lo pro- 
nunciado de sus facciones, dulcificadas esta vez ¡lor la im- 
presión del momento, sentí una invencible curiosidad de 
saber algo mas acerca de este honibre, y cuando iba tran* 
quilamente dejando la sala, le supliqué me dijera su nom- 
bre, á lo que contestó cortesmente: «Abraham Lincoln, de 
Illinois.» 



CANDIDATO Y PRESIDENTE 



El mecaDlsrao de los parlldoft políticos.— Con vencloo deCIiicago, — Idom de Ctiar- 
lesíOD.— Üacoín es nombrado candidato para la Pre sí ti encía por la primera,— Su 
aceptación.— íu elecelon.— Ag:ítacl{)Ei en el Sof-— La Caroílna del Sur se. levanta 
primero, y la sl^en otros Estad os. **Pustl animidad del Presidente Hucha nan.— La 
rebellón se orgaolza y «me caza al gobierno. 



E3 práctica nacida de la Índole de las instituciones repu- 
blicanas en los Estados Unidos, y de la necesidad misma de 
dar organización y unidad de acción k las facciones que se 
disputan el poder, la de celebrar reuniones políticas en que 
cada partido, á guisa de congreso popular, discute y esta- 
blece el programa de principios que se propone hacer triun* 
far en cada elección, y nombra los candidatos que cree mas 
dignos de representarlos y convertirlos en realidad. Estas 
asambleas, aunque sin color legal alguno, adoptan y siguen 
en un todo las reglas y usos parlamentarios de los cuerpos 
legislativos, que son tan familiares á, todo americano, cual 
si fueran parte esencial de su vida. Cuando se trata de^ 
designar el candidato para la presidencia, y de proclamar 
los principios que han de servir de divisa de partido, ó sea 
la plataforma (según la parlanza política en uso) en que aquél 
se ha de colocar ante el pueblo, estas reuniones denomina- 
das convenciones, compuestas de delegados de toda la 
Union, toman proporciones muy vastas y originan mas agi- 
tación y entusiasmo que la solemne inauguración de un 
Congreso. 

El 16 de Mayo de 1860 se reunió en Chicago la Convención 
Nacional de los Republicanos, con el objeto de designar 
candidatos para Presidente y Vice-Presidente y de acordar 
el programa politico de que éstos debían ser los porta- 
estandartes, durante la vigorosa campaña electoral, á que 
se aprestaban todos los partidos con inusitado fervor. La 



lOE OBKAS BB SARMIENTO 

Convención de los Demócratas, recien celebrada en Char- 
leston, se había disuelto sin haberse puesto da acuerdo 
sobre un candidato coraun para las dos grandes alas en que 
se eQcontraron fraccionados. La una, que constituía la 
mayoría mas moderada, quería á todo trance hacer preva- 
lecer la candidatura de Douglas; mientras que la otra 
fracción, apoyada por influencias administrativas, teniendo 
el poder de estorbar su elección, en virtud de formar mas 
de una tercera parte de la asamblea, se mostraba igual- 
mente tenaz en su resolución. El resultado fué» que apla- 
zada la sesión á Baltimore, tampoco se logró conciliar álos 
disidentes; y la convención acabó por dividirse, proclamando 
la una la candidatura de Douglas y Jobuson, y la otra la de 
Breckinridge y Lañe. De esta manera se consumó el des- 
membramiento y ruina del mas poderoso;partido»que jamas 
se haya organizado en los Estados Unidos; y que» con dos 
ó tres excepciones, había gobernado la nación desde los 
días de Jefferson, á quien se reputaba por su fundador 

Otro partido medio, llamado la «Union Constitucional», 
se habia formado sobre las ruinas de los antiguos whigs y 
americanos netos (apodados también knQiV'nothinga^ 6 nada 
saben), que proponían como candidato á un Mr. Bell y al 
eminente orador Everett; pero^ como todos los jmie milku en 
tiempos de crisis, estaba destinado á ser aplastado fácil- 
mente entre aquellas dos grandes moles. 

Con motivo de este fraccionamiento de sus formidables 
adversarios, los Demócratas, las circunstancias se presenta- 
ban sumamente favorables al partido Republicano; y daba 
mas interés á la gran convención de Chicago. Trascurridos 
los dos primeros días en organizar y reglamentar el orden 
de la sesión, el día 18 se procedió á la votación en medio de 
una agitación inmensa producida por los mil doscientos 
delegados y un auditorio de mas de ocho mil almas, reuní- 
dos todos bajo un inmenso toldo de tablazón, que aquí se 
llama un ivigwam^ del nombre empleado por los indios del 
Norte en sus fiestas de tribu. En el primer escrutinio, Mr* Se- 
ward sacó 173, votos^ Mr. Lincoln 102, y el resto se repartie- 
ron entre otros siete candidatos. Para reunir los votos disper- 
sos se procedió como de costumbre, á segunda votación, 
obteniendo Lincoln 181 y Seward 184. En la tercera, á que 
se recurrió inniediatameutej Lincoln obtuvo 231, quedando 



VIDA BE LUÍCOLN 103 

Seward con 180. Cuando se anunció el resultado del esrra- 
tinio. los delegados del Ohio cambiaron sus votos á favor 
tle Mi\ Lincoln, con lo cual quedaba establecida una ma- 
y orín de tres cuartas partes en su favor. 

La escena que siguió no ha sido quizá presenciada jatnaa 
por una asamblea populan tal fué el estruendo de los 
aplausos deniro y fuera del edificio, las congratulaciones 
recíprocas y las varias manifestaciones de general alegría 
que continuaron sin interrupción por cosa de tres cuartos 
de hora. 

Habiendo sido hecha unánime la votación por aclama- 
ción, concluyó la sesión por el nombramiento de Vice- 
presidente, que recayó en Mr. Hamlin, Senador de Maine. 
Un incidente que se liga con la candidatura de Mr. 
Lincoln, aunque ocurrido en otro lugar y un poco antes, 
merece recordarse como característico del hombre y del 
país, que iba á representar en el gobierno, de una manera 
tan notable. 

Cuando Douglas fué preferido á él para Senador por la 
Legislatura del Illinois, no obstante la mayoría popular en 
su favor, los Republicanos de aquel Estado, que era el de 
su adopción, se reunieron en Convención, y lo designaron, 
como candidato para la futura Presidencia de los Estados 
Unidos, y Lincoln se hallaba presente como expectador. 
Un viejo Demócrata del Condado de Macón trajo y presen- 
tó á la Convención, decoradas con vistosas cintas y bande- 
ras, dos viejas rajas de madera, que habían servido de cerca, 
con esta inscripción en gordas letras: 



ABRAHAM LINCOLN, 


EL CANDIDATO LEÑADOR, 


Para Presidente en 1860. 


Estas dos rajas pertenecen á un lote de tres mil cortadas en 


1830 por Tomás Hantz y Abraham Lincoln, cuyo padre 


fué el primer poblador del Condado de Macón. 



La ocurrencia fué celebrada con frenéticos aplausos, y 
Mr. Lincoln fué llamado á que declarase lo que había en 



tQ6 ÜfiaAá DE BAKUIENTO 

en cooperar al éxito práctico de los principios proclamados 
por la Con vene iüii, 

«Vuestro fiel amigo y conciudadano. 

«cíVdraham Lincoln.» 

La división que en Charleston habla amenazado al par- 
tido Den:iocrático, se consumó subsiguientemente por el 
nombramiento de Douglas de parte de los unos, y de 
Breckinridge por la de ios otros, como queda dicho. 

Aunque ia elección de Lincoln, en tales circunstancias^ 
era cosa segura, la campaña electoral se hizo notable por el 
lenguaje acrimonioso y vindicativo empleado para denigrar 
á Lincoln y á sus secuaces. 

El 6 de Noviembre de 1860, Mr, Lincoln recibió 1.866.157 
votos, lo que le aseguraba el voto de los Colegios Electorales 
de Maine, New Hanipshire, Vermont, Massachusetts, Rhotle 
Island, Connecticut, Nueva York, Pensilvania, Indiana, 
Oblo, Illinois, Michigan, lowa, Wisconsin, Minnesota, Cali- 
fornia, Oregon y 4 de Nueva Jersey; 180 en todo; Douglas 
1.375,157 votos, representados por 19i) electores; Breckinridge 
847.9Í)3, con T2 electores; y Bell, 480.631, con 39 electores. 

Era llegado el momento de convertir en hecho his pala, 
bras y poner en práctica las amenazas; y ver si la demencia 
llegaría en alíennos Estados hasta tentar contra la vida de 
la República, Desgraí;íadamente poco tiempo transcurrió 
sin que toda duda quedase disipada. Hombres no ya de un 
Estado, sino de casi todos ellos, no por cientos ni miles, sino 
por cientos de miles estuvieron prontos á poner sus manoa 
sacrilegas sobre la Union, aquella arca de las glorias y 
fuerza déla nación. 

Cúpole á la Carolina del Sur la supremacía harto vilipen- 
diosa de llevarla iniciativa de esta conspiración contra los 
intereses de la humanidad. Mientras este Estado estaba 
dándolos pasos necesarios para la separación, el Presidente 
Buchanan, con vituperable pusilanimidad, en su mensaje 
anual, después de mostrar lo inconstitucional del acto, de- 
claraba explícitameíite no tener facultades constitucionales 
para estorbar se llevasen á cabo las medidas propuestas 
por aquel Estado sedicioso. Ni por haber sido requerido 
por el veterano jefe del ejército, que hiciese ocupar los 



I 



y ID A DE LINCOLN í&f 

fuertes de los Estados Uüidos en las costas del Sur, se atre* 
Ti6 á dar una sola orden para proteger y resguardar la pro- 
piedad nacionaL 

Nada mejor podían haber deseado los conspiradores. El 
20 de Diciembre la Carolina del Sur pretende separarse, y 
se apodera de arsenales y fortalezas del gobierno, ponién- 
dolos bajo la protección de la bandera particular del Es- 
tado. El gobierno de Georgia sigue su ejemplo, posesio- 
nándose de los fuertes que defendían su costa, el 3 de Enero 
de 1861; y al día siguiente hace otro tanto el de Alabama. 
Siguiéronse sin intervalo acontecimientos de la naturaleza 
mas alarmante. Disparáronse tiros sobre un buque que 
llevaba tardíos refuerzos al fuerte Sumter; y Mississipi se 
declara desligado de la Union, junto con Alabama, Florida 
y Georgia. No se quedan atrás, ni se echan de menos 
luego á Texas y Luisiana. Empleados del gabinete renuncian 
después de haber cooperado á la infernal obra; ó si per. 
manecen es solo para precipitar su consumación. Una 
nueva Constitución, de carácter provisorio, fué reconocida 
por los delegados de los siete Estados en rebelión, por en- 
tonces; y se nombró Presidente y Vice-Presidente. 

En el entretanto, una comisión compuesta de delegados 
de la mayor parte de los Estados libres y de los Estados 
intermediarios con esclavos, se desvivía en Washington por 
arreglarlas dificultades existentes por medio de una tran- 
sacción. Muchos de entre ellos obraban de buena fe, otros 
se servían de este expediente como de un rompe-olas que 
cubriese á los Estados ya en abierta rebelión. Convinieron 
al fin en una serie de resoluciones sobre la base de man- 
tener la Union, que fueron sancionadas por una mayoría 
y el Congreso se declaró en seguida en receso hasta el 
primero de Marzo. 

No obstante esto, el 11 de Febrero la Cámara de Diputa- 
dos adoptó unánimemente una resolución, aceptada poco 
después por el Senado, añadiendo una enmienda á la 
Constitución, por la cual se prohibía en adelante toda le- 
gislación nacional que tuviese relación con la esclavitud. 
Algunos iban hasta concederlo todo, y abandonar la cues- 
tión tan debatida de la esclavitud en los Territorios, por 
medio de la adopción de las resoluciones llamadas de Crit- 
tenden, que fueron desechadas por los Senadores jdel Sur. 



IOS OBflAt» D£ SARUlEIfTO 

Ninguna resolución que no acabase con la nación habría 
satisfecho á los oponentes. Jefferson DaviSj declarado el 

caudillo de la «confederación», poniéndose al frente de la 
rebelión en la capital provisoriade Mongomery, Alabama, 
el 18 de Febrero, modestamente definíala posición que asu- 
mían sus cofrades en la conspiración^ en estos términos: 

^Mis mas ardientes deseos, decía, quedarían satisfechos, 
si comprendiendo nuestros intereses de neutrales se nos 
permitiera seguir pacificamente en nuestra obra de sepa- 
ración y existencia política aparte. Mas si esto nos fuese 
negadOj y se asaltase la integridad y jurisdicción de nues- 
tro territorio, nos quedaría solo el recurso de apelar con 
ñrme resolución á las armas^ é invocar las bendiciones de 
la Providencia en favor de nuestra justa causa.»? 

Confirmaba su propósito con la recomendación de que se 
organizase un ejército bien instruido y disciplinado, y mas 
numeroso del que habría sido necesario en pie de paz. 



DE SPRIN6FIELD A WASHINGTON 



La crisis.— Su despedida á los vecinos de Springfleld.— Ovaciones en su marcha.— 
Define su politica en un discurso al pueblo de Indiana.— Entusiastas recepciones en 
Gaclnnaüy Golumbus.— Su fe y confianza en el porvenir.— Discursos en Pittsburg y 
en Qeveland.- Dios y el pueblo mismo, y no un bombre, pueden salvar la nación.— 
Su opinión sobre aranceles protectores.— La crisis es facticia.— Sus discursos en 
Búfalo, Albany y Nueva York.— Entusiasta ovación en estac'udad por sus mismos 
adversarios poliUcos.— Nunca abandonará la nave de la Union.— Discursos á la Le- 
gidatura de Nueva Jersey.- ídem en la Sala de la Independencia de Filadelfla.— La 
causa de la Union es la causa de la humanidad entera.— Otro discurso al izar el pa- 
bellón nacional.— Alocución á la Legislatura de Pensilvania— Rumores de asesinato 
y súbita partida para la capital. 



Dejábanse oir ya los roncos bramidos de la tempestad 
amenazante; vacilaban ios corazones amedrentados, mien- 
tras que los mas animosos sentían una ansiedad indefini- 
ble; cuando el 11 deFebrero de 1861, el Presidente electo, con 
su familia, dijo adiós á aquella rústica mansión, que des- 
graciadamente no había de volver á ver mas. 

Como se hubiese agrupado en la estación del ferro-carril, 
con motivo de su partida, una gran muchedumbre del pue- 
blo, dirigióle estas palabras, llenas de la elevación de esa 
naturaleza verdaderamente varonil: 

«Amigos míos, dijo, sólo el que se hallase en mi posición, 
podría apreciar la tristeza que me causa esta partida. 
Debo á este pueblo todo lo que soy. Aquí he vivido mas 
de un cuarto de siglo; aquí han nacido mis hijos; y aquí 
queda sepultado uno de ellos. No sé cuándo volveré á 
veros. Un deber me ha sido impuesto, que quizá es mas 
pesado que el que haya tocado desempeñar á ningún hom- 
bre desde los tiempos de Washington. El no lo habría 
llenado sin el auxilio de la Divina Providencia, en la cual 
siempre confió* Siento que yo no seré tan feliz sin el 
mismo divino auxilio que lo sostuvo. Pongo, pues, toda mi 



lio OBRAS DB SARMIENTO 

conñanza en el Todo Poderoso; y espero, amibos míos, que 
elevaréis hacia él vuestras preces, á, fin de alcanzar aquella 
divina ayuda, sin la cual nada digno puedo hacer; pero coa 
la cual todo es fácil al honabre. Os doy» pues, un afectuoso 
adiós.» 

En las estaciones del tránsito encontrábanse siempre reu* 
niones numerosas de los vecinos moradores para aclamarlo. 
En Toledo, ciudad del Estado de Ohio, á fin de satisfacer 
las exigencias del público, se presentó en la puerta del 
carro, y les habló d% esta manera: 

« Os dejo para ir á cumplir un encargo de importancia 
nacional, y rodeado, como sabéis, de serias dificultades. 
Creamos, sin embargo, como algún poeta ha dicho: «que 
detrás de la nube, siempre brilla el sol jo. Adiós, afectuo- 
samente». 

En la noche del mismo día en Indianá^polis, contestando 
á un discurso oficial de bienvenida, dejó traslucir ya sus 
miras con respecto al asunto que preocupaba todos los api» 
mos, en frases, cuya sencillez casera y chistosa encubría 
pensamientos del tono mas elevado : 

« Conciudadanos del Estado de Indiana : Vengo á daros 
las gracias por esta brillante acogida, y por el generoso 
apoyo que vuestro Estado dio á esa causa política, que yo 
considero ser la justa y verdadera causa de todo el país y 
de la humanidad entera. Salomón ha dicho : <( hay un 
tiempo de guardar silencio»; y cuando los hombres riñen 
de palabras con poca seguridad de comprender la misma 
cosa, aunque estén usando de las mismas expresiones, 
quién sabe sino convendría mejor que guardaran silencio. 

<c Las palabras «coerción», «invasión», son empleadas 
muy á menudo en estos tiempos, y muchas veces con acri- 
tud y acaloramiento. Tratemos de ver si no entendemos mal 
el sentido en que se usan. No apelemos al diccionario para 
obtener su exacta definición, sino á los hombres mismos^ 
que sin duda alguna rechazarían las cosas que sus palabras 
implican. 

« ¿Qué se llama, pues, «ooercion?» ¿Qué es «invasión?» 
¿Sería invadir á la Carolina del Sur, el acampar un ejér<^ 
cito en su territorio con ánimo hostil y sin el consentimien- 
to de su pueblo? Pienso, en efecto, que estosería invasioín; 
como sería coerción también si se obligara á los earolino» 



X 



TIDA hñ UNCaLN 111 

á someterse á esta medida. Pero si los Estados Unidos retu* 
diesen sólo ó rescatasen sus plazas fuertes^ y otras propie- 
dades federales, y recaudasen los derechos sobre las impor- 
taciones del extranjero, y aun suspendiesen los correos, en 
los puntos donde ha sido habitualmente violada la corres- 
pondencia* ¿se diría que todos estos acto.s eran coerción ó 
invasión? Los que se dicen aojantes deja Union, y tan lleno» 
de saña propalan que resistirán á toda medida de coerción 
é invasión, ¿comprenden realmente que tales actos ejerci- 
dos por los Estados Unidos constituirían coerción ó inva- 
sión de un Estado? Si así fuese, muy mezquina seria la idea 
que tienen de los medios de preservar el objeto de sus 
afecciones. Si estuvieran enfermos, las imperceptibles pil- 
doras homeopáticas serían demasiado grandes para tra- 
garlas. Según ellos, mirada la Union como una relación de 
familia, no sería un matrimonio en forma, sino una especie 
de amor libre, (*) mantenido sólo por la fuerza de la pa- 
sión. 
«Pero veamos, ¿en qué consiste lo sagrado de un Estado? 

No hablo de la posición que la Constitución asigna á un 
Estado en la Union, porque ese vínculo lo conocemos to- 
dos. El Estado, sin embargo, no puede investir tal carácter 
una vez fuera de la Union. Hablo de aquel derecho origi- 
nal que se atribuye el Estado de dominar todo lo que le es 
inferior, y de destruir todo lo que es mayor que él. Si un 
Elstado y un condado, en un caso dado, fuesen iguales en 
número de habitantes, ¿en qué es, bajo el punto de vista 
de los principios, mejor el Estado que el condado? ¿ Un 
cambio de nombres, sería un cambio de derechos? ¿Sobre 
qué principio de justicia, puede un Estado, que no es, en 
territorio y habitantes, mas que la quinta parte de la na- 
ción, destrozar la nación misma, y coartar después de la 
manera mas arbitraria una parte relativamente mas gran- 
de de su mismo territorio? ¿Qué misterioso derecho de tira- 
nizar es el que se confiere al pueblo de un distrito ó co- 
marca, por el mero hecho de llamarse un Estado? Conciu- 
dadanos, no me propongo resolver puntos de controversia. 



il) Se refiere á uüa extravagaote secta, que negaba el matrimonio y le substituía 
la atracción amativa ; la cual fue bautizada por el pueblo como « los amadores 
libres». 



US QBRkB DE SAEMLENTO 

Estoy Simplemente proponiendo cuestiones á vuestra con- 
sideración. Permitidme ahora deciros adiós. » 

A su llegada á Cincinnati recibió la mas entusiástica aco- 
gida. Habiendo el Correjidor Mayor de la ciuJad dad ole la 
bienvenida^ y después de ser escoltado hasta el Hotel Bur- 
net por una procesión cívica y militar, dirigióse á la multi- 
tud en los términos siguientes : 

«Conciudadanos: Esta es la segunda vez solamente que 
he hablado en Cincinnati. Esto fué un año antes de la últi- 
ma elección de Presidente. Dije, entonces, entono de broma, 
aunque con sinceras palabras, mucho de lo que había dicho 
á los kentuquianos. Di mi opinión de que nosotros como 
Republicanos, habíamos de derrotarlos á ellos, que eran 
Demócratas; pero que podrían postergar por mas tiempo 
el resultado, nombrando al Senador Douglas para Presi- 
dente, mejor que por cualquiera otro medio. No nombra- 
ron á DoLiglas en el verdadero sentido de la palabra, y el re- 
sultado ha venido ciertamente mas pronto de lo que yo es- 
peraba» 

«También les dije como esperaba yo que serian tratados 
después de vencidos, y ahora quiero llamar su atención á 
lo que dije entonces, . . , , 

a Conciudadanos de Kentucky, flmigos,hermanos. ¿Puedo 
llamaros asi? En mi nueva posición, no veo motivo ni 
siento inclinación á retractar una sola palabra de aquellas» 
Y si no lo liaíTo bueno, estad seguros que no sería mía la 
culpa >). 

A la mañana siguiente saliendo de Cincinnati, llegó á 
Columbus, donde fue recibido con no menos entusiasmo, 
Visitó al Gobernador en su despacho, y fue en seguida in* 
troducido lI la Legislatura, reunida en sesión ordinaria, 
donde el Teniente Gobernador le dio la bienvenida, á que 
contestó en estas palabras: 

«Como lo ha dicho el Presidente del Senado (el Teniente 
Gobernadores Presidente de fació en las Legislaturas de Es- 
tado), pesa en verdad sobre mí una grande responsabilidad 
en esta posición á que los votos de los ciudadanos ameri- 
canos me han llamado. Comprendo y siento hasta dónde 
llega esa responsabilidad* No. puedo dejar de reconocer que 
sin reputación, y acaso sin razón para tenerla, me ha cabi- 
do una tarea mayor, si es posible, que la que cupo al Padre 



VmA DK UJSCOLN lis 

<le nuestra patria. Y sintiéndolo asi, no puedo dejar de 
vol?er los ojos y buscar el apoyo sin el cual serla imposible 
<itísem penar aquella misión. Vuelvo, pues, los ojos para re- 
clamar aquel apoyo del pueblo americano, y á Dios que 
iiLiDca lo ha abandonado, 

«Se ha aludido al ínteres que todos sienten por conocer 
la política de la nueva administi'acion. Algunos me lian 
aprobarlo mi silencio sobre este punto, mientras que otros 
han dejado traslucir algún descontento. Yo persevero en 
creer que lie obrado bien. En las variantes y movedizas esce- 
nas del momento, sin precedente en lo pasado, que me sirva 
para juzgar, me ha parecido que antes de hablar sobre los 
embarazos de la nación, me sería ínJispensable adquirir un 
conocimiento general de todo el cíimpo- En todo caso, pura 
obrar con seguridad quisiera hallarme en libertad de mo- 
dificar y cambiar el rumbo de la política, á medida que los 
sucesos vayan aconsejándolo. 

ffNo he guardado silencio, porque no me sintiese lleno 
4le ansiedad. Es ya algo bueno que esto no pase de ansie- 
dad; porque nada anda mal. Es ciertamente una circuns- 
luní^ia feliz que cuando echamos la vista, nada descubi^amos 
que realmente dañe k nadie. Tenemos diferentes modos 
de ver una cuestión política; pero nadie sufre á<:auRa de 
e>to. Esta es otra circunstancia muy consoladora, y por 
ella juzgo* que todo lo que nece.sitamos es tiempo y pacien- 
cia, y i^obre todo, confiatissa en aquel Dios, que nunca aban* 
drina a su pueblo. » 

El 14 de Febrero siguió píira Pittsburgj y en contestación 
á otro discurso durante la marcha, dijo: 

«Temo que no resulte fundada la gran confianza deposi- 
tada en mí. Yo no la tengo. Rodeado como estoy de difi- 
cultades, nada quedari por hacer de mi parte, si obtengo 
«1 apoyo del pueblo y el de Dios, Creo que es tan grande 
el amor á la Constitución de un lado como del otro del rio. 
(Habla del Ohio que separa los Esleídos libres de los con 
esclavos). Diferencias en el modo de entenderla son toda 
I» causa de las diücultades. El único punto en disputa 
es saber, ¿cuáles son sus derechos respectivos? Si la 
mayoría no ha de decidir ¿dóniie encontraremos un juez 
que decida? Debemos estar sometidos h la mayoría del 



lU OBRkü ÜR BAKUIBNTO 

pueblo americano, porque de lo contrario las minorías 

dictaran la ley. ¿Sería esto justo? ¿Sería justo y gene- 
, roso? Seguramente que no. Ei ha reafirmado el principio: 
la mayoría gobierna. Si ha adoptado una mala políticu, la 
oportunidad de corregirla vendrá en cuatro años mas. 
Entonces puedo ser alejado yo, y un hombre mejor, y con 
mejores talentos, puede ocupar mi lugar», 

Antes de salir para Cleveland al día siguiente, dirigi6 
al pueblo de Pittsburg las palabras siguientes: 

«En cada una de las breves alocuciones que he dirigido 
al pueblo, y en cada grupo por entre los cuales acabo de 
atravesar, se ha hecho alusión á la situación dividida en que 
36 encuentra e! país. Naturalmente ñe esperaba que yo 
dijese algo sobre este asunto; pero ¿cómo tocarlo en general, 
exigiendo una elaborada discusión de muchas cuestiones y 
circunstancias, para !o cual se requeriría mas tiempo del 
que fiuedo disponer por ahora, á riesgo de conri prometer rae 
necesariamente sobre materias que aun no se han pre^^en- 
tado en todo su desarrollo? 

« Lk situación del país, conciudadanos, es extraordinaria 
y propia para llenar de ansiedad y solicitud a todo verda- 
dero patriota- Mi intenciones prestará este asunto toda 
la atención que me sea posible, antes de expresarme com- 
pleta y deñnitivamebte á su respecto; de modo que cuando 
hable pueda hacerlo con todo el acierto que me sea dado. Y 
cuando lo haga, conciudadanos, espero que no diré nnda 
en oposición al espíritu de la Constitución, contrario á i a 
integridad déla Union, ó que de alguna manera infrinja 
las libertades del pueblo, ó la tranquilidad de toda fa nación. 
Mas todavía: cuando para mí llegue el tiempo de híaljlar 
sobre asunto tan grave, espero no decir nada que deje 
burladas las racionales esperanzas de ningún hombre, y 
mucho menos del pueblo de todo el país; especialmente 
sí esas esperanzas se fundan en alguna cosa que antes de 
ahora haya dicho yo, 

ttNo obstante las turbulencias al otro lado del río (el 
orador son riéndose se volvía hacia el sur de Monongahela), 
no hay en realidad crisis qu© provenga de cosa alguna en 
el gobierno mismo. A decir verdad, si hay crisis, es una 
crisis puramente facticia. ¿Qué ocurre ahora para aceptar 
esa situación en que nuestros amigos del otro lado del río 



TIDJL D£ LtNÓOLN • 115 

presentan los negocios? Aun admitiendo su propio modo 
de verla cuestión, nada hay que justifique la. conducta que 
van siguiendo. Lo repito, pues, no hay crisis; á menos 
que no llamemos asf^ ii las que en todo tiempo pueden 
crear hombres turbulentos, ayud^idos en esto por los inte- 
reses privados de ciertos políticos. Mi consejo, pues, en 
tales circunstancias, es el de mantenerse quietos. Si el 
gran pueblo americano cpnserva su calma de los dos lados 
de la linea, la perturbaciíh desaparecerá; y la cuestión 
que hoy divide el país sera arreglada tan fácilmente como 
lo han sido las otras disenci^nes de igual carácter, que 
han tenido origen en este gobierno. Téngase, pues» tran- 
quilo el pueblo de ambos lados, y esta nube se disipará á 
su debido tiempo como tantas otras, y esta gran nación 
continuará prosperando como antes.» 

Hizo entonces referencia á los aranceles* un punto de 
gran interés para los mineros de carbón y hierro de Pen- 
silvania, y dijo: 

ftMi educación politica me inclinaría á creer que el pue- 
blo de !as varias porciones de la nación baria valer sus 
propias miras por medio de sus representantes en el 
Congreso. La cuestión de los aranceles no debía ser pro- 
puesta hasta la siguiente sesión de la Legislatura Nacional. 
Ningún asunto requerirá mayor atención de parte de 
vuestros representantes que la tarifa. Si alguna recomen- 
dación debo hacer> será que todos los llamados á servir al 
pueblo en su capacidad de representantes, estudien bajo 
todas sus faces el asunto, como rae propongo hacerlo yo 
mismo» mirando por los intereses del país común; de 
manera que cuando llegue el tiempo de obrar, se dispense 
una protección adecuada al carbón y hierro de Pensil van ia^ 
y á los cereales de Illinois, Permítaseme expresar la esfje- 
ranza de que materia tan importante atraerá de tal manera 
la consideración de vuestros representantes, que ninguna 
parte del país sea olvidada, sino que todas sus localidades 
logren participar de los beneficios de una justa y equitativa 
tarifa. >» 

A su llegada a Cleveland^ Mr. Lincoln volvió á tocar el 
mismo asunto : 

«Os toca á vosotros, al pueblo^ y no á un solo hombre 
llevar adelante la gran causa de la Union y de la Constitu- 



116 OHHAiJ l>H UAHMÍIÍMTU 

cion. Este hecho está al presente fijo en mí espíritu. En 
comunidad cotno éstj, cuyas manifestaciones dan prueba 
de su inteligaiicia, la causa de la libertati, á mi entenJer, 
no correrá riesgo jamas. Se alude con frecuencia á la 
agitación que hoy prevalece respecto á. la política nacional. 
No creo que haya motivo serio üe excitación. La crisis, 
como se ha dado en llamaría, es una ci'isis puramente fac- 
ticia. En cada una de las partes de la nación hay diferen- 
cias de opinión en i mi i tica. No todos vosotros votasteis por 
la persona que ahora os dirige la paiabra. ¿Y qué ha 
sucedido a los que no está^n aquí? ¿No conservan hoy loa 
mismos derechos que antes tenían? ¿No se les devuelven 
sus esclavos fugados como antes? ¿No tienen esa misma 
Constitución á cuya sombra han vivi<io setenta años? ¿No 
tienen su posición propia como ciudadanos de este país, 
y tengo yo acaso potjer para cambiarla? ¿Qué es, puea, 
lo que quieren? ¿A. qué viene todo ese acaíoramiento? 
¿Porqué tudas esas quejas? Como lo he dicho antes, la 
crisis es puramente artificiaL No viene de los hechos. La 
crearon» y ahora no quieren desíiacer au obra. Dejémosla 
abandonada á si misma, y caerá de su propio peso, » 

El sábado siguió á Búffalo adonde llegó por la noche, y 
fué recibido por un inmenso concurso de ciudadanos, enea* 
bezados por el ex Presidente Fillmore. 

Al llegar al Hutel Mr, Lincohi respondió al discurso de 
bienvenida del Cori'egidor interino en estos términos: 

«Señor CutítiEGiDou Mayou y conciudadanos; Vengo á 
daros las gracias por la gran recepción que me habéis hecho, 
no en mi carácter personal, sino como el representante de 
esta grande y querida nación. Vuestro digno Corregidor se 
ha complacido en mencionar, al cuinpliaientarme, la agra- 
dable y feliz jornníln tpie vengo haciendo desde mi hogar^ y 
que no es mas que un rodeo en nii marcha hacia el Capitolio 
federal. Compláceme mucho el haber escogido este modo 
de congratulaime y de cnngi-atuhn" al país con este moLivo. 
No he sido bien recibido por ios que me favoretñeron con 
SU voto, sino por la población entera del país que he atra- 
vesado. 1? así debía ser. Si la elección hubiese recaído 
en otro de los distinguidos candidatos, mas bien que en mí, 
bajo hts peculiares circunstancias del momento, por no 
decir mas, habría sido el deber de los ciudadanos acogerlo. 



VIDA DK UNCOLN U7 

romo he sido acoí^ido. Esta es una muestra evidente del 
apego que profesa todo el país á la Constitución, á la Union 
y » ]ñ perpetuidad de las libertades nacionales* No Qui- 
siera que por un momento se me creyese capaz de suponer 
que estas demostraciones sean un homenaje hecho á mi 
persona, y no il la nación, á las instituciones del país, k la 
perpetuación de sus iiberlüdes, para lo cual fueron hechas 
y creadas aquellas instituciones. Vuestro digno Corregidor 
Mayor ha creído oportuno manifestar su esperanza de que 
me sea dado sacar al país de las presentes dificultades^, ó 
mas bien dicho, de las dificultades que lo amenazan. Puedo 
responderos de que^ en cuanto á la intención al menos, 
me siento fuerte para la obra. En cuanto á la suficiencia 
para llevarla á. cabo, confío en aquel Ser Supremo que 
nunca ha abandonado á su tierra predilecta, sirviéndose 
como instrumento de este grande é inteligente pueblo. 
Sin aquella ayuda yo sucumbiría seguramente; con ella 
arribaré al puerto de salvación. Natural es, que cuando 
hablo de las dificnltades que amenazan al pais, se espere 
de mi parte, que diga algo con respecto á las medidas que 
habrán de tomarse para obviarlas. Sin embargo, después 
de haberlo meditado bien y consultádolo conmigo y con 
otros, soy de opinión, que careciendo de antecedentes en 
esta especie de conflictos, y no habiendo sido jamas re- 
sueltas eíítas dificultades por persona alguna en mi posi- 
ción actual, convendría sobremanera esperar á que sus 
desenvolvimientos se manifiesten, y reunir las mayores 
luces posibles; de modo que cuando deba hablar, lo haga 
con la autoridad ¡»recisa y el necesario acierto. Y cuando 
hable autoritativaraente, estoy seguro de no decir nada que 
venga en oposición á la Constitución, á la Union, á los 
derechos de todos ios Estados, ni dejar frustradas las t,^x- 
peclativas legitimas de los que me han favorecido con sus 
votos. Con este motivo, permitidme deciros que á vos- 
otros, como parte del gran pueblo Americano, incumbe 
guardar la mayor compostura, manteneros en la tranquila 
convicción de vuestros derechos, observar vuestras obliga- 
ciones para con la Constitución, y obrar de acuerdo con 
aquella asentada convicción; contando con que se disiparán 
las nubes que por ahora se levantan en el horizonte, y que 
un brillante y glorioso porvenir nos está reservado; y 



lis OBRAS DE SAKMtENTO 

cuando esta generación haya pasado, docenas de nníllones 
habitarán el país, donde ahora sólo por miles se cuenta la 
población. No me propongo ,estenderme mas. Fáltame 
la voz para ello. Permitidme daros las gracias de nuevo, y 
deciros adiós.» 

De Búffalo siguió Mr. Lincoln para Aibany. Allí fué reci- 
bido por el Corregidor Mayor^ la Municipalidad y las comi- 
siones de la Legislatura, y conducido al Capitolio, contestó 
en breves palabras al Corregidor y al Gobernador Morgan 
del Estado de Nueva York, 

ft Gobernador Morgan ; Mucho me complació el convite 
para visitar la capital del Estado imperial de esta nación, 
en mi canaiuo al Capitolio Federal, Os doy ahora las gra- 
ciaSj y en vuestra persona al pueblo de ta capital del 
Estado, por esta cordial y magnífica recepción. Sí no me 
eogaño, el grande Estado imperial contiene ahora mayor 
población que todos los Estados Unidos de América, á la 
época en que conquistaron su Independencia nacional; y 
me envaneció el ser invitado á visitar vuestra capital y 
venir á reunirme con sus ciudadanos^ como tengo el honor 
de hacerlo ahora. El Gobernador asegura que esta recep- 
ción es hecha por todos los ciudadanos siu distinción de 
partidos. Por esta circunstancia la acepto con mayor pla- 
cer todavía. En este pais, y donde quiera que se tolere la 
libertad del pensamiento, los ciudadanos se organizarán 
siempre en partidos ])oliticos. Es simple caridad e! reco- 
nocer, que adhiriéndose cada hombre á un partido, supone 
con estoque, al obrar asi, favorece, según su juicio, los in- 
tereses del pais» Y desde que una elección ha pasado, es 
igualmente propio de los pueblos libres mostrarse unidos 
hasta la próxima elección. El recibimiento que me habéis 
preparado, lo acepto como el representante, por ahora, de 
la mayoria de la nación.*. Os mego, por tanto, aceptéis 
mis mas tiernos agradecimientos por esta manifestación 
hecha no á mí, sino á las instituciones de esta grande y 
gloriosa nación.» 

Conducido al local de las sesiones de la Legislatura del 
Estado de Nueva York, dirigió al Presidenta y á sus miem- 
bros un discurso en que reprodujo los conceptos emitidos 
en varias de las anteriores ocasiones. 

A Nueva York le acompañó desde Albany una delegación 



de las autoritlades de la ciudad despachada k bu encuentro, 
y partiendo el 19, de paso por Poughkeepííie, tuvo que 
contestar a! Corregidor Mayor de aquella ciudad. 

El recibimiento del Presidente Lincoln en Nueva York 
fué imponente. Las casas de negocio se cerraron por lo 
getveral, y cientos de miles de habitantes llenaban las 
calles. Al día siguiente fué felicitado por el Corregidor 
Mayor Wood, á quien contestó así i 

nt Señor CoRaEomoH Mayor; Acepto coa la mas profunda 
gratitud la recepción que me hace la gran ciudad comer* 
cía I de Nueva York. No puedo dejar de recordar que esto 
viene de un pueblo, cuya mayoría no está de acuerdo con- 
migo en opiniones políticas; y mayor gratitud siento, porque 
en esto veo que cuaniio se trata lie los grandes principios 
de nuestro Gobierno^ el pueblo todo se presenta unánime. 
En cuanto á las dificultades que nos rodean, y de que su 
honorabilidad ha hablado en términos que debo considerar 
proíüos y justos, sólo diré que estoy de acuerdo con los 
sentimientos expresados. No me creo inferior á ninííuno 
otro en toda la nación, en cuanto t amar á la Union. Temo 
que demasiada confianza ha sido depositada en mí, por lo 
que hace á dirigir ios negocios que tienden á la preservación 
de esta Union; pero puedo responder que consagraré todo 
mi corazón á la obra* Nada hay que pueda en ningún 
tiempo inducirme á consentir voluntariamente en la des* 
truccion de esta Union, bajo la cual no sólo la gran ciudad 
de Nueva York» sino todo el país, ha adquirido su grandeza, 
á no ser el propósito mismo que se tuvo en mira al for- 
marla. Mi idea es que la nave se hizo para llevar y pre- 
servar la carga, y mientras sea posible salvar el buque 
con la carga, nunca debe ser abandonado, k menos que 
desaparezca toda posibilidad de salvamento; y esta espe- 
ranza no se abandona hasta que nos sea palpable el riesgo 
de hundirse la carga y los pasajeros» Mientras que sea 
posible, pues, que las libertades y prosperidad del pueblo 
se salven en la Union, será mi constante anhelo emplear 
todas mis facultades, para contribuir á su conservación. 
Permitidme terminar dándoos de nuevo las gracias por 
vuestra benévola acogida.» 

De camiíio paraFiladelfia, permaneció en Trenton cuatro 
horas, donde visitó ambas Cismaras de la Legislatura de 



LEO QDHA3 DE SAKblLiSNTO 

Nueva Jersey. Al (iiscurso de recepción del SenadOj con- 
testó con las bellísimas palabras siguientes : 

(iSeñor Presidente y Caballeros del Senado del Estado 
DE New Jersey; — Os estoy muy agradecido por Ja honrosa 
recepción de que he sido objeto. No puedo menos que re- 
cordar el lugarque New Jersey ocupa en nuestra primitiva 
historia. Durante los primeros tiempos de nuestra lucha 
revolucionaría, pocos de entre los antiguos trece Estatlos 
contaron mas campos de batalla dentro de sus límites cumo 
el antiguo New Jersey. Perdóneseme si, en estaoctíslon, 
menciono que siendo muy niño, y cuanJo apenas podía 
leer, cayó en mis manos un librito, que acaso pocos délos 
miembros mas jóvenes 'Jel Senado hayan tenido ocasión de 
ver, que se titulaba aVifla de Washington?», por Weeras. 
Recuerdo todas las descripciones que en él se hacían de las 
batallas y peleas por la libertad del país; pero ninguna se 
fijó tan profundamente en mi imaginiicion como la del com- 
bate que se dio aquí en Trenton, New Jersey. El paso del 
rio; el encuentro con los Hesianos; las grandes fatijías 
sufridas en aquel tiempo; todo se fijó en mi memoria con 
mas persistencia que ninguno otro de los sucesos revf>lu- 
cionarios; y vosotros sabéis, porque todos hemos sido niños, 
cómo se aferran en la memoria estas primeras impresio- 
nes. Recuerdo el hal)er pensado aun entonces, niño como 
era, que algo sin duda masque común debía tener aquella 
causa por la cual combatían nuestros padres. Ahora me 
siento ansiosísimo, porque aquella causa, por la cual sufrie- 
ron; aquella cosa algo mas grande que la Independencia 
Nacional; aquella cosa que con tenia una gran promesa pura 
todos los pueblos del mundo en loa tiempos venideros; estoy 
ansiosísimo, decía, por que se perpetúen esta Union, la 
Constitución, y las libertades tlel pueblo, en conformidad 
con la idea originaren virtud de la cual se libraron tantos 
combates; y me reputaría el hombre mas feliz, en veniaii, 
si llegase á ser un humilde instrumento en manos del Todo- 
poderoso, y de este su mas favorecido pueblo, para perpe- 
tuar el objeto de aquella gran lucha. 

«Me hacéis este recibinii^^nto, según entiendo, sin distin- 
ción de partido. Sé que e^te cuerpo se compone de una 
mayoría de caballeros que, en uso de su facultad de emitir 
libremente su voto para la elección del Primer Magistrado, 



rtúk DB Lmcous 121 

creyeron que yo no era el hombre á propósito. Entiendo, 
sin embargo, que han veniJo á salutlar aL Presidente cc^ns- 
titucioiml de los Estados Unidos, como ciudadanos de los 
Estados Unidos, al liombre que^ por ahora, es el represen- 
tante de la nación, unidos en la resolución de perpetuar la 
Union y las libertades del pueblo- En este sentido acepto 
la recepción que se me hace, con nías gratitud que la que 
sentiría si se me hicieí^e como á indi vid u o* w 

Del discurso que pi'onunció en h^ Asamblea Legislativaj 
merecen citarse las palabi'as siguientes: 

«Haré todo lo que esto á mi alcance para obtener un 
arreglo pacíüco de nuestras dificultades. No ha nacido el 
hombre que sea mas decidido que yo jjor la pin, ni que 
mas sacrificara por conservarla, Pero puede ser necesürio 
plantarse á pié firme. Y si hogo mi deber, y obro en justi- 
cia, ¿me sostendréis? Recibido comu lo he sido por una 
Legislatura, cuya naayoria no hu estado de acuerdo conmigo 
en opiniones políticas, confio en que jmedo contar con su 
apoyo para diiigir la nave del Estado durante el viaje, ro- 
deada como está de escollos; porque si naufraga ahora, no 
habrá necesidad de piloto para otro viaje.» 

El discurso dirigido al Corregidor Mayor de Filadelfia y á 
la inmensa concurrencia que lo recibió con entusiasmo, en- 
cierra los mismos conceptos ya expresados en los anterio- 
res, por lo que omitimos su reproducción. 

A la mañana siguiente visitó Mr. Lincoln la antigua Sala 
de la Independencia, con el objeto de izar sobre ella la ban- 
dera nacional. Allí fué recibido con la mas ardorosa sim- 
patía, y pronunció el siguiente discurso: 

«Siento la mas profunda emoción, al hallarme parado 
aquí, en este lugar, donde estuvieron reunidos el saber, el 
patriotismo, y la consagración á los principios, de donde 
surgieron las instituciones á cuya sombra vivimos. Me 
habéis bondadosamente sugerido la idea de que á mis manos 
está encomendada la tarea de traer la paz al país dividido 
al presente. Puedo deciros, señor, en cambio, que todas las 
convicciones políticas que abrigo, las he aprendido, en 
cuanto me ha sido dado hacerlo, de las mismas opiniones 
que tuvieron origen y brillaron á la faz del mundo desde 
esta Sala. Nunca he tenido en política un parecer que no 
emanase de los sentimientos expresados en la Declaración 



122 OBRAS DK aAKMlKNTO 

de lü Independencia. Muchas veces he meditado sobre los 
peligros que corrieron los hombres que reunidos aquí con- 
cibieron y adoptaron la Declaración de la Independencia, 
He meditado sobre los trabajos que pasaron los jefes y sol- 
dados que aseguraron aquella Independencia. Muchas 
veces me he preguntado á mí mismo^ cuál fué el gran 
principio ó idea que mantuvo por largo tiempo unida esta 
Cüu federación. No fué seguramente el mero hecho de la 
emancipación de las colonias de la madre patria^ sino el 
amor á los principios proclamados en la Declaración de la 
Independencia, que dio la libertad, no sólo á este pueblo, 
sino, como esde esperarse, al mundo por todos los tiempos 
futuros. Fué aquella i>romesa, de que 'X su debido tiempo 
seria aligerado el peso que agoviaba ¿l la humanidad entera. 
Este es el sentimiento que prevalece en la Declaración de 
la Independencia. Ahora, amigos míos, ¿puede e! país sal- 
varle bajo esta base? Si puede, me consideraría el hom- 
bre mas feliz del mundo si contribuyo á salvarlo, Y sería 
verdaderamente calamitoso que no pudiese salvarse bajo 
aquel principio. Pero si este país no puede ser salvado, 
sin sacrificar el principio, estoy á punto de decir que pre- 
feriría mas bien caer asesinado en este lugar, antes que 
abandonarlo. Ahora, según mi manera de considerar el 
aspecto que presentan los negocios, no habrá necesidad de 
derramamiento de sangre, ni de guerra. No hay necesidad 
de eso. No estoy por la guerrajy puedo decir desde ahora, 
que no se derramará una gota de sangre; al menos que el 
gobierno no sea compelido á ello, y se vea forzado á obrar 
en ííu propia defensa. 

«Amigos mios: Este es un discurso enteramente inespe- 
rado, pues que no creí verme en el caso de hablar, cuando 
vine á este lugar. Suponía que era llamado simplemente 
para izar esta bandera. Puedo haber dicho algo indis- 
creto; pero no he dicho sino aquello que sostendré mien- 
tras viva; y si así fuese la voluntad del Dios Omnipotente, 
aquello por lo cuaí moriría.» 

Al izar la bandera, después de aludir á la antigua Confe- 
d_^e ración de los trece Estados, diciendo que el numero habia 
crecido con el trascurso del tiempo, y era ahora ut] pueblo 
feliz y numeroso, aumentando cada estrella su prosperidad, 
añadió: ícEl porvenir está en manos del pueblo* En oca- 



VIDA. DE LIKOOLN l23 

siones como éstéi, es cuando debemos discurrir juntos, y 
afirmarnos en nuestra decisión por la patria y por los prin- 
cipios de la Declaración de la Independencia, Habitué- 
monos á pensarque toda vezque agreguemos una estrella 
á nuestro pabellón, ha de ser para contaría entre las fljas> 
no para ser obscurecida por los horrores de la guerra; y si 
mas bien para darle nuevo lustre con el contento y abun- 
dancia de la paz. Sigamos extendiendo la esfera de nues- 
tro desarrollo, añadamos estrellas tras estrellas, hasta que 
suíi resplandores brillen sobre quinientos millones de 
hombres libres y felices*ju 

El Presidente electo izó entonces la bandera hasta el 
tope del asta. A las nueve de la mañana continuó su 
marcha coniUreccion á Harrisburff, Mr, Lincoln visitó allí á 
ambíis Cámaras de la Legislatura^ y contestó asi al discurso 
de bienvenida, que con aquel motivo le fué dirigido: 

«Me presento ante vosotros sólo para hacer algunas bre- 
ves observaciones, en respuesta á lo que acabo de oir. 
Os doy muy sinceramente las gracias por esta recepción 
y los generosos ofrecimientos de apoyo que «e me hacen. 
Doy las gracias á vuestra grande República ( Pensil vania) 
por el decisivo refuerzo que en la última elección trajo, 
no tanto en mi favor, como en favor de una causa que 
reputo justa. 

«Se ha aludido al hecho, al interesante hecho debiera 
decir, de presentarme por la primera vez en el Capitolio 
de la grande república de Pensilvania el día del cumpleaños 
del Padre de la Patria. Acabo de hallarme presente á una 
de las mas interesantes escenas en Filadelfla. Por dispo- 
sición de algunos caballeros, pude gozar del privilegio de 
poner por la primera vez mis pies en la antigua Sala de 
la Independencia, donde en contestación á las palabras que 
me fueron dirigidas, tuve ocasión de deplorar que no 
hubiese tenido mas tiempo para expresar algo de mis propios 
sentimientos, excitado como me sentía por el espectáculo^ 
sin acertar á dar forma y armonizar las ideas que he abri- 
gado durante toda mi vida. A mas de esto, nuestros amigos 
reunidos alli habían preparado una espléndida bandera 
nacional, y arreglado las cosas de modo que me cupo el 
honor de izarla al remate del asta. Y cuando fué levan- 
tada, complacime de que fuese puesta en su lugar por el 



esfuerzo de mí débil brazo; y cuando se tiró la cuerda y 
flameó gloriosamente al viento y apareció intacla á los 
rayoi» del alegre sol déla mañana, vinome irre^ístiblemenie 
la idea de que en el cum^^ido éxito de aquella bella ceremo- 
nia, algo al menos ocurría que hirviera como feliz aagurio 
de lo que sucederá- Ni pude d^jar de síentír, como otras 
veces he sentido, que yo era sólo un humilde in«^trumento 
en todo aquel acto. Yo no habia prorísto la bandera, ni 
tenido parte en la disposición Ue alzarla á su lugan Yo 
iolo apliqué una pequeña porción de mi débil fuerza para 
levan tarla. En todo aquello sólo vi las manos del pueblo 
que lo habla preparado todo; y lú puedo contar con la 
misma generosa cooperación del pueblOj creo que el pabe- 
llón de nuestra patria podrá todavía mantenerse flameando 
gloriosamente. Vuelvo por un instante sobre algunas 
palabras vertidas en el hotel, con respecto a lo que se ha 
dicho acerca del apoyo militar, que el Gobierno general 
puede prometerse de la república de Pensilvania, si fuere 
necesario» Por precaverme contra una mala interpretacionj 
vuelvo sobre este asunto. No sin pena contemplo la posi- 
bilidad de que llegue el caso de hacer uso del brazo militar 
en este país* Al mismo tiempo que me complazco sobre- 
manera de ver en las calles el alarde de vuestras fuerzas 
militares, y mucho mas el oír la promesa que acabáis de 
hacerme para valerme de aquella fueiza en caso que 
ocurriese esta emergencia; al mismo tiempo que reconozco 
todo esto, deseo repetir, para ©vitar con<.eptos equivocados» 
que con toda sinceridad espero, que no tendremos que 
hacer uso de ella; y muy especialmente, que nunca será 
su deber derramar tsangre, y muy en particular la sangre 
de hermanos. Prometo que, en cuanto haya de mi parte 
acierto para dirigir los negocios, si tuviéramos de venir á 
tan penoso resultado, no será por mi culpa. También ha 
hecho alusión alguno de vuestros dignos oradores á alguna 
observación que yo mismo hice en Pittsburgj con respecto 
k lo que se supone ser el interés especial de la república 
de Pensilvania. Sólo deseo decir esta vez, con respecto á 
aquel asunto (los aranceles), que las pocas observaciones 
que entonces hice, fueron expresadas sin la debida propiedad 
en las píüubras. Lo siento mucho, y no habiendo tenido 
ocasión desde entonces de añadir ó quitar nada de lo dicho, 



VmjL DB LtKCüLN 1S5 

las dejo como est¡in; agregando soiameiUe que me com- 
place el que me hayáis manifestado, caballeros de Pensüva- 
nia, que os eran satisfactorias- Y ahora, señores' miembros 
de la Asamblea de la república áe Peusilvania^ permitidme 
repetiros de nuevo mis mas sinceros agrá deci míe titas.» 

Todo estaba dispuesto para ia partida á la mañana 
siguiente; pero el oportuno descubrimiento de una cons* 
piracion para asesinarlo á su tránsito por Baltimore, 
conspiración en que se creían estaban mezclados muchos 
sujetos principales de aquella ciudad, aunque hubiese de 
ejecutarse por segunda mano, trajo un cambio súbito en el 
itinerario; y en la noclie del día en que habia sido recibido 
por la Legislatura, partió en un tren especial para Filadellia, 
y de alli continuó sin detenerse para Washifigton en un 
tren de dormir atado al convoy ordinario de media noche* 
llegando á aquella ciudad temprano en la mañana del 93. 

Como muestra de lo poco que por entonces se sospechaba, 
hasta donde hombres poco escrupulosos estaban dispuestos 
á proceder, recordaremos que para muchoa fué una ocasión 
d^ burlas este viaje nocturno; ridiculizánrlolo uno de los 
principales periódicos ilustrados: acto que no Habrá sido 
repetido á la luz del terrible suceso, que antes de cuatro 
años se realizój y en el cual se encontró comprometido 
un vecino de aquella ciudad. 



LA NUEVA ADIINISTRACION 

Su r^pa€sta á la Municfpalfdad de WasbiDgtOD.— ídem á la Asodaclon Reputdl- 

cana*— Su respeto por los derechos de todos.— Grandes expeclaüfas— Su discurso 
luatigural ,— Xo se propone intervenir en los negocios InteniOT^ de los Eí^UdDS.— 
Los esclavos prófugos deberán ser rendidos á sos amos bajo ciertas precauciones, 
— Sd posición es sin precedentes.— Carácter perpetuo de la U o loa.— Esta es mas 
antigua que la Constitución.- Su Arme determinación de bacer respetar la ConsU- 
tacion y las leyes.— La revolución es injustificable.— Carácter disolvente <Ie ias 
minorías rebeldes.- La Corte Suprema no tiene atribueiODes políticas.— Ij sepa- 
raeiciQ es Imposible física ó moralmente.— Reforma de la Constitución —El EJecu- 
Uvo no tieu^ facultad para asentir á una separación.— Invocación al buen sentido 
del pueblo.— Buen efecto de este discurso.— Organización tiei Gabinete,— Recliaz* 
á los ComíslonaiJos de Montgomery.-I^ esclavitud es la piedra angular de la ouera 
ConíederaciOQ— Discurso de Stephens.— Respuesta álos ComisioüadQs de Virginia. 
—Rendición del fuerte Sumter. 

Pocos di£is después de su llegada á Washington, fué 

felicitado por el Corregidor Mayor y Municipalidudj a quienes 
contestó en estos términos: 

«Señor Corregidor Mayor: Doy á Vd. Jas gracias y 
por medio de Vd. á la Municipalidad que lo acompaña por 
esta felicitación. Como es la primera vez desde que se ha 
alterado la situación política del país, que haya tenido 
ocasión de hablar en lugares donde existe la institución de 
la esclavitud, aprovecho esta oportunidad para decir^ que 
mucha parte de las prevenciones que han existido y aun 
existen entre el pueblo de los lugares de donde vengo y el 
de aquí, provienen de una mala inteligencia. Aprovecho 
por tanto este momento, señor Corregidor Mayor^ para 
asegurar á Vd. y á todos los presentes, que yo no he abriga- 
do nunca, ni abrigo hoy. sino sentimientos afectuosos hacia 
Vds., lo mismo que hacia el pueblo de mi sección. No es 
mi ánimo privar á Vds. en ningún caso de los beneficios 
de la Constitución; ni mas ni menos que no me atrevería 
á quitar estos privilegios á mis propios vecinos. Para de- 



yiDK Dg LIIÍGOLN 127 

cirio todo de una vez, espero y tengo confianza que cuando 
nos hayamos conocido mejur, nos estimaremos mas unos k 
otros. Doy á Vds. las gracias por la benévola recepción 
que se me dispensa », 

En la noche siguiente acogió una serenata que le dio la 
Asociación de los Republicanos^ con las siguientes palabras 
dirigidas h la muchedumbre: 

«Amigos míos: Debo suponer que este es un cumplimiento 
que se me hace» y en ese sentido aceptad mis gracias por éJ. 
He llegado k esta ciudad de Washington en circunstancias 
OQuy diferentes de cualquier otro que haya venido á este 
lugar. He venido aquí con el propósito de tomar una posi- 
ción oücial entre gentes cuya mayor parte estuvieron ©n 
oposición á nal, y debo suponer que aun lo están. Sólo me 
permitiré repetir lo que anteayer dije al Corregidor Mayor 
y cuerpo municipal que lo acompañaba, que muchas de las 
prevenciones que habian existido entre estos pueblos y 
aquellos de donde yo vengo, dependía de no haberse com- 
prendido mutuamente. 

«Espero que si las cosas siguen tan prósperamente como 
lodos debemos desearlo, tne será fiícil hacer desaparecer 
algo de aquella mala inteligencia á fin de poder conven- 
ceros y convencer al pueblo de esta parte del pais, que os 
considero en todo como nuestros iguales y en todos respec- 
tos acreedores á las mismas consideraciones y tratamientos, 
que nosotras reclamaríamos para nosoti'os mismos; que en 
manera alguna estamos dis[^nestos, si tuviéramos \a facul- 
lad, a oprimiros ó privaros de ninguno de los derechos que 
la Constitución de los Estados Unidos os garantiza; sino que 
por el contrario estamos prontos» en cuanto esté en nues- 
tras manos, á daros todos vuestros derechos constituciona- 
les — no con mala voluntad sino completa y francamente. 
Espero que obrando así, nos conoceremos mejor y nos 
estimaremos mas. Y ahora, amigos míos, con estas bre- 
ves observaciones, y dándoos de nuevo las gracias, y desean- 
do oir un poco mas de vuestra excedente música, os iioy 
las buenas noches.» 

Nunca en la historia de esta nación habla sido es- 
perado el discurso de itiauguracion de ningún PrL^^i* 
dente con tan viva ansiedad, como lo era esta vez el de 
Mr. Lincoln. 



128 ÜtiRAa UB 8AHUIKNT0 

Aun en los Estados mas decididos en fnvor del Gobierno» 
y que estaban fuera de toda sospecha» la mayoría cié sus 
miamos paisanos de Illinois, se prometían muy poco del dis- 
curso, cualquiera que fuese. Prevalecía la idea, no ol>stante 
que no podrí a asignarse le fundamento» de quseste discurso, 
de un modo ó de otro, y de una manera inexplicablej estaba 
destinado á obrar como una panacea para curar la enfer- 
medad tJel país. Una clase, quo no conocía al hombre, 
esperaba» aun contra toda espetanza, que se harían conce- 
siones tales a los rebeldes, que pasando por encima de las 
presentes dificultades, volviesen los buenos tiempos de 
antaño, cuando ios hombres vendían con sus mercaderías 
sufl principios, ó lo que les tenía lugar de tales^ sin sermo* 
testados por la guerra* Cuales otros no se daban por satis- 
fechos sino con las mas positivas é i o calificad as impreca- 
ciones contra todos los rebeldt^s» anticipíindo ya la manera 
como habían de ser tratados. Ni escaseaban tampoco los 
rumores de que se preparaban actos de violencia que impe- 
dirían pronunciar el discurso; y aun insinuaciones de asesi- 
nato se dejaban oÍr de cuando en cuando* 

Habiéndose tomado, sin embargo, todas la necesarias 
precauciones para ponerse á cubierto de la ultima con- 
tingencia, Mr; Lincoln se presentó en el frontispicio orien- 
tal del Capitolio, y prestó, á la hora designada, el Jura* 
mentó de oficio, en manos del Presidente de la Corte 
Suprema, Tanney. 

A continuación, con voz clara y firme, pronunció el si- 
guiente dioCurso, en presencia de mas de diez mil de stis 
compatriotas: 

«Conciudadanos délos Estados Unidos: Cumpliendo con 
una costumbre tan antigua como nuestro gobierno, nne pre- 
sento ante vosotros k dirigiros ia palabra, y ] cresta r en vues- 
tra presencia el juramento que^ según la Constitución de 
los Estados Unidos, ha de prestar el Presidente antes de 
ejercer las funciones de su cargo. 

«No creo que tne sea nece.^arío, jior aboraj entrar en la 
discusión de materias administrativas sobre las cuales no 
se muestra ansiedad ni excitación. Parece que existen 
aprensiones en el pueblo de los Estados del Sur, de que 
con el adven i míenlo de una administnícion republicana 
corran riesgo sus propiedades, su tranquilidad y su seguri- 



YIDA DB LINCOLN 129 

dad personal. No ha habido nunca justificado motivo para 
tales temores; y la verdad es, que pruebas de lo contrario 
han estado en todos tiempos á ta vista y alcance de todos. 
Encuéntranse en casi todos los discursos públicos del que 
ahora os dirige la palabra. Me limitaré á citar de uno de 
ellos mi declaración deque «no tengoel ánimo de entrome- 
terme directa ó indirectamente con la institución de la 
esclavitud en los Estados donde ella existe, 19 Creo que no 
tengo derecho de hacerlo^ ni siento tampoco la inclinación- 
Los que me nombraron y elij^ieron, hiciéronlo con pleno 
conocimiento de que habla hecho esta declaración y mu- 
chas otras semejantes, sin haberlas retractado jamás^ y, 
lo que vale mucho mas, en el programa sometido á mi 
aprobación, como ley obligatoria tanto para mU como para 
ellos, pusieron la clara y terminante resolución que voy 
á leer: 

« Se resalvié: Que el inviolable mantenimiento de los de- 
rechos de los Estados, y especialmente el derecho de cada 
Estado para regir y gobernar exclusivamente sus propias 
instituciones internas, según mejor lo entienda, es esen- 
cial para mantener la balanza del poder, en cuyo equili- 
brio reposan la perfección y duración de nuestro sistema 
de gobierno; y que nosotros denunciamos, como el mayor 
de los crímenes, la ilegal invasión por fuerza armada del 
suelo de un Estado ó Territorio, cualquiera que sea el pre- 
texto. 

«Reitero ahora estos sentimientos; y al hacerlo sólo deseo 
dar al público una prueba tan evidente, como el caso lo 
permite, de que ningún peligro corren, bajo ningún aspecto» 
la tranquilidad^ la propiedad ó la seguridad de parte al- 
guna de la nación con la administración que ahora co- 
mienza. 

wY añadiré también, que toda la protección compatible 
con los limites preacriptos por la Constitución y las leyes, 
será acordada de buena gracia á todos los Estados, cuando 
sea legalmente demandada, por cualquier causa; y tan de 
buena gana se extenderá á. la una como k la otra sección 
del país. 

«Mucha discusión ocurre sobre entregar á los fugitivos del 
servicio ó trabajo. La cláusula que voy á leer, está conce- 



130 OBRAS DE SARUI£MTO 

bida en términos tan claros como cualquiera otra escrita 
en laCoDslitucíon: 

a Ninguna persona obligada á prestar servicio 6 trabajo 
«E perlas leyes de un Estado, y que se fugase á otro, podrá 
a ser exonerado de tal servicio ó labor, en virtud de regla* 
ff mentos ó leyes propias; sino que será entregado, á peti- 
« cion de la parte interesada, 4 quien dicho servicio ó tra- 
« bajo sea debido.» 

«Apenas habrá quien ponga en duda, que fué la mente 
de sus autores autorizar el reclamo de los que llamamos 
esclavos fugilivüs; y la intención del legislador hace fuerza 
de ley. 

«Todos los miembros del Congreso juraron observar toda 
la Constitución; incluso esta disposición como cualquiera 
otra. Por tanto» acerca de la proposición sobre que los 
esclavos, que se encuentran en el caso de esta cláusulüj 
«serán devueltos)*, sus juramentos fueron unánimes. Ahora 
bien; si ellos contrajeron este empeño tle buena gana, ¿no 
podrían con la misma unanimidad hacer y sancionar una 
ley, por medio de la cual se hiciese efectivo aquel unánime 
juramento? 

a Alguna diferencia de opinión existe sobre la cuestión de 
saber si esta clásula ha de ser ejecutada por la autoridad 
nacional ó la del Estado; pero sin duda que poco importa 
al esclavo cómo hade ser entregado, ni por qué autoridad 
se ejecute, ¿Contentariase alguien, en ningún caso, con 
faltar al juramento á pretexto de una nimia diferencia 
sobre cómo será, realizado? 

eiPor otra parte, en una ley sobre este a9unto¡ ¿no deben 
introducirse cuantas salvaguardias para la libertad se cono- 
cen en el mundo civilizado, k fin de que un hombre libre 
no sea en ningún caso entregado como esclavo? ¿Y no 
será conveniente al mismo tiempo proveer por medio de 
la ley, al cumplimiento de aquella otra cláusula que garan- 
tiza» «que los ciudadanos de un Estado tendrán derecho á 
todos los privilegios ó inmunidades de ciudadanos de los 
Tarios Estados ?ii 

«Yo presto hoy el juramento de oficio sin reservas men- 
tales» y sin el propósito de interpretar la Constitución y las 
leyes por reglas sofisticas; y mientras que no me propongo 
ahora especificar tal 6 cual acto del Congreso que deba ser 



TtDA. DB LINCOLN í$l 

ejecutado, me permitiré sugerir que es mucho mas seguro 
para todos, ya ocupen puestos oñciaLes, ó en su carácter 
particular, conformarse y ob8er?ar todas aquellas actas que 
no están derogadas; mas bien que violar una sola de ellas, 
en la confianza de quedar impunes, á la sombra de su pre- 
tendida inconstituclonaüdad> 

íiSetenta y dos años van transcurridos desde la primera 
inauguración de un Presidente bajo el imperio de nuesti a 
actual Constitución Nacional, Quince ciudadanos muy día* 
ttnguídos han administrado sucesivamente, durante aquel 
periodo, el ramo ejecutivo del Gobierno. Lo han condu- 
cido á través de no pocos peligros, y generalmente con 
feliz resultado, Y sin embargo, con todo este campo en 
donde buscar precedentes, yo entro á desempeñar la misma 
tarea, por el breve período constitucional de cuatro años, 
bajo grandes y peculiares embarazos, 

4[Lo que antes era solo una amenaza, es ahora unacons-^ 
pira cien formidable para disolver la Union federal. Yo 
tengo para raíj que en vista de la ley universal y de la Cons- 
titución, esa Union es perpetua. Esta condición de perpe- 
tuidad está implícita como explícitamente expresada en la 
ley fundamental de todos los gobiernos nacionalesp Puede 
con seguridad sostenerse, que jamas hubo un gobierno 
verdadero, que determinase en su misma carta constitu- 
cional un modo de acabar con su existencia. Continuad 
poniendo en planta todas las disposiciones terminantes de 
nuestra Constitución Nacional, y la Union durará por siem- 
pre; siendo impoMble destruirla, á menos que sea por algún 
acto extraño al texto mismo, 

•Por otra parte, si los Estados Unidos no forman un go- 
bierno cabal. Bino una asociación de Estados ligados pur 
simple contrato, ¿puede, como tal, ser disueito amigable* 
mente, sin el consentimiento de todas las partas que lo 
hicieron? Una de las partes contratantes puede violarlo, 
romperlo, por decirlo asi, ¿Pero no necesita para esto del 
asentimiento de todos para rescindirlo legalmente? Des- 
cendiendo desde estos princíi)ios generales, venimos á la 
conclusión de que está en la esencia misma de la Union, 
por toda ley y derecho perfecto, este carácter de perpetua: 
estando ademas confirmado por toda su historia pasada. 

«La Union es mucho mas antigua que la Constitución 



13S 0BKA.8 DE BiLÜMIENTO 

Fué fundadade hecho por los Artículos de Asociación de 
1774. Fué madurada y confirtxiada en la Declaración de 

la Independencia en 1776, Fué consolidada mas, empeñando 
y comprometiendo la fe de los trece Estados de entonces, 
por medio de los Artículos de Confederación de 1778; y final- 
mente en 1787, uno de los objetos expresos con que se formó 
y promulgó la Constitución, fué establecer una Union mas 
perfecta. Pero si la destrucción de la Union por uno, ó 
solo una parte de los Estados, fuese legalmente posible, la 
Union es menos que lo que antesera, habiendo la Consti- 
tución perdido su elemento vital de la perpetuidad. 

ftSiguese de esta manera de ver la cuestión, que ningún 
Estado por su propia inclinación, puede salir legalmente de 
la Union; que toda resolución ü ordenanza al efecto, es le- 
galmente nula; y que los actos de violencia en los límites 
de un Estado ó Estados contra la autoridad de los Estados 
Unidos, son movimientos insurreccionarlos ó revoluciona- 
ríosj según las circunstancias, 

ffConsidero, por tanto, que en vista de la Constitución y 
de las leyes, la Union no puede ser disuelta; y liasta donde 
llegue mi capacidad, tendré cuidado» como la Constitución 
misma me lo prescribe, de que las leyes de la Union sean 
fielmente ejecutadas en todos los Estados, Haciendo lo 
que creo un simple deber de mi parte, lo llenaré cumpli- 
damente, hasta donde sea practicable, y hasta que mi legí- 
timo amo, el pueblo americano, me suspenda la autorización, 
ó de alguna otra manera legal, me ordene lo contrario. 

«Confio que no se tendrá, esto como una amenaza, sino 
mas bien como la explícita determinación de la Union, de 
que se defenderá y mantendrá por sí misma. Para obrar 
así, no se requiere derramatniento de sangre ni violencia, k 
menos que se lo impongan á la autoridad nacional. 

ííEl poder que me está confiado, será empleado en sostener^ 
Qúupar y poseer la propiedad y plazas perlenecientes al gobierno^ y 
en recaudar los derechos é impuestos. Aparte de estas in- 
dispensables exigencias páblícas, no habrá invasión, ni uso 
de la fuerza, contra ningún pueblo en ningún lugar. 

«Si la hostilidad á los Estados Unidos llegase á ser tan 
grande y tan universal, que impidiese desempeñar em- 
pleos federales á ciudadanos competentes que residan allí^ 
no se int^iitará reemplazarlos con otros extraños que sean 



71DA DB LIHCOLN 13|' 

odiosos al pueblo, Aon cuando existo en el Gobierno el 

estricto derecho legal de sostener el ejercicio de aquellos 
empleos, sería tan irritante la tentativa de hacerlo, y casi 
tan impracticable ademas, que considero mejor prescindir 
por ahora del uso de aquellos empleos, 

ítEl servicio postal continuará desempeñándose en todos 
los Estados Unidos, á menos que sea impedido. 

ffEn cuanto cabe en lo posible, el pueblo por doquiera ten- 
drá conciencia perfecta de aquella seguridad tan favorable 
á la calma del pensamiento y á la reflexión. La marcha 
que indico será seguida mientras la corriente de los suce- 
sos ó la experiencia no aconsejen modiflcacion ó cambio; 
y en cada caso emplearé la mayor discreción, conforme á 
las circunstancias presentes; y con la mira y esperanza de 
asegurar una solución pacífica de las perturbaciones nació* 
nales y el restablecimiento de las fraternales simpatías y 
afecciones. No afirmaré ni negaré que hay personas, que 
tratan de destruir la ünion á todo trance, echando mana 
del primer pretexto para hacerlo. Pero si tales personas 
existen, no necesito dirigirme á ellas. 

«Mas á aquellos que aman la Union realmente, ¿nodebo 
hablar antes de que se comprometan en un asunto tan 
grave, como es la destrucción de nuestro edificio nacional, 
con todos sus beneficios, sus memorias y sus esperanzas ? 
¿No debemos averiguar por qué lo hacemos? A. ventura- 
riáis acto tan desesperado, mientras que una porción de 
los males de que queréis huir no tienen realmente existen- 
cia? Lo haréis, mientras los males reales á que corréis, 
son mayores que aquellos de que os quejáis? ¿Os arries- 
gáis á cometer un error tan serio? Todos profesan hallarse 
contentos con la Union, si pudieran conservarse intactos 
toáoslos derechos constitucionales, ¿Es cierto entonces 
que os haya sido denegado algún derecho ilanumente 
escrito en la Constitución? Creo que nó. afortunad imente 
el espíritu humano está constituido de tal modo, que nadie 
puede cometer la audacia de hacer esto. 

« Hallad, si podéis hacerlo, un solo caso en que os haya 
sido denegada una sola concesión, que esté llanamente es- 
crita en la Constitución. Si^ por la pura fuerza del número, 
una mayoría privase á una minoría de algún derecho eons* 
titucional claramente escrito, esto podría, bajo un punto 



134 QBñKB Da SAEMIKNTQ 

de vista moral, justificar la revolución; y la justificaría del 
torio, si fuese un derecho vital el denegado. Pero nada de 
esto sucede. 

cí Todos los derechos vitales de las minorías y de los in- 
dividuos les están garantidos de una manera tan sencilla 
en la Constitución por afirmaciones y negaciones, por ga- 
rantías y prohibiciones en la misma^ que nunca puede ha- 
ber controversia sobre ellos. Pero ninguna ley orgánica 
puede redactarse jamas con disposiciones aplicables especi* 
ficamente á cada cuestión que pueda ocurrir en la admi- 
nistración práctica. Ninguna legislación alcanza á antici- 
par, ni documento alguno de extensión racional, á contener 
disposiciones expresas para todas las cuestiones posibles. 
¿Habrán de ser los esclavos fugitivos entregados por las au- 
toridades federales ó la de los Estados? La Constitución no 
lo dice expresamente. De cuestiones de esta clase surgen to- 
das nuestras controversias constitucionales, y sobre ellas 
nos dividimos en mayorías y minorías, 

<í Si la minoría no quiere someterse, la mayoría debe ha- 
cerlo ó ei Gobierno dejar de existir. No queda otra alterna- 
tiva para continuar el gobierno» sino la aquiescencia de 
]a una ó de la otra parte. Si una midoría preñare desmem- 
brarse mas bien que ceder, establece un precedente que á 
su vez la dividirá y arruinará; porque una minoría saüda de 
su propio seno^ se desmembrará toda vez que una minoría 
rehuse someterse al juicio de la mayoría. ¿Por qué, por 
ejemplo, una porción de una nueva Confederación» no se 
separará, á su arbitrio, en uno ó dos años mas, precisa- 
mente como partes de la presente Union pretenden ahora 
separarse? Todos los que abrigan sentimientos desunionis- 
tas están ahora educándose para proceder así. ¿Existe acaso 
tan perfecta identidad de intereses entre los Estados que 
han de componer una unión, de modo que no produzca 
mas que armonía y prevenga nuevas desmembraciones? 
Claramente, la idea central del separatismo es la esencia 
misma de la anarquía. 

^ La única verdadera soberanía de un pueblo Ubre es una 
mayoría contenida por restricciones y limitaciones consti- 
tucionales, y que cambia siempre fácilmente con el curso 
regular de las opiniones é ideas populares. Cualquiera que 
la rechace, corre por precisión á la anarquía ó al despotis- 



/ 



TIDA HB LINCOLN 135 

mo. La unanimidad es imposible: la idea de una mayoría 
como base perm¿>nente de gobierno, es inadmisible. De 
manera que desechado una vez el principio de las mayo* 
ríds, todo lo que se deja es anarquía ó despotismo bajo al- 
guna forma, 

« No bago á un lado la posición asumida por algunos, de 
que laa cuestiones constitucionales deben ser decididas por 
la Suprema Corte^ ni niego que tales decisiones deban ser 
sentencias obligatorias para los interesados en un pleito, 
en cuanto al objeto de la lites; como también que sean dig- 
nas del mayor respecto y consideración en casos análogos 
para todos los departamentos de la administración; y mien- 
tras que es muy posible que tal decisión sea errónea en un 
caso dado, sin embargo, como el mal efecto que produciría, 
estaría limitado ¿I aquel caso particular, ademas de la pro- 
babilidad de que podría ser derogado, y no ser considerado 
ya como un precedente para otros casos, su mal resultado 
seria mucho mas tolerable que el inconveniente de una 
práctica contraria. 

« Al mismo tiempo todo ciudadano imparcial debe confe- 
sar, que si la politica del Gobierno sobre las mas vitales 
cuestiones que afectan á todo el pueblo, va á ser irrevoca- 
blemente fijada por las decisiones de la Corte Suprema, 
desde ese instante la nación abdicarla su soberanía y vo- 
luntad propia, como sucede en las causas ordinarias entre 
partes sobre acciones personales; á menos que de hecho 
hubiera depositado este poder en manos de aquel augusto 
tribunal 

«En esta manera de ver no hay agravio alguno á la Cor- 
te, óá los jueces. Es un deber á que ellos no pueden sus- 
traerse! el de decidir los casos que se les presenten, y no es 
culpa suya si otros tratan de hacer valer sus decisiones 
para ñnes políticos, Unaseccion de nuestro p^i^ cree que la 
esclavitud es ju^^ta y debe serextendiila, mientras que otra 
cree que es injusta, y que no debe extenderse. Esta es la 
única disputa sustancial; pues que la cláusula de la Constí* 
tücion sobre la devolución de los esclavos fugitivos y la ley 
que suprime la trata de esclavos extranjeros, son cada cual 
ejecutadas como quizá no lo fué ley alguna que tuviera con- 



láÓ OBRAS DK BARMIENTO 

tra SÍ la opinión popular, y no puede hallar mas que un 

apoyo imperfecto á su favor (*). 

e La gran masa del pueblo está por la estricta observan* 
cia de las obligaciones legales en ambos casos, y algunos 
hasta se sobrepasan en este punto. Esto á mi juicio no 
puede ser remediado del todo; y mayor sería el mal ea 
uno y otro caso, después de Ja separación de la Union. La 
trata de esclavos extranjeros no bien suprimida hasta aho- 
ra, sería revivida definitivamente sin restricción alguna en 
una sección; mientras que los esclavos fugitivos, sólo en 
parte devueltos ahora, no serian absolutamente entregados 
por la otra, 

a No podemos separarnos, físicamente hablando; no pode- 
mos apartar nuestras respectivas secciones, ni levantar 
una impasable muralla entre ellas» Marido y mujer pue- 
den divorciarse, y ausentarse el uno del otro, mas esto na 
es posible con las diferentes porciones de nuestro país. 
Fuerza les es pftmanecer frente á frente, y tratándose de 
cerca,hau de ser amigas ó enemigas* ¿Seríi posible que se 
lleven mejor después que antes de la separación? ¿Pueden 
los extraños celebrar mas fácilmente tratados, que lo que 
amigos hagan leyes entre si y para todost Suponed que 
tengáis guerra, aunque no siempre estaréis peleando» y que 
después de grandes pérdidas de ambas panes, sin ventaja 
de la una sobre la otra, cesará el conflicto; la misma cues- 
tión, en cuanto k los medios de comunicación, volvería á 
ocurrir- 

(t Este país y sus instituciones pertenecen al pueblo que 
lo habita. Cuando esté cansado del gobierno existente, 
puede en buena hura ejercer su derecho constitucional de 
reformarlo, ó su dereciio revolucionario de desintegrarlo 
ó destruirlo. No puedo ignorar el hecho de que muchos 
dignos y patriotas ciudadanos desean que la Constitución 
sea reformada; y al mismo tiempo que me abstengo de reco- 
mendar enmienda alguna, reconozco plenamente la com- 
pleta autoridad dei pueblo sobre todo este asunto, con tal 
que la ejerza en algunas de las formas prescritas por la 



(1) La verdad de esta aserción qnaáú Jaego comprobada por hs revúLactones del 
ceoso de 1860, por el cual consta que en Ioei diez años próximos pasados, se üa- 
Lían dcTuelto tíüS^ mltulrasiiue desde IB40 á 1850 ]a i^iSrz íné de lail. 



TlDi DI UNCOLN 137 

misma Constitución; y en las presentes circunstanciaa me 
inclinaría mas á favorecer queá oponerme á que^ presen- 
tándose una oportunidad natural, el pueblo ejerciese su 
derecho. 

« Me aventuraré á añadir que me parecería preferible pro- 
ceder por medio de una Convención, en razón de que este 
modo permite que las reformas emanen del pueblo mis- 
moj en vez de concederle solamente el aceptar ó rechazar 
las que se originen en personas que no han sido especial- 
mente elegidas para aquel objeto; y que podrían no ser 
precisamente aquellas enmiendas que desearía aceptar ó 
rechazar. 

«Entiendo que el Congreso ha sancionado una enmienda 
á la Constitución (cuya enmienda, sin embargo, no he visto)^ 
proponiendo que el Gobierno Federal no pueda intervenir 
jamas en las instituciones puramente locales de los Estados^ 
incluyendo las personas sujetas á servidumbre, 

it Para evitar una mala inteligencia de lo que he dicho* 
me aparto de mi propósito de no hablar sobre tal ó cual 
reforma en particular, sólo para decir que, deduciéndose 
por implicancia esta disposición de nuestra ley constitucio- 
nal actual, no tengo objeción alguna para que se haga explí- 
cita é irrevocable. 

«El Magistrado Supremo deriva del pueblo toda su auto* 
ridad, y ninguna le ha sido conferida para fijar los términos 
en que ha de efectuarse la separación de los Estados. El 
pueblo mismo puede hacerlo^ si así le place^ pero el Ejecu- 
tivoj en su carácter de tal^ na Ja tiene que ver con ello. Su 
deber es administrar el presente gobierno, tal como vino á 
sus manos, y transmitirlo sin menoscabo á su sucesor, ¿Por 
qué no aguardaríamos con confianza la justicia decisiva del 
pueblo? ¿Promete acaso el mundo una esperanza parecida 
ó mejor? Tienen ambos partidos una misma fe en su de- 
recho en la actual contienda. Si el Supremo Regulador 
de las naciones con su eterna verdad y justicia estí't con 
vosotros los del Norte, ó con vosotros los del Sur, esa 
verdad y esajusticia prevalecerán sin duda» en virtud del 
juicio de este gran tribunal, el pueblo americano. Según 
la forma de gobierno bajo la cual viviraoSj ese mismo 
pueblo ha dado muy sabiamente escasísimas facultades h 
sus servidoros públicos para hacer e! mal, y con no menos 



138 OfiHAuS Dfi SARMIENTO 

sabiduría ha dispuesto que aun ese limitado poder venga á 
sus manos por muy cortos intervalos. Mientras el pueblo 
conserve su virtud y vigilancia, ninguna administración 
puede, por exceso de maldad ó locura, inferir daño de gra* 
vedad al gobierno en el breve espacio de cuatro años, 

«CorapatriotaSj ruego á todos y á cada uno que piensen 
bien y tranquilamente sobre todo este asunto. Nada de 
valor se perderla por darse tiempo- 

cf Si hay objeto para que alguno de vosotros se precipite 
á dar un paso, que jamas habría dado deliberadamente, 
la consecución de tal fin no se frustrará sin duda por 
darse algún tiempo. El tiempo no daña á las empresas 
laudables, 

«Aquellos que entre vosotros que mas que menos descon- 
tentos se muestran, tenéis aún incólume la vieja Consti- 
tución, y las leyes que vosotros mismos os habéis dado; 
mientras que la nueva administración no tiene facultad 
para cambiarlas, aunque lo quisiera. 

«Dando por sentado, que aquellos de vosotros que os 
manifestáis mas desavenidos^ tuviereis la razón de vuestra 
parte en esta controversia, no tenéis un solo motivo para 
precipitaros á obrar. La inteligencia, el patriotismo y una 
firme confianza en Aquel que nunca dejó de su mano esta 
tierra predilecta, son hoy, como antes, suficientes para 
a justar del mejor modo todas nuestras presentes discu- 
siones. 

«En vuestras manos, oh! descontentos compatriotas míos! y 
no en las mías, está el terrible recurso de la guerra civil. 
El Gobierno no os acomete. 

«No puede haber conflictos sí vosotros no soislos agreso- 
res. No tenéis un juramento ya anotado en el Cielo de 
defender el Gobierno, mientras que yo he hecho el mas 
solemne de conservarlo, defenderlo y protegerlo. 

«Necesito concluir. Nosotros no somos enemigos, sino 
amigos. No debemos ser enemigos. Aunque la pasión haya 
puesto tirantes nuestros vínculos de afección, no debemos 
romperlos. 

«Las místicas cuerdas de la memoria, tendidas desde el 
campo de batalla y del sepulcro, de cada patriota, hasta el 
corazón mismo de cada uno de los que viven, y de cada 
hogar patriOj reforzarán el coro de la Union, si vuelven, como 



TIPA BE LINCOLN 139 

siQ duda volverán^ k ser pulsadas por los ángeles buenos 
de rueslio destioo.» 

Un punto quedó determinado en esta inauguración^ 
cualesquiera que fuesen las iucertidumbresque flotasen en 
torno. Había por lo menos un Gobierno, No era ya 
un Buchanan el que mandaba. Los hombres leales de todos 
los colores respiraron mas á sus anchas. Al mismo tiempo 
la impulsión dada tendía á operar una reconciliación hono- 
rable, si ésta era posible. Si después de aquella templada 
y lucida exposición de los planes y propósitos de Ja nueva 
Administración, había de descargarse el golpe que todos 
deseaban evitar, consolaba sentir, como cada uno da los 
que oyeron A Mr. Lincoln aquel memorable día sintieron, 
que estaba al timón un hombre que tenía firme fe en la 
ley orgánicaj y que tan lejos de favorecer la disolución de 
la Union, poseía vitalidad y fuerza suficientes para defender 
la nación de los peligros interiores como exteriores. 

El anuncio del gabinete del Presidente, compuesto igual- 
mente de los hombres mas hábiles de su partido, cuya 
mayoría los había creído dignos de figurar como candidatos 
para el alto oficio que él desempeñaba, inspiró confianza á 
todos los que (leseaban el bien del país. La hábil pluma del 
Secretario de Estado, Mr. Seward, fué puesta en juego á la 
vez, para comunicar á las potencias europeas, por medio de 
nuevos ministros en el exterior, el verdadero estado de los 
negocios. Tan pronto como fué posible, todas las oficinas 
fueron purgadas de empleados desleales, si bien las decep- 
ciones y los subterfugios que constituían buena parte del 
capital de la rebelión, retardaron esta obra mas tiempo del 
' que desearan algunos. 

La dinastía de Davis y de Montgomery expidió un 
decreto para organizar un ejército confederado, y dos per- 
sonas, de Alabama una, y otra de Georgia, se anunciaron, 
tres días después, como «Comisionados Confederados» 
acreditados para negociar un tratado. El Presidente se 
negó á reconocer tales Comisionados, dándoseles por toda 
respuesta una copia del discurso inaugural, por contener 
una plena exposición de sus miras. 

El 21 de Marzo, Alejandro Stephens, de Georgia, elegido 
Vice-Presidente de los traidores de Montgomeiy, aunque 
hasta entonces era mirado como uno de los mas moderados» 



140 OBRAS DE SARMIENTO 

como ciertamente era uno de los mas hábiles conspiradores, 
acalló toda discusión sobre el intento que abrigaban él y sus 
cofrades de rebelión. En aquella ocasión dijo: 

«La nueva Constitución (la adoptada en Montgoraery) ha 
puesto para siempre el sello á todas las irritantes cuestiones 
relativas á nuestras peculiares instituciones — declarando la 
esclavitud africana, tal como existe entre nosotros, el estado 
normal del negro en nuestra forma de civilización. Esta fué 
'a inmediata causa de la última ruptura y de la revolución 
presente. Jeflferson había previsto con mucha anticipación 
que éste sería el escollo en que la vieja Union vendría á 
fracasar. Tenía razón. Lo que para él era conjetura, es 
ahora un hecho consumado. Pero es dudoso que él hubiese 
comprendido la gran verdad sobre la cual reposaba y reposa 
este escollo. Las ideas prevalecientes y sostenidas por éU 
y la mayor parte de los grandes estadistas de la época de 
la formación de la antigua Constitución, eran que la escla- 
vización de los africanos constituía una violación de las leyes 
de la naturaleza; que la esclavitud, en principio y en poli* 
tica, era social y moralmente injusta. Considerábanla como 
un mal, de que no sabían cómo librarse; pero la opinión 
general de los hombres de aquella época era, que, de 
un modo ó de otro, estaba decretado en el orden de la 
Proviílencia que la institución había de desvirtuarse y 
desaparecer, 

«Nuestro nuevo Gobierno está fundado en ideas precisa- 
mente opuestas. Sus cimientos están echados, y su piedra 
angular descansa sobre la gran verdad, de que el negro no 
es igual al hombre blanco; y que su condición natural es la 
esclavitud y la subordinación á la raza superior. Este nues- 
tro gobierna es el primero en la historia del mundo, que 
tenga por base aquella verdad física, filosófica y moral. . ,, 
Sobre ella, como ya lo he dicho, reposa firmemente nuestro 
edificio social; y no admite duda, que al íin será plenamente 
reconocido este principio por todos los pueblos cultos ó 

ilustrados del mundo Esta piedra, desechada por los 

primeros arquitectos, ha venido á ser la piedra angular de 
nuestro nuevo edificio.» 

El 13 de Abril se presentó al Presidente una Comisión del 
Estado d© Virginia, que á la sazón discutía la cuestión sobre 
si había de unirse á los Estados ya en rebelión, ó niante- 



y ID A DE LINCOLN 141 

cerse en la Union^ con el íin de servir á los fines de los 

rebeldes. El objeto déla visita y su resultado, pueden de- 
ducirse de la respuesta de Mr. Lincoln: 

ü Caballeros: Como comisionados de la Convención de 
Virginia, actualmente en sesiones, me presentáis un preám^ 
bulo y resoluciones concebidas de esta manera: 

a Por cuanto : En la opinión de esta Convención, la in- 
<í certidumbre que prevalece en el ánimo del público sobre 
4í la politica que el Ejecutivo Federal se propone seguir con 
ft los Estados desmembrados, es en extremo perjudicial para 
«t los intereses comerciales é industriales de la nación, y 
<í tiende á mantener una agitación desfavorable para el 
<í arreglo délas dificultades pendientes, y amenaza pertur- 
c bar la tranquilidad pública; por tanto, 

^Se resttelve: Que se nombre una Comisión de tres de- 
fí legados, para que acercándose al Presidente de los Esta- 
ff dos UnidoSj le presente este preámbulo, y le pida respe* 
<r tuosamente instruya á esta Convención sobre la política 
« que se propone seguir con respecto á los Estados Confe- 
« derados.» 

fí En respuesta debo decir* que habiendo al principio de mi 
periodo oficial expresado tan llanamente como me era dado 
la política que intento seguir, no sin profundo pesar y des- 
engaño sé ahora, que existe una grande y penosa incerti- 
dumbre, sobre la política y rumbo que me proponga adop- 
tar. No habiendo visto hasta íiqui motivo para alterar mi 
determinación de llevar adelante la marcha indicada en mi 
discurso de inauguración, recomiendo un prolijo estudio 
de aquel documento, como la mejor expresión que me sea 
lícito dar á mis propósitos. Lo que entonces dije alli, lo 
repito ahora. El poder que me está confiado, i o em^ílearó 
en mantener, ocupar y poseer Jas propiedades y plazas per* 
tenecientes al Gobierno, y en recaudar los derechos é im- 
puestos; pero mas allá délo que estos objetos exijan^ no 
habrá invasión ni uso de la fuerza contra el pueblo en nin- 
guna parte. Por las palabras «propiedades y plazas pertene* 
cientes al Gobierno» doy á entender principalmente los 
puestos militares y propiedades que estaban en posesión 
del gobíernOj cuando éste vino á mis manos. Mas, sí, como 
ahora aparece serla verdad, se ha cometido un violento ó 
injuatiticable ataque contra el fuerte Sumter^ para llevar 



14Z OBRAS DB SARMIENTO 

adelante el plan de despojar á la autoridad de los Estados 

Unidos de esta plaza, yo me tendré en libertad de recupe' 
rarUj si puedo, tanto como las plazas que fueron tomadas 
antes que el Gobierno viniese á mis manos; y en todo caso^ 
apuraré el ultimo recurso para repeler la fuerza. En caso 

que resuite cierto, como se refiere, que el castillo deSumter 
ha sido asaltado, quizá me vea en la precisión de ordenar 
que cesen los correos federales en todos los Estados que pre- 
tendan haberse separado; cre-yendo que el rompimiento de 
una guerra efectiva contra los Estados Unidos justifica, y 
tal vez exige, aquella providencia. Apenas creo necesario 
decir, que considei^o pertenecer siempre al Gobierno de los 
Estados Unidos los fuertes militares y propieiiades situadas 
dentro de los Estados que pretenden haberse separado, en 
los mismos términos que le pertenecían antes de la preten- 
dida separación. Aparte de los medios para conseguir esto, 
no intento cobrar las contñbuciones y derechos, invadiendo 
el país con fuerza armada; bien entendido, empero, que me 
reservo la libertad de desembarcar tropas para socorrer las 
plazas situadas dentro de un Estado, si así lo creyere pre- 
ciso. Del hecho de haber citado una parte de mi discurso 
inaugural, no ha de inferirse que repudio ninguna otra de 
sus parteSj corroborándolo todo, por el contrario, salvo que 
se tenga por modificación lo que digo ahora con respecto 
á. la administración de correos.» 

El fuerte Sumtercayó al día siguiente de la recepción de 
estos comisión adosj después de agotados todos los recursos 
á. la disposición del gobierno, para impedir lo que entonces 
fué considerado como una catástrofe. No quedaba sino una 
interpretación del acto, á saber: que en adelante toda recon- 
ciliación era imposible. Se había apelado k la espada; el 
poder y autoridad de íos Estados Unidos habían sido desa* 
fiados,y ninguno que hiciera alarde de leal debía trepidar 
un instante. Si, á despecho de todo, había todavía algunos 
que se entregaran á la ilusión de que una transacción podía 
aun salvar la nación del tremendo conflicto, Abrabam Lin- 
coln no pertenecía á, ese número. 



LLAMAMIENTO A LAS ARMAS 



PrjeUmacíon I laman do á las armas la mlllda.— Bortisia^mo en et Norte.^ 
Oposición d« los Estados LDterme di arios.— Primer derramamiento de saog^tv^^Carta 
á las a ti tari dados de MarlLandla*— BLoqueo de los puertos del Sur^Actltud de ta 
Baropa.—Jh omento del ejército.— Ha pldez de los allstamleotoa^ 



Cató el fuerte Sumter, pero la nación se puso en pie. 
Ck)n un solo pensamiento, loa Estados libres detemninaron 
aplastar la rebelión; y aun los que simpatizaban con ella, ó 
sea* los traidores de corazón, que se abrigaban en los Esta- 
dos leales, prefirieron seguir la corriente. Los mas perspi- 
caces de entre ellos vieron bien en qué ventajoso terreno se 
hallarían con conducta tan avisada, para cuando sobre- 
Tíntese U reacción que esperaban, y por la cual trabajaban 
en secreto. Pero como la gran naasa dei pueblo no habría 
admitido la posibilidad de una reacción, la acción continuó 
siendo la orden del dia, hasta que el negocio que tenía 
entre manos quedase terminado. 

El 15 de Abril de t861 expidió el Presidente su primera 
proc lama c ton ó decreto. 

Por cuanto : Durante algún tiempo y hasta el presente las 
leyes de los Estados Unidos han sido resistidas, y obstruida 
su ejecución en los Estados de la Carolina del Sur, Georgia^ 
Alabama, Fiorida, Mlssissipi, Luisiana y Texas, por cumbi- 
naciones demasiado poderosas para ser reprimidas por el 
curso ordinario de los procedimientos judiciales, ó por los 
poderes de que están investidos los ejecutores legales 
(Marshalti). 

u,pQr tanto: Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los Estados 
Unidos, en virtud del poder que me confieren la Constitución 
y las leyes, he creído deber convocar, como por esta con- 
voco, á la milicia de los varios Estados de la Union, hasta 
enterar el número de setenta y cinco mil hombres, á ñn, de 



I4i OBRAS D£ SAEUIBNTO 

reprimir dichas combinaciones, y de hacer que las leyes 
sean debidamente ejecutadas, 

íiPor medio de Ministerio de la Guerra se comunicarán 
los detalles respectivos k las autoridades de los diversos 
Estados» Conjuro k todos los ciudadanos leales áque secun- 
den, faciliten y ayuden este esfuerzo, á fin de mantener 
el honor, La integridad, y la existencia de nuestra Union 
Nacional, y la perpetuidad del gobierno popular y reparar 
los agravios, ya tolerados en demasía. Creo oportuno decir 
que el primer servicio exigido de las fuerzas convocadas 
por esta orden, será probablemente el de recuperar los 
fuertes, plazas y propiedades tomadas á los Estados Uni- 
dos; y en todo caso, han de empeñarse, en cuanto sea com* 
patible con el objeto antedicho, en evitar toda devastación 
y destrucción de propiedades particulares, y no intervenir, 
ni molestar á los conciudadanos pacificos de parte alguna 
del país; y por tanto, ordeno á las personas que componen 
la combinación dicha se dispersen y retiren tranquilamente 
á sus respectivas moradas, dentro de los veinte días de la 
fecha. 

<í Considerando que la condición presente de los negocios 
públicos, demanda medidas extraordinarias, convoco por 
esta, en virtud de las facultades que me confiere la Consti- 
tución, k ambas Cámaras del Congreso, Los Senadores y 
Representantes son, por tanto, emplazados áque se reúnan 
en sus respectivas Salas á las doce del día, el 4 de Julio 
próxüiio, para deliberar allí, y determinar las medidas que 
á su juicio requieran el interés y la seguridad pública. 

«En testimonio de lo cual, lo he firmado de mi mano, y 
ordenado sea refrendado con el sello del Estado. 

<c Dado en la ciudad de Washington, k los 15 días del mes 
de Abril del año de Nuestro Señor de mil ochocientos sesenta 
y uno, y de í a Independencia de los Estados Unidos el octo^ 
gésimo quinto. 

«Por el Presidente, Arráham Lincoln, 

ícWilliamH- Seward, Secretario de Estado,» 

En respuesta á esta proclamación se tuvieron en todos 
los Estados leales meetings püblicos llenos de entusiasmo. 
Toda divisa de partido fué enterrada por lo pronto; y el 



ri0A DE LmOOLM 145 

alistamiento se hizo casi universal. Washington, que por 
Qü tiempo estuvo en inminente peligro» se halló presto tan 
bien defendiJo, que se declaró fuera de todo riesgo. Nadie 
é nauy pocos dudaban de que con la fuerza, llamada ¿ las 
armas la rebelión seria sofocada en su cuna; si bien la mi- 
noría mas sagaz meneaba la cabeza y pedía que se pusiesen 
en pie un millón de hombres. La ocasión habia llegado 
para que los Estados limítrofes eligiesen entre el partido 
del Gobierno, ó favoreciesen mas ó menos disimuladamente 
A ios rebeldes. Pronto se oyó decir á Mago ffin. Gobernador 
del Kentuclty: «El Kentucky no contribuirá con tropas 
para el perverso intento de subyugar á sus hermanos de 
loa Estados del Sur.ií Letcher de Virginia respondía; «La 
milicia de Virginia no será puesta á disposición de los 
poderes de Washington para el caso ú objeto que tienen en 
mira;» y el 17 el Estado era arrastrado á sancionar en 
secreto una ordenanza de separación, comenzando inme- 
diatamente aquellos aprestos de defensa, cuyos amargos 
frutos estaba destinado á. cosechar tan pronto y tan desas- 
trosamente. Los Ejecutivos de Tennessee y de la Carolina 
del Norte rehusaron igualmente cumplir las órdenes del 
Gobierno; y tanto éstos como A^rkansas, se pasaron & la 
titulada Confederación. 

¿Cómo recibió el cónclave de los rebeldes en Montgomery 
el llamamiento de tropas? Se echaron á reír. 

La primer sangre derramada en la guerra lo fué en las 
calles de Baltimore el 19 de Abril. Al pasar por aquella 
ciudad las tropas de Massachusetts, para la defensa de la 
capital común, fueron atacadas por una turba instigada y 
movida por hombres de propiedad y posición social. El 
Estado se mantenía fluctuando entre la lealtad y la trai- 
ción. 

A haber sido otra su posición geográfica, habría indispu- 
tablemente abrazado la causa del Sur. Su Gobernador, sin 
embargo, se inclinaba poderosamente á sostener al Gobier- 
no, aunque las embarazosas circunstancias en que se hallaba 
colocado, le imponían la necesidad de manejarse con mucho 
tacto y destreza. 

Propúsose seriamente no mandar mas tropas por la vía 
de Baltimore. 

Tomo xxtu.— 10 



H6 OBRAS DE SARMIENTO 

AI día siguiente de este ataque, el Presidente contestó á 
la connunicacion que contenía aquella mesurada propost* 
clon con la siguiente carta: 

Wasüihístoh» Abril 90 de 18^1. 

«Gobernador Hicks y Corkegidok Mayor Bhown : Ha sido 
recibida vuestra carta por conducto de los señores Bond y 
Dobbinp Doy á ambos las gracias por sus esfuerzos para 
mantener la paz en Jas difíciles circunstancias que los 
rodean. En adelante se han de transportar tropas por allí, 
aunque no insisto en que sea atravesando por las calles de 
Baltimore. 

«Careciendo yode todo conocimiento miütarj los detalles 
han de quedar necesariamente á la voluntad del General 
Scott. 

aEsta mana na* en presencia de aquellos caballeros, dijo 
en el primer momento: «Que marchen rodeando á Baltimoret 
y no por medio de sus calles*» 

«Confío sinceramente en que el General, después de ma- 
dura reflexión^ considere esto practicable y acertado; y 
que Vds. no tendrán reparo que liacer á este arbitrio. Asi 
se evitará todo choque entre las tropas y el populacho de 
Bal ti more, á menos que salgan á buscarlas. Espero que 
ejerceréis vuestra influencia para evitarlo. Ahora y siem» 
pre trabajaré por Ja paz, en cuanto esté á mi alcance, y 
sea compatible con el mantenimiento del Gobierno. 

«Vuestro obediente servidor, - 

« A. Lincoln, i» 

A una delegación de simpatizadores con la rebelión del 
mismo Estado, que iba á suplicarle que hiciera cesar las 
hostilidades hasta que se reuniese el Congreso, acompañan- 
do su modesta peticioln con Ja amenaza implícita de que 
setenta y cinco mil marilandeses disputarían el paso de 
mas tropas, por el territorio de aquel Estado, Lincoln 
observó fríamente: que presumía que habría en todo el Es- 
tado espacio Buñciente para enterrar todo aquel número; y 
se negó á acceder ala propuesta. El enredo de Maryland 
fué poco tiempo después arreglado, tomándose serias medi- 
das preventivas y de represión contra nuevas tentativas 
de aquel lado. 



VIDA DK LlHGOLXí 147 

El 19 de Abril se declararon bloqueados todos los puertos 
de los Estados en rebelión, por el siguiente decreto: 

^Par cuanto: Ha estallado una insurrección contra el Go- 
bierno de los Estados Unidos, en los Estados d© la Carolina 
del Sur, Georgia, Alabama» Florida, Miasissipi, Luisíana y 
Texas, y no pudiendo administrarse eficazmente en ellos 
las leyes de los Estados Unidos para la percepción de las 
rentas, en conformidad con lo dispuesto por la Constitu- 
ción, que prescribe que los impuestos sean uniformes en 
todos ios Estados Unidos; 

« Y por cuanto: Una combinación de personas, comprome- 
tidas eo tal insurrección, ha amenazado con que emitirán 
pretendidas patentes da corso, autorizando á los tenedores 
de ellas, á asaltar las vidas, propiedades y naves de los 
buenos ciudadanos del país, que se ocupan de un comercio 
legal en los mares, y en las aguas de los Estados Unidos; 

«t Y por cuanto: Ya se ha expedido una Proclamación del 
Ejecutivo requiriendo á las personas que tomen parte en 
aquellos ilícitos procederes para que desistan de ello, 
llamando fuerzas de milicia con la determinación (le repri- 
mirlos, y convocando al Congreso á sesiones extraordina- 
rias para deliberar y determinar lo conveniente ; 

uPor tanto: Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los Estados 
Unidos» en vista del mismo propósito antes mencioná'do, y 
con el ánimo de proteger la paz pública, y las vidas y pro- 
piedad de los buenos y tranquilos ciudadanos consagra- 
dos lícitamente k sus ordinarias ocupaciones, hasta que 
€l Congreso se haya reunido y deliberado sobre los dichos 
ilegales procedimientos, y hayan cesado óatoSj he creído 
ademas oportuno establecer el bloqueo de todos los puer- 
itis comprendidos dentro de los dichos Estados, en cum- 
plimiento de lo que disponen las leyes de los Eí^tadüs 
Unidos y el derecho de gentes» En vista de esto se apos- 
tará fuerza suficiente para impedir la entrada y salida de 
buques de los puertos antedichos* Mas^ si con el intento 
de violar dicho bloqueo, se aproximara un buque» ó tra- 
tase de Sijlir de alguno de los dichos puertos^, sera amo- 
nestado debidamente por el comandante de una de las 
naves bloqueadoras* quien asentará en su registro el hecho 
y la fecha de tal prevención; y si el mismo buque intentase 
nuevamente entrar, ó salir del puerto bloqueado, será cuptu- 



14Í OBE^S D£ aAHMlKl4Ta 

rado y enviado á^ un puerto inmediato conveniente, para 
seguirse causa contra él y su carga como presa legitima, 
según se crea mas propio. 

(íY también por esta mi orden proclamo y declaro, que si 
alguna persona, obrando en conformidad con la pretendida 
autorización de los dichos Estados, ó bajo cualquiera otro 
pretexto, molestase k un buque de los Estados Unidos ó á 
leus personas y carga en él contenidas, tales personas que- 
darán sujetas á las leyes de los Estados Unidos para la re- 
presión y castigo de la piratería. 

tPor el Presidente, A^eííji^m Lincoln, 

«WiLUAM H, Sbwajld, Secretario de Estado.^ 

El 97 de Abril fué expedida la siguiente nueva proclama 
ó decreto; 

uPor cuanto: Por las razones asignadas en mi Proclama- 
ción del 19 del corriente, se ordenó establecer el bloqueo 
de los puertos de los Estados de la Carolina del Sur, 
Oeorgia, Florida, Alabama, Luis» ana, Mississipi y Texas; 
y por cuanto desde aquella fecíia ha sido ocupada la pro- 
piedad pública de los Estados Unidos, obstruida la recau- 
dación de las rentas, y oficiales de los Estados Unidos 
debidamente nombrados^ han sido^ mientras desempeña- 
ban las órdenes de sus superiores, arrestados y custodia- 
dos como presoSj ó se les ha impedido desempeñar sus 
deberes oficiales, sin el debido proceso legal, por personas 
que pretenden obrar bajo la autoridad de los Estados de 
Virginia y de la Carolina del Norte^ se declara también 
establecido el bloqueo de los puertos de dichos Estados. 

«En testimonio de lo cual, etc. ( *). 

aABH^HAM LlfíGOLK.» 

Esta medida afectaba gravemente los intereses comer- 
ciales de las potencias europeas, que no anduvieron 
remisas en anunciar que el bloqueo debía ser efectivo para 
que fuese respetado; suponiendo, como creian los rebel* 
des, que lo que exigiau era prácticamente imposible rea- 
lizar. Decir que iban errados en esta opinión, seria sólo 



H) Por eviUr prolijidad iQnecemrla. suprimiré mas en adelaoU la fármuia ñnal, 
^que procede en todas las proclam^dones y decretos |á la firma del Presiden U. 



VIDA DE LUfCOLN 149 

asegurar lo qae hoy está k la vista de todos; añadiendo 
sólo una masa la lista de equivocacLoues garrafales come- 
tidas» durante el progreso de la guerra, por las dos 
Daciones europeas mas profundamente interesadas en su 
desenlace. 

Muy pronto se apercibieron de que habría necesidad da 
un ejército mucho mas numeroso; pues ya Da vis mismo, 
el titulado Pregidente de los rebeldes, ea un mensaje á 
gu Congreso^ U proponía «organizar y tener disponibles 
para entrar en campaña, según lo pidiese la situación » un 
ejército de seiscientos mil hombres». £n consecuencia, 
el 3 de Mayo se hizo otro llamamiento de tropas, con- 
tando con que el acto merecería la aprobación del Con- 
greso en las sesiones extraordinarias; como se yerificó sin 
oposición alguna. 

Foreste decreto se pedían 42.034 voluntarios» que debían 
se nrir por tres años, en la infantería ó en la caballerict: el 
ejército de linea debía aumentarse á 29,700 hombres, en 
siete regimientos de infantería,, uno de caballería y otro de 
artillería. El alistamiento de 18.000 marineros por tres años 
fijos, fué también decretado para el servicio de las fuerzas 
navales de los Estados Unidos. 

El 10 de Mayo de 1861 se promulgó una orden dada al 
comandante de las fuerzas de los Estados Unidos en la 
Florida, para no permitir el ejercicio de oficio ó autoridad 
en las islas de Key West, las Tortugas y Santa Rosa, 
que no fuese conforme & la Constitución de los Estados 
Unidos; autorizándole al mismo tiempo, si lo creía nece- 
sario, para suspender allí el privilegio del habeas corpus; 
ó sea la proclamación del estado de sitio, y la facultad 
de remover de la vecindad de las fortalezas de los Esta- 
dos Unidos á todas las personas peligrosas ó sospechosas. 

En el entretanto, se presentaban voluntarios para la 
defensa del país, en mayor número que el que podía 
aceptarse, y la pugna era mas bien á. quien aseguraba 
para si la codiciada distinción de ciudadano soldado. 
Teníase en mira un pronto movimiento sobre los rebel- 
des de Virginia, y se esperaba confiadamente que avan- 
zar y poner en fuga á los enemigos del gobierno sería 
todo uno. 



ACCIÓN DEL CONGRESO 

Reunión del Congreso,— Mensaje del Presidente.— Progreso de la reís el Ion* — 
Acción tolerante del G oble rn o.— Circunstancias que fariaron la rendición de 
Samier.^La ag^r^lOD estuvo de parte del Sur.— ¿Puede una República democrá- 
Ika defenderse de sus eaemlgos interiores?— Deserción de los Estados IJmltrofeá. 
— Conduela úa Virginia.— Abs arda pretensión de neuiralidad de algunos Estados. 
—Defensa délos aetos a d ral al stpatlvos.— Salvarla fiepúbllca y do una ley, la Urea 
del fio bíern o.— Necesidad de grandes preparativos bíblicos.— Sailsmas inventados 
para popularizar la rebellón^- La Union es anterior y precede á la pretendida 
soberanía de los Estados.— Absurdos de la opinión contraría.— La sepüracton es 
contra el sentir de la mayoría del Sur.— Extraonllnarla Inteligencia y patriotismo 
deí pueblo.— Carácter esencialmente popular de la lucha.— Penoso deber del 
Gobierno.— Actos del Congreso.— Fija el objeto de la guerra.— La derrota de 
Bull Mun. 



La primera sesión del Congreso durante la administración 
de Mr, Lincoln comenzó el 4 de Julio de 1861, con arreglo á 
la convocatoria, Ei Ejecutivo pasó entonces el siguiente 
Mensaje: 

«COKCIUDADANOS DEL SeNADO Y SaLA DE REPRESENTANTES! 

Habiendo sido convocados á sesiones extraordinarias, según 
me autoriza la Coastltucion, no seos pedirá deliberar sobre 
asuntos ordinarios de legislación. 

aAl principio del actual período presidencial, desde 
cuatro meses á esta parte, pudo notarse que las funcio- 
nes del Gobierno federal estaban en lo general suspen- 
didas denti^o de cada uno de los Estados de la Carolina 
del Sur, Georgia, Alabama, Mississipi, Luisiana y Florida; 
no quedando en pie mas que la Administración de 
Postas* 

«En estos Estados, todos los fuertes, arsenales, diques» 
aduanas y otros semejantes, incluyendo las propiedades 
muebles y fijas dentro de ellos ó k sus alrededores, han 
sido tomados y retenidos en abierta hostilidad hacia este 
Gobierno. Sólo los fuertes Pickens, Taylor y Jefferson, 




TIDA DB tmoOLH 151 

en la costas de Florida ó cerca de ella, y el fuerte Sumter» 
en la bahía de Charleston» quedaban en poder de ]a 
nación. Las plazas así tomadas han sido reforzadas, cons- 
truíi^iose otros fuertes^ y se han organizado fuerzas arma- 
das, y están organizando otras con el mismo y declarado 
intento, 

«Los fuertes que permanecen en poder del Gobierno den- 
tro, ó cerca de estos Estados, han sido sitiados, ó amenaza- 
dos por preparativos bélicos; y principalmente el fuerte 
Sumter ha sido casi del todo cercado por bien protegidas 
baterías enemigas, con cañones iguales en calidad á los 
mejores de los nuestros, y excediendo en cantidad á loa 
Últimos, quizá en la razón de diez á uno. Una propor- 
ción iadebiila de fusiles y rifles pertenecientes al Gobierna 
federal, se encontró^ no sabría decir cómOj en manos de 
aquellos Et^tados^ 

«Depósitos de las rentas públicas que se habían acumu- 
lado allí, han sido también ocupados con el mismo objeto. 
La marina se encontraba dispersa por mares lejanos, 
dejando sólo una pequeña parte de ella k la disposición 
inmediata del Gobierno. 

ft Gran ndmero de oficiales del Ejército federal han renun- 
ciado, y una buena parte de ellos han tomado ya armas 
contra el Gobierno, 

« Simultáneamente y en conexión con todo esto, se ha 
proclamado abiertamente el propósito de disolver la Union 
federal; y en conformidad con esto, se ha adopta ti o una 
ordenanza en aquellos Estados, declarándose respectiva- 
mente separados de ía Union aacionaK Se ha promulgado 
una especie de forma de gobierno formado de la combina- 
ción ó liga de aquellos Estados; y esta ilegal orgauixacion, 
que se estila los a Estados Confederados », estaba ya invo- 
cando el reconocimiento, la ayuda y la intervención de los 
poderes extranjeros. 

^^Encontrando las cosas en este estado, y creyendo de impe- 
rioso deber para el Ejecutivo entrante, estorbar, si era po- 
sible, que se consumase un tal atentado para destruir la 
Union, se hizo indispensable fijarse en algún medio de con- 
seguirlo. Este partido fué adoptado y declarado en el dis- 
curso inaugural. 

« La política adoptada tendía á agotar todas las medidas 



152 OBRAS DB 8ARMIBNT0 

pacíficas, antes de recurrir á otras maa fuertes. Limitá- 
base tan sólo á conservar las plazas y propiedad publica 
todavía no arrebatadas al Gobierno, y ¿ recaudar las ren- 
tas; dejando lo demás al tiempo, á la discusión y á la urna 
electoral. Prometía continuar el servicio de postas, k 
expensas del Gobierno, para el bien délos pueblos mismos 
que estaban oponiendo resistencia al gobierno, y les daba 
toda especie de seguridades de que ninguno da esos pue- 
blos sería inquietado ó molestado en sus derechos respec* 
ti vos: todo lo que un Presidente justificada y constitucional' 
mente podía ser en tal caso, fué hecho; todo aquello, sin 
lo cual no habría sido posible mantener de pie ©1 gobierno, 
fué tolerado. 

a El 4 de Marzo, el primer día en que la administración^ 
empezaba á funcionar, se recibió una carta del Mayor An- 
derson, comandante del castillo de Sumter, escrita el 28 d& 
Febrero. Expresaba en ella el comandante la opinión 
de que no podrían introducirse refuerzos en aquella plaza 
con la premura necesaria, á causa de la escasez de provi- 
siones; y porque no se podría mantener su posición sin 
una fuerza menor de veinte mil hombres bien disciplina- 
dos. En esta opinión concurrían los demás jefes de la 
guarnición del fuerte, cuyas notas venían inclusas en la 
carta del Mayor Anderson. Todo fué sometido al dictamen. 
del General Scott, quien á su vez formó el tnismo juicio que- 
el Comandante Anderson. Reflexionando mas despacio^ 
sin embargo, el General Scott, se dio tiempo para consultar 
á otros jefes de tierra y de mar; y transcurridos cuatro 
días, volvió á reafirmarse en el mismo parecer, con mucho 
dolor, pero con fijeza. Aseguró también al mismo tiempo 
que el gobierno no tenía disponible una fuerza suficiente^ 
ni podía ésta ser reunida y transportada al propio lugar, 
antes que las provisiones del fuerte se hubiesen agotado. 
Esto ponía al Gobierno en el deber simi^le de mirar por la 
guarnición del fuerte, bajo el punto de vista militar y de 
la humanidad. 

a Creíase, sin embargo, que sería muy desastroso aban- 
donar en aquellas circunstancias esa po^iicrou; que no 
sería bien comprendida la necesidad en que se hallaba de 
hacerlo; que en el interior desalentaría á los ami^íos déla 
Union y alentaría á sus adversarios; y en el exterior iría 



VIDA DE LHfCOLK 153 

basta asegurar á los últimos su reconocimiento; con lo que 
quedaría de hecho consumada nuestra destrucción nacio- 
nal. Esto no podía concederse, 

«Todavía la guarnición no estaba en la última extreml* 
dad; y antes que ésta llegase, podía reforzarse el fuerte 
Píckens, E*?to seria un indicio claro de su políticaj y pre- 
pararía mejor k la nación para aceptar la evacuación del 
fuerte Sumter como una necesidad militar. Envióse una 
orden para reforzar el fuerte Pickens con fuerzas desera- 
barcadas del vapor de guerra «Brooklyn». Mas ésta no 
podía ir por tierra, sino que debía tomar el mas lento y 
largo camino por agua. El primer aviso de haberse reci* 
bido la orden llegó una semana antes de la calda del fuerte 
Sumter. Esta noticia era que el Comandante de la fragata 
«Sabina» á. la cual se habían transbordado las tropas del 
ítErooklyn, n se había negado á cumplirla; invocando para 
este acto un cuasi armisticio con la pasada Administra- 
ción, y de cuya existencia la presente no había tenido mas 
que rumores demasiado vagos, hasta el momento de expe- 
dir la citada orden. Era pues imposible reforzar el fuerte 
Pickens, antes que sobreviniese la crisis del fuerte Sum- 
ter; crisis que hacía inevitable el próximo agotamiento de 
sus vituallas. 

«A fin de precaverse contra esta coyuntura, el Gobierno 
había comenzado pocos días antes á preparar una expedi- 
ción, tan bien equipada como le era posible, para socorrer 
al fuerte Sumter. Esta expedición estaba destinada á lle- 
varse ó no á cabo, según lo aconsejasen las circunstancias. 
El momento de su empleo era llegado esta vez, y se resol- 
vió enviarla tal cual se habla aprestado. Bajo estas cir- 
cunstancias se determinó también dar parte al Gobierno 
de la Carolina del Sur sobre la probabilidad de que se 
intentara vituallar el fuerte, y que si no se resistía este 
movimiento, ni se atacaba el fuerte, no se trataría de intro- 
ducir en él hombres, armas, municiones, á no ser en caso 
de ser atacado primero. Se le notificó esta resolución; y 
al instante fué atacado el fuerte hasta rendirlo, sin aguar- 
dar la llegada de la expedición que había de introducirlas 
provisiones. 

«Vése por estos hechos, que el asalto y reducción del 
fuerte Sumter no fueron motivados en manera alguna 



154 OBRAS DE 8AKMIBNT0 

por la propia defensa de parte de los sitiadores. Subían 
muy bien que la guarnición del fuerte no se hallaba en la 
posibilidad de agredirlos. Sabían muy bien, como se les 
habla expresamente notificado, que por entonces se pro- 
ponía sólo el Gobierno subsministrar el sustento á los pocos 
bravos y hambrientos soldados de la guarnición, á menos 
que prolongando la resistencia, diesen lugar á mas. Sa- 
bían que el Gobierno deseaba mantener la guarnición en el 
fuerte, no para asaltarlos, sino simplemente para mante- 
ner una posición ostensible de él, y de este modo preser- 
var la Union de una inmediatay positiva disolución^ con- 
fiando, como antes se ha dicho, en que el tiempo, la discu- 
sión y la urna electoral trajesen el arreglo final. Ellos 
asaltaron y redujeron el fuerte precisamente con el propó- 
sito contrario de expulsar la autoridad visible de Ja Union 
Federal, y de este modo precipitar su disolución; y que este 
era su objeto, el Ejecutivo podía comprenderlo bien, desde 
que en el discurso inaugural había dicho; (( Vosotros no 
tendréis conflicto, sin ser vosotros mismos los agresores, a 
Hizo todo de su parte, no sólo para hacer efectiva esta de- 
claración, sino para poner á cubierto su buena fe contra 
toda sospecha, de manera que el mundo pudiese juzgarlo. 

«Esto se ha conseguido con el suceso del fuerte Su ínter y 
sus circunstancias accesorias. Allí, y con esto los enenú- 
gos del Gobierno abrieron el conflicto de armas, sin que 
hubiese un cañón á la vista, ni en su vecindad^ salvo los 
que años antes se habían enviado á aquella bahía para su 
propia protección, la cual estábamos prontos siempre á 
darles para todo objeto lícito. Con este acto, dejando a un 
lado todos los otros, ellos han impuesto al país el inevita- 
ble dilema: inmediata disolución ó la sangre; y este dilema 
abraza no sólo la suerte de los Estados Unidos* Presén- 
tase á la familia humana la cuestión de saber, si una Repú- 
blica constitucional, ó la Democracia, un gobierno del 
pueblo por el mismo pueblo, puede ó no mantener la inte* 
gridaddesu territorio contra sus enemigos internos, Pre- 
sentase la cuestión de saber si algunos descontentos» 
demasiado pocos en número para erigir la adininistracion, 
según la ley orgánica, en un caso dado, pueden siempre, 
con las pretensiones alegadas en este caso, ó con cuales- 
quiera otras, ó arbitrariamente, y sin pretexto alguno» 



TIDA DH LUfCOLN 155 

destruir SU gobierno, y acabar asi prácticamente con toiio 
gobierno libreen la tierra. Fuerza nos es preguntar: ¿es 
esta una fatal debilidad inherente á todas las Ropublicaá ? 
¿Debe un gobierno serpor necesidad demasiado fuerte para 
las libertades de su propio pueblo, y demasiado débil para 
mantener su propia existencia? Mirada la cuestión bajo 
este aspecto, no quedaba otro recurso admisible» sino el 
apelar ala facultad de hacer la guerra de que está inv^es- 
tido el Gobiernos y resistir con ella á la fuerza empleada 
para su destrucción, con la fuerza destinada para su pre- 
servación. 

«Hizose el IlamamientOj y su respuesta no podía ser mas 
satisfactoria, sobrepasando en espíritu y unanimidad á todo 
lo que era ya licito esperar. Y, sin embargo, ninguno de 
los Estados comunmente llamados de esclavos, excepto 
Delaware, dieron un regimiento por medio de sus autorida- 
des locales. Unos pocos batallones fueron organizados en 
algunos otros de aquellos por el empeño de algunos patrio* 
tas, y admitidos al servicio federal* De consiguiente los 
Estados separados, como dieron en llamarse^ y á los cuales 
Texas se había agregado al tiempo de la inauguracionj no 
trajeron tropas á la causa de la Union. Los Estados limí- 
trofes (como se les Uama k los que confinan con Estados sin 
esclavitud), no anduvieron uniformes en su procedeTj 
estando algunos de ellos casi del todo por la Union, mientras 
que en otros, como Virginia, la Carolina del Norte, Tenneg- 
see y Arkansas, el sentimiento en favor de la Union fué 
reprimido y silenciado» 

«El paso adoptado por Virginia fué el mas notable y 
acaso el mas importante. Estaba en sesiones en el Capi- 
tolio de Virginias '^ lacaida del fuerte Sumter, una Conv^en- 
cion elegida por el pueblo de aquel Estado para conside- 
rar esta misma cuestión de romper taUíuon Federal. Para 
componer ésla el pueblo habia elegido una gran maj^orla 
de hombres aparentemente ^unionistas. Casi inmediata- 
mente después de la caída del fuerte Sumter, muchos 
miembros de aquella mayoría se pasaron á, la original mi* 
noria desunionistajy con ella adoptaron unaordenanza por 
la cual se retiraba este Estado de la Union. 

«No se sabe posiiivamenle si este cambio provino de su 
completa aprobación del asalto del Sumterj ó de resentí- 



IB6 OBRAS DB SARMIENTO 

miento contra el gobierno por haberlo resistido. Aunque 
esta ley de separación era sometida á la ratificación del 
pueblo, la votación no debía efectuarse sino un mes des- 
pués de pasada aquella; pero mientras tanto la Convención 
y la Legislatura, que también estaba en sesiones al mismo 
tiempo y en el mismo local, así como otros caudillos que no 
eran miembros de la una ni de la otra, procedieron á 
obrar inmediatamente, tal como si el Estado estuviese ya 
fuera de la Union. Se apoderaron de la Armería Federal 
de Harper's Ferry, y del Arsenal de Gosport, cerca de Nor- 
folk. Recibieron, quizá á invitación propia, grandes cuer- 
pos de tropas en el Estado con todos sus equipos bélicos, 
que venían de los Estados separados, según se llamaban, 

aOoncluyeron formalmente un trato de alianza provisoria 
con los que sollamaban «Estados Confederados^» y envia- 
ron diputados k su Congreso en Montgomery; y finalmente, 
permitieron que se trasladase el gobierno insurreccionarlo á 
su capital de Richmond. 

«El pueblo de Virginia así, ha consentido en que esta 
gigantesca insurrección haga su nido dentro de su comarca; 
y 4 este gobierno no le queda mas que buscarlo donde 
se encuentra, sintiéndose menos apesarado de ello, por 
razón de que los ciudadanos leales de Virginia han recla- 
mado en debida forma su protección. El gobierno está 
obligado á reconocer y proteger á aquellos leales ciudada- 
nos en su posición de habitantes de Virginia. Eu los Esta- 
dos denominados limítrofes, y en realidad Estados del 
medio, hay algunos que favorecen una política que llaman 
de neutralidad armada, esto es, la de armarse aquellos 
Estados para impedir que en una ú otra dirección pasen 
por su territorio fuerzas ya sean del gobierno ó de los des- 
usionistas. Esto completaría la desunión. Seriábalo figu- 
rado, levantar una muralla impasable á lo largo déla línea 
de separación, y no del todo impasable; porque so color de 
neutralidad, ataría las manos á los hombres de la Union, y 
pasarían libremente á los insurrectos los recursos, que no 
podrían obtener de un enemigo declarado. De un golpe 
desaparecerían todas las dificultades con que tiene que 
luchar la separación, excepto las que proceden del bloqueo 
exterior. Traería para los desunionistas todo lo que mas 
desean, es decir, los alimentos y provisione?!, qn^ les darían 



riBX DB LIXCOLN 157 

el triunfo, sin tener que luchar para conseguirlo. No re- 
conocen fidelidad á la Constitución» ni obligación alguna 
de meiitener la Union; y mientras que muchísimos de los 
que están por este partido son sin duda ciudadanos leales, 
es con todo muy dañosa en sus resultados. 

«Volviendo á Jas medidas del gobierno^ estará, bien infor- 
maros que éste hizo al principio un llamamiento de setenta 
y cinco mil hombres armados; é inmediatamente se expi- 
dió el decreto para cerrar los puertos de los distritos insu- 
rrectos por un procedimiento parecido al bloqueo. Hasta 
aquí todo se creyó era estrictamente legaL Mas en este 
estado ios insurrectos anunciaron su decisión de apelar al 
corso . 

«Se hizoentonces un nuevo llamamiento de voluntarios 
para servir por tres años, á, menos de ser antes ucencia- 
dos. Se aumentaron también con esto considerablemente 
las fuerzas regulares de mar y tierra. Fuesen estas medí» 
das estrictamente legales ó no^ ellas eran aconsejadas por 
la aparente voluntad del pueblo y la necesidad pública, 
confiando entonces como ahora con que el Congreso las 
ratificara. 

rCreo que nada se ha hecho que esté fuera de la compe- 
tencia del Congreso. Poco después del llamamiento de la 
milicia, consideróse como un deber autorizar al comandante 
en jefe del Ejército para que suspendiese á. su dirección el 
acta del habeos corpus en los casos que asi lo exigiese el bien 
público. En otras palabras, se autorizaba al poder militar 
para arrestar y detener en prisión á aquellos individuos 
•que reputare peligrosos para la seguridad pública. Esta 
autoridad ha sido ejercida oportunamente, aunque con me- 
sura. Sin embargo, se ha puesto en duda la legalidad y 
propiedad de lo que se ha hecho bajo esta disposición; y se 
ha pretendido excitar la opinión pública con la idea de que 
aquel que ha jurado velar por el fiel cumplimiento délas 
leyes, no podía violarlas él mismo. De consiguiente, hubo 
necesidad de consagrar algún estudio á la consideración 
de las facultades y legalidad con que se procedía en estas 
ocasiones. 

«El cuerpo entero de leyes, de cuya fiel ejecución estaba 
encomendado, era resistido, y no estaban en ejercicio ea 
un tercio de los Estados. ¿Debería permitirse que quedasen 



158 OBRAS DB SARMIENTO 

sin cumplimiento por siempre, aunque fueso muy claro 
que con el empleo de algunas medidas ejecutivas, se iba á 
violar alguna de esas garantías legales» que han sido dic- 
tadas en momentos de extremada solicitud por la libertad 
del ciudadano, y que en ocasiones favorecen raas al crimi* 
nal que al inocente? O para precisar mejor la proposi- 
ción: ¿han de quedar todas las leyes» excepto una, sin 
ejecutarse, y el gobierno mismo hecho trizas, por temor de 
que esa sola sea violada? Aun en este caso ¿no se quebran- 
taría el juramento oficial, si se trastornara todo el gobierno* 
cuando con haberse desatendido esta única ley, pudiera? 
haber sido salvado? 

«Mas no se ha creído que tal sea el caso. No se ha pen- 
sado jamas violar ley ninguna. La cláusula de la Constitu- 
ción, qu« impide la suspensión del privilegio del acta de 
habeas corpus^ á menos que en caso de rebelión ó invasión lo 
requiera la seguridad pública, equivale á. decir, que será 
suspendida, cuando lo exija la seguridad pública, en los 
casos de rebelión é invasión. 

«Está decidido que ha ocurrido el caso de rebelión, y que 
la seguridad pública requería la calibeada suspensión de 
este privilegio, como estaba autorizado á hacerlo. Ahora 
se insiste en que el Congreso, y no el Ejecutivo, está inves* 
tido de aquella facultad. La Constitución misma guarda 
silencio sobre quién ha de ejercer este poder; y como la 
disposición fué dictada para una emergencia peligrosa, no 
puede creerse que los artífices de aquel instrumento, se 
propusieran que el peligro siguiese su curso hasta que 
pudiese ser convocado el Congreso, cuya reunión misnr^a 
podía ser estorbada, como se intentó en esta ocasión por 
los rebeldes. No se dará mas extensión aquí al exa- 
men de esta cuestión, por ser muy probable que el 
Procurador General presente un dictamen algo extenso 
sobre la materia. 

«Si convenga dar leyes sobre este punto, y en qué sen- 
tido han de estar concebidas estás disposiciones, es mate- 
ria enteramente sujeta al mejor juicio del Congreso. La 
tolerancia de este gobierno ha sido tan extraordinaria» y 
tan continuada, que ha inducido á muchas naciones extran- 
jeras á obrar como si supusiesen que era probable la tempra* 
na disolución de nuestra Union Nacionalp Mientras el 



VID¿ BB LINCOLN tW 

conocimiento de este hecho daba al gobierno algún cui- 
dado, se complace en decir ahora que la soberanía y dere- 
chos de los Estados Unidos, son por doquiera práctica- 
meute respetados por laa potencias extranjeras, y que 
una general simpatía ©n fa^or del país se despierta por 
todo el mundo. 

íeLos informes de los Secretarios del Tesoro, de Guerra y 
Marina os subministran en detalle los datos que se ha 
creíuo necesario y conveniente para vuestras deliberaciones 
y acción; mientras que el Ejecutivo y sus Departamentos es- 
tán prontos k suplir omisiones, ó comunicar los nuevos 
hechos que consideréis importante conocer. 

«Por ahora se os recomienda que acordéis los medios 
lei^ales de hacer corta y decisiva la lucha, y que ponpfais á 
disposición del Gobierno, al menos 400.000 hombres y 
400.000.000 de pesos. Aquel número de hombrt s es apenas 
el décimo de las personas en edad de llevar las armas, y 
que se muestran al parecer muy dispuestas á servir á 
la patria; y la suma designada representa mucho menos 
de la vigésimatercia parte del valor en dinero poseído por 
los que est^n dispuestos á sacríñcarlo todo. Una deuda de 
600t000.000 de pesos viene á ser hoy día una proporción 
por cabeza menor que la que cupo á nuestros antepasados, 
al acabarse la guerra de la independencia; y el valor 
pecuniario de ía nación forma un promedio mayor todavía 
del que existía en aquel tiempo respecto á la población. 
Seguramente cada uno tiene tan poderosos motivos para 
defeniier sus libertades, como los que impulsaron entonces 
á nuestros padres para establecerlas. 

«Un buen resultado en estos tiempos valdrá diez veces 
mas para el mundo, que una cantidad diez veces mayor de 
hombres y de dinero. Las manifestaciones que nos llegan 
de todas partes de la nación no dejan duda de que el mate- 
rial para la obra es abundante; y que sólo requiere la mano 
del legislador para darle sanción legal, y la mrino del Eje- 
cutivo para darle forma y eficacia práctica- Una de las 
mas grandes perplejidades en que se encuentni el Gobierno 
es la de contener los alistamientos de tropas untes de poseer 
los medios de prov^eer k sus necesidades. En una palabra, 
el pueblo salvará á su Gobierno^ si éste desempeña su papel 
mediocremente bieu. 



160 OBRAS DB SARMIENTO ' 

<3tMiras€ como de poca monta el saber si el actual movi- 
miento del Sur, ha de ser llamado separación ó rebelión. 
Los que lo mueven, sin embargo, entienden bien la diferen- 
cia. Al principio sabían que jamas lograrían dar á su trai- 
ción una respetable apariencia por nombre alguno que 
implicase violación de la ley. Sabían que su pueblo poseía 
tanto sentido moral, tanto apego á. las leyes y gobierno de 
su paLuia común, como cualquiera otro pueblb civilizado y 
patriota. Conocían que no podían avanzar directamente 
sin estrellarse con estos fuertes y nobles sentimientos. En 
consecuencia^ se consagraron ingeniosa y depravadamente " 
á pervertir la mente pública: inventaron un agudo sofisma, 
que una vez admitido, conduciría por pasos perfectamente 
lógicos, y á través de todos sus incidentes, á la completa 
destrucción de la Union. Dicho sofisma consiste en aseve- 
rar, que caulquier Estado, sin violarla Constitución Nacio- 
nal, y por tanto legal y pacíficamente, pufede separarse de 
la Union, sin el consentimiento de la Union, ni el de otro 
Estado. 

ítEl pequeño disfraz de que el supuesto derecho ha de 
ejercerse solo por justa causa, siendo ellos solos jueces de 
^u justicia, eb argumento demasiado trasparente, para que 
merezca ser considerado por la rebelión. Con esta pildora 
almibarada han estado emponzoñaiido al pueblo de su sec- 
ción por mas de treinta años; y hasta que al fin han arras- 
trado a muchos hombres de bien k tomar las armas contra 
el Gobierno, el día que alguna reunión de hombres hubo 
decretado la farsaica pretensión de separar su Estado déla 
Union; un acto en que no pensaban tal vez el día anterior. 
Este sofisma saca mucha, y quizá toda su importancia, de 
la suposición de existir una especie de omnipotente y sagra- 
da supremacía inherente al Estado, ó á cada Estado de la 
Union federal. Nuestros Estados no tienen mas ni menos 
derechos que los que les están reservados á la Union por la 
Constitución, no habiéndose visto jamas un Estado sepa- 
rado de la Üüion. Los Estados originales entraron en la 
Unton antes de que hubiesen sacudido el yugo de la 
dependencia colonial inglesa; y los nuevos pasaron á ella 
directamente de un estado de dependencia; excepto Te- 
xas, y aun Texas mismo durante su transitoria indepen- 
.dencia no fué considerado como un Estado. Los nuevos 



VIDA DB LINCOLN 161 

solo lomaron la apelación de Estados al entrar en la 
Union; mientras que aquel nombre fué adoptado por la 
primera vez por los antiguos en su declaración de la Inde- 
pendencia. En ella las Colonias Unidas fueron declara- 
das Estados Ubres é independientes. Pero aun entonces el 
objeto no era declarar la independencia de los unos con 
respecto á los otros, sino precisamente al contrario, como 
lo demuestran abundantemente el pacto común y su 
acción concertada antes y después. La fe empeñada 
expresamente por cada uno y por todos los trece Estados 
originales en los Artículos de Confederación, dos años mas 
tarde, de que la Union áería perpetua, es de lo mas conclu- 
yeote. No habiendo sido jamas en esencia ni en nombre 
Estadoá fuera lie la Union, ¿de dónde sale esta mágica omni- 
potencia de los dereclios de un Estado, can la pretensión 
de facultades para destruir la Union misma? Mucho se ha- 
bla de soberanía de los Estados; pero ni la palabra se 
encuentra en la Constitución Nacional, y s^gun creo, ni en 
las Constituciones de los Estados, ¿Qué es la soberanía en 
el sentido político de la palabra? ¿Seria andar muy errado 
deñniéndola: una comunidad política sin un superior poli- 
tico? Sometidos á esta prueba, ninguno de nuestros Esta- 
dos, excepto Texas, poseía soberanía; y aun Tesas mismo 
abandonó tal carácter al entraren la Union, con cuyo acto 
reconocía la Con^átitucion de los Estados Unidos, que era 
para ella la su[}reíTia ley, y las leyes y los tratados de los 
EstadosUnidos, hechos en conformidad de la Constitución. 
Los Estados tienen su status en la Union, y fuera de ella no 
tienen otro yfíiííis legal. Si ellos se apartan de ésta, pueden 
hacerlo sólo violando la ley, ó por una revolución. La Union, 
, y no ellos se parad a me nte, aseguró la independencia y su 
libertad por conquista ó compra. La Union dio á cada uno 
de ellos cuanta independencia y libertad poseen. La Union 
es mas antigua que cada uno de ellos, y, en verdad, los creó 
como Estados, Originalmente algunas colonias dependientes 
formáronla Union, yásu turno la Union las libró de su 
antigua dependencia y las hizo Estados» tales como son hoy. 
Ninguno de ellos tuvo una Constitución de Estado indepen- 
diente de la Union> No se olvide, desde iuego, que todos los 
nuevos Estados promulgaron sus Constituciones antes de 



162 OBRAS DK SARMIUNTO 

entrar en la Union; pero dependientes de ella y como pasa 
preparatorio para entrar en ella. Incuestionablemente loa 
Estados tienen los derechos que en la Constitución Nacio- 
nal y en virtud de ella les están reservados, 

« Pero entre éstos no están, seguramente incluidas toJas- 
las facultades concebibles, por destructivas y perjudiciales 
que sean; sino á lo mas aquellas que se conocen en todo el 
mundo como facultades de gobierno^ y sin dada alguna la 
facultad de destruir el gobierno mismo, nunca fué recono- 
cida como facultad de gobierno, ni aun como simple facul- 
tad administrativa. Esta materia relativa al poder nacional 
y á los derechos de Estados, como un principio, no viene á 
ser mas que el principio de centralismo y localismo. Todo 
lo que concierne al todo debería pertenecer á todo el 
gobierno general; mientras que todo loque soio concierne al 
Estado, seria exclusivamente del recorte del Estado. Tal es 
el único principio general acerca de este punto, 

« No es materia en cuestión el saber si la Constitución 
Nacional, al definir los límites entre los dos poderes, ha 
aplicado el principio con la precisa exactitud. Ahora fi& 
combate la pretensión de que la separación sea compatible 
con la Constitución, si se hace pacifica y legaímente. No 
se sostiene que hay una ley expresa paraelldjy nada debe 
creerse implicado en una ley que conduzca á injustas y 
absurdas consecuencias. La nación compró con dinero los 
países de que se formaron varios de esos Estados. ¿Es justo 
que ahora se separen sin su asentimiento y sin restitución?- 
La nación pagó enormes sumas, cien millones creo, para 
desembarazar ala Florida de las tribus indígenas. ¿Es justo. 
que los acreedores queden impagos» ó <pie los Estajos res- 
tantos paguen por ellos? Una parte de la deuda nacional 
fué contraída para pagar la antigua deuda de Texas. ¿Es. 
justo que se separe, sin pagar su parte? A mas de esto, si 
,un Estado puede separarse, otro tamo puede hacer otroj y 
cuando todos se hayan separado, ninguno quedaría para 
hacer frente á la deuda. ¿Es esto justo para con los acree- 
dores? ¿Habíamosles impuesto sobre esta sabia doctrina, 
cuando contrajimos el préstamo? Si reconocennos ahora 
esta doctrina, permitiendo á los separatistas irse en paz, es. 
difícil saber lo que haremos, si los otros quieren irse tam- 
bién, ó arrancarnos términos bajo los cuales consentLrlaa 



yiDA DB L1NC0I.W 163 

en quedarse. Los separatistas insisten etique nuestra Cons- 
titución admite Ja separación* Ellos han pretendido formar 
una constitución nacional propia, en la cual ó han descar- 
tado ó retenido necesariannente el derecho de separación, 
tal conio insisten que está contenido en la nuestra. Si lo 
han descartado, admiten con ello, que en principio no existe 
en la nuestra; si lo han retenido* demuestran por la inter- 
pretación que dan á la nuestra, que para ser consecuentes, 
pueden separarse entre sí toda vez que les parezca el me- 
dio mas fácil de arreglarlas deudas, ó servir á cualquiera 
interés injusto ó mezquino* El principio es la misma des- 
integración, y ningún gobierno puede tolenuio. Si todos 
los Estados, excepto uno, pretendieren el derecho de expe- 
ler á ese uno de ta Union, es de presumir que toda esta 
clase de políticos separatistas reprobarían uniínimementa 
el uso de esta facultad, y lo declararían el mayor ultraje que 
se poiiiahacer á los derechos de los Estados. Pt^ro suponed 
que el mismo acto^ en lugar de ser llamado expulsión de 
un Estado, fuese llamado la separación de los otros de este 
uno; esto sería entonces exactamente lo que los separatis- 
tas pretenden hacer; á menos que hagan la distinción de 
que el uno, porque es una minoría, puede legítimamente 
hacer lo que loa otros, por ser una mayoríaj no podrían legí^ 
tímame n te hacer. Estos politicastros son sutiles y profun- 
dos sobre los derechos de las minorías. No se muestran 
parciales hacia aquel poder que hizo la Constitución, y ya 
desde el preámbulo se estilan «Nosotros el pueblo». 

«Podría dudarse muy bien, si hay una mayoría de 
votantes calificados, excepto en la Carolina iWl Sur, que 
estén en favor de la desunión. Hay mucha razdnprira creer 
que los unionistas forman la mayoría en muchos y en cada 
uno de los que se llaman Estados separados. No se ha 
demostrado locontrarioen ninguno de eiios. No sería aven- 
turado decir esto, ni aun de Virginia yTennessee, puesto que 
las elecciones practicadas en los campamentos militiires» 
donde las bayonetas están todas de un solo lado en la cues- 
tión sobre la cual se vota, pueden apenas considerarse 
como la expresión genuina del sentir populnr, Kln tales 
elecciones, toda aquella gran clase que está por la Union 
y contra la coerción, sería compelída á votar contra la 
Union* Puede aiirmarse sin exageración, que las instiiucio- 



164 OBRAS DE SARMESNTO 

nes Ubres de que gozamos han desenvuelto el poder, y me- 
jorado la condición de todo et pueblo mas allá, de lo que se 
había visto en el mundo. De esto tenemas un notable y 
patente ejemplo. 

«Nunca se vio antes un ejército tan grande como el que 
€l Gobierno ha puesto en pie sin otros soldados que aquellos 
que han entrado en sus filas por aa propia y espontí^jea 
elección. Pero aun hay mas: regimientos especiales se han 
formado, cuyos miembros, unos con otros, poseen plenos 
conocimientos de todas las artesj ciencias, profesiones y 
demás oficios, ya sea útiles, ya elegantes» que se conocen en 
toda la redondez del mundo; y apenas hay uno de entre 
ellos^ que no pudiese ser electo Presidente, Ministro, Repre- 
sentante y quizá Juez, perfectamente capaz de administrar 
el gobierno mismo. 

iiNi üígo que esto no sea igualmente cierto de aquellos 
que hasta ahora poco eran nuestros amigos, y hoy son 
adversarios en esta contiendap Pero esto sería una mayor 
razou para que el gobierno que nos ha dispensado estos 
l>enefícios comunes, no fuese destruido. Quienquiera que 
^n una secnion propone abandonar un gobierno semejante^ 
debe considerar bien en deferencia á aquel principio, por 
qué otro principio va á abandonar aquel. ¿Qué mas se 
promete ganar, ya sea que el que lo substituya haga ó 
intente hacer tanto, ó igual bien al pueblo? Este asunto 
encierra en si un misterio. Nuestros adversarios han adop- 
tado algunas de lasdeclaraciones de nuestra independencia, 
enque, á diferencia del viejo modelo redactado por Jefferson, 
omiten las palabras: «todos los hombres han sido creados 
iguales» ¿Por qué? Han adoptado una constitución nacional 
provisoria, en el preámbulo de la cual, á diferencia de 
nuestra buena vieja Constitución, firmada por Washington, 
omiten « Nosotros el pueblo», y sostituyen «Nosotros loa 
Diputados de los Soberanos é Independientes Estados»* 
¿Por qué? ¿Por qué este meditado empeño de quitar de la 
vista los derechos de los hombres y la voluntad del pueblo? 
Esta es una contienda esencialmente popular. De este lado 
de la ünion es una lucha para mantener en el mundo 
aquella forma y esencia de gobierno, cuyo objeto capital 
es elevar la condición de los hombres, quitar de sus hombros 
las cargas abrumantes y artificiales, abrir k todos el camino 



TiDA DS LINCOLH 165 

á las aspiraciones nobles^ subministrar k todos un arranque 
libre y la probidad de aventajarse en la carrera de la vida; 
cedieudo de cuando en cuando á las parciales y temporales 
diñcultadesque los rodean. Este es el punto objetivo del 
Grobierno por el cual combatimos. 

«Es una felicidad para mí el creer, que el pueblo llano 
comprende todo esto. Es digno de notarse que cuando 
llegó la hora de prueba para este Gobierno, un crecido 
número de aquellos que en el Ejército y Armada habían 
sido favorecidos con mas empleos, los han renunciado, y 
portados© desleales hacia la mano que les prodigó honores; 
mientras que ni un solo soldado ó marinero se ha sabido 
que haya abandonado su pabellón. Grande es el honor debi- 
do á aquellos oficiales que permanecieron fieles, á despecho 
del ejemplo de su compañeros traidores; pero el mayor honor 
y el mas importante hecho de todos, es la unánime firmeza 
de los soldados y marineros rasos. Desde ei primero al 
último, según estoy informado^ han resistido á los traidores 
esfuerzos de aquellos cuyas órdenes obedecían una hora 
antes» como su ley absoluta. Este es el patriótico instinto del 
pueblo llano, que sin necesidad de argumentos, entiende 
que destruir el Gobierno que fundó Washington, no le 
promete nada bueno. Muchas veces ha sido denominado 
un experimento nuestro Gobierno popular. Dos puntos 
han quedado establecidos, sin embargo, por nuestro pueblo; 
su feliz establecimiento y su feliz administración. Otro 
mas queda todavía. Su feliz mantenimiento contra una 
formidable tentativa interior para destruirlo. Tócale ahora 
demostrar al mundo, que los que son capaces de ganar 
fácilmente una elección^ son capaces también de suprimir 
una rebelión; que la urna electoral es sucesor legítimo y 
pacifico de las balas; y que cuando el sufragio ha decidido 
libre y constitucionalmente, no hay mas apelación que á. 
los mismos boletos en una elección subsiguiente. Esta 
será una gran lección de paz, que enseñaría á los hom- 
bres que lo que no puedan alcanzar por una elección, no 
lo han de conseguir tampoco por una guerra; mostrándoles 
así la locura de ser los primeros en empezarla. 

«Por temor de que se conserve alguna inquietud en el 
ánimo de algunas gentes sinceras, sobre cual será la linea 
de conducta que el Gobierno seguirá después que la rebe- 



166 OBRAS DE SARMIENTO 

lion haya sido suprimida, creo oportuno decir, que su 
propósito será entonces, como siempre, guiarse por la 
Constitución y las leyes; y que él no tendrá probablemente 
un modo distinto de ver las facultades y deberes constitu- 
cionales del Gobierno federal, relativamente á los derechos 
de los Estados Unidos y los del pueblo, que él manifestó 
en el discurso inaugural. Desea mantener el Gobierno 
de manera que pueda ser administrado por todos, como 
fué administrado por los hombres que lo fundaron- Todoa 
los leales ciudadanos, de donde quiera que sean, tienen 
derecho de exgir esto del Gobieno ; y el Gobierno no tiene 
derecho de suspenderlo ó descuidarlo. No se apercibe cómo 
haya coerción^ conquista ó subyugación en todo esto. 

« La Constitución proveía, y todos los Estados han acep- 
tado la proposición, que los Estados Uuidos garantirán á 
cada Estado en esta Union una forma republicana de 
gobierno; pero si un Estado pudiera salir lícitamente de 
la Union, podría también dar de mano á la forma republi- 
cana de gobierno. Así, pues, el acto de impedir que salga« 
es un indispensable medio de llegar al objeto de mantener 
la garantía mencionada; y cuando el fín es licito y buenos 
los medios indispensables de alcanzarlo son también legales 
y obligatorios. 

«Con mucho pesar el Ejecutivo se ha visto en el deber 
de emplear su poder bélico. Forzado á ello, en defensa del 
Gobierno, tiene que cumplir con su deber, ó renunciar á la 
existencia del Gobierno. Ninguna transacción hecha por 
los servidores públicos podría en este caso parar el mal; no 
porque las transacciones no sean en algunos casos conve" 
nientes,sino porque ningún gobierno popular puede sobre- 
vivir á un antecedente de esta clase ; como es el que un 
gobierno recien elegido no puede salvarse, sino cediendo 
el punto capital decidido por la elección. 

«Como ciudadano particular el Ejecutivo no habría 
consentido en que pereciesen estas instituciones^ y mucho 
menos lo hará ahora, traicionando el depósito tan inmenso y 
sagrado, que un pueblo libre le ha confiado. Laméntase de 
que ni moralmente tendría derecho de retroceder un paso; 
ni aun el de calcular las probabilidades de perder su propia 
vida en el resultado. 

«Con esta grande responsabilidad en cuenta, ha extendido 



TWh. DB LINCOLN liflf? 

SU acción hasta donde lo creyó de su derecho. Ahora 
vosotros llenareis e! vuestro, según vuestro propio juicio. 
Espera sinceramente que de tai manera estarán de acuerdo 
vuestras miras y vuestros actos con las suyas, que darán 
garantía á todo leat ciudadano que haya sido molestado en 
sus derechos, y una pronta y cierta reposición de ellos^ 
conforme á la Constitución y á las leyes; y habiendo escogido 
nuestra causa, sin dolo alguno, y con sana intención ^ reno- 
vemos nuestra confianza en Dios, y vayamos adelante sia 
miedo y con varoniles pechos. 

«Abraham Lincoln, 

tuJulJo i de 1861. B 

Como podrá observarse, este documento concebido en un 
lenguaje templado, pone de manifiesto los hechos sobre que 
Se fundaba la rebelión en el grado en que entonces había 
llegado. Puede sin temor asegurarse que los mensajes 
de ninguno de los Presidentes han logrado hacerse leer y 
entender por la clase común, como los de Mr. Lincoln mismo, 
el tribuno del pueblo. 

El Congreso concedió quinientos millones de pesos, y 
ordenó un llamamiento á las armas de quinientos mil volun- 
tarios; dispuso se levantase un empréstito popular dentro de 
la nación; levantó los aranceles para aumentar las rentas 
nacionales; sancionó una ley de contribución directa; adoptó 
todas las medidas mas moderadas át su alcance, respecto á la 
confiscación de la propiedad de los rebeldes; legalizó los 
actos oficiales del Presidente durante su receso; y la Sala de 
Representantes con la discrepancia de sólo dos votos, san- 
cionó la siguiente resolución : 

a Restiélvese por la Sala de Representantes de los Estados 
Unidos : Que la deplorable guerra civil presente, ha sido im- 
puesta al país por los desunionistas de los Estados del Sur, 
actualmente rebelados contra el Gobierno Constitucional 
y que se encuentran en armas alrededor de la capital; que 
en esta emergencia nacional, el Congreso, deponienda todo 
sentimiento apasionado ó rencoroso, sólo se contraerá á 
llenar todos sus deberes respecto á todo el país; que esta 
guerra no es sostenida de nuestra parte con ánimo de opri- 
mir, ni con la intención de conquistar ó subyugar, ni de 
ejercer autoridad ó intervenir en los derechos é instituciones 



163 OBRAi DE SARMIENTO 

permanentes de losEstadoSj sino de defender y mantener la 
suprenfiacia de la Constitución, y preservar la Union, sin 
menoscabo de la dignidad» igualdad y derechos de loa va- 
rios Estados; y que la guerra deberá cesar, tan pronto 
como se hayan conseguido estos objetos». 

El 21 de Julio el Ejército de la Union bajo el mando 
directo del General Me* Dowell, y la dirección suprema del 
veterano Scott, de cuyo movimiento ofensiva contra los 
rebeldes de Virginias tanto se esperaba, sufrió un serio des* 
calabro en la batalla de BuU Run. Avanzaron vanaglo- 
riándose de tener la victoria por suya; y retrocedieron 
heridos de un terror pánico y en una confusa masa. Por 
un momento el desaliento se apoderó de todos las corazo- 
nes leales; vagos temores entraron en el ánimo del pueblo; 
Washington sería capturado; todo estaba perdido. 

Fué solo por un instante, sin embargo. La reacción 
sobrevino, Washington, que pudo ser tomada fácilmente 
y saqueada» si los rebeldes hubieran sabido cómo sacar par- 
tido de su victoria, estaba seguramente fortificada y amplia- 
mente guarnecida. No se comprendía por entonces, que 
BuU Rúa era una disciplina necesaria, una escuela en que 
todos aprendieron algo; pero desgraciadamente no tanto 
como se debiera- Esto vino mas tarde. 



UNA PAUSA EN LA LUCHA 



CoügratulacJoQcs de los rebeldes,— Mc« Clellan reetnpLaza á Scait^e prodama 
tíú día de peni Cencía y ayuno — La cuestión de los esclavosÉ^PolUlca de BnUer, 
üc. QelJan Y Fremont^— El Presidente desaprueba ía conducta de este último.— 
Combate de BaJr« Bturr.— Eilraña InactlTldad- 



Como era de esperarlo, la victoria deBull Raa exaltó no 
poco íl los conapiradorea. Su presidentej en su mensaje,se 
mostró altanero y lleno de coníianza. 

«Hablar, decia, de subyugar pueblo tan unido y deter- 
minado, es hablar ua lenguaje que le es incomprensible. 
Instinto es en él resistir á todo ataque contra sus derechos 
y libertades. Problema es que dejan para que sus enemigos 
solos lo resuelvan, si esta guerra ha de durar uno, tres, 
cinco años. Durará hasta que el enemigo se haya retirado 
desús fronteras; hasta que sus derechos políticos, sus alta- 
res y sus hogares se vean libres de la invasión. Entonces, 
y solo entonces, dejarán de gozar para lucharen paz de las 
bendiciones que> con el favor de la Providencia, han ase- 
gurado con la ayuda de sus esforzados corazones y de sus 
fuertes brazos. » 

El 35 de Julio se dio un nuevo jefe al Ejército del Poto- 
mac por recomendación del mismo General Scott. Est© 
fué el joven General Jorge B. Mac. Clellan, quien se había 
distinguido notablemente por haber conducido con buen 
éxito la campaña de la Virginia Occidental. Con la exa- 
geración tan característica del pueblo americano, este jefe 
que estaba aun por ganar sus laureles, fué saludado como 
up nuevo Napoleón, ensalzado á las nubes, representándo- 
se como un imposible que pudiera ser vencido. 

El General se consagró á organizar, disciplinar, y pro- 
veer de lo necesario al ejército, que de semana en semana 
era reforzado continuamente. 



170 OBRAS UK 8ARUISNT0 

El 12 de Agosto se expidió la siguiente proclamación: 

« Por cuantOy se ha apersonado ante el Presidente de los 
Estados Unidos una Comisión colectiva de ambas Cámaras 
del Congreso, pidiendo que se recomiende un día de humi- 
llación pública, rogativa y ayuno, para que sea observado 
por el pueblo délos Estados Unidos con solemnidades re- 
ligiosas y ofrecimiento de fervientes súplicas á Dios Todo- 
poderoso, pidiendo por la salvación y felicidad de estos 
Estados, y que bendiga sus armas y conceda un pronto 
restablecimiento de la paz; 

<í T por cuanto, es un deber de tolos los pueblos en todos 
los tiempos, reconocer y reverenciar el Supremo Gobierno 
de Dios; inclinarse con humilde sumisión ante sus casti- 
gos; confesar y deplorar sus pecados y transgresiones, en la 
plena convicción de que el temor del Señor es el principio 
de la sabiduría; y rogar con todo fervor y contricionj por el 
perdón de sus pasadas ofensas, y por la bendición de sus 
presentes y futuros actos; 

« Y por cuantOj cuando nuestra amada patria, antes unida» 
próspera y feliz, por la bendición de Dios, se halla ahora 
afligida por facciones y guerra civil; y debemos reconocer la 
mano de Dios en esta terrible visitación, y con penoso 
recuerdo de nuestras propias falta y crímenes como nación, 
y como individuos humillarnos ante El, implorar su mise- 
ricordia; rogándole que no nos aQijacon mayores castigos, 
por mas merecidos que sean; y que nuestras armas sean 
por su condición eficaces para el restablecimiento de la 
ley, el orden y la paz por toda la dilatada extensión de 
nuestro país; y que el inestimable don de la libertad civil y 
religiosa bajo su guía y bendición adquiridos por los traba* 
jos y sufrimientos de nuestros padres, sea restablecido en 
toda su original fuerza; 

«Por tantOy Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los Estados 
Unidos, señalo el último Jueves de Septiembre próximo 
como un día de humillación, rogativa y ayuno para todo el 
pueblo de la nación; y recomiendo encarecidamente á todo 
el pueblo, y especialmente á todos los ministros y sacerdo- 
tes de todas las denominaciones religiosas, y á todos los je<> 
fes de familia, observen y guarden aquel día, según sus 
diversas creencias y formas de adoración, con toda humil- 
dad, con toda solemnidad raüglosa» á finque las súplicas 



VIDA DE LINCOLN 171 



unidas de la nación asciendan al Trono de Gracia^ y nos 
traigan abundantes bendiciones para nuestra patria. 
«En testimonio de !o cual, etc. 



Abraham Lincoln. 



» 



Cuatro dias después el Presidente expidió un decreto^ 
prohibiendo lodo comercio entre los Estados rebeldes, 
exceptóla parte de Virginia que está al oeste de los Montes 
ALleglianies, y el resto do los Estados Unidos, debiendo 
caer en comiso las mercancías con los vehículos y buques 
que las condujesen, como igualmente ios buques que nave- 
gasen en los mares de los Estados Unidos; dejando sin 
embargo abierta la puerta k los reclamos que hubieran de 
hacerse ante el Secretario del Tesoro, quien podía remitir 
las penas impuestas en casos justificados. 

Desde muy á principios de la lucha se presentó la cues- 
tión sobre lo que debía de hacerse con los esclavos de araos 
rebeldes^ pudiendo apercibirse desde entonces la diücultad 
de resolverla. 

El General Butler desde 1861 había considerado á los negros 
como «contrabando de guerra.» El G-eneral Me. Olellan 
por su parte, en una proclama dirigida á Jos habitantes del 
Sur, había asegurado que no sólo se abstendrían de meter- 
se con los esclavos, sino que, por el contrario, las fuerzas 
de loa Estados reprimirían con mano de hierro toda ten- 
tativa de insurrección de parte de ellos* 

En una carta dirigida al General Butler por el Ministro 
Caraeron se trató de fijar este punto^ declarando que el 
Gobierno de los Estados Unidos hacia la guerra para man- 
tener la Union y conservar todos los derechos reconocidos 
por la Constitución á los Estados; y encomendándole que 
los esclavos fugitivos, sin embargo, fuesen ocupados en el 
servicio de los Estados Unidos, mientras durase la guerra, 
y el Congreso dispusiese lo conveniente, en cuanto á la 
compensación que debería darse á los amos que hubiesen 
permanecido fieles. 

Poco después el General Fremont, que mandaba el De- 
partamento militar del Mississipi, declarando establecida la 
ley marcial en todos los Estados rebeldes de su jurisdic- 
ción, dejó escapar estas palabras: 

« Toda propiedad raíz y mueble de los que han tomado 



ÍTi OBKAB DS SARMIENTO 

a armas contra los Estados Unidos ó que se probare haber 
<c tomado una parte activa con sus enemigos en campaña, se 
<E declarará confiscada á beneficio público, dándose la libar- 
le tad á los esclavos que poseyeren.» 

Esta orden violaba el acta antes citada, y sólo podia jus* 
titearse con razón de imperiosa necesidad militar. Esto 
motivó una carta oficial del Presidente concebida en los 
siguientes términos: 

Matob General X C. Fremont: Se ha recibido su carta de! 
21 del pasado Agosto* No pondré inconveniente en lo ge- 
neral á su bien fundada observacionj sobre que hallándose 
Vd. colocado en el teatro de los sucesos, podia mejor que 
yo juzgar délas necesidades de su situación. Mas no puedo 
decir otro tanto sobre la cláusula especial con relación á la 
confiscación de la propiedad y la libertad de los esclavos^ 
que porno estar conforme con el Acta del Congreso sobre 
el mismo asunto, debía por tanto ser reformada. En su 
última de Vd, rae pide que haga yo mismo la modificación 
lo que cumplo con mucho placer. Se ordena, pues, que la 
dicha cláusula en la citada proclama ha de ser modificada, 
observada é Interpretada de modo que no salga de lo dis- 
puesto en la mencionada acta titulada: «Acta del Congreso 
K para la confiscación de la propiedad empleada en objetos 
«. revolucionarios », sancionada el 6 de Agosto de ISffl, 
y que dicha Acta se publique íntegra con la orden del día 

^ Vuestro servidor, 

a A. Lincoln, » 

El General Sherman, que fué encargado de la expedición 
sobre las costas de la Carolina del Sur, recibió orden de con- 
formarse á lo que se había acordado en contestación al Ge- 
neral Butler, pudiendo obrar á su discreción en casos espe- 
ciales; y si circunstancias particulares lo requiriesen, 
organizando k los esclavos en escuadras, ó como carretone- 
ros, etc.» en el ejército; pero sin proceder al armamento 
general de los negros. 

Esta cuestión no habia de resolverse sino mas tarde, cuan- 
do la mano del Presidente le diese cuerpo y la formulase 
clara, definida ó inequívocamente. 

La batalla de Ball's Bluflf, una de las primeras que se dio 
bajo la dirección del nuevo general en jefe, y que ocurrió 



TIDA DE LINCOLK l^ 

en Octubre, fué sólo la segunda edición de Bull Run; si 
bien en menor escalas por fortuna. Hallóse una escapatoria 
de todo cargo, echando de ello la culpa al General Stonejy 
la indignación del pais quedó apaciguada. 

Inmediatamente después de esta jornada elevó su renun- 
cia el veterano Scott, la que le fué admitida con palabras 
de aprobación y encomio por los servicios prestados á los 
Estados Unidos durante su larga y brillante carrera. 

Con su separación, el mando en jefe de todo el ejército 
fué encomendado al General Me. Clellan. Los meses de 
Otoño pasaron— alegres y dorados como mandados ha- 
cer para pelear, si había de pelearse alguna vez— pero nin- 
gún combate hubo en el ejército del Potomac — excepto 
escaramuzas, descubiertas y muchas revistas. 

Vinieron los meses de invierno, habiéndose dejado la 
campaña para la estación seca. Hallándose el Grande 
Ejército ahora, completamente organizado, equipado, dis- 
ciplinado, entró — ¿en combate? — nó, á cuarteles de in- 
vierno. 



EL CONGRESO DE 1861 ft 1862 

Sjtuaclan critica de loa negocios púbitcos.— Amenaza {te una gnttv^ con Inglát^ 
rra,-Oposldon interna.— Mensaje al Cuogreso.— Explica francamentfl la síluacíon,— 
Las jiotem'laa eitríinjeras debían ínteres irse mas btcn en la conser^^aclon de la 
Union.— Recomendaciones de Interés público.— Reconocí [iiíentode las ReiiúMlcas de 
Haití y Llberla*— Sílaacion próspera de las finanzas,— Pro^rresjo úe la causa nnlonlst» 
en el [Msieware, Marj lanilla, Kentucky, Virginia, etc.— Autnento de población y 
recursos.— Leyes adoptadas por el Congreso, 

Al reunirse de nue^o el Congreso, en Diciembre de 1861, 
la situación militar no presentaba el favoraljle aspecto qua 
el pueblo debió anticipar» en vista de los enormes gastos 
hechos y de los eafuerzos para llevar adelante con vigor la 
guerra* Verdad es qne había sido protegido el Capitolio 
Nacional; y la parte occidental de la Yirginln, Maryland, 
KentUükyy Missouri no habían caído eti poder de los rebel- 
des, como habían estado amenazados. Nada mas que esto 
se había logrado en el Este; mientras que en el Oeste gran- 
des fuerzas continuaban anienazando Kentucky y el Mis* 
soury; y el ríjo Mississipi estaba en posesión de los rebeldes» 
desde su embocadura hasta cerca de su afluencia con el 
Ohio. 

La captura de los emisarios confederados, Masón y Síidell* 
en alta mar y á bordo de un vapor*correo de Inglaterra, 
produjo una grande ansiedad pública; y si bien el Go hiero o 
pudo mas tarde arreglar el asunto á satisfacción del pueblo, 
cuando se tomaba en cuenta la posición amenazante que 
asumió el Gobierno inglés, sin embargo, el suceso hizo una 
impresión desagrailable en las masas, dejando entrever ea 
tiempo no lejano complicaciones con las potencias estran* 
jeras, que podrían ser sumamente embarazosas en aque- 
lla coyuntura. Creíase que aunque la Inglaterra y la 
Francia profesábanse neutrales en la apariencia, estaban 
prestando en realidad toda clase de ayuda material y auxi- 



VIDA DE lilHCOLN 175 

lio á la causa rebelde. El comercio exterior sufría seria- 
mente á causa de la manera cómo aquellas potencias 
entendían los deberes de la neutralidad. 

Hacíanse mientras tanto esfuerzos para orf^anizar un 
formidable partido contra la administración, que abrazase 
á todas las facciones descontentas. Entre éstus debían 
contarse todos aquellos que desde un principio se habían 
opuesto á la guerra, aunque habían sido acallados por el 
momento, por la violenta excitación que se siguió al ata- 
que de Sumter; á los que estaban persuadidos que nada se 
había avanzado con la guerra; k los que por pretendidos 
escrúpulos constituciünales, se oponían sistemáticamente ¿t 
toda medida administrativa; á aquellos que empezaban -k 
cansarse de la guerra, y se mostraban dispuestos k todo» 
con tal de poner término a ella; y á aquellos, en fin, que de 
todo esperan sacar partido para mejorar su propia condi- 
ción política ó pecuniaria. 

No era por cierto risueño, en general, el aspecto de los 
negocios piiblicoa al abrirse la sesión. De que el Presidente 
estaba al corriente del verdadero estado de las coRaSj mués- 
tralo claramente el mensaje siguiente, eo que estitn con- 
signadas sus miras: 

«Conciudadanos del Senado y Sala de REPKESKNt'-ANTEs: 
En medio de turbulencias políticas sin precedente, tene- 
mos motivos de gratitud hacia Dios por el buen estado de 
salud y las abundantísimas cosechas de este año, 

«No os sorprenderá, saber que, en las peculiares cir- 
cunstancias del país, nuestras relaciones con las potencias 
extranjeras han sido couducidas con una profunda soli- 
citud en vista del estado de nuestros propios asuntos 
interiores. 

aUua porción desleal del pueblo americano ha trabajado 
durante todo el año en su empeño de dividir y de destruir 
la Union. La nación que mantiene divisiones facciosas en 
su seno, está expuesta á sufrir la falta de respeto en el 
exterior, y una parte, si no ambas, acaban j mas tarde ó mus 
temprano, por invocar la intervención extrauj^^ra. 

«Provocadas asi á intervenir, no siempre las naciones 
saben resistir á los consejos de una aparente conveniencia 
y de una ambición poco generosa; aunque las medidas 
adoptadas bajo tales infiuencias rara vez dejan de producir 



178 OBRitS DE SAaMlBNTO 

consecuencias desgraciadas y fatales para sus mismos 
autores. 

aLos desleales ciudadanos de los Estados Unidos» que se 
han ofrecido para hacer la ruina de nuestra patria, á true- 
que de la ayuda y auxilio que han solicitado de afuera, han 
recibido menos patrocinio y aliento que el que probable- 
mente se esperaban. Si fuera justo suponer, como los in- 
surgentes han creído, que las naciones extranjeras, en este 
caso, dejando á un lado toda obligación moral y social, y 
las que los tratados imponenj obrarían sólo por su propio 
interés, en vista ilel mas pronto restablecimiento del co- 
mercio, y especialmente del abastecimiento del algodón; 
no habiendo aquellas naciones, k lo que aparece, discurrido 
camino mas directo y expedito para llegar a sus objetos, 
que la destrucción de la Union, con preferencia al de su 
conservación ; si nos atreviésemos á creer que las naciones 
extranjeras no consultan en sus actos otros principios que 
estos» estoy del todo seguro de poder probarles con argu- 
mentos irrefi'tigables que llegarían mas ¡pronto y fácilmente 
k su objeto, cooperando á, la extinción de la rebelión mas 
bien que favoreciéndola. 

«Los embarazos del comercio hacen la principal palanca 
puesta en acción por los insurgentes para promover la 
hostilidad de las naciones extranjeras contra nosotros. 
Aquellas naciones, sin embargo, han debido en toda pro- 
babilidad ver desde el principio, que era la Union lo que 
constituía nuestro comercio, tanto interior como exterior. 
Apenas ha podido ocultárseles que el esfuerzo por traer la 
desunión produce la dificultad existente; y que una nación 
fuerte promete paz mas durable y mas extenso, valioso y 
seguro comercio, que la misma nación rota en fragmentos 
hostiles, 

«No es mi ánimo pasar en revista nuestras discusiones 
con los Estados extranjeros; porque^ cualesquiera que sean 
sus deseos ó intenciones, la integridad de nuestro país y la 
estabilidad de nuestro Gobierno dependen, principalmente, 
no de ellos, sino de la lealtad, virtud, patriotismo é inteli- 
gencia del pueblo americano- La correspondencia misma, 
con las supresiones de estilo, os será sometida. Me atrevo 
á esperar, que de ella aparecerá que hemos usado de 
prudencia y liberalidad hacia las potencias extranjeras, 



TU>A BE IJNOOLN 177 

evitando causas de desavenencias sin sostener con menos 
firmeza nuestros propios derechos y honor. 

«Desde que, sin embargo, es cosa vista, que aquí como 
en cualquier otro Estado, peligros exteriores vienen nece- 
sariamente hermanados con las disenciones interioreSj os 
recomiendo la adopción de medidas adecuadas y amplias 
para la defensa del país, bajo todos conceptos. Y aunque 
í!on una recomendación tan general se ocurre fácilmente 
la defensa de nuestras costas, llamo también la atención 
del Congreso á nuestros grandes lagos y ríos. Créese qua 
serian de mucha importancia para la defensa y conserva- 
ción nacional algunas fortalezas y depósitos de armas y 
municiones, colocados en puntos convenientes, y la mejora 
de sus puertos y comunicacionea fluviales. Reclamóla aten- 
ción dei Congreso acerca de los informes que, sobre el 
mismo asunto, os presentará en su Memoria el Secretario 
de la Guerra* 

ftCoñsidero de mucha importancia que se unan por líneas 
de ferrO'Carriles las regiones leales del Oeste del Norte de 
Carolina con Kentucky y otros puntos que han permanecido 
fieles á la Union. Recomiendo, por tanto, como una medida 
militar, que el Congreso disponga la construcción de una 
vía semejante con la rapidez posible. Kentucky contribuirá 
sin duda á esta empresa, y por medio de su Legislatura 
hará la mas propia elección del trazado que deba dársela 
para unirla con otras líneas. 

«Se han negociado y serán sometidos al Congreso algu- 
nos tratados celebrados principalmente en beneíicio de 
nuestro comercio, aunque de escasa importancia política. 

«Aunque no hemos logrado inducir á algunas de las 
potencias comerciales á adoptar la tan deseada atenuación 
del rigor de la guerra marítima, hemos allanado el camino 
que conduce k esta humana reforma, excepto en aquellos 
puntos que provienen mertí mente de ocurrencias tempo- 
rales y accidentales* 

«Me permito fijar vuestra atención sobre la corresponden- 
cia que ha pasado entre el Ministro de S, M. B., acreditado 
cerca de este Gobierno, y el Secretario de Estado, relativa 
á la detención del buque ingles c<Perthshirew, en el pasado 
JuniO; por el vapor nacional ííMassachusettSJí, por supuesta 

Tono IS.TTI* — la 



178 OBRAS DB SAKMIBMTO 

violación del bloqueo. Como esta detención fué causada 
por haberse comprendido mal los hechos, y como la justicia 
requiere que no se cometan, actos beligerantes que no estén 
fundados en estricta justiqia, y con la sanción de !a ley 
pública, recomiendo que se destine una suma para satis- 
facer las racionales demandas de los propietarios por esta 
detención. 

«Repito la recomendación de mi predecesor, con repecto 
ala disposición del exceso que probablemente quedará» 
después de haber satisfecho las reclamaciones de ciudada- 
nos americanos contra la China. Si esta recomendación 
no fuese atendida, sugeriría la idea de que se diese autori- 
dad para capitalizar aquel exceso con buenas seguridades, 
con la mira de satisfacer otros reclamos que no dejarán 
de sobrevenir en el curso de nuestro extenso comercio con 
la China. 

«Por el acta de 5 de Agosto, el Congreso autorizó al Pre- 
sidente para facultar á los capitanes de bnques á defenderse 
contra piratas y capturarlos. Esta autorización ha sido 
usada en un caso solamente. Convendría para lamas efec- 
tiva protección de nuestro valioso y extenso comercio en el 
Levante, extender aquella autorización á los buques de 
vela, á fin de que puedan recapturar las presas que hubiesen 
hecho los piratas sobre nuestros buques de comercio y sus, 
cargamentos; y que las cortes consulares actualmente esta- 
blecidas en el Levante, adjudicasen las presas, si las auto- 
ridades locales no se opusieren á ello. 

«No veo razón alguna por qué hayamos de retardar por 
mas tiempo el reconocimiento de la independencia y sobe- 
ranía de Hayti yLiberia. Poco dispuesto, sin embargo, á 
inaugurar una nueva política, sin la aprobación del Con- 
greso, someto á vuestra consideración la conveniencia de 
proveer á los gastos necesarios para acreditar Encargados 
de Negocios en uno y otro de los nuevos Estadas. Ninguna 
duda cabe de que se obtendrán importantes ventajas comer- 
ciales, celebrando tratados con ellos. 

«Los trabajos de la Tesorería durante vuestro receso han 
sido conducidos con notable éxito. El patriotismo de loa 
ciudadanos ha puesto á disposición del Gobierno las gran- 
des sumas requeridas por las exigencias públicas. Mucha 
parte del empréstito nacional ha sido tomado por los ciuda^ 



TiDÁ DE LINCOLN 179 

dano3de las clases IndustrialeSt cuya confianza y fe en la 
estabilidad de su Gobierno^ y el celo por la salvación de su 
patria d^^l peligro presente, los ha inducido á contribuir 
a] sosten de su Gobierno con el todo de sus limitados recur- 
sos* 

ttLa renta pública procedente de todos los ramos de en- 
trada, incluyendo e! empréstito, ascendió hasta Junio de 
1861, á 86.835.900 pesos, y cubiertos los gastos corrientes, 
hubo un sobrante de 2.577.075 pesos. 

aLa guerra continúa. Al considerar la política que había 
de adoptarse para reprimir la insurrección, he tenido el 
mas solícito empeño de que el inevitable conflicto no dege- 
nerase en una violenta y cruel lucha. He creído por tanto 
oportuno en todo caso atender de preferencia á la integri- 
dad de la Union, primordial objeto de la contienda por 
nuestra parte, dejando todas las cuestiones de importancia 
secundaría, bajo un punto de vista puramente militar, ala 
deliberada acción de la Legislatura. 

«El último rayo de esperanza para preservar la Union 
pacíficamente expiró con el asalto del fuerte Sumter, y no 
estará por demás pasar en revista los principales aconte- 
cimientos ocurridos después. Lo que entonces era penosa- 
mente incierto, está ahora mucho mas definido y distinto; 
y el progreso de los sucesos va en la buena dirección. Los 
insurgentesconfiadamente contaban hallar apoyo en latinea 
del norte de Masón y el Dixon, y aun los amigos de la 
Union, no las* tenían todas consigo, por esta parte. Esto 
quedó bien pronto definido favorablemente. Al Sur de la 
linea, el tan pequeño cuan noble Delaware, estuvo del buen 
lado desde el principio. Hízose de modo que Maryland 
apareciese como enemigo. Nustros soldados fueron ata- 
cados, los puentes destruidos, los ferrocarriles cortados 
dentro de sus límites, y pasaron muchos días sin que fuese 
posible traer por su territorio un solo regimiento á la capitaK 
Ahora sus puentes y ferrocarriles restablecidos están 
abiertos ai Gobierno; ya da siete regimientos á la causa de 
la Union, sin ninguno al enemigo; y el pueblo en regular 
elección ha sostenido la causa de la Union, por mayoría mas 
grande y mayor número de votos, que los que en tiempo 
alguno reunió un candidato ó cuestión alguna. Kentucky, 
también, en un tiempo dudoso, se muestra decidido, y yo 



180 0BRA8 DR SA&MIBNTO 

creo decisivamente del lado de la Union. Missouri perma- 
nece relativamente tranquilo, sin apariencia de ser arras* 
Irado de nuevo por la insurrección. Estos tres Estados de 
Maryland, Kentucky y Missouri, ninguno de los cuales 
ofreció un soldado al principio, tienen hoy en campaña en 
favor de la Union un total de caarenta mil; mientras que 
de sus ciudadanos, menos de un tercio de aquel número, 
y esos de dudosa procedencia, y de mas dudosos medios 
de vivir, están en armas contra ella. Después de meses 
de sangrienta lucha, el invierno termina la campaña, 
dejando á la Virginia del Oeste dueña de su propio 
terreno. 

auna fuerza insurgente de cerca de mil quinientos hom- 
bres, que ha dominado por meses la estrecha región penin- 
sular que constituye los condados de Accomac y Northamp- 
ton, y conocida por la costa oriental de Virginia, junto con 
algunas partes contiguas de Maryland, han depuesto las 
armas; y el pueblo ha renovado su juramento de obediencia 
á la ünion, aceptando y protegiendo el antiguo pabellón. 
Con esto no queda un enemigo armado al norte del Poto- 
raac, ó al este de Chesapeake- 

«Hemos obtenido también un punto de apoyo en cada uno 
<le los puntos aislados de la costa del Sur, como el Cabo 
Hatteras, Port Royal, la Isla de Tibee, cerca de Savannah, y 
Ship Island; y hemos recibido noticias generales de movi- 
mientos populares en favor de la Union en la Carolina del 
Norte y Tennessee. 

«Todo esto demuestra que la causa de la ünion avanza 
rápidamente y con paso firme hacia el Sur. 

«Desde la primera vez que se tomó el censo nacional ai 
último, van corridos setenta años; y al fin del período 
encontramos nuestra población ocho veces mayor de lo que 
era al principio. Aun mayor ha sido el aumento de aque- 
llas otras cosas que el hombre mas apetece. De este modo 
tenemos á la vista que el principio popular aplicado al 
gobierno, por medio de los Estados y de la Union, ha pro- 
ducido en un tiempo dado; y también lo que, si es soste- 
nido firmemente, promete para lo futuro. Algunos de los 
que viven, si la Union es preservada, alcanzarán á verla, 
cuando contenga doscientos cincuenta millones. Por esto, 
la lucha de hoy, no es enteramente para hoy, sino también 



yWá. DB LINCOLN iM 

para un distante porvenir. Sigamos, puea, con mas con- 
fianza en la Providencia la gran tarea que los sucesos no& 
han impuesto. 

«A. Lincoln. 
(iWAVHBtGTOv, Dlctemtsre 3 de 1861 «n 

En esta sesión se sancionó la emisión de billetes de papel 
moneda, y un plan de impuestos para aumentar grande- 
mente las rentas delTesoro^ fué también adoptado, submi- 
nistrando base para el pago del interés de los autorizados 
empréstitos, y asegurando la confianza en el medio circu- 
lante nacional. Otra ley de confiscación obtúvola sanción 
del Congreso, con disposiciones especiales de perdón y 
amnistía, y limitando la confiscación de la propiedad in- 
mueble á la vida de los rebeldes propietarios. 

Fué también nombrada una comisión para dirigir la 
guerra, cuyos trabajos debían someterse al Presidente, y 
publicarlos cuando conviniese. 



U ESCLAVITUD 



Graves embarazos qae otreda la cuesUon de la esclavltud.^Mr. UdcoId decidido 
primero por laaboliciOD gradual.— Esta medida es adoptada por el DLatritD de 
€oIumbla.— Poderosos, pero vanos, argumentos del PresideDte para LncUnAr á Los 
otros Estados á aceptar este partido.—Se ordena el empleo de negros en cL ejército. 
—Nueva apelación á los rebeldes para que depongan laa amias. 



No era posible hacer á un lado la resolución definitiva de 
la cuestión de esclavitud, que por su Intima conexión con 
las operaciones militares venia de suyo á llamar la atención 
pública. Este asunto había estado siempre vivo eñ el espí- 
ritu de Mr. Lincoln, desde que estaba k la vista de todos^ 
que no era una lucha pasajera aquella en que el país estaba 
comprometido, sino un combate á muerte con enemigos 
resueltos y desesperados. Su acción, sin embargo, no era 
del todo independiente. Si le hubiese sido dado tomar 
osadamente la iniciativa, seguro de que la gran masa del 
pueblo lo respaldaba, habría obrado de otro modo de lo 
que se veía constreñido-4 jgiacer, considerando la delicada 
naturaleza de la cuestión, la entera falta de antecedentes, 
lo complicado de los intereses, los peligros que un paso en 
falso acarrearla, la división que sobre este punto existía 
aun entre sus propios sostenedores políticos, y las miras 
encontradas que tenían hombres cuya lealtad y devoción 
al país estaban á toda prueba. 

Prefirió adoptar la mas sabia política, en el estado actual 
de las cosas, de no tomar la delantera, sino en cuanto 
bastaba á colocarlo al frente del movimiento popular, sin» 
tiendo, como él repetía á menudo, que convenia andar des- 
pacio para ir de prisa. Bien sabía que esto satisfaría á 
mucho de sus amigos políticos; pero sobre su ánimo no 
obró otra consideración, á mas de la del interés del país, y 
ante éste todo debía ceder. 



TLDA DE LINCQLK 18$ 

El 6 de Marzo envió al Congreso un mensaje relativo á 
esta cuestión, habiendo sido sancionada por ambas Cámaras 
la resolución que proponía: 

«Recomiendo la adopción por ambas Cámaras de una 
resolución que en substancia sería asi: 

« Seresueive: Que los Estados Unidos cooperarán con cual- 
« quier Estado que adopte la gradual abolición de la escla- 
« vitud, prestándole auxilio pecuniario, que el Estado usará 
« á su discreción para compensar los inconvenientes públi- 
€ eos ó particulares, que el cambio de sistema produjere.» 

La consideración principal que hacía valer en apoyo de 
la medida, era que los caudillos de la insurrección tenían la 
esperanza de que el Gobierno se vería al fin forzado á reco- 
nocer la independencia de alguna parte de la región desafec- 
ta; y que todos los Estados de esclavos al norte de aquella 
parte se harían la cuenta de que, puesto que la Union por 
que habían combatido se había disuelto, nada les impedía 
entonces reunirse á los Estados del Sur. La rebelión tocaría 
á su término desde que se les privase de esta esperanza y 
viniendo la iniciativa de emancipación de los Estados del 
Norte, quedaban frustradas en sus esperanzas. 

En todo caso, el Presidente estaba por la emancipación 
gradual, como lo mas hacedero, dejando á cada Estado y 
al pueblo interesado mas directamente en el negocio, su 
completa dirección, no siendo asunto de la competencia 
del Gobierno Federal. 

Por el mismo tiempo el Congreso, como para dar el ejem- 
plo, abolió la esclavitud en la capital federal, que está bajo 
su inmediata jurisdicción, por medio de una ley titulada: 
<üna Acta para el descargo de ciertas personas sujetas á 
servidumbre ó labor en el Distrito de Colombia». Proveíase 
en ella indemnización á los amos, y medios de establecer en 
alguna parte colonias de libertos. El General Hunter, 
Comandante militar para los Estados insurreccionales de 
Florida, Georgia y la Carolina del Sur, había lanzado una 
proclama en el mes de Mayo, por la cual, sometidos como 
aquellos estaban á las leyes militares, declaraba que la ley 
marcial y la esclavitud eran enteramente incompatibles 
•n un país libre; y por tanto ordenaba que fuesen libres 
para siempre los esclavos de los tres mencionados Estados. 

El Presidente, aunque sin tener aun conocimiento oficial 



184 OBRAS DE 8ARBÍIBNT0 

de paso tan avanzado, fuéle á la mano con un decreto 6 
proclamación, repudiando aquella declaración, como no 
emanada de autoridad competente. 

«Por tanto, decía, hago saber que es cuestión que yo 
me reservo á mí mismo, bajo mi responsabilidad, como 
Comandante en Jefe del Ejército y Armada, el ejercer el 
pretendido derecho de declarar libres & los esclavos de uno 
ó de todos los Estados, si en algún tiempo ó en algún caso 
llegase á ser necesidad indispensable para el mantenimiento 
del Gobierno; lo que no me creo justificado de abandonar 
¿ la decisión de los jefes en campaña.» 

Concluía esta proclamación encareciendo k los Estados la 
conveniencia de tomar la iniciativa en la gradual emanci- 
pación de los esclavos, que obraría como el rocío del cielo, 
sin violentar nada, y amonestándolos á no cerrar los ojos «á 
los signos del tiempo», que sólo los ciegos podían dejar 
de ver. 

Antes de terminar sus trabajos el Congiesoj y mientras 
el país estaba abatido por el mal éxito de la campaña 
llamada peninsular, el Presidente invitó á una conferencia 
á los Senadores y Representantes de los Estados confinan- 
tes, con el propósito de preparar sus ánimos para recibir las 
medidas que los nuevos sucesos aconsejasen como necesa- 
rias al aniquilamiento de la rebelión, previendo que hubie- 
ran de habérselas con un golpe dado á la institución de la 
esclavitud en un período no muy remoto. El lenguaje que 
les tuvo, no obstante su sensatez y cordura, no obtuvo, sin 
embargo, la aprobación mas que de nueve de entre los 
veinte y nueve invitados. «Si la guerra continuase, les decía, 
como debe suceder, la institución de la esclavitud en vues- 
tros Estados está destinada á expirar por el simple frota- 
miento causado por los incidentes de la guerra. 

«Desaparecerá sin dejaros en cambio nada que represente 
su valor, gran parte del cual está ya perdido. Cuánto mas 
valdría para vosotros y para vuestro pueblo dar el paso 
que á la vez acorta la guerra, y asegura una indemnización 
substancial, que es seguro será perdida en cualquier otro 
caso. Cuánto mas no os valdría ahorrar el dinero que de 
otro modoso tragará la guerra, sin retorno alguno. ¿No vale 
mas hacer esto, mientras podamos, antes que la guerra nos 
ponga dentro de poco en la imposibilidad pecuniaria de 



TIDA BE LINCOLN 1S5 

hacerlo? ¡Cuánto mejor para vosotros como vendedores, y 
para la nación como comprador, es vender y comprar 
buenamente aquello sin lo cual no hubiéramos tenido 
guerra^ que el perder ó gastar la cosa misma y su precio 
en cortarnos el pescuezo unos á otrosí No hablo de eman- 
cipar de UQ golpe, sino de tomar la resolución de hacerlo 
gradualmente, Terreno puede obtenerse en la América del 
Sur barato y en abundancia para colonizarlo con libertos; y 
cuando haya suñciente número establecido para ayudarse 
entre sí, los libertos irán espontáneamente. 

«Meditad despacio este asunto y discutidlo entre vosotros, 
antes de dejar el Capitolio: sois patriotas y hombres de 
estado, y como tales os ruego consideréis esta proposición; 
y por lo menos recomendadla á la consideración de vuestro 
Estado y pueblo. Como vais á perpetuar el gobierno popu- 
lar para el mejor pueblo del mundo, os ruego que de nin- 
guna manera omitáis este paso. Nuestro país común se 
halla en gran peligro, exigiendo que la mayor elevación de 
miras y la mas atrevida acción, vengan en su auxilio. Una 
vez libertado, su forma de gobierno salvada para el mundo, 
su querida historia y sus idolatradas memorias quedarán 
vindicadas, y su feliz porvenir plenamente asegurado y 
engrandecido de upa manera inconcebible. A vosotros, 
mas que á nadie, está reservado el privilegio de garantirle 
aquella felicidad y acrecentar su grandeza, uniendo por 
siempre vuestros nombres á ella.» 

El 22 de Julio se expidió la orden siguiente : 

Departabíento de la GrUERRA, Washington, Julio 22 de 1862. 

Primero : Se ordena que los jefes militares en los Estados 
de Virginia, Carolina del Norte, Georgia, Florida, Alabama, 
Mississipi, Luisiana, Texas y Arkansas, ocupen de la manera 
ordinaria y usen toda propiedad raíz ó mueble que con- 
venga para el servicio de sus diversas fuerzas, ó cualquier 
otro destino militar; y aun cuando estos bienes sean consu- 
midos para objetos militares, ninguno lo sea por malicia ó 
sin provecho. 

Segundo: Que los comandantes militares y navales empleen 
como trabajadores, en Jos limites de dichos Estados, el 
número de personas de descendencia africana de los mis- 
mos Estados^ que pueda ser ventajosamente empleado en 



186 OUKJIS DS BAKUlBMro 

trabajos militares ó navales, dándoles un razonable salario 
por su trabajo. 

Tercero: Que se lleve razón tanto déla propiedad como de 
las personas de descendencia africana asi empleadas, con 
especificación de su cantidad y valor, y á quienes pertenezcan 
tal propiedad y tales personas, á fin de que ¿ su debido 
tiempo, sirvan de base para su indemnización; y que las 
diversas oficinas de este gobierno ejecuten la parte que les 
corresponda en el cumplimiento de esta orden. 

Por orden del Presidente, 

Edwin H. Stanton, Secretario de la Guerra. 

El 25 de Julio el Presidente, en una proclama, intimó á 
toda clase de personas dejasen de tomar parte, fomentar ó 
apoyar la rebelión, y volver á la obediencia, so pena de lo 
dispuesto en el « Acta para suprimir insurrecciones, casti- 
gar traiciones y rebeliones, y tomar y confiscar la propie- 
dad de los rebeldes, y para otros objetos,» aprobada en 
Julio 17 de 1862. 



LA caípaNa peninsular 



El Presidente ordena un movimJento general de Los ejercitas.— Sus resoltados 
tnxnedlatos^— Dtsoürsoa de! plan de campaña contra RIchcnoDd.— Movimiento del 
Ejército del Potomac— Batallas de Yorktown, WUMa[Ila£lu^j^^ Siete Pinos y de los 
■tete días.— Mal resultado de la campaña peninsular. ^Segundo BuJI aun ^—Bata- 
lla de Antíetani.— La responsaülíldad de estoa deflastres*— Victoria de Mur- 
íreesboro. 



El año de 1862 se abrió en medio de la impaciencia de 
todos Jos ánimos por que se pusieran eo acción los grandes 
ejércitos que se habían organizado á tan grande costa, y 
cuya aparente inmovilidad parecia un reproche contra el 
honor da las armas federales. Cediendo á este impulso da 
la opinión publica, apareció la siguiente orden: 

Palacio del £xecittivo, Wasbtngion, Enero i7 de I8ai 

«Sí ordena^ que el 23 de Febrero de 1862 sea el dia desig- 
nado para un movimiento general de las fuerzas navales 
y militares de los Estados Unidos contra las fuerzas inaur- 
gentes. 

ct Que el ejército que se halla en los alrededores del 
fuerte Monroe especialmente» y el ejército del Fotomac, el 
ejército de Virginia Occidental, el que as encuentra cerca 
deMumfordsville en Kentuctcy, el ejército y flotilla en et 
Cairo estén prontos para un movimiento general en aquel 
día. 

«Que todas las otras fuerzas, tanto navales como terres- 
tres, con sus respectivos jefes, obedezcan las respectivas 
órdenea dadas oportunamente, y se tengan dispuestos á 
cumplir las órdenes adicionales que hubieren de darse k 
su debido tiempo* 

<t Que todos los jefes de Departamento, y especialmente 



188 OBRAS I>B SARMIENTO 

los Secretarios de Guerra y Marina, con todos sus subordi- 
nados, y el General en jefe, con todos los otros Coman- 
dantes de las fuerzas de mar y tierra, queden apercibidos 
cada uno en particular de su estricta y completa respon- 
sabilidad por la pronta ejecución de esta orden. 

« Abrahan Lincoln. » 

Reasumiendo el Presidente todo el poder constitucional 
como Comandante en jefe de las fuerzas de mar y tierra, 
delegado temporalmente en otros, y dirigiendo inmediata 
y enérgicamente medidas agresivas, obedecía al senti- 
miento popular, harto manifiesto ya, y al descontento por 
la falta de acción al parecer inexcusable en los negocios 
militares. 

En el Oeste y Sudoeste, se siguieron la batalla ganada 
en Mili Spring, Kentucky; la captura de los fuertes Henry 
y Donelson, que obligó á los rebeldes á evacuar á Nash- 
ville, dejando todo el Estado de Kentucky desembarazado 
de fuerzas rebeldes organizadas; la reciamente disputada 
pero bien ganada batalla de Pea Ridge, en Arkansas, que 
libertaba en gran parte á Missouri; la victoria arrancada de 
manos de la derrota en Shiloh; y la ocupación de New 
Orleans, que domina la boca del Mississipi. 

¿Qué para al Este ?— La isla de Roanoke^ que era una 
especie de garrucha clavada al costado de la Carolina del 
Norte y toda la rebelión, como lo había sido ya la ocupa- 
ción de Port Royal el anterior en las costas de la Carolina 
del Sur. 

Tocante á los movimientos del Ejército del Potomac, hacia 
el cual dirigía sus ansiosas miradas todo el país, esperando 
grandes resultados, dotado de buenos oficiales, discipli- 
nado y equipado espléndidamente, como se sabía ó creía, 
la primera dificultad estaba en fijar un plan. 

Con el objeto de atraer la atención de su General k algo 
que pareciese una decisión definitiva, la orden de 37 de 
Enero fué seguida por esta otra: 

BfANSioN DEL EJECUTIVO, WasbiDgtoD» Eoero 31 de 18(2. 

« Se ordena^ que todas las fuerzas disponibles del Ejér- 
cito del Potomac, después de haber provisto con seguridad 



TIBA DE LIKCOLN 180 

k la defensa de Washington, se formen en una expedición 
con el objeto inmediato de tomar y ocupar ua punto sobre 
el ferro-carril al sudoeste de lo que se conoce con el nom- 
bre de la Union de Manassas; quedando los detalles k la 
discreción del Comandante en jefe, y la expedición üsta 
para moverse el 22 de Febrero ó antes. 

« Abraham Lincoln. » 

Habiendo opuesto el general Me. Clellan objeciones á. 
este plan, y recomendado encarecidamente que se avan- 
zara sobre Richmond por el Bajo Rapahanock, con Urbana 
por base, el Presidente le dirigió la siguiente carta: 

Mansión del Ejecutivo, Washington, Febrero 3 de 1862. 

«Mi querido señor: Vd., y yo tenemos planes distintos 
para un movimiento del Ejército del Potomac: el de Vd., 
debe ejecutarse por el Chesapeake, subiendo el Rapa- 
hanock nasta Urbana, y atravesando por tierra, llegar al 
termino del ferrocarril del río York: moviéndose directa- 
mente á. un punto al Sudoeste de Manassas. 

« Si Vd., da una satisfactoria respuesta á las siguientes 
preguntas, yo abandonaré mi plan por el suyo: 

a Primero: ¿ No envuelve su plan mas gasto de tiempo y de 
dinero que el mío ? 

(í Segundo: ¿Por cuál es mas segura una victoria, por el 
suyo ó por el mío ? 

« Tercero: ¿ La victoria será mas decisiva por su plan 
<iue por el mío ? 

« Cuarto: ¿No sería de hecho menos valiosa, en cuanto 
el suyo no rompería ninguna línea de comunicación, miem- 
tras que el mío si? 

« Quinto: En caso de una derrota, ¿ la retirada no sería 
mas difícil por su plan que por el mío ? 

«Abraham Lincoln.» 
« Al Mayor General Me. Clellan. » 

Tan sencillas y prácticas cuestiones nunca obtuvieron 
respuesta directa. 
Careciendo las fuerzas de organización por cuerpos sepa- 



190 OBRAS DB 8ARMIBNT0 

rados de ejército, y como hubiese de operarse un rnovi- 
miento sobre Manasas, el Presidente expiüió una orden 
perentoria al Comandante General para que procediese á 
llenar aquel vacío, nombrando los cuerpos y sus jefes, 
según sus categorías. 

El mismo día el Presidente, que á su pesar había asen- 
tido al plan de avanzar sobre Richmond, sin haber antea 
cubierto á Washington, expidió una orden general dispo- 
niendo lo conveniente para conseguir este resultado. 

Finalmente, después de demoras sin término, volumi- 
nosas correspondencias, y acaloradas discusiones, que 
bastarían para acabar con la paciencia de un santo, 
comenzó aquel movimiento militar que ha pasado á la 
historia con el nombre de la Campaña Peninsular Ame- 
ricana. Emprendióse la marcha á mediados de Marzo de 
1862, con un ejército medianamente disciplinado, cuyo 
número se ha estimado de 90 á 125.000 hombres, con el 
objeto de apoderarse de Richmond. La ruta adoptada era 
la de la península que se forma por la convergencia de 
los ríos navegables de James y York, en su desemboca- 
dura á la gran rada del Chesapeake, el mismo teatro en 
que se había representado el acto final de la guerra de 
la Independencia. El primer obstáculo que vencer, era 
la reducción de la plaza fuerte de Yorktown, defendida 
por al menos unos 20.000 rebeldes al mando de Ma- 
gruder. 

Después de grandes trabajos de sitio, dificultados por 
las lluvias y lo cenagoso del terreno, este punto fué ocu- 
pado al cabo de 25 días de emprendidas las operaciones de 
asedio. Pero la guarnición se escapó hacia Richmond 
perseguida por las columnas federales; lo que dio por 
resultado las dos serías, pero indecisas acciones de Williams- 
burg y West Point. Siguiéronse entonces una serie de 
combates en la vecindad misma de la capital confederada,, 
entre los cuales descuella la batalla llamada de los Siete 
Pinos, en que los rebeldes fueron rechazados en su tenta- 
tiva de desalojar á sus enemigos de sus fuertes posicionea 
al frente de la ciudad. 

Sin embargo de esto, la posición del Ejército del Poto- 
mac se hacía cada día mas crítica ; porque sus tropas eran 
diezmadas por la malaria, engendrada por los bajos del 



VIDA DE UKGOLW 191 

fangoso Chickahominy; mientras que sus adversarios esta- 
ban reconcentrando sus batallones de todos los lugares 
accesibles. Bajo la vigorosa acción de su nuevo general en 
jefe, el después famoso Roberto E. Lee, emprendieron en 
efecto el temido ataque por el flanco derecho del ejército 
federal, arrollándolo hacia el sur del citado riachuelo. Si- 
guiéronse unas en pos de otras las sangrientas acciones 
denominadas de los Siete Días, en que incesantemente se 
batieron los federales en retirada, infligiendo terribles pér- 
didas al enemigo, hasta llegar á un punto todavía domi- 
nante del terreno conocido como el Desembarcadero de 
Harrison, sobre las márgenes del James, que venia á 
formar una nueva base de operaciones y abastecimientos. 

El Presidente creyó, empero, mas acertado en el estado 
crítico de los negocios el hacer venir todo el ejército de 
Me. Glellan á la defensa de la capital amenazada por 
todas las fuerzas de Lee. Mas antes que aquellas se 
hubieran juntado con el ejército de Virginia, al mando del 
inexperto General Pope, ya había ocurrido el choque entre 
ellas casi en el mismo campo de batalla del primer Bull 
Run. El resultado de esta acción vino á ser casi tan desas- 
troso como el de la primera dada siete meses antes en el 
mismo paraje, aunque esta vez los rebeldes eran los agre- 
sores. 

En consecuencia de este desastre, el Presidente resolvió 
llamar de nuevo al mando del ejército al g<?neral Me. Clellan, 
bajo cuya dirección se dieron las batallas de la Montaña del 
Sur (South Mountain) y la de Antietam, que produjeron la 
retirada de Lee al otro lado del Potomac y la desocupación 
del Estado de la Marilandia, que casi sin oposición había 
invadido con sus victoriosas huestes. Esta última acción 
es una de las mas reñidas y sangrientas, que se haya 
visto en este siglo; aunque nada decisivo trajo consigo 
para la lucha, si no es el restablecer la moral del ejército 
federal muy seriamente minada por una serie de adversas 
circunstancias. 

Tocará á la historia explicar la responsabilidad que 
cabe en estos sucesos á cada uno de los personajes que 
figuraron en ellos. Es probable que Mr. Lincoln, care- 
ciendo de conocimientos militares y escaso todavía de 
experiencia política, para gobernar en una situación tan 



192 OBRAS DB SARMIENTO 

excepcional, no estuviera exento de toda crítica. La remo- 
ción de Me. Glellan del mando del Ejército del Potomac, 
en aquellas circunstancias, ha sido uno de sus actos mas 
reprobados. Seguido como fué del desastre ocurrido en 
Fredericksburg, imputado á la impericia del General 
Burnside, quien le había sucedido con repugnancia en 
el mando, los enemigos del Gobierno lo acusaban en 
alta voz de haber querido sacrificar aquel jefe favorito 
del ejército á sus resentimientos personales y de par- 
tido. 

El ejemplo de severidad y de disciplina que en esta 
ocasión quiso dar Mr. Lincoln, no fué perdido mas tarde, 
produciendo favorables efectos en la administración civil 
y militar. Pero, como hemos dicho antes, el futuro histo- 
riador sólo puede juzgar debidamente de estos hechos 
actualmente obscurecidos por las pasiones políticas é inte- 
reses individuales. Cierto es, solamente, que el año de 1862, 
se cerraba nebuloso y amenazante para la causa federal, 
cuyas armas parecían condenadas á. perpetua derrota en 
cada movimiento agresivo que intentaban por la parte del 
Este. 

Un poco mas afortunados andaban sus hermanos del 
Tennessee, en que el ejército que mandaba el General 
Rosecrans, obtuvo una victoria señalada en el reñido com- 
bate de Stone's Creek ó Murfreesboro, sobre las tropas de 
Bragg, que en vano intentaron desalojarlo de aquel 
punto. El General Grant, á la cabeza del ejército de 
Mississipi, estaba todavía madurando su plan para reducir 
á Vicksburg, el gran baluarte que impedía á los federales 
la navegación del padre de las aguas. Todos sus esfuerzos 
para arrancar esta llave de la rebelión por el sudoeste 
habían sido antes vanos; pero su indómita voluntad no ses- 
gaba ante ellos. 



LA LlfiERTAD DE MILLONES 

Carta notable de Mr. LlDcoln á Horacio Greeley^^Sti ramosa Proclamación dando 
libertad á todos \<m esclavos en los Estados rebeldes, — Partí cnlartdad es üe sn 
adopción j publicación.— Proclamación j»uspe adiendo el privilegio úé\h^be<ucorpuM 
en determinados casos^— Sn efecto ^-Obflervancla del dia del Señor.— Se arma á los 
negros . 

Habiéndose publicado un artículo editorial en La Tribuna de 
Nueva York, en Agosto de 1862, en forma de carta dirigida 
al Presidente por el director de aquel periódico, criticando 
severamente la política de Mr. Líiicoin con respecto á la 
cuestión de la esclavitud, éste le contestó con la siguiente 
carta: 

Mansión del Ejecutivo, 
Washington, Agosto 22 de 1862. 

Al honorable Horacio Greeley. 

«Querido señor: He leído la carta que Vd. me dirigió por 
medio de La Tribuna. Si hubiere en ella alguna aserción 
de hechos que supiera fuese errada, no es este el caso 
ni el lugar de controvertirla. Si hubiese en ella alguna 
inferencia que yo creyese mal deducida, no será ahora, 
ni es este el lugar de demostrarlo. Si se apercibiese en 
ella un tono impaciente y dictatorial, lo olvido por defe- 
rencia á un antiguo amigo, en cuya rectitud de corazón 
siempre he creído. En cuanto á la política que, según 
Vd. dice, parece yo voy siguiendo, no quiero que quede 
la menor duda. 

«Mi objeto es salvar la Union. Y salvarla por el mas 
corto camino bajo la Constitución. Cuanto mas pronto se 
restablezca la autoridad nacional, mas pronto la Union vol- 
verá á ser «la Union de antes 9. Si hubiere algunos que 

Tomo xxvn.— 13 



194 OBRAS D£ SARMIENTO 

DO salvarían la Union si al mismo tiempo no salvaban la 
esclavitud, yo no estoy con ellos. Si hubiere algunos que 
no salvarían la Union sin destruir al mismo tiempo la escla- 
vitud, yo no estaría con ellos. Mi objeto primordial, en 
esta lucha, es salvar la Union» y no destruir la esclavitud. 
Si pudiese salvar la Union sin libertar á un solo esclavo, 
yo lo haría; y si pudiese hacerlo, libertando k todos los 
esclavos, yo lo haría; y si pudiese hacerlo libertando k 
unos, y dejando esclavos á otros, también Ío haría. Lo 
que hago por la esclavitud y la raza de color, lo hago por- 
que creo que ayuda á salvar la Union; y lo que me abs- 
tengo de hacer, lo hago porque creo que no ayuda á salvar 
la Union. Haré menos siempre que crea que estoy hacien- 
do mal á la causa, y haré mas siempre que crea que esto 
servirá mejor la causa, 

«Trataré de corregir errores, cuando se me demuestre 
que son errores, y adoptaré nuevas ideas, tan pronto como 
aparezca que son las verdaderas ideas. Con esto he fijado 
mi propósito, según comprendo mi deber oficial^ y no pre- 
tendo modificar de manera alguna mi deseo fíer^orifl/ tantas 
veces expresado, de que todos los hombres y por todas 
partes sean libres. 

«Vuestro, etc. 

A. Lincoln, » 

Cual fuese aquella políticas todo corazón varonil vino á. 
saberlo con placer cuando apareció la siguiente procla- 
cion, que es el documento de estado mas importante que 
haya salido jamas de la pluma de un Presidente ame- 
ricano : 

«Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos 
de América, y Comandante en Jefe de su Ejército y Ma- 
rina, proclamo y declaro por ésta, que de hoy en ade- 
lante, como hasta aquí, se proseguirá la guerra con el 
objeto de restablecer prácticamente las relaciones consti- 
tucionales entre los Estados Unidos y el pueblo que los 
forma, en aquellos Estados en que aquella relación está 
ó pueda estar suspendida ó perturbada; que es mi propó- 
sito, á la próxima reunión del Congreso, recomendar de 
nuevo la adopción de medidas prácticas, ofreciendo ayuda 
pecuniaria, que puedan aceptar ó rechazar todos los Esta- 



TIBA DE LINCOLN 195 

dos con esclavos, y cuyo pueblo no se halle entonces en 
rebelión contra los Estados Unidos» y los cuales Estados 
hayan entonces voluntariamente adoptado, ó en adelante 
voluntariamente adoptaren la inmediata ó gradual aboli- 
ción de la esclavitud j dentro de sus respectivos límites; 
y que el esfuerzo para fundar colonias con personas de 
descendencia africana será continuado, con su consenti- 
miento, en este Continente ó en cualquiera parte, previo el 
consentimiento del Gobierno que alli exista; que el primer 
día de Enero del año de Nuestro Señor mil ochocientos 
sesenta y tres, todas las personas tenidas en esclavitud en un 
Estado, ó en determinada parte de un Estado^ cuyo pueblo 
se hallase entonces en rebelión contra los Estados Unidos, 

SEHÍN entonces, en adelante y por SlEJdPRE LIBRES, y el 

Gobierno Ejecutivo de los Estados Unidos, incluyendo la 
autoridad militar y naval de elloi*, reconocerán y manten- 
drán la libertad de tales personas, y no ejecutarán acto 
alguno para reprimir á tales personas <3 alguna de ellas 
en los esfuerzos que hicieren por obtener su libertad ; 
que el Ejecutivo el primer día de enero antedicho desig- 
nará por proclamación los Estados, y partes de Estados, 
si las hubiere, en que sus habitantes respectivamente se 
hallen en rebelión contra los Estados Unidos; y el hecho 
de que algún Estado ó el pueblo de él, se halle aquel día 
de buena fe representado en el Congreso de los Estados 
Unidos por miembros á él electos, en votacioneá en que 
una mayoría de los votantes calificados de dicho Estado 
hayan tomado parte, esto será, á falta de testimonio contra- 
rio, considerado como prueba concluyente de que dicho 
Estado y pueblo no han estado en rebelión contra los 
Estados Unidos. Que se llama la atención por ésta á 
una acta del Congreso titulada : Acta para dictar un 
artículo adicional de guerra, aprobada en marzo tres de 
mil ochocientos sesenta y dos. (Se inserta aquí lo con- 
cerniente.) 

«Y yo, por esta ordeno y mando á todas las personas 
que se encuentren al servicio militar y naval de los Estados 
Unidos, observen, obedezcan y hagan cumplir dentro 
de sus respectivas esferas de servicio el acta y artículo 
citados. Y el Ejecutivo, á su debido tiempo, recomendará 
que todos los ciudadanos de los Estados Unidos que han 



196 OBaJLB BR SAKMiEfíTO 

permanecido fieles durante la rebelión sean compensados 
por todas las pérdidas* incluso la pérdida de sus esclavos 
tan pronto como se haya restablecido el vinculo constitu- 
cional entre los Estados Unidos y sus respectivos Estados y 
pueblos» que antes hubiese estado interrumpido ó pertur- 
bado. 

a En testimonio de lo cual, lo he firmado de rai mano y 
mandado poner el sello de los Estados Unidos, 

ííDado en la ciudad de Washington, el veinte y dos de 
Septiembre del año de Nuestro Señor mil ochocientos se- 
senta y dos, y ochenta y siete de la Independencia Ameri- 
cana. 

ft Por el Presidente, v Abkáham Linooln, 

ce WiLLiAM H, Sewabj>, Secretario de Estado. » 

Este heraldo de libertad para millones de hombres, fué 
mal recibido por aquellos que no omitían oportunidad de 
desacreditar la administración ; pero como este documento 
estaba destinado á ejercer la mas feliz influencia sobre 
la libertad de los hombres, aun en las generaciones futu- 
ras, no estarám de mas aquí algunos preciosos detalles 
subministrados por revelaciones particulares. Mr< Carpen- 
te r, el pintor encargado de trazar el cuadro que debia 
perpetuar por medio del arte la escena en que se preparó 
la Acta de Emancipación, ha dado á luz una monografía 
sobre la historia del acta misma» y de ella tomamos los 
siguientes pormenores: 

tí Estábamos, me dijo Mr. Lincolnj en el verano de 1863. 
Las cosas iban de mal en peor. El camino seguido hasta 
entonces no tenia salida; estábamos á punto de jugar 
nuestra última carta, y perder el juego si no cambiábamos 
de plan- Entonces me resolví á adoptar la política de la 
emancipación, y sin consultar al Gabinete i>reparé el bo- 
rrador original del acta. Después de meditarlo mucho 
convoqué á consejo de Ministros, para someterles el asunto. 
Esto fué en Agosto, aunque no recuerdo precisamente la 
fecha. Dije al Gabinete que me había resuelto á dar este 
pasOs aunque no pedia todavía el parecer de Jos Ministros, 
sino que sometía el borrador á su consideracionj como 
materia de discusión. Varias sugestiones se ofrecieron* 
El Secretario Chase quería que se aprobase en términos 



yiDk BB LmOOLN 197 

mas fuertes el armamento de los negros. Mr. Blair halla- 
ba que esta política haría perder la elección de otoño. 
Nada se presentaba, sin embargo, que no hubiese sido 
previsto, y buscá-dole una salida en mi mente, hasta que 
habló el Secretario Seward, a Yo apruebo la proclamación, 
dijo, pero no la encuentro conveniente para las circuns- 
tancias. Tal es el abatimiento en que han echado al 
público nuestros repetidos reveses, que temo por las con- 
secuencias de paso tan decisivo* Puede ser mirado como 
la última medida de un gobierno exhausto; el grito de 
amparo; el gobierno tendiendo los brazos á la Etiopía, ya 
que la Etiopia no los ha tendido hacia él. Mi idea, es, 
pues, aprobando como apruebo la medida, que se posponga 
hasta poderla presentar al país apoyada por la victoria, 
mientras que hoy aparece en medio de los mayores 
desastres de la guerra.» 

« Hízome mucha fuerza el raciocinio del Secretario de 
Estado, pues yo no había mirado el asunto por este lado; y 
sin mas ni menos, dejé en barbecho el borrador, hasta espe- 
rar una victoria. De cuando en cuando añadía ó quitaba 
algo, retocándola aqui y alli, mientras estaba á la mira de 
los sucesos. A-hora bien, la primera noticia que tuvimos 
fué la del desastre de Pope en Bull Run. Cada día empeo- 
raba la situación. Al fin llegó la semana de la batalla de 
Antletam^ y me resolví á no aguardar mas. Llegó la noticia 
un viernes, creo, de que la ventaja estaba de nuestra parte. 
Yo me hallaba en el Asilo de Inválidos (una quinta á tres 
millas de Washington). Allí concluí de poner en limpio el 
borrador de la proclamación: regresé el sábado, cuando 
fué presentada al Gabinete y adoptada (con la agregación de 
mantener^ donde dice reconocer y mantener la libertad de 
dichas personas), y publicada el lunes.» 

Congratulándose el pintor mas tarde, de haber sugerido la 
idea de pintar un cuadro conmemorativo del Acta de 
Emancipación, Mr. Lincoln, con una animación que el 
artista no le habla visto jamas le contestó: «Si, por el 
rumbo que han tomado los sucesos, es este el acto central 
de mi administración, y el grande acontecimiento del siglo 
diez y nueve.í) 

Mr Chase, según Carpen ter^ asegura haberle oído decir, 
al anunciar el objeto de la convocación del Gabinete, una 



1^3 QERÍlS DB SARUrSNTO 

frase que repitió después á pedido suyo: «Había hecho un 
TOto solemne ante Dios, que si el General Lee era expul- 
sado de Pensilvania» coronaria el resultadoj declarando 
libres á los esclavos.)) 

Como se hiciesen por aquel tiempo, y no sin éxito^ gran- 
des esfuerzos para embarazar la acción del Gobierno á fin 
de obtener los necesarios refuerzos para el Ejército, y mu- 
chos mal intencionados de la peor clase estuviesen ase- 
chando la ocasión de sacar partido de la gran preocupación 
que existía en los pueblos del Norte contra los negros, dos 
dias después apareció la siguiente proclamación, á fin de 
que nadie ignorase las consecuencias, si insistían en llevar á 
cabo sus traidores intentos; 

«Por cuanto: Se hace necesario llamar al servicio, no sola- 
mente los voluntarios, sino también parte de la milicia de 
los Estados por quintas, con el objeto de suprimir la insu- 
rrección existente en los Estados Unidos, y hay personas 
desleales, que no pueden ser contenidas por los procedi- 
mientos ordinarios de las leyes, en su empeño de impedir 
esta medida y de prestar ayuda y auxilio de varios modos k 
la insurrección. 

«Por tanto se ordena: 

^Primero. Que durante la existencia de la insurrección, y 
como una medida para contener á todo rebelde ó insur- 
gente, sus auxiliares y fautores, dentro de los Estados Uni- 
dosj y á todas las personas que propendan á estorbar el 
alistamiento de voluntarios, resistan á la quinta de la mili- 
cia, ó se hagan culpables á alguna práctica desleal, submi-' 
ntstrando ayuda y auxilio á los rebeldes contra la autoridad 
de los Estados Unidos, dichas personas quedarán sujetas 
ala ley marcial, y sometidas ajuicio y castigo por cortes 
marciales y comisiones militares. 

uSegundo. Que el privilegio del hateas corpus queda sus- 
pendido con respecto á todas las personas arrestadas, ó que 
lo están ahora, ó lo fueren después, en algún fuerte j cam^ 
pamento, prisión militar, li otro lugar de prisión^ por alguna 
autoridad militar, ó por sentencia de alguna corte ó comi- 
sión militan 

etEn testimonio, etc. 

«Abhaham Lincoln.» 



VIDA DE LINCOLN 1^ 

Sería hacer un pobre cumplimiento á la sagacidad que 
dictó esta medida, si no nos Tíésemos forzados á decir que 
fué en estremo desagradable para muchos. La verdad, sin 
embargo^ nos compele á añadir que ella logró el objeto que 
se proponía, cesando á poco de su aparición, en una gran 
parte, los males que se proponía remediar. 

En Noviembre se dio al ejército una orden general, man- 
dando que se guardase la santidad dal domingo en los 
campamentoSt suspendiendo todo trabajo que no fuese 
estrictamente necesario, y trayendo á la memoria la pri- 
mera Orden general de Washingtonj después de la Declara- 
ción de la Independencia, en el que el ((General esperaba y 
confiaba en que todo oficial y soldado trataría de vivir y 
comportarse como correspondía á un soldado cristiano, que 
defiende los mas caros derechos y libertades de su 
patria.)» 

El 1° de Enero de 1863 apareció la proclamación que 
debía servir como complemento á la de Septiembre de 
1862, declarando vencidos los cien días de plazo dados, y 
designando los Estados y partes de Estados en que los 
esclavos habían dej ado de serlo . ^ 

Declaraba igualmente á los libertos, aptos para el servicio 
de las armas de los Estados Unidos» pudiendo guarnecer 
fuertes, puestos, cuarteles y otras plazas, y tripular los 
buques de todas clases en empleo del gobierno, terminando 
el documento con estas solemnes palabras: «Y sobre este 
punto, creyendo sinceramente sea un acto permitido por la 
Constitución, como necesidad militar, invoco el juicio des- 
apasionado de la humanidad, y la gracia y el favor del 
Todopoderoso.» 



MAS COMFLICACIOIIES 



Se levanta una formidable oposlciOD,— AcnsacloDea contra el G oble roo. ^Fir- 
meza del Presidente.— PosidOD sospechosa de los gabinetes europeos.— Progreso 
numérico de la población.— Extraordinario aumento.— Elocuente exhortación al 
Congreso. 



Días obscuros fueron para los amigos de la libertad aque- 
llos que cerraron el año de 1862, Antes del otoño de aquel 
año, las elecciones indicaban que el puebla hacía suyos los 
actos de la administración. Un cambio sobrevino entonces. 
Los tres Estados principales, New York, Ohío y Pensilvania, 
por medio de tergiversaciones y manifestaciones que es 
escusado recordar aquí, habían sido inducidos á dar mayo- 
ría contra el Gobierno. No fué la menor de las muchas 
inconsecuencias en los anales políticos de aquel tiempo, 
aquella en que incurría el primero de estos Estados, eli- 
giendo para Gobernador un partidario de la paz, bajo un 
programa político que contenía por uno de los principios» 
«el de llevar adelante la guerra con mas vigor». 

Culpábase al Presidente del mal éxito de la campaña 
peninsular. Sosteníase que la guerra había dejado de tener 
el primitivo propósito. 

No se trabajaba ya para conservar la Union, sino para 
dar libertad á los esclavos, ó para usar la mas elegante fra- 
seología del día, era «una guerra negrera.» Para los igno- 
rantes ó irreflexivos, tales aserciones pasaban plaza de 
verdades. Había aumentado grandemente el número de 
aquellos que no reconociendo principio alguno en la guerra, 
estaban cansados de su prolongación. La idea de que iba 
á procederse á nueva quinta, ó como los desafectos la lla- 
maban, á la «conscripción», que sancionó el próximo Con- 
greso, resfriaba aun á los mas exaltados. 

Los diarios y los oradores de corrillos llevaban la audacia 



TIDA DB LINCOLN 201 

hasta pedir la paz^ k cualquier precio; y se pretendía aún 
que había una decidida mayoria de oposición en el Con* 
greso próximo á reunirse» Sus representantes en el Con- 
greso volvían á tomar aquellos aires insolentes y provoca- 
tivos, que por algún tiempo habían creído conveniente 
abandonar- 
Bajo estas siniestras impresiones se reunió el 37° Con- 
greso en 8U última sesión el 1** de Diciembre de 1862 (*). 

Uno había, sin embargo, que no se desviaba jamas de su 
propósito, por desalentadoras que se presentasen las cir- 
cunstancias: uno, que, con la conciencia de tener la justicia 
en su favor, estaba determinado á seguir la justicia, sin 
pararse á mirar adonde lo llevarla; y í?-unque la expresión 
dolorida de su semblante, y su mirada llena de ansiedad 
revelasen claramente cuanta mella le hacía, y cuan honda- 
mente sentía la terrible responsabilidad que pesaba sobre 
él, siempre tuvo reservada para los que estaban en con- 
tacto con él^ una palabra alegre, una esplicacion feliz, una 
sonrisa cariñosa, ó una mirada de simpatía. 

A la apertura del Congreso presentó su Mensaje anual, 
que consagró, en su mayor parte, á sostener y explicar 
las medidas que había tomado durante el receso del 
Congreso y sometía á su aprobación. Las relaciones con 
las naciones extranjeras no eran del todo satisfactorias; 
porque alentadas por los últimos reveses, se mantenían 
en el propósito de reconocer como beligerantes á los 
del Sur, no pareciendo dispuestas á desistir de esta polí- 
tica. 

La guerra civil de los Estados Unidos había excitado 
ambiciones y creado alarmas, que habían producido una 
profunda agitación por todo el mundo. El Gobierno, no 
obstante, se había abstenido de tomar parte en controver- 
sia alguna entre Estados extranjeros, ó entre partes ó 
fracciones de dichos Estados. No había intentado propa- 
ganda alguna, ni reconocido revoluciones, dejando á cada 
nación la exclusiva conducta y manejo de sus propios 
negocios. 



(i) En los Estados Unidos se clasifica los Congresos por el periodo (dos años) que 
cada diputado sirve contando desde el 1» que se celebró bajo la Constitución. 
Cada Congreso se divide en dos sesiones. 



202 OBaA.3 D& BJ^ElMi&NTO 

Una gran parte del Mensaje se contrae, en seguida, á indu* 

cir al Congreso á que pase una ley, que él mUmo formula, 
para emancipar los esclavos que existen en los Estados, ó 
porciones de Estados fieles al Gobierno, ofreciendo una 
equitativa corapeusacion á los amos. Para demostrar lo 
fácil que seria á la nación descargarse de la enorme deuda 
contraída para este objeto, entra en el siguiente cálculo 
del progreso de la población en los diversos decenios y la 
proporción en que ha ido aumentado: 

Promfdlo de aumepto- 

1790 ,, 3.92íí,827 

18O0 5.305.937...-.,., 35,02 por cieato 

1810 7.239.814 36.45 » 

1820.. ,, 6.638,131 33,13 m 

1830* 12.866.020..,. 33,49 » 

1840.. 17.069.453 32,67 » 

1850 23.191.876 35,87 w 

1860.,.. 31.443.790... .... 35,58 » 

«Esto demuestra, dice Mr. Lincoln, un aumento medio 
de 34,60 por ciento por cada decenio, en el espacio de 
sesenta añosj dasde el primero hasta el ultimo de nuestros 
censos levantados. Aparece aquí que la proporción del 
progreso, en uno de estos siete períodos, viene á ser dos 
por ciento mas allá del término medio, probándose así cuan 
segura base nos ofrece esta ley de progresión. Suponiendo 
que se guarüiará. en adelante un igual incremento, tendría- 
mos loa siguientes resultados: 

Ea 1870 43.423.341 En 1910., •... 138.918.5^ 

y 1880 56,967.316 w 1920,..,.. 186.984.335 

i> 1890...... 76.677.872 w 1930 25K880.9U 

» 1900 103.208.415 

«Estos números manifiestan que nuestro país puede llegar 
á ser tan populoso como la Europa por los años de 1990 á 
1930, ó sea el año de 1935; pues nuestro territorio podría 
contener 217.183,000 habitantes á razón de 73i personas por 
milla cuadrada.» 

Las entradas del tesoro habían ascendidOj con los emprés- 
titos contraídos, á S 920.692.460; y los gastos á $ 590.811.700. 
Terminaba con este apostrofe lleno de austeridad: 

ftCoNCiüDADÁKOs: Nüsotroi no podemos sustraernos al jui- 
cio de la historiat Los que este Congreso y esta admínis- 



\ 



j 



YIDA DE LINOOLH 203 

tracion formamos, seremos recordados por la posteridad á 
despecho nuestro. Ni nuestra insignificancia personal ha 
de escudarnos. La dura prueba por que atravesamos, arro- 
jará su luz sobre nosotros, para nuestra honra ó deshonra, 
hasta la última generación. Nosotros decimos que estamos 
por la Union, El mundo no hade olvidar que así lo deci- 
mos. Sabemos cómo salvar la Union; y e\ mundo comprende 
que sabemos esto. Nosotros, aun los que aquí estamos, 
tenemos el poder, y llevamos la responsabilidad. Dando 
libertad al esclavo^ aseguramos la libertad del libre; honora- 
ble en lo que damos» honorable en lo que perseveramos. 
Salvarómonos noblemente, ó perderemos sin dignidad la 
última esperanza de la tierra. Otros medios pueden pro- 
barse con buen éxito. Esto no puede dejar de suceder. 
El camino es llano; paciñco, generoso, justo; camino que sí 
lo seguimos, el mundo aplaudirá por siempre^ y Dios ben- 
decirá por siempre.» 



LA REACCIÓN 



Rcacdao tu favor de la c^ui^ nací onal >— Loas ac esos rleoen en sn ayuda. ^Cart 
de] PresldeQte á tos directores de nn meeting popular.— Hábil j trlunTante vlodl- 
cacioD de sus actos. —El gablerno es Imposltile sin facultades de réprestoo. —Pre- 
cedentes admiDUtratlToa en su favor. 



Estaba decretado por la Divina Providencia que el año 

1863 debía poner término á la casi no interrumpida serie 
de reveses que el Ejército de los Estados Unidos había 
experimentado por algún tiempo antes. 

En efecto; Hooker, que habla reemplazado áBurnsideen 
el mando del Ejército del Potomac, había sido completa- 
mente rechazado en Chancellorsvillej pero esto quedaba 
mas que compensado por la señalada victoria que el mismo 
ejército» bajo las órdenes de Meade, había alcanzado en^ 
Gettysburg* Grant, con la captura de Vicksburgí y !a ren- 
dición del fuerte Hudson, como su resultado inevitable 
había abierto el Mississipl hasta el Golfo, y dividido en 
dos la bastarda confederación. El Tennessee del Este 
quedaba ademas asegurado, con las victorias de Monte 
Lookout y de Missionary Ridge; y la sangrienta repulsa 
que sufría la tentativa de Longstreet por recuperar k Knox- 
ville, dejaba el camino abierto para obrar ofensivamente 
sobre el corazón de la Georgia, 

Pasado el primer movimiento, dejábase ver ya el pen- 
samiento bien meditado &el pueblo. Vallandíghara, dipu- 
tado al Congreso, que por sus manejos traidores había sido 
juzgado y convicto por una comisión militar nombrada 
por el General Burnsidej y condenado á ser trasportado á 
país rebelde; pero que se le había dejado volver al Canadá^ 
donde se hizo el expositor del partido democrático, que lo 
había elegido por su candidato para Gobernador del Estado 
de Ohio, fué vencido en las elecciones por una mayoría de 



ViDi. DE UNCOLN 205 

100.000 votos. Pensilvania igualmente volvió de su desvío, 
y en todos los Ealados leales, si se exceptúa á New Jer- 
sey, grandes mayorias se pronunciaron por la administra- 
ción. El sentimiento público volvía sobre sus anteriores 
preocupaciones de raza, decidido en favor de la libertad del 
hombre en cuanto hombre. 

Al principio del año el Presidente recibió un testimonio de 
simpatía de parte de los obreros de Manches te r, en Ingla- 
terra, como muestra déla estimación en que eran tenidos 
sus esfuerzos en favor de la libertad; manifestación á que 
no desdeñó contestar, deplorando los sufrimientos con 
tanta resignación soportados, que imponía á las clases 
obreras eñ Europa la escasez del algodón, como resultado 
de la guerra. 

Un meetiog tenido en Nueva York comunicó al Presi- 
dente las resoluciones adoptadas, las que en substancia 
podían reducirse á trea puntos principales: determinación 
de sostener la administración hasta que la rebelión hubiese 
sido subyugada por la victoria; reprobación de ciertos actos 
que suponían arbitrarios, tales como las prisiones militares; 
y decisión de sostener la administración, aun á despecho 
de estos actos reprobados. 

El Presidente aceptando las resoluciones, no perdió esta 
ocasión de debatir en una elaborada contestación la cues- 
tión de la constitucionalidad de sus actos, abundando en 
las doctrinas expuestas en su mensaje al Congreso, y en- 
trando mas al fondo del punto controvertido. 

La siguiente carta, que pertenece k este lugar, fijó mu- 
chos puntos, hasta entonces disputados por el partido 
democrático y la prensa, que han quedado resueltos para 
lo futuro, siendo hoy la norma de los actos administrativos, 
y cuya ilustración será de mucha consecuencia en las 
Repúblicas Sud-americanas, donde la opinión de hom- 
bres ilustrados vacila, en cuanto á las facultades del Eje- 
cutivo para conservar la tranquilidad en tiempos de conmo- 
ción ó invasión. 

«Mansión del Ejecutivo. 
((Washington, JunioiS de 1863. 

aHonorable E. Corning y otros Caballeros: Recibí hace 
días vuestra carta del 19 de Mayo, incluyéndome las reso- 



206 OBRAS D£ SARMLBNTO 

luciones de un meeting publico celebrado en Álbany el 16 
del mismo. Estas resoluciones pueden reducirse k mi juicio 
k dos proposiciones:— primera, la exposición del propósito 
de sostener la Unioo, asegurar la paz por medio de la vic- 
toria* apoyar la Administración en toda medida constitu- 
cional y legal para sofocarla rebelión; y segundo, una decla- 
ración de censura á la Administración por supuestos actos 
inconstitucionales, tales como hacer arrestos militares. 
Una tercera se deduce de estas dos proposiciones, cual es, 
que los caballeros que componen el meeting están resuel- 
tos á sostener nuestro común gobierno y patria, á despecho 
de la perversidad de toda administración. Esta declaración 
es eminentemente patriótica, y como tal, doy por ello las 
gracias al meeting, y congratulo al país. Mi propia deter- 
minación es esa misma; y no podemos diferir sino en los 
medios ó medidas para conseguir aquel objeto. 

«Y aquí debiera terminar este escrito, y lo terminaría si 
no fuera por el temor de que otras peores consecuencias que 
las personales, podrían resultar de estas censuras ince- 
santes contra actos que yo creo de mi deber ejecutar. Estas 
resoluciones prometen sostenerme en toda medida constitu- 
cional y legal para sofocar la rebelión, y yo en conciencia 
no he empleado ni emplearé otras. Pero el meeting, por 
sus dichas resoluciones, asegura que ciertos arrestos mili- 
tares y las consecuencias que de ellos emanan, de los cuales 
yo soy en definitiva responsable, son inconstitucionales. Yo 
sostengo que no. Las resoluciones citan de la Constitución 
la definición de la traición, y también las salvaguardias y 
garantías en ella provistas para el ciudadano juzgado por 
traición, ú obligado á responder por ofensas capitales, ú 
otros delitos infamantes; y en procesos criminales, su de- 
recho á un juicio expedito y público por medio del jury. En 
seguida « resuelven, que estas salvaguardias del derecho de 
« los ciudadanos contra las pretensiones de un poder arbi- 
« trario, estaban calculadas, mas especialmente^ para su 
« protección en tiempos de conmoción civil.» 

«Y aparentemente para demostrar la proposición, las 
resoluciones añaden: «Ellas fueron concedidas al pueblo 
inglés después de años de prolongada guerra civil, y fueron 
incorporadas en nuestra Constitución al terminar la Revolu- 
ción.» ¿No habría tenido mas fuerza la demostración si 



VIDA DB LINCOLN 207 

conforme ¿ la verdad se hubiese dicho, que estas salva- 
guardias habian sido aplicadas durante las guerras civiles, y 
durante nuestra Revolucioo, en lugar de rf^ái^^ií^í de la una y 
al tenninarse]^ oíTñ, Yo también estoy firmemente deci- 
dido por ellas, después dd la guerra ci^ril y a^tf^^'de la guerra 
civil; y en todos tiempos, «excepto cuando en caso de 
insurrección ó de invasión la seguridad pública exija su 
suspensión.» Las resoluciones nos dicen en seguida, aque 
estas salvaguardias han resistido á la prueba de setenta 
y seis años bajo nuestro sistema republicano, en circuns- 
tancias que muestran que, mientras que ellas constituyen 
la base de todo gobierno libre, son también un elemento 
de durable estabilidad para la República.» Nadie niega 
que hayan resistido é, la prueba hasta el principio de la 
presente rebelión, si exceptuamos una cierta ocurrencia en 
Nueva Orleans; como nadie pone en duda que resistan, por 
mucho mas tiempo, después que la rebelión termine. Pero 
estas disposiciones de la Constitución no tienen aplicación 
al caso que tenemos entre manos; porque los arrestos de 
que se quejan no fueron hechos por traición, esto es, la 
traición definida en la Constitución, que trae aparejada pena 
de muerte, después de probada; ni fueron hechas estas pri- 
siones por acusación criminal que produjese pena capital 
óinfamante, ni los procedimientos a que estuvieron sujetos 
tenían el carácter de un «proceso criminal.» Los arrestos 
fueron hechos por causas enteramente distintas, y los pro- 
cedimientos iban ajustados á la naturaleza del caso que 
ocasionó la prisión. Consideremos ahora el hecho positivo, 
que forma materia de esta cuestión, y apliquemos á. él las 
partes de la Constitución que se refieren al caso. 

«Antes de mi instalación aquí, se había inculcado la doc- 
trina de que todo Estado tenía el derecho de separarse de 
la Union Nacional, y que convendría ejercer este derecho, 
toda vez que los adeptos á dichas ideas no lograran elegir 
un Presidente de su propio amaño. Fué legal mente elegido 
uno que no era del gusto de ellos, y en conformidad se 
habían separado siete Estados de la Union, tomado muchas 
plazas fuertes de los Estados Unidos, y hecho fuego sobre la 
bandera de los Estados Unidos: todo esto sucedía antes de que 
yo fuese inaugurado Presidente; y, por tanto antes de que 
ocurriese acto oficial alguno de mi parte. La rebelión 



í&$ OBBAS DB SARMIENTO 

principiada de este modo, pronto tomó el presente carácter 
de guerra civil; y en ciertos respectos principió en condi- 
ciones muy desiguales para los dos contendientes. Los 
insurgentes se habían estado preparando por mas de treinta 
años; mieotras que el Gobierno no había dado paso alguno 
para resistirlos. Los primeros habían meditado despacio 
todos los medios de que podrían sacar partido. Sin duda 
que contaban contiadamente con que no encontrarían 
restricción alguna en sus esfuerzos para destruir la 
UntoLi, la Constitución y las leyes á un mismo tiempo; 
mientras el Gobierno se verla en mucha parte rea- 
triDgLdo por la misma Constitución y leyes^ para dete- 
ner sus progresos. Sus partidarios habían invadido todas 
las oficinas del GobiernOí y todas las clases del pueblo. 
Desde estas posiciones materiales, y bajo de la cubierta 
fíHbertadde la palabraw^ la ídibertad de la prensa)j, y del 
habeas corpiLs^ esperaban mantener en pie entre nosotros un 
efectivo ejército de espíaSj noticieros, proveedores, fautores 
y cómplices de su causa bajo mil formas diversas. Sabían 
muy bien que durante los disturbios, como los que ellos 
estaban promoviendo, el habeos corpus podía ser suspendido 
conforme ala Constitución misma; pero sabían igualmente 
que tenían amigos que disputarían sobre quién había de 
suspenderlo; mientras que sus espías y otros permanece- 
rían en libertad de ayudar su causa. O si, como ha suce- 
dido, el Ejecutivo suspendía este privilegio (del Aaftms corpus) 
sin demora perjudicial de tiempo; y ocurriera el caso de 
arrestar personas inocentes, como es siempre posible que 
tales casos ocurran, entonces pondrían el grito en el cielo, 
á fin de que esto sirviese en algo á la causa insurgente. No 
se necesitó mucha penetración para descubrir esta parte 
del plan del enemigo, desde que una vez rotas las hostili- 
dades pusieron enjuego su maquinaria. 

«Y sin embargo, llevado de mi reverencia de los derechos 
garantidos á los individuos, anduve á pasos contados para 
adoptar las vigorosas medidas, que por grados me he visto 
forzado á considerar como si estuviesen incluidas entre 
aquellas excepciones de la Constitución tenidas como indis- 
pensables para la seguridad pública. Nada es mas sabido 
en la historia que la completa incompetencia de las cortes 
ordinarias en tales casos. Los tribunales civiles están 



TIDA DE LINCOLN 209 

organizados principalmente para juzgar á individuos, ó 
cuando mas, á unos pocos individuos que obran de concierto* 
y esto en tiempos tranquilos, y sobre cargos de crímenes 
bien definidos por la ley. 

líKnn en tiempos de paz» cuando cuadrillas de ladrones 
de caballos infestan un paraje, la justicia ordinaria na 
basta para reprimir el crimen de abigeato- ¿Y qué compara^ 
cion cabe en el número de tales partidas con el de simpa- 
tizadores de la rebelión que tenemos en muchos de los 
Estados leales? Amas de esto, en un jurado habrá siempre 
un miembro mas dispuesto k colgar á los jurados mismos 
que á colgar ¿i los traidores. Fuera de qu6 el que disuada 
aun hombre de alistarse de voluntario en el ejército, ó 
induce á un soldado k que deserte, debilita la causa de la 
Union, lo mismo que aquel que mata á uno de sus defen- 
sores en el campo de batalla, Y sin embargo, estos actos 
pueden practicarse de tal maneraj que no tomando la 
forma de un crimen defínidoj los tribunales no pueden 
avocarse el conocimiento de ellos* 

oíEstamos en el caso de una rebelión, como la llaman en 
el papel mismo que contesto; y á la verdad que es un caso 
de clara, flagrante y colosal rebelión; y la disposición de la 
Constitución de que no se suspenda el privilegio, á amenos 
que en el caso de insurrección ó de invasión la seguridad 
pública lo requiriese», es la cláusula con que mas especial- 
mente tenemos que hacer al presente. Esta disposición va 
claramente demostrando la persuasión en que estaban los 
autores de la Constitución de que los tribunales ordinarios 
son inadecuados para el caso de rebelión. Su mente está 
allí declarada de que en casos semejantes conviene detener 
ciertas personas, que por la ley habrían sido puestas en 
libertad- El habms corpus no absuelve á hombres convictos 
da delitos definidos; y la Constitución permite su suspensión 
con el objeto de que puedan ser arrestados y custodiados 
aquellos á quienes no se les puedan probar crímenes definí- 
dos, «cuando en casos de rebelión ó invasión, la seguridad 
lo requiera>i. Este eS| precisamente, el caso nuestro; un caso 
de rebelión en que ta seguridad pública requiere esa suapen- 
sión. En efecto, los arrestos por procesos de tribunales, y 
los arrestos por causa de rebelión, no proceden enteramente 

Tomo hxtu.— II 



210 OBRAS I^B SARMIENTO 

de la misma base. El primero se dirige contra el reducido 
número de criminales ordinarios y de crímenes que están 
ocurriendo con frecuencia; mientras que el otro está cal- 
culado para súbitos y extensivos levaníamieulos contra el 
Gobierno, que en general han de prevalecer ó sucumbir en 
un corto lapsu de tiempo. En el último caso se hacen arres- 
tos no tanto por lo que se ha hecho, cuanto por lo que pro- 
bablemente se hará. El último es mas preventivo y menos 
vindicativo que el primero. En tales ocasiones, es mas fácil 
comprender el ánimo de los hombres, que en los casos de 
crímenes ordinarios. Nadie puede equivocarse sobre el 
hombre que se halla presente y nada dice cuauílo se dis- 
cuten los peligros que corre el Gobierno. Si no se impide, 
es claro que favorecerá mas bien al enemigo; mucho mas 
si habla ambiguamentej y alude á su patria con ttperosja, y 
«sfwj y (des»« 

ftPodría demostrarse con ejemplos notables, de cuan 
mínima importancia vendría á ser la citada disposición» si 
la prisión ha de veriíicarae sólo después de haberse come- 
tido el crimen definido por la ley. Loa generales Breckin- 
ridge» Lee, Johnston, Magruder, Preston, Bucknerj y el 
Comodoro Buchanan, que ahora desempeñan los mas 
elevados puestos en el servicio de los rebeldes, estaban en 
poder del Gobierno antes de estallar la rebelión, siendo 
desde entonces reputados como traidores. No cabe duda» que 
si entonces hubiesen sido arrestados y retenidos, la causa 
insurgente sería hoy día menos temible. Cada uno de ellos* 
sin embargo, habrhi sido puesto en libertad por medio del 
recurso de habms corpas^ si este privilegio hubiera estado en 
ejercicio, Eín vista de estos y otros casos, día llegará en que 
se me culpe mas bien de haber hecho pocos arrestos, en 
lugar de vituperarme por haber hecho demasiados. 

<fPor la tercera resolución, el meeting indica su opinión 
de que los arrestos militares pueden ser constitucionales en 
las localidades donde actualmente existe ia rebelión, y no 
lo son en los lugares en que no eSLÍste actualmente. Insis. 
ten sobre que tales arrestos no deberán hacerse, «fuera de 
la linea de necesaria ocupación militar, y de la escena de 
la insurrección»* Como que la Constitución no iiace tales 
distinciones, no encuentro que haya en reali'jad semejante 
distinción. Goncedu que las clases de arrestos de que se 



VIDA DE UTtCOLW SU 

quejan sean constitucionales, sólo en aquellos casos de 
iüvasíon ó insurrección en que la seguridad pública lo 
requiera^ pero insisto que en tales casos son constitucionales 
dondequiera que la segundad pública lo requiera; tanto en 
los lugares donde sea preciso estorbar que se extíeuila la 
rebelión, como en los lugares donde ya prevalece; tanto 
donde sirvan para poner coto á perversos manejos, puestos 
en acción para estorbar que el ejército sea reforzado, como 
donde la re be lio a exista á cara descubierta; tanto donde 
impidan que se reduzca á los saldados del ejército, como 
donde prevendrían un motín militar: será igualmente coas- 
títucional en todos los lugares en donde contribuyen á la 
seguridad pública contra los peligros de invasión ó insu* 
rreccion. 

«Tomemos el caso particular mencionado por el mef?ting. 
Dicese en substancia que Mr, Vallandigham fué preso y 
juzgado por un comandante militar, «sin mas razón» que la 
de haber criticado en un meeting público la conducta de 
la Administración, y condenado las órdenes militares del 
General. Ahora, si no hay error en esto; si esta aserción es 
la verdad y toda la verdad, si no hay otra razón para la pri- 
sión, tengo que conceder que el arresto fué injusto, Pero, 
creo que fué hecho por causas muy distintas. Mr. Vallan- 
digham confiesa su oposición declarada á la guerra que 
hacen los Estados Unidos; y su arresto so hizo porque 
estaba trabajando, no sin algún éxito, para impe^Urque se 
levantasen mas tropas, para fomentar la deserción de los 
soldados, y para dejar al Gobierno sin una fuerza adecuada 
para reprimir la rebelión. No fué arrestado por que hiciese 
sombra á los Futuros planes políticos de la Administración^ 
6 para servir á algún interés personal del General en jefe, 
sino por cuanto desmoralizaba el ejército, de cuya existen- 
cia y vigor de disciplnia depende la vida de la nación- 
Estaba haciendo la guerra al brazo militar, y se colocé asi 
donde podía ser alcanzado constitucionalmen te. SI Mr, Va- 
llandigham no estaba socabando el poder militar del 
paíSj entonces su arresto fué ejecutado por un error de 
hecho, que estaría pronto á enmendar en vista de pruebas 
sufícientes. 

« Entiendo que el meeting cuyas resoluciones estoy con- 
siderando, está por la supresión de la rebelión por meiio 



T^ 



212 , OBñ^S DV BJLEUIBIfTO 

de la fuerza militar, por medio de ejércitos* Una larga 
experiencia ha demostrado que no pueden mantenerse 
ejércitos, k menos que no se castigue severamente la deser- 
ción con la pena de muerte. El caso lo requiere, y la ley 
y la Constitución sancionan este castigo. ¿ Habré de hacer 
fusilar á un candido muchacho que deserta, y no tocar el 
pelo al cauteloso agitador que lo induce k desertar? No es 
menos perjudicial esto, que lo seria si se convocara una 
junta de padres, hermanos y amigos k fin de exaltar su 
imaginación, y persudirlos á que escriban á los jóvenes sol- 
dados, diciéndoles que están peleando por una mala causa 
y por una perversa administración y un gobierno despre- 
ciable, demasiado débil para arrestarlo y castigarlo si 
deserta. Creo que imponer en tal caso silencio al agitador 
y salvar con esto al muchacho, es además de constitucio- 
nal, un acto de clemencia. Si yo voy errado en esta cues- 
tión de las atribuciones constitucionales del Ejecutivo, mi 
error proviene de creer, que ciertos procedimientos son 
constitucionales cuando, en caso de rebelión ó invasión, la 
seguridad pública los requiera; y que no serian constitucio- 
nales, cuando, no habiendo invasión ó rebelión, no los 
requiera; ó en otros términos: que en cuanto á su aplica- 
ción, la Constitución, en todos respectos, no es la misma 
en tiempo de rebelión ó invasión que comprometan la segu- 
ridad pública, que en tiempo de profunda paz y de seguri- 
dad pública. La Constitución misma hace la distinción; y 
yo no me convencería de que el Gobierno estuviese en la 
imposibilidad de adoptar vigorosas medidas en tiempo de 
rebelión, porque no podían ser tomadas legalmente en 
tiempo de paz; mas bien de lo que me persuadiría de que 
una cierta medicina no sea buen remedio para un enfermo 
porque no sea buena estando en sana salud. Ni alcanzo 
á comprender el peligro que el meeting teme, de que el pue- 
blo americano, por razón de estos arrestos militares en 
tiempo de rebelión, pierda sus derechos á la pública discu- 
sión, su libertad de la palabra ó de la prensa, el beneficio 
de la ley de pruebas, del juicio por jurados y del habeas cor- 
ptiSf caducando estos privilegios hasta en los tiempos bonan- 
cibles, que probablemente aguardan; ni mas ni menos que 
no estoy dispuesto á creer que un hombre contrajese tan 
fuerte apetito por los eméticos durante una enfermedad 



riDA DE LINCOLN S13 

pasajera, que tratase de alimentarse con ellos, aun estando 
gano, por el resto de su vida. 

«Al prestarmi atención ¿estas resoluciones, no puedo 
pasar por alto que el meeting habla & nombre de los «Demó- 
cratas^. Ni puedo iampocOf sin desestimar su conocida 
inteligencia y la franca deliberación con que debe presu- 
mirse adoptaron sus resoluciones, suponer que ocurrió 
por casualidad ó de otro modo la preferencia con que se 
llamaron «Demócratas», mas bien que ciudadanos ameri- 
canos. En épocas de peligro nacional, habría preferido 
encontrarlos colocados en terreno mas alto que la plata* 
forma ó bandera de un partido; porque estoy persuadida 
de que» parapetándonos en mas elevada posición, podría- 
mos combatir por la patria que todos amamos, mejor de 
lo que podremos hacerlo desde un paraje bajo, donde por 
la fuerza del hábito, por las prevenciones del pasado» y las 
esperanzas egoístas del porvenir, es seguro que malgasta- 
remos mucho vigor é ingenio en liallarnos faltas, y ases- 
tarnos golpes uno & otros. Mas, puesto que me habéis 
negado esto, debo congratular al pais de que no todos los 
« Demócratas » hayan obrado así. Demócrata era, y sin 
antigua conexión alguna de partido conmigo, el que por 
propia discreción arrestó é hizo juzgar militarmente á 
Mr. Vallandigham; y Demócrata era el juez que rechazó 
la opinión emitida sobre la Constitución, desde que se 
negó & dar la libertad, mediante el recurso del habeas cor- 
pus entablado ante su juzgado; y obsérvese que era un 
Demócrata, puesto que había recibido el armiño judicial de 
manos del General Jackson. Y aun mas; estoy informado 
quede todos aquellos Demócratas que están noblemente 
exponiendo sus vidas, y derramando su sangre en el campo 
de batalla, hay muchos que aprueban la conducta adop- 
tada respecto á Mr. Vallandigham; mientras que no sé de 
ninguno que la condene, sin que por eso asegure que no 
exista ninguno. 

« Y el nombre de Jackson trae á la memoria un hecho 
histórico al caso. Después de la batalla de Nueva Orleans 
y cuando ya era de todos sabido el hecho de que se había 
celebrado el tratado de paz, pero antes que llegase la noti- 
cía oficial, el General Jackson mantenía allí en vigor la 
ley marcial. Gomo se supiese que la guerra estaba con- 



214 0BRA.8 ün 8ARUIKNT0 

cluída, hízose mas apremiante el clamor contra el estado 
de sitio, que había estado en ejercicio desde el principio» 
Entre otras ocurrencias, un Mr. Louiallier publicó un artículo 
atacando tal proceder. El General Jackson lo puso arres- 
tado. Un abogado llamado Morrel obtuvo del Juez de los 
Estados Unidos, Mr. Hall, proveyese un escrito de habeos 
Corpus á favor de Mr. Louialler. El General Jackson puso 
arrestados al abogado y al Juez federal. Un Mr. Hollan- 
der dejó escapar algo referente al asunto, como que esto 
era « un sucio manejo ». El General Jackson lo puso arres- 
tado. Cuando el alguacil intentó llevar á, efecto el escrito 
de hateas corpus^ el General Jackson se lo quitó, y lo despi- 
dió, dándole copia. Reteniendo en prisión al Juez por algu- 
nos días, el General lo envió fuera de las líneas de su 
campamento, con orden de permanecer fuera hasta que la 
ratificación de la paz se promulgase en forma, y los ingle- 
ses hubiesen abandonado la costa. Al cabo de dos días, 
se proclamó debidamente la celebración de la paz, y los 
reos fueron puestos en libertad. Transcurrieron algunos 
días mas,yel Juez emplazó é hizo comparecer al General 
Jackson á su juzgado, y lo multó en mil pesos por haberlo 
arrestado. El General pagó la multa, y ahí quedó el asunto 
durante treinta años, hasta que el Congreso le reintegró 
el capital y los intereses. El senador Douglas (demócrata) 
tuvo una parte principal en el debate, en que se agitó mu- 
cho la cuestión constitucional (*). 

«Puede desde luego observarse: primero, que entonces 
teníamos la misma constitución que ahora; segundo, que 
entonces teníamos un caso de invasión y ahora tenemos 
un caso de rebelión; y tercero, que el permanente derecho 
del pueblo á la discusión pública, la libertad de la palabra 
y de la prensa, el juicio por jurados, la ley de pruebas, y el 
habeas cofyus no sufrieron detrimento alguno por la con- 
ducta del General Jackson, ó su aprobación subsiguiente 
por el Congreso, (Y nosotros añadiríamos la inmediata de 
gran mayoría que lo elevó ala Presidencia). 



(i) El Presidente Lincoln no juzgé oportuno, sin duda, recordar aq[uí que una 
gran mayoría de la nación, cuando aun el hecho estaba fresco, lo eligió Presi- 
dente, siendo reelecto después, con lo que la nación aceptaba como recta su 
conducta. 



VIDA DE LINCOLN 215 

t Y aun séame permitido decir, por lo que k mí respecta, 
que no sé bí yo habría ordenado el arresto de Mr, Tallan- 
digham; pero mientras yo no puedo exonerarme déla res- 
ponsabilidad que me cabe, sostengo como regla genera!, 
que el comandante del distrito en que los hechos ocurren, 
es el mejor juez de la necesidad de obrar en caaos dados; 
sin que esto excluya que yo ejerza el poder directivo y 
revisor de sus actos. 

a Una de las resoluciones expresa que en la opinión del 
meetinglos arrestos arbitrarios producirán el efecto de divi- 
dir y desorganizar á los que debían permanecer unidos 
para sofocar la insurrección; y se apela especialmente 4 
mi buen juicio para que ponga en libertad á Mr, Vallan- 
digham. Esto es para mi, como si directamente se me 
pidiese que no ejerza una facultad, que yo miro como cons- 
titncionaL En respuesta debo decir, que tuve un verdadero 
sentimiento, cuando supe que Mr, Vallandigham había sido 
arrestado; esto es, que sentí que se hubiese creído necesario 
arrestarlo, y que tendría mucho gusto en ponerlo en libertad 
de algún modo, tan pronto como llegue á convencerme que 
no hay peligro para la seguridad pública. Diré mas, y es 
que á medida que la guerra progresa, noto que las opi- 
niones y acciones que al principio se manifestaban en gran 
confusión, toman formas y entran^ en canales mas regu- 
lares; de manera que disminuye gradualmente la necesidad 
de tomar medidas fuertes para tenerlas á raya. Tengo toda 
clase de motivos para desear que cesen enteramente, y 
hasta ese punto llega mi respeto por la opinión manifestada 
por el meeting de Albany de sostener al Gobierno en toda 
medida constitucional y legal para sofocar la rebelión. 

« Mientras tanto, estoy en el caso de hacer todo cuanto 
crea necesario en beneficio de la seguridad pública. 

« A. Lincoln. » 

Sería abundar demasiado sobre este asunto, insertar aquí 
la contestación dada á una comisión de demócratas del Ohio, 
donde Vallandigham, vuelto de su destierro con la anuencia 
tácita del Gobierno, era propuesto candidato para Gober- 
nador del Estado por sus partidarios, que pretendían ver un 
insulto al Estado del Ohio en los procedimientos contra el 



Sld OSRAS DB SAHUIBNTO 

agitador que díeronen proclamar como «má^rtir de los dere- 
chos del pueblo j». Mr. Liacoln, con La pacieQte mesura que 
distingue sus actos« reprodujo y corroboró sus argumentos 
en cuanto á las facultades constitucionales del Ejecutivo an 
tiempo de rebelión; dejando al fín adoptada en la opinión 
bien intencionada, y establecida eu la práctica del Gobierno 
la doctrina que guió sus actos y llevó á buen puerto la Repú- 
blica, aplastando la colosal insurrección, y dejando esta- 
blecido en los hechos, en la conciencia y en la tradición 
administrativa» que la Constitución no ata las manos para 
defender la Constitución, ni la libertad individual va hasta 
destruir la hbertad pública. 



PRIiERA TENTATIVA DE REORGANIZACIOit 



Biunos efectos de la rJctorU de GettystiQr^.— Acción de jactas — Defensa de su 
1H>lítlca de emancipaclOD^— Discarso cala luauga ración del Cerne uterlü de Getlys- 
fttipg-— Reunión del Congreso*— Encontrados pareceres sobre reorganización de los 
Estados rebeldes '—Mr, Uncotn adopta un plan deñnltlTO por medio de una procla^ 
macloQ* 



La victoria de Gettysburg produjo el entusiasmo que 
era de esperarse ea el público, después da la serie de reve- 
ses cuyas coasecuenclas enderezaba, y de las esperanzas 
que naturalmente dejaba concebir de un próximo triunfo 
final. M. Lincoln congratuló por ello en un discurso al 
pueblo de Washington, y al General Grant, á quien no 
conocía personalmente^ en una carta autógrafa; y para que 
el pueblo, por toda la faz de loa Estados leales, pudiese naani- 
festar de un modo solemne su regocijo, ordenó por procla- 
mación oficial, que el día 6 de Agosto fuese observado por 
toda la nación como un dia de gracias y de oración, riii' 
diendo liomenaje al Todopoderoso por las admirables 
cosas que habla hecho en beneflcio de este pueblo; ó invo- 
caran al Espíritu Santo, cada unu según sus ritos reli- 
giosos, para que aplacase la cólera que habla producido la 
guerra, y sostuviese la nación á través de esta larga ó injus- 
tificable rebelión. 

En Agosto fué invitado para asistir á un meeting que 
debía reunirse en Illinois, á proclamar la defensa y devoción 
del pueblo á la causa de la Union sin condición alguna, 
como la política que se deberla seguir durante la guerra;^ 
y al dar sus excusas por no hallarse presente, dirigióles una 
carta, en que desenvolvía extensamente sus ideas sobre su 
proclama de emancipación de los esclavos, la cual omitimos 
por ser ésta una cuestión de poco interés para los Estados 
sud-americanos, que con la independencia conquistada, se 



218 0BRA8 DB 8ARMIBNT0 

creyeron, desde el primer paso dado en la Revolución contra 
la España, en el deber de emancipará los esclavos, á fin 
de quedar justificados ante su propia conciencia sobre 
los principios de libertad é igualdad que invocaban. La 
emancipación se hizo por toda la América, sin contra- 
dicción, sin lucha; y hoy sería convencer á los hijos de lo 
que ya estaban convencidos sus padres, hace medio siglo, el 
reproducir las razones que justificaban el tardío acto de 
•mancipar los esclavos en los Estados Unidos. 

E119 de Noviembre de 1863, con motivo de la consagra- 
ción del Cementerio Nacional de Gettysburg, para honrar 
los restos de los bravos que dieron sus vidas por la patria 
durante los tres días de batalla, 2, 3 y 4 de de Julio, en 
aquel mismo sitio, pronunció un discurso, en que, como en 
todas sus alocuciones, se revela aquella íntima convicción 
de que defendiendo la Union, está salvando el porvenir de 
la libertad en el mundo. 

«Setenta y siete años, decía, van corridos desde que 
nuestros padres fundaron en este Continente una nueva 
nación, concebida bajo el principio de la Libertad, y consa- 
grada á sostener la proposición de que todos los hombres 
han nacido iguales. Ahora estamos empeñados en una gran 
guerra civil, que va poniendo á prueba, si esta nación ó 
cualquiera otra fundada en el mismo espíritu y dedicada á 
esta misma obra, pueda durar por largo tiempo. Estamos 
reunidos en el campo de una de esas grandes batallas de 
esta guerra. Estamos reunidos para dedicar una parte de 
él, como última morada de aquellos que aquí rindieron sus 
vidas, á fin de que la nación viviese. » 

Continúa explicando después la solemnidad é importancia 
de esta ceremonia, y concluye diciendo: que con este acto 
la nación está proclamando en voz alta, que los caídos en 
aquella acción no han sacrificado vanamente sus vidas; 
pues que, bajo la guía de Dios, la libertad regada con su 
sangre volverá á renacer, y el gobierno del pueblo por el 
pueblo y para el pueblo, no está destinado á desaparecer 
de la faz de la tierra. 

Al reunirse el Congreso en Diciembre de 1863, los soste- 
nedores de la administración tuvieron una mayoría de 
veinte votos en la Cámara de Representantes^ en la cual 
predominaba antes la oposición. La elección de Presidente 



TIDA DS LlKCOLIf 2¡9 

de este cuerpo recayó asi en uno de los patriarcas del aboli- 
cionismo en Jos Estados Unidos, Mr. Col fax; mientras que 
sus oponentes tuvieron la torpeza de presentar como candi- 
dato para un puesto importante á un obispo episcopalista 
que tuvo la desvergüenza, desde que la guerra estalló, de 
presentarse al público como el sostenedorj á nombre de loa 
principios cristianos, de la bárbara institución* 

Debiendo procederse á la organización de gobiernos 
locales, á consecuencia del buen éxito de las armas 
federales, que habían redimido casi de la rebelión á los 
Estados de Tennessee, Luisiana y Arkansas, presentóse 
el caso de resolver la grave cuestión sobre los princi- 
pios bajo los cuales había de efectnarse dicha reorgani- 
zación. 

Algunos sostenían que aquellos Estados, por el mero hecho 
de rebelarse^ habían descendido ala condición de territorios, 
y debían permanecer en aquella condición hasta ser incor- 
porados de nuevo en la Union. 

Otros pretendían que esto equivalía á reconocer la sepa- 
ración; y mantenían que cualesquiera que hubiesen sido 
los actos de los habitantes de un Estado, el Estado como 
tal, constituía un miembro integrante de la Union, con 
derecho á todos los privilegios de tal, siempre que un 
numero suficiente de ciudadanosleales, quisiesen usar del 
derecho de sufragio, quedando al Gobierno G-eneral la obli- 
gación de garantirle una forma republicana de Gobierno. 
Las opiniones diferían en cuanto al número de ciudadanos 
leales que había de considerarse suficiente para dar forma á 
esta organización. 

Por una acta aprobada en Julio 17 de 1862, el Congreso 
habla autorizado al Gobierno k conceder anmistía y perdón 
á aquellas personas que hubiesen tomado parte en la rebe- 
lión, con las excepciones que juzgase del caso» 

De acuerdo con esta autorización en la siguiente pro- 
clamación mostró Mn Lincoln, que al decretar la eman- 
cipación se creía obligado, ante el mundo y las personas 
Inmediatamente afectadas por ella, y como paso previo, 
k ejercer por su parte un acto de clemencia. Hela 
aquí: 

^Por cuanto: En la Constitución de los Estados Unidos 
está prescrito, Rque el Presidente tendrá poder para conce- 



220 OBRAS DE SARMIENTO 

der indultos y perdones por ofensas contra los Estados UnU 
dos, excepto en los casos de acusación pública reservados 
al Congreso (ímpeachment); 

^Y por cuanto: Exista una rebelión, por la cual ban sido 
por largo tiempo subvertidos los gobiernos leales de 
varios Estados, y muchas personas se han hecho y se 
conducen como reos de traición contra los Estados 
Unidos; 

^Y por cíianto: El Congreso ha dictado leyes» con res- 
pecto á dicha rebelión y traición, declarando en comiso y 
confiscadas sus propiedades, y proclamando la libertad de 
sus esclavos, conforme á los términos y condiciones reque- 
ridos por ellas; y declarando también que el Presidente 
quedaba autorizado en adelante para conceder, por medio de 
una proclamación, á las personas que hubiesen participado 
en la existente rebelión, en algún Estado, ó parte de un 
Estado, perdón y amnistía, con las excepciones y condi- 
ciones, y en el plazo que él considerase conveniente al 
bien público; 

«F por cuanta: Esta declaración del Congreso en favor de 
un perdón condicional y limitado está de acuerdo con la 
facultad ejecutiva de indultar y perdonar diversas veces 
conñrmada por los tribunales; 

nY por cuanto: El Presidente de los Estados unidos ha 
expedido, con motivo de dicha rebelión, varias proclama- 
ciones con disposiciones referentes á. la libertad de los 
esclavos; 

oiF por cnanto: Desean ahora varias personas compróme* 
tidas en la dicha rebelión, someterse á la autoridad de los 
Estados Unidos, y restablecer gobiernos leales para sus res- 
pectivos Estados; 

ííPor tanto: Yo, Abraham Lincoln, Presidente de los Esta- 
dos Unidos, proclamo, declaro y hago saber k todas las 
personas que, directamente, ó por implicación, hubieren 
participado en la presente rebelión, excepto aquellas que 
en adelante se especificará, que se concede un pleno 
perdón k todos y cada uno de ellos, con restauración de 
todos los derechos de propiedad, excepto en cuanto á 
esclavos, y en aquellos litigios de propiedad en que entren 
derechos de tercero, y á condición de que cada una de 
dichas per^nas prestará un juramento, que mantendrá 






VIDA DB LtNCOLW 221 

€n adelante inviolable; y cuyo juramento será conservado 
en un registro llevado al efecto, y cuyo tenor será el 
siguiente: 

«Yoj solemnemente juro en presencia del Dios 

Todopoderoso que en adelante sostendré, protegeré y defen- 
deré fielmente la Constitución de los Estados Unidos y la 
Union; apoyaré y sostendré fielmente todos los actos del 
Congreso sancionados durante la presente rebelión con 
referencia á los esclavos, mientras no sean derogados, 
modificados ó anulados por el Congreso, ó por decisión 
de la Corte Suprema; y que del mismo modo apoyaré y 
sostendré fielmente todas las proclamaciones del Presi- 
dente durante la presente rebelión, á los esclavos, en 
-cuanto no fuesen modificadas ó declaradas inválidas por 
decisión de la Corte Suprema. Así Dios me ayude.» 

«Las personas exceptuadas de los beneficios de las ante- 
dichas disposiciones son todas las que son ó hayan sido 
empleados, ó agentes civiles ó diplomáticos del titulado 
ijobierno Confederadoj todos los que dejaron destinos 
judiciales bajo la autoridad de los Estados Unidos para 
ayudar á la rebelión; todos los que son ó hubiren sido 
oficiales navales ó militares del llamado Gobierno Confede- 
rado, desde Coronel arriba en el ejército, ó de teniente en 
la marina; todos los que abandonaron sus asientos en el 
Congreso de los Estados Unidos para ayudar ala febelion; 
todos lasque pidieron su baja del Ejército ó de la Marina 
de los Estados Unidos y después prestaron ayuda á la 
rebelión; y todos los que hayan en manera alguna tratado 
á las gentes de color ó á los blancos que estaban bajo su 
custodia de un modo distinto de lo que las leyes de la 
guerra prescriben con respecto á los prisioneros de guerra, 
con tal que aquellas personas hayan estado al servicio de 
los Estados Unidos, como soldados, marinos, ó en cual- 
quiera otra capacidad. 

«Ademas proclamo, declaro y hago saber que, donde 
quiera que en alguno de los Estados de Arkansas, Texas, 
Luisiana, Mississipi, Tennessee, Alabama, Georgia, Florida, 
4a Carolina del Norte ó del Sur, un número de personas, 
que no sea menos del décimo del total de votantes de dichos 
Estados para la elección de Presidente en 1860, habiendo 



k 



^¿ OBRAS BE SARMIENTO 

cada uno de ellos prestado el anterior juramente, y no 
habiéndose violado después, y que sea un votante califi- 
cado por la ley de elecciones del Estado, tal como existia 
antes de la llamada acta de separación, y excluyendo á 
todos loa otros, quieran restablecer un Gobierno de Estado 
que sea republicaaOi y no esté en contradicción con el 
sobredicho juramento; el que tal hiciera será reconocido 
como el verdadero Gobierno del Estado, y el Estado reci- 
hirÉL en virtud de ello los beneficios de la disposición 
constituctoíial que declara: nQue los Estados Unidos garan- 
tizarán á cada Estado de esta Union una forma republicana 
de gobierno^ y protegerán á cada uno de ellos contra inva- 
sioHi á petición de la Legislatura ó del Gobernador (cuando 
la Legislatura no pueda ser convocada), y contra toda violen- 
ciainterior>í. 

«Ademas, proclamo, declaro y hago saber, que cualquiera 
disposición dada por tal Gobierno de Estado, con relación 
á. loa libertos de dicho Estado, que reconozca y declare su 
permanente libertad, provea á su educación, y que se 
adapte provisoriamente á. su actual condición de trabaja- 
dor sin tierra y sin hogar, recibirá la sanción de este 
Gobierno Nacional . Y no se cree fuera del caso indicar 
aquí, que al constituirse un gobierno leal en alguno de los 
dichos Estados, su nombre de tal, con sus límites y subdi- 
visiones, así como la Constitución y el Código General de 
leyes, tales cual existían antes de la rebelión, les serán 
conservados, sujetos sólo á las modificaciones requeridas 
por las prescriptas condiciones, y las que, no estando en 
contradicción con aquellas, consideren oportunas los que 
hayan de formar el nuevo Gobierno de Estado. 

«Para evitar toda mala inteligencia, conviene advertir 
que esta proclamación, en cuanto alude á g' biernos de 
Estado, no se refiere á aquellos Estados donde sin interrup- 
ción hayan existido gobiernos leales de Estado. Y por la 
misma razón debe añadirse, que compete exclusivamente 
á la respectiva Cámara Legislativa, y no al Ejecutivo, deci- 
dir si hayan de ocupar constitucionalmente asiento en el 
Congreso los Representantes por algún Estado. 



TIDA DB LINCOLN 223 

tY ademas^ que esta proclamación tiene por objeto pre- 
sentar al pueblo de los Estados en que la autoridad nacional 
ha sido suspendida^ y subvertido:* los gobiernos leales de 
Estado, un naedio de restablecer en dichos Estados ó en 
algunos de ellos la autoridad nacional y los gobiernos de 
Estado; y mientras que el modo indicado es el mejor que 
puede sugerir al Ejecutivos según su actual modo de consi- 
derar la materia, no debe entenderse que no serla acepta- 
ble cualquiera otro que se crea posible. 

«Dado bajo mi firma, en la ciudad de Washington, el 8 
de Diciembre de 1863 A»Dp, y ochenta y ocho de la Indepen- 
dencia de los Estados Unidos. 

«cAbraham LtncolNp» 



DERECHOS DE EXTRANJEROS Y SOLDADOS NEGROS 

\fens£)je dtí apertura del Congreso. —Connieto de derectioa entre ciudadanos 
natural Irados.— Estado del EJérello y la Martna.— Oposición al armamento de los 
negros.— Opinión y heroísmo del argentino May er.— Ordenes de represalias contra 
el S\ir. 

Del mensaje enviado á las Cámaras el día siguiente 
extractamos lo que se refiere mas directamente á las ideas 
de Mr» Lincoln ó á la situación del país^ y se ligan con otras 
cuestiones suscitadas durante las guerras civiles de las 
Repúblicas Sur-Americanas. 

«Conciudadanos del Senado y de la Sala de Representan- 
tes: Otro año saludable y de suficientes cosechas ha trans- 
currido . . . 

c<Han sido infructuosos los esfuerzos de ciudadanos des- 
leales de los Estados Unidos, para envolvernos en guerras 
exteriores, con el objeto de ayudar una inexcusable insu- 
rrección. 

üDe entre los incidentes ocurridos en el curso de nuestra 
guerra civil, se ha fijado mi atención sobre el incierto estado 
de las cuestiones internacionales, con respecto á los dere- 
chos de los extranjeros en este país y los de los Estados 
Unidos en el exterior. Estos derechos, por lo que á algunos 
gobiernos respecta, han sido parcialmente definidos por 
tratados. En ningún caso, sin embargo, está expresamente 
estipulado, que, en el caso de guerra civil, un extranjero 
residente en este país, dentro de las lineas de los insurgen- 
tes, deba ser exceptuado de la regla que lo coloca entre los 
beligerantes, en cuyo beneficio el Gobierno de este país no 
puede considerar privilegios é inmunidades distintas de 
aquel carácter. Siento decir, sin embargo, que tales dere- 
chos han sido alegados en algunos casos, en beneficio de 
extranjeros que han pasado la mayor parte de su vida en 
este país. 



VIDA DE LINCOLN 225 

«Hay razón para creer que muchas personas nacidas en 
países extranjeros, que han declarado la intención de 
hacerse ciudadanos, ó que han sido plenamente naturali- 
zados, han evadido el deber militar de ellos exigido, 
negando el hecho, y por tanto echando sobre el Gobierno 
el cargo de la prueba. Ha sido difícil ó impracticable sub- 
ministrar dicha prueba, por falta de guías que conduzcan á. 
los registros respectivos. 

«Hay también razón para creerá que con frecuencia extran- 
jeros se hacen ciudadanos de los Estados Unidos con el 
exclusivo objeto de evadir las obligaciones que les imponen 
las leyes de su patria^ k la cual vuelven después de natu- 
ralizados aqui; y aunque nunca tengan la intención de 
regresar k los Estados Unidos, reclaman todavía como 
ciudadanos la interposición de este Gobierno. De este 
abuso han surgido muchos altercados y perjuicios, por lo 
que requiere vuestra seria consideración. Convendría fijar 
un límitej fuera del cual, ningún ciudadano de los Estados 
Unidos, residente en el extranjero, pueda pretender la 
interposición de este Gobierno. 

«Las entradas de todas procedencias durante el año, 
incluyendo los empréstitos y el sobrante del pasado año» 
han ascendido á $ 901.125.674 y las salidas á $895.796.630. 

«. . .Las fuerzas navales de los Estados Unidos por ahora 
consisten en 988 buques, de los cuales 75 son encorazados 
de hierro... De los que fueron esclavos al principio de 
la rebelión, 150.000 hombres están actualmente en el ser- 
vicio de los Estados Unidos, y la mitad de ellos en los ejér- 
citos.» 

Una proclamación datada en Marzo, añadió algunas 
explicaciones suplementarias á la del 8 de Diciembre, 
excluyendo á los prisioneros de guerra de los beneficios 
de la amnistia. 

El empleo de soldados negros, cuando la medida fué por 
la primera vez anunciada, causó mucha sensación entre 
los mas exaltados; y algunas cartas dirigidas por Mr. 
Lincoln á. varios sujetos contribuyeron no poco á desva- 
necer, ó amenguar la fuerza de la preocupación. En 
cuanto á la aptitud de los negros para la guerra, sobre lo 
que existían muy fuertes dudas, no debieron ser del todo 

Tomo xxTn.— 15 



226 OBRAS DE SARMIENTO 

ineficaces los escritos de un joven Mayer, de nación argén* 
tino, quien pudo con justicia y oportunidad citar loshechos 
históricos, que desde la guerra de la Independencia de 
Sud-América habían dejado establecííia fuera de disputa 
la aptitud de las gentes de color para la guerra; puesto 
que ya en las batallas tan célebres de Chacabuco y Maypü» 
en Chile, bajo las órdenes del General San Martin, como 
en las de Junin y Ayacucho, bajo las órdenes de Bolívar, 
los batallones negros compartieron en igual grado la gloria 
de la jornada. La defensa de Montevítleo, por espAcio de 
diez años, por la que se hizo llamar la Nueva Troya, fué 
sostenida por tropas de línea, entre las cuales había bata- 
llones negros, que también lucieron en la batalla de 
Caseros que derrocó la sangrienta tiranía de Rosas. El 
joven Mayer, tomó servicio, para hacer buenos sus asertos* 
al mando de tropas negras; y muy buenos resultados debió 
ofrecer su plan, pues que en breve de capitán ascendió á 
Teniente Coronel, con el mando de un regimiento de 
color (*). Así la temprana experiencia de la América del 
Sud venía á ayudar á la emancipación de los negros, enno- 
bleciéndoles por las armas. 

Habiendo el Gobierno de Davis anunciado en Richmond, 
que ninguna de las inmunidades reconocidas por las leyes 
de la guerra serían acordadas á las tropas de color ó á 
sus oficiales, expidióse, con la aprobación del Presidente, 
una orden del día, que contenia la cláusula siguiente: «El 
derecho internacional no reconoce distinción de color; y sí 
un enemigo de los Estados Unidos esclaviza y vende personas 
de su ejército que han caído cautivas, se practicará la mas 
severa represalia, si no se hiciese justicia al reclamo. No 
pudiendo los Estados Unidos retaliar con el mismo acto, 
por tanto la muerte debe ser la represalia con este crimen 
contra el derecho de gentes. 

«No se dará cuartel á todas las tropas del enemigo que 
se sepa, ó en adelante se supiere, que no lo dan al ejército 
en general, ó á una porción de él.» 



(1 ) £1 GomandaDte Edelmlro Mayer, celebrado en el Ejército como buen Jinete, 
se distinguió en la batalla de Olnstee, en la Florida. Muerto el abanderado de su 
regimiento, otro oficial con el mismo fin le sucedió. Entonces el Comandante 
Mayer, tomó en sus manos la bandera, cayendo traspasado por dos balazos, des 
cuyas heridas apenas le sobrevivió. (Ñola del aulor.) 



VIDA DE UÍÍCOLN 227 

Esta orden fué corroborada por otra general del Presidente 
conio Comandante en Jefe del Ejército. 

Van^ion bbl EjECtmvOp WashiDgton, Julio 30 de 1863. 

«Es del deber de todo gobierno proteger á sus ciudada- 
noSj de cualquier clase, color ó condición, y especialmente á 
los que están organizados debidamente, como soldados, al 
servicio público. El derecho de gentes y los usos y costum- 
bres de la guerra, según los practican los pueblos civilizados^ 
no admiten distinción de color, en cuanto á la manera de 
tratar á los prisioneros de guerra como enemigos públicos. 
Vender ó esclavizar prisioneros de guerra á causa de su 
color, y que no sea por infracción de las leyes de la guerra, 
es caer de nuevo en la barbarie, y un crimen contra la 
civilización de la época. 

« El Gobierno de los Estados Unidos dará la misma 
protección á todos sus soldados indistintamente; y si el 
enemigo vendiese ó esclavizase algunos á causa de su color, 
el delito será en represalia castigado en las personas de 
los prisioneros de guerra que están en nuestro poder. 

ü Ordénase, por tanto, que por cada soldado de los Estados 
Unidos castigado en violación de las leyes de guerra, un 
soldado rebelde será condenado á obras públicas conti- 
nuando así hasta que el otro sea puesto en libertad.— 
Abraham Lincoln.» 



REELECCIÓN 

Grant es elevado á Teniente General del Ejército y director de la guerra.— Rasítos 
biográficos del nuevo Jefe.— Nuevo vigor y energía que infunden á la campaña los 
Generales Grant y Sherman.— Grant asume toda la responsabilidad de los movimien- 
tos.— Su tenacidad y firmeza de propósito.— Es sostenido por el pueblo y el Gobierno. 
—La opinión pública se pronuncia en favor de la reelección de Mr. Lincoln.— Es 
proclamado candidato por la Convención Republicana de Baltlmore. —Modo de 
apreciar este honor.— Alocución á unos soldados. 

En 1864 se trazó el plan de aquellas grandes combinacio- 
nes militares, que iniciadas desde entonces, estaban desti- 
nadas á poner fin á la gigantesca rebelión, que, al decir 
de extraños mal intencionados y de los que en el interior 
no amaban la República, no seria subyugada jamas, y ante 
la cual los Estados Unidos mismos habrían de sucutnbir á 
la larga. 

El 2 de Marzo, el Presidente aprobó una ley del Congreso, 
restableciendo el grado de Teniente General en el Ejército, 
á cuyo empleo fué llamado Ulises S. Grant. Como el 
Presidente, el General Grant había salido de las filas del 
pueblo, y se había elevado desde las mas humildes circuns- 
tancias, sin ninguna de aquellas ventajas de nacimiento, 
relaciones de familia y riqueza, que tantas veces ofrecen 
andamies materiales á los hombres que llegan á alcanzar 
una posición distinguida. Grant había sido educado en la 
famosa escuela militar de West-Point, halládose como 
capitán en todas las batallas, menos una, dada en la 
campaña de México, y concluida la guerra, pedido su baja, 
consagrádose á la industria como dependiente en una 
curtiembre, en una aldea apartada del oeste, con el sueldo 
de cuarenta pesos al mes. Cuando la guerra civil estalló, 
se presentó de voluntario al Gobierno del Illinois, que lo 
colocó en una oficina del estado mayor, donde solicitó, por 
mucho tiempo en vano, servicio activo en el Ejército. El 



TIDA DE LltíCOUt S29 

vencedor de| Wicksbürg y de Petersburg debió al favor lo 
que no se; concedía al mérito ignorado, y fué nombrado 
Coronel de ^un regimiento do voluntarios del Illinois, en 
vísperas de¿ser licenciado, y que en un mes mas se hizo 
notar por su disciplina, aun comparándola con los exce- 
lentes regimientos que el Illinois habla subministrado. 
Promovido al grado de Brigadier General, por la batalla de 
Belmont, mal comprendida entonces, como muchos otros 
combates, puesto que impidió reforzar á los rebeldes del 
sur de Missouri ¡con tropas de Columbas, tomando de un 
solo golpe una fuerte división que atacó rápidamente en 
Smithland ; capturando poco después los fuertes de Henry 
y Donelson con toda su guarnición» que se componía de 
un ejército rebelde entero con su artillería y material de 
guerra; partiendo de allí detrás de los rebeldes que des- 
alojaron Kentucky y Tennessee, y no pararon hasta llegar 
á Corinto; dando en seguida la batalla de Sliiloh, punto 
crítico de la guerra, donde tenia á Sherman por segun- 
do en el mando —Shiloh, de quien dijo, al concluir la 
pelea del primer día, cuando todo parecía estaren contra, 
« duro de coser por hoy, pero mañana los batiremos»; 
sostituído por Buell, y permaneciendo pacientemente en 
el sitio de Corinto, tan prolongado como inútil, hasta 
que fué transferido á Wicksbürg, que á su tiempo debía 
saludarlo como vencedor de otro ejército rendido, dejando 
abierto el Padre de las Aguas á la navegación. En seguida 
corre a Chattanooga, y da orden á Thomas de tenerse 
firme y no rendirle si no es por hambre : sostúvose esta 
importantisima posición, y con ello se salvó el Tennessee 
del Este de manos rebeldes. Estos habían sido los rasgos 
mas prominentes de la carrera militar de Grant durante 
la rebelión» y hasta el tiempo en que fué encargado del 
mando supremo de todos los ejércitos destinados á sofocarla. 

El Presidente al entregarle sus despachos en Washington 
adonde lo habían traído asuntos del servicio, le dirigió estas 
palabras: 

«General Grant; Este despacho, que os constituye 
Teniente General del Ejército de los Estados Unidos, encie- 
rra la aprobación del pueblo por todo lo que habéis hecho 
ya» y su confianza en lo que os queda aún por hacer en la 
gran lucna actual. 



230 OBRAS DE SARMIENTO 

a Tan alto honor os impone una nueva responsabilidad 
y as! como el país confía en vos, bajo la dirección de Dios, 
así él os sostendrá. Excusado es que diga que con los 
votos del país, de que me hago eco, van también los propios 
míos. 'I 

Habiendo sido dejado Sherman al mando del Sudoeste, 
con ordenes de tomará. Atlanta, el punto vital de la Georgia, 
comenzó aquella grande serie de movimientos de flanco, 
que por un tiempo se decía que causaban mucho placer 
á ios rebeldes, cuyo jefe, el General Johnston, en toda 
ocasión tenía, según él, á Sherman en el punto preciso 
donde lo necesitaba, mientras que Grant— taciturno, frío, 
reconcentrado, sin speeches ni revistas pomposas — continua- 
ba la difícil tarea que tenía entre manos, la aniquilación ó 
captur a del Ejército de Lee, que formaba el centro de apoyo 
y de los recursos militares de los rebeldes, y la ocupación 
de Uichmond. El 30 de Abril dirigió el Presidente al nuevo 
coinundante la siguiente carta: 

i^ rtniiente General Grant : No esperando veros antes 
de que se abra la campaña de primavera, deseo expresaros 
por este medio mi entera satisfacción por lo que habéis 
lieebü hasta aquí, según lo entiendo. No conozco ni trato 
de conocer los detalles particulares de vuestro plan. Os 
mostráis vigilante y seguro de vuestros medios de operar; 
y contento con esto, no es mi ánimo poneros restricciones ó 
haceros sugestiones. Mientras que deseo ansiosamente que 
se evite algún gran desastre ó captura de nuestras fuerzas 
en gran número, sé que estos puntos se han de escapar 
menos á vuestra atención que k la mía. 

ftXo dejéis de informarme si falta algo que esté á mi al- 
cance proveer. Y ahora, con un bravo ejército y una causa 
justa, I>ios os sostenga. 

«A. Lincoln.» " 

A lo que el General, desde su campamento en Cul- 
pe[)p6r Court House, en Virginia, contestó así el 1° de 

í^Xl Presidente: Ha sido recibida vuestra benévola 
cartd* Agradezco con orgullo la confianza que expresáis en 
el purvenir de mi administración militar y la satisfacción 
por lo pasado. Haré todo esfuerzo á fin de que vos y la 



VIDA DB LINCOLN 231 

patria no queden defraudados. Desde mí piimera entrada 
en el servicia del país como voluntario hasta el presente, 
nunca tuve motivo de queja, ni manifesté alguna en contra 
de laÁdniinislracion, óel Secretario de la Guerra, porque 
pusiese obstáculos de ninguna clase ¿l mi plan, ni para 
ejecutar con vii^or lo que creía de mi deber. En verdad, 
desde que he sido puesto á la cabeza de todos los ejércitos, 
y en vista de la gran responsabilidad é importancia del 
buen éxito, he eatado admirado de la prontitud con que se 
rae ha acordado cuanto he requerido, sin que me hayan 
pedido explicaciones siquiera. Si el éxito no fuese tau com- 
pleto como yo lo deseo y espero, lo menos que puedo decir, 
es que la rUta no estarla de vuestra parte, 
flYuestro obediente servidor, 

«U. S, GU\NT, 

Principiando por donde debía» aprovechando de la espe- 
riencia de otros, sin malgastar tiempo y fuerza en mera 
ostentación, rompiendo con prontitud, como paso preliminar 
las cabalas que por tanto largo tiempo habían embarazado 
la acción del ejército del Potomac — cuando el Teniente 
General estuvo al fin listo, se movió á través del Rápidan, 
donde fué atacado impetuosamente por Lee con todo su 
ejército, antes de que hubiese apostado convenientemente el 
suyo. «Otro que él, dijo Mr. Lincoln, habría estado de este lado 
del río, después de pelear tres días»; continuó peleando, mo- 
vióse por el flanco izquierdo y peleó de nuevo, preparado, 
después de seis días de cruda batalla, «á pelear, como él 
escribía al Gobierno, sobre aquella linea, todo el verano, si 
necesario fuere»; — venció en estrategia á Lee en Spottsyl- 
vania Ceurt House— aseguró su posición, y la mantuvo 
hasta que los movimientos preparados en otros puntos, pu- 
siesen á su alcance la presa codiciada. 

Manteniendo su terreno, á despecho de la diversión que 
intentaron los rebeldes con su avance hacia Washington, y 
una invasión á Marylandia, que se había hecho, por enton- 
ces, el favorito paseo de verano de los rebeldes, supo apro- 
vechar el valor del tiempo, y cerró mas y mas sus puños, 
sin que los supremos esfuerzos de su determinado oponente 
pudiesen inducirlo á soltar la presa. 



232 OBRAS DE SAHBüEKTO 

En vano era que los diarios de Richmond lo burlasen é 
insultasen, probando que debió obrar de otro modo: que no 
era estrategista, sino un aventurero feliz; un carnicero ©n 
grande escala; y los simpatizadores del Norte pedían que se 
llamase inmediatamente áMc. Clellan, para que se salvase 
la capital siquiera, si ya no lograba tomar á Richmond; 
pero Grant se tuvo firme — con dientes y uñas, y nada pudo 
moverlo. 

Mientras progresaba la campaña, excusándose el Presi- 
dente de asistir á un meeting monstruo á que se le Invitaba 
en Nueva York, aprobada ampliamente en una carta esta 
demostración que en sosten de la conducta del General 
Grant se proponían celebrar. 

Una Convención Nacional Republicana se reunió en Junio 
en Baltimore con el objeto de .nombrar candidatos para 
Presidente y Vice-Presidente. 

El sentimiento popular estaba de mucho antes pronun- 
ciado en favor de la reelección de Mr. Lincoln. Las Legis- 
laturas de los Estados, meetings y Convenciones de Estado, 
y una grande mayoría del país pedían^ que hombre á cuya 
elección constitucionalmente hecba no habían querido 
someterse los rebeldes, y que durante tres años de hercúleo 
trabajo, había mostrado su patriotismo, su habilidad y su 
integridad, tuviese la satisfacción de llevar á buen fin, en 
el mismo puesto, la obra que había comenzado eorao Pre- 
sidente. 

Una Convención se había reunido también en Cleveland, 
y propuesto un nombramiento inspirado por un espíritu de 
crítica hacia¿los actos de la Administración, aunque sin de- 
signar especialmente los puntos de política que debían cam- 
biarse; y acabó por nombrar al General Freuiont como 
Presidente, quien aceptó en el caso que la de Baltimore 
nombrase otro que no fuese Mr. Lincoln. 

Arrastrada empero, esta Convención por el sentimiento 
general, adoptó al segundo día de su reunión resoluciones 
que expresaban su decisión de apoyar al Gobierno en sus 
esfuerzos para sofocar la rebelión por la fuerza de las armas; 
en su determinación de no transar con los rebeldes, ni ofre- 
cerles términos de paz, sino á condición de reconocer la 
Constitución y las leyes de los Estados Unidos; que siendo 
la esclavitud la causa y el sosten de la rebellón, estaban 



TI DA DS LDfCÓLN 233 

por una enmienda de la Constitución que prohibiese su 
existencia en los límites de los Estados Unidos; que aproba- 
ban y aplaudían el saber práctico, desinteresado patrio- 
tismo, y tenaz fidelidad á la Constitución y principios de la 
libertad americana, con que Abraham Lincoln había desem- 
peñado, bajo di ñcultades sin ejemplo, los grandes deberes 
del cargo de Presidente: aceptando todos sus actos, y prin- 
cipalmente su proclamación de Emancipación, y empleo 
de los libertos como soldados de la Union. 

Como programa de la nueva presidencia, la Convención 
resolvía: que debía fomentarse la emigración para el des- 
arrollo de la riqueza y aumento del poder de la nación, asilo 
de todas las nacionaüdas oprimidas; que se construyese 
á la brevedad posible el ferro- carril al Pacífico; que la fe 
pública estaba empeñada al pago de la deuda pública, que 
debía cumplirse fielmente por medio de un vigoroso cuanto 
equitativo sistema de impuestos; concluyendo con aprobar 
da posición tomada por el Grobierno, de que el pueblo de 
los Estados Unidos no mirará en ningún tiempo con indife- 
rencia la tentativa de ppder europeo alguno, para trastor- 
nar por la fuerza, ó suplantar por el fraude las instituciones 
republicanas de ningún gobierno del Continente Occiden- 
tal; y que el pueblo vería de mal ojo, como una amenaza á 
la paz y á la Independencia de los Estados Unidos, los 
esfuerzos que alguna de dichas potencias hiciera para obte- 
ner nuevos escabeles para gobiernos monárquicosi soste- 
nidos por fuerzas militares extranjeras, en la vecindad 
misma de los Estados Unidos.» 

Al primer escrutinio de la votación recibió Abraham 
Lincoln los votos de los Estados leales, excepto Missouri^ 
cuyos delegados votaban por Grant; pero habiéndose adhe- 
rido los Misourianos & la elección general, apenas podría 
formarse idea del entusiasmo frenético que se apoderó de 
los circunstantes, poniéndose de pie toda la Convención, 
aclamando al nombrado, mientras la banda ejecutaba el 
aire nacional de Hail Columbia. 

Entre varios propuestos para Vice-Presidente, luego pre- 
valeció el nombramiento de Andrew Johnson, cuya valerosa 
conducta y sufrimientos por haberse opuesto á la rebelión 
en el Sur, habían excitado el mayor interés. 

Una comisión fué á comunicar al Presidente su nombra- 



034 OBRAS DE SARMIENTO 

aliento por unanimidad, habiendo al día siguiente pasado 
a congratularlo otra en representación de la Liga de la 
Union, que se había formado antes en sosten del gobierno y 
de la guerra. 

A éstos en su contestación dirigió aquella frase final que 
se ha hecho célebre y que reproducimos, como un calmante 
k las impaciencias del patriotismo en circunstancias aná- 
logas: 

w No me dejo llevar, caballeros, les dijo Mr. Lincoln, 
hasta creer que esa unanimidad signifique que yo sea el 
mejor hombre que el país podría elegir; pero esto me hace 
a r-ordar del cuento de un viejo labrador holandés, que una 
vez observaba á un compañero, eiqtie no era lo mejor cambiar 
mballos cuando se está cruzando el río». 

Prolongadas y tumultuosas risas provocó esta profunda y 
característica indicación, pronunciada con aquel modo de 
hablar, que sólo podrían apreciar los que tenían el privi- 
legiólo de tratará Mr. Lincoln en sus momentos de confianza 
y semi abandono. 

A los que le daban una serenata el 9 les dirigió estas 
chistosas palabras: «Caballeros, estaba diciendo, no ha 
mücho, y os lo repitiré, que el mas arduo de los speeches á 
que necesito responder, es á una serenata. Nunca sé qué 
decir en tales ocasiones. 

tíSupongo que esta atención me viene en unión de la que 
ine ha hecho la Convención de Baltimore, que acaba de 
tener lugar, y de la cual estoy muy satisfecho, como es natu- 
ral. Lo que necesitamos masque Convenciones de Balti- 
more ó elecciones de Presidente, es el buen éxito del General 
Giant. 

«Os recuerdo que no debéis olvidar por un momento, 
que es de la primera importancia que sostengáis á los 
bravos oficiales y soldados que están en campaña, y que á 
eso debéis reconcentrar toda vuestra energía. 

íiPor ahora, y sin deteneros por mas tiempo, propongo 
í|neme acompañéis á dar tres hurrahs, en conclusión, al 
GtMieral Grant, oficiales y soldados á sus órdenes». 



^lÚA. DK LINCOLN 235 

Los hurrahs íaeron dados con el alma^ dirigiéndolos el 
Presidente, que agitaba su sombrero con tanto calor como 
el que mas. 

A un regimiento de tropas de OhiOj llamados por cien días 
en una emergencia por el Presidente, les habló así: 

tíSoLDADOs: Sé que acabáis de llegar del Ohio» con ánimo 
üe sostenernos en este día de prueba y también de esperan- 
zas para la nación: os doy las gracias por la prontitud con 
que habéis respondido al llamamiento de tropas. Nunca 
vuestros servicios fueron mas necesarios que ahora. No sé 
adonde iréis. Podéis permanecer aquí, y ocupar el lugar de 
los que marcharán al frente; ó podréis vosotros mismos ir 
allá. Donde quiera que estéis, estoy seguro que cumpliréis 
con vuestro deber. Os doy de nnevo las gracias* Adios^í» 



LINCOLN REELECTO 

La campanil electoral.— Acritud de las discusiones.— Fuerza del cap Jldaló'con tra- 
pío.— Trlu o fo de Li n c Di n*—Eí sistema ^republicano triunfa con úl.— í)tras lecciones 
que entraña*— Tic raa carta de pésame á una viuda,— Apertura del Congreso.-- 
Jntlmas relaciones con las ílepübUcas sur-americanas. —Las ll aanzas, deada pilMlca 
y marina*— Presas y su yalor,— Tierras públicas y fcrro-carrü interoceánico.— 
Riqueza mineral.- Inválidos*- Su inalterable resolución por la emancipación de 
los eselaros* 

La campaña presidencial, como se llama aquí á las agita- 
ciones electorales, de 1864, fué en muchoa respectos una 
verdadera anomalía. Era de esperarse el exceso de bajas 
imputaciones é injurias prodigadas á. la Administración en 
un país donde tales desahogos son reputados como el nec6' 
sario acompañamiento de una elección nacional, que si 
llegasen L faltar, se temería que los preceptos constitucio- 
nales no han sido respetados. 

Aunque la libertad en tales casos venga casi siempre 
revestida de abusos semejantes, no dejaba esta vez de ser 
extraño que fuese una Administración tan violentamente 
atacada por sus oponentes como despótica y tiránica, cuan- 
do el hecho mismo de publicarse estas invectivas y falsifi- 
cíonesde los actos oflciales^yafuese de palabra ó por escrito, 
sin ser contados, estaba demostrando que era demasiado 
blando ó demasiado débil el Ejecutivo para exigir que sus 
actos ó sus personas fueran tratados con decencia siquiera. 

Poco después de los nombramientos de la Convención de 
Chicago, el General Fremont retiró su nombre de la pales- 
tra electoral, áLÜndeque no se dividiesen los votos de los 
amigos puros de la Union, En la carta en que se anunciaba 
esta determinación, decía : 

ftLa política del partido Democrático significa separación^ 
ó restauración con esclavitud* La plataforma de Chicago es 
simplemente separación. 



VIDA DK LIKCOLN 237 

.... «La carta de aceptación del aeneral Me. Clellan impor- 
ta el restablecimiento con esclavitud. 

....«El Candidato Republicano, por el contrario, está 
comproraelido al restablecimiento de la Union, sin escla- 
vitud». . . , , j- • 

El Senador Wade y Henrique W. Davis, que habían din- 
ffido un virulento manifiesto al pueblo, denunciando la polí- 
tica del Presidente tal como aparecía en su proclama de 
reconstrucción, se consagraron esforzadamente al sosten de 
los nombramientos de Baltimore. Las filas de los sostene- 
dores del Gobierno se estrechaban cada vez mas, y empu- 
jaban las masas hacia una victoria de que ya no era posible 

dudar. , , j 

La división de la oposición, eiltre tanto, se hacía cada 
día mas perceptible. Los demócrates partidarios de la paz 
daban en rostro al candidato de Chicago sus antecedentes 
militares, y el haber sido el primero en provocar los arres- 
tos arbitrarios. Esto no obstó, sin embargo, para que la opo- 
sición, en su totalidad, se presentase vigorosa, mas allá, de 
lo que debió esperarse, y que entrase en campaña con los 
aires de triunfo y de una insolente arrogancia. 

Los papeles de Richmond estaban de acuerdo en desear 
que Mr Lincoln no fuese reelecto. El Vicepresidente 
rebelde declaró, «que el único rayo de luz que les había 
Uecadodel Norte era el movimiento de Chicago.» No se 
quedaban atrás en esta vía los simpatizadores de la rebelión 
en Europa, y sus órganos les hacían coro con el sabido 
acompañamiento de denuestos. , , . 

De muy mal augurio para la oposición fueron las eleccio- 
nes de Estado de Ohio, Indiana y Pensilvania, que ocurrien- 
do en Octubre, dejaban ver muy á las claras la preponde- 
rancia de los sostenedores del gobierno. 

Lleco el 8 de Noviembre; y el resultado general de las 
elecciones disipó todas las dudas. Abraham Lincoln y 
Andrew Johnson, á quienes un diario había llamado «un 
bufo rajaleña á uno, y un sastre remendón al otro, ambos 
salidos de los bosques, y creados ambos en la mas supina 
iímorancia,» obtuvieron los votos de todos los Estados leales, 
excepto Kentucky, Delaware y New-Jersey, habiéndoles 
dado su voto casi todos los soldados del ejército. 
De 4034 789 votos echados en las urnas, Mr. Lmcoln reci- 



338 OBRAS DE SARMIENTO 

bió 2.223.039, lo que constituía una mayoría de 411.281 
voto3 en su favor. Así el Presidente electo por pluralidad 
en 1860, es reelegido en 1864 por una decisiva y clara 
mayoría. 

Entre los varios discursos que pronunció, con motivo de 
las serenatas con que el pueblo lo felicitaba, es muy nota- 
ble el que pronunció ante los Clubs Lincoln y Johnson, el 
10 de Noviembre, cuando ya era conocido el resultado gene- 
ral de las elecciones. 

<'■ Grave cuestión, dijo, ha sido por largo tiempo saber si 
un gobierno que no llegue á restringir las libertades del 
pueblo, puede ser suficientemente fuerte para mantener 
su existencia en situaciones azarosas. La actual rebelión 
ha puesto á prueba nuestro gobierno sobre este punto, y 
una elección de Presidente ocurriendo en su forma ordi- 
rla, durante la rebelión, aumentaba no poco la gravedad 
del caso. 

íi Si la rebelión traía apurado al pueblo cuando unido, 
¿ qué sería de él si se dividiese, y paralizase su acción por 
una guerra política en su propio seno ? Pero la elección 
era una necesidad; porque no hay gobierno libre sin elec- 
ción; y si la rebelión lograse hacernos prescindir de una 
elección nacional ó posponerla, podrían en buena hora pre- 
tender con esto solo habernos vencido y arruinado. 

(( Pero la elección en este caso, con todos sus enevitables 
incidentes y su lucha ingrata ha producido su parte de bien. 
Ella ha demostrado que el gobierno del pueblo puede sobre- 
llevar una elección general en medio de una gran guerra 
civil. Hasta ahora no se creía en el mundo que esto fuese 
posible. Ella ha mostrado también cuánta solidez y cuánta 
fuerza poseemos aun: ha mostrado que aun entre los can- 
didatos del mismo partido, recibirá mas votos de su pueblo 
el que mas esté por la Union, el que menos transija con 
la traición. Muestra, ademas, hasta dónde puede saberse 
á la fecha, que somos mayor número de hombres ahora, 
que cuando la rebelión comenzó. El oro es bueno en su 
tiempo y lugar; pero mas que oro valen hombres vivos, 
patriotas y valientes. Pero la rebelión continúa. ¿Ahora 
que las elecciones han pasado, no habremos de reunimos 
en un común esfuerzo, los que tenemos un interés común 
para salvar nuestra patria común? Por lo que á mí res- 



VIDA DB LINCOLH 239 

pecta, todo mi cuidado ha sido y será siempre no poner 
tropiezo alguno en el camino. Al oiisnio tiempo que reci- 
bo el honor de una reelección como una distinción, y estoy 
agradecido al Todopoderoso por haber traído al pueblo á. 
un justo acuerdo, como yo lo creo, para su bien, mi satis- 
facción ño se aumenta en manera alguna, porque el resul- 
tado no haya correspondido á las esperanzas de otros.» 

No dejará de leerse con interés, como muestra de la ter- 
nura de sentimientos de Mn Lincoln la sit^uiente carta, 
dirigida á una pobre viuda de Boston, cuyo sexto hijo, 
recientemente herido, yacía en el hospital: 

« Querida señora: Me han mostrado en los registros del 
Departamento de la Guerra el certificado del Ayudante 
General de MassachusettRj que prueba que Vd., es madre 
de cinco hijos que han muerto gloriosamente en el campo 
de batalla. Siento cuan déliil é ineücaz sería una palabra 
mía que intentase mitigar dolor tan abrumador; pero no 
puedo prescindir de ofrecerle el consuelo que puede dar 
el reconocimiento de la República hacia aquellos que han 
muerto por salvarla. Ruego á nuestro Padre Celestial, que 
calme la angustia de sufrimiento tan grande, y le deje sólo 
la querida memoria de los que ha amado y perdido, y el 
glorioso orgullo que debe sentir por haber ofrecido tan 
costoso sacrificio en las aras de la Libertad. 

« Sii sincero y respetuoso, 

«Abraham Lincoln.» 

El Congreso 38<> comenzó sus sesiones el 8 de Diciembre. 
Siguiendo el plan que nos hemos trazado, extractaremos 
los trozos que mas directamente hacen á nuestro objeto. 

«Nuevas bendiciones de salud y abundantes cosechas, 
reclaman nuestra mas profunda gratitud hacia el Todopo- 
deroso. 

« La condición de nuestras relaciones exteriores es razo- 
nablemente satisfactoria. 

« México continúa siendo el teatro de la guerra civil. 
Mientras nuestras relaciones políticas con aquel país no 
han experimentado cambio alguno, hemos mantenido 
estrictamente la neutralidad entre los beligerantes. 

«c Son de la naturaleza mas amistosa nuestras relaciones 
con Chile, la República Argentina, Bolivia, Costa Rica, 



240 OBRAS DB SARMIENTO 

Paraguay» San Salvador y Haití. Durante el año transcu- 
rrido ninguna desavenencia se ha suscitado con aquellas 
KepúblicaSj mientras que sus simpatías por los Estados 
Unidos han sido con5itantement6 expresadas con cordiali- 
dad y ardor. 

« Las entradas durante el último año, incluyendo emprés- 
titos y el sobrante del año anterior, ascendieron á pesos 
1.394.796.007; y las inversiones á pesos 1.298.056.101. 

«La deuda pública como aparece de los libros dé la 
Tesorería, era en 1^ de Mayo de pesos 1 .740.690.489. El cua- 
dro general de la Marina, incluyendo buques en construc- 
ción, el lo de Diciembre de 1864, muestra un total de 671 
buques, con 4.610 cañones y 510.896 toneladas. 

« Han sido capturados 824 buques, y las presas durante 
toda la guerra han ascendido á 1379, de las cuales 267 son 
vapores. El producto de las presas condenadas ha sido 
$ 14.396.250. Los gastos del Departamento de Marina, hasta 
1865, han ascendido á$ 238.647.262. 

« La cantidad de tierras públicas enajenada durante el 
año ascendió 4.221. 342 acres. 

« Llévase adelante con vigor la grande empresa de poner 
en contacto las costas del Pacífico y del Atlántico por ferro- 
carriles í*) y líneas telegráficas, habiéndose adoptado defi- 
nitivamente como punto de partida cien millas al Oeste de 
la ciudad de Omaha en Nebraska, hasta otro punto de 
Nevada y de la ciudad de Sacramento en California. 

« Nuevos descubrimientos de oro, plata y cinabrio se han 
añadido á los ya conocidos en el país que media entre 
la Sierra Nevada y las Montañas Rocallosas. Créese que 
el producto de metales preciosos en aquellas regiones ha 
alcanzado, si no excedido de 100 millones de pesos. 

a El número de actual de inválidos nacionales es de 22.766 
y el de marinos 712. Viudas, huérfanos y madres han 
entrado en los registros de pensiones por la cifra de 22.198 
del ejército y 248 de la marina. Durante el año que ter- 
mina en Junio se han pagado $ 4.504.616 en pensiones ». 

El mensaje concluía con esta confirmación de todos sus 
anteriores actos: « Al presentar como la única condición 



(i) Actualmente trabajan 26.000 tiombres en esta colosal empresa de unir los dos 
Océanos. 



TUJA BS LtííCOLN 241 

indispensable para coiiolulr la guerra de parte del Gobier- 
no, el abandono de toda resistencia armada contra la auto- 
ridad nacional por parte de los insurgentesj no retracto 
nada de lo dicho hasta ahora en cuanto á la esclavitud. 
Repito la declaración hecha, un año ha, que mientras per- 
manezca en mi presente posición no intentaré retractar ó 
modificar la Proclamación de Emancipación, ni volver á la 
esclavitud á persona alguna libertada por aquella procla- 
mación ú acto alguno del Congreso. Sí el pueblo quisiese 
por cualquiera medio 6 modo, imponer al Ejecutivo el deber 
de esclavizar de nuevo á tales personas, otro y no yo sería 
el instrumento para llevarlo á cabo. 

«Al establecer una sola condición para la paz, quiero 
decir simplemente que, de parte del Gobierno, la guerra 
cesará, cuando haya cesado de parte de ios que la comen- 
zaron. — Abraham Lincoln-» 



TauD ixTii.— 16 



TRIUNFO DE LA GRAN REPÚBLICA 

LaGomisioD Sanitaria y sus trabajos. —Discurso de Mr. Lincoin en el Bazar de 
Plladelfla.— Elogio á la caridad de las señoras americanas por los heridos.— Dis- 
curso á unos soldados.— Carácter republicano y democrático de la lucha.— Tenta- 
tivas frustradas para un arreglo.— Convención de Chicago y el General Me. Clelian. 
—La solidez de las instituciones republicanas demostrada en esta elección.— Cap- 
tura de Atlanta.— Respeto de Mr. Lincoln á las leyes. 

El 16 de Junio el Presidente se halló en la gran feria ó 
Bazar celebrado en Filadelña con el objeto de levantar 
fondos para ayudar á la noble asociación de la Connisioa 
Sanitaria de los Estados Unidos, que tanto bien produjo,, 
durante la guerra, dando una forma á los medios y agen- 
cias para el cuidado y bienestar de los bravos muchachos, 
en campaña, sobre una base que ninguna nación,— ni Fran- 
cia, ni Inglaterra, aunque muy experimentadas en la 
guerra y generalmente de admirable prontitud para apro- 
vechar toda mejora que conduzca á su mejer éxito— habían 
logrado organizar hasta entonces. La Comisión Sanitaria 
debía reunir y reconcentrar los fondos y recursos del patrio- 
tismo, la filantropía y la caridad de toda la nación, aun en 
ios puntos mas distantes del teatro de la guerra, á ñn de 
establecer un sistema general de socorros para los enfer- 
mo? y heridos en todos los diversos campos de hostilidades,. 
con un personal eficaz de despenseros, boticarios, medici- 
nas, alimentos ó enfermeras, y cuanto la ciencia y la caridad 
han puesto al servicio de la humanidad doliente. Los Esta- 
dos Unidos, por medio de esta organización, se convirtieron 
en una inmensa institución de caridad, preparándose las 
hilas en cada habitación, reuniéndose millones de pesoa 
para la adquisición de cuanto fuese necesario á la salud y 
comodidad de los enfermos en los hospitales; y hermanos y 
hermanas de caridad pública por millares, improvisados 
por el patriotismo y la caridad cristiana, acudieron á loa 



VIDA DB LINCOLN 243 

campos da batalla y siguieron los ejércitos en sus penosas 
marchasj á fin de entregarse con el mas ardiente celo á la 
obra piadosa de que se había encargado. Aun después de 
terminada la guerrK, la Comisión Sanitaria veló por el bien- 
estar de los soldados de regreso ya á sus hogares, propor- 
cionándoles refrescos, escribiéndoles las cartas que algunos 
no sabían hacer á sus familias, costeando piernas y brazos 
artificiales á los inválidos, y prestándoiesengeneral los mas 
delicados serviciosp 

Con motivo de hallarse presente el Presidente en el citado 
bazar, la concurrencia que atrajo fué inmensa; no bajando 
de quince mil almas las que se hallaban reunidas en los 
galpones y salas en que se veriücaba. 

Después de los acostumbrados apretones de manos, acep- 
tados por la victima con un contagioso buen humor, y ha- 
biéndose servido un refresco ó colación, respondiendo á un 
brindis á su salud, el Presidente dijo: 

«Supongo que este brindis es para incitarme á decir algo. 
La guerra es terrible, en todo caso, y en el nuestro, por su 
magnitud y duración, en una de las mas terribles que el 
mundo haya presenciado. En muchas partes, si no en todas, 
ha perturbado los negocios, destruido la propiedad, arrui- 
nado las casas, hecho perecer á centenares de miles. 

«Ha creado una deuda nacional, é impuéstonos contribu- 
ciones sin ejemplo en este pais. Ha sido causa de un 
duelo tal, que los cielos mismos parecen vestidos de 
luto. Y todavía continúa. En cambio ha tenido acom- 
pañamientos que el mundo no habla presenciado hasta 
ahora. 

«Hablo de las Comisionen Sanitarias y Cristianas, con sus 
trabajos en favor de los soldados, y el salón de refresco 
abierto gratuitamente á los voluntarios, y mejor compren- 
dido por los que me oyen que por mi mismo. Estos baza- 
res públicos comenzaron en Chicago, y se siguieron en 
Boston, Cincinnati y otras ciudades. 

«El motivo y objeto que los inspira son dignos de la soli- 
citud que debemos al soldado que pelea por su patria. Mu- 
cho, muchísimo puede hacer la suave y tierna mano de la 
mujer, recordándole continuamente los cuidados y las 
atenciones de su propia familia. La idea de que no lo 
olvidan es grata á su corazón. Digno de contemplación es 



244 OBRAS DB SARMIENTO 

el espectáculo de estas instituciones, que son sostenidas 
por contribuciones voluntarias; con lo que se muestra que 
no están agotados del todo los recursos nacionales» y que el 
patriotismo nacional nos apoyará en todo. La pregunta 
viene de suyo: ¿cuándo acabará esta guerra? 

«No quiero señalar día, por temor de que el término de- 
seado no venga á tiempo. Nosotros aceptamos esta guerra; 
no la hemos principiado. La aceptamos con un objeto, 
y cuando este objeto se haya logrado, la ^^uerra cesará; y 
espero en Dios, que no cese hasta que ese objeto esté con- 
seguido y asegurado. 

«Por lo que á mi hacejlevaremos adelante la obra, aunque 
hubiese de tomarnos tres años mas. No he tenido la cos- 
tumbre de hacer predicciones, pero me siento ahora tentado 
á hacer una. Voy á hacerla. Es que Grant está esta noche 
en una posición, junto con Meade y Hancock, oriundos de 
Pensilvania, de donde no será desalojado hasta que no caiga 
Richmond. 

«Si llegase á descubrir que el General Grant tendría ma- 
yor facilidad para tomar á Richmond, mandándole con 
presteza una gran masa de hombres armados al primer 
aviso, ¿iríais vosotros? (Gritos de «sí»). ¿Marcharíais adelante 
con él? (Gritos de «sí»). 

«Entonces cuento con vosotros, para cuando el caso 
llegue.» 

La Comisión de la Convención Nacional remitióle una 
nota explicatoria de los principios, propósitos é ideas que 
habían prevalecido al nombrarlo Presidente por el partido 
Republicano para el subsiguiente período. Mr. Lincoln, 
aceptando el nombramiento, declaró por una carta datada 
de Junio 24, aceptar de corazón las resoluciones de la Con- 
vención, llamadas la Plataforma; observando que al concu- 
rrir plenamente en la resolución respecto á suplantar á 
Gobiernos Republicanos, en el Continente Occidental, creía 
necesario decir, para evitar mala inteligencia, que la posi- 
ción del Gobierno en relación á la acción de Francia en 
México, tal como el Departamento de Estado lo había asu- 
mido y aceptado la Convención, sería mantenida, mien- 
tras el estado de los hechos le conservarse su oportunidad y 
aplicación. El 5 apareció una proclamación suspendiendo 



yiDh BB LINCOLN 245 

el habms corpus^ y poniendo al Eentucky bajo la ley mar- 
cial. 

Habiendo el Congreso en sus ultimas sesiones adoptado 
reglas para la reorganización de los Estados que habían 
participado de la insurrección y fuesen rescatados por las 
armas nacionales, el Presidente, por una nueva proclama- 
ción! prestó su aprobación á la ley del Congreso, excluyendo, 
sin embargo, de su aplicación á Luisiana y A.rkansas, cuyos 
gobiernos se habían reorganizado según el plan propuesto 
por el Presidente en su proclamación de Diciembre. 

El 7 de Julio apareció una proclamación, señalando un 
día de rogaciones y ayuno para Implorar de nuevo la 
asistencia divina, á fin de que la rebelión cesase, en la 
misma forma que en los años anteriores. 

Como pasasen por Washington de regreso á sus casas 
algunos soldados del Ohio,y solicitasen tributar al Presidente 
su homenaje de respeto, Mr. Lincoln les dirigió la palabra 
en estos términos : 

«Soldados: Vais de regreso á vuestras casas, y al lado 
de vuestros amigos, después de haber cumplido, según estoy 
informado, en la campaña con vuestro deber por un plazo 
comparativamente corto en esta grande lucha. Os estoy 
sumamente agradecido, como á todos los que han acudido 
al llamamiento de su patria. Desearía que fuese mas 
generalmente comprendido el carácter de la lucha en que 
el país se encuentra envuelto. Todos convienen en que 
tenemos un gobierno libre, en el cual todo hombre tiene 
derecho de ser igual á cualquier otro hombre. En la gran 
lucha que sostenemos, sí nuestros enemigos triunfan, esa 
forma de gobierno, y toda forma de derechos humanos, 
corre peligro. Algo mas de lo que generalmente se ima- 
ginan, está comprometido en esta cuestión. Está por 
resolverse en ella, si vuestros hijos y mis hijos gozarán 
de los privilegios de que hemos gozado nosotros. Os digo 
esto para convenceros, si no estáis convencidos, que no 
debemos dejarnos distraer de este gran propósito por 
motivos secundarios. 

«Pueden notarse algunas desigualdades en la práctica 
de nuestro sistema. Es justo que cada uno pague contri- 
buciones en exacta proporción con el valor de su propiedad; 
pero si hubiésemos de esperar, antes de cobrar los impues- 



2lOi OBRAS DB SARMIENTO 

toi?, á ajustar las contribuciones exactamente en la propor- 
ción que otro paga, jamas llegaríamos á cobrar impuesto 
alj^uno. Errores han de cometerse en algunos casos; las 
cn^as se harán mal, aunque los empleados del Gobierno 
)i,iȒ!in. todo lo posible para evitar errores. 

ir Pero yo os ruego, que como ciudadanoá de esta gran 
República, no apartéis vuestro espíritu de la grande obra 
que tenemos entre manos. Esta.lucha es demasiado grande, 
pal 11 abandonarla por motivos de poca monta. Cuando 
Tul vais á vuestras casas levantaos á la altura de una gene- 
nuion de hombres dignos de tener un gobierno libre; y 
entonces habremos llevado á cabo la grande obra que tene- 
nios comenzada. Os reitero mis sinceras gracias, soldados, 
] M^r el honor que me habéis hecho esta tarde. 

V á otros soldados decía después: «No es sólo para hoy, 
sino para siempre jamas, que debemos perpetuar en bene- 
floio de los hijos de nuestros hijos aquel grande y libre 
nolñerno, bajo el cual hemos vivido. Os pido que os 
recordéis esto, no por mí sino por vosotros. Me ha tocado 
ocupar temporalmente esta enorme Casa Blanca. Yo soy 
uu testigo de lo que verá alguno de vuestros hijos, que 
¡mede venir por aquí, como vino el hijo de mi padre. 

uA fin de que cada uno de vosotros, mediante este 
pnlííerno libre, goce de iguales probabilidades de buen 
éxito en su industria, empresa ó inteligencia, para que 
^lisfruteis de iguales privilegios en la carrera de la vida» 
con todas las humanas aspiraciones deseables, para esto 
lucharíamos, no sólo un año, sino dos ó tres, á fin de no 
perder nuestros derechos de nacimiento. Vale la pena de 
jtelear por una tal nación, y por asegurarle joya tan 
inestimable.» 

Con motivo de la nueva tentativa de los rebeldes, por 
un momento coronada con éxito, para amenazar á la 
CLipital y compeler á Grant que aflojara de su determinación 
de asediar á Richmond, algunos individuos fatigados ya 
de la guerra, hicieron representaciones al Presidente, para 
que escuchara las proposiciones de avenimiento que ofrecían 
lliompson, Clay y Sanders, que se hallaban entonces en 
el Canadá, comisionados evidentemente con este objeto por 
r^ívis. Estos exigían un salvo conducto para poder pasar 
ú Washington con el objeto de entablar negociaciones de 



VIDA DE' LINCOLN 247 

paz, teniendo por intermediario para esta obra á Mr. Greely, 
el redcvctor de la Tribune, Todo lo que pudieron sacar de 
Mr, Lincoln fué la siguiente circular y declaratoria, que lleva 
fecha de 18 de Julio: 

ftA quienes concierna: Toda proposición que abrace el 
restablecimiento de la paz, la integridad de la Union y el 
abandono de ia esclavitud, y que venga con la autorización 
de los que ejercen poder sobre los ejércitos actualmente 
en hostilidad contra los Editados Unidos, será recibida y 
considerada por el < Tobierno de los Estados Unidos, quien 
por su ¡jarte hará concesiones liberales sobre los otros pun- 
tos colaterales y substanciales^ debiendo contar los portado- 
res de una y otra parte con salvoconductos de ambos lados. 
— A, Lincoln.» 

Con esto terminaron las tentativas de dividir entre si á 
los sostenedores de la Administración; pues los negocia- 
dores, se^Tun parece, no gustaron mucho de esta tiesura 
y tenaz resolución del Presidente para no dar paso alguno 
que, por implicancia siquiera, admitiese el reconocimiento 
de un gobierno rebelde. 

El 29 de Agosto se había reunido la Convención Nacio- 
nal del partido demócrata en Chicago, que había sido 
precedida por una Convención en masa llamada de la Paz, 
tenida en Siracuse. 

A íin de conciliar las tendencias opuestas de un partido 
con discordantes miras, propusieron la candidatura del 
General Me. Clellan para Presidente, contando con que se 
ganaría los votos del ejército^ donde era todavía popular 
por sus favorables disposiciones hacia la continuación de 
la guerra. Para Vice-Presidente se nombró á Mr. G. H. 
Pendleton, de Ohio, conocido, desde el principio, por sus 
doctrinas en favor de la paz. Combinando así la Conven- 
ción el fuego con el agua, arribó á la siguiente resolución: 

üSe resuelve : Que esta Convención declara explícitamente 
que el sentir del pueblo americano es que, después de 
cuatro años de esfuerzos impotentes para restablecer la 
Union por el experimento de la guerra, durante el cual, á 
pretexto de necesidad militar, ó de una autoridad militar 
superior á la Constitución, se ha violada esa misma Consti- 
tución en todas sus partes, atropellándose toda libertad 



248 OBRAS DE SARMIENTO 

y todo derecho de los ciudadanos, y comprometídose esen- 
cialmente la prosperidad del país, la justicia, la humanidad» 
la libertad y la felicidad pública reclaman imperiosamente, 
que se hagan inmediatos esfuerzos para hacer cesar las 
hostilidades, teniendo en mira una Convención de todos los 
Estados, ó cualquier otro medio pacifico, que tienda á 
asegurar y á restablecer & la brevedad posible la paz sobre 
la base de la Union Federal. » 

Mc.GIellan aceptó el nombramiento^ desentendiéndose en 
su carta de aceptación déla cesación de las hostilidades; 
y por mas que intentó esquivar una declaración distinta 
sobre la paz, estuvo muy lejos de dejar satisfechos á los 
ultras del partido que la exigía k todo trance. 

Asi se presentó, en medio de una guerra civil sin ejemplo 
en la historia del mundo, el extraordinario ejemplo de un 
gran pueblo entrando con ardor en una campaña política que 
traía entre otros resultados, el principal de todos, la conti- 
nuación de la guerra con todas sus miserias y cargas. Los 
políticos, desde Montesquieu, habían atribuido á las monar- 
quías y alas aristocracias exclusivamente la virtud de per- 
severar por largos años, y á despecho de dificultades cre- 
cientes, en un gran propósito político. La Europa entera 
esperaba que el Norte sería mas pronto vencido por el can- 
sancio y la necesidad de proveer á los gastos de la guerra, 
que por los ejércitos del Sur. El pueblo iba á ser puesto á 
prueba en la reelección de Lincoln con el programa de 
Baltimoreysu conocida y profesada inflexibilidad de pro- 
pósito, después de comprometidos tres mil millones en 
deudas, y agobiado el pueblo bajo el peso de contribu- 
ciones exorbitantes. Ese mismo pueblo poniendo su hom- 
bro en sosten de la continuación de la guerra, es. decir, 
de nuevas y mas pesadas contribuciones, y mas sangre 
de sus hijos, ha cambiado las ideas de todo el mundo 
sobre el poder y eficacia de los gobiernos libres, y la apti- 
tud del pueblo para gobernarse á sí mismo. La república, 
como forma de gobierno, eficaz no sólo para asegurar la 
felicidad de todos y crear la riqueza en tiempo de paz, sino 
para conservarse á sí misma en tiempo de guerra, fué 
salvada en los Estados Unidos, con la reelección de Lin- 
coln; para lo venidero, en todas las partes del mundo. Esta 
era la prueba á que no se creía resistiese y resistió, en pro- 



VIDA DK LINCOLN 249 

porciones colosales é inauditas, y á la cual no resistieron 
siempre grandes inaperioa. 

Apenas acababa de prorrogarse la Convención de Chicago, 
anuncióse la ocupación de Atlanta, y la captura por la escua- 
dra de Farragut de los fuertes en la bahia de la Mobila, lo 
que ponía de manifiesto que hasta aquel tiempo la guerra 
no habla sido tan estéril, como se decía. 

El Presidente, anunciando tan propicias nuevas, reco- 
mendó al pueblo con tal motivo elevar sus votos al Ser 
Supremo en acción de gracias, y pedirle derramase sus 
mercedes sobre los enfermos, heridos y prisioneros, y los 
huérfanos y viudas de los que habían muerto al servicio de 
su patria, y que continuase dispensando su apoyo al 
Gobierno délos Estados Unidos contra los esfuerzos de sus 
enemigos públicos y privados. 

Dos documentos pertenecen ó esta época: una carta sos- 
teniendo sus ideas sobre la Emancipación por la ventaja 
material obtenida con el refuerzo de doscientos mil negros 
que estaban sobre las armas, y un discurso á una Comisión 
de Marylandia desvaneciendo rumores propalados contra 
su persona y propósitos, en caso de que no resultase electo 
Presidente. «Yo estoy batallando», decía, «por mantener el 
Gobierno, por no destruirlo. Digo por tanto que si vivo, me 
mantendré Presidente hasta el 4 de Marzo; y que haré que 
cualquiera que sea constitucionalmente electo en Noviem- 
bre, sea debidamente instalado en Marzo; y que en el inter- 
valo, haré el último esfuerzo á fin de que el que haya de 
empuñar el timón para el siguiente viaje, principie con las 
posibles probabilidades de salvar la nave.» 



SE ESTRECHAN LAS FILAS 



Humorística respuesta á unos serenadores.— Discurso elogiando la fllantropia d& 
las señoras americanas. — Nueva tentativa de negociaci(tn. — instrucciones á 
Mr. Se ward.— Carácter y objeto de estas negociaciones.— Su rompimiento. -Cam- 
paña de Sherman en la Georgia y las Carolinas.— Ídem de Sheridan en la Virginia. 
— Reinauguracion de Mr. Lincoln.— Su notable discurseen esta ocasión.- Procla- 
mación de admnlstia á los desertores. 



Puede servir como muestra del genial y festivo espíritu 
del Presidente esta respuesta dada en una serenata que se 
le dio el 6 de Diciembre de 1864. 

«Amigos y conciudad.a.nos: Me moriré de viejo sis dejar de 
sentir embarazo, cuando nada tengo que decir. No tengo 
buenas noticias que daros, ni malas tampoco. Ya hemos 
hablado de elecciones hasta agotar la materia. Las noticias 
mas interesantes que nos llegan vienen de Sherman. Todos 
sabemos ya de dónde vino; pero no puedo decir adonde irá 
Concluiré, pues, proponiéndoos tres burras por el General 
Sherman y su Ejército.» 

El 24 de Enero le fué presentado un bellísimo vaso hecho 
de hojas disecadas que se habían recogido del campo de 
batalla de Gettysburg, y que había sido adquirido por subs- 
cripción en un bazar tenido en Filadelfla á favor de los 
heridos y hospitales del Ejército. JEn réplica al sentido y 
simpático discurso de presentación del Presidente de la 
Comisión, dijo: 

«Reverendo SEÑOR, señoras y caballeros : Con emociones 
de la mas profunda gratitud acepto el bello don, que 
habéis tenido la bondad de ofrecerme. Debíais aceptar, por 
tanto, que yo os lo agradezca. Tanto se ha dicho sobre 
Gettysburg, y tan bien dicho, que intentar añadir algo de 
mi caudal, sería debilitar la fuerza de lo que ya se ha 
dicho. 



VIL A DK LINOOLN S5l 

ftCon motivo de la consagración del Cementerio Nacional 
de Gettysburg, nuestro ilustre amigo, Eduardo Everett, 
muerto ya, por nuestra desgracia! rindió un elocuente y 
gracioso tributo al patriotismo y 4 la abnegación de las 
señoras americanas. Su vida fué grande, y mas grande 
todavía á mi juicio la de sus últimos años. Deseara que 
leyeseis, caso de no haberlo hecho ya, las calorosas, verídi- 
cas y elocuentes palabras que entonces pronunció sobre las 
mujeres americanas. En verdad que nunca serán bastante 
bien estimados, como lo merecen, los servicios que ellas 
han prestado y continúan prestando á los* defensores de su 
patria en estos peligrosos tiempos. 

^Permitidme que os dé igualmente las mas sinceras 
gracias, personal mente, por vuestros buenos deseos á mi 
favor. Puedo aseguraros que son recíprocos, Y ahora» seño- 
res y señoras, que Dios os bendiga á todos.» 

Al principiar el nuevo año, la atmósfera se mostraba, 
<;omo tantas otras veces, llena de rumores sobre el deseo de 
los insurgentes por negociar la paz. 

Muchos, sin excluir á varios de los amigos y sostenedores 
de Mr. Lincoln, se mostraban aprensivos, creyendo que aquel 
«A quien concierna^), había sido demasiado duro y lacó- 
nico. Sin pretender hallarse en las circunstancias del Pre- 
sidente para juzgar del acierto, no podían aquellos desasirse 
del pensamiento que algo definido y tangible podría resul- 
tar de una entrevista con los representantes de la rebelión; 
cuando mas no fuese que la clara persuasión de que no 
podría obtenerse la paz sin la separación, á menos de ser 
vencidos. 

Formas familiarizado que Mr. Lincoln estuviese con los 
designios y propósitos de los caudillos de la rebelión, y bien 
persuadido de la inutilidad de tal paso, estaba, sin embargo, 
determinado á no dar asidero á la censura de sus propios 
actos, siempre que una coyuntura favorable se presentase. 

En virtud de esto, conociendo que aquellos se hallaban 
dispuestos á enviar ciertos comisionados para saber del 
Oobiernoen qué término podrían ajustarse las dificultades, 
y no queriendo por otra parte que tales comisionados vinie- 
sen á Washington, encargó el asunto al secretario Seward, 
dándole la siguiente carta de instrucciones, datada en la 
Mansión del Ejecutivo en Washington, Enero 31 de 1865* 



£52 OBHAS DB SAHMISNTO 

ííHon. Mr, Seward, Secretario de Estado : Pasará Vd. á la 
fortaleza Monroe, en Virginia, para abrir conferencias 
oficiosas con los Srea. Stepbeiis, Hunter y Canipbeil, sobre 
la base de mi carta á Mr. Blair de que Vd* tiene copia. 

«Haráles Vd. saber que tres cosas son indispensables: 

í< I'' El restablecimiento de la autoridad nacional en todos 
los Estados. 

k2^ Ninguna retractación por parte del Gobierno de los 
Estados Unidos acercado la esclavitud, que salga de la posi- 
ción a sumí lia con el último mensaje al Congraso y prece- 
dentes documentos. 

«3* No babrá cesación délas hostilidades, sino cuando 
esté terminada la guerra, y licenciadas todas las fuerzas hos- 
tiles ai Gobierno. 

«Deberá Vd. informarles que toda proposición departe 
de ellos que no esté en oposición con las arriba indicadas, 
será considerada y aceptada en un espíritu de sincera libe- 
ralidad. 

« Oirá Vd. cuanto deseen decir y me informará de ello. 

«No se extenderá Vd. hasta dar por definidamente con- 
cluido arreglo alguno. 

« Vuestro verdadero, 

« A. Lincoln. » 

El 2 de Febrero se trasladó el Presidente al punto desig- 
nado, y el 3 acompañado de Mr. Seward recibió á los Agen- 
tes del Sur, á bordo de un vapor de los Estados Unidos 
anclado en Hampton Roads. 

La conferencia que se siguió fué de un carácter pura- 
mente oficioso y sin asistencia de secretarios, carpetas, ni 
testigos. Nada se leyó ni escribió. La conversación, aunque 
animada y libre, fué tranquila, cortés y amigable por ambas 
partes. Los Comisionados de Richmond entraron en mate- 
ria casi indirectamente, y en ningún caso hicieron proposi- 
ciones categóricas, ni ofrecieron estipulaciones formales, ni 
negativas absolutas: no obstante, durante la conversación, 
que duró cuatro horas, los varios puntos que requerían solu- 
ción entre el Gobierno y los insurgentes fueron distinta- 
mente tocados y plenamente discutidos, con inteligencia y 
en un tono amistoso. Lo que parecía cuadrar mejor á los 
insurgentes era posponer la cuestioü de separación que moti- 



VIDA J)B LINCOLN 253 

vaba la guerra, y dirigir los comunes esfuerzos de ambas 
partes a alguna política ó designio exterior, por un cierto 
tiempo, durante el cual debía esperarse que se calmarían 
las pasiones, los ejércitos serían disminuidos, y restableci- 
das las comunicaciones entre ambas secciones del país. 
Sugerían ellos la idea deque con semejante aplazamiento se 
obtendría una paz inmediata^ con bastante, aunque no mas 
segura esperanza, de un arreglo satisfactorio de las rela- 
ciones políticas entre el Gobierno y los Estados separados, ó 
el pueblo comprometido en b\ conflicto. 

Esta indicación^ aunque deliberadamente tomada en con- 
sideración, no fué sin embargo, mirada por el Presidente 
como armisticio ó tregua, y anunció que él no podía conve- 
nir en ninguna cesación ó suspensión de las hostilidades, 
si no tenía por base el desbande de las fuerzas insurgentes» 
y el restablecimiento de la autoridad de los Estados Unidos 
en todos los Estados, con subordinación á las propuestas 
anunciadas. La política anti-escla vista de los Estados Unidos 
fué examinada por todas sus faces, y el Presidente anunció 
que no debía esperarse que apeara de las posiciones asu- 
midas hasta entonces en su Proclamación de Emancipación 
y documentos referentes, tal como lo había reitera<io en su 
mensaje anual. El Presidente, además declaró, que el resta- 
blecimiento de la autoridad nacional en todos los Estados 
era condición previa para asentir de su parte á cualquiera 
proposición de paz que se hiciese, sin omitir asegurarles de 
que, sosteniendo aquellas bases, en la ejecución procedería 
^on toda la liberalidad que entrare en las facultades del 
Ejecutivo. Estas facultades, sin embargo, estaban limitadas 
por la Constitución, y cuando la paz se ajustase, el Con- 
greso debía necesariamente obrar con respecto al empleo de 
fondos, y á la admisión de representantes de los Estados 
insurreccionarlos. 

Se notificó en seguida á, los representantes de Richmond, 
<}ue el Congreso había adoptado una resolución, el 31 de 
Enero, sometiendo á los Estados la proposición de abolir la 
esclavitud en toda la Union, y que había toda razón para 
esperar que fuese bien pronto aceptada por tres cuartos de 
los Estados, de manera que llegaría á, ser una ley orgánica 
«de la nación. 

Púsose término á la conferencia por aquiescencia mutua. 



254 OBRA» DE SARMIENTO 

sin producir acuerdo de miras sobre ninguno de los puntos 
discutidos. 

Vuelto el Presidente á Washington, dióse cuenta al Con- 
greso de lo ocurrido, con lo que quedó perfectamente esta- 
blecido que no á la diplomacia, sino á los ejércitos que se 
iban acumulando en torno de Richmond, debía apelarse 
para traer una paz que obtuviese la aprobación de los hom- 
bres leales. 

El 17 de Febrero, según la costumbre estableciila á la 
expiración del término presidencial, fué convocado el Senado 
para el 4 de Marzo, en el Capitolio. 

La situación militar era por entonces muy halagüeña para 
los amigos de la Union. Sherjnan había «salido» al frente 
de Savannah, capturándola, presentándola como aguinaldo 
de año nuevo, después de su extraordinaria marcha desde 
Atlanta, á la cual le había arrancado todo su poder ofensivo 
— atravesando directamente por el corazón de la Georgia 
para llegará las costas del Atlántico.* 

Thomas había retrocedido sindificultud sobre Nash\ñlle, 
dejando á Hood, su nuevo antagonista, que había reempla- 
zado á Johnston, y al cual batió en toda forma, con pérdida 
de casi todo su ejército, en una batalla que le presentó á 
los alrededores de la ciudad, sin que se supiese definiti- 
vamente adonde fue con sus derrotadas huestes á buscar 
amparo. 

Sherman, después de dar algún descanso á su ejército, 
había dejado á Savannah, y marchado sobre la Carolina del 
Sur, donde, al decir desús enemigos, estaba seguro de que- 
dar pegado en los pantanos y ciénagas en que abunda 
aquel terreno. 

La verdad es que se empantanó, en efecto, porque los 
campos estaban inundados; pero el hábil campañista supo 
evitarlos ó atravesarlos por calzadas provisionales, cayendo 
de repente sobre Columbia, la capital del Estado; y flan- 
queando con esto á Charleston, aquel nido todavía caliente 
de la traición, que cayó por sí mismo, siendo abandonado 
precipitadamente por las fuerzas de Hardee. Aparentando 
después marchar sobre Raleigh, la capital de la Carolina 
del Norte, vino á reunirse en Goldsborough con la columna 
que, taladrándola Confederación por su costado liabía lle- 
gado hasta aquel punto, después de tomarse á Wilmington, 



LA TÍDA DB LINCOLN 255 

el puerto mimado de los desinteresados violadores del blo* 
queo: captura que habia hecho inevitable la toma por asalto 
del fuerte Fi&her, que domina la entrada de su bahía. 

Cuestión harto mas grave se hacia por entonces para la 
rebelión, el saber adonde iría á parar en seguida Sherman. 
Compelidü Da vis [>or su Congreso á dar empleo activo á 
Johnstonj y el mando general de los ejércitos á Lee, fué el 
primero enviajo a hacer frente á Sherman, en caso de que 
llevase su locura hasta aproximarse mas á Richmond ; 
especie de locura, es preciso convenir, á la cual mostraba 
muy marcaJa tendencia. 

Sheridan, también, después de haber arrojado del Valle 
delShenandoah A Early, de quien sus soldados decían que 
su principal negocio parecía ser, trocar cañones confede- 
rados por aguardiente yankee,habia estado haciendo corre- 
rías en torno de Richmond á su beneplácito, cortando las 
comunicaciones, arrebatando las vituallas, y creando una 
general consternación. 

Y el diente del perro de presa, como se llamaba á Grant, 
continuaba aferrado á su víctima. Ni sacudones, ni esfuer- 
zos, ni mordeduras, podían hacer mas que diferir, y eso por 
poco tiempo, lo que era inevitable. 

El Congreso rebelde, hacia los postreros momentos de su 
última sesión, anduvo manoseando un bilí para armar á 
los esclavos, no obstante que Davis les había deseado 
irónicamente una segura y agradable vuelta á sus casas. 
Pero ya era tarde para pensar en sus esclavos ó en sus 
casas. 

Mientras tanto el 4 de Marzo, á la hora señalada Mr. Lin- 
coln tomó el juramento de estilo en circunstancias en que 
el sol reaparecía brillante, después de una mañana húmeda 
y nebulosa. 

En una explanada al efecto levantada en el pórtico orien- 
tal del Capitolio, Mr. Lincoln leyó, con clara y distinta voz, 
su segundo discurso inaugural, que le ocupó solo diez 
minutos : 

«Conciudadanos: Al presentarme por segunda veza 
prestar el juramento de oficio como Presidente, tengo menos 
motivo para explayarme que la vez primera. Entonces 
parecía muy del caso entrar eñ detalles sobre la política 
que había de seguirse. Ahora, á la expiración de cuatro 



mñ OBRAS DE SARMIENTO 

flfioSf durante los cuales se han hecho declaraciones acerca 
de cada punto y faz de la gran lucha que aun absorbe la 
atención, y ocupa la energía de la nación» poco de nuevo 
puede presentarse* 

«El progreso de nuestras armas» de que todo depende 
ahora principalmente, es tan conocido del púbUco como de 
raí mismo; y lo es igualmente satisfactorio y alentador para 
todos. Cüti grandes esperanzas para el porvenir, ninguna 
predicción convendría aventurar sobre él, 

<í En ocasión como esta, ahora cuatro años, todus los 
ánimos estaban inquietos con la perspectiva de una guerra 
civiK Temíanla todos, y todos trataban de evitarla. Mientras 
en este mismo lugar se pronunciaba el discurso inaugural, 
exclusivamente consagrado á salvar sin guerra á. la tJnion, 
los agentes de los rebeldes andaban en la ciudad buscando 
como destruirla sin guerra, y tratando de disolver la Union, 
y evitar por una negociación sus consecuencias* 

«Ambas partes condenaban la guerra; pero una de ellas 
quería antes U guerra que dejar sobrevivir á. la nación, 
mientras que la otra aceptaba la guerra antes que dejarla 
perecer; y la guerra sobrevino. 

«Un octavo de toda la población era gente de color, no 
distribuidos por toda la Union, sino colocados en la parte 
Sur de ella. Estos esclavos eran el centro de un peculiar 
y poderoso interés. Todos conocían que este interés era 
de algún modo la causa de la guerra. Fortificar, perpetuar, 
•extender este interés, era el objeto por el cual los insur- 
gentes habrían roto la Union por la guerra, al mismo 
tiempo que el Gobierno pretendía restringir la expansión 
territorial de aquel interés. Ninguna de las partes se ima- 
ginó la magnitud ó la duración á que ya ha alcanzado la 
lucha. Nadie previo que hubiese de cesar la causa del con- 
üicto, antes que el conflicto mismo cesase. Cada cual iba tras 
un fácil triunfo, y resultados menos fundamentales y sor- 
prendentes. Ambos leían la misma Biblia y dirigían sus 
preces al mismo Dios, invocando su auxilio contra el otro. 
Parece extraño que hubiese hombres que pidiesen á Dios 
auxilio, para ganar su pan con el sudor del rostro de otros 
hombres. 

«Pero no juzguemos nosotros, á fin de que no seamos 
juzgados. Las súplicas de ambos no podían ser oídas. No 



VIDA DE LINCOLN 257 

lo han sido por completo las de ninguno. El Todopoderoso 
tiene &us juicios propios, « j Ay de aquel por quien el escán- 
dalo véngala Si hubiéramos de suponer que la esclavitud 
americana es uno de esos escándalos, que en la Providencia 
de Dios deben venir, pero que habiendo continuado por su 
tiempo señalado, él quiere hacerlos desaparecer ahora, y 
dar al Sur y al Norte esta terrible guerra, como el castigo 
debido á aquellos por quienes el escándalo vino; ¿no vería- 
mos en ello la confirmación de uno de esos atributos que 
los que creen en un Dios vivo, están dispuestos siempre á 
darle? 

« Ardientemente esperamos, y rogamos fervientemente, 
que pase pronto este terrible azote de la guerra. Y sin 
embargo, si Dios quiere que la riqueza acumulada por el 
labrador durante dos y medio siglos de trabajo sin descanso, 
se hunda hasta que cada gota de sangre arrancada por el 
látigo, sea rescatada por otra gota de sangre derramada 
por la espada, como fué dicho ahora tres mil años; así 
habrá de decirse ahora, á fin de que los juicios del Señor 
sean al mismo tiempo verdaderos y justos. 

«Sin malicia para nadie, con caridad por todos, con firmeza 
en el derecho, en cuanto Dios nos permita ver la justicia, 
trabajemos por terminar la obra que tenemos entre manos, 
para curar las heridas de la nación, y cuidar por el gue- 
rrero, y por su viuda y sus huérfanos, para hacer todo lo que 
pueda asegurarnos una justa y duradera paz entre nosotros 
mismos y con todas las naciones.» 

De este discurso, que fué objeto, como era de esperarse, 
de las mas amargas quejas de parte de aquellos cuyas 
intenciones contrariaba, dijo el mas circunspecto diario 
inglés, cuyo redactor es tenido por uno de los primeros 
pensadores de aquel país, lo siguiente: 

«Es la cosa mas notable en su clase, que jamas haya 
pronunciado Presidente alguno de los Estados Unidos, 
desde el primer día hasta ahora. Su Alfa y su Omega es 
Dios Todopoderoso, el Dios de Justicia, el Padre de las 
Misericordias, que está produciendo lo que su amor se 
propone. Hay en él dignidad y sentimiento que lo elevan 
sobre todos los de su género, tanto en el Antiguo como en 
el Nuevo Mundo. El todo de la obra nos trae á la memoria 

Tomo xxvn. — 17 



258 OBRAS DE SARMIENTO 

los mejores hombres de la República inglesa; hay en efecta 
en ella mucho del antiguo profeta.» 

£1 16 de Marzo, en virtud del acta del Congreso, se expi- 
dió la siguiente proclamación amnistiando á los desertores: 

iíPor cuanto: El acta del Congreso aprobada el 3 del 
corriente, titulada auna acta para enmendar las varias actas 
has^a ahora mencionadas, disponiendo el alistamiento y 
llamado de la Milicia Nacional y otros objetos», requiere, 
que á mas de las otras penas legales del crimen de deser- 
ción del servicio naval ó militar, todas las personas que 
hubiesen desertado del servicio de mar ó de tierra de loa 
Estados Unidos, que no vuelvan al servicio ó no se presen- 
ten al Mariscal Prevoste en los sesenta dias de la procla- 
mación allí mencionada, se les reputará privados de sus. 
derechos de ciudadanos; no pudiendo tales desertores 
desempeñar en adelante empleo de confianza ó de provecho 
de los Estados Unidos, ó ejercer derecho alguno de ciuda- 
dano en ellos; y todas las personas que en adelante deser- 
taren del servicio de mar ó de tierra de los Estados Unidos^ 
y todas las personas que habiendo sido debidamente incor- 
poradas, se hayan ido del distrito en que fueron alistadas, 
ó se alejen de los Estados Unidos, para evitar ser quintadoa 
al servicio de los Estados Unidos, estarán sujetas á las 
penas de esta sección ó artículo. Y el Presidente queda 
autorizado y al efecto requerido que dé cumplimiento é. 
dicha acta... 

mPor tanto: Yo, Abraham Lincoln, Presidente de loa 
Estados Unidos, expido esta mi proclamación, según lo pre- 
viene dicha acta, ordenando y requiriendo á todos los deser- 
tores vuelvan á sus puestos, y les notifico que á todos los 
desertores que vuelvan, en los sesenta días siguientes á esta 
proclamación, al servicio, ó se presentaren á sus respectivos 
Mariscales Prevostes, serán perdonados, á condición deque 
volverán á sus compañías y regimientos, ó á la clase de ser- 
vicio á que hubieren sido destinados, y servir en ellos por lo 
restante del período por que fueron originalmente alistados; 
y, á mas de esto, por un período igual al perdido por la, 
deserción. 

«En testimonio de lo cual, etc. 

«Abraham Lincoln.» 



EN RICHROND 

Mr. Lincoln parte al Ejército del Potomec— MoTimlento general contra Rich- 
mond.— Mr. Lincoln visita la ciudad abandonada.—Rendicion de Lee y su ejér- 
cito.— Discurso al pueblo de Washington.— Festejos y congratulaciones públicas.— 
Su último discurso al pueblo.— Vindicación de su política de reorganización.— 
Terreno práctico en que coloca esta grave cuestión.— Medidas mas estrictas contra 
los violadores del bloqueo y las naciones que los favorecían.— La lucha está por 
terminarse.— Preparativos para el desarme. 

En la tarde del 23 de Marzo, el Presidente, acompañado 
de Mrs. Lincoln, el mayor de sus hijos, y algunos otros ami- 
gos, salió de Washington con dirección á City Point, 
donde se preparaban grandes acontecimientos. Este paseo 
érale recomendado por su médico, por hallarse su salud 
quebrantada, á causa del recargo de trabajo que le imponía 
su empleo. 

Lee había hecho un esfuerzo desesperado para abrirse 
paso por entre las lineas que lo circundaban; y habiendo 
asaltado el centro derecho, después de un momentáneo 
éxito, había sido rechazado con mucha pérdida. 

Inmediatamente después, Grant juzgó llegado -el momento 
de avanzar. Ordenóse un movimiento general de las 
lineas. Cayó Petersburg, después de tres días de com- 
bate. Richmond, entregado á. las llamas que devoraron 
sus almacenes y media ciudad, fué abandonado con preci- 
pitación; y el derrotado ejército de líee, perseguido sin 
descanso y acosado de todos lados, fué al fin acorralado y 
obligado á rendirse. 

Durante el progreso de estos movimientos, el Presidente 
daba cuenta á Washington de los detalles, mientras seguía 
las huell£[s de los ejércitos hacia la abandonada ciudad, 
donde entró, haciéndose notar entre la inmensa turba de 
hombres, mujeres, niños, negros, blancos y mestizos, que 
corrían gritando, bailando, agitando sus sombreros, gorras 



260 OBR\B BB SARÜIIKNTO 

y pañuelos; pasó por la desierta mansión del Jefe rebelde, 
en medio de los burras y aclamaciones de Ja exf*itada 
multitud— tuvo allí un besamanos; y en la misma noche 
regresó á City Point, desde donde continuó luego para 
Washington. 

Estrechado Lee por todas partes, se rindió poco des- 
pués bajo los términos de capitulación que su magná- 
nimo antagonista le dictó en el campo, y fueron luego apro- 
bados por el Presidente, estando fechados en Appotomax 
Court House, 9 de Abril de 1865, y que fueron del tenor 
siguiente: 

«Al General Roberto Lee, 

del Ejército de los Estados Confederados: 

«De acuerdo con la substancia de mi carta del 8, pro- 
pongo recibir la rendición del Ejército de la Virginia del 
Norte, en los siguientes términos, á saber: Se harán listas 
por duplicado de los oficiales y soldados del ejército, una 
de las cuales será entregada á un oficial nombrado por mí, 
y la otra retenida por el oficial ú oficiales que usted 
designe, debiendo los oficiales dar su palabra de honor de 
no tomar las armas contra los Estados Unidos hasta que 
hayan sido regularmente canjeados, y los comandantes de 
los regimientos y los capitanes de las compañías firmarán 
una obligación igual por los soldados bajo sus órdenes. 
Las armas, artillería y propiedad de los Estados Confede- 
rados, serán depositadas en un parque, y encajonadas, para 
ser entregadas á un oficial nombrado por mí para reci- 
birlas. No se comprenden entre éstas las armas que cada 
oficial lleve consigo, ni sus caballos ó equipajes propios. 
Hecho esto, se permitirá á los oficiales y soldados regresar 
á sus casas, sin ser molestados por las autoridades de los 
Estados Unidos, mientras guarden su palabra y las leyes 
en vigor en el lugar de su residencia. 
«Muy respetuosamente, 

«U. S. Gkant 
«Teniente General.» 

Tocábale su turno en seguida á Johnston, y Sherman iba 
sobre él. A la siguiente noche de la llegada del Presidente 
á Washington, los operarios del Arsenal formados en pro- 



VII>A D& LINCOLN 



2di 



cesión se dirigieron al l^tiite House, á cuyo frente estaban 
reunidas millares de personas, las bandas de músicas 
estaban tocandoj y la multitud se encontraba en la mayor 
agitación. 

Habiéndose llamado á voces al Presidente, apareció en la 
ventanaQue está sobre la puerta de entrada, lleno de caima 
en medio del tumulto, mientras era saludado por burras y 
la agitación de sombreros. 

«Amigos mios, dijo: Regocíjame mucho ver que las cosas 
marchen tan bien, que ya el pueblo no pueda contener su 
reboso. Supongo que se están haciendo arreglos para 
alguna especie de formal demostración, esta noche quizá, 
ó mañana por la mañana. Si tal demostración tiene lugar, 
habré naturalmente de responder á ella; y nada tendré que 
decir si vosotros me lo arrancáis ahora. 

«Veo que tenéis una banda de música. Propongo ahora 
que cerremos el punto, pidiéndole ejecute una cierta pieza, 
ó aire que creo se llama Dixie, que es la mejor pieza que 
jamas haya oído. 

«Me han dicho que nuestros adversarios querían apro- 
piársela. Yo insistía ayer en que la hemos hecho prisio- 
nera en buena guerra. Sometí la cuestión al Fiscal Gene- 
ral,y dio su opinión de que es nuestra legítima presa. Pido 
á la banda que nos la haga oir!» 

Ejecutó en consecuencia la banda la canción de Dixie con 
extraordinario vigor, respondiendo el pueblo con tres burras 
y un tigre, á que se siguió la famosa tocata del «Yankee 
Doodle». El Presidente propuso entonces tres aplausos á 
Grant y su ejército, y en seguida tres para la marina y 
todas sus fuerzas. 

Retiróse en seguida el Presidente en medio de los 
aplausos, y al son de «Hail Columbia», y de las salvas de 
artillería. 

La noche del 11, el Departamento de la Guerra, la 
mansión del Presidente, y muchos otros edificios públicos 
y residencias particulares, fueron iluminados y adorna- 
dos con transparentes y banderas: fogones estaban encen- 
didos en varias partes de la ciudad, y hubieron fuegos 
artificiales. 

Respondiendo al unánime llamado de millares de ambos 
sexos, que rodeaban la Mansión Ejecutiva, Mr. Lincoln 



262 OBRAS DB SARMIENTO 

apareció en la ventana superior, y cuando los aplausos 
hubieron calmado, pronunció el que estaba destinado á ser 
su ultimo discurso. 

i^ Conciudadanos: Reúnennos esta noche motivos de satis- 
facción sin mezcla de aflicción. La evacuación de Petersburg 
y de Richmond, y la rendición del principal ejército rebelde, 
dejaD esperanza de una justa y pronta paz, cuya gozosa 
expresión no puede reprimirse. 

En medio de todo esto, no debemos olvidarnos de aquel, 
de quien viene toda bendición. Un día solemne de Gracias, 
á que será invitado el pueblo, será luego designado y pro- 
mulgado debidamente. 

<iNi debemos olvidarnos de aquellos á quienes ba cabido 
hi mas dura parte en la causa de nuestro regocijo. Yo 
mismo estuve con ellos, muy cerca del frente de sus lineas 
y tuve el gran placer de transmitiros muchas de las buenas 
noticias; pero ninguna parte del honor, del aplauso, ó de la 
ejecución es mia. Todo pertenece al general Grant, á sus 
oficiales y á sus bravos soldados. 

La brillante marina estuvo siempre lista, si bien no es- 
taba en situación de tomar una parte activa. Estas victo- 
rias reclaman con mas imperio vuestra atención sobre la 
reorganización de la autoridad nacional y la reconstrucción 
que tanta parte tuvieron desde el principio en nuestro pen- 
samiento. 

«Graves dificultades nos cercan. A diferencia de las 
guerras entre naciones independientes, en esta no tenemos 
parte autorizada con quien tratar. Nadie tiene aquí auto- 
ridad para entregar la rebelión de parte de otro hombre. 
Tenemos simplemente que principiar á amoldar los elemen- 
tos desorganizados y discordantes. Ni es una circuastan- 
cki menos embarazosa la de que nosotros mismos, los leales, 
D' estamos de acuerdo en cuanto al modo, manera y me- 
dida déla reorganización. 

^iComo regla general, yo no leo los rumores ó ataques 
dirigidos en contra mía, deseando no ser incomodado por 
aquellos á que yo no puedo dar la condigna respuesta; pero 
i despecho de esta precaución, llega á mi conocimiento 
que se me censura ciertas supuestas agencias que, se dice, 
mantengo yo en Luisiana para establecer y sostener allí 
uu gobierno. En esto no he hecho ni mas ni menos de lo 



TIDA. DB LINCOLN 263 

quefel público conoce. En el Mensaje anual de Diciembre 
de 1863, y en la proclamación que lo acompañó, presenté 
un plan de reorganización^ asi como suena, que prometía 
que en caso de ser adoptado por algún Estado, seria también 
adoptado y apoyado por el Gobierno Ejecutivo de la Nación. 

«Claramente di á entender, que esto no sería el único 
plan aceptable para el Gobierno; y de un modo igualmente 
claro protestaba, que el Ejecutivo no pretendía decidir 
cuándo y cómo serian admitidos á. sentarse en el Congreso 
los miembros de cada uno de los Estados. Este plan fué 
sometido al Gabinete de entonces, y con la misma claridad 
aprobado por cada uno de sus miembros. 

«Uno de ellos sugirió con este motivo, que era tiempo de 
aplicar la Proclamación de Emancipación á las hasta en- 
tonces exceptuadas partes de Virginia y Luisiana; que debía 
abandonar la indicación de que los libertos pasasen por un 
aprendizaje; y que debía omitir la protesta de mi falta de 
autoridad para acordar la admisión de los miembros elegi- 
dos al Congreso; pero todos convenían, sin embargo, en 
cada punto y particular del plan que hasta entonces se 
había seguido con respecto á. la Luisiana. La Nueva Cons- 
titución de Luisiana, que hace extensiva la emancipación 
para todo el Estado, aplica particularmente la Proclama- 
ción á la parte antes exceptuada. No adopta el aprendizaje 
para los libertos, y guarda silencio, como no podía ser de 
otro modo acerca de la admisión de los miembros del Con- 
greso. Así, pues, por lo que hace á la Luisiana, cada uno 
de los miembros del Gabinete aprobó el plan. 

«Fué el Mensaje al Congreso, y recibí muchas aprobacio- 
nes del plan, tanto de palabra como por escrito, sin que 
objeción alguna de parte de los que hacían profesión de 
emancipacionistas llegase k mi conocimiento, hasta des- 
pués de que hubo llegado á. Washington la noticia de que 
el pueblo de Luisiana empezaba k obrar conforme á. sus 
dictados. Yo había estado en correspondencia desde Julio 
de 1862 con diferentes personas, de las que se suponía estar 
interesadas en la reorganización de un Gobierno de Estado 
para la Luisiana. Como así que se conoció en Nueva Or- 
leans el Mensaje de 1863, con el plan ya mencionado, el 
general Banks me escribiese que tenía confianza en que el 
pueblo, con su cooperación militar, se reconstruía sustan- 



2G4 UULÍAS UE SAtiMtKfiTD 

cialmente sobre las bases de aquel plan, escribí á varios de 
aquellof^y á él mismo recomendándoles lo ensayasen. La 
ensayaron, y el resultado es bien sabido. 

«Esta ha sido mi única ingerencia en el nuevo Gobierno 
de Luisíana, En cuanto á sostenerlo, mi promesa está 
ahí, como antes lo he dicho; pero como so cumplen mal las 
malas promesas, yo daré ésta por mala, y dejaré de cum- 
plirla, desde que me persuada que su cumplimiento es 
contrario al interés público. Pero todavía no he llegado á 
convencerme de ello. 

«Me han mostrado una carta sobre este punto, que dicen 
estar escrita muy hábilmente, en la que el autor manifiesta 
su pesar de que no aparezca mi decisión fija sobre la cues- 
tión de saber, si los que se dicen Estados separados están 
en la Union ó fuera de ella. 

«Acaso tendría que añadir la admiración al pesar suyo^ 
si llegase á saber que desde que he visto á muchos unio- 
nistas empeñados en hacer de ello cuestión, me he abste- 
nido á propósito de expresarme públicamente sobre aquel 
punto; pues que me ha parecido, y me parece todavía que 
aquella cuestión no tiene carácter práctico alguno, y que 
mientras no adquiera positivamente esta importancia, toda 
discusión de ésta no tendría otro efecto que el muy perjudi- 
cial de dividirá nuestros amigos. 

«Y cualquiera que sea la forma en que en adelante se 
presente aquella cuestión, es una mala base de controversia 
y una mera abstracción perniciosa: buena para nada. Es- 
tamos todos de acuerdo en que los Estados que se llaman 
separados, tienen interrumpidas prácticamente sus relacio^ 
nes con la Union, y que el solo objeto del Gobierno civil y 
militarmente, con respecto á aquellos Estados es estable- 
cer estas propias relaciones de un modo práctico. Paré- 
cerne no solamente posible, pero de hecho mas fácil hacer 
esto, sin decidir la cuestión, ó mas bien, sin considerarla, 
si han estado ó no estos Estados fuera de la Union. Hallán- 
dose una vez seguros en la casa, sería de muy poca monta 
el saber si han estado alguna vez fuera. 

«Juntémonos todos para ejecutar los actos necesarios á 
fin de restablecer las relaciones prácticas convenientes 
entre estos Estados y la Union, y cada uno {>odrá en ade- 
lante lisonjearse inocentemente de llevar á efecto su propia 



VIDJL DE LlNCOLir 265 

opinión de que con aquellos actos está trayendo de afuera 
los Estados á la Union, ó que sólo les está prestando ayuda 
por no haber estado nunca fuera de ella, 

«La base de votos constitutivos» diremos asi, sobre que 
reposa el nuevo Gobierno de Luisiana serta mas satisfacto- 
ria para todos, si en lugar de cerca de 12,000 que son, alcan- 
zase i\ 50.000, 30,000 6 siquiera 9i).lXK) 

*Hay muchos también que no parecen satisfechos de que 
se haya negado el voto á los hombres de colon Yo mismo 
preferiría que se concediese el derecho de sufragio á Jos muy 
inteligentes, y á aquellos que sirven nuestra causa como 
soldados, Pero la cuestión no es si el Gobierno de Lui- 
siana , tal como está, es todo lo que pudiera desearse. La 
cuestión es, ¿será mas prudente aceptarlo tal como está, y 
tratar de mejorarlo, ó rechazarlo y disp^^rsarlo del todo? 
¿Puede la Luisiana ser traída mas pronto á fundar las de- 
bidas relaciones prácticas con la Union, sosteniendo el 
nuevo Gobierno, que destruyéndolo? 

«Cosa de doce mil votantes del Estado de Luisiana, 
antes esclavista, han reconocido bajo juramento la Union; 
y creyendo poseer ese legítimo derecho político de Estado, 
hizo elecciones, organizó un gobierno de Estado, adoptó 
una Constitución de Estado sin esclavos, confiriendo el 
beneficio de las escuelas públicas á negros y blancos igual- 
mente, y autorizando á la Legislatura para concederles la 
franquicia electoral. La Legislatura ya ha votado en favor 
de la enmienda constitucional recientemente sancionada 
por el Congreso, para abolir la esclavitud por toda la nación. 
Esas doce mil personas están comprometidas con la causa 
unionista y con la perpetua libertad del Estado— comprome- 
tida con todos los seres y con todas las cosas, que la Union 
requiere, y pide el reconocimiento de la nación y su ayuda 
para hacer bueno este compromiso. Ahora si nosotros lo 
rechazamos y desdeñamos, habremos hecho todo lo posible 
para desorganizarlos y dispersarlos. En el hecho decimos 
á los blancos: «vosotros sois indignos, ó cosa peor; no os 
ayudaremos, ni necesitamos vuestra ayuda.» A los negros 
les decimos: «Os arrebatamos esa copa de libertad que 
vuestros antiguos amos acercaban á vuestros labios, deján- 
doos la posibilidad de recoger el derramado y esparcido 
contenido, dónde, cuándo y cómo podáis.» Xo comprendo 



266 OBRAS DB SARMIENTO 

cómo este modo de obrar, desalentando y paralizando k 
negro y blanco, tienda atraer laLuisíana á sus convenientes 
relaciones prácticas con la Union. 

« Si por el contrario reconocemos y sostenemos el nuevo 
Gobierno de Luisiana, realizamos el reverso de todo esto. 
Animamos los corazones y fortificamos los brazos de esos 
doce mil, para que se consagren á su propia obra, para 
defenderla con argumentos, buscarle prosélitos, pelear por 
ella, alimentarla, y hacerla crecer y madurar hasta traerla 
á buena sazón. El hombre de color también viendo á todos 
unidos en su favor, se siente inspirado de vigilancia, ener- 
gía y coraje para el mismo fin. Admito que desea tener, 
el derecho de sufragio ; ¿ y no lo conseguirá mejor aprove- 
chando los pasos dados para llegar á su objeto, que 
volviendo atrás á empezar de nuevo? Concedido que el 
nuevo Gobierno de Luisiana es sólo á lo que debía ser, 
lo que es el huevo á la gallina; ¿no se obtendrá mejor 
del huevo un pollo, incubándolo, que haciéndolo peda- 
zos? (Risas.) 

cfPor otra parte, si rechazamos á la Luisiana, rechazamos 
también el voto que ha dado por la enmienda de la 
Constitución Nacional. Para refutar esta proposición se ha 
dicho, que sólo los tres cuartos de los votos de los Estados 
que no han intentado separarse se necesitan, para ratificar 
válidamente la propuesta reforma. No opondré objeción 
alguna contra esto; sino es que tal ratificación sería cues- 
tionable, y sera controvertida constantemente, mientras 
que la ratificación de los tres cuartos de todos los Estados 
será incuestionable y nunca puesta en duda. 

«Yo repito la pregunta: ¿Será mas pronto traída la 
Luisiana á sus propias relaciones prácticas con la Union, 
sosteniendo ó rechazando su nuevo Gobierno de Estado? 
Lo que se ha dicho de la Luisiana, habrá de aplicarse á 
cada uno de los diversos Estados; y, sin embargo, tan 
grandes peculiaridades distinguen á cada Estado, y tan 
importantes y súbitos cambios ocurren en cada Estado; y 
ademas tan nueva y tan sin precedentes es toda la materia* 



Vn>A DB LINCOLN 267 

que no sería acertado prescribir un plan exclusivo é 
inflexible. 

tEn la situación actual, tal como van las cosas, puede 
llegar & ser de mi deber comunicar algo nuevo al pueblo 
del Sur, Estoy meditándolo, y no dejaré de obrar cuando 
lo crea oportuno.» 

El 11 de Abril apareció una proclamación, repitiendo y 
confirmando las anterioresj y declarando cerrado al comer- 
cio y bloqueados todos los puertos de los Estados que no 
reconocían aún la autoridad de los Estados Unidos, enume- 
rándolos en ésta uno por uno, cesando todos los derechos de 
importación^ aduana y otros privilegios, hasta que fuesen de 
nuevo abiertos por orden del Presidente; y si, mientras los 
enumerados puertos permaneciesen cerrados, algún buque 
de fuera de los Estados Unidos, ó tenieodo á. bordo artículos 
sujetos á derechos, intentase entrar en los dichos puertos, 
sería confiscado en favor de los Estados Unidos, con su 
carga, aparejos y pertrechos. 

Otra proclamación del mismo día estableció que por 
cuanto en ciertos puertos extranjeros se habían rehusado 
á algunos buques de guerra de los Estados Unidos los 
privilegios á que tenían derecho por los tratados, el derecho 
de gentes y el pacto internacional, al mismo tiempo que 
los buques de esas naciones habían gozado en los Estados 
Unidos sin interrupción de esos mismos privilegios, el 
Presidente hacía saber, que si persistiesen en rehusarles 
los sobredichos privilegios, después de ser conocida esta 
proclamación, los Estados unidos, no obstante ctuílquier reclamo 
ó pretensión que hubiese existido hasta entonces, estaban ahora por 
h menos en derecho de exigir y conceder una entera y amigable 
igualdad de derecho» y hospitalidad con todas las naciones. 

Puede con facilidad comprenderse el aspecto bajo el cual 
miraba la administración el estado de las cosas, por el 
siguiente boletín oficial del Departamento de la Guerra, 
de fecha 13 de Abril : 

«Después de madura deliberación y consulta con el 
Teniente General sobre los resultados de la reciente cam- 



'} 



208 OBRAS DE SARMIENTO 

panii, lie arribado á la siguiente determinación, que será 
llevaiia á efecto por las órdenes que se impartirán inme- 
diatamente: 

í< Primero. Suspender toda quinta y recluta en los Estados 
Jeales; 

tiSe<juHdo, Limitar la compra de armas, municiones, 
material de guerra y provisiones, y reducir los gastos del 
servicio militar en sus varios ramos; 

t. Tercero. Reducir el número de generales y oficiales de 
Estado Mayor á las actuales exigencias del servicio; 

íí Ctiítrto. Remover toda restricción militar sobre el tráfico 
y comercio, en cuanto lo permita la seguridad pública. 

* Tan pronto como puedan ponerse en ejecución estas 
medidíi-^, serán comunicadas por órdenes públicas. 

c( Edwin M. Stanton, 
Secretario de la Guerra. >> 



EL ÚLTIMO ACTO 

últimos actos del Presidente.— Sueño notable.— Su manera de verlas tentativas 
de asesinato.— So postrera conversación.— Parte para el teatro. —Planes del ase. 
sino.— Pormenores del crimen. — Faga del asesino. — Dolor y consternación del 
público.— Exequias fúnebres.— Honores tributados por toda la nación. —Su último 
descanso. 

En la mañana del viernes 14 de Abril de 1865, después de 
una interesante conversación con su hijo mayor, capitán en 
el Estado Mayor de Grant, relativa á la rendición de Lee» 
cuyos detalles conocía el hijo perfectamente, Mr. Lincoln 
oyendo que el Presidente de la Sala de Representantes, 
Mr. Schuyler Colfax, estaba en la mansión del Ejecutivo, lo 
invitó á la sala de recepción para conversar con él, donde 
durante una hora habló sobre su futura política acerca de 
la rebelión, cuyo asunto iba á someter al Gabinete. 

Después de una entrevista con Mr. Hale, recientemente 
nombrado Ministro h España, como igualmente con varios 
Senadores y Representantes, se reunió el Gabinete á las 
once, con presencia del General Grant, siendo la conferen- 
cia á que dio lugar una de las mas importantes y satisfac- 
torias que hubieran ocurrido desde su instalación. Conví- 
nose en la mejor armonía y unánimemente la futura política 
de la administración; y al prorrogarse la consulta ministe- 
rial, el Secretario de la Guerra observó que nunca había 
estado tan fuerte el Gobierno desde el principio de la rebe- 
lión. 

Se notó que durante esta conferencia el Presidente se 
volvió hacia el Teniente General Grant, le preguntó si tenía 
noticias de Sherman. El General contestó que no, pero 
que esperaba por horas recibir despachos suyos, anuncián- 
dole la rendición de Johnston. a Bien, dijo el Presidente 
luego tendrá Vd., noticias, y muy importantes. » 

« Por qué lo cree Vd., así ? » respondió Grant. 



270 OBRAS DB SARMIENTO 

«Porque, dijo el Presidente, tuve un sueño anoche, y 
desde que la guerra comenzó, he tenido invariablemente 
el mismo sueño antes de que ocurra algún suceso milibar 
muy importante ». Entonces citó los hechos de Bull Run, 
Antietam, Gettysburg, etc., y dijo que antes de cada uno 
de estos sucesos había tenido siempre el mismo sueño; y 
volviéndose al Secretario de la Marina, le dijo. 

« Es del género de los de Vd., también, Mr. Welles. El 
sueño es que yo veía un buque andando muy rápidamente 
y estoy seguro desque trae noticia de algún importante 
acontecimiento nacional. » 

En la tarde tuvo una plácida y larga conversación con 
ciudadanos eminentes de Illinois. Hacia las oraciones, 
durante una conversación con los señores Colfax y Ashman 
siendo éste el que presidió en 1860 la Convención de Chi- 
cago, que lo nombró Presidente, y hablando sobre su paseo 
á Richmond, dijo uno que en el Norte había habido mucha 
aprehensión de que algún traidor lo matase, mientras estaba 
en la capital rebelde; á lo que contestó en tono de broma, 
que él mismo se hubiera alarmado, si otra persona hubiese 
sido el Presidente, é ido allí; pero que por él mismo no 
había tenido cuidado alguno. 

Habíase presentado ya al ánimo de Mr. Lincoln la idea de 
la posibilidad de un asesinato, sin preocuparlo un solo 
instante. Un miembro de su gabinete le dijo un día: 
«Mr. Lincoln, Vd., no se cuida lo bastante. Hay hombres 
malos en Washington. ¿No ocurre á Vd.,que hay entre nos- 
otros rebeldes malos que puedan atentar contra su vida ? » 
El Presidente se dirigió á un escritorio y sacó de una ga- 
veta un paquete de cartas. «Cada una de estas cartas 
que ve Vd., contiene una amenaza de asesinarme, dijo- 
Yo viviría en continua alarma, si hubiere de pensar en 
este asunto; pero he venido á esta determinación; hay opor- 
tunidades de matarme cada día de mi vida, si hay personas 
dispuestas á hacerlo. No es posible vivir sin estar expuesto 
á esta fatalidad; y no me ocuparé mas de ello. » 

Esa misma noche, conversando sobre negocios con 
Mr. Ashman, notó que éste se mostró sorprendido con una 
observación que había hecho, cuando llevado de su tan 
conocido deseo de evitar toda ofensa, le dijo inmediata- 
mente: « No me comprende, Ashman; no es eso que Vd. 



VIOA BB LINCOLN S71 

ha inferido mi pensamiento, y lo retractaré y pediré per- 
don. B Dióle después una tarjeta^ admitiéndolo á él y á otro 
amigo á una conversación para el día siguiente. 

Volviéndose á Mr. Colfax, le dijo; «e Cuento con que Vd*, 
vaya al teatro esta noche con Mrs, Lincoln y conmigo. » El 
Presidente y el General Grant habían de antemano acep* 
tado una invitación al teatro de Ford aquella noche; pero 
se había visto obligado á partir para el Norte. Mr. Lincoln 
no quería dejar descontenta á la audiencia, pues que se 
había anunciado al público su ida, y se contaba con su 
aceptación. 

Como Mr. Colfax se excusase con motivo de sus ocupa- 
ciones, Mr. Lincoln le dijo: «Mr. Sumner tiene la maza (*) 
del Congreso Confederado, que obtuvo en Richmond, para 
entregarla al Secretario de la Guerra. Pero yo insis- 
tía en que debía traspasarla á, Vd.: dígale de mi parte que 
se la entregue.» Mr. Asbman aludió á, la maza que él ha- 
bía usado en Chicago y que aun estaba en su poder; y 
como media hora después del tiempo en que debían ir al 
teatro, el Presidente y Mrs. Lincoln partieron, de muy 
mala gana el primero, quien habría deseado permanecer 
en su casa una media hora mas. 

En la puerta se detuvo y dijo: aColfax, no olvide Vd., 
decir & las gentes en los departamentos mineros por donde 
va Vd., á pasar, lo que le dije esta mañana sobre el des* 
arrollo minero, cuando venga la paz. Yo le enviaré un 
telegrama á San Francisco. » Habiendo dado un apretón 
de manos á ambos caballeros, y deseándoles buena noche, 
el Presidente y su señora salieron para el teatro. 

El palco que debían ocupar estaba en la segunda hilera, 
cerca del proscenio, á la derecha de la platea, teniendo su 
entrada por una puerta que da á la adjunta galería. La 
persona que había confabulado el asesinato de Mr. Lincoln 
lo hizo con extraordinaria precisión, á, ñn de no errar el 
golpe; y habiendo entrado, burlando la vigilancia del guar- 
dián, se encontró con un obscuro corredor cuya muralla 
hacía un ángulo a^udo con la puerta. El asesino había 
de antemano horaoado un agujero en el estuco, y colocada 



( 1 ) Bn ias asambleas norte-americanas é inglesas el que preside está armada 
de una maza, en vez de campanilla, para llamar al orden. 



272 OBRAS DB SARMIENTO 

cerca una tablita fuerte, que en seguida puso entre la mura 
lia y la hoja de la puerta. 

Habiendo de este modo cerrado la entrada, ocupóse de 
las otras puertas para el palco del Presidente, que eran 
dos; puesto que por un tabique corredizo el palco se podía 
dividir en dos. 

La puerta en el fondo del pasaje estaba abierta; y cerrada 
la que mas cerca estaba al asesino. Ambas tenian cha- 
pas: pero los tornillos habían sido cuidadosamente afloja- 
dos, de manera que cediesen á la mas ligera presión, si ne- 
cesario fuese. En seguida vino á la puerta interior del 
palco, en la que había cuidado de abrir un agujero, á fin de 
poder ver lo que pasaba en el interior. Después de haber 
cerrado la puerta primeramente descrita, descubrió que 
los ocupantes estaban sentados así: El Presidente en la 
silla de brazos mas cerca de la platea, Mrs. Lincoln en se- 
guida; y en el gran espacio que quedaba después, Miss Cla- 
ra Harris en el rincón mas próximo al proscenio, y el 
Mayor Rathbone en un sofá á lo largo de la muralla. 

La comedia que se representaba era «Nuestro primo 
americano». Mientras todos estaban atentos á la represen- 
tación, el tiro de una pistola fué lo primero que anunció la 
presencia del asesino, que pronunció la palabra « Libertad » 
y avanzó hacia el frente. Habiendo el Mayor discernido 
por entre el humo el asesino, y echándole garra, este último 
dejó caer la pistola, y sacó un puñal que dirigió al pecho 
del Mayor, quien recibió el golpe en la parte superior del 
brazo: no pudiendo detener al malvado, aunque volvió á 
asirlo. El asesino, no obstante, dio un salto de doce pies 
desde el palco al proscenio, cayendo de rodillas sobre el 
tablado, por habérsele enredado la espuela en las bande- 
ras nacionales que decoraban el palco del Presidente. 

Poniéndose de pie inmediatamente, esgrimió su daga, y 
exclamando aSicsemper tyrannis ! El Sud está vengado^ » reti- 
róse instantáneamente por el laberinto del teatro, que le 
era perfectamente conocido, y tomó su caballo que estaba 
aguardándolo á unos cuantos pasos fuera de la puerta exte- 
rior del teatro. 

Entre el asesinato y su escape no transcurrió un minuto. 
Eran las diez y media. Sólo uno salió en su seguimiento, 
entre el concurso, pero luego lo perdió de vista. 



TiDJt DB HNÜOl^ 273 

Luego se supo lo que aquel tiro de pistola signiflcaba. 
Mr. Lincoln había recibido un balazo en la parte posterior 
déla cabeza, detrás de la oreja izquierda, atravesando la 
bala en linea oblicua al oido derecho. Quedó en el acto pri. 
vado de conocimiento, y no volvió á reconocer á sus amigos, 
ni á dar señales de dolor. Habiendo sido conducido inme- 
diatamente á una casa al frente del teatro, expiró allí en 
la mañana del día siguiente, 15 de Abril de 1865, rodeado de 
los principales miembros de su gabinete y otros amigos, á 
«quien arrancaba lágrimas amargas aquel espectáculo des- 
garrador. Mrs. Lincoln y su hijo Roberto se hallaban en la 
pieza inmediata, la primera anonadada por la angustia, con 
entereza suficiente el otro para prestarle consuelo. Una 
viuda desconsolada y dos hijos constituyen ahora toda la 
familia. Poco después (Je las nueve fué transportado el cadá- 
ver con una escolta al White-House. 

Asi concluyó su carrera terrestre Abraham Lincoln, 
decimosexto Presidente de los Estados Unidos, en los pri- 
meros días de sus cincuenta y siete años, y al comenzar su 
segundo término presidencial. 

No cayó, empero, sino después de haber llenado con 
abundancia las promesas de su primer discurso inaugural; 
aquellas promesas que tantos declararan ser de imposible 
realización. El poder que le había sido confiado, empleólo 
-con feliz resultado en mantener, ocupar y poseer las plazas 
y propiedades pertenecientes á los Estados Unidos. Ni un 
solo fuerte federal ostentaba, á la hora de su caída, la trai- 
ción ante los ojos del pueblo. El día de su muerte, se había 
lanzado á flamear al viento la vieja bandera de la Union 
sobre el fuerte Sumter, con ceremonias y regocijos propios 
del caso, por las mismas manos que cuatro años antes se 
hablan visto forzadas á bajarla ante la arrogancia de los 
traidores; y los amigos de la libertad para el hombre, sin 
distinción de coloró de raza, se paseaban por las calles de 
Charleston, ciudad de desolación ahora, — miserable esque- 
leto de lo que fué — gozándose en que, desde que así lo 
había querido Dios, la Libertad era ahora Nacional, y la 
Esclavitud sólo un recuerdo de lo pasado. 

Cuando cayó, la nación compelida por las duras necesi- 
dades de una guerra sangrienta al cumplimiento de deberes 

Tomo xxvii.— 18 



274 OBRAS DB SAKMIBNTO 

solemnes, pasando por sobre los proyectos de emancipa- 
ción gradual, sin darse por satisfecha con que la emancipa- 
ción fuese solo proclamada como una necesidad militar, se 
había ya declarado en favor de una enmienda de la Cons- 
titución, que prohibiese por siempre convertir al hombre en 
propiedad. 

Cuando él cayó, ya había huido aquel cuerpo de traidores 
que se había llamado Gobierno, sin que se supiese de su 
paradero; su principal ejército era prisionero de guerra, y el 
resto de su fuerza condenada fatalmente á rendirse. Antes 
decaer habíale cabido la gloria de enviar palabras de feli- 
citación á la nación entera desde la capital que fué de los 
rebeldes, y desde la mansión del jefe de ellos. 

Como en alas del rayo se esparció la fúnebre noticia por 
toda la tierra : «al Presidente le han dado un balazo.— El 
Presidente está muriendo — ha muerto». Cuando la terrible 
noticia llegó á oídos del pueblo, hombres fuertes cedían al 
dolor y á las lágrimas — y matronas y niñas se asociaban al 
duelo general. Sin otra inspiración que la espontánea del 
corazón, el dolor público se manifestó bajo las mismas 
formas en toda la dilatada extensión de los Estados Uni- 
dos. Las casas fueron enlutadas; la bandera nacional de 
duelo, á media asta; las tiendas cerradas, y el retrato del 
querido muerto se veía en todas partes con emblemas fúne- 
bres en las calles,y en el pecho de cada ciudadano. 

Y si triste fué el día en que la primera noticia se difundió 
por todo el país, mayor fué la tristeza que se apoderó del 
corazón de los patriotas. Era como si el caos con sus tinie- 
blas hubiese reaparecido. 

Mientras tanto el muerto, rodeado de todos los honores 
de su puesto, estaba expuesto en el Capitolio. 

El 19 de Abril, día pesado y nebuloso, que si no fuera por 
las verdes hojas tempraneras de los árboles, el verdor de la 
primavera, y los primeros cantos de las aves, hubiera recor- 
dado «el dulce verano de San Juan», tan grato al indígena 
de estas tierras; tal era el día en que fueron celebradas sus 
exequias en la metrópolis nacional. 

Por toda la tierra resonó el cañón de minuto en minuto, 
los negocios quedaron suspendidos, y todos se pusieron á 
orar, maldiciendo la hora aquella, y cuya amargura todos 
pedían que pasase. 



VIDA DK LIWCOLÍÍ 275 

El espirita federal de esta nación hace que los altos fun- 
cionarios públicos vuelvan á sus Estados particulares des- 
pués de terminado su periodo de servicio público en las 
capitales. Ningún Presidente está enterrado en Washington, 
y la familia de Lincoln resolvió llevar el cadáver á la casa 
en lUinoíSj de donde el Presidente electo había saíido cuatro 
años antes para Washington; volviendo muerto por la 
misma ruta que había seguido al venir á ocupar su 
puesto. 

Este viaje fúnebre por ferro-carriles, y atravesando las 
mas grandes ciudades de la Union, como Baltimore, Fila- 
delfia, Nueva York, etc., dio lugar á uno de los mas solem- 
nes y grandes espectáculos que haya presenciado jamas 
nación alguna, si no es la Entrada en Francia de los restos 
de Napoleón transportados desde Santa Elena. 

A medida que la procesión avanzaba, los que por cente- 
res y sólo por curiosidad ó simpatía de partido le salieron 
al encuentro en 1861, lo esperaban ahora seguidos de milla- 
res atraídos por sentimientos de reverencia y profundo 
pesar, para derramar flores sobre su camino, cantar 
himnos y exhalar los sollozos y gemidos en que se des- 
ahogaba el dolor de veinte y cinco millones de hom- 
bres. 

Gomo una peculiaridad que resulta de las dobles institu- 
ciones americanas, diremos aquí el orden de la procesión 
que acompañó el cadáver hasta el Capitolio : 

Escolta funeral en columna de marcha 

Un regimiento de caballería; 

Dos baterías de artillería; 

Batallón de marinos; 

Dos regimientos de infantería; 

Comandante de la Escolta y Estado Mayor; 

Oficiales desmontados de ios cuerpos de Marina; 

Marina y empleados de Arsenales en el orden dicbo; 

Todos los oficiales en uniforme y con sus armas; 

Procesión cívica 

Mariscal Maestre de ceremonias; 

Clero y asistentes; 

Cirujano General de los Estados Unidos y Médicos de cabecera del muerto 



S76 OBRAS DB SAtUiISf?T<l 

FfiRETRO 

Comisión del Senado; Comisión de la Corte Suprema; 

id. del Ejército; id. de la Marina; 

id. de los audadanos; id. de los Ciudadanos; 

La familia; 

Parientes; 

Las delegaciones de Illinois y de Kentucky como dolientes; 

El nuevo Presidente; 

Los Ministros; 

Cuerpo Diplomático; 

Ex-Presidentes; 

Presidente 7 miembros de la Corte Suprema; 

El Senado de los Estados Unidos, precedido por sus oficiales; 

La Sala de Representantes de los Estados Unidos, precedida de sus oficiales; 

Legislaturas de los varios Estados y Territorios; 

Los Subsecretarios de Estado y Hacienda, Guerra y Marina é Interior; 

El Sub-Maestre General de Postas y Sub-Fiscal General ; 

Oficiales del Instituto Smlthsoniano ; 

Los miembros y oficiales de las Comisiones Sanitaria y Cristiana ; 

Autoridades municipales de Washington y Georgetown y otras ciudades ; 

Delegaciones de varios Estados ; 

El Reverendo Clero de todas las denominaciones ; 

Los escribientes y empleados de todos los Departamentos y oficinas, 

presididos por sus Jefes ; 

Las sociedades que desearon reunirse ¿ la procesión ; 

Ciudadanos y extranjeros. 

Habiéndose declarado de uso militarlos ferro-carriles del 
tránsito, el féretro y el cortejo especial que lo acompañaba 
partió el 22 de Abril de Washington, y llegó el 3 de Mayo á 
Springfleld, pasando por las siguientes ciudades mas nota- 
bles: Baltimore, Harrisburg, Filadelfia, New- York, Albany, 
Búfalo, Cleveland, Columbus, Indianápolis, Chicago, y 
Springfield. 

En todas ellas las autoridades civiles y municipales espe- 
raban el cortejo con ceremonias apropiadas á las circuns- 
tancias, y procesiones de cuya magnitud puede formarse 
idea, sabiendo que Filadelfia tiene seiscientos mil habitan- 
tes, un millón New-York y todas con sus adyacencias, y el 
tejido de ferro-carriles que permite á las lejanas poblaciones 
acumularse en ellas, ansiosas de rendir este último tributo 
á la memoria del gran ciudadano. 

En Filadelfia fué colocado el féretro en la Sala de la 



VIDA DE UNCOLN 277 

Independencia, donde se colgó sobre él esta sencilla y tiema 
inscripción : 

A LA MEMORIA DE NUESTRO AMADO PRESIDENTE, POR 
UNAS DAMAS DE LA COMlSlON SANITARIA 

DE LOS Estados Unidos, 

La estatua de Washington y los retratos de Guillermo 

Penn,Lafayette y Girard adornaban el salón. 
Cerca del féretro estaba esta otra inscripción; 

«Antes de todo grande acontecimiento nacional tuve el 
mismo sueño. Lo tuve anoche. Veía un buque marchando 
muy rápidamente. y> 

El funeral en Springfleld tuvo lugar el 7 de Mayo^ y desde 
allí fué conducido el cadáver al cementerio de Oak Ridge, 
donde fué depositado en la bóveda preparada al efecto. Esta 
está erigida al pie de una eminencia, sobre un bello paisaje 
de terrenos cubiertos de árboles frondosos de bosque de 
todas clases. Tiene un frontón dórico descansando sobre 
pilastras, siendo rústica la muralla del cuerpo principal. Es 
de piedra de sillería arenisca traída de Joliet, en Illinois. 

Allí reposa á la sombra de los bosques, lo que queda de 
Abraham Lincoln en la tierra. 

AL INMORTAL — SALUD Y ADIÓS I 



EL CASTIGO 



AdlclüD.^ Ventajas de Ja Buee si on república na. —A-DtecedeDíes humildes de 
Jütiníioii.— Su educación.— Su carrera pública— Sü primer acto admlnistrativí).— 
Anlecüdeut^s de Bootlij el a se si qo, —Su caplura,— Juicio de ios conspiradores.— 
Descripción de ios reos. -Modo de e ajuiciarlos*— La seo tencl a.— Tentativa para 
salvar áMme, Surratt.— Endexibliidad del Presidente.— La ejecución. 

La violenta desaparición de Mr. Lincoln de escena polí- 
tica tan grandiosa, como la que liabian preparado los 
sucesos al Gobierno úe Washington, y esto cuando se ve 
venir el fin del acto postrero del drama de la rebelión con 
la precipitación que ud edificio socavado por la base se 
desploma, dejaría trunca su biografía, si no añadiésemos 
para complementarla algunos incidentes posteriores, cual 
suelen los novelistas dar cuenta del paradero de cada uno 
de los personajes de su imaginaria historia. 

Desde luego sucédele en ei timón de la nave, un momento 
abandonado por ei timonel de facción, herido del rayo, 
otro no menos notable y mas ardiente defensor, si cabe, 
de los principios que triunfaban por la espada en todas 
partes, cuando el deplorable atentado vino á echar un 
borrón en página tan brillante. 

El Vice-Presidente, Andrés Johnson, esta pieza de 
repuesto que para casos fortuitos ha provisto la Constitución 
Republicana, como en las monarquías la ley de sucesión, 
se recibió de la Presidencia horas después del suceso, para 
llevar á cabo y buen ñn la obra que á punto de terminarse 
dejaba su predecesor. 

Con mucha sorpresa de los que en Europa estimaban en 
poco las instituciones republicanas, y que de desengaño en 
desengaño, como un enemigo va retirándose de posición en 
posición, esperaban que á esta dura prueba no resistiría, ya 
que de tantas otras había salido avante, vióse al día siguiente 



V/DA DE LTNCOLW 279 

funcionar con toda regularidad y sin el menor sacudimiento 
la máquina administrativa, y continuarse el curso de las. 
Tictorias; y una vez ¡lasada la primera impresión de dolor, 
restablecerse por todas partes? la confianza pública, ya que 
el orden ni amenazado había estado en punto alguno de la 
nación por un incidente, que habría conmovido profunda- 
mente á las mas antiguas monarquías europeas. 

Andrés Johnson era otra manifestación aun mas extra- 
ordinaria de la influencia benéfica, que sobre el espíritu 
humano ejerce la igualdad política y la libertad de acción y 
de desarrollo, que á cada cual deja la República. Johnson 
no se hace abogado como Lincoln ,para borrar ante sus 
propios ojos los rastros de su originaria rusticidad. Johnson 
se conserva plebeyo, si la palabra puede usarse, hasta el 
fin, y de Tribuno de la plebs^ se eleva hasta el Consulado, 
como Mario y tantos otros grandes hombres de Roma. Juan 
Andrés Johnson, llamado hoy Andy, por el mismo senti- 
miento que conservó á Lincoln su sobrenombre de Abe, es 
un niño dejado al cuidado de su pobre madre por la pre- 
matura muerte del padre en Raleigh, Carolina del Norte; 
y que á los diez años entra de aprendiz de sastre, sin saber 
leer ni antes ni después de entrado en la adolescencia. 

Las instituciones esclavócratas de los Estados del Sur 
hacían á la Carolina, su patria, poco solicita por la difusión 
de la enseñanza aun éntrelos blancos de las clases pobres. 
¿Cómo se despertó el alma de un pobre aprendiz de sastre 
á la vida tan febril de la República? Un filántropo tenía 
gusto de leer mientras los aprendices cosían, y entre los 
libros de que se servía para sus lecturas, agradó al niño 
Johnson un volumen de discursos, principalmente de hom- 
bres de estado de Inglaterra. ¿Imaginaríanse Burke, Pitt, 
Fox, Canning, etc., que la lectura de sus elocuentes ora- 
ciones al Parlamento iban á suscitar en el taller de una 
sastrería un Presidente de los Estados unidos, de quien 
decía un diario inglés, anunciando su advenimiento al 
poder, que era Johnson el potentado mas grande que la 
tierra tendría durante los cuatro años de su presidencia? 
Andy aprende á leer en esa misma colección de discursos, 
como Lincoln en la vida de Washington. 

Concluido su aprendizaje k los diez y seis años, y sabiendo 
ya leer pasablemente, sale á buscarse la vida y trabaja por 



980 OBRAS DE SARMIENTO 

dos años en la Carolina del Sur, como oüclal de sastrería; 
porrju6 Johnson es sastre de veras y se conserva tal durante 
Íbi goft años de su vida. Cuéntase de él una anécdota, que 
si non B verOy es uno de esos mitos populares que dan forma 
tangible al bello ideal. Dícese que al entrar en el Congreso 
de los Estados Unidos, un Diputado del partido adverso le 
mandó un par de tijeras de sastre, á guisa de aguinaldo 
emblemático de su oficio. Sin darse por ofendido de la 
broma, fuese á la sastrería donde se mandaba hacer sus ves- 
tidlos et Diputado, pidió sus medidas y con ellas un fraque 
que resultó ser una obra maestra del arte, y lo mandó como 
un obsequio al satírico colega. Tan bien le venía al cuerpo, 
y tal elegancia daba á sus formas, que al encontrar al sastre 
en las antesalas del Capitolio le dijo, estrechándole con 
efusión la mano: «Si es Vd. capaz de gobernar la República 
como corta vestidos, le doy desde ahora mi voto para la 
Presidencia.» 

Pero escena mas tierna y real ha dado celebridad á los 
obscuros comienzos del ardiente tribuno. Casóse á poco 
con una cumplida joven, quien desde la hora de su casa- 
miento se propuso completar su educación; y algún día 
las bellas artes explotarán este lindo tema, mejor que el 
de Aquiles reconociéndose héroe al tocar las armas que 
Ib piesenta Ulises: el sastre trabajando con la aguja, para 
proveer el substento de la familia, y la joven esposa 
derramando sobre su alma el alimento de la inteligencia. 
Concluido el trabajo le enseñaba á escribir y la arit- 
mética; abriéndole así el camino para otros conocimien- 
tos superiores. El Presidente ya está hecho, pues aquella 
naturaleza privilegiada no necesitaba mas capital para 
comenzar. 

Se hizo ya notar en su primer discurso, como Diputado 
al Congreso; porque es inútil recordar que fué munici- 
pal tres veces reelecto y Corregidor Mayor de Greenville, 
el pueblo de su adopción, y miembro en seguida de la 
Le^níslatura de Tennessee, donde el novel orador hizo 
sus primeros ensayos de aquella elocuencia, y dio mues- 
tra de aquel vigor de carácter, que un día habían de traerlo 
al mas encumbrado puesto de la República, y hacerlo el 
actor mas importante y prominente de los hechos históricos 
contemporáneos. 



YWk DB LINCOLN t8l 

El Diputado Johson presentó k la Cámara de 1843 el pro- 
yecto de ley, que fué sancionado, mandando devolver coa 
sus intereses vencidos los mil pesos de multa que impusiera 
un Juez de Nueva Orleans al General Jackson, por haberlo 
arrestado a causa de resistir gomo Juez k las órdenes del 
Comandante General de Armas, estando el país bajo la 
ley marcial. 

El Diputado que en plena paz, y estando el Gobierno en 
manos de sus adversarios políticos, hacía revocar treinta 
años después una sentencia judicial que restringía las atri- 
buciones del Ejecutivo en tiempo de guerra, llegado á la 
Presidencia en plena rebelión, veinte años mas tarde, enca- 
bezó su período administrativo de la cosa pública por la 
siguiente orden : 

Casa de Gobierno, 
Washinqton, Mayo i* de 1865. 

«Por cuanto: El Procurador General de los Estados Unidos 
ha dado su dictamen. 

«Que las personas implicadas en el asesinato del finado 
Presidente Abraham Lincoln, y en el intentado asesinato 
del Honorable Willian H. Seward, Secretario de Estado, 
y en una supuesta conspiración para asesinar á todos 
los funcionarios del Gobierno federal en Washington, así 
como todos sus fautores y cómplices, están sujetos á la 
jurisdicción de una comisión militar, y sostenidos á su 
fallo. 

aSe ordena: !<> Que el Ayudante General, nombre nueve 
oficiales generales competentes para formar Consejo de 
Guerra para el juicio de dichas personas, y que el Audi- 
tor General de Guerra y uno de sus escribanos proceda 
á encausar en persona á. dichos individuos por las ofensas 
alegadas, ayudado por los substitutos, ó jueces abogados es- 
peciales, que él designará; y que dicho juicio sea despachado 
con toda la diligencia compatible con los fines de la justi- 
cia; y que el dicho tribunal funcione sin consideración á las 
horas comunes. 

«2« Que el Mayor General Graduado Hartrauf sea encar- 
gado de las funciones de Prevoste-mariscal-general para los 
fines de dicho juicio, y para ayudar á dicho Tribunal, y eje- 
cutar sus mandatos. 



282 OñHAS I>E SARUtENTO 

(f3^ Que el dicho Tribunal establezca órdenes y reglas de 
procedimientos que eviten demoras innecesarias» y satisfa* 
gan los unes de Ih justicia pública. 

«Akdrés J0HNSON.1& 

La noche misma del asesinato súpose que el asesino 
era J. Wilkes Booth, un joven actor del mismo teatro, de 
bella y elegante figura, de costumbres disipadas, cortesano 
feliz é hijo de un célebre actor inglés. Acaso su hábito de 
recitar papeles heroicos predisponía su imaginación á 
creerse un Bruto moderno, al inmolar al Presidente de ia 
moderna Roma. Su sicsemper tyrannis dejaríalo sospechar, 
si no fuera el lema de las armas de Virginia. Pero como 
si los auspicios y augurios de los tiempos antiguos hubie- 
sen de renovarse en este sangriento plagio histórico, el 
pie de Catilina se enreda esta vez en las águilas ameri- 
canas, y se troncha una pierna con la caída, quedando 
imposibilitado de alejarse demasiado. La justicia sigue 
sus huellas con habilidad sorprendente, y después de una 
verdadera campaña militar es circunvenido en una granja, 
donde se había refugiado; resiste heroicamente á despecho 
de las llamas de la casa incendiada para obligarlo á 
rendirse; y él solo, armado de un rifle y apoyado en una 
muleta, desafía á sus numerosos perseguidores, y muere 
de un balazo en el cuello disparado por un soldado, que 
lo atisbaba por una de las rendijas del galpón. No 
revela en su agonía una palabra sobre su plan y sus 
cómplices. 

Instalado el Tribunal Militar, las declaraciones tomadas 
empezaron aponer de manifiesto una trama infernal, que 
desde largo tiempo venía urdida contra los días del infortu- 
nado Presidente, y que esta conspiración no era una ven- 
ganza particular, sino una de las tenebrosas concepciones 
de la rebelión. 

El General Dix, en un discurso del 4 de Marzo, repro- 
bando á la Europa sus simpatías en favor del Sur, recor- 
daba que la prolongación de la esclavitud en la tierra era 
la obra exclusiva de éste; que el espíritu de conquista 
que aconsejó la guerra de México fué inspiración del Sur; 
que el fílibusterismo fué una tentativa de expansión del 
Sur; y que la destrucción de la ünion había sido empren- 



VIDA DB Lmcoi^ S83 

dida por el Sur. Podría añadirse como rasgo agravante á 
esta enumeración de prácticas y proyectos que emanan de 
ideas de otros siglos, el asaltode los bancos de San Albans 
por gentes que obraban en virtud de un plan político; la 
tentativa de incendiar á Nueva York, prendiéndole fuego 
por sus cuatro cabos; la no menos horrible de introducir 
la fiebre amarilla por medio de ropas infectadas á desig- 
nio; y el asesinato del Presidente, consumado, no diremos 
por inspiración de la política del gobierno rebelde, sino 
por esa misma laxitud moral que había inspirado los 
otros, como se ve en Felipe II el empleo de medios pare- 
cidos en sosten de la causa que él creía de Dios y de la 
Religión Católica. 

De las declaraciones resultó que Booth había organizado 
el plan de matar al Presidente y Vice-Presidente, al Gene- 
ral Grant y á los secretarios de Estado y de Guerra. Mien- 
tras era herido de muerte el Presidente, eran cocidos á 
puñaladas Mr. Seward en la cama en qus yacía postrado: su 
hijo, su asistente y su enfermera que acudieron sucesi- 
vamente al rumor de la lucha entre la víctima y el 
asesino, fueron igualmente heridos. Fué aprehendido éste, 
llamándose Payne, que como después se supo no era su 
verdadero nombre: joven robusto, de formas atléticas, 
impasible, estoico, resignado á su suerte sin murmurar 
hasta ser ejecutado, como lo habría sido un mártir. 

El reo que mas vivo interés suscitó fué la señora Surratt, 
viuda de cuarenta y cinco años, católica, educada para la 
vida monástica, de buenas costumbres, y mas dada á las 
prácticas que al espíritu de su culto. Booth había hecho de 
ella y de su casa el centro de la conspiración y el conci- 
liábulo de sus tramas. Ella guardó y preparó las armas que 
sirvieron para el atentado, sin que revelaciones posteriores 
dejen asidero para admitir que ignorase el empleo que iba 
á dárselas. 

Harold, joven de veinte años, hombre vulgar, instrumento 
auxiliar del crimen, cobarde é incapaz de ejecución. 

Atzeroth, un hombre mas vulgar y grosero que el ante- 
rior, había sido igualmente seducido por Booth; y ha con- 
fesado todos los incidentes de su primitivo plan de robai'se 
al Presidente y llevarlo al Sur, antes de la rendición de 
Lee. 



284 OBRJIS DE SARMtfiNTO 

Un médico llamado MiuUi, cómplice en menor grado, dio 
asilo en su casa á Booth, le compuso el pie desconcertado 
y le proveyó de muletas para escaparse, hallándose en su 
poder la bota de Booth; y después de haber negado saber 
nada del plan, resultan probadas sus antiguas relaciones 
con él . 

Spangler y O'Loughlin eran agentes subalternos, aunque 
cada uno encargado de algún acto criminal. 

De las declaraciones resultaron también pruebas de conni- 
vencia con personajes de la rebelión apostados en el 
Canadá, de quienes recibieron dinero si no inspiraciones; y 
como las relaciones entre éstos y algunos individuos del que 
fué Gabinete de Richmond fuesen conocidas, la inducción 
por lo menos establecía complicidad de política. 

El juicio de los reos duró dos meses y medio de ince- 
sante labor; dándose á la publicidad diariamente las decla- 
raciones, á fin de ofrecer la única garantía posible al público 
de la rectitud de ios procedimientos. 

La manera inglesa de enjuiciar estos reos posee una 
gran solemnidad. Los reos ocupaban en la sala del Tribunal 
militar un banco, cada uno con un guarda al lado. El Tri- 
bunal compuesto de nueve individuos está al frente, con 
mesas para escribientes y taquígrafos, que esta vez lo era 
una señorita. Cerca de los reos está el cuerpo de abogados 
encargado de la defensa. El Fiscal-General y sus segundos 
cerca de los jueces. El público ocupa un costado de la sala, 
dividido de los jueces por una reja. Suben á una tribuna su- 
cesivamente los testigos. Los curiosos están atisbando las 
sensaciones que dejan traslucir los reos, señalándolos los 
que los conocen á los recien venidos. Mrs. Surratt tiene 
echado el velo sobre el rostro, en actitud resignada. Payne 
deja burladas todas las conjeturas. Recien al ñn se descu- 
bre quién es, pues era mas conocido por su nombre ficti- 
cio. Parece estúpido, y habla correctamente, sin embargo. 
Perfectamente indiferente á todo lo que pasa, parece sólo 
fastidiado de que aquello dure tanto. Mudd afecta sonreírse 
del error de los cargos; pero está inquieto y atento á los 
menores incidentes. Los demás reos son demasiado vulga- 
res para expresar nada que llame la atención. Declaran los 
testigos en contra, á los que interrogan los abogados de los 
reos, para esclarecer los hechos, ó desvanecer si pueden los 



TiDA. BE LLNCJOLM S85 

cargos. Otro tanto hacen los fiscales con loa testigos que en 
descargo presentan los reos; los fiscales y á su turno los 
defensores reclaman contra preguntas inconducentes ó ilí- 
citas^ y citan autoridades y prácticas- La Corte decide el 
punto, y queda fijado. Declaran negros y gente de color que 
antes no podían ser testigos : declaran sacerdotes católicos 
acreditando la piedad y buenas costumbres de Mrs. Surratt. 

Al fin la causa está en estado de sentencia, y el 7 de Mayo 
se promulgó, condenando á la pena de horca á Mrs. Surratt, 
Payne,Harold y Atzerot; y á Mudd y los demás á prisión 
perpetua. Aprobada la sentencia por el Presidente el mismo 
día, ordenó la ejecución para el día siguiente. 

Grande fué la conmoción que causó en Washington la 
severidad de la pena, pronunciada contra una mujer, y toda 
clase de resortes se imaginaron para conmover al Presi- 
dente; se imaginaron sólo, porque él permaneció inacce- 
sible. 

Al día siguiente el abogado de Mrs. Surratt presentó un 
e3crit0.de habeas corpus ante la Corte Suprema, al que se 
proveyó como sigue: Hágase el escrito como se pide, pre- 
sentándolo ante la Corte del crimen del Distrito de Co- 
lumbia, actualmente en sesiones, á las diez del día de hoy 
7 de Julio de 1865. 

Wylie, 

Jaez de la Corte Suprema del Distrito 
de Colombia. 

Después de varios incidentes que aumentaban la excita- 
ción pública, el General Hancock, jefe del distrito militar de 
Washington, contestó lo siguiente : 

Cuartel General de la División Militar del Medio. 

«Al Hon. Andrés Wylie, Juez de la Corte Suprema del 
Distrito de Columbia. 

« Reconozco por ésta habérseme presentado el escrito de 
habeas corpus agregado á ésta, que devuelvo, y respetuosa- 
mente expongo : que el cuerpo de María Surratt está en mi 
posesión, en virtud de la orden de Andrés Johnson, Presi- 
dente de los Estados Unidos y Comandante en Jefe del 



2S6 Ü8RAS DE S\HUIJKNTO 

Ejército y Marina, para los fines expresados en la orden 
que en copia va á ésta anexa, y que no produzco el dicho 
cuerpo, en razón de la orden del Presidente de los Estados 
UnídoSj adjunta al dicho escrito, á que respetuosamente me 
refiero. 

í< Datado Julio 7 de 1865. 

^INFIELD S, Hancock, 

«Mayof Geoeral Comandante de Yültmtarios 
de los Estados Unidos.» 

«Oficina dbl Ejecutivo, 
« Julio 7, 1S££— á ta una üc la Urde. 

«Yo, Andrés Johnson, declaro por ésta, que el escrito de 
habeas corpas ha estado hasta aquf suspendido, en casos 
como éste, y en este especialmente está suspendido, y or- 
deno á Vd. procederá ejecutar la orden dada en virtud de 
]a sentencia del Tribunal Militar^ y dará Vd. esta orden en 
respuesta al escrito. 

«t Andrés Johmson. 
Al Mayor General W. S. Hancogz, &a. » 

La Corte no insistió por no senth'se con poder para hacer 
ejecutar sus órdenes. El Fiscal General hizo presente la dis- 
tinción entre la jurisdicción civil y militar, mostrando la 
completa imposibilidad de dar batallas, llevar adelante la 
guerra, y conservar el Gobierno en tiempo de guerra, con- 
formándose á las leyes ordinarias. 

El Arzobispo de Baltimore pidió prórroga de tres dias á fin 
de llenar las fórmulas de la Iglesia Católica con la reo, la 
cual fué redondamente negado, declarándole el Presidente 
que el caso de Mrs. Surratt había sido debidamente consi- 
derado, y que no había poder humano que alterase su 
decisión. 

La sentencia se ejecutó permaneciendo por horas los 
cadáveres colgados en el cadalso» expuestos á la expecta- 
ción publica, con lo que terminó el drama de sangre comen- 
zado el 14 de Abril, 



REVISTA MILITAR -REORGANIZACIÓN 



Capitulación de Johnstcn.— Fin de la uaerra.— Gran reviata militar.— Descripción 
de ia paFada.— Simplicidad úg Los trajea mllftares.— Fartincadones de lllchmoDd. 
^Proclamación de amnistía porclaJ.— Proclamación reorganizando Íüs Estados an- 
tee en rebtiHon^ 



Habiendo el General Sherman reducido al General JohnS' 
ton k condiciones iguales á las que Grant trajo a Lee, 
concedióle términos de capitulación mas liberales, dando 
garantías de no ser juzgados los je fea 

El Presidente desaprobó la capitulación, por haber el 
General traspasado los límites de su autoridad militar, 
oi'denando concederla en los términos de la de Lee, á lo 
que subscribió Jolinston. 

La guerra civil pudo darse por terminada con la rendición 
de este ejército, aunque quedase el General Kirby Smitli 
en Texas con algunas fuerzas rebeldes que mas tarde se 
sometieron también. 

El Presidente lo declaró asi por una proclamación ; y 
como hubiesen de licenciarse las tropas, ordenó que los 
Ejércitos del Potomac y del Oeste, fuertes de doscientos 
mil hombrea, se dirigiesn á Washington y desfilasen ante 
el Presídentej el Teniente General Grant y el cuerpo diplo^ 
mático; escena que tuvo lugar el 23 y 24 de Mayo, y. de 
que hacemos mención aquí, por ser como la coronación 
de la obra ejecutada y terminada por la administración 
Lincoln, 

Los Estados Unidos en esta ostentación de su fuerza 
tomaban posesión, digámoslo así, del rango recien conquis- 
tado de nación militar de primer orden, entre las mas 
poderosas de la tierra; rango á que no había aspirado 
y que hoy se le concede^ sin embargo, por general asen- 
timiento. 



288 OBRAS DB SAKIilBNTO 

Mirada bajo este aspecto la revista de Washington, y 
teniendo en cuenta la cifra de soldados, la gloria reciente que 
había conquistado en guerra tan gigantesca, y la excelencia 
de las armas de artiUeria, es uno de los grandes aconteci- 
mientos del siglo. 

La avenida de Pensylvania es una calle de cincuenta 
varas de ancho y una legua de largo, sombreada á, los 
costados por hermosas hileras de árboles silvestres. A uno 
de sus extremos se alza allá en el horizonte la cúpula 
del Capitolio, que da majestad á la escena; y del otro 
costado está el White House, rodeado de jardines, la 
residencia del Ejecutivo. Delante al Palacio de Gobierno, 
y frente á la estatua ecuestre de Jackson, que se divisa 
entre los árboles, se habla construido una espaciosa expla- 
nada, que ocupaba el Presidente, sus Ministros, el General 
Grant y el Cuerpo Diplomático, en el que esta vez estaban 
representadas ocho Repúblicas Sur-americanas. Allí se 
desmontaban los Generales de los cuerpos de ejércitos 
y de divisiones á saludar al Presidente, y á recibir sus 
parabienes; y allí podían los que se hallaban en el 
mismo palco, y el pueblo, aprovechando el espacio dejado 
en la marcha entre las divisiones de ejércitos, contemplar á 
sus anchas, las fisonomías plácidas y el aspecto sencillo de 
Grant, Sherman, Meade, Slocum, tantos otros cuyos nom- 
bres vuelan en alas de la fama por todo el ámbito de la 
tierra. 

Fuera de la impresión grandiosa que causa ver á un 
tiem/po doscientos mil seres humanos, cuando éstos repre- 
sentan la vh-ilidad, el heroísmo y la gloria de una nación 
libre, ostentadas sus virtudes y fuerza en el sosten de una 
causa justa y del progreso de la humanidad, la Revista de 
Washington no (presentaba nada que sedujese las miradas, 
por el brillo de los uniformes ó el esplendor de los bordados 
y|decoraciones. 

Sólo el hierro bruñido de las bayonetas quebraba los 
rayos del sol: la austeridad republicana estaba represen- 
tada en la simplicidad del equipo del soldado, y el mas alto 
grado de la jerarquía militar lo señalaban tres estrellitas 
sobre los hombros, en lugar de charreteras y bordados. 
Pero pueblo conocedor de la hoja de servicio de cada ejér- 
cito, de cada división, de cada regimiento en campañas que 



VIDA DS LiircoLN 289 

como ciudades y villas tiene el mapa del Sur, lo habían 
dejado niarcafio con batallas, repetía los nombres de los 
cuerpos y saludaba al paso á, cada uno de sus jefes. Una 
decoración, empero, ostentaba á su frente cada regimiento, 
que atraía mas simpáticas miradas, que las que habrían 
atraído los bordados de oro da los grandes mariscales; una 
bandera, ó cosa qud había sido bandera, jirones, hilachas 
apenas, algunas veces el fleco, otras ni eso, la simple asta, 
que traia á la memoria las batallas sangrientas en que se 
había agitado y desgarrado, y la contemplación délos milla- 
res de hombres que hablan visto caer. 

El ejército pasó dos días, teniendo los soldados ración 
para el mismo tiempo, como un raudal de bayonetas, como 
rápidos de caballería, como cascadas de cañones. 

Restablecidas por la paz las comunicaciones del Sur^ los 
millares de viajeros se dirigían, después de haber presen- 
ciado tan grandioso espectáculo, á darse otras emociones 
con la vista de las ruinas de la incendiada Rlchmond, 
Inexpugnable aun, con su formidable cintura de comunica- 
ciones, y la inspección del campamento de Grant, sitiando 
y estrechando en su garra de hierro cada día mas y mas 
como con tornillo á Petersburg, acribillado de balas; y en 
cuyos alrededores estaban aún insepultas, entre un detritus 
de cascos de granadas, fornituras, armas tronchadas y hara- 
pos de vestuario, las cabezas y brazos que habla cegado la 
metralla. 

Después de establecido el comercio y levantado el blo- 
queo de los puertos del Sur, el Presidente reprodujo las 
proclamaciones de amnistía de su antecesor, y que habían 
desatendido aquellos á quienes favorecían, modificándolas, 
empero, y agregando á las categorías de excepciones ante- 
riores todas las personas que habiendo voluntariamente 
tomado parte en la rebelión, y cuyas propiedades estén 
avaluadas para el pago del impuesto en mas de veinte mil 
pesos; y los que, habiendo prestado el juramento exigido 
por la anterior amnistía, ó jurado obediencia ó las autorida- 
des de los Estados Unidos, hubiesen después violado el 
dicho juramento. Los exceptuados, solicitándolo en persona 
del Presidente podrían ser perdonados, si la clemencia en 
cada caso fuere compatible con la tranquilidad y la digni* 

Tomo xxth.— W 



£90 0BHÍL5 ÜZ SARMIENTO 

dad de los Estados Unidos. Millares lo solicitaron y cien* 
tos de exceptuados fueron agraciados desde luego. 

No terminaríamos la reseña de los actos complementarios 
de la obra del malogrado Presidente, si dejando á un lado 
todos los que se dejan inferir por ser del caso, no diésemos 
cuenta de la proclamación para la reorganización del 
Estado de la Carolina del Norte expedida por el nuevo Pre- 
sidente que, mutatis tnutandi^ se reprodujo para todos los 
otros. Andrés Johnson asumió la posición de que los 
Estados rebeldes no habían estado jamas fuera de la Union 
y sobreestá piedra estableció el plan de la reconstrucción., 

Washinoton, Mayo 99 de 1865. 

^Por cuanto: La cuarta sección del artículo 4* de la Cons- 
titución de los Estados unidos, declara que los Estados 
Unidos garantizan á cada Estado en la Union una forma 
republicana de gobierno, y protegerán á cada uno de ellos 
contra invasión ó violencia interna; y por cuanto el Presi- 
dente de los Estados Upidos es por la Constitución Coman- 
dante en Jefe del Ejército y Marina, como también Jefe 
civil de los Estados Unidos, y está obligado por juramenta 
solemne á ejecutar fielmente el oficio de Presidente de los 
Estados Unidos y cuidar de que las leyes sean debidamente 
ejecutadas; y por cuanto la rebelión de una parte del pue- 
blo de los Estados Unidos, contra las autoridades de su 
Grobierno debidamente constituidas, en la mas violenta y 
chocante forma, pero cuyas fuerzas organizadas y armadaa 
han sido ya vencidas, ha privado en su progreso revolucio- 
nario al pueblo del Estado de la Carolina del Norte de todo 
gobierno civil; y por cuanto es necesario y conveniente 
cumplir con las obligaciones de los Estados Unidos para 
con el Estado de la Carolina del Norte, dotándolo de una 
forma republicana de gobierno: 

mPor tanto: en obediencia al alto y solemne deber que 
me impone la Constitución de los Estados Unidos, y con 
el objeto de habilitar al pueblo leal del dicho Estado para 
que proceda á organizar un Gobierno de Estado mediante 
el cual quede establecida la justicia, asegurada la tranqui- 
lidad interior y los ciudadanos leales protegidos en todos 
sus derechos de vida, libertad y propiedad, yo Andrés John«^ 



L4 TIDA DE LINCOLN 291 

SON, Presidente de los Estados Unidos, y Comandante en 
Jefe del Ejército y Marina de los Estados unidos, nombro por 
ésta áW. Holden, Gobernador Provisorio del Estado de la 
Carolina del Norte, cuyo deber será prescribir, tan pronto 
como sea posible, las reglas y reglamentos que juzgue opor- 
tunos para convocar una Convención compuesta de dele- 
gados, que habrán de ser electos por aquella parte del 
pueblo del dicho Estado que se ha mantenido fiel á los 
Estados Unidos, y no por otros, con el objeto de alterar ó 
enmendar la propia Constitución, y con autoridad para 
ejercer, en los limites del dicho Estado, todas las facultades 
adecuadas y necesarias para habilitar al pueblo leal de 
dicho Estado, á restablecer á dicho Estado en su relaciones 
constitucionales con el Gobierno federal, y presentar 
una forma tal de Gobierno de Estado, que dé derecho al 
Estado á obtener la garantía de los Estados unidos, y á su 
pueblo la protección de los Estados Unidos contra invasión, 
insurrección ó violencia interior: Con tal que^ en la elección 
que haya de hacerse para elegir Delegados á alguna Con- 
vención de Estado, como se ha dicho antes, ninguna persona 
habrá de ser calificada como elector, ó será elegible como 
miembro de tal Convención, á menos que previamente haya 
prestado y subscripto el juramento de amnistía, que se esta- 
blece en la proclamación del 29 de Mayo, y sea votante 
calificado, según las prescripciones de la Constitución y 
Leyes del Estado de la Carolina del Norte, vigentes con an- 
terioridad al 20 de Mayo de 1861, fecha de la llamada acta 
de separación; y la dicha Legislatura, cuando sea convo- 
cada, ó la Legislatura que en seguida se reuniere, prescri- 
birán la calificación de los electores, y la eligibilidad de 
las personas para ejercer empleos bajo la Constitución y 
Leyes del Estado, facultad que el pueblo que compone los 
diversos Estados de la Union federal ha ejercido legitima- 
mente desde el origen del Gobierno hasta el presente, y 
ordeno ademas: 

«1® Que el Comandante militar del Departamento ayude 
y asista al Gobierno Provisional á llevar á efecto esta pro- 
clamación, ordenándosele se abstenga de molestar, estorbar, 
6 desanimar al pueblo leal en la organización de dicho Go- 
bierno de Estado, como se le autoriza por ésta. 

«2* Que el Secretario de Estado proceda á poner en ejer- 



ím OBRAS DE S^aMISNTO 

cicio las leyes de los Estados Unidos, cuya administración 
pertenezca á aquel Departamento, aplicables á sus límites 

geográficos, como queda dicho. 

«3" Que el Secretario del Tesoro proceda á nombrar encar- 
gados de contribuciones, recaudadores de derechos de 
aduana y de rentas internas, y todos los demás empleados 
de dicho Departamento, que por ley están designados. Al 
hacer los nombramientos daráse preferencia á los ciudada- 
nos leales residentes de los distritos en los cuales habrán de 
desempeñar sus respectivos deberes, Pero si no se halla- 
sen personas adecuadas entre los ciudadanos residentes, 
entonces nombrará sustitutos de otros Estados. 

«4^ El Maestre General de Postas procederá á establecer 
oficinas y caminos de posta, y á poner en ejecución las 
leyes postales de los Estados unidos en los límites de dicho 
Estado, dando» como se ha dicho» preferencia á los resi- 
dentes, etc, 

fi5* Que el Juez de distrito, para el Distrito Jndicial en 
que la Carolina del Norte está incluido, proceda á celebrar 
cortes en dicho Estado, de acuerdo con las disposiciones 
de la acta del Congreso. El Procurador General hará que 
los principales oficiales denuncien y hagan confiscar y ven^ 
der la propiedad sujeta á la confiscación, y restablecerán la 
administración de justicia en los límites del dicho Estado, 
en todas las materias que son de competencia y jurisdic- 
ción de las Cortes Federales. 

6** Que el Secretario de la Marina tome posesión de toda 
propiedad perteneciente al Departamento de Marina eu los 
dichos límites geográficos, y ponga en operación todas las 
actas del Congreso con relación á asuntos navales, que ten- 
gan aplicación á dicho Estado. 

«7^ Que el Secretario del Interior ponga en vigor las leyes 
relativas al Departamento del Interior aplicables á los lími- 
tes geográficos sobredichos- 

ítEn testimonio délo cual, etc.— Andkés Johnson.» 



\ 



CONCLUSfON 



La coDclofilOQ.'-Dinciiltadefi Que LIdcoIq tavo qañ vencer. —ConHaza det pucbío 
D éL—LI acola como eaUdlsla.— Su firmeza ante la opinión públka.— So fe y su 
coD (lanza en la misión que se le ha coDÍlado.— Su modefiUa.— Elevad oo de hqs 
miras poltUcas.— Su latente melancolía. 



Con estos actos complementarios termina aquel grande 
episodio de la historia de los Estados Unidos* y acaso co- 
mienza una cueva faz de la del mundo. 

¿Qué decir del hombre que llevó k cabo y buen fin movi- 
miento al parecer tan ingobernable? El que de humilde posi* 
cioD^en circunstancias tan adversas, se elevó sin violencia 
¿la primera Magistratura de uno de los países mas ade- 
lantados del mundo. Nada de sorprendente tendría esto, 
si hubiese de antemano sido reconocido cabeza de un 
partido^ reputado hombre de estado, general prestigioso de 
un ejército, ó simplemente término medio entre facciones 
contendientes. 

Los años de su administración fueron los mas borras- 
cosos de la historia americana «con una pila de dificultades 
por delante?, como él decía. Precisamente ninguno fué 
mas severamente atacado» ni acusado con mas virulencia; 
nadie mas empequeñecido; y sin embargo fué reelecto» lo 
que no se veía desde los tiempos de Jackson. ¿Por qué? 

Por la misma causa que lo había traído k la Presidencia. 
Primero, porque la masa del pueblo tenia ilimitada con- 
fianza en su honradez, y en su firme adhesión á ios princi- 
pios. Los mas inveterados oponentes k su política tenían 
que reconocer sino la existencia de estas cualidades, la 
creencia popular en ellas. ¿Qué diríamos de él comohom- 
bre de estado? Sólo que encontró el edificio del Gobierno 
dilacerado desde los capiteles á la base, y que en cuatro 
años de lucha lo dejó firme y seguro, como el mundo en- 



tero no lo había imaginado posible* Esta es la única res- 
puesta. Ni disminuye el mérito de sus actos el haberse 
rodeado de consejeros hábiles, que esto lo realza mas bien; 
pues que, por el contrario, dando á cada uno su parte, 
quédale á él la iniciativa, lanzando su política en mares 
desconocidos, después de madura y concienzuda reflexión, 
asegurándose luego si se hallaba en el camino de la ver- 
dad y de no ir errado, cosa que en verdad pocas veces le 
aconteció. 

Teniendo que sondear el terreno» marchando en muchos 
casos ¿ obscuras, no podía adelantarse demasiado al senti- 
miento público, de manera que el pueblo quedase rezagado 
á la retaguardia. 

No se deduce de aquí que nunca obrase contra loques© 
manifestaba como Ja voluntad del pueblo. No era hombre 
de esa pasta. Fuera de toda duda obró en oposición á la 
opinión pública en sus relaciones con las dos principales 
naciones de Europa. Nada le habría sido mas fácil que 
envolver al pais en una guerra extranjera; y en esto, por 
algún tiempo al menos, habría sido sostenido por la masa 
del pueblo. Otro tanto habría sucedido, si hubiese tomado 
medidas vengativas contra los rebeldes. En ambos casos, 
para no citar otros, prefirió apartarse de la corriente popu- 
lar. Mas político, y con mejor vista para penetrar en el 
fondo de las cosas^ vio el fin del principio; y en un caso 
halló mejor cerrar los ojos sobre lo que él consideraba gro- 
seramente injusto, y en otro ponerse de parte del interés 
general de la humanidad, en todos los tiempos, mas bien 
que satisfacer el deseo del momento, tan natural y quizá 
tan justificable como aparecía. 

Los documentos de estado de Mr. Lincoln, en su estruc- 
tura y composición, no siempre son lo que un literato habría 
deseado. No habría faltado quien dijese que eran simples 
borradores sin pulimíentos. Pero el pueblo no es un pro- 
fundo crítico. Bastábale comprender cada palabra; y com- 
prendía que era un compañera conciudadano quien le 
hablaba, y que los documentos oficiales, de ordinario tan 
elaborados en el estilo, salían de su sencilla pluma para 
ser leídos al lado de la chimenea. El decía, sin embargo, 
exactamente lo que quería decir, y como quería decirlo, 
en su manera expresiva, exenta de ornato; muchas veces 



Vmk DE UNCOLN 295 

«n lenguaje casero, pero siempre la manifestación de una 
profunda convicción inteligente. Y generalmente daba en 
el garlito. Suya fué la frase, «el pulso del hombre mide el 
tiempo.ií tCuán llenos de lucidos símiles están sus escritos! 
íCuán honrado y sencillo, como era el hombre» se presenta 
el autor! Su tenacidad de propósito era notable. Al firmar 
aquella memorable Proclamación que lo hizo el Libertador 
de América, en la tarde del 1° de Enero de 1863, dijo á sus 
amigos reunidos para felicitarlo: «La firma aparece un poco 
trémula, porque estaba cansado; pero mi resolución era 
firme. Se los dije en Septiembre, que si no volvían á, la 
obediencia y dejaban de matar á nuestros soldados, había 
<le derrocar esa columna que hacía su fuerza. Ahora les he 
t5umplido mi promesa, y ni una jota he de revocar jamas.» 

Sintiendo que en la difícil posición en que se hallaba, su 
vida estaba expuesta, como la del soldado en el campo de 
batalla, no trepidó nunca, no flaqueó, no transigió, no se 
retractó, no se disculpó, sino que siguió su camino con tan 
rara inflexibilidad, como era grande la confianza que inspi- 
raba. Otros podían dudar. El no dudó nunca. Vio el fin á 
donde él y la nación habían de llegar. Su misión como 
Presidente, era según tantas veces lo repitió, salvar la Union; 
y la Union fué salvada. 

Los rasgos característicos del hombre se discernían pro- 
minentemente en el hombre de Estado. Recuérdase con 
frecuencia el prontuario de su vida, que dio al autor del 
Diccionario Biográfico del Congreso, que le pedía datos 
para su vida: 

«Nacido el 12 de Febrero de 1809, en el condado de Har- 
din, en Kentucky.» 

«Educación incompleta.» 

«Profesión, abogado.» 

«Ha sido capitán de voluntarios en la guerra de Halcón 
Negro.» 

«Maestre de posta en una oficina subalterna.» 

«Cuatro veces miembro de la Legislatura de Illinois.» 

«Y fué miembro de la Camarade Diputados al Congreso.» 

«Vuestro, etc. 

«Abraham Lincoln.» 
Su punto principal era su confianza en Dios, su fe en el 



"^J_ ■ " •/ 



296 OBRAS DB fiARMtBMTO 

porvenir de la Union, su sentimiento profundo de Ja iguaU 
dad. Su lenguaje no llega á la grandilocuencia sino cuando 
tiende la vista hacia el porvenir y abraza con ella á la 
humanidad entera, para la cual fueron escritas, según éU 
las famosas declaraciones del acta de Independencia. 

El espectáculo del campo de batalla de Gettysburg le 
sugiere este pensamiento; 

«Setenta años hace que nuestros padres crearon una na* 
cion concebida en Libertad, y basada en la proposición de 
que todos los hombres han nacido iguales. Ahora estamos. 
envueltos en una gran guerra civil, en que va á probarse 
si una nación así concebida, á tal objeto consagrada, habrá 
de durar largo tiempo. 

«Siento la mas profunda emoción, dice al hablar dentro 
de la Sala de la Independancia; siento Ja mas profunda 
emoción, al hallarme en este lugar^ donde se reunió la 
ciencia, el patriotismo y la íirmeza de los principios que 
inspiraron ¡a formación del gobierno bajo el cual vivimos. 
Muchas veces me he preguntado á roí mismo, ¿cuál fué al 
gran principio ó idea que mantuvo unida esta gran Confe- 
deración? No fué meramente la separación de la madre 
patria, sino aquel sentimiento inscripto en la Declaración 
de Ja Independencia, que dio Jibertad no sólo al pueblo de 
este país, sino que la dará, lo espero, á todo el mundo por 
todos los tiempos venideros. En ella está contenida la pro- 
mesa de que á su debido tiempo, sería el hombre aligerado 
de su abrumador peso. ^Podamos salvar la patria bajo esta 
base? Seria verdaderamente espantoso, que no pudiese sal- 
varse sin renunciar al principio; y yo quisiera mas bien 
ser asesinado aquí mismo antes que abandonarlo, w 

¿Cómo define la República, hablando de la lucha con el 
Sur? «Es para mantener, dice tf» d mundo aquella forma y 
esencia de gobitírno» cuyo objeto capitales elevar la condi- 
ción del hombre, quitarde sus hombros cargas abruman- 
tes y artificiales, abrir á todos camino á las aspiraciones 
nobles, subministrar á todos un arranque Ubre y la probabi- 
lidad de aventajarse en la carrera de la vida, cediendo de 
cuando en cuando á las parciales y temporales dificultades 
que Jos rodean. Este es el punto objetivo «leí Gobierno por 
el cuiil combatimos.» 

«Muchas veces ha sido, dice al Congreso, denominado un 



TIDA DK UKCOLN 297 

experimento nuestro gobierno nacionaL Dos puntos han 
quedado establecidos, sin embargo, por nuestro pueblo: su 
feliz fundación y su feliz administración. Tócale ahora 
demostrar al mundo que los que son capaces de ganar una 
elección, son capaces también de suprimir una rebelión; 
que la urna electoral es sucesor legitimo de las balas, y que 
cuando el sufragio ha decidido libre y constitucionalmente, 
no hay mas apelación sino á los mismos boletos en una sub- 
siguiente votacioQ.9 

Desde las lejanas profundidades hasta donde su vista 
guiada por su corazón penetró en el porvenir, la posteridad 
le retornará sussimpatias, y juzgará de la importancia de 
sus actos y del valor de su sacrificio. Una África civilizada» 
que ya puede divisarse desde la altura moral é intelectual 
de Liberia, en Monrovia, la modesta República púnica, 
alzará estatuas al salvador blanco de su raza, cuatro mil 
años proscripta. • 

Bajo las exterioridades de un genio festivo ocultábase 
mas melancolía y tristeza que la que dejaba traslucir; no 
obstante que en los dias angustiados por que pasó al jfin de 
contienda tan acerba y de tan obscuro término, una pre* 
ocupación constante se mostraba en su fisonomía (^). 



( 1 ) Concluye este iU)ro cod ana poesía de un autor desconocido, según dice el 
autor, 7 traducida por D. Bartolomé Mitre y Vedia, entonces secretario de la Lega- 
ción argentina, y otra poesía de la señora Juana Manso de Noronba.^iVoto del 
Editor,) 



BOSQUEJO 

DE LA biografía 

m D. DALMACIO TELEZ SAARSFIELD 

Doctor y lurlB consulto ea &mbos derachos ; 

Miembro do varias Academias de JurlaprudenoUb ; 

Diputado Bl Condeso GonsÜtuyonte de 1B36; 

Represeiitaiito y Senador al Congreso de Buenos Aires; 

Delegado a la ConTenoion de Buenos Aires, 

y á la Conveiicion Nacional de Santa Fe ; Asesor de Gobierno ; 

Negociador de cinco tratados de pacificación interna ; 

Ministro de Oobiemo del Estado de Buenos Aires, y de Hacienda 

y de Oobiemo de la Nación ; 

Fundador del Banco Provincial de depósitos ; 

Autor del Derecho Bclesiástico ; 

del Código de Comercio, y del Código Civil, ambas leyes 

de la Nación, etc., etc., etc. 



Infancia y juventud 

Creemos que será, de algún interés para los que honran 
la memoria del doctor Velez, conocer varios detalles de su 
larga y fructuosa vida. Nuestra historia contemporánea 
no ha reunido aún sus variados elementos; y estos apuntes 
que inician lo que mas tarde será la biografía de nuestros 
prohombres, son como las piedras informes aún de que 
habrá de construirse la obra. 

Hemos recogido de boca del señor Velez mismo algunos 
hechos, que venían como por accidente recordados, al 



300 OBRAS DK 8ARUI&NT0 

hablarse de cosas pasadas; y los otros del contacto en la 
vida pública por muchos años, ó de lo8 documentos y obras 
que llevan su nombre. Habrían sido de mucho interés 
para el lector, y arrojado mucha luz sobre hechos lejanos 
de que fué testigo ó contemporáneo unas Memorias de su 
pluma. Habría sido la historia anecdótica de la guerra 
civil que lo vio nacer, y se creó con él, hasta poder extin- 
guirla en los últimos años de su vida; pero el sello especial 
que á su espíritu habían impreso sus estudios legales y 
económicos^ le hacían mirar como frivolos tales escritos» 
de que gustaba, sin embargo, cuando otros los producían. 

Don Dalmacio Velez Saarsfíeld nació en la ciudad de 
Córdoba el 18 de Febrero de 1801. Su padre el doctor don 
Dalmacio Velez, era un distinguido abogado de aquel foro, 
y fué comisionado en virtud de ser uno de los vecinos 
mas expectables de aquella época, durante el reinado de 
Carlos UI, de inventariar las temporalidades de los expulsos 
jesuítas, entre los cuales iba un hermano suyo, comisión 
que desempeñó en siete años, y por cuyo acierto recibió 
muy laudatoria aprobación en el subsiguiente reinado. 

El apellido de su madre doña Rosa SaarsQeld, que él aña- 
dió al de su padre, recuerda incidentes históricos que 
remontan á principios del pasado siglo y fines del anterior. 
Los Stuardos tenían por afinidades de religión el apoyo 
de la Irlanda, que se conservó en armas hasta el adveni- 
miento de la casa de Orange. Sitiada Limmerick por las 
tropas inglesas, el General Saarsfield, irlandés, se lanzó con 
un cuerpo de caballería tras de las posiciones inglesas, y 
logró sorprender y desbaratar el parque de artillería de 
sitio que venía en camino para dar mas eficacia al asedio. 
Este hecho de armas, concebido y ejecutado con suma 
habilidad, dio al General Saarsfíeld grande reputación, sin 
decidir de la suerte de la Irlanda, cuyas resistencias fueron 
vencidas al fín por el poder inglés. Emigrados éste y otros 
jefes y nobles irlandeses á España, Felipe II, entonces el 
paladín del catolicismo, armó una expedición de desem- 
barco en Irlanda, á las órdenes del General Saarsfíeld, la 
cual tuvo éxito desgraciado, volviendo á España los que 
salvaron del desastre. 

De ahí vienen los nombres de O'Conor, O'Donnell que aún 
figuran en el ejército español hoy. El General Saarsfíeld 



YELEZ BAAaSFIELD 301 

murió en España, y un hermano se trasladó á América, 
trayendo fuertes recomendaciones de la corte, y se trasladó 
k Córdoba, siendo acaso doña Rosa Saarsfield el represen- 
tante de tan ilustre abuelo k la tercera generación. 

Don Bernardo^ el hermano mayor del doctor Velez hijo, 
se había distinguido en sus estudios universitarios, y 
apenas recibido abogado se alistó en los ejércitos de la 
Patria, y murió en el primer encuentro con las tropas del 
Bey, en el Desaguadero con el teniente Pereira Lucena 
de Buenos Aires, 

El Cabildo de Córdoba á don Bernardo, como el de Buenos 
Aires á Lucena decretaron, en memoria de ser los dos 
primeros oficiales muertos en la guerra de la Independen- 
cia, que sus nombres fuesen inscriptos en un monumento 
público, y asilo fué el de don Bernardo Velez que perma- 
neció en el Paseo Sobremontes en dos de las entradas, 
hasta que la reacción federal con los Reynafé, los hizo des- 
truir. Fueron mas tarde restablecidos y existen hoy. 

No fué tan afortunado en Buenos Aires su compañero de 
¿loria y sacrificio, pues en esta ciudad no se llevó á cabo 
el decreto del Cabildo, y cuando se instaló la actual Muni- 
cipalidad, fueron vanos los esfuerzos para hacer tributar 
este justo homenaje á la memoria de nuestros primeros 
mártires. Los norte-americanos han inmortalizado con una 
columna la memoria de la primera sangre derramada en 
la guerra de la Independencia, en una inscripción que por 
su sublime sencillez recuerda la de Maratón : aAqui cayó 
« el primer inglés; allí detrás de aquel arroyo estaba for- 
te mada la milicia americana.» 

No debemos pasar en silencio que la única persona de 
esta familia que sobrevive ha sido de las socias fundadoras 
<ie la Sociedad de Beneficencia, y continúa por mas de cua- 
renta años la noble tarea. 

La primera educación recibióla don Dalmacio Velez en 
el convento de San Francisco, bajó la férula de un fraile 
que regentaba aquella escuela, y cuya ferocidad innata 
hacia de la vida de los niños un suplicio, distribuyendo 
azotes desde su entrada á la escuela á diestro y siniestro, 
^in motivo conocido, sin elección de persona, pues la flage- 
lación era á la escuela en masa, dando la vuelta á la 
redonda, hasta saciar sus crueles apetitos. Lo mas notable 



302 OBBJlB D£ baruibnto 

de este Btstema era que el fraile no era un modelo de 
castidad, y no se hacia escrüpulo de que los niños se aper- 
cibiesen de ello. En 1816, ya avanzada la revolución, hubo 
una pueblada en Córdoba de los estropeados niños, ya 
hombres, y mucho costó á la fuerza pública salvar aquel 
verdugo de la venganza de los centenares á quienes habla 
martirizado. 

Esta educación primaria que se limitaba á leer y escribir, 
y Dios sabe si á las cuatro primeras reglas de aritmética, 
era preparación suficiente para pasar á estudios mayores. 

Debió ser, es inútil decirlo, uno de los estudiantes mas 
aventajados de su tiempo, pues en latinidad, leyes, teología, 
fué después de adulto uno de los mas notables, acaso el 
mas notable jurista y teólogo de su tiempo. Volveremos 
mas tarde sobre este punto. Sabía ademas francés, inglés 
é italiano, sin hablar ninguno de estos idiomas, y sin poder 
leer el inglés por no conocer los equivalentes de las letras 
escritas, lo que prueba que lo aprendió solo, llevado á ello 
por la necesidad de sus estudios. Sabia cosmografía, ma- 
temática, y como es raro entre nosotros, conocía las princi- 
pales constelaciones celestes, y por sus nombres las estre- 
llas de primera magnitud, lo que muestra haber hecho 
estudios serios de estas ciencias. A la edad de veinte y 
dos años era doctor en ambos derechos, y abogado recibido 
en Córdoba; desde sus primeros años siguiendo con pasión 
el movimiento que llevaba á estos países á la Independen- 
cia, y las peripecias de la guerra de montoneras en que se 
extraviaban las ambiciones de los que no tenían las virtu- 
des patrióticas ó la elevación de miras de los millares que 
volaban á engrosar las filas de nuestros ejércitos como 
Ocampo, Las Heras, Paz, Deza, Velez, y tantos otros cor- 
dobeses. Terminados sus estudios, y á la época en que 
debiera abrir escritorio, ocurrían en Buenos Aires cosas que 
lo fascinaban y atraían; pues veinte veces le oímos repetir 
en su vida, que las reformas políticas y económicas intro- 
ducidas por Rivadavia, durante el gobierno de don Martin 
Rodríguez, lo llenaban de tal modo de admiración y excita- 
ban sus simpatías, que al fin se resolvió, sin otro motivo, á 
venir á Buenos Aires á presenciar de cerca el movimiento 
liberal, á tomar parte si podía en su ejecución. 

Hasta su muerta ha conservado ese sentimiento de ado- 



TELBZ 8AARSFIELD 303 

ración por don Bernardino, de quien logró ser amigo, no 
obstante su poca edad, recibiendo de él consejos y direc- 
ción en sus estudios, pues debió á indicaciones suyas con- 
traer su atención á las cuestiones económicas, tan nuevas 
entonces entre nosotros, y á que Rivadavia daba la prime- 
ra importancia. Cuando este personaje fué desterrado de 
Buenos Aires, el Dr. D. Valentin Alsina, mas joven aun, y 
el Dr. Velez lo acompañaron hasta embarcarse, circuns- 
tancia que él les agradeció al estrecharles la mano de des- 
pedida. El ostracismo ha tenido entre nosotros su Aristi- 
des, y treinta años de guerra civil, como los honores que 
la generación presente ha prodigado á su memoria, no 
bastan ni á castigar la injusticia de sus contemporáneos 
ni á reparar el mal que produjo. ¡Qué ejemplo y qué lec- 
ción pAra los hombres públicos honrados, y de altas con- 
cepciones t 

Fué el Dr. Velez el mas joven de los miembros del Con- 
greso de 1826, y nombrado secretario por esta causa « 

Si sus funciones le excluían del uso de la palabra en 
asamblea en que tantos proceres descollaban, estaba en 
cambio mas interiorizado que la generalidad en las causas 
intimas que imprimían el carácter especial de sus actos, y 
en la marcha impresa á los acontecimientos. El Congreso, 
por ejemplo, no ^abía, falto de mandato y de antecedentes, 
pues el de Tucuman nunca acertó á definir sus atribuciones, 
cuál seria la marcha que debiera seguir para arribar á dar 
una Constitución que reuniese los fragmentos entonces 
dispersos de la familia argentina. Rivadavia llega de Euro- 
pa, y la luz se hace, como hemos dado en decir por acon- 
tecimientos cotidianos. En lugar de principiar por discu- 
tir leyes ó constituciones, fué su consejo crear el gobierno 
nacional, principiando por establecer un Poder Ejecutivo 
con un Presidente. Sobre esta base, la manera de ejercer 
el poder era ya cuestión secundaria, puesto que por aquel 
hecho quedaba constituida la República. 

Desgraciadamente atravesaba entonces el país una situa- 
ción igual por lo anormal, á la de que acaba de salir la 
Francia. El Congreso de esta Nación ha puesto durante 
cuatro años los mayores obstáculos á que la Francia se 
diese una Constitución, temerosos los monarquistas de que 
fuese republicana, de que fuese monárquica las diversas 



304 OSEAS DE SJIRMCBNTO 

íraccionea liberales; y entre si laa dinásticas que por ele- 
girse una quedarían desheredadas. En 1826, ios papeles 
estaban cambiados entre nosotros. Diríase que los pue- 
blos no querían que hubiese una Constitución» ni menos 
una nación, si á la cabeza de ellos no estuviesen tiranuelos 
obscuros y sanguinarios, tránsfugas ó desertores de los 
ejércitos nacionales los unos caudillejos semi -salvajes otros, 
que habían reducido, para que su pequenez se aviniese al 
cuadro, y la luz no los sofocase, la Nación al recinto de 
unas pocas leguas en torno suyo, llamándose federales, sin 
federadion posible entre mandones de por vida, con la vio- 
lencia y la barbarie por única reglado gobierno. 

Confiando empero el iluso estadista en el buen sentido 
de los pueblos, y creyendo llenar una formalidad que los 
Estados Unidos habían consagrado como precedente; una 
vez sancionada la Constitución Nacional, que nada menos 
que unitaria era en su esencia, pues dejaba á las Provincias 
el nombramiento de sus gobernadores, mandó comisiones 
de miembros del Congreso á presentarla para su aproba- 
ción á las Legislaturas, que todas tenían, imitando la orga- 
nización que al Gobierno de la de Buenos Aires había dado 
el mismo Rivadavia, durante el gobierno provincial que 
con Martin Rodríguez constituyó. 

Tocóle al Dr. Velez con el Dean Zavaleta, la misión de 
€uyo, dominado entonces Mendoza por los tres hermanos 
Aldao, coroneles los tres de los ejércitos de la Independen- 
cia, y que formaron hasta morir un inatacable triunvirato 
siendo el vínculo del parentesco, y la subordinación á la» 
voluntad del mas despierto, alianza mas fuerte que toda 
convicción política. 

Un incidente inopinado vino á hacer mas escabrosa la 
tarea de hacer comprender á aquellos caudillos militares 
que su ambición podía concillarse y aun ennoblecerse, des- 
plegándose en el espacioso teatro de una gran República. 
Facundo Quiroga había á la sazón invadido á San Juan, y 
ya no eran los Aldao los que podrían por sí resolver la 
cuestión. El pueblo de Mendoza, donde el partido liberal 
era muy fuerte, aunque subyugado, recibió á los comisio- 
nados con simpática tristeza, sintiendo su impotencia para 
aceptar como ansiaban la sancionada Constitución. El 
Dr. Velez adelantó á San Juan, pidiendo á Quiroga una con- 



TELBZ 3AAR9PIBLD 305 

ferencia, un oficio del Presidente Rivadavia dirigido al 
Excmo* señor General don Juan Facundo Quiroga, trata- 
miento que esturo sujeto á comentos. Este al recibirlo 
flo sus reales, devolviólo sin abrirlo por toda desaprobación 
de la Constitución, como bajo la inspiración del anarquista 
Dorrego estaban todos los caudillos convenidos en ha- 
cerlo. 

Años mas tarde, Quiroga repleto de botín y buscando 
acaso teatro mas vasto para nuevas empresas, hubo de 
trabar relación con el abogado Velez, cuyo consejo reque- 
ría por asuntos fínancieros. Esta relación de cliente y 
abogado se transformó de parte de Quiroga en amistad y 
respeto, haciendo de su casa el objeto de sus visitas 
nocturnas. Había de hablarse necesariamente de lo pasado, 
y el doctor Velez nunca olvidó la expresión de desprecio 
por sí mismo y su pesar al saber Quiroga el contenido 
de la nota del Presidente Rivadavia que devolvió cerrada, 
reduciiia, pues no era gobernante, á nombrarlo General 
de la Nttcion, y comisionarlo para levantar y armar dos 
mil hombres de caballería, y por cuenta de ella dirigirse 
á engrosar el ejército del Brasil, donde encontraría en 
servicio de su patria, le decía, campo digno de su valor 
y pericia militar. Quiroga al saberlo tan tarde no volvía 
<le su indignación contra su propia terquedad, jurando 
Hue habría aceptado con entusiasmo posición tan hon- 
rosa, importándole un ardite la decantada federación á 
que lo creían adicto, denostando á los otros caudillos 
coaligados, cuya maldad y miras egoístas denunciaba. 
Yo no soy federal ni nada, decía con ruda franqueza, lo 
que yo quería era pelear y hacer mi camino, y con el 
Gobierno de Rivadavia habría satisfecho mi ambición. 

Con las hordas que mandaba, y que tenían por plantel 
los restos del núm. 1 de los Andes y de los Dragones de 
nueva creación en San Juan, habría ocupado un ala de 
nuestros ejércitos en la guerra del Brasil, si inspirado por 
un sentimiento de buena educación siquiera hubiese 
abierto la nota de Rivadavia, que acaso contó con lo que 
era permitido contar, y es con el interés bien entendido 
de un bárbaro ambicioso, elevado al rango de General y 
con mando efectivo en una guerra nacional. 

Tomo xxTn.'20 



306 OBRAS DI SARMIENTO 

La liga de los caudillos prevaleció por este contraste tan 
inopinado, la Constitución quedó letra muerta, Bivadavia 
con su puritanismo que puede traducirse en falta de sen- 
tido práctico, renunció á la Presidencia, dejando un pro- 
grama entre U creación del Poder Ejecutivo Nacional y su 
acefaiía, que otra generación había de realizar á travéa 
de treinta años de guerra civil, de torrentes de sangre, 
tiranías monstruosas, y desperdicio de tiempo en el progreso 
y las instituciones de que dio tan bella como efímera mues- 
tra en dos años. 

Las batallas de la Tablada y la Laguna Larga se habrían 
dado en 1826 con el mismo resultado, y en lugar de apelar 
los constituyentes á los medios revolucionarios, el poder na- 
cional habría estado en donde un año después fué boleada 
el General Paz. 

n 

La Eneida 

Los que han sido testigos de la acción política ejercida en 
el último tercio de su vida por el doctor Velez, esperan 
encontrar en sus primeros años y en edad mas madura 
uno de los prohombres de la política militante. No fué ese 
empero su rol, ni el blanco de sus aspiraciones. Llevada 
por las necesidades de los tiempos, y al impulso de los 
acontecimientos hubo de tomar parte activa desde Case- 
ros adelante, á ñn de contribuir á organizar el gobierna 
que realizase las aspiraciones que habían sido durante 
treinta años de lucha, el programa del partido nacionaL 
Siguiendo la suerte de los que sostenían las ideas formu- 
ladas en instituciones por Rivadavia, emigró varias veces; 
pero sin tomar parte ostensible en la dirección de la lucha 
que sostenía con su adhesión y llegado el caso con su 
consejo. 

No es después de la disolución del Congreso sólo, y du- 
rante el tiempo en que la prudencia aconsejaba substraerse 
& la persecución, como se cree, que el doctor Velez se con- 
sagró á los altos estudios que fructificaron [al fin en 
los trabajos que deja consignados en códigos y leyes. 

Su familia recuerda, y él lo ha repetido muchas veces,, 



TELKZ flAJLRSFJBLD 



307 



que desde su llegada á Buenos Aires, el tiempo que le 
dejaba su creciente fama de abogado, lo consagraba á 
aquellos altos estudios. La Universidad de Córdoba había 
adelantado mucho sin duda en las ciencias legales des- 
pués de la reconstrucción de su plan de estudios efectuada 
á principios del siglo por el Dean Funes; pues poco había 
de haber ganado á este respecto^ con los R P. francisca- 
nos á quienes fué encomendada su dirección, tras la 
expulsión de los jesuitas* Era la Universidad de Charcas, 
creada al lado de una Audiencia, la que proveía de doc- 
tores en derecho mas afamados. Moreno, el Secretario 
de la Junta Gubernativa, salía de sus aulas» El doctor 
Francia de estas otras. 

El doctor Velez, pues, ha principiado de nuevo sus estu- 
dios, tomando por base los que le eran comunes con todos 
los estudiantes de nuestras universidades. Prestábanse á 
ello hábitos que conservó hasta los últimos años de su exis- 
tencia. Recogíase temprano, aun viviendo en contacto con 
la alta sociedad y la política; y el crepúsculo de la mañana 
lo encontraba de pie con luz, leyendo, en un salmodeo 
peculiar á los antiguos estudiantes, de que el espectador 
no alcanzaba á discernir palabras articuladas. Así adqui- 
rió esa erudición que á los escritores alemanes ha facili- 
tado elementos para rehacer la historia antigua, y crear 
la crítica moderna. El Alvarez Anotado, que sirve de 
norma á nuestros tribunales, es la primicia de aquel tra- 
bajo que hacía pasar el abogado causista, al rango mas 
elevado del jurisconsulto.' 

No es fácil ni á los autores mismos, seguir la filiación de 
sus propias ideas. Desde muy temprano cayó en sus manos 
Cuyas ó Gujaccius, el célebre restaurador del derecho 
romano. Dos siglos de trabajos posteriores en el mismo 
campo, no han añadido gran cosa al edificio completo que 
él sacó de entre los escombros de la media edad ; y así 
como Cujaccius se tenía por un jurisconsulto romano 
como ülpiano ó su continuador y llamaba Nuestro Sacra- 
tísimo Emperador á los de Roma, asi Velez se había identi- 
ficado con Cuyas hasta hacerlo su propia esencia. Muchos 
años después, recordaba que este autor comentando ciertos 
decretos imi)eriales, incorporados en el texto de las leyes, 
decía que un tercer decreto se había perdido, conjeturando 



308 OBBAB DB SARMIENTO 

«1 contenido, complementario de aquellos; y rauy gran<J8 
debió ser el regocijo del neóñto Velez, cuando un amigo en 
viaje» Is anunció el reciente descubrimiento del decreto 
cuya existencia requería Cuyas, bien así como Leverrier 
había descubierto un planeta, necesario para explicar laa 
aberraciones de Urano. 

¿Era ei Cuyas, para explicar las leyes con las intrincadas 
cuestiones de mitología, costumbres, lenguaje, y tradiciones 
de los román oSí lo que arrastró ai nuevo jurisconsulto hacia 
el estudio de la Eneida, ó de esta excavación, digámoslo 
así, que hizo en continuación de sus estudios en el terreno 
latino, pasó ya preparado al estudio del maestro de la juris- 
prudencia? ¿Fueron ambos tíos raudales, la poesía y el 
dereclio romano, que salían de la misma fuente, el estudio 
de la lengua latina, los que se confundieron en su ánimo? 

Diez y ocho siglos ha que la Eneida está en manos de los 
liombres civilizados de la tierra. Nada parece que estu- 
viese por aclararse en su texto, que no haya sido materia 
de controversia al parecer ya fijada. No obstante esto, 
como Azara que construyó para darse cuenta de las aves 
y plantas que colectaba en el Paraguay, una clasificación 
botánica, que acertaba á ser la de Linneo, ó se aproximaba 
á ella por su sistema, el doctor Velez desde un rincón 
de la América del Sur, sin el auxilio de las bibliotecas y 
manuscritos que tanto ayudan á los eruditos en Europa, 
se propuso este problema. Dada la índole de la lengua 
latina, la religión, las costumbres y las tradiciones romanas 
á la época de Augusto, cuál es el pensamiento íntimo de 
Virgilio, ó para expresarnos vulgarmente, lo que ha querido 
decir, en tal verso, hemistiquio, frase ó simple palabra, 
pues esta misma expresa otra idea á veces que la que le asig- 
na el Calepino. Algunas entre el centenar de notas que 
acompañan la versión» pueden dar idea del género de tra- 
bajo emprendido y de sus dificultades. 

La nota 1* al 5^ libro, dice así : 

ttlnterea médium Jam classt Unebat 
viCertui it«r fluotosqae atros Aqailonc tecahat. 

'. «A ese tiempo, traduce Velez, Eneas confiado en su des- 
« tino, se dirigía con sus naves á la alta mar, y con viento 
« favorable cortaba las negras olas.» 



VBLSZ SAAEaFlSLD 



309 



« Cada palabra puede decirse de estos dos versos, añade, 
ha sido diversamente traducida ó interpretada. Midiutn^ 
entienden algunos el alta mar, cuando Eneas recien salía 
de Cartago: otros el medio del camino entre el África y la 
Sicilia, desde donde cirtamente no podían verse las llamas 
de la hoguera de Dido. Certas, ¿es acaso que Eneas conoce 
el camino que debe llevar, ó tomarse en su acepción moral, 
es decir, confiado en la promesa de los Dioses? Aquilanej 
¿es el viento del Norte contrario para salir de Cartago, ó el 
viento en general? Atros^ debe traducirse secabat fluctus, atros 
Aquilone, ó bien, secc^at Aquilone, fluctus atros? He aquí las 
versiones que han hecho de estos dos versos los mas céle- 
bres traductores de la Eneida: 

YSIJLBOO 

«En tanto que en Cartago á que esto pasa 
Eneas diligente con sa flota. 
Por medio del mar á toda prisa corre. 
Partiendo con hervor á remo y vela 
Las hondas olas^ con el viento negras. 

ANNIBAL CABO 

«Intanto Enea, splnto dal vento In alto 
Veleggiaba á dilnngo. 



«Enea trattanto, in sno camino deciso 
Con la flota avanzando il mar soleaba 
Fosco da TAqullone. ^ 

BÁRTHBLBMY 

«Cependant le heros qu'un ferme espoir animé 
Fendait sous l'aqnllon, les flots noirs de l'ablme. 

VILLBNKUVK 

ttCependant, plein de confiance dans l'ordre des Dieox, Enée dirige 
vers la haute mer sa flotte qui fend les vagues nolrcies par les 
aquilons. 

DRTDEN 

uMeantime the troyan cuts, his wat'17 way 
Fix'ed on his voyage, through the curling sea. 



«Meanwhile Eneas inalterably resolved, had reached the open sea. 
And was cutting the blaniL biliows before the wlnd. 



Y en la ootalO: 



■Orde&a que este paeblo sea oira Uloii» 7 ^« 
todos estot logares recnerdeQ á TrOT^.* 



«Para mi es dudoso, dice, el pensamiento que encierran 
estas palabras del texto. Me parece que Eneas no manda 
que el nuevo pueblo se llame Ilion, pues que se va á llamar 
Acesta. Ni la historia recuerda ninguna ciudad en Sicilia 
que se hubiese llamado Ilion. Me parece también que 
heec loca no se reñere precisamente á los sitios que se habían 
de edificar, sino que son todos los lugares que comprenda 
el nuevo pueblo. Esta idea la confirma Dionisio de Hali- 
carnaso que menciona dos rios en Sicilia, cerca de la ciudad 
de Segesta, antes Egesta, y primero Acesia, llamados Xan- 
tos el uno, y el otro Simois. He juzgado por esto que sólo 
debia suplirse el verbo recordar. Las traducciones que he 
consultado varían casi todas.» 

BABTBELEMT iTadUCe 

«Assígne á tons l^s Hoüx des noms chéris á son ame 
L' an s'appelle Iüíod, I'autre sera Pergame. 

VILLENECVB 

uLe boros veal qae ce soit autre Illion, uae secoDde Troye. 

DRTDElf 

«This part Is nam'd from Illum, that from Troy. 

DAVIDSONS 

aHere he orders á second iJiam lo aríse, and tlils place lo be called after tbose 
•r Troy. 

CARO 

«...é parto Troya, 
E parle Ilio ne ebiama» 



«...é flssa illoco 
D'llio é di Troya.» 

TKLASGO 

«Manda qne sea esla ciudad retrato 
Del pasado Ilium, que renueve 
La clara Troya y lodos sus lugares.» 



YELSS aAARSFIBLD 311 

Con estaa muestras y las otras notas, el novísimo traduc- 
tor de la Eneida, así como en el derecho, se coloca entre 
Cuyas y sus discipuloSj voltejea en espíritu sobre la mas 
adelantada expresión del espíritu humano, y llama á jui- 
cio á las naciones. Ventaja inapreciable, notada ya por 
ex:traños,de la educación poliglota de los americanos del 
Sur, sin preferencias patrias que tanto estrago hacen en 
Europa, atribuyéndose cada nación la gloria de un paso 
mas dado en el camino de los progresos humanos, con 
detrimento de la verdad. Velez, como se ve, se sentía en 
América preparado para entrar en la lisa con sus predece- 
sores en la arqueología, diremos así, y en la contextura no 
ya de U lengua latiría, sino de la mente de sus escritores, no 
obstante las lecturas corrientes y acreditadas. 

El manuscrito original de los primeros cantos de la 
Eneida con las notas, lo mandó á su familia desde Monte- 
video. Esto acusa treinta años, ya después de terminada- 
la obra. El texto es de dos amanuenses distintos; y aun 
así en limpio trae substituciones posteriores de su letra, y 
algún trozo pegado sobre la anterior versión. Las notas al 
fin de cada canto, son de su letra, excepto en uno. 

Mas tarde ha tenido copias en que el texto está ya irre- 
vocablemente fijado. En libro separado existe el borrador 
de los tres últimos cantos, como en vía de estudio, pues hay 
al canto otra versión, ó variantes del texto del cuerpo del 
escrito. Conócese que no ha puesto después mano á esta 
parte de la obra, que consideraba indigna de Virgilio, y 
como si fatigado del primer esfuerzo él mismo la hubiera 
desdeñado. Este es el juicio universal; pero en Velez to- 
maba el colorido que su alta apreciación de los primeros 
cantos, reflejaba sobre esta parte obscura. Consideraba 
los tres primeros cantos como grabados en acero, sin que 
hubiese una palabra que no fuese necesaria expresión de 
un pensamiento. 

Antes de abandonar el plácido terreno de las letras, y 
antes que principien para él las borrascas de la vida que 
hemos llevado treinta años, debemos añadir lo que cree- 
mos necesario para completar el hombre al salir de la 
juventud. Su estudio y frugalidad le dieron luego afluen- 
cia, que llegó á ser con la adquisición de las estancias que 
pobló esmeradamente, una fortuna. Hasta sus últimos 



312 OBRAS DE S/LKMieNTQ 

añoB ha sido el favorito de las jóvenes, por la amenidad 
jovial de su trato, y por la sal ática con que sazonaba sus 
dichos, célebres aun en el foro y en la tribuna. Sus ideas 
se reconcentraron en los ramos especiales á que consagró 
su estudio, y entre las perplejidades» contradicciones, y 
nuevos aspectos y mas ancho campo que han venido 
abriendo al saber humano, y á la critica histórica, las cien- 
cias de observación, pudiera decirse que su espíritu había 
echado el ancla en cierta época de la vida, mirando 
desde ahí con indiferencia el movimiento moderno. Geo-- 
logia, Óptica celeste, mas bien que Astronomía, antigüe-^ 
dad del hombre sobre la tierra, todas estas grandes nove- 
dades que tanto preocupan á los espíritus jóvenes ó 
inquietos ó curiosos lo encontraban si no incrédulo, indi<^ 
ferente. Hasta su última enfermedad leía horas enteras^ 
ya sin aplicación á fin determinado y simplemente para 
absorber tiempo. Estas lecturas eran sobre legislación, ó 
economía política, variadas ávecespor libros nuevos sobre 
derecho de gentes ú otras graves cuestiones. 

Murió sin haber leído una sola novela en toda su vida; y 
se lamentaba k veces de no entender el libreto de las 
óperas, por no estar en antecedentes del drama que 
había servido de tema. Esta que parece una originalidad, 
en quien tanto tenía el poema épico de Virgilio, que 
pareciera abrir el ánimo á los goces de la imaginación, 
era sin embargo efecto de un defecto de la antigua edu- 
cación monástica de nuestras Universidades. El senti- 
miento de lo bello, no solo no era cultivado por ningún 
estudio, sino que quedaba atrofiado el que nos viene déla 
naturaleza. Las bellas artes, las formas, la imaginación 
no tuvieron un altar en aquellos claustros de murallas 
lisas y sombrías en que se murmuraba latin, ó se repe* 
tían autores de derecho ó de teología. El estudiante 
americano se creó lejos del espectáculo que tiene el 
europeo, aun los que al sacerdocio se consagran, de las 
estatuas, los cuad'^os, los jardines públicos, la poesía, la 
música y los monumentos. Su alma invive por los poros 
todas estas emanaciones artísticas que le vienen del me<* 
dio ambiente, y aun las novelas que apasionan á su apa- 
rición el público van á solicitarlo á las clases, y darle 
goces intelectuales, sin distraerlo de los estudios serios^ 



VELSZ 8AAR8F1ELD 313 

Todo 6sto hacia falta al Dr. Velez, bien que no lo necesitase 
para Códigos y Bancos. 

M 

La guerra civil 

La disolución de la Nación en provincias ó cacicazgos, con 
el mal éxito de constituirla en 1836, trajo la guerra civil 
que ardió 90 años, hasta que en Caseros volvió á reanu- 
darse el roto vinculo, y los posteriores sucesos preparáronla 
completa reorganización á que hemos llegado. 

Triunfante Rosas en 1830, y como medio sin duda de pre- 
parar el terreno para las buenas cosas que meditaba, hizo 
intimar orden de destierro á centenares de provincianos. 
Al Dr. Velez le tlegó la intimación á su estancia de Arre- 
cifes, donde se había asilado durante las luchas con Lava- 
He, á quien hospedó ocho días con sus fuerzas, en uno de 
sus movimientos. 

Tuvo, pues, que dirigirse á Córdoba. La guerra no tardó 
en llegar á las fronteras, atacado inopinadamente un desta- 
camento del Fraile Muerto por fuerzas de Santa Fe, coli- 
gado con Rosas; y siguiendo su curso cuando el General 
Paz con buen ejército avanzaba á librar batalla al gratuito 
enemigo, ocurrió el memorable suceso de ser aprehendido 
el general mismo por un tiro de bolas. 

Recaído el mando en el General Lamadrid resolvió éste 
retirarse al Norte, sin dar á los ciudadanos y al Gobierno 
el tiempo indispensable para prepararse á seguirlo. Los 
santafecinos formaban la vanguardia del ejército victo- 
rioso sin comandante, y fué necesario volver los ojos al ene- 
migo mismo para salvar la ciudad de los peligros que la 
amenazaban. El Dr. Velez acompañado del Rector de la 
Universidad, Presbítero Agüero, fué encargado de esta nego- 
ciación, y entre indios salvajes y montoneras turbulentas, 
no sin salvar de un peligro para caer en otro, llegaron 
ambos comisionados al campamento de López. Mientras se 
arreglaban las condiciones de una pacificación con los 
comisionados nombrados al efecto, por parte del General 
López, el General Echagüe asaltaba á Córdoba y era re- 



314 QERkH D£ SÍLRMIKf4T0 

chazado por novecientos infantes que la guarnecían, lo 
que dio al gobierno ocasión para proponerle un tratado 
que se concluyó, mientras otro al mismo objeto se firmaba 
en el campamento de López. Ambos tratados garantían 
con frases idénticas « que ninguna persona podría ser 
a molestada por su conducta hasta ese día (articulo 3^ de 
« Córdoba). Finneido—Fragueiro y Echagüe, » El negociado 
directamente con López, importaba la cesación definitiva 
de la guerra, « sin que nadie pudiere ser penado por he- 
« chos anteriores á su fecha, quedando cada pueblo regido 
<c como antes lo estaba », sin haber en él cosa alguna res- 
pecto á rendición de la plaza, prisioneros de guerra, etc. 
Los textos originales de estos tratados se encuentran en 
el proceso criminal seguido contra Rosas por los Tribu- 
nales de Buenos Aires^ cuya sentencia miraba el Dr. Yelez 
como una de las piezas jurídicas que mas honran al foro 
bonaerense. 

El General Echagüe quardó las estipulaciones hasta la 
llegada del ejército de Rosas, pues que sólo entonces fueron 
presos centenares de clérigos, frailes, ciudadanos notables 
y como treinta jefes del ejército que se habían quedado 
con la infantería de la plaza y pudieron alcanzar á poco el 
ejército. Al Dr. Velez no lo habría salvado su carácter de 
negociador, si la amistad que desde el colegio conservaba 
con>l General Echagüe no se hubiese puesto de por medio. 

Llegaba á Córdoba con las fuerzas de Buenos Aires la polí- 
tica perseguidora y exclusiva que mas tarde había de con- 
vertirse en exterminio y cebarse en Buenos Aires mismo; 
y aquellas doctrinas que sostenía y practicó Felipe II, 
por las cuales el soberano en defensa de la causa de 
Dios (la de su propio orgullo li error) no queda ligado por 
los tratados solemnes, que por el contrario sirven de red 
para hacer caerá los enemigos. 

El destierro entre los antiguos era considerado pena 
capital mayor aun que la de muerte. El extü no sólo era 
separado de su patria y familia, sino que dejaba de tener 
patria y de pertenecer á familia alguna. Negarle el fuego 
y el agua era negarle la participación al culto del hogar. 
Quedaba excomulgado y sin dioses ni religión. El extran- 
jero, el hostis^ el enemigo era su asilo, peor mil veces que 
la muerte; pero al fin había un asilo para el desgraciado. 



YBLBS Sil^RBFIELD 315 

Mas cuando el mando fué sometido á las armas roma- 
nas, y la voluntad del Emperador fué la ley universal, el 
destierro pasó á ser simple prisión en algún punto del 
vasto mundo bajo la mano siempre del veídugo. Era inútil 
huir de la persecución en Roma, pues en las Provincias 
estaban espuestos á mas crueles vejancones; y los ciuda- 
danos preferían residir en la capital á la boca de la caverna 
del león y resignarse á la suerte que les viniere por los 
Hados deparada* 

Esta explicación que del destierro antiguo, comparado al 
moderno, que es casi un premio, pero de seguro la impu- 
nidad, dábala el jurisconsulto Velez, cuando de esta pena 
romana se trataba en nuestras leyes; y no la olvidaría 
aplicada á su propia persona, cuando extendida la domi- 
nación de Rosas á Córdoba y demás Provincias, prefirió vol- 
ver á Buenos Aires, antes que exponerse á lo que en la 
obscuridad de las Provincias podría sobrevenirle. 

Un drama horrible va á comenzar, y la Providencia 
reserva al Dr. Velez para ser el testigo presencial en San 
Nicolás de una carnicería. 

Como el relato de este crimen forma p.irte de las decla- 
raciones tomadas por el Juez de la causa de Rosas, el lector 
gustará de preferencia oir la deposición del Dr. Velez como 
testigo presencial. 

Dice asi: 
« Señor Juez del Crimen : 

« Cumpliendo con lo que el Juzgado me ordena en su 
nota del 14 del presente, paso á dar la declaración que se 
me pide en el fusilamiento en el pueblo de San Nicolás, 
de varios oficiales del Ejército al mando del General Paz 
en 1831. Expondré á V. S. los motivos del conocimiento de 
los hechos que referiré para justificar mis acertos, pues el 
Juzgado me ordena que le informe del modo mas minucioso 
y detallado posible como lo hiciera si fuera preguntado 
por el Juez del sumario que de oficio se está siguiendo. 
A pesar de haber pasado 26 años de aquel espantoso suceso, 
creo recordarlo con todas sus circunstancias por razones 
e^speciales que para mí lo hacían inolvidable. 

«En Septiembre de 1830, el Comisario Insúa notificó á mi 
familia que saliera yo de la provincia en el término de 24 
horas, y que de no hacerlo sería preso en el momento. El 



316 OBRAS DK 8A11M1KMT0 

Gobernador Rosas desterraba entonces de Buenos Aires á 
mas de 500 provincianos. Al día siguiente tuve el aviso en 
mi estancia de Arrecifes donde me hallaba^ y en el acto 
salí para Córdoba. 

«Me encontraba así en aquella ciudad cuando comenzó la 
guerra entre Buenos Aires y las provincias del interior en el 
año 31, por el asalto que los Coroneles Pacheco y Echagüe 
hicieron el 10 de Febrero á una pequeña división del Coro- 
nel Pedernera que se hallaba en el Fraile Muerto. 

«Continuando la guerra, el 10 de Mayo el General Paz en 
marcha sobre López al Este de Córdoba, fué improvisa- 
mente tomado prisionero á 40 leguas de la ciudad. 

«El mando del Ejército lo tomó por antigüedad el General 
Lamadrid. Sin orden del Gobierno, y con la mira ya de 
abandonarnos y retirarse á Tucuman, retrocedió inmedia- 
tamente y se situó en Las Gañas, 7 leguas al Norte de Cor* 
doba. Desde allí el 24 de Mayo k las 12 de la noche mandó 
al Coronel Pedernera con 200 hombres de caballería á sacar 
de la ciudad los efectos de la Comisaria de Guerra, y llevar 
al fraile Aldao, á don Vicente Reynafé y al capitán Velasco 
que se hallaban presos en la cárcel. Todas las instancias 
del Gobernador don Mariano Fragueiro fueron inútiles para 
que el Ejército no nos abandonara, ó para que diera al pue- 
blo siquiera tres días para seguirlo. No pudiendo obtenerse 
cosa alguna, me mandó á mi y al doctor don Eusebio Agüero» 
actual Rector del Colegio Seminario, á hacer un tratado de 
paz con el General López, que se hallaba aun á 30 leguas de 
Córdoba. Salimos á las dos de la mañana con una pequeña 
escolta, y después de mil trabajos y peligros entre innume- 
rables partidas de indios y montoneras, llegamos al campo 
del General López 30 leguas de Córdoba. El ignoraba 
absolutamente que el Ejército se retiraba á Tucuman, y 
se manifestó muy dispuesto á nuestras exigencias. Para 
hacer el tratado nombró á su Secretario don José Francisco 
Benitez y á su primer Edecán, Coronel D. Pedro Ramos, 
ambos existentes eu el territorio del Estado. 

«Entre tanto, el General Echagñe al mando de una fuerte 
vanguardia llegaba á. Córdoba, que se hallaba defendida 
por 900 hombres de infantería de buena tropa, y tentó asal- 
tar la plaza, pero fué rechazado. Entonces el señor Fra- 
gueiro le propuso un arreglo y se acordó el tratado que 



VBLEZ S^ARSFIBLD 317 

presento al Juzgado, impreso en Córdoba el 31 de Mayo de 
1851. V. S. verá que aquello no era una capitulación, sino 
meramente el restablecimiento de la paz, y que por el 
articulo 3' ninguna persona podía ser molestada por su 
conducta anterior hasta ese día. Este documento está bajo 
la firma del señor Fragueiroy del Gleneral Echagüe. 

«Nosotros arreglamos con el General López y sus Comi- 
sionados el tratado cuya copia también acompaño á V. S., 
tomada entonces en el Ministerio de Córdoba y que se ha 
coDservado hasta hoy. El tratado importaba la cesación 
definitiva de la guerra entre Buenos Aires y las provincias 
interiores, sin que nadie pudiera ser penado por hechos 
anteriores á su fecha, quedando cada pueblo regido como 
antes lo estaba sin haber en él cosa alguna respecto á ren- 
dición en la plaza, prisioneros de guerra, etc. El señor Ra- 
mos y el señor Benitez que lo firman, como el Dr. Agüero 
atestignará^n sin duda la exactitud de la copia. 

«Todavía era muy fácil unirse al ejército que no distaba 
sino 14 leguas de Córdoba. Recuerdo que el Coronel Rojo 
que acaba de dejar el gobierno de Tucuman me dijo, yo 
me voy porque no creo que estos picaros cumplan cosa 
alguna. El General Echagüe cumplió exactamente lo con- 
venido. Mas luego que pasados algunos dias llegó el Ejér- 
cito de Buenos Aires y entró á la plaza con el General 
López, todos los hombres de alguna notabilidad en Córdobaí 
clérigos y frailes, fueron presos, incluso el doctor Agüero y el 
mismo señor Fragueiro, al cual le pusieron una barra de 
grillos. Prendieron también como 30 oficiales, casi todos 
jefes, que se habían quedado con la infantería en la plaza. 
Yo me salvó por la antigua amistad que tenía con el Gene- 
ral Echagüe. 

«Todos esos hombres fueron conducidos presos á Santa 
Fe y desde allí muchos de ellos á los Pontones de Buenos 
Aires, como los doctores Saráchaga, Agüero, etc. Aun 
pasados algunos años, varios de aquellos fueron aquí fusi- 
lados como lo fué el doctor Saráchaga, Ministro del General 
Paz y el venerable sacerdote doctor Cabrera, su pariente y 
amigo. 

«Loa oficiales quedaron presos en el Cabildo de Córdoba, 
pero sin prisiones, y al parecer como en un simple arresto 
que no causaba cuidado alguno. Todos creían que era sólo 



318 OBRAS DK SARMlSríTO 

una medida para que no pudieran irse á unir con el Gene- 
ral Lamadrid. 

«El 6 de Agosto salió el ejército de Buenos Aires para este 
pueblo, y yo vine con él. A su retaguardia marchaban varias 
carretas con los oficiales, á los cuales llamaban ya prisio- 
neros, en número de 28 á 30. 

«Desde el Fraile Muerto me adelanté con un correo y 
llegué al Cuartel General de Rosas en el Arroyo de Pavón. 
Entregué á su Secretario el Teniente Coronel Qarreton 
dos cartas de recomendación que traía. Una del General 
Echagüe y otra del señor Benitez. En el acto Rosas me 
extendió la licencia para que entrara á la provincia de 
Buenos Aires. Llegué á San Nicolás» donde mi esposa 
detenida allí por orden de Rosas desde un año en su trán- 
sito para Córdoba, estaba gravemente enferma, como que 
falleció tres meses después. 

«Así que el General López llegó al Rosario en su vuelta 
de Córdoba, Rosas fué también á aquel pueblo desde su 
Cuartel General de Pavón y hacia allí hizo marchar las 
carretas en que iban los oficiales presos, los embarcaron 
muy luego en una goleta que llegó á San Nicolás, si no me 
equivoco el 15 de Octubre de 1831. 

«El 16 á las 2 de la tarde bajaron en varias carretillas y 
pararon inmediato á lo que se llamaba el Cuartel^ contiguo 
á la casa en que yo vivía. Los oficiales parecían muy 
contentos: recuerdo que viéndome desde la carretilla el 
Comandante Altamira á quien conocía mucho, me dijo en 
alta voz: «gracias k Dios que llegamos á Buenos Aires». 
El Coronel Ravelo que mandaba en San Nicolás comenzó 
á llamarlos por una lista y separarlos en dos grupos. 
Creíamos que esto lo hacía porque los 28 ó 30 oficiales no 
cabían en la única pieza que tenía el cuartel, y que algunos 
serían colocados en otra parte. Efectivamente entraron 
muchos de ellos al cuartel, y el Coronel Ravelo con otros^ 
todos jefes^ se dirigió á una casa vacia que estaba inme- 
diata á la iglesia. Entonces la gente que estaba en la 
plaza se retiró y yo también á la casa vecina. Nadie temía 
ni maliciaba lo que iba á suceder. 

«A las cuatro de la tarde oyendo cajas y música, salí á 
la puerta de la calle á ver lo que era aquello. En ese 
momento los diez oficiales separados marchaban al patíbulo 



asistidos por dos sacerdotes. El Coronel Ravelo á caballa 
mandaba un pequeño cuadro de tropa dentro del cual 
fueron ejecutados entre grandes gritos de los oficiales, 
negando ser ellos prisioneros^ y tratando á los ejecutores 
de asesinos, 

«Dos horas después yí sus cadáveres todavía en la plaza. 

«Loa oficiales fusilados eran los siguientes: 

Coronel D. Lais Vldela Gobernador de San Luis Pnotano 

SanUfe«ln& 
Cordobet 



Teniente Coronel 


» Luis Carbonea 


Comandante 


» N. Montenegro 




Un bijo de éste 


Mayor 


D. Pedro Cuevas 


Mayor 


» Pedro Cuello 


Comandante 


» Ángel Altamira 



Teniente Coronel » Pedro Campero Salte&o 

Y dos mas cuyos nombres no recuerdo. 

«Al Otro día á. las ocho de la mañana sacaron presos 
al mayor Cuadras, chileno y al mayor Tarragona, san tafee i- 
no, para ser ejecutados en el Salto como lo fueron. El 
mayor Cuadra era un notabilísimo oficial de la guerra de 
la Independencia, manco de los dos brazos. 

« Así, señor Juez, fueron fusilados estos oficiales, que no 
eran ni prisioneros de guerra, y con ellos se completaba 
el número de 80 á 90 oficiales del General Paz, tomados 
prisioneros ó capitulados en los diversos pueblos y fusüados 
después. Quiroga había fusilado en Abril los 32 oficiales 
prisioneros tomados el mes anterior en el Río Cuarto y 
cinco de las fuerzas rendidas en San Juan, 7 en Catamarca, 
33 en Tucuman y 7 en Córdoba. 

«Al día siguiente, 18 Octubre, fui muy temprano á casa 
del Coronel Ravelo á. pedirle licencia para darle alguna 
ropa á un amigo y condiscípulo mío, don Pío Usandivaras 
que estaba casi desnudo entre los presos que se hallaban 
en el cuartel. Todos esos oficiales habían sido saqueados 
en el Rosario y en el buque hasta de sus ropas mas nece- 
sarias. Él me dio la licencia que le pedía, y me permitió 
hablar con el señor Usandivaras. El Coronel Ravelo estaba 
sumamente contristado por la ejecución que había tenido 
lugar, y se desesperaba al recordar al Teniente Coronel 
Campero, en cuya casa y de cuya familia había^'ecibido mil 
favores en Salta, y al cual en su niñez había querido 



320 OBRAS DB SARMIENTO 

mucho. Para excusarse de cuyo cargo, tuvo la confianza 
de mostrarme la sentencia pronunciada por Rosas, la cual 
tenia un largo considerando y estaba firmada en el Rosario, 
fuera de la provincia de Buenos Aires. Me mostró también 
un pliego con instrucciones muy circunstanciadas sobre todos 
los pormenores de la ejecución que debia hacer; y en ella le 
decia que esperaba no recibir ninguna petición ni súplica del 
pueblo, ni otro aviso que el de haber cumplido las órdenes 
que se le mandaban; respecto á los 18 oficiales que estaban 
presos^ le ordenaba que sólo les permitiera aquello que 
era enteramente necesario para la conservación de sus 
vidas. Debo decir en honor del Coronel Ravelo, que él no 
cumplió esta orden bárbara, y que por mil medios nos 
permitió á todos auxiliar á aquellos pobres oficiales, que 
eran de las primeras familias de Córdoba. 

«Recuerdo también que me dijo, que el Coronel Videla 
y el Mayor Cuevas estando ya en capilla, le habían dicho 
que era un asesinato matar al hijo del Comandante Mon- 
tenegro, que, ni era militar, y que recien en el Fraile 
Muerto se les había reunido para asistir á su padre que 
venía enfermo, y que debía pedir nueves órdenes á Rosas; 
y que él les contestó que nada podía hacer. Yo puedo 
decir, señor, que en efecto, cuando los oficiales salieron 
de Córdoba, no venía preso mas que un Montenegro. Yo 
los conocía á todos; muchos de ellos mis amigos, y varias 
veces hablé y estuve con ellos. No tengo, pues, la menor 
duda al decir que el hijo de Montenegro debió precisamente 
habérseles reunido en el camino. Cuando el Coronel Ravelo 
en la puerta del cuartel á diez varas de la casa en que 
yo estaba, separó á los oficiales que después hizo fusilan 
no me fijé sino en el Coronel Videla, con quien tenía 
relación desde muchos años atrás, y contraje mi atención 
principalmente al grupo numeroso que entraba al cuartel 
creyendo que los separados como jefes iban á ser mejor 
tratados; mas pasada la ejecución, don Juan de Dios Carran- 
za en cuya casa estaba, y el señor Segovia que habían 
presenciado aquel acto, espantados del suceso, lamentaban 
la muerte de un niño como de 15 años de edad, hijo -de 
Montenegro, que cuando lo llamaron por su nombre, había 
saltado á tierra muy alegre y contento. Después, en el 
pueblo de San Nicolás la gente hablaba en secreto de la 



T£LEZ aAARSFlELD 321 

tnuerte de ese niño, y á nadie oi dudar del hecho. Lejos 
de eso, nn oficial Malbran de los que formaban en el 
cuadro, me habló de la entereza y sangre fría con que 
aquel muchacho había muerto, abrazando antes á su padre- 
El señor don Mariano Fragueiro^que estuvo en la cárcel con 
los oficiales presos, puede decir á Vd. si estaba ó no entre 
ellos el hijo de Montenegro, 

wEsto es, señor, lo que puedo informar á V. S. respecto 
del asesinato de 12 oficiales en San Nicolás ordenado por 
Rosas. Me he informado, que en aquel pueblo viven aún 
muchos vecinos que presenciaron la ejecución, como don 

Teodoro Márquez 

• » 

Ya antes habia dado la lista de los ciudadanos que fueron 
enviados á los pontones de Buenos Aires, de los cuales 
fueron fusilados aún después de muchos años, el doctor 
Saráchaga, Ministro del General Paz, y el venerable sacer- 
dote Cabrera, su pariente y amigo. 

¿A qué propósito respondía este sistema sin precedente^ 
^in provocación, de dar muerte á los jefes del Ejército, que 
á las órdenes del General Paz en su provincia propia hablan 
peleado, con las fuerzas de otras provincias y no con los 
^ejércitos de Rosas, en buena y leal guerra, y conforme á. los 
usos de las naciones civilizadas? 

Hay sin embargo un recuerdo que puede preparar los 
ánimos á estos espectáculos horribles. La guerra de la In- 
dependencia habia terminado apenas en 1826 y la del 
Brasil en 1808. Las familias mas visibles habían sido diez- 
madas en las largas y lejanas luchas de la guerra ameri- 
cana de que pocos volvieron, escasos de fortuna, aunque 
sobrados de heridas y de gloria. Habíase generalizado la 
idea de que en aquellas largas campañas se habían 
corrompido sus costumbres, entregados al juego y em- 
briaguez. 

Los caudillos ó desertores, ó paisanos obscuros, de saltea- 
-dores que eran algunos de ellos, se habían elevado á jefes 
de Estados, y abrigaban celos y envidia contra el valor y 
prestigio de los que sobrevivían y volvieron á nuestros 
ejércitos; y con todas estas causas en juego, una fuerte 
reacción contra los militares veníase obrando en los áni« 

Tomo xiTn.--8I 



322 OBKAÜ DK SAKMIBNTO 

mos, que degeneraba en odio de la carrera militar. U» 
padre decía delante de su hijo, que preferiría verlo con el 
pie en el suelo antes que con un sable al cinto. Personaje 
muy notable de Buenos Aires y sano de intención, al ver 
al General Paz introducir en el Parque el orden y la econo- 
mía mas estricta, exclamaba asombrado, ;quién hubiese- 
creído que fuese tan honrado- el General Paz!! 

Esta fatal preocupación trajo las consecuencias mas de- 
plorables. Alejada la parte culta de las ciudades argentinaa 
del servicio de las armas, las masas populares con raraa 
excepciones llenaron los cuadros de oficiales, y el despotis- 
mo y la barbarie encontraron en ellos instrumentos prepara- 
dos. De un regimiento de Rosas de cuatrocientas catorce- 
plazas encontróse que sólo los catorce sabían leer, no sa- 
biendo el coronel, el mayor, los capitanes y otros oficiales. El 
Ayudante mayor no sabía escribir. Lavalle por entusiasmo, 
arrastró tras sí centenares de jóvenes á la guerra que no 
siguieron sin embargo la carrera militar; y sólo en el sitio, 
de Montevideo empezó la favorable reacción que trajo á las 
filas del ejército, jóvenes de cierta educación, sin llegar, sin 
embargo, hasta hoy al grado que en Chile, que también 
tuvo sus épocas de desprecio y odio por la carrera milita^ 
y donde las familias pudientes ó nobiliarias se disputan 
el favor de obtener para sus hijos una beca en la escuela 
militar que funciona desde treinta años atrás. El espíritu 
revolucionario murió el día que los cadetes llegaron á los. 
altos grados. 

Pero el estrago mayor hecho por las matanzas de Rosas, 
es que por esas reacciones que llevan á los pueblos de un 
extremo al extremo opuesto, las leyes han enmudecido y la 
opinión resiste á la aplicación de las penas que en lo civil 
ó lo militar aquellas imponen á los crímenes. De la tira- 
nía á la anarquía, sin término medio. Rosas aplicó la pena 
de muerte veinte años,á todo el que contrariase su sistema 
de gobierno, tan fuera de las reglas del criterio humano, con 
una tenacidad y con crueldades sin ejemplo en la tierra. 
¿Tenía derecho para ello? 

¿Estaban los prisioneros de San Nicolás bajo su jurisdic- 
ción, como rebeldes, dado caso que no hubiesen sido escu- 
dados por tratado, como están las vidas de los rebeldes, 
rendidos (en 1874) enJunin? 



VBLSZ «AARfiFlELD 3^ 

El Dr. Velez en su declaración hace notar de paso que la 
irrisoria sentencia la daba Kosas en Santa Fe. Ellos no 
eran ciudadiinas de Buenos Aires; no se hablan rebelado 
contra él. No tenía entonces bu gobierno carácter nacional 
y cuando después lo recabó, fué al soío objeto de entretener 
las relaciones exteriores. Por la obra misma de sus par- 
ciales, desconociendo la Constitución Nacional con la Pre- 
sidencia, entraban las Provincias en la condición de Esta- 
dos irregulares, pero con aptitud de existir, y el derecho de 
gentes ó los usos de la guerra entre naciones garanten las 
vidas de los beligerantes, que son prisioneros de guerra, y 
no presos tomados por fuerza de armas. 

Cúpolesá los unitarios en aquella larga y desigual lucha 
hallarse siempre bajo la égida del derecho de gentes, en 
cuanto á la guerra que sostuvieron veinte años contra los 
caudillos. Aparte de que no combarían contia un go- 
bierno nacional con jurisdicción sobre las provincias, sino 
al contrario para establecerlo, sus ejércitos recibian su 
comisión (grados y mando militar), de gobiernos civiles y 
regulares, aunque Rosas ó los caudillos los considerasen 
rebeldes. La liga de Córdoba que reunió nueve provincias* 
las del Norte que formaron cinco, la de Corrientes, etc., 
constituían secciones territoriales, circunstancia necesaria 
para que el alzamiento, el motin mismo salga de la juris- 
dicción de las ordenanzas y entre bajo el pallo del derecho 
de gentes en cuanto á castigos. Sus ejércitos eran regula- 
res, mandados por jefes nacionales y regidos estrictamente 
por las leyes militares. La montonera que no está bajo la 
égida del derecho de la guerra, no militó nunca, ó solo por 
excepción con los que combatían á los caudillos, cuyos 
secuaces por el contrario no habrían hallado gracia ante 
ninguna nación civilizada. 

La confusión de ideas que aquella brutal tiranía (impo- 
tente sin embargo en veinte años para aterrar á los que la 
demolieron al fin, cuando la aspada se embotó, con la plu- 
ma que. en defensa de grandes principios no' se embota) 
dura hasta hoy, sin que el ejemplo de todas las naciones 
contenga la reacción contra la crueldad, que sería la cle- 
mencia, si no degenerase como todas las reacciones en im- 
punidad y complicidad con el crimen. 

De la iniquidad de Rosas ha nacido la suspensión y abro- 



324 OBaA.9 DE SARMIENTO 

gacion tácita entre nosotros, de las leyes que nos son comu- 
nes á todas las naciones. Un tiranuelo qine por ser rico 
detestaba el robo mas que el homicidio, se jactaba de haber 
hecho ajusticiar k un adolescente por haber robado un 
chalecoj delito que por la ley tendría un mes de prisión, 
Rosas, educado en las calles de Buenos Aires, ó guiado por 
instintos feroces que él creía conciencia, hizo de la pena de 
muerte la panacea universal. Dos mil paisanos mandados 
sucesivamente por Jueces de Paz de campaña á Palermo, 
fueron ejecutados según aquella jurisprudencia. 



IV 
£miffracioii 

Las instituciones que se proponía implantar Rivadavia 
no eran obra de su ingenio, sino simplemente la§ formas 
que el gobierno ha asumido en todo el mundo civilizado, 
durante estos dos últimos siglos, después de la caída de 
los Stuardos en Inglaterra; Parlaniento ó Legislatura, doble 
ó simple, rey constitucional ó Presidente electivo. Poder 
Judicial independiente, etc., etc. Ya Montesquieu trazaba 
en el Espíritu de las leyes^ contra la suma del poder público, 
la substancial división del gobierno en tres poderes; y mucho 
hacía que los Estados Unidos, acreditaban la bondad de 
sus libertades regidas por una constitución escrita, con 
asombrosa prosperidad y crecimiento de la República fede- 
rativa. 

Los que estorbaron entonces la organización general de 
la República sobre aquellas bases, exprimen sólo el egoísmo 
de un mandón, las ambiciones en germen, acaso los celos 
de localidad. No había sistema común posible entre los 
Aldao y Quiroga; entre Bustos y López, y los demás due- 
ños del gobierno ó desgobierno de Provincias. Loque no 
querían es sujetarse á, regla, k la jerarquía necesaria en 
todo gobierno. Llamábase federación á la desasociacion de 
los miembros de una nación, abandonando á uno de ellos 
las Relaciones Exteriores, como cosa supérflua, y ajena á 
sus cuidados. 

Hemos dado en llamar tiranía salvaje la de Rosas, sin 



TBLEZ SAAESFIELD 325 

embargo que la del doctor Francia le precede, y aunque 
mas sombría, mas aterrante y recelosa, era curial, pues el 
escribano figuraba al lado del verdugo. Artigas introdujo 
los suplicios cruentoSt y aunque de plebeyo pudiera 
tacharse su sistema popular armado^ seria de averiguar 
porqué el abogado Francia, el bandolero Artigas, el 
ciudadano Rosas producen el mismo resultado, la volun- 
tad y hasta la inventiva personal como forma de go- 
bierno, 

Y todavía después del vencimiento tras cuarenta años 
de lucha, después de pacificada la República, diez años 
después de funcionar una Constitución que nos asemeja á 
los pueblos libres, revienta por aquí ó por allá, como 
tradición, como una aspiración de los pueblos, algún 
conato de volver á resuscitar el sistema antiguo, bien así 
como aquellas crestas de rocas lasálticas que se levantan 
ex abrupto en una llanura, acusando un so levantamiento- 
de terrenos volcánicos, quizá en los tiempos históricos, 
y cuando ya la costra de la tierra estaba enfriada. Jordán 
proclamó el exterminio, el degüello y la confiscación ayer 
no mas, y tuvo secuaces. 

Rosas era un republicano que ponía en juego todos lo& 
artificios del sistema popular representativo. Era la expre- 
sión de la voluntad del pueblo, y en verdad que las actas 
de elecciones asi lo muestran. El furor popular solía á 
veces excederse de lo que las leyes permiten, como en 
las demostraciones populares. La Sociedad Popular es el 
Club permamente que expresa la opinión dominante. La 
antorcha de la prensa hace la luz en todas las cuestiones. 
El gobernante «se inclina reverente, son sus palabras,, 
ante la soberanía popular representada por la Legislatura». 
La responsabilidad del poder lo abruma, y á cada momento 
presenta su renuncia, reclamada por sus dolores domés- 
ticos. Nunca aspiró á ser monarca. ¿Era hipocresía? 

Este será un misterio, que aclararán mejores y mas 
imparciales estudios que los que hasta hoy hemos hecho. 
No todo era terror, no todo era superchería. Grandes y 
poderosos ejércitos lo sirvieron años y años impagos. 
Grandes y notables capitalistas lo apoyaron y sostuvie- 
ron. Abogados de nota tuvo en los profesores patentados 
del derecho. Entusiasmo, verdadero entusiasmo era el 



326 0BEA8 DE SiLUtítENTO 

de millares que lo proclamaban Héroe del Desierto^ y el 
Grande Americano. La suma del poder púbíko^ todas palabras 
vacías, como es vacio el abismo, le fué otoríiada por acla- 
mación ^ Sí^/ííííws eonsuUus y plebiscito^ sometiendo ai pueblo 
la cuestión. Hubo, hay mucho de real en toda aquella 
pesadilla sangrienta que duró veinte años, y que cuando 
estamos ya despiertos, bien despiertos, en un momento de 
distracción ó abstracción vuelve á presentarse, y nos hace 
sobresaltarnos, aunque lo olvidemos al día siguiente de una 
victoria. 

¿Era el alma de Felipe II, que como los manes de Nerón 
conmovía á la Roma cristiana cuatro siglos después de su 
muerte ? Por lo que á Rosas respecta creemos que estaba 
mas cercano el modelo. 

Era doctrina recibida como buena moneda, lo que ahora 
llamamos los excesos de la revolución francesa, á que la 
Francia ha rendido culto setenta años después, sin excluirá 
ninguno de sus escritores; pues cuando Mignet, el republi- 
cano Mignet, intentó estigmatizarlos, se levantó la opinión 
republicana contra el osado blasfemador. Tres veces ha 
fracasado el gobierno constitucional monárquico ó republi- 
cano ante el fantasma evocado ó galvanizado de la Montaña 
ó de la Comuna, 

No era necesario que Rosas leyese libros. Estaba en la 
atmósfera americana el prototipo aquel del gobierno crimi- 
nal en nombre de la justicia, la tiranía para hacer triunfar 
la libertad, la sangre para fecundar los derechos del pueblo. 
Añadiré á este credo la barbarie de los campos entre nosotros, 
y los hábitos crueles que según los norte-americanos, les 
comunica á ellos mismos en las poblaciones fronterizas, el 
contacto con los indios. Rosas era popular; lo que no era 
popular era el derecho y la justicia. No lo es mucho todavía. 

Un día la ciudad fué sorprendida por sucesivas descargas 
de fusilería, con tiros intermediarios, cual si se diera una 
batalla. Súpose luego con estremecimientos de horror que 
en la plaza del Retiro habían sido fusilados por grupos 
ochenta indios ! ¿ Por qué, para qué ? Acaso para eso solo, 
para que cada uno se preguntase, para qué. ¿ Este es un 
plagio horrible in anima vili de las matanzas de Septiembre 
en la revolución de Francia? Los sucesos marchan. Con- 
cluye Rosas su gobierno. El héroe de la matanza de San 



Nicolás sale con ejércitoal desierto, vuelve y como Pompeyo, 
lo licencia a las puertas de Buenos Aires y se acerca k ia 
ciudad. Los unitarios habían abandonado el país, bascando 
seguridad, ya que los tratados con Lavalle ó Fragueiro á 
nadie la daban- Una escisiotí se había obrado en el único 
partido existente. Los LcmoB negros eran Jos federales que 
lo eran por oposición á RivadaviUs por cuestiones de cam- 
panarioj por convicción, ambición ú otras causas. Lojnos 
coloradm los que seguían las inspiraciones de Rosas exclusi- 
vamente. Rosas fué electo Gobernador; y entonces al calor 
de la victoria popular, principió Ja creación del nuevo sis- 
lema de gobierno absoluto^ con retención de las formas del 
gobierno republicauo. 

La tentativa heroica de Lavalle en 18i0, fué solo parte á 
desencadenar las furias, y las matanzas y el degüello 
tomaron toda su hitensidad y la forma de ia ley. El terror 
se cernía sobre todos los ánimos ya en ISiO, con cuatro 
años de progresar como un pólipo. Ese año se edificaron 
treinta y cuatro casas, cuando venían edificándose de diez 
años atrás, ciento cincuenta ea término medio. ¿Para qué 
hacer casa sobresuelo que se hundía bajo los pies? La 
persecución barrió ese s^uelo de todo temor ni aun remoto 
para el tirano popular; la emigración dejó el país á los 
verdugos. 

Un año transcurrió de quietud sepulcral y otro mas, y 
entonces los rebuscones de víctimas encontraron todavía 
en los hombres mas inofensivos una nueva presa. El 
rumor empezó á ci rcular de que iban á degollar al doctor Velez 
y este rumor era conocido precursor de trágicos sucesos. 
Veíanse hombres rondando su casa; cabezas siniestras aso- 
mar á su puerta. Mas tarde estos síntomas aparecieron 
en casa de don Manuel Guerrico á quien Rosas había pro- 
tegido en sus primeros años; ysólOjSalvó diciendo al sir- 
vienie de Rosas que escalaba su casa: Ya te CL^nozco ! Voy 
á avisarle luego ;i don Juan Manuel que andas saltando 
murallas, Don Juan Manuel tomado infraganti en su criado 
se dio por avisado, y dio tiempo á embarcarse á Guerrico. 

El doctor Velez tenía abierto su estudio de abogado, y no 
obstantesu establecida y no disputada fama, la sombra de 
un cuente no obscureció en un año la luz de sus puertas. 
Habrían temido lofj unos presi3ntar ante los jueces tal 



[ 



^38 ÜBRAS DiS SAHMllCNrO 

patrón de sus derechos : á menos y á deshonra habrían 
tenido otros tenerlo por abogado. iQué juez lo habría oído \ 

Fué preciso esconderse, cambiar de casas, para escapar á 
las acechanzas, embarcarse al fin y buscar como tantoa 
otros con peligro de una hora, la salvación de la vida. Esto 
en 1842 (*)• 

Montevideo era entonces el asilo de los emigrados argen- 
tinos. Allá los alcanzó la guerra con Oribe, y el mundo al 
fin prestó atención diez años después al memorable sitio de 
aquella nueva Troya. 

El doctor Velez no era hombre de armas llevar, bien que 
participaba de la simpatías y las esperanzas de todos los 
que combatían. Su antigua amistad con el General Paz, jefe 
de la plaza lo tenía al corriente de cuanto se hacía, que no 
fuese los planes y ataques que siempre fueron, con gene- 
ral tan hábil y precavido, un secreto para todos. Una rela- 
ción formó entonces y de que conservó siempre el mas 
grato recuerdo. 

El General Garibaldi, que agregó un reino á la Italia 
unida, fué presentido, adivinado por su amigo, el doctor 
Velez. Pasaban juntos las veladas en el cuartel de la Legión 
italiana, á obscuras, pues por economía el General no encen- 
día luz. De las raciones sobrantes vestía sus reclutas ó 
remontaba de calzado á su tropa. Nunca pidió nada al 
Gobierno, nunca toleró una falta á sus soldados, la mitad, 
decía, corsarios del archipiélago griego, gente desalmada, y 
deudores muchos de muertes. Él los dominaba con su ener- 
gía, su valor, y su solicitud paternal. En aquellas veladas 
sin luz, entre esos soldados sin otra patria que el campo de 
batalla, Garibaldi hablaba ya de ir á Italia con su legión, 
de desembarcar y tomará Ñapóles para completar la unifi- 
cación italiana; y esto dicho y repetido siempre, sin fanfa- 
rronada, casi Ci)n indiferencia, como de una cosa sencilla y 
vulgar. Asombrábanse los circunstantes de oir de boca de 
hombre tan cuerdo, tan tranquilo, tan racional siempre, 
repetir esta aserción, compadeciéndose del patriota iluso 
que así olvidaba la distancia y la pequenez de sus medios. 



( 1 ) Siendo Asesor de Gobierno el doctor Velez presentó un reclamo el que lo per- 
seguía entonces para prenderlo. El Asesor lo despachó favorablemente porque 
tenía á ello derecho. 



TBLEZ SAARBFIELD 329 

Cuando llegó la noticia de que el General Garibaldi había 
desembarcado en Italia y tomado el reino de Ñapóles, el 
doctor Velez repetía alborozado: Nos lo había asegurado 
mil veces que así lo baria« y el hecho es tal como lo anun- 
ciaba con la tranquilidad y seguridad que de maniaco nos 
parecía. Sin eso lo reconocía de antemano, y por sus grandes 
hechos en América, como por su sublime sencillez, héroe 
del tipo de los de la República romana, del tiempo de los 
Camilos y de los Scipiones, tal como lo ha proclamado el 
mundo después. 

La anarquía se insinuó al fin en la plaza de Montevideo. 
El General Paz abandonó el mando, y una reacción ribe- 
rista expulsó á los argentinos. 

Nada masque salvar el bulto por algún tiempo quedaba 
allí de interés á los que no podían cargar armas ó redactar 
diarios. Ningún punto del territorio argentino estaba libre 
del poder de Rosas; ni aun la subsistencia era posible 
asegurar en plaza agotada por un sitio de tantos años. Su 
profesión de abogado había dado al doctor Velez medios de 
atender á su familia en Buenos Aires, desposeída de sus 
bienes por la confiscación. 

Llamábanle sus amigos de aquí y muchos de los hombres 
influyentes en la situación, ya que el furor popular se 
había habituado al reposo, no encontrando resistencia y 
cansado Rosas, según lo repitió en sus mensajes, del ejerci- 
cio del poder. Volvióse, pues, á Buenos Aires, como muchos 
otros que no pudieron emigrar á Chile, Perú y Bolivia, como 
algunos jóvenes y militares. 

Vuelto al seno de su familia sin hogar, pudo entonces 
medirla profundidad de la común miseria. Su casa estaba 
á fuer de salvaje embargada, habitada por extraños ; sus 
muebles y preciosa biblioteca, rica en obras raras de dere- 
cho y de manuscritos históricos había sido desparpajada 
por el martillo del rematador. Su quinta, la que fué de Gri- 
gera (de donde salió antes de adquirirla la primera revolu- 
ción de paisanos que á mano armada derrocó el primer 
Gobierno de Buenos Aires) había sido partida en dos por 
una calle de atraviesa áfin de que carretas y cabalgaduras 
pasasen de uno á otro lado. Los techos, ventanas y puer- 
tas de la casa, sacadas por el Juez de Paz para su uso per- 
sonal; y en la estancia de Arrecifes que dejó poblada con 



330 OBRAS DB SARMIENTO 

diez y sais mil cabezas deganado^y era x^^^íf" entonces una 
estancia modelo, una mancha blanca sin pastos y algunos 
montones de escombros y basuras seiialaban al pasante el 
lugar donde habían habido casas, establos y galpones. 

No volvió á repoblarla después de restablecida la segu- 
ridad y las instituciones protectoras de la propiedad, no 
obstante el valor que adquirió y la riqueza que asegura 
hasta hoy la ganadería, tan honda impresión le dejó el 
desastre. 

Rosas hacía tiempo había levantado la confiscación de 
los bienes de los salvajes unitarios, mediante solicitud para 
obtenerlo, sucediendo muchas veces, encontrarse mas ricos 
con los ganados reproducidos, gracias á un Juez de Paz 
benévolo ó amigo, que tenía cuidados los bienes confis- 
cados. 

Hemos dicho que Rosas inventaba candida ó maliciosa- 
mente un gobierno. Creó un sistema de pedir el desem- 
bargo de los bienes, que para explicación de lo que al 
doctor Velez concierne necesitamos recordar. Esparcida 
la voz de que se desembargaban los bienes solicitándolo, 
las familias por centenares acudían á Palermo de San 
Benito, su residencia, con solicitudes por escrito. 

Vióse luego que á nadie se despachaba sino pasadas 
las doce de la noche, y desde entonces los cientos iie fami- 
lias solicitantes se dirigían desde Buenos Aires á Palermo 
á la caída de la tarde, á pie, pues habría sido muestra de 
orgullo ir en coche. 

La imposibilidad de mantenerse en pie toda la noche, 
y la incongruencia de imaginarse siquiera que les ofreciese 
asiento, hizo que cada una se proveyese de alfombra, con 
lo que podían estar sentadas como es el uso de las damas 
españolas en la iglesia, tomado de los árabes. El patio y 
galpones de Palermo (*) era una mancha negra de señoras 
agrupadas, conversando en voz baja, para matar el tiempo. 
La cruel experiencia de algunos días les enseñó que podrían 



( 1 ) La arquitectura de la casa de Palermo es invención de Rosas. Ediflclos de 
habitación incómodos por falta de separación, con patio en torno y construccio- 
nes abiertas en las esquinas que imitan en mampostería el galpón de las estancias, 
como las columnas dóricas recordaban en el arte griego los puntales de madera 
(Uorcones) que sostenían la techumbre de la choza en los pueblos primitivos. 



YBLKZ SA^ARSFieLD 331 

morirse de sed, pues soldado ni sirviente se daba por en ten* 
didOi cuando le pedían una poca de agua. Cada familia 
llevaba consigo una botella del requerido liquido, á que se 
añadían bizcochas ú otras ligeras colaciones. Entre las 
once y las doce de la noche, nunca antes, salía un edecán, 
y con voz estentórea, gritaba desde la puerta del palacio; 
I Fulano de tal! Su familia acudía al llamado, y se le entre- 
gaba proveída cómese pide, la solicitud de desembargo, 

A veces dos eran llamadas, rara vez tres en una noche, 
con lo que se dispersaba la concurrencia, debiendo volver 
al día siguiente, pues se notó luego, que si un solicitante 
era llamado, y no respondía, no se le entregaba su solicitud 
después, y quedaba postergada indeñnidamente. Meses y 
meses duró la romería, sin alterarse en un ápice el cere- 
monial, babiendo muchas familias, muchísimas que asis- 
tieron meses sin faltar una sola noche. 

De este enojoso formulario fué exceptuado el doctor Yelez, 
cuando solicitó entraren la posesión y goce de lo que de 
sus bienes se conservaba, si bien las calculadas demoras 
le hicieron esperar largo tiempo, hasta que un día fué lla- 
mado, y ManueHta puso en sus manos despachada favora- 
blemente su solicitud, acompañando la entrega, con tales 
muestras de deferencia y afecto, que debieron sorprender 
al solicitante; pero que los hechos poaterioreíí confirmaron» 
no debiendo como lo exigían las circunstancias negarse á 
la exigencia amigable que se le hacia de dejarse ver en 
Palermo algunas veces* 

Esta circunstancia dio lugar entonces, y mas tarde á 
malevolentes críticas, llegando la preocupación y la malig- 
nidad a atribuirle relaciones con Rosas, y aun adherencia 
á las formas de su gobierno, que aun en lo que afectaban 
de verdadera federación repugnaban á su recto juicio; 
pues en tiempos mejores solía decir, como impugnación al 
empeño de establecerla, «yo he conocido la federación en 
mangas de camisa y chiripá», aludiendo á las salvajes y 
bárbaras escenas que había presenciado en Santa-F e con 
López; en Córdoba mismo con Ramírez decapit^ido por su a 
mismos correligionarios, y en todas partes con Rosas, Quí- 
roga y demás sostenedores de la mentida Federación» 

Dio lugar aun en Montevideo á desfavorables comentos, 
entre sus propios correligionarios el anuncio de La Gaceta 



332 OBRAS DB SARMIENTO 

de haber pronunciado un brindis el Doctor en una ñesta 
federal en San José de Flores; y acaso se propagó el rumor 
de que tenia entrevistas con Rosas, por una invención de 
Manuelita, forjada visiblemente para imponer respeto hacia 
su persona al Juez de Paz de Flores, bajo cuya jurisdicción 
estaba la quinta que en Almagro poseía el doctor Velez, y 
que aun después de devuelta, no estaba seguro de la ani- 
madversión del Juez, federal neto. 

Refiriéndose á estos cargos, el doctor Velez ha subminis- 
trado, en conversaciones con sus amigos^ los siguientes 
datos que tienen el interés de la novedad y extrañeza de 
la forma. 

Llamado poco después á Palermo, Manuelita le anunció 
que tatita necesitaba tener una conferencia con él, seña- 
lándole día. Es de imaginarse la sorpresa primero, la 
ansiedad después, hasta llegado el día indicado. ¿Qué será., 
que no será? Vuelto á Palermo, la conversación fué como 
siempre familiar y sobre materias indiferentes. A eso de 
las once un ligero movimiento de una puerta llamó la 
atención de Manuelita, que se levantó, entró hacia adentro 
y volvió á salir, diciéndole, tatita lo aguarda : entre por esa 
puerta. 

Palpitándole el corazón de sobresalto llegó hasta donde 
divisaba bajo el corredor la figura de Rosas, de pie con su 
sabanilla ó poncho colorado y sombrero de paja de grandes 
alas, que era su traje habitual en Palermo. Después de los 
saludos de uso, Rosas principió un monólogo sobre su 
gobierno ó su situación, interrumpido tan solo, juntando 
las manos elevándolas al cielo, é inclinando la cabeza 
devotamente, por esta observación, porgue /a Divina Providencia 
que tan visiblemente me protege hace ó quiere, etc., según el 
caso, y siguiendo el panegírico de su gobierno, á cada período 
venía el estribillo porque la Divina Providencia que visiblemente 

me protege con el mismo acompañamiento de levantar 

ambas manos al cielo é inclinar devotamente la cabeza. 
Habló una hora, sin que hubiese ocasión de contestar ni 
asentir á lo que decía, pasando de un asunto á otro inco- 
nexo por digresiones, á merced de las palabras finales. ¡Una 
vieja bachillera diciendo inepcias de hacer quedarse dor- 
mido, he aquí el terrible tirano que puso miedo á las 



VELBZ 8A.A.a3FIELD 333 

potencias europeasl La Mashorca érala encarnación visible 
de la Divina Providencial 

Y todo esto parados atnbos^ gesticulando uno, serenado 
ya el otro por el desprecio y el ridícuio de penetrar en el 
maneta sanctorum úe] absoluto terrorista, para ver la última 
expresión de la estupidez humana. ¡Y tanta sangre derra- 
mada, y tantos que han muerto sosteniéndolo ! 

Al fin ocurriósele hablar del asunto que motivaba el 
llamado. Era para consultarle sobre cierto embarazo que 
el Nuncio Apostólico ponía á una lerna que para nombra- 
miento de ObispOj elevaba Rosas á Su Santidad, Informado 
del caso^ el docior en Teología, le contestó que era errado 
el procedimiento; que las iglesias americanas no presen- 
taban lerna al Papa, sino que sus gobiernos^ creado vicario 
el de España aun antes de la erección de todas ellas» pro- 
veían por su propio derecho á la colación de todos los 
oficios, y presentaban los Obispos al Papa para la conce- 
sión del palio. 

Desatóse entonces Rosas, en improperios contra Leites, 
su miní&tro,acusándülo de ignorante, lamentándose de no 
tener quien lo ayudase; y como rogase á Velez que le 
hiciese un borrador de la nota que debía pasarse al Nun- 
<jio, reclamando este derecho, el doctor se negó á ello, 
ofreciéndole en cambio escribir un tratado en que estuvie- 
sen expuestos los principios del derecho canónico ameri- 
cano, en relación con el estado y la práctica secular esta- 
blecida, con lo que terminó la conferencia. 

Este es el origen del tratado del Derecho público edeÉimtico 
en relacton con el Estado^ que corre impreso, y la única compi- 
lación razonada que se ha hecho en Améilca de nuestro 
derecho canónico en cuanto al patronato y nombramiento 
de funcionarios eclesiásticos. Las iglesias americanas fue- 
ron creadas por el gobierno civiL La sangre de sus soldados 
convertía los infieles, con sus rentas editicaba las iglesias, 
y líis dotaba; y como el descubrimiento y conquistas de la 
América era un programa que se iba poco á poco reali- 
zando, antes que las iglesias existieran, una vez por todas, 
la sede apostólica dio al patrón creador y sostenedor de la 
obra, los medios de proveer á las necesidades que habrían 
de sobrevenir, con el discurso del tiempo. 

El escrito del doctor Velez^ como lo dijo tan bien el Pre* 



J34 OB^AB VE BARMIEJSÍJO 

sident€ Avellaneda sobre eu tumba, ha s^nrjdo en efecto 
¡/aiasubHtiaer á la República Argentina de io& coiiílietos eo 
que han caído otras secciones ameñcsna^, por haber olri- 
dado giis gobiei nci8 que eran jefes natos de eu«? lj¿:le&iaB, en 
cuanto & Ja erección^ soplen y f>ersonal de sus empleados, 
y eería indiscreción írof>erdonable abanJanar e&ia fólida 
base, y ísiiauvno% en las dificultades que Itífi cuestiones 
religíosaí^ suscitan y tienen en ccíniíuua alarma k los 
pueblos. 

De todo el pretendido conUcto dei dccior Telez con 
Rosas« queda sólo un monumento de ciencia, y una áncora 
de salvación para las (generaciones fuiura^ y la verdad 
histórica que el doctor Velez no vio á Roi?^5> ^ino en San 
Nicolás p^ra obtener su pasa|>orte, y aqueKa ivocheque lo 
entrevio en Palermo á la luz pálida de la luna, ó á la cía- 
ridad incierta de las estrellas. 

Dio la rejjtíticion posterior del cargo de adhesión á la 
IH>ljtÍcu de HoHas, lugar á que una señora de la familia do 
liosas le escribiese á éste á luglaterra^ pidiéndole su testi- 
monio» lo que motivó una carta de Roí^tíS, escrita como 
para ser leída de todos, pues no había de hacer, como lo 
hace, un manifiesto de sus ideas sobre gobierno, para edU 
íicar á un deudo suyo femenil, después de haberla satis- 
fecho sobre el motivo principoL Están originaf,&in embargo^ 
el lenguaje, tan absurdas tas ideas, tan embrollado el pen- 
samiento que creemos oportuno publicar tt^mbieu lo quo 
de ella se refiere á su política* Dice así la carta: 

i ..*.,,,. 

«No es cierto que el doctor don Dalniíício Velez Saars- 
íield^ní ninguna oli'a persona me aconsejaran la ejecución 
de Camila O'Gorman, ni del cura Gutiérrez. Durante presidí 
el gobierno de la Provincia Bonaerense, Encardado de laa 
RelacioueH Exteriores, y con la suma del puder por la ley» 
goberné puramente según mi conciencia, 

a Soy, pues, el ünico responsable de todos mis actos, dts 
mia hechos buenos como de los malos, de mis errores, y de 
mis aciertos. 

ci Pero la justicia para serlo debe tener dos orejas: aun 
no 36 me ha oído, 

R El señor doctor Veiez fué siempre firme, á toda prueba, 
ensus vistas y principios unitarios, según era bien sabido 



YELEZ SAARSFLSLD 335 

y conocitio, como también su ilustrado sabe¡% práctica y 
estudios, en los altos negocios del Estado. 

c Y lo erau también en sus vístus y opiniones unitarias» 
algunas otras personas respetables, honradas y de capaci- 
dad, distinguidas, 

tt Pero personas que no faltaron en sus respetos debidos 
al Gobierno, 

« Y Cí*mo nunca miré las opiniones de ambos partidos, 
precisamente como razones, respetaba, y consideraba á esas 
person as j tanto mas cuando yo mismo dije varias veces:- 
ft Obsérvese que una muy cara y doloro.sa experiencia nos 
ha hecho ver prácticamente ser absolutamente necesario 
entre nosotros et sistema federaí, porque entre otras razo- 
nes de sólido poder, carecemos totalmente de elementos 
para un Gobierno de unidad. 

«Obsérvese que una República federativa^ es lo mas qui- 
mérico y desastroso que pudiera imaginarse, toda vez que 
no se componga de Estados bien organizridos en sí mismos, 
porque conservando cada uno su soberanía ó independencia^ 
la fuerza del Gobierno General con re^npecLo del interior de 
la Ilepública, es casi ninguna, y su principal y casi toda sa 
investidura es depura representación, para llevar la voz k 
nombre de todos los Estados Confederados, en sus relacio- 
nes con las naciones extranjeras; de consiguiente, si dentro, 
de cada Estado en particular no hay elementos de poder 
para mantener el orden respectivo, la creación de un Go- 
bierno General Federativo Representativo, no sirve mas 
que para el desborden parcial que suceda, y hacer que el 
escándalo de cualquier Estado, se derrame por todos los 
demás. 

ftEl Gobierno General en una República Federativa no 
une los [jueblos federales; los representa unidos, no es para 
unirlas, es para representarlos ante las naciones. 

«No se ocupa de lo que pasa interiormente en ninguno 
de los Estados, ni decide las contiendas que se suscitan 
entre si. 

iíEn el primer caso sólo entienden las autoridades parti- 
culares del Estado, y en el segundo la misma Constitución 
tiene previsto el modo como se ha de formar el Tribunal 
que deba decidir. 

<t En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno. 



336 OBRAS DB SARMIENTO 

General, la desunión lo destruye: él es la consecuencia, el 
efecto de la unión, no la causa: y si es sensible su falta, es 
mucho mayor su caída, porque nunca sucede sino convir- 
tiendo en funesta desgracia y anarquía, toda la Repú- 
blica. 

«No habiendo, pues, hasta ahora entre nosotros unión y 
tranquilidad, menos mal es que no exista el Gobierno Gene- 
ral, que sufrir los terribles estragos de la disolución. » Eran 
esas mis vistas y opiniones en todo el tiempo que presidí al 
Gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones 
Exteriores déla Confederación Argentina. 

« Son bien conocidos, y publicados los consejos, encargosi 
y órdenes, de la ex-comision unitaria en Chile; ahora no 
tengo tiempo para ocuparme de buscar esas publicaciones 
que asombran, afligen y espantan, en sus terribles conse- 
cuencias, funestos resultados. Ni es tiempo oportuno para 
traer á consideración detenida, esas inauditas matan- 
zas (1)». 

La única observación que en este lugar nos permitire- 
mos hacer sobre esta singular teoría de gobierno es definir 
á la República Argentina, que según Rosas no podía ser 
unitaria por faltarle los elementos que tienen, sin embargo, 
todos los pueblos de la tierra para hacer gobiernos libres ó 
despóticos, monárquicos ó republicanos, civilizados ó salva- 
jes, ni tampoco una República federativa, como los Estados 
Unidos ó la Suiza, que de esta forma sí, suele decirse faltar 
•elementos en los países que quisieran adoptarla. Nadie 
ha hecho como Rosas en esta carta una refutación mas com- 
pleta de la federación que tanta sangre derramó. 

Recuérdanos esto la idea de un travieso definiendo los 
anfibios, como animales que no pueden vivir en la tierra, 
y cuando se echan al agua se ahogan. Nuestro Gobierno 
no podía ser unitario como todos, ni República federal. 



(1) No hubo sino hasta 1842 comisión unitaria en Chile. Las publicaciones á que 
^lude porque no hubo otras substanciales, son el Facundo, La Crónica, cuyo número 
nueve contiene un programa ó plataforma de las aspiraciones de los enemigos 
4e su política, ArgiropolU y Sud-Ámirica, publicaciones que existen en manos de 
todos» y no se sabe que hayan hecho otras Inauditas matanzas, que ayudar á ma- 
tar en Caseros á aquel á quien la Providencia para castigo, parecía proteger tan 
visiblemente. 



YSLB2 8AAB3FIBLD 337 

¿Podía ser una autocracia como la de I van de Rusia? Pues 

esa es la quinta esencia de la unidad, con la suma del 
poder ! 

V 
Renacimiento 

El tres de Febrero de mil ochocientos cincuenta y dos, 
€ada íiabitante de Buenos Aires, con expectaciones di ver- 
sas, oía retumbar á lo lejos el canon, conjeturando cada 
unoá su modo las peripecias de la batalla que se estaba 
dando. El cañoneo en Caseros se acerca; se aleja; luego 
triunfa Rosas, unos; los aliados, otros; hasta que el cañoneo 
cesó del todo, jQué angustia! ¿Quién habrá ganado? A las 
tres de la tarde, grupos de dispersos colorados asomaban 
por las calles de Buenos Aires; y el doctor Velez, dando por 
cierta la caída del tirano, con sólo aquel indicio» lanzóse 
á la calle, y fuera de s¡^ y abandonando su compostura 
habitual, denostaba á gritos á los derrotados, dando por 
llegada la hora tantos años esperada» sin esperanza, de la 
libertad de la patria. 

Loque siguió á la batalla de Caseros pertenece i la his* 
toria; y sólo recordaremos la ansiedad con que en los 
primeros días después del cambio, el público trataba de 
adivinar por las manifestaciones del momento, pasados los 
primeros días de alborozo, cuál seria la política del termí- 
doriano{^) vencedor. Su pensamiento, bien fijo de antemano, 
€ra llamar al gobierno á los federales ^uems^ según él los 
distinguía, con exclusión de los unitarios. Acaso la idea 
era discreta^ aconsejando la prudencia no entregar el poder 
€n los primeros momentos á los por tantos años oprimidos. 
Pero no aceptaron, dicen, el Gobierno el General Pacheco, 
ios Ancho rena, si bien el doctor Lopez^ de conocida man- 



ila Usamos de este calificativo, en lagar de revoluclonea de palacio que Indica Ja 
deposlclOD de emperadores y reyes por sus propios ge o erales ministros, y aun 
tiijQS. Los que depusleroQ & Robesplerre, TaUlen y otros eran:có[iipllcei y fauto- 
res de aquella íiorríble tiranía popular como la de Rosas, y del mes de Termldor 
en que ocurrió la revolución ba quedado el caltílcativo termldorltnQ. 

Tomo unt.— SJt 



338 0BRA8 DB SARMIBNTO 

sedumbre, echó sobre sus fatigados hombros, carga tan 
abrumadora. 

Pocos días pasaron sin saber á qué atenerse la opinión 
pública sobre punto tan importante. Súpose de agentea 
mandados á las provincias á tranquilizar á los vitalicios 
mandones, aun á aquellos que le habían hecho guerra, 
como aliados de Rosas. Una proclama declaró el cintillo 
colorado emblema del patriotismo, y á los unitarios persis- 
tentes enemigos del orden. 

Tratándose de reunir un Congreso, encontradas opiniones 
luchaban en los consejos del General, á quien una victoria 
mas en su foja de servicios, no era por cierto parte á 
hacerle cambiar de hábitos de predominio, aunque la escena 
hubiera cambiado totalmente. Indujéronlo á convocar un 
meetingó consejo de notables de ambos partidos, y el doctor 
Velez no fué olvidado. Un sencillísimo símil suyo, pareció 
despejar situación tan nebulosa. Cuando hubo de tomar 
la palabra «¿para qué, dijo, es ese querer entrar por la 
ventana, cuando las puertas están de par en par abiertas? 
El que ha tenido la gloria de derrocar la tiranía, es el único 
candidato posible para la presidencia del Gobierno Nacional 
que va á constituirse. Deje, pues, á los pueblos en libertad 
de reunirse en Congreso, según las reglas conocidas.» 

El doctor Alsina, allanando mas el terreno, creyó que todo 
estaba salvado, con un decreto convocando al pueblo á 
elegir Diputados, uno por cada veinte mil habitantes, según 
lo ya establecido en Congresos anteriores. Gustóle al Ge- 
neral la idea de Velez, y á sus secretarios ordenó que se 
entendiesen con él para llevar á cabo inmediatamente el 
pensamiento. 

Nadie reclamó su consejo, sin embargo, ni ese día ni los 
subsiguientes, hasta que apareció el decreto llamando á 
Convención álos Gobernantes mismos que habían sido los 
seides de Rosas, y recientes enemigos del General vence- 
dor. Llamábales el decreto los Guardianes de los pueblost 
El hecho de reunirse los antiguos caudillos en conciliábulo 
tan repugnante á toda noción de gobierno, cualquiera que 
sea su forma; el título de guardianes (de por vida, que la 
eran á fe) á los que la batalla de Caseros y el sentido co- 
mún declaraban vencidos y depuestos, y mil incidentes, 
sin excluir los antecedentes del General vencedor mismo» 






YBLEZ SAARSFIRLD 239 

autócrata de su provincia, acreditaron la preocupación de 
que lejos de ser los pueblos, por aquella batalla libertados, 
no ocurría mas cambio que el de una persona, organizán- 
dose definitivamente el ya gastado personal del caudillaje 
en constitución permanente del Estado. £1 segundo tomo^ 
fué el dicho popular. 

Mas la desesperanza se trocó luego en enérgica protesta 
para salvar de una nueva dinastía, que no prometía ser la 
de los Flavios al extinguirse la de los Césares. Debatién- 
dose esta cuestión en los diarios, el doctor Velez lanzó en la 
prensa otra de esas frases sintéticas, que definen una si- 
tuación: «Un pueblo, dijo, no pttede ser semi-libre y semi-es- 
clavo»; y el de Buenos Aires quiso ser del todo libre, arro- 
jando cada habitante la careta del disimulo. Suscitóse 
duda deque tal pensase la mayoría, y dos mil firmas dieron 
por lo pronto la afirmativa, mientras que el General Lama- 
drid, que provocó á un contra-manifiesto, sólo alcanzó á 
reunir poco mas de cuarenta. 

La Legislatura se renovó integralmente bajo estas in- 
fluencias, con lo que Buenos Aires entraba de lleno en el 
sistema representativo, con las inherentes atribuciones que 
el concenso universal da á esta rama del poder. El doctor 
Velez era representante, y susurrándose ya que había un tra- 
tado celebrado entre Gobernadores, hizo moción para que 
se pidiese á los Ministros del de Buenos Aires, ausente por 
haber acudido á la convocatoria, presentar el convenio, 
tratado^ acuerdo ó lo que fuere, para la debida y necesaria 
aprobación de la Legislatura. 

Todo lo que en Buenos Aires había de vivaz asistió á 
aquella memorable sesión. El representante Velez que la 
había provocado, tomó la palabra. Era el único miembro 
del Congreso de 1826, el último Parlamento libre de la 
República, como era ésta la primera Legislatura ver- 
dadera después de treinta años. Tenía el presentido 
orador cincuenta años, su hermosa y abundante cabellera, 
ligeramente rizada y cuidada siempre por manos afectuo- 
sas pintaba en canas^ sin haber decaído ni con la edad ni 
con el estudio, pues ni á los setenta fué calvo. Su estatura 
elevada, su voz sonora y su elocución firme y autorizada 
daban majestad á su palabra. Desplegó todas las dotes 
que la convicción ostenta en las buenas y grandes causas, 



340 OSEAS DB SARMIENTO 

cuando la pasión está regida por la ciencia. Estremeci- 
mientos de las fibras de los apasionados oyentes respon- 
dian á cada periodo de su cerrada argumentación. EHamos 
^alvadoíi} era el acuerdo con que la opinión contestaba al 
acuerdo de San Nicolás, que dejó de ser un misterio, 

Ei orador remontándose á las nociones elementales, 
mostró que desde el albor de la revolución de la Indepen- 
dencia tenían ya nuestras padres trazada la historia del 
derecho consuetudinario y escrito, en términos que deben 
recordarse: 

ffLa resolución de la sala, dijo, establece, que el P. E. no 
puede hacer y ejecutar tratados públicos, sin que ellos 
obtengan la sanción del Cuerpo Legislativo. Este es el de- 
recho escrito de la República Argentina. Este es el derecllo 
que nos legaron los venerables hombres que en 1816 de- 
clararon la Independencia de la República* Después da 
aquel memorable acto, dieron inmediatamente una consti* 
tucion interina para el Gobierno del Estado, el Reglamento 
Provisorio de 1817, y en él establecieron que el P, E. antes 
de duplicar y ejecutarlos tratados que celebrara debía so* 
meterlos k la aprobación del Cuerpo Legislativo. Lo mismo 
ordenó el Congreso General de 1824 por la ley de 23 de 
Enero de 1825, por la cual arregló el Gobierno interino de 
la República. Este es también el derecho consuetudinario 
de Ja antigua patria; pues el primer tratado que celebróla 
Nación, el tratado cun la Inglaterra, antes de su publica- 
ción y ejecución, se sometió en esta misma Sala á ía apro- 
bación del Congreso General. 

aEstees también el derecho que la República ha pensado 
darse toda vez que ha proyectado alguna constitución gene- 
ral» Asi se determinó en la Constitución sancionada en 
1819, en la que después se dio en 1826. Este es también el 
derecho escrito en la Provincia de Buenos Aires, como re- 
fiulta de todas las leyes que antes de ahora la Comisión 
ha hecho presente á la Sala. Este también es su derecho 
consuetudinario, como aparece de todos los tratados que 
se han sometido á la aprobación de su Legislatura, y que 
la Comisión ha enumerado. Estas son, pues, las leyes de 
la Nación y de la Provincia* Estas son las leyes, los usos 
y las prácticas que nos legaron nuestros mayores, 
«Estas son las costumbres del antiguo tiempo, y del 



TKLEZ 3AÜRSFIBLD 341 

tiempo de ahora. Estas son las leyes, los usos, las costum- 
bres y las prácticas que los Legisladores de la Nación y de 
la Provincia nos han dejado como principios invariables de 

Io3 poderes públicos. La Sala solo quiere que no se alte- 
ren, que se observen tan solemnes sanciones, que hacen la 
base del Gobierno Republicano. Ninguna otra cosa exige: 
no hace ninguna novedad: quiere sólo que se observe 
el derecho político de la República Argentitia, que es 
el mismo que ha adoptado la Provincia de Buenos 
Aires.» 

La cuestión era sencilla. Por aquello de que abyssus 
abysmm inrocaU una monstruosidad inútil había |sido necesa- 
ria para encubrir otra monstruosidad imposible. La batalla 
de Caseros había terminado el reinado de los caudillos, 
elevando al rango de libertador al de Entre Ríos, líamado 
k continuar á Rivadavia, como si el periodo que comienza 
Dorrego y terminó Rosas, no hubiera existido. Pactar 
innecesariamente con los tiranuelos desarmados y por el 
prestigio de aquella batalla vencidos, era tentar á la Pro- 
videncia y pedirle que violase las leyes inmutables que 
hacen seguir k las causas los efectos. Convocar oficial- 
mente una Asamblea deliberante de esos mismos gober- 
nadores, como arbitros todavía de los destinos de los pue- 
blos que de veinte años atrás regían, era sublevar la 
conciencia íntima y dar á la historia el primer escándalo 
de este género. Ni los reyes despóticos han hecho alarde 
de sus acuerdos, sin que ministros diplomáticos los hayan 
revestido de las formas del derecho público. 

Buenos Aire»» porque Buenos Aires era esta vez, federales 
y unitarios, salvando las formas tan arbitrariamente vio» 
ladaa, no defendía su propia causa. Su tirano iba surcando 
los mares, con rumbo á Inglaterra, y la ribera del rio se 
hubiera retraído si hubiese en esos años intentado volver á 
pisarla. Eran las provincias las que quedaban bajo la 
guardia áe los detestables mandones cómplices y sostene- 
dores de Rosas; y con la palabra del doctor Velez seguida de 
tantas otras menos autorizadas, pero conmovedoras y sim- 
páticas al pueblo, procurábase hacerles llegar su parte 
legitima en la destrucción de la bárbara tiranía. Un inci* 
dente natural sin embargo, inevitable, no obstante el em- 
peño de evitarlo, trajo una nueva complicación^ é hizo del 



342 OBRAS D8 SARMIENTO 

remedio mismo una cruel enfermedad. Mientras iba en 
camino hacia las Provincias el decreto de convocatoria de 
los caudillos saludados en ellas guardianes del pueblo^ éstos 
los habían echado h rodar, no obstante el empeño en con- 
trario de aquella mal aconsejada política; y sucedió que 
cuando el decreto llegó á, muchas de ellas, los pueblos ha- 
bían improvisado gobierno, tras la fuga de lo anulados caudi- 
dillos; y poco cuidadosos de su vuelta y deseosos de recons- 
truir la República, enviaron al acuerdo proyectado gober- 
nadores que expresaban su opinión y deseos, haciendo á 
un lado cuestiones de formas. Excepto San Juan, que 
mandó á Benavidez al Acuerdo como único medio de arran- 
carle el gobierno, excepto San Luis que no tenía núcleo de 
opinión, las otras Provincias habían obrado el inevitable 
cambio. Resultó de aquí que hicieron suyo las Provincias 
el convenio aquel, que para ellas no era ya de los caudillos, 
como lo pretendía el decreto, ni la continuación del detes- 
tado sistema de mandones perpetuos. Si como era el em- 
peño de la política adoptada, ningún gobierno se cambia, 
los pueblos habían mirado á Buenos Aires como su salva- 
dor, al negar su asentimiento al Acuerdo, que confiaba á sus 
tiranuelos el encargo de constituirlos, á fuer de guardianes 
por tantos años experimentados! De aquí el antagonismo 
que sobrevino y la fatal escisión. 

Muchos hombres sinceros aceptaron y aconsejaron aque- 
lla política, llevados del deseo de acelerar la reorganización 
nacional. Los diez años de lucha que se siguieron hasta 
Pavón, les habrán mostrado después que no se gana tiempo 
ni se ahorran sacrificios creando las causas mismas desti- 
nadas á prolongar las luchas. 

La Legislatura fué dominada por el golpe de Estado de 
Junio, en que fué disuelta; cabiendo al doctor Velez el honor 
de ser enviado con otros á un pontón. 

Lo que va de Julio á Septiembre de 1852, era el tiempo 
necesario apenas para la trama de la revolución que se 
urdía en el ejército mismo del ya Protector, porque se huía 
aun de adoptar francamente el nombre del Presidente de la 
República al que dirigía con justo motivo, pero falso título, 
sus destinos. Siendo guardianes de Provincia los Gober- 
nadores, cuadraba bien un Protector de tan donosos fun- 
cionarios. 



VBLEZ SA.ARSFIBLD $Í3 

La revolucLon del 11 de Septiembre ocurría cuundo ya 
estaba reunido en Santa Fe un Congreso» según el Acuerdo, 
4o que paralizó su acüion y desconcertó la arrogancia del 
vencedor de Caseros. Fué esta su primera lección; y no 
habiéndole escaseado otras al correr del tiempo, debe de- 
cirse en su honor que contra la práctica de los soldados 
felices, los contrastes no predicaron en desierto, pues acabó 
su villa sometiéndose al voto popular, y acatando de buen 
grado sus fallos. 

La revolución de Septiembre fué emiuentemente popu- 
lar; porque los unitarios veían frustrado el fin de sus 
esfuerzos de treinta años, que era acabar con los caudillos; 
los federales porque no aceptaban el que había destro* 
nado á Rosas; la opinión mal educada en veinte años por La 
4}aceta Mercantil^ por odio al forastero, provincial hasta en 
sus usos y porte. Pero bajo el impulso, por el instrumento 
que la llevaba á cabo volvía como el levantamiento de 
Ürquiza á ser tennidoñana. El General Piran, prisionero da 
guerra y su vida salvada por inusitada clemencia del ven- 
cedor en Vences, había llegado á ser el favorito del General 
Urquiza y él encabezó la revolución de palacio. 

Nombróse Gobierno de Buenos Aires y por el Gobernador 
en quien recayó la elección^ don Valentín Alsina, aunque la 
de Ministros, Flores, Rivera, Pórtela, etc., la hizo ecléctica, 
era esencialmente unitaria. El Gobierno de la Confede- 
ración encontró tipoyo en las ambiciones frustratlas de loa 
coroneles de Rosas y al declarar la guerra á la Provincia 
rebelde al AcuerdOj la ciudad de Buenos Aires se encontró 
de la noche á la mañana cercada de enemigos ultra-federales^ 
ó resistas puros y rebelados ó disueltos sus batallones da 
línea. 

La situación del nuevo Gobierno era difícil, denunciado 
como salvaje unititrio^ en época en que el apodo no estaba 
todavía para la masa del pueblo al menos, del todo embo- 
tado. El gobierno bien considerada la situación, mandó su 
abdicación á la Legislatura, dando, en circunstancias ana* 
logas, la segunda edición por el mismo sistema de ideas, de 
la abdicación de Rivadavia, que tan funestos resultados 
trajo. Para la guerra deben conservarse siempre las ai- 
turas. 

En medio del estupor y el desaliento del pueblo, llegó 



i 



344 QBSLJLñ DE SARMIENTO 

oportunamente un batallón de Guardias Nacionales qoo 
había estado de guarnición en San Nicolás, al nnando del 
Comandante don Pastor Obi ¡gado, y compuesto en gran part& 
de jóvenes ardorosos y decididos. El batallón en lugar de 
disolverse é ir á buscar sus soldados el descanso á sus casas> 
permaneció formado en la plaza, resuelto á no abandonar 
el terreno conquistado. La generala resonó en calles y 
plazas, el Coronel Mitre se presentó á caballo en la plaza 
con una fuerza de linea y milicia, se dirigió al Parque» 
corriendo á balazos á un grupo enemigo que estaba á punto 
de apoderarse de él ; y la opinión volviendo en sí, se apresta 
& la resistencia, sin olvidar que Montevideo había en peores 
circunstancias resistido diez años, y vencido ejército mas 
poderoso. 

Desenvolviéndose los sucesos, resultó otra anomalía curio- 
sa, y es que los federales buenos á quienes Urquiza inmedia- 
tamente después de Caseros quería conñar el gobierno y 
no lo aceptaron, se hallaban al frente de la resistencia, el 
General Pacheco, los Anchorena, etc., con virtual exclusión 
de los unitarios repatriados. Era en efecto, un escándalo 
ver al General Paz, mirando como simple particular desde 
una azotea, aquel ir y venir, aquel rebullirse sin hacer 
nada que cambiase la defensa en ataque. Un diario tenido 
por oficial, hizo alarde de ser aquella lucha cuestión de 
mas ó menos entre federales, siéndolo los que atacaban la 
plaza, como los que la defendían. 

Cual bomba en el cuartel general, recibióse en el gabinete 
del gobierno un artículo de El Nacional^ que sin miramiento 
alguno trataba á los federales de afuera y de adentro de 
fautores y cómplices de la tiranía de Rosas. 

Al Jefe de Policía al proceder á la clausura del diario 
deslenguado, como pidiese el nombre del autor, el editor, 
sin empacho alguno le presentó el autógrafo en todas 
letras firmado Dalmacio Velez Saarsfield. 

Una idea, una frase oportuna suele tener á vecer la 
importancia de una batalla. Una sola pregunta que es et 
tercer estado, hundió ochos siglos de clasificaciones sociales. 

Fueron á explicaciones, y el animoso unitario hizo oir 
razón al gobierno que invocaba como un título, el baldón 
de veinte años de sangrientas inepcias. 

Dio este incidente ocasión de solicitar el concurso del 



YELfiZ BAARaFLE[.D St45 

General Paz, en el al parecer humilde empleo de director 
del Parque, y el doctor Veiez fué el feliz intermediario* feliz, 
pues el experimentado soldado aceptó con entusiasmo el 
no codiciado empleo. Pocos días después, reorganizado 
aquel departamento, y puesto término al despilfarro y 
desorden, el gobierno pasó de la sorpresa, al ver tanta 
inteligencia y economía,al aprecio de su carácter y talentos, 
hasta que empeorando la situación, fué indispensable dar 
el mando del ejército, al que tenia hecho pacto con la 
victoria. Así, pues, el doctor Velez volvía por la tercera vez 
á enderezar la marcha del gobierno y salvar al país de 
reacción tan porfiada. La revolución de Rosas, dejó al fin 
con esto de ser temaidoriana, con Urquiza, con Piran, con 
Pacheco, y con los de adentro y con los de afuera, todos 
lobos de una carnada. 

Levantado el sitio, el doctor Yelez fué enviarlo al Paraná 
á celebrar un tratado de pacificación, que ofrecía con el de 
comerciollamadodeEnero, la tranquilidad de Buenos Aires, 
si fuera posible tener paz duradera con sólo aplazar la 
solución de cuestiones fundamentales, qne está minando 
por su base la existencia de los Estados, 

En la nueva situación que Buenos Aires se creaba, subs- 
trayéndose al Gobierno que representaba á la Nación^ 
empezaron á echarse los cimientos por leyes económicas, 
de la prosperidad á que alcanzó el país, y el doctor Velez 
como Senador y como Ministro contribuyó en gran manera 
á su establecimiento. La creación del Banco data de esta 
época, como las liberales leyes aduaneras, y tantas otras de 
grande utilidad, 

ñ 

Oratoria 

La batalla de Cepeda, que con mejor éxito debió darse, 
si enemigos hubiere, luego de levantado el sitio en 1853, 
encontró al doctor Velez Ministro de Gobierno, y por tanto 
■firmante de los tratados de Noviembre, que sin los tres 
artículos ¡ndedinables^ había él mismo propueslo como base 
posible de arreglo un año antes, y de cuyas proposiciones 



IM OBRAS DE SAHMtENTO 

fué portador el señor VilUfañGj entonces Diputado al 
Congreso de la Confederación. 

Aquellos tratados, que ocho años después y á través de 
guerras inútiles, remediaban el desacuerdo del Acuerdo de 
San Nicolás, estipulaban que Buenos Aires en Convención 
ezaminaría la Constitución federal que se habían sin su 
participación dado las Provincias y sus reparos, si los hiciere, 
serían miUeria de discusión y sanción defuiitíva en una 
CoDveDcion Nacional de que Buenos Aires serla parte, Al 
abrirse la Convención «ie Buenos Airea, el doctor Velez, coniu 
Delegado Convencional, pronunció el memorable discurso 
que mas que ningún utro^ lo constituye un grande orador. 
Vana pretensión seria llamar ciceroniana á aquella oración 
en que lo patético y el recuerdo de las pasadas desgracias, 
conmovieron al auditorio. Pertenece mas bien al carácter 
de la oratoria de Burke, el célebre orador inglés, y mas 
k aquel diíscurso en que previendo los desastres que traería 
la guerra declarada á, las colonias inglesas por un parla- 
mento y uu pueblo enceguecidos por el orgullo, apelaba 
en vano al respeto de las libertades inglesas, aquella 
rica herencia deque nadie había despojado á los colonos, 
que por serlo» no habían dejado de ser ingleses, 

Al presentar la Constitución reformada como miembro 
informante de la Comisión, el doctor Velez se expresó así : 

* Señores: El Informe da la Comisión no lia podido 
manifestar el todo del pensamiento de cada uno de los 
individuos que la forman, y yo creía que en esta solemne 
ocasión cada Diputado á la Convención debia expresar su 
modo de pensar en todas las cuestiones de que vamos á ocu- 
parnos. Debo al pueblo de Buenos Aires el haberme elegido 
entre los indivi Juos que deben fijar sus futuros destinos; 
debo á la Convención el honor de contarme en el número de 
los que deben proponerle el camino que ha de seguir, y 
debo finalmente á mi antigua patria la reparación de un 
error á que concurrí en esta misma sala, votando la diso- 
lución de la nación ahora 83 años. La Comisión también 
me ha encargado hacer algunas manifestaciones á la 
Convención que no se hallan en el Informe; y por estos 
diversos motivos he tomado primero la palabra 

a Yo no he propuesto, señores, reforma alguna á la 
Constitución de ia Confederación, exceptuando una en el 



VELBZ BAAI^SFIELD 347 

poder judiciario A que me obligaba mi profesión de abogado, 
que no sería de consecuencia alguna desde que ese poder 
aún no funciona- Temía que entrando en esta vía, ó des- 
truiríamos toda la Constitución que iba á examinarse, ó 
que naciera algún obstáculo á la unión de los pueblos. 
Comprendí que esa Constitución digna de elogio por mas 
de un título tenía defectos muy grandes. No creía que 
pudieran ser remediados, como se ha dicho por la prensa 
con leyes orgánicas, porque las leyes que reglamentan esos 
poderes, no podrían destruir ni los dereciios ni las obliga- 
ciones originales creadas por la Constitución; ni alterar en 
lo mínimo los poderes de los cuerpos constituidos, Pero 
me persuadía que refiriéndose las mas da las enmiendas 
á. los poderes del Congreso ó k los derechos reservados 
por los pueblos, nada habría que temer desda que en ese 
cuerpo se hallaran los Diputados de Buenos A^ires, No era 
posible, por ejemplo, que el Congreso creara derechos dife- 
renciales ó suprimiera una de las aduanas, estando allí los 
Diputados de la provincia, los que sin duda hallarían apoyo 
en los Diputados de los demás pueblos de la Confe- 
deración : el Congreso respetaría siempre los intereses 
y la opinión pública del Estado de Buenos A.ires, en una 
de las materias que mas podrían interesarle. Podríamos 
así abstenernos de la reforma de ía Constitución hasta el 
año 63, confiados en la fraternidad que crearía la unión 
misma y en la conveniencia general de no herir desde los 
primeros momentos los derechos del Estado de Buenos 
Aires. 

« A mas, señores, un pueblo puede ser feliz, aun con una 
mala y defectuosa Constitución: tenemos el ejemplo de la 
Inglaterra, grande y feliz República sin Constitución alguna. 
Parece que nada podía allí haber estable, pues está aún 
gobernada por un poder constituyente. 

a No está todavía separado el derecho constituyente del 
derecho kglslatívo, y el Parlamento tiene omnímodos pode- 
res. La prerrogativa real es tan extensa que la ley atribuye 
al Soberano la inmortalidad, la perfección» la ubicuidad y 
también la infalibilidad. El Rey no rauerejamas; es impe* 
cable é incapaz de hacer ni de pensar mal: está presente 
en el mismo instante en todas las cortes de justicia del 
reino: es el único magistrado; la jurisdicción emana de la 



d48 OBRAS DB BARUIENTO 

corona, y los demás funcionarios no obran sino en virtud 
de BU oíandato. El ReyUeoe el poder de la espada, como 
dicen los legistas ingleses: él sólo dispone de la fuerza 
armada: puede á su placer proclamar la guerra ó la paz, 
concluir ó romper loa tratados. El Rey es una persona 
moral, un ser abstracto, alguna cosa puramente ideal, y se 
llega hasta decir que el Rey no tiene alma, y sería hasta 
incapaz de sufrir una censura espiritual. Sin embargo de 
este derecho de la Inglaterra, diré que el pueblo inglés ea 
un pueblo libre donde jamas se hace ninguna cosa arbitra- 
ria, que marcha mejorando insensiblemente, pero á gran- 
des pasos, sus leyes fundamentales. Existían las mismas 
teorías constitucionales en tiempo de los Stuardos qua 
ahora; existía la misma Constitución á principios de esta 
siglo que la que existe ahora; y sin embargo^ no se ve ya 
ninguna de esas leyes bárbaras que dábala Inglaterra, por 
ejemplo, contra los católicos- Es que ese pueblo ha sufrida 
una revolución en su estructura social, y marcha eu una 
elevación gradual que ha creado una opinión pública supe- 
rior á todos los poderes de la sociedad. Nada puede hacerse 
hoy en Inglaterra contra la opinión del pueblo, 

« Algo semejante sucede en Buenos Aires* EJ está, regido 
por una Constitución, la peor que yo conozcoj y sin embargo 
es un pueblo libre y feliz/Basta, señores, que os recuerde 
la invención singular da la Asamblea general que ha 
impedido la sanción de las mejores leyes. Nuestros usos 
parlamentarios son también malísimos: el pueblo ha visto 
discutirse en una Cámara las leyes mas necesarias; van á 
la otra Cámara y allí pasan á una comisión; no tenemos 
leyes, cuando dos 6 tres Diputados no quieren que se den. 
No tenemos ley de elecciones, por ejemplo, la [irimera de las 
leyes en un país democrático, porque dos ó tres individuos 
de una comisión no han querido despacharla. 

(í Sobre todo, señores, soy dominado por el recuerdo de 
un hecho de fatales consecuencias, pasado en esta misma 
sala y por la historia de uno de ios Estados mas felices de 
hi República de Norte América. 

« A mediados de 1837, la República Argentina se hallaba 
reunida en un Congreso General que tenía sus sesiones en 
este mismo lugar, y lo formaban los primeros hombres de 
nuestro país. Las circunstancias en que se hallaba la 



YELEZ SAAESFIELtI 349 

República eran criticas» pero no desesperantes. El combate 
del Juncal, la batalla da ítuzaingó nos aseguraban el triunfo 
sobre el Imperio del Brasil, pero las provincias no daban 
ya contingentes de hombres para la guerra. El Congreso 
había dado una constitución que sometía al examen de las 
Legislaturas provinciales, la cual había sido desechada por 
seis ó siete provincias, Pero todo estaba en paz : sólo el 
General Quiroga se mona de La Ríoja k San Juan para 
atacar unas fuerzas nacionales que estaban á las órdenes 
del Coronel Estomba y del Mayor Pedernera, El Congreso 
entonces desesperó de la patria; no imitó al Congreso de los 
Estados Unidos en iguales circunstancias: no convocó a los 
pueblos á, un nuevo Congreso ó á una nueva Convención, 
sino que en el fatal día del 18 de Agosto de Í827 declaró 
disuelta la Nación. Esto se hizo por una votación uniforme. 
Entonces los Diputados de Buenos Aires^ el pueblo de 
Buenos Aires, preveían rail resultados felices de tal resolu- 
ción. Buenos Aires, decían, puede vivir solo, tiene suficien- 
tes rentas y suficiente población: no necesita de ningún 
otro pueblo para ser feüz, Y sus rentas entonces en su 
DQayor auge sólo ascendían á un millón y doscientos mil 
pesos, la cuarta parte de las rentas actuales; y ss conside- 
raban muy ricos y felices- Los Diputados de los pueblos 
creían también que sus provincias seguirían adelantando 
bajo los gobiernos que los había mandado* 

ffl Sancionada asi la disolución de la Nación, un jefe 
militar, un diputado entonces de la provincia de Santiago, 
recibía en esas antesalas mil felicitaciones de sus correli- 
gionarios, porque al fin había alcanzado su objeto, la 
disolución del Congreso, y veían ya en él, al nuevo Gober- 
nador de Buenos Aires. Este jefe había sido poderosa- 
mente ayudado por un Diputado de La Rioja, ó mas bien 
del General Quiroga, en sus pasos anárquicos para disol* 
ver el Congreso. Pues bien, señores, nunca una culpa ó un 
€rror recibió un castigo mas pronto y mas terrible de la 
Providencia, Sucedió inmediatamente la anarquía, vino 
una revolucioq militar, y las primeras balas que disparó 
<;ayeron sobre el pecho de ese jefa, que desde el alto puesto 
de Gobernador de Buenos Aires vino k morir como un cri- 
minal en el pueblito de Navarro* Al poco tiempo también 
el Diputado de La Rioja, el señor Morales, que tanto lo 



350 OBKkB ÜB SAHMtEMTü 

había auxiliado en su obra de destmcciou, muere en la 
plaza de Mendoza horriblemente azotado por su amigo el 
General Quiroga. ¿Qué fué de Buenos Aires y de los hom- 
bres que votaron la disolución de la Nacionf ¿Qué fué de 
la esperada felicidad de este pueblo en su aislamiento? 

«Vosotros lo sabéis, señores. Después de una espantosa 
guerra civil, vino el mas sangriento despotismo^ y Rosas 
durante veinte años agotó las ¡íersecuciones, las confisca- 
ciones; agotó el cadalso mismo, y Buenos Aires presentaba 
el aspecto y la realidad del pueblo mas desgraciado del 
universo. Nu^ señores: yo ao volveré á votar hi disaluciou 
de la Nación, ni pondré jamas el menor obstáculo á la 
unión de los pueblos» cualesquiera que sean iaa dificulta- 
des que se presenten. 

«Oiga ahora la Cámara una historia consolante. Rhode 
Islaud, uno de los Estados americanos, había como Buenos 
Aires ayutiado poderosamente á la guerra de la Indepeu- 
dencia del Norte; p^ro acabada ésta, y formada su Confede- 
ración, que no era un gobierno nacional, creyó ser feliz 
conservándose aislado de los demás Estados. El Congreso 
sintiendo que el pais fallecía si no se le daban mas facul- 
tades que las muy pocas que tenia, convocó al efecto una 
Convención Nacional. Rhode Island no quiso asistir á ella, 
y todo el pueblo opinaba que no le convenía la creación de 
un gobierno nacional, ni de ninguna autoridad superior á 
las autoridades de aquella provincia ó Estado. Rhode 
Island, decían, con sus puertos al Atlántico tiene bastantes 
rentas del comercio exterior, aunque en ello grave los 
consumos de los otros Estados que están en el interior; 
Rhode Island tiene sus fábricas de p^pel moneda, con el que 
hace creaciones prodigiosas, y no conviene que venga á 
privársele de tan singulares medios de existencia; Rhode 
Islandés en fin, feliz, y no puede exponerse á accidentes des- 
graciados por participar de su fortuna á los otros Estados, 
Estoy hablando de Rhode Island y no de Buenos AiresI 

ttAuíique este Estado no había asistido ala Convención 
que formó la Constitución» el Congreso mandó presentár- 
sela por si quería aceptarla. Aquel Estado engreído con 
su felicidad presente, la rechazó por un mayoría muy con- 
siderable, por 1200 votos contra 300, Esa minoría se em- 
peñó sin embargo en su propósito: hizo ver al pueblo que 



TBLEZ ÍAARSP1£LD ^ 

nada perdía en la unión con los otros Estados, que sus 
libertades, que su independencia quedarían completamente 
garantidas por toda la Nación; que sus riquezas se autnen- 
tarian con el bienestar de los pueblos vecinos» y podría 
muy fácilmente acabar con su papel moneda sin perjuicio 
de nadie, ya que esa moneda tenía tanta influencia en sus 
deliberaciones políticas. Al fin la razón y los buenos prin- 
cipios de la minoría triunfaron: Rhode Istand k los dos 
años acepto sin enmienda la Constitución de los Estados 
Unidos, 

«Ahora, señores, cuando el habitante de Newport ve las 
grandes mejoras de aquel puerto, y los mil buques que 
entran y salen para todas las regiones del mundo; cuando 
el ciudadano de la provincia examina las cien escuelas, los 
estudios de su famosa Universidad^ la numerosa población 
que aquel feliz Estado ha creado: ahora, señares, cuando el 
viajero en pocas horas recorre todo aquel Estado y ve las nu- 
merosas ciudades que lo pueblan, la riqueza le ellas, la (ja- 
rantta efectiva de todos los derechos de los hombres, todos» 
todos, señores, dan gracias al cíelo de haber librado á Rhode 
Island deí grande error y del gran peligro de haber que- 
dado aislada de los otros Estados de la Union. 

«Pero se dice que las dificultades para la unión de los 
pueblos argentinos son invencibles, por el mal carácter del 
actual Presidente de ia Confederación, que sólo desea la 
ruina de Buenos Aires, Si esto fuese cierto, su origen 
estaría en la desunión misma, y ese mal propósito conclui* 
ría precisamente con la incorporación de Buenos Aires á ia 
Confederación Argentina- 

aSi yo fuese Diputado al Congreso Nacional le diría: «ve- 
nimos, señor, k ayudaros en vuestras grandes y difíciles 
tareas; venimos á ayudaros con cuanto puede el Estado de 
Buenos Aires á hacer la felicidad de nuestra patria. Trae- 
mos señor, para este objeto cuanto puede importar la riqueza^ 
las luces, los principios y el crédito interior y exterior del 
Estado de Buenos Aires»» ¿Por qué desoiría pensamien- 
tos tan amistosos? Si nos encontramos con pretensiones 
exageradas, si nos pidiese, ante todo, como se dice, la en- 
trega de la Aduana de Buenos Aires, sin la cual la Confe- 
deración no tiene los recursos necesarios para su existen* 
cia, yo 1© contestaría, que esas rentas iban precisamente k 



emplearse en objetos nacionales; que al mismo tiempo que 
se retenían, libraban a la Confederación de los grandes 
gastos nacionales que exigiría el Estado de Buenos Aires, 
que unido los pueblos, ese solo acto le daría mas recursos 
que la Ailuana de Buenos Aires, pues al Congreso le que- 
daba la facultad de imponer las contribuciones que quisiese 
sobre este Estado: que le quedaba la facultad de levantar 
empréstitos con la garantía de las reatas de Buenos Aires 
y de los demás pueblos de la Confederación, facultad de 
un significado muy positivo por el crédito de Buenos Aires; 
que á mas, eti¡este mismo año era posible que la Aduana 
de Buenos Aires diera á la Nación un millón de fuertes, 
esceso del presupuesto del ano 59: que el año venidero le 
daría dos millones ó cuarenta millones de pape), que al fin 
de los cinco años convenidos en el pacto del 11 del Noviem- 
bre, la Nación se encontraría con]una renta producida por 
la Aduana de Buenos Aires de 150 á 900 millones de moneda 
corriente, porque las rentas habrían duplicado en ese 
tiempo corao han duplicado y triplicado* de cinco años á 
esta parte. Muy inhábil serla el Ministro de Hacienda que 
con recursos tan efectivos y con la perspectiva de tan cuan-^ 
tiosas rentas en un tiempo tan próximo en la vida de los 
pueblos, no encontrase los recursos necesarios para la 
existencia regular de la Nación {^y 

ftPero si la razón y los buenos principios encontraran 
invencibles pasiones, injustos odios, que no pudiesen ser; 
dominados^ ni por los grandes deberes de una alta posición 
si fuera preciso luchar por los derechos de Buenos Aires y 
de los otros pueblos argentinos, nos hallaríamos, señores, 
«n una arena donde una mutua simpatía, un común inte- 
rés uniría al Diputado de Buenos Aires con el Diputado 
de Salta y de Mendoza, Los principios de Buenos Aires se 
encontrarían con principios iguales que ya se proclaman 
en los mas de los pueblos, 

«No: el Gobernador de Buenos Aires, no sería llevado k 
un calabozo del Paraná por el Presidente de la República, 
ni los derechos que la Constitución consagra podrían ser 
descaradamente violados en presencia de la opinión 



( t ) En Í37i alcanzaron ft dac« mltlones las rentas cobradas en la Aduana de 
Bueüos Aires. 



VELES SAAB3FtBI.D 353 

pública» y cuando 6n el Congreso General haya voces capa- 
ces de sublevar á los pueblos contra un acto arbitrario del 
Poder Ejecutivo. 

^jtSobre todo, señor* loa males que se preven, los odios 
que puedan existir, todo, todo acabaría con sólo la unión» 
sin ser enteramente necesaria la reforma de su Constitu- 
ción. Cuando tuvo lugar en los Estados Unidos la Conven- 
ción de Albftny, un personaje que conocía muy bien á su 
país, el Gobernador Poulant, escribía que por los odios 
mutuos, por el conflicto en loa intereses de los diversos 
Estados, por el cboque de sus leyes particulares, era impo- 
sible la unión de todos ellos. El famoso Franklin desesperó 
también dtí la suerte de su país, y siendo uno de los Con- 
vencionales, opinó también que toda unión era imposible. 
La unión, sin embargo, se tentó, la unión se bizo, y ninguno 
de los fatales anuncios se realizó. Lo mismo sucederá 
entre nosotros. Uniéndose Buenos Aires á los otros pue- 
blos, sobreviene una nueva estructura de la sociedad que 
¡vrecisamente causará una feliz revolución en todas las 
ideas y en todos los caracteres, cuyos buenos resultados 
son mas extensos que los que hoy pueden preverse, 

«Pero si al fín algunos males hubiésemos de sufrir por 
la unión con todos los otros pueblos, mayores serán los 
beneficios que nos resultan. La paz y el comercio darán & 
Buenos Aires lo que jamás podría esperar separada de la 
Confederación Argentina^ baste decir que entonces cada 
hombre ocupará su verdadera posición social, y habrá 
sucedido la justa distribución del poder moral de la socie- 
dad. Prida, Lámela y veinte nombres fatales que han 
pesado durante veinte y cinco años sobre Buenos Aires 
serán sólo rotas columnas en medio del grande edificio 
que levantamos. En media docena de años el Estado de 
Buenos Aires tendrá un millón de habitantes; aquí ven- 
drán los grandes capitales europeos cuando la paz sé halle 
sólidamente establecida. La realidad de efectos que pro- 
duzca la unión sobrepasará á las mas ideales esperanzas. 

«Este era mi modo de pensar respecto á la uñion de los 
pueblos de la Nación. Pero yo no he creado el terreno, en 
que me hallo: los poderes públicos de la Confederación y 
del Estado de Buenos Aires, han convenido que la Consti* 

Tono xxTn.— 23 



354 aSEAi DB SARMIENTO 

tucion de la Confederación sea examinada poruña Conven-* 
cion de esta provincia y reformada por si lo encuentra 
conveniente. Yo he observado el espíritu de los señores 
que debían examinarla ó reformarla. Era el mas sano 
posible, y con la mira de que la unión fuese cuanto antes. 
Las reformas que proponían eran tres ó cuatro artículos^ 
pues los demás son sólo corolarios de las disposiciones de 
la misma Constitución. Esa Constitución tampoco era cono- 
cida del puebla, y era preciso que fuese examinada y nota- 
dos todos sus defectos para tener el apoyo de la opinión 
pública. Por estoy por otras consideraciones que omito, 
yo convine en las reformas, en la suposición que habiendo 
en adelante de regirnos esa Constitución mejor seria que 
se perfeccionase por las pocas reformas que se han presen^ 
tado á Ja Convención. 

«tHablaré ahora sobre el mérito de esas reformas. Antes 
déla Constitución délos Estados Unidos, antes det añode 
1787j no se presentaba en ei mundo una nación regida por 
una constitución escrita. En las mejores gobernadas estaba 
confundido el derecho constituyente con el derecho legisla- 
tivo. Menos se presentaba constitución alguna hecha por 
los pueblos y sólo para los pueblos. Las leyes ó constitu- 
ciones de Europa eran todas á favor de alguna familia 6 
de una ciase de familias» y jamás se había visto un pueblo 
reunido para darse una constitución política. Pero este caso 
nunca visto llega en las Colonias del Norte después de su 
emancipación de la Inglaterra; se juntan esos pueblos en 
una Convención general, en la cual se hallan reunidos los 
hombres principales de todos los Estados; consultan en 
largas discusiones sus mutuas conveniencias, sus mutuos 
derechos» y se dan una Constitución que no tenía seme- 
janza alguna con las constituciones ó leyes antiguas y 
modernas de la Europa. Esa Constitución es revisada por 
asambleas numerosas de los diversos Estados; es enmen- 
dada también; y en fin^ por un acuerdo general, es procla- 
mada Constitución de una República que no tenía ejemplo. 
«Entonces empieza la época de las sociedades modernas, 
y de un nuevo derecho constitucional que no estaba escrito 
en parte alguna. 

«La Constitución ha hecho en 70 años la felicidad de un 
inmenso continente. Los legisladores argentinos la toma- 



YBLEZ SAARSFIBLD 355 

ron por modelo y sobre ella constituyeron la Constitución 
que examinamos; pero no respetaron ese texto sagrado, y 
una mano ignorante hizo en ella supresiones ó alteraciones 
de grande importancia pretendiendo mejorarla. La Comisión 
no ha hecho sino restituir el derecho constitucional de los 
Estados Unidos en la parte que se veía alterado. Los 
autores de esa Constitución no tenían ni los conocimientos 
ni la experiencia política de los que formaron el modelo que 
truncaron. Desconfiad, señores, en esta materia de los 
conocimientos de los abogados. En nuestro país la juris- 
prudencia es una ciencia mercantil, industrial. Ocurrie- 
ron también á doctrinas europeas, Pero ¿ qué saben 
los europeos de derecho federal, en qué libro europeo 
pueden los hombres de América aprender algún dere- 
cho constitucional? Hubo un gran sabio en la Francia 
que dijo una palabra mágica nunca oída en aquellos 
pueblos: que el tercer estado era todo. ¡Qué nove- 
dad tan grande, después de estar publicada la Constitu- 
ción de los Estados UnidosI Si leis los grandes historiado- 
res de la Nación mas ilustrada del mundo, sobre el hecho 
también mas grande de los tiempos modernos la revolución 
francesa; el uno os dirá que si Luis XV no conquista la 
Córcega, la Francia no hubiera sufrido el despotismo militar 
de Napoleón; el otro^ que el federalismo de los girondinos 
es la causa de las desgracias que sufrió ese país; el otro 
atribuye todo á los emigrados; y lo general de los escrito- 
res» alzan -k los cielos á Luis XVIII, que les dio una Consti- 
tución, Noven que faltaba el pueblo; que las instituciones 
no eran instituciones populares ni libres y que la sociedad 
entera no participaba del gobierno, ni tenía un gobierno 
propio. ¿Qué doctrinas, pues, podíamos recibir de tales 
hombres y de taies pueblos, cuando se trataba de formar 
una Constitución democrática? Sin embargo, los autores 
de la Constitución de la Confederación siguieron á estos 
falsos maestros, olvidando los experimentados principios y 
ejemplos de los Estados Unidos. 

«Paso después de estos señores, á cumplir el encargo de 
la comisión. 

«Cuando ella ha indicado las re formas que ha presentado, 
no debe creerse por eso que juzgaba buenos ó perfectos los 
demás artículos no reformados, sino que se redujo á indicar 



OBRAi 1>E 8AEUIKNT0 

sólo aquellas de urgente reforma. El nombre que toma 
ahora la República debia ser sustituido por su antiguo nom- 
bre Provincias Unidas del Río de la Plata. Este nombre le 
fué dado por su primera Asamblea Nacional reunida en 
1813: con él se declaró independiente de la antigua metró- 
poli y como Provincias Unidas del Rio de la Plata fué reco- 
nocida la Independencia por tas potencias de Europa y 
América. El nombre de Confederación le fué falsamente 
puesto por Rosas cuando ninguna Confederación existía* 

«Un articulo de la Constitución dice: que la Nación su- 
plirá el déficit de los presupuestos provinciales y éste pa- 
rece un presente griego. ¿Qué tiene que ver el gobierno 
general con el presupuesto de cada provincia? Eílas son 
completamente libres ó independientes en su régimen in- 
terior y pueden gastar desús rentas lo que quieran. ¿Por 
qué el Congreso llamaría á si los presupuestos de gastos 
de cada Estado Federal? Este artículo es enteramente 
contrario á los principios de una federación politica, porque 
Buenos Aires no pediría jamas á la Nación el déñcit para 
H\}s gastos ordinarios, y como hoy, no haría poco la Confe- 
deración en atender á su propio déficit, es inútil reformar 
por ahora el artículo. 

«En la composición del Senado había, sí, un grande error 
de grave trascendencia (*). Cuando en los Estados Unidos 
se reunieron por primera vez en un Congreso, la represen- 
tación fué por Estados: cada Estado tenía un voto. Cuando 
se reunieron otra vez en Convención, los votos también se 
contaban por Estado; pero cuando se trató de hacer la 
Constitución y crear un gobierno general, la representación, 
comeara regular, se estableció por el número de habitan- 
tes que tuviera cada Estado; esta era la primera regla del 
sistema representativo. Pero cinco Estados menores acos- 
tumbrados á tener los mismos votos que los Estados ma- 
yores en población no quisieron asistir á una represen ta- 



Hi Eslai nociones han cambiado con la práctica y con la Cnlon. DlpuUdos y 
Senadores de un mismo sistema de eJeccIon, es una aupllcaclon Inútil, El Seoadii 
no repreaenU al pueblo, sino que hombres de mayor edad, faDclonarloa de ma- 
yor dnraclOD, y delegados territoriales digamos así. sirven para comprobar por 
un medio dlsUnto la verdad, ó utilidad de la ley. La opinión confroniada con 
la «peplencia y la ciencia, he aquí la mente de la Institución qne no siempre res- 
ponde en la prácUca i la leorla. {Nota dd autúr). 



YBLKZ BAJLESnELD 357 

clon según el numero de habitantes. Hubo en la Con ven* 
clon las mas largas y acaloradas discusiones, pero los 
Estados menores no cedían y estaban ya al separarse de 
la Convención. Entonces tomaron el arbitrio de nombrar 
una comisión de compromiso» obligándose á estar y pasar 
por lo que ella decidiera, componiéndola un Diputado de 
cada Estado. En la Comisión se renovaron las acaloradas 
discusiones que se habían tenido, y parecía que la comU 
sipn misma iba í, disolverse, cuando el doctor Franklin 
propuso que Ja representación fuera en la Cámara de Di- 
putados con arreglo k la población; pero que el Senado se 
compusiera como estaba compuesta la Comisión, de dos 
ó tres miembros porcada Estado* Este es el origen de esta 
composición singular y contraria á los principios democrá- 
ticos del cuerpo legislativo de los Estados Unidos y que se 
copió en la Constitución de la Confederación. Hamiiton, 
Madison, Morris y todos los grandes hombres de la Con* 
vención de los Estados Unidos fueron vencidos^ ó bien 
sacrificaron sus principios por conseguir la unión de los 
Estados menores- Puede sucederj pues que una mayoría 
de Estados y minoridad en la población dispon^^^a como 
quiera de las leyes que pueden proyectarse en el Congreso* 
Buenos Aires verá que La Rioja, Jujuy^ Catamarca, San 
Luis, Santa Fe, tienen diez votos en la sanción de las leyes 
y en los importantes actos del Senado, cuando este Estado 
sólo tiene dos votos á pesar que su población es mayor que 
la de los cinco Estados reunidos. La comisión creyó que 
con toda justicia, y apoyada en los principios de gobierno 
representativo podía exigir la reforma de esas disposiciones: 
pero no lo aconseja hacer ahora, porque no se crea que 
Buenos Aires^ abrígala pretensión de gobernar á los otros 
pueblos cuando se reúna en Congreso con ellos, 

«Otro grande defecto de la Constitución déla Confede* 
ración es la composición del Poder Ejecutivo, donde hay 
una mezcla de principios republicanos, alterando la consti- 
tución que servía de modelo. En los Estados Unidos el 
Poder Ejecutivo reside en una sola persona: no hay allí 
Ministros ni poder ministerial. Se trató de ponerle un 
Consejo responsable, y advirtieron muy bien que la respon- 
sabilidad disminuye cuando es dividida con otrosp La 
Constitución de la Confederación con la de Buenos Aires 



358 OBRAS I>& SARMIENTO 

declaran que el Poder Ejecutivo reside en una sola persona, 
pero esa persona nada puede por bI sola; es preciso que 
otro semi-gobarnador se ponga k su lado y responda como 
él de los actos de ambos. Pregunto: ¿En quién reside al 
Poder Ejecutivo? Nadie podrá responder, ¿Quiénes fue- 
ron los Ministros de Washington, de Jeffersou y Adams? 
Simples secretarios que no cargaban con responsabilidad 
alguna. ¿Y quién gobierna hoy en Buenos Aires? El Mi- 
nistro de Gobierno* ¿Y de donde saca ese poder que el 
pueblo no le ha dadof Sabed, señores, que gobierna porque 
es responsable: quitadle la responsabilidad y el menos pru- 
dente dejaría gobernar al gobernador que ha elegido el 
pueblo. 

«Esta alteración en la Constitución de los Estados Uni- 
dos respecto á la composición del Poder Ejecutivo, no 
exige una urgente reforma, y por eso la comisión no la 
proyectó. 

«He cumplido, señor» con el encargo de la Comisión y he 
manifestado á la Convención todo mi pensamiento res- 
pecto á la unión nacional y á la reforma de la Consti- 
tución. 

«He dicho.« 

vn 

Politioa 7 Gobierno 

Hemos trazado en breves rasgos los actos principales del 
doctor Velez y mostrado la influencia saludable que ejer- 
ció en ¡as instituciones y en la historia contemporánea. 
No traeremos á colación todas las leyes y actos adminis* 
trativos en que tomó parte activa, porque, si no es en casos 
muy especiales en que prevaleció su doctrina ó consejos^ 
hay en ellos la necesaria participación de Presidentes, 
Gobernadores ó Cámaras Legislativas, que sino llevan la 
iniciativa siempreí contribuyen poderosamente al éxito. 



YBLBZ 8AARSFIELD 359 

Y sin embargo, hay aun en estos actos colectivos rasgos 
personales, que son como la chispa eléctrica que ilumina 
y aun incendia. Un ambicioso que no traía mas prepara- 
ción para la vida pública que esgrimir con destreza el florete 
pesaba con sus audacias sobre el Senado, en que había 
alcanzado una silla curul. El Senador Velez parodiando & 
Virgilio, le repetía en el debate: iMarcellnsnonerisl Y en 
efecto, no fué Marcelo, acabando por ser comerciante en 
país extranjero. ^ 

Tratábase de la venta de ciertas tierras públicas y los 
adversarios á la medida le opusieron la excepción de las 
tierras donadas por Rosas en boletos de adjudicación en 
recompensa de servicios. El Ministro contestó: (í También los 
boletos desangre entrarán »; es decir, el premio de sangre dado 
por el tirano á sus cómplices y ejecutores de los crímenes 
sangrientos de su época. De esos boletos de sangre salió 
mas tarde y con su sosten en el Senado, Chivilcoy; y ocho 
años después, al llegar á su ciudad improvisada, el ferro- 
carril, era ya Departamento mas poblado, mas agrícola, mas 
avanzado^ que cada uno de los Partidos de campaña, aun los 
que cuentan tres siglos de existencia. Creíase que en gana- 
dos sería inferior á los otros; pero aun en este ramo, Chi- 
vilcoy era ya mas rico, con mas población y mas tierras 
labradas. La milicia y los votantes de aquel Departamento 
son en mayor número que en la ciudad de Buenos Aires. 

<kNo me mire á mf, sino al Presidente» dijo desde su 
espalda á un Delegado k la Convención Nacional de Santa 
Pe que parecía querer provocar, volviendo la vista hacia 
atrás, los aplausos de una barra de parciales, á fln de sos- 
tener una situación imposible; y esta observación tan tri- 
vial y risible decidió una porfiada discusión, pues que invo- 
cando el reglamento, y obligado á dirigirse al Presidente, 
renunció el obstinado orador á la palabra, desconcertado 
por el incidente y la Convención pudo dar vado á asuntos 
mas serios. 

Cuando el Presidente que ha terminado su período en 
el pasado año hubo de organizar su Ministerio, solicitó el 



36Clr OBKAS Htt SARMlEfiTO 

concurso de su amigo y compañero antes de trabajos en el 
Senado de Buenos Aires y Coa vención de Santa Fe* « Viene 
usted^ le contestó, buscando eíiaíin »; expresión sencillísima 
y de mucho alcance en boca del autor de los Códigos y 
Derecho páblico eclesiástico. 

Aceptada con buena voluntad la ruda tarea» á pesar de 
estar todavía absorbido por el trabajo del Código Civil, su 
influenciase hizo sentir desde el primer dfa, desatando un 
nudo gordiano que la espada no había podido cortar. La 
Provincia de Corrientes estaba en guerra civil tres meses 
había, no obstante un poderoso ejército nacional^ testigo 
impasible de la devastación en el teatro mismo del desor^ 
den. El nuevo Ministro de Gobierno se trasladó al lugar de 
los sucesosj conquistó de paso Ja buena voluntad del Gene- 
ral Urquiza que había avanzado fuerzas hacia Corrientes, 
no sin que se Je inculpara de fomentar la discordia de los 
partidos. 

El interventor manda k los beligerantes deponer las 
armas, y por la primera vez Ja República Argentina pre- 
sencia el espectáculo consolador de ver acatada la autoridad 
en la mano de un anciano, la Jucha cesa como ante un 
poder mágico, y la Administración principia bajo tan feli- 
ces auspicios la grande obra de preparar eJ país al des« 
arrollo material é intelectual que incuestionablemente 
alcanzó* 

¿Cómo sucede que en Córdoba en 1831, en Buenos Aires 
en 1853, 55 y 59, en Corrientes en 1869 es el doctor Velez 
siempre el feilz negociador entre partidos irreconciliables 
al parecer, de advenimientos pacíficos, de tratados que 
ponen término á sangrientas luchas? 

Los pueblos reconocen con estas misiones» casi sin darse 
cuenta de ello, las cualidades eminentes que la Providencia 
ha depositado en ciertos hombres, reservados para las situa- 
ciones difíciles, y que no se reconocen en el curso de la 
vida ordinaria. Ningún íeader 6 cabeza departido puede ser 
negociador de paz con sus adversarios por los rencores que 
su posición le suscita. El doctor Velez podía hablar con 



VELKZ SJIAH8FIELD Zñl 

Quiroga^con López, con Rosas, con Urquiza, cuya política ó 
aspiraciones desordenadas combatía; pero, conservando 
para con ellos esa ecuanimidad que no olvida que el ene- 
migo es un hombre y un argentino, y que sus errores y 
aun sus vicios le vienen en parte de la época, del atraso 
general, de los errores prevalentes» Iniciada la negociación 
de paz con el Presidente Urquiza después de levantado el 
sitio de Buenos Aires en 1853, alguien se permitió enrostrar 
al comisionado la política egoísta de Buenos Aires, el or- 
gullo de Buenos Aires, y el odio á las Provincias, etc. El 
doctor Veiez le corta la palabra diciéndole: Los sentimien- 
tos de los pueblos y su carácter se expresan en sus leyes. 
Ninguna ha dictado Buenos Aires que restrinja el comercio 
de las Provincias, manteniendo, aun durante la guerra que 
le hacían, libre de derechos la importación de mercaderías 
por el reembarco y transbordo, y libre de derechos los pro- 
ductos de las Provincias. No es Buenos Aires quien ha de- 
clarado que podía constituirse como Nación sin Jas Pro- 
vincias. Es en el Congreso de la Confederación que se lanzó 
esta fatal paiabra contra Buenos Aires. No fué Buenos 
Aires el que llamó la compirmion m bmiina á la misión con- 
ciliadora del General Paz, para no oirlo. Pero, señores» yo 
vengo encargado por el Gobierno que rae envía, de suscitar 
los sentimientos de fraternidad que deben unirnos, á disi- 
par las prevenciones que trae necesariamente la lucha, á 
hacer toda la justicia que reclamen las Provincias y á pro- 
meter cuanto necesiten para su felicidad y desarrollo mien- 
tras dure la separación á que nos han llevado momentá* 
neamente los sucesos.» Este discurso tan sin pretensiones^ 
realzados los sentimientos que expresaba por aquellos 
inequívocos signos que el tono y la expresión dei sem- 
blante dan á la verdad, apartaron las discusiones enojosas, 
y despertada la buena voluntad de todos, estaba con eso 
solo realizada la pacificación* Este negociador era sin 
embargo el autor de las mociones de Junio» y el que que- 
brantó el insólito Acuerdo de San Nicolás. 

El primer contacto coa el Congreso fué la cuestión de 
San Juan, aquel extraño procedimiento que como lo hizo 



362 0BRA.8 DB SARMIENTO 

en vano notar el Ministro de Gobierno era una acusación 
informal emprendida por los mismos jueces constituciona- 
les. Seria de buscar en las veinte y ocho atribuciones del 
Congreso comunes á, ambas Cámaras enumeradas en la 
Constitución, cuál de ellas daba margen ó pretexto siquiera 
al Senado para oir demandas interpuestas por extraños, 
contra el Poder Ejecutivo. 

No obstante esta irregularidad, el debate duró apasio- 
nado, terco por varias sesiones, con interpolaciones de 
otros asuntos en vía de digresiones, pero de carácter fiscal, 
reservados por la Constitución á la iniciativa de la otra 
rama del Poder Legislativo. En varios discursos del doctor 
Velez, Ministro de Gobierno, bien secundado por los otros 
Ministros, logró establecer las verdaderas doctrinas consti- 
tucionales, y con el Sistema y Práctica de los Parlamentos de 
Cushing, quedó sentado que un Congreso federal no tenía 
mas atribuciones que las enumeradas y escritas en el ins- 
trumento que lo creó; con lo que quedaba desaprobada la 
iniciativa tomada en el asunto por Senadores ; y que las 
Legislaturas Provinciales, por el contrario, estaban en pose- 
sión de todas las facultades del Poder Legislativo, estu- 
viesen ó no expresas en el instrumento, con tal que no le 
estuvieren literal y expresamente vedadas por el instru- 
mento mismo. Con lo que el Senado desautorizaba la pre- 
tensión de desaprobar los actos de la Legislatura de San 
Juan. 

En este debate se trajo nuestra constitución á su ver- 
dadera Índole, aplicando á su texto las doctrinas é inter- 
pretación aceptada por los comentadores americanos, con 
lo que se aparta la ocasión de establecer el arbitrario, y 
aun la incapacidad y pasión, según lo que cada Senador y 
aun una mayoría esté empeñada en hacer prevalecer. El 
eminente jurisconsulto Cushing, autor de muchas obras 
sobre Constitución, aplaudió la sabiduría é inteligencia de 
los oradores, que creía no se encontrarían á la sazón tan 
conocedores de la materia en el Congreso de los Estados 
Unidos. Si los diversos cabecillas de partido coaligados no 
tenían en este elogio la mejor parte, al doctor Velez le 
tocaba una muy buena, sin menoscabo de la reputación de 
oradores que ganaron sus concolegas los señores Avellaneda 
y Várela, don Mariano. 



TELEZ SAARSFIBLD 363 

En otra discusión en la Asamblea del entonces Estado de 
Buenos Aires, había por el mismo sistema de apelar á las 
fuentes de nuestro derecho federal, arrastrado en la cues- 
tión Anchorena y Piran, ala Legislatura á abandonar toda 
pretensión de interpretar por sí las leyes, que otra Lef^isla- 
tura hubiese dado, dejando hacerlo, llegado un caso como 
el de aquellos litigantes, por la propiedad de una casa, á 
los Tribunales de Justicia^ únicos intérpretes délas leyes. 

En una grande é importante cuestión, sin embargo, fué 
vencido en las Cámaras. Tratábase de dotar á. Buenos 
Aires en 1870, de un puerto que debiera estar construido 
en cuatro años. Hoy tendríamos puerto. Se llamó al 
pueblo desde la tribuna parlamentaria á sublevarse al colo- 
car la piedra fundamental de los muelles futaros. 

Su derrota es su elogio. No tenemos puerto, y el comer- 
cío y el pueblo han pagado millones en el desperdicio de 
dinero que demanda hoy la carga y descarga de los 
buques. 

Sin ser imposible entre nosotros, habría sido de ver un 
pueblo amotinado para evitar que se le dotase de un puerto 
de que ha carecido tres siglos» con costo para él gratuito, 
y sólo con el fin de que por las facilidades que daría á su 
comercio le ahorraría los millones que malbarata hoy, y 
seguirá malbaratando por años. 

Este contratiempo no lo desanimó en su ruda labor de 
dotar á la Nación de comunicaciones fáciles y rápidas, á 
fin de facilitar el desarrollo de la riqueza y el movimiento 
de la población. Guando se distribuyó el gran mapa-mundi 
de la Telegrafía general, la vista del ciudadano argentino 
pudo detenerse complacida en el grupo de líneas rojas 
que señalan en la República Argentina su vasta é improvi- 
sada red de telégrafos^ extendiéndose hasta Chile, donde 
otras líneas completan el cuadro. En el resto de la Amé- 
rica escasean como en x^eia y África, y solo encuentra la 
vista mayores aglomeraciones en los Estados Unidos, con 
mayor intensidad que en Europa» 

Esta fué la osada concepción del Ministro Velez, que no 
concebía que pudiesen ser útiles los telégrafos sino en 
cuanto alcanzase al último pueblo y al último hombre el 
beneficio. 

Creemos que nada mejor edi&cará, la opinión sobre la 



95Í OBRAS DE BARUÍKNTO 

acción que ejerció en la Administración pasada, la presen- 
cia del doctor Velez, como el Informe que el mismo pasó 
Bobre los trabajos de su Ministerio» verdadero y digno tes- 
tamento de un hombre de Estado. 



Adelantamientos materiales hechos en diversas proriocias en 
los tres primeros años del Oobierno del señor Sarmiento, 
ejecutados por el Ministerio del Interior á cargo de don 
B&lm&cio Vele2 Saarsñeld. 

CAMINOS CAKRETfiROS T TÍAS DE COMUNICACIÓN 

Apertura de un camino desde la ciudad de Catamarca 
hasta el Valde de la Punta^ en dirección á Córdoba, tocando 
en Coneta, Míraflores y ViUaprima* Se calcula el camino 
veinte y seis y media leguas y se paga pesos fuertes 220 
por legua* 

Apertura de un camino, desde el distrito de Londres^ 
Departamento de Belem, hasta el pueblo de Tmogasta, 
pasando por la Quebrada y Cuesta de Zapata: cuesta pesos 
fuertes 3.000, 

Construcción y reforma del camino desde los Papagayos 
á Caucete, en la proviocia de San Juan, pesos fuertes 
33.000- 

Reparacion del camino de Mendoza á Chile poi Uspallata, 
costó pesos fuertes 600. 

Conclusión del camino de Catamarca á la CasadePíedra 
en dirección á Córdoba, pesos fuertes 3.981^25. 

Compostura del camino de Cobos á Tucuman: cuesta 
pesos fuertes 59.000, de los cuales 20-OOOjSon de fondos pú- 
blicos. 

Compostura del camino, desde Villa María y Men- 
doza, por 8-000 pesos, en fondos de puentes y caminos. 

Compostura del camino^ desde la ciudad de Salta hasta la 
Quebrada del Toro: cuesta pesos fuertes 6.371. 

Compostura del camino al Mineral de Famatina: cuesta 
pesos fuertes 500 por legua. Se calculan 90 leguas. 

Compostura del camino de La Rio ja á Papagayos: cuesta 
pesos fuertes 30 por legua. Pesos fuertes 1 .432,50. 



YELBZ BAJLRSFIELD 365 

Se acordó 3a entregó á don Joaquín Cornet, de la suma 
de pesos fuertes 15.000 en acciones de puentes y caminos 
para la apertura de un eandino de Córdoba á Tucuman, 
pasando por San José, Recreo, Quirós, Albigasta, Cañas» 
Granero, Medina, Monteros y Lules, 

Apertura de dos camiDos, uno desde Serrazuela hasta la 
ciudad de La Rloja y otro desde SieiTa de 01 ta hasta Fa- 
ma tina: cuesta pesos fuerte 54*650. 

Construcción de ocho represas en el camino de La Rioja 
á los Papagayos: cuesta pesos fuertes 12.300- 

Compostura del camino de Salta á la Quebrada de Es- 
coi pe: cuesta pesos fuertes 11*000. 

Ejecución de varias obras en el camino de Caucete á. los 
Papagayos: cuesta pesos fuertes 1050. 

Apertura de un camino de Catamarca k Guacra por la 
Cuesta del Totoral: cuesta pesos fuertes 146.250 en acciones 
de puentes y caminos. 

Apertura de un camino de San Juan á Mendoza: cuesta 
pesos fuertes 21.000. 

Apertura de un camino entre Mar Chiquita (Provincia de 
Córdoba) y Apimones (Provincia de Santiago): cuesta pesos 
fuertes 20,000 en acciones de puente y caminos. 



CASILLAS EN LA COHDTLLERA 

Construcción de cuatros casuchas en los parajes d^omi- 
nados aLa Erabocaduraw, «RíoCarneritosn, (t Pasto Amarillo» 
y «Linea de la Cordillera»: cuestan las cuatro casillaSj pesos 
fuertes 10,000. 

Construcción de tres casuchas en los parajes denomina* 
dos «Lagunita», «Fandango» y ^íCuevas de la Carmelitas)»: 
cuestan las tres casillas pesos fuertes 12.000. 

Construcción de un puente sobre Río Primero: cuesta pe- 
sos fuertes 4^1000, 
Se ordenó la entrega á don Pedro Rueda, Presidente de la 



> 



365 OBRAá DB SARlCilNTO 

Sociedad de Hacendados del Rosario, de la suma de pesos 
fuertes 2.000 para la construcción de dos puentes sobre los 
arroyos del «Sauce» y de «Pavón». 

Construcción de un puente sobre el Rio Carcaraña: cuesta 
pesos fuertes 25.000. 

Reparación del puente sobre el Rio Desaguadero: cuesta 
pesos fuertes 2.240. 

Se entregaron á don P. Bustamante, apoderado del Go- 
bierno de Jujuy, pesos fuertes 15.0G0, para la construcción 
de puentes en el camino de esa ciudad á Bolivia. 

Se entregaron á don Adolfo E. Carranza, pesos fuentes 
15.000 parala construcción de puentes en el camino de Jujuy 
á Bolivia. 

Sé ordenó se entregara á don Tomás Armstrong, la suma 
de pesos fuertes 1.500 para ayudar á la construcción de un 
puente sobre el arroyo Pavón (Provincia de Santa Fe.) 

Construcción de un puente en Sotanillos, sobre el Río 
Dulce, en la Provincia de Santiago: cuesta pesos fuertes 
35.000. 

500 pesos fuertes dados á la municipalidad de Córdoba 
para facilitar el tránsito al puente del Rio Primero, desde 
una de las calles de la ciudad. 



TELÉGRAFOS 



Contrato con don Eduardo Hopkins, para la construcción 
de una linea telegráfica sobre postes de fierro á dos alam- 
bres, desde el Rosario á Santa Fe y desde allí por un cable 
sub-fluvial á la ciudad del Paraná, y desde este punto hasta 
el Paso de la Patria, pasando por los pueblos de la costa 
del Paraná hasta Corrientes, y otra línea desde el Paraná 
por todos los pueblos de Entre Ríos hasta Monte Caseros, 
por pesos fuertes 500 por milla en acciones de puentes y 
caminos. 

Este contrato fué transferido á los señores Fusoni herma- 
nos y Maveroff. 

Contrato con los señores Camilo y Anselmo Rojo para 
la construcción de una línea telegráfica, de Córdoba á 



VELEZ SAARSFI£LD 367 

Jujuy, pasando por Sarstiago, Tucuman y Salta: cuesta 
pesos fuertes 480 por milla en acciones de puentes y 
caminos. 

Contrato con don Julio Jardel, en representación de 
los señores Juan E. Clark y Cia, para construcción de 
una Hnea telegráfica desde Villa María hasta Yalpa- 
raiso. Se paga á la empresa una subvención anual de 
pesos 30.000 en acciones de puentes y caminos durante 
diez; años- 
Contrato con los señores Fusoni Hnos. y Maveroff para 
la construcción de una línea telegráflca sobre postes de 
fierro entre Buenos Aires y el Rosario: cuesta pesos 
fuertes 68.000. 

Contrato con los mismos señores para poner los postes 
de fierro de una linea telegráfica entre el Rosario y Córdoba: 
cuesta pesos fuertes 60.000. 

Contrato con don Adolfo Carranza para la construcción 
de una linea telegráfica á dos alambres sobre postes de 
madera, desde la ciudad de Tucuman hasta Chilecito, 
pasando por la ciudad de Catamarca, Fuerte de Andalgalá, 
por pesos fuertes 284 por milla. 

Al año— Contrato para la conducción de la correspondencia de San Juan á 
Villa Maipú, por dos años, cuatro yiajes redondos al mes (contrato con 
don Juan A. Vldela, $f 576 

Id. Id.— De Santa Fe á Colonia Esperanza, tres viaje semanales, (contrato 

con don Carlos Henry), $f 180 

Id. id.— De Salta á Yavi (camino de Puna) por un año (contrato con don 

Desiderio Tejerina), $r 648 

Id. id.— Mantenimiento de postas de Rosario á San Luis, Rio Cuarto, Men- 
doza y San Juan; otra linea del Rosario á Córdoba, Santiago, Tucuman, 
Salta y Jujuy y por cinco años (contrato con don Pedro L. Ramayo), $f. 66.000 

Id. id.— De La Rioja á Posta «Don Diego» un yiaje redondo semanal por un 

año, contrato con don Dámaso Mendoza), $r 9.400 

Id. id. ^conducción de correspondencia entre el Paraná, Nogoyá y Victoria, 
Tiaje redondo semanalmente por un año ( contrato con don Felipe 
Crocco), $f 60O 

d. id.— De Santo Tomé á Paso de los Libres por un año (contrato con don 
Abelardo Torres), $f 768 

Id. id.— De Santa Fe á Colonia San Garlos, dos viajes redondos semanales 

(contrato con don Juan B. FaIcon),$f S40 

Id. id.— Conducción de correspondencia del Rosario á Santa Fe, viaje 



368 OBEUS DE SAauíeNTO 

redomlD ^manalmeDte por aa aQo ícoutrato con don Severo O'Dú- 

nelí;, $f... ^ - -. 5W 

Al año— Mendoza ySaBJuaná Santa Rosa de loa Andes, doa viajes en vera- 
~ no y uno en Invierno.— Usp al lata á San Jaan, cnatro viajes ea verano jr 

dos en invierno (contrato con don üborlo Maldonado), $1 fTO 

Id. id.— A T3por del Paraná d ^otaFe^ viaje redondo diario, an tño (con- 
trato condón Felipe Croccoj^ $f ......* l-»0 

Id. id.— Mensajería a y correoB á caballo d« Mendoza á San ñafaeL y San 
Garlos, viaje redondo semanaÍEnente, dos años (conlrato con don Jnan 

PogglK $r .* ■ 1«» 

Id. id.— u Mensajerías del Progreso^ aumento de subven cIod ai doctor don 

José A. Acosla, apoderado, $r...,. , 3.600 

Id. Id.— Subvención al vapor &>, de Santa Fe á San Javier^ Aj^ente don Lnls 

Parma)pSf l.tí» 

Id. id.— ^f a vega el o o del ftlo Berniejo, viajes redondos al año, cuatro años, 

(contrato con los señores Roldan y Mattl). $f . . , 1,0» 

Id. id.— Conducción de correspondencia de Ca tama rea i Fuerte Andatgalád 
TinoRasta, dos viajes mensuales, un año (contrato con don Adolfo E. 

Carranzas $í - *ao 

Id. id.— A caballo de Ju]uy á PotosL viaje quincenal, iH}r dos años (con trato 

con doD Daniel Alarcon), $f .....,..., ., 1.920 . 

Id. id— Ite Salta á Luracaiar, viaje quincenal» cinco años (contrato con Li- 
nares lierniaoos), $í..^... - .- 9M 

Id. id.— Currt'o á vapor de Santa Fe á Colonia ^Pájaro Blancon, un año, 

(subvencloQ á don Constante Vellecet), |f 1.400 

Id. id.— Con dui; clon de correspondencia de la Colonia Esperanza á ta de 

Súnchales (subvención á don Carlos Henry), ff * WO 

Id. id.— De Paso de los Ubres A Santo Tomé, tres viajes mensuales, ud 

año (contrato con don José L. Cartelle). $f , 7í8 

Id. id.— Correo á vapor de Buenos Aires á tíualeguay, riaje redondo en 

doce días (subvención á Paez y Gomen soro}. $r....' ^ ■ 3^*00 

id. id.— Conducción de correspondencia entre Santa Fe y Colonia Súnchales, 

>1aje redondo en la semana (contrato con doñearlos Henry)» $^<^>- ^^ 
Id. id.— De Huinahuaca á Yaví (camino de Puna) uuañOp (contrato con don 

Bernabé Gáceres), $f. * 360 

Id. id.— Navegación á vapor de Hueuos Aires á Baíiía Ulanca y Patagones, 

viaje redondo al mes (conlrato con los señores Aguírre y Murga), tf.. 13.000 
Id. id.— A vapor de Paraná á Santa Fe, víale redondo de Ida y vuelta, qu 

año (contrato con don Jorge Suarez), $r. * * ♦ ■ - t.lOO 

Id. id.— Dinduccion de correspondeucia entre Mendoza yCliile (aunienlode 
un correo en el contrato de í3 de Julio de 1869) (contrato con don 

Llborlo Maldonado)» $r 600 

Id. id.— De Córdoba á Río IV, cuatro viajes mensuales (contrato con don 

AdoUo Kauleu). %f-..^ ,.,.„..,.. *.. TBO 

id. id.— Mensajería de Córdoba á Jujuy, viaje redondo, Córdoba á Catamarca, 



YBLEZ SAARSFtELD 369 

Tlaje reílonflo'semaaalmente— PosiaaTíOQ Diego» i La Bloja. cuatro co- 
rreos á caballo, tres años (contrato eon Saotiago Diaz), $1 - iS.tílO 

Al aoo— Navegación á vapor de Corríeoteiá Trl sebera, viaje qtilnceDaL, tres 

años (coDtrato con los señores Stefaol y F. üfaz de Virar), tf ■ ■ ■ *■'• ^«000 
Id. id.— De Buenos Airosa Rosario y SanU Fe (contrato con el señor David 

Bruce), $í fl.OíW 

Id. Id.— Mensaje rías al Rincón ürande, viaje redondo semaDaimcn te, un año, 

(contrato con don Antonio Saffor), (f I,»0 

Id. id.— Navegación á vapor de Baenos Aires á Rosarlo, dos viajes i>or sema- 
na í empieza este contrato Peí) re r o 16; concia yo 1 de Junio 1870), (con- 
trato con don David Bruce), %t .....* 50ft 

Id* td.— Conducción de la corPííspondiíiicia de liaiua Blanca i Tres Arroyos, 

de correosa caballo al mesí (contrato con don Guillermo Giménez), %í. Tíft 
Id. id, -Conduce Ion de la correspondencia por agua Buenoi Aires A Monte- 
video, basta el mes de J^nlo ff 300, (convenio cnn el Capitán del cúter 

tíena^at Gúríbaldi) ........*...... * . , , , , * , 

Id. Id,— De Mendoíia á S^n Carlos y San Ha rae!, viaje redondo por semana. 

tres años (contrato con don Juan POíí^í)^, 1 1 Í0 

Id. Id .—Mensajerías del Paraná á NOKoyá y Victoria (contrato con don 

Sattimino García). $r. 60o 

Id* Id <— Navegación á vapor de Buenos Aires á Babia Blanca y l'atagones, 
viaje red jndo mensual, por dos años [contrato con ios Feñorts Agulrre 

y Murga, remívacioní, li.OOO 

Id. Id.— Mensajerías de Mendoza á Santa liosa de los Andes, 60 |r. por 
viaje en verano y 9ü en Invierno, tres años (contrato con don Llborlo 

Maldonado), $r 1.000 

Id. id.— Habilitación dt; t*ostas, de COrdoba é Posta Caldera, de Córdoba á 
Calámari^a, y de aPosta Don Diego» á La HJoJa (contrato con don Santiago 

' Díaz), $r , , fl,O0O 

Id. Id —Arreglo de posta de VJl la María á Uendoza fts. aoo mensuales, con 

don Pedro L. Raínayo. S,000 

Id. id .-^Subvención de mensa]erlaa á San Lorenzo, tres años (contrato 

condón Pastor Sastre) ,. ,., 340 

Id. Id.— Mcn^aJerfas de Villa María á San Juan por HIo («, San Luis y 
Mendoza, viaje redonda por semina, un año (contrato con don Pedro 

L. Ramayo), $f,,,.. 9.M0 

Id. Id— De ¿san Luis íi Villa Prima tocando ep Nogoli, San Francisco^ Lujan, 
Qullmes. Dolür.'s t provine la de Cbrdotea), Punta del Agua, Santa Rosa, 
Capilla dé ÜL>lorea y Renca- dos viajes ai mes y dos correos á caballo— 
Utru correo k caLailu que baga cuatro viajes al mes de San Luis á 
Dolores; estal^lecer Postas en esta última carrera, cinco años, llamado 

Corret? hUcr frovinciaí {contrato con don José E. Lobo), |r 3.369 

Id. Id ^— Conducción de correspondencia i>or agua entre t) Paraná y Santa 

Fe, vlaie diarlo redondo, no año (contra tu con don Jorge Suarez), $f.. l,«» 

Tono xiTn.— 24 






370 OBRAS i>K 8AKM1KNT0 

Al año— De Córdoba á San Juan, viaje en S | días, qd año fe emirato can 

don Manuel B. Telada;, $f -. *.3» 

Id. id.— De San Juan y Mendos á Santa Hosa ds los Andes; San Juao áUspa* 

Uata, viaje quincenal, dos años (contrato con don Llborlo Alaldonado)» $U i.iO& 
Id. Id.— De Santo Tomé á Paso de los Libres» tres viajes measuales, unaño^ 

(contrato con don José R. CarlPlle), $f. l.Wft 

Jd. Id.— Navegación á vapor de itueaos Aires á Santa Fe, un afio (contrato 

condón José R. Cartellt^), (f - 768 

Id. id.— Navegación á vapor de Buenos Aires á RosarSo y Santa Pe, un año 

(contrato con don David Bruce; renovación), $f — . C.ooft 

M. id.— Conducción de corrcstpondcnda de Catamarca d Fuerte Andalgalá, 

cuatro viajes al mes— Fuerte And al gala ñ Tlnogasta dos viajes, un año 

(contrato con don Adolfo £. (^arran^a)* $r... ig 



Todos los contratos referidos por tiempo determiíaadOjSe 
han continuado hasta el presente cod muy rara excepción. 



FERRO'CAHRILES 



Contrato sobre la construcción por las costas del Uruguay, 
desde seis leguas antes de la Concordia hasta Monte Caso- 
ros, bajo la garantía auna compañía inglesa del siete por 
ciento del capital que se emplee. Se está trabajando coa 
mucho empeño. 

. — Contrato con una compañía inglesa para k construc- 
ción del ferro-carril de Villa María al Río IV^ por la can- 
tidad de dos millones ciento cincuenta mil pesos fuertes. 
El Gobierno ha entregado ya un miHon de pesos fuertes. 
Este ferro-carril está muy adelantado. 

— Continuación de los trabajos que se interrumpieron por 
la guerra de Entre Ríos del ferro-carril de Gualeguay que 
se hace por cuenta del Gobierno. 

—Estudios y planos para la construcción del ferro-carril 
de Córdoba á Tucuman, han costado veinte y dos mil pesos 
fuertes. 

— Estudios y planos para la construcción del ferro-carril 
proyectado del Río IV á Mendoza. 

Este ferro-carril se calcula en diez y ocho millones de 
pesos fuertes. 



TBLBZ SAAR8FIELD 371 

— Estudios y planos para la construcción de un puente 
en el Arroyo de Nogoyá. 

— Estudios y planos para la construcción de un puente 
sobre el Río Gualeguay. 

— ^Estudios y planos para la construcción de un puente 
sobre el Río Salí (Tucuman). 

— Estudios y planos para traer el Rio Dulce ¿i su antiguo 
cauce. 

— Estudios y planos para la construcción de puentes en 
los ríos de Corrientes, y obras sobre el puerto de aquella 
ciudad. 

COLONIAS 



Para la Colonia del Uruguay entregados diez mil pesos 
fuertes por el Gobierno para el pago de las acciones que 
ha tomado. 

— Auxilios dados en varias ocasiones á la Colonia del 
Ghubut, pesos fuertes 10.000. 

— Creación de la Oñcina de Ingenieros, compuesta de 11 
ingenieros y 2 agrimensores. 

— ^Formación del Censo de toda la República, é impresión 
de él en numerosos ejemplares, ha costado pesos fuerte» 
190.000. 

—Creación de la Oficina de Agricultura. 

— ^Reparaciones y obras en la casa que ocupa el Gobierno 
Nacional, han costado mas de pesos fuertes 80.000. 

—Casa en el Rosario para el Telégrafo y el Correo, hasta 
ahora pesos fuertes 10.000. 

— Estudios y planos de Lazaretos de madera en la Isla 
de Martin García. 

— Pesos fuertes 1.000 para extender el terreno donde se 
encuentra el Observatorio Astronómico. 

Hasta aquí el informe del Ministro de Gobierno. 
Todavía cuando transitamos por Italia, el vehículo rueda 
sobre la Via Appia ó la Via Flaminia, recordando con gra- 



37S OBRAS DE 3AUUIEMT0 

titud, dos mil años después, los norabres de los Cónsules 
Áppio Claudio y Flarainio, que les dieroD su nombre, ¡Oh, 
viandante! donde quiera que por el vasto territorio argen- 
tino dirijáis tu nnarcha, el nombre del viejo Velez está 
subentendido. 

Velez Viatort habría sido saludado por el pueblo romano, 
€omo Scipio AfricanuSy en memoria de sus grandes servicios. 



vin 



Los Códigos 



Hemos reservado para el fin, lo que fue en efecto la final 
manifestación de la larga preparación de una vida entera, 
consagrada al estudio de las ciencias legales. 

El Código de Comercio, su primer trabajo, excitó, ya por la 
manera de proponer su sanción, ya porque por entonces la 
autoridad de au nombre no estaba bien establecida, dudas 
y aun aserciones negativas, en cuanto á. la originalidad de 
la obra. Ignoramos cuál es hoy, después de tanto debate á 
nuestro juicio inútil, la opinión que ha prevalecido- 

Por fortuna podemos presentar para corregir el error, el 
testimonio de un testigo presencial de los hechos, y lo que 
parecerá mas nuevo un instigador para acelerar la confec- 
ción de los Códigos, y este testimonio es el nuestro propio. 
Dejamos al lector en vista de los hechos, que le dé la impor- 
tancia que quiera. 

El que esto escribe vino desde Chile en 1855 preocupado 
de la idea de propender á que no quedase la República, en 
esta materia, atrás de Bolivia, Chile y el Uruguay que ya 
tenían Códigos civiles, pues era éste, á loque creía, el mas 
importante. Habló de ello varias veces con el doctor 
Tejedor y el doctor Velez, y en £/ Nacional se registran 
dos ó tres artículos, escritos en el mismo sentido, con 



VELEZ 8AARSPIKLD 373 

diferencia sólo de meses. Como horabre ajeno á las 
ideas profesionales, su maoera de ver participaba del 
carácter práctico de sus conocimientos. Guando un escri- 
tor dijo que el Código de Comercio había sido sancionado 
bajo la inspiración de un soldado, decía á mas de una 
frase espiritual^ una verdad incuestionable- Las mismas 
ideas lo guiaban para la confección de un Código Civil 
Argentino. El de Bolivia era casi una traducción del 
Código de Napoleón; pero el de Chile sujeto á competentes 
revisiones era una base aceptable. El del Uruguay podía 
servir también de tipo, con las adiciones ó reformas que 
un estudio mas detenido sugiriese. 

El doctor Velez rechazaba esta manera sumarla de pro- 
ceder. Al de Chile objetaba el haber sido redactado por 
un literato, conocedor sin duda de la materia, pero expre- 
saba en lenguaje extraño al foro, lo que exponía á gran^ 
des inconvenientes en la práctica. Al del Uruguay hacía 
mas serias objeciones. Era, decía, la codificación de las 
Leyes de Partida, las Recopiladas y la Novísima, como 
lo prueban las notas al pie, sin critica, sin estudio, y 
mejores ideas» según que las ciencias legales han avan- 
zado en estos últimos tiempos, reclaman las necesidades 
de la época ; concluyendo siempre que se tocaba ese punto» 
con decir, si de un Código de Comercio se tratara, para 
eso sí estoy preparado, y me encargaría gustoso del tra- 
bajo. 

El instigador que lo que deseaba era que se principiase 
la obra de codificación, aceptó la tan repetida indicación, 
y á poco de ser nombrado Ministro de Gobierno el doctor 
Velez, le cobró la palabra, invitándole á aprovechar la 
ocasión, pues antes se paraba en la dificultad en hacer 
que el Gobierno ó las Cámaras se interesasen en ello. 

Aceptada la indicacionjel Ministróle comunicó un borra- 
dor de decreto en que nombraba al doctor Acaveilo y al 
doctor Barros Pasos, hoy vocal de la Corte Suprema» encar- 
gados de laredacclon, debiendo someterla á la revisión del 
Gobierno, No fué difícil hacerle sentir los inconvenientes 
de este plan, las lentitudes inevitables, y el trámite de una 
revisión, en que había acaso que cambiar el sistema adop- 
tado, con la necesidad de una tercera comisión que deci- 



374 OBRAS Dfi 8ARMIBNT0 

diese sobre los puntos controvertidos, como sucedió con el 
Código Napoleón. 

Entonces, venciendo sus escrúpulos de nombrarse á sí 
mismo, apareció el decreto encomendando la obra al doctor 
AcevedOj conjuntamente con el Ministro de Gobierno, 

Reunidos en sesión preparatoria ambos codificadores, el 
doctor Velez propuso un plan de trabajos que fué aceptado 
en el acto. El doctor Acevedo, como práctico en la coordina- 
ción y sucesión de las materias, por haber ejecutado ya un 
trabajo semejante, se encargaría de la redacción, teniendo 
en vista las Ordenanzas de Bilbao y los cinco Códigos de 
Comercio coordinados que corren impresos. Preparado así 
un capitulo, se traerla á. examen y serviría de base á, la 
discusión de doctrinas, si diere lugar á ello, preparando uno 
nuevo mientras el doctor Velez estudiaba aquel. 

En la primera conferencia, el doctor Velez dijo á su 
concolega: — Nada tengo que añadir ni quitar al primer 
capítulo. Lo felicito por su acierto; y si los otros fuesen lo 
mismo, este Código será la obra exclusiva de Vd., partici- 
pando yo sólo del honor. 

Las conferencias semanales se continuaron sábado á 
sábado, con igual cordialidad y solicitud. Si ocurría disen- 
timiento al tratarse la materia de un capítulo, el doctor 
Acevedo encontraba abiertos sobre la mesa los libros y 
Revistas que innovaban en aquel punto, con las doctrinas 
mas avanzadas de autores franceses ó alemanes, y con pre- 
sencia de leyes recientes de Inglatera, Estados Unidos ú 
otros países comerciales, que ilustraban la materia. El 
acuerdo no era difícil entre dos jurisconsultos tan bien 
dispuestos, y las correcciones eran adoptadas. En el capítulo 
quiebras, el doctor Acevedo no anduvo tan feliz como en 
otros, y en el de letras de cambio, después de un debate 
muy erudito, fué preciso adoptar la redacción entera del 
capítulo que en substitución confeccionó el doctor Velez. 
Concluido el trabajo, resultó que cuatrocientos artículos en 
mil seiscientos eran enmiendas ó agregaciones del doctor 
Velez, siendo la mayor parte de los otros la reproducción de 
las Ordenanzas de Bilbao que proveen á un gran número de 
casos. Podría decirse sin exageración que lo nuevo y com- 
plementario era la obra del doctor Velez, como lo muestran 



VBLEZ 8AARSFIELD 375 

loB manuscritos de su puño y letra que se conservan. De la 
buena voluntad con que se aceptaban recíprocamente estas 
ideas, dio ante la Comisión de Legislación una muestra? 
cuando uno de sus miembros le objetaba haber dispuesto 
tal cosa, cuando otra diversa era la mas conveniente y 
aceptada, — Esa era mi opinión también, contestó el incre* 
pado; pero el doctor A^cevedo hizo valer tan buenas razones 
BU contrario, que adherí á la suya. Recomiendo al señor 
Miembro de la Comisión que pase si gusta por mi estudio» 
y encontrará diez autores registrados que sostienen ó el uno 
ó el otro sistema, con buen acopio de razones, siendo en 
la práctica tan bueno ó tan malo un sistema como el otro, 
pues los inconvenientes se subsanan con ventajas recipro- 
cas, en la dificultad de hacer que una ley positiva ejecute 
exactamente el principio de derecho. 

Pocas veces un hombre ha pasado por torturas iguales k 
las que sufrió el doctor Velez, á causa del Código de Comer- 
cio. Tres años de debates en el Senado, versaron mas bien 
sobre su persona que sobre el texto del Códigoj y aun después 
de sancionado, estuvo expuesto á contradicciones tan desnu- 
das de fundamento y justicia como innecesarias. Lo que 
era de admirar ©n tan larga oposición es que jamas apa- 
reció en la prensa un examen crítico de la obra, que mos- 
trase sus errores» y que hubiese verdaderos jurisconsultos 
que la impugnasen, aunque no faltasen abogados que 
uniesen su voz á las resistencias que provenían de fuentes 
menos autorizadas. 

EL Código Civil lo emprendió en la* última década de su 
vida, sin colaborador, acaso escarmentado de lo que había 
hecho sufrir esta circunstancia con el anterior; pues como 
lo hemos asegurado al principio, la idea de hacer un Código 
de Comercio era exclusivamente suya, diciéndose prepa- 
rado de antemaniD,y sólo por llenar ciertas formas de bien 
parecer, se asoció al doctor Acevedo, ya que estuvo á punto 
de nombrará otro, reservándose sólo la revisión final» que 
habriale traído diüoultades graves, para hacer prevalecer 
sus propias ideas. 

Del Código Civil^ obra de cuatro años de asiduay cons- 
tante labor, nada tenemos que añadir. En las oposiciones 
violentas que el otro suscitó, la opinión, aun la de los opo- 






376 OBMJlfl DB SARUIENTO 

nenies, había reconocido' su innegable competencidj y no 
obstante las avanzadas reformas que contiene, ó algún 
punto, tal como el matrimonio católico* con exclusión del 
civil en que la opinión y la práctica de muchas naciones 
ba innovado, sus prescripciones han pasado á ser ley, y sus 
doctrinas han sido respetadas. De dos notables juristas 
que ponían objeciones á una de ellas, dijo una vez por con- 
testación final: puedo poner en mis notas, como lo hago 
con Troplong y otros eminentes jurisconsultos de quienes 
me separo á veces, contra Fulano y Mengano que opinan lo 
contrario. 

Su sistema de anotación ha dado lugar k muclias críticas; 
pero, con la exposición que elks hacendé las fuentes de 
que se ha alimentadlo, ó las doctrinas que no halló ajusta- 
das, logró desarmar la critica misma, mostrando ademas 
la vasta erudición que los jurisconsultos europeos sólo 
estaban en aptitud de medir. La Revista de Derecho inter- 
nacional y de Legislación Comparada que de eños atrás ge 
publica en Bruselas, y que redactan célebres jurisconsultos 
alemanes, franceses, ingleses, belgas, con el laudable fin 
de tener al corriente á totias las naciones y á los que estu" 
dian la legislación de los progresos de las ciencias jurídi- 
cas, dirigió al doctor Velez una carta de felicitación, por el 
Código Civil, que, dada la responsabilidad de tan eminen- 
tes maestros, y ¡a autorida*! de que sus nombres gozan, cada 
frase de encomio adquiere el valor de un monumento 
levantado en su loor, como no vacila su Presidente en cla- 
sificar de monumento elevado á la ciencia aquel Código 
CiviL Véase la carta que lo acredita: 

Señor Ministro: 

Con el mas vivo reconocimiento hemos recibido, yo y mis 
colaboradores, los tres hermosos volúmenes que contienen 
el Código Civil de la República Argentina, 

Esta obra de todo punto notable, ó para decir mejor, este 
moHunmüo legislativo, de que sois autor, merece ciertamente 
fijar la atención de ios jurisconsultos y hombres de estado 



de todos los países, y es como tal que nos prometemoB 
señalar vuestro Código en nuestra revista. 

Las numerosas notas con que lo habéis enriquecido, nos 
servirán en todos tiempos como un precioso socorro, por- 
que contienan oasi otro tanto de artículos de legislación 
comparada. 

Ellas atestiguan, al mismo tiempo, con qué conciencia, 
con qué poder da trabajo habéis cumplido el honorable, 
pero difícil mandato que se os había conQado. 

Es, pues, con el mayor placer, que se encargará uno 
de nosotros, no de hacer conocer esta obra en todos sus 
detalles, porque las dimensiones de nuestra revista no per- 
mitii'ian un trabajo de tal estensioüj sino de retrazarlo á 
grandes lineas y dar una idea de la manera con que ban 
sido tratados ciertos puntos esenciales. . . * , . , . . 



G. RotUn Jacqitemins. 



En regiones tan altas no se prodigan tales conceptos sino 
en honor del mérito real, y no por atención y civilidad que 
dañarían el buen nombre de los que las hagan, ante el 
concepto ilustrado de sus profesionales concolegas del 
foro. 

Como estuviese nombrado desde años atrás miembro 
corresponsal de dicha Asociación de Jurisconsultos, en 1870 
le reclamó M. J. O. de Vigne á nombre de la redacción de 
la Revista, su promesa de asociar sus conocimientos á la 
obra por ellos emprendida; ay ayudarles, subministrándole 
« datos sucintos sobre las principales leyes de interés ge- 
« neral que huyan sido promulgadas en el curso del año 
<t último, ó que se promulgasen en adelante en la Repu- 
lí blica Argentina, como también si se pudiese, en otros 
« países de la América Meridional. » 

Contestando á esta reiterada solicitud encuéntrase en los 
borradores que ha dejado el de una carta que dirige á la 
RedaccioUjy que da idea sucinti del plan del Código, y 



378 ÚBKkB DB SAKUIfiNTO 

de las reformas introducidas sobré los que le han prece- 
dido, carta que damos á la publicidad por los preciosos 
datos que subministra* Antes de hacerlo recordaremos que 
medió una seguida correspondencia con el jurisconsulto 
Freitasdel Brasil, y que la de este distinguido personaje 
revela la mas alta estimación de la capacidad de juzgar de 
sus trabajos» como asimismo su satisfacción no disimulada 
de verse comprendido y apreciado por jurisconsulto tan 
notable como el doctor Velez, Excusado es decir que el 
respeto y aprecio era recíproco en ambos. Dice así la 
carta: 



(iBaenos AJr«s, Diciembre de 1871 . 



u Al señor J. O. de Vigue^ avocat 

(f Señor: tengo en mí poder vuestra carta de 31 de Enero 
del año próximo pasado, escrita por encargo de la Redac- 
ción déla aRevista de Derecho Internacional y de Legislación 
Comparada»; recordándome mi promesa de colaboración 
á esa importante publicación. Agradezco muchoj señor, el 
honor que me dispeoí^a la Redacción de la Revista, juzgán- 
dome capaz de contribuir con algo útil á la grande empresa 
cientifica de que se ha encargado. 

íí Yo tenía^ por el trabajo análogo á esas miras de que 
me ocupaba desde algunos años atrás, el mayor interés y 
empeño en remitirlo á la Eevista, satisfaciendo así mi pro- 
mesa, mas allá de lo que podía exigirme^ pero recien ahora 
puedo hacerlo j remitiendo á vuestro nombre un ejemplar 
del nuevo Código Civil de nuestro país, que lie trabajado 
por orden del Gobierno Nacional, y que acaba de llegar 
impreso en Nueva Ycjrk. Paso á daros una ligera idea de 
mi Código, el cual ha sido aceptado por el Congreso 
Nacional. 

(íPor mis estudios de Jurisprudencia y por mi larga 



r 



VBLBZ aAAftSFIELD 



m 



práctica en el foro, conocía ios errores y las deficiencias da 
la Legislación española de la edad media, y de estos 
ultimes tiempos; conocía también los errores y las deficien- 
cias del Código francés, y las críticas que le han hecho los 
principales jurtsconanltos de aquel país. Había hecho el 
estudio de la legislación comparada con los principales 
Códigos de Europa y América, y creía que había mucho 
que enmendaren ellos ó que crear por primera vez. Entré 
así en el trabajo de formar un nuevo Código Civil, que fuese 
el fruto detestado actual de la ciencia^ comparando cada 
una de las fórmulas con las disposiciones de los Códigos de 
Europa y América, y agregándole notas que explicasen la 
jurisprudencia de que partía, apoyado en los escritos dalos 
grandes jurisconsultos de Alemania, ó da los autores de las 
Pandectas de Justiniano. 

« Si gustáis pasar la vista por cualquiera parte del 
Código encontrareis un verdadero asiudío de legislación 
comparada en cada uno de los artículos, y también las opi- 
niones de los primeros jurisconsultos de la época actual. 
El índice solo, os mostrará el método que he seguido, falta 
imperdonable en todos los Códigos que conocía hasta el 
último, el Italiano, que he juzgado que es el menos bueno, 
igual sólo en sus grandes defectos al del Perú. 

ft Yo he salido de la vía común de seguir el mal método 
del Código francés, y copiar sus artículos, aceptando toda 
BU jurisprudencia; y hallareis diversos títulos que no se 
encuentran en los Códigos de Europa y América sobre 
materiasque estaban sólo libradas en los juiciosa la juris- 
prudencia general, ó ala especial de cada juez que debiese 
fallar un proceso. 

« Conociendo ahora el trabajo de que estaba ocupado, y 
que pensaba remitir á la Revista desde que tuve el honor 
de ser nombrado como uno de sus colaboradores, discul- 
pareis mi silencio de dos años. 

« Siento que mi obra esté en el idioma español, que es el 
nuestro, desconocido en la literatura de la jurisprudencia, 
por lo poco ó nada que ha contribuido en adelantamiento 



380 OBRKñ D£ BAEMtKNTO 

de la ciencia* Pero como puede haber allí alguno de los 
colaboradores de la Revista que posea el castellano» yo me 
animaré k deciros que mi Código puede dar materia á varios 
artículos de legislación comparada» que serían niuy irapor* 
tantas, por ejemplo, el título 1« y 3^, el de la sociedad 
conyugal, el de la posesión, el de las sucesiones y varios 
otros en que hay tantas innovaciones á, lo establecido en 
los Códigos actuales. 

(t Os ruego tengáis k bien acusarme recibo de esta carta 
y del ejemplar del Código que os remito, y que me digáis 
también si la Revista necesitaría tener algunos ejemplares 
mas que me será fácil remitir, 

ff Soy señor, vuestro mas afectísimo servidor. D. Veleí 
Saarsfield. » 



CONCLUSIÓN 



Oración fúnebre 

En 1872, fatigado su cuerpo por las tareas administrativas , 
y acaso abatido su espíritu por las contrariedades que era 
gala suscitar á la administración, elevó su renuncia de 
Ministro de Gobierno, anunciando ser su ánimo poner fin á 
su vida política, y retirarse para en adelante á, la vida pri- 
vada en busca del reposo que sus años reclamaban. Este 
propósito lo guardó en despecho de toda solicitud, hasta 
que sintiendo su salud quebrantada, renunció también á la 
Dirección del Banco Nacional, creado bajo su influencia y 
cooperación. 

Desde entonces principió á minarse su constitución, debi- 
litándose de día en día, hasta que apercibiéndose de ello^ 
dijo á uno de sus amigos, que le preguntaba por su salud : 
estoy luchando con la lenta extinción de la vida. 

La extinción total se consumó el 31 de Marzo de 1875, á 
los setenta y cuatro años cuatro meses y doce días, y sus 
restos fueron acompañados á la mansión del reposo eterno 
por un gran número de ciudadanos. 

Sus contemporáneos, al fin de vida tan útilmente ocupada^ 
han expresado en diversas formas y en actos públicos la 
grande estima que de sus servicios hacían. 

El Congreso le decretó una recompensa de cien mil pesos 
fuertes en fondos públicos, que él quiso conservar siempre 
á su nombre. 

El Banco de Depósitos hizo colocar su retrato, ejecutado 
por el pintor Panini en el gran salón del Directorio. 



362 OBRákS DS SARMIENTO 

Los billetes de cinco mil pesos como los mas altos, Ueyan 
por signo distintivo su imagen; y en reconocimiento por el 
bien hecho, el comerciante Delfino hizo esculpir en Roma 
por CevascOj en mármol de Carrara su busto, sobre una 
columna del mismo material que lo sostiene, obsequian^ 
doselo, como grato recuerdo de haber con la institución del 
Banco de Depósitos ayudádole poderosamente á aumentar 
BU fortuna. 

Tarias Academias extranjeras de Jurisprudencia lo nom- 
braron Miembro Honorario; y si el sentimiento público de 
veneración y aprecio hubiere necesitado un órgano» la ora- 
ción fúnebre pronunciada sobre su tumba por el Presidente 
de la República, doctor don Nicolás Avellaneda» sería digna 
por la belleza de la forma, y la justicia hecha á su patrio- 
tismo, saber y virtudes^ de un pueblo, como Jo es de un 
orador. Verdad es que la Selva era digna del Cónsul. Una 
obra meditada habría sido acaso expresión de un propósito 
por laudable que fuese. La improvisación del momento 
tras la noticia de su muerte, es la expresión del corazón y 
de la conciencia. 

Cerramos estas páginas con aquella bella pieza de orato- 
ria, seguros de expresar con ella el pensamiento común á 
cuantos saben apreciar el mérito de nuestros grandes 
hombres. 

« Señores : 

Tándem quUseit, . . .Descansa al fio ! 

« El obrero infatigable cargado de trabajos y de años 
viene por fin á pedir su reposo. 

« Su vasta inteligencia, su organización poderosa, su 
patriotismo ardiente sólo podían desfallecer en la muerte. 

« Era ya tan anciano !— Su nombre se había mezclado á 
acontecimientos lejanos, que los hombres de estas genera- 
ciones no hemos presenciado; y su voz seguía escuchán- 
dose en los parlamentos, su firma se registraba al fin de los 
documentos administrativos, y toda obra de progreso en- 
contraba su cooperación ó su consejo, si es que no había 
tenido origen en su inagotable iniciativa. 



TSLBZ BAAR8FJELB 383 

« No hay quizá entre nosotros ejemplo de una vida 
pilbHca igualnnente activa, tan fecunda, lan perseverante. 
Después de cuarenta y cinco años podía decir — Nulía úie 
sinelinea/y apenas ha tenido tíenapo para replegarse sobre 
si mismo, consagrar algunas horas á las meditaciones 
supremas, preparando su espíritu para este tránsito, sin 
órbita conocida, de un mundo al otro, á través de la 
tumba. 

tt El doctor Dalmacio Velez Saarsfield nació en los últimos 
años de la dominación colonial, creció en los primeros de 
la revolución, y pertenecía á esa falange de hombres fuer- 
tes, tan experimentados por el trabajo y los sufrimientos, 
á quienes tocóla viril tarea de organizar en instituciones 
la libertad que saludaron naciente en su cuna, siguiendo 
los senderos surcados por la anarquía, empapados de san- 
gre por las guerras civiles, ó enlutecidos por tiranías bár- 
baras y obscuras- 

ff Con ese polvo^ con esa sangre, con esos crespones de 
luto, se encuentran tejidas las tramas de sus vidas» No 
podemos de otro modo comprender Ka obra de cada uno de 
ellos, afirmar lo que valieron ó lo que pudieron, sin contar 
los años que pasaron bajo la esterilidad de los largos des- 
potismos, en las expectaciones del destierro, dilatadas y 
tristes como un día polar, ó en esas luchas dos veces cruen- 
tas que Tácito ha descrito mostrando cómo se despedazan 
las facciones, y cuánto cuesta arrancarles lo que pertenece 
al país. ? 

flt Encontramos en todas partes el nombre y la obra del 
doctor Velez Saarsfield; pero cuánto mas trascendente y 
variada habría sido ésta, si los diez y seis años ds la tira- 
nía de Rosas no lo condenaran á la madurez del pensa- 
miento y la vida á la inacción silenciosa, sin otro refugio 
para sualmaqjie la versión de los cantos sublimes y me- 
lancólicos en que Virgilio cantó al incendio de Ilion, las 
peregrinaciones de Eneas por la tierra y los mares, y las 
guerras que sostuvo hasta alcanzar el cetro del Lacio,-^ 
trabajo que el ilustre muerto deja inédito, porque los espí- 
ritus serenos y recogidos no entregan al vano comento de 
las gentes, aquellos ejercicios literarios que son los con- 
suelos del alma dolorida, como los llamaba Cicerón después 



384 OllllAa t>K SAHMIBMTO 

de la muerte de Tulia an su retiro de Túsculo.— .Súíaíío 
mentís. 

tt Así para el doctor Velez Saarsfield fueron los años de 
actividad facunda aquellos años ya altos de la vida, que 
tantos otros sienten apenas escurrirse como una sombra 
bajo sus pies, 

a A. los cincuenta y cinco años escribe el ft Derecho 
Eclesiástico 11 que convertido en er Manual de los gober- 
nantes» ha evitado entre no9c)tros esas cuestiones entre 
la Iglesia y el Estado, que perturban tan hondamente la 
paz y las conciencias en otras Repdblicas sud-america- 
ñas* A los sesenta organiza el Banco de ¡la Provincia, hoy 
tan poderoso; — da las primeras formas de la legislación 
agraria; — restituye el libre movimiento á la propiedad 
inmueble con la redención de las Capellanías, trabajo 
legislativo que completa la ley monumental de 1813; y con- 
tri tm ye poderosamente, como uno desús autores, ár la redac- 
ción del Código Mercantil, para naturalizar el comercio 
que acudía de todas partes y se desenvolvía de improviso, 
ejecutando actos y combinando operaciones que eran has- 
ta por su nombre desconocidas en la antigua ley. 

a Los años se acumulan numerosos, y la actividad inte- 
Jectuftl del doctor Velez continúa asidua á las grandes 
tareas. Concluye después de los setenta años la redacción 
del Código Civü^ la mas vasta obra de legislación que haya 
producido la América, y reaparece por última vez como 
Ministro en las esferas gubernativaSj para ejecutar la red 
de telégrafos que han llevado boy instantáneamente basta 
los confínes de la República, la noticia de la muerte del 
gran estadista, ó inscribir su nombre al frente del primer 
Censo en el que hemos inventariado nuestra población y 
los elementos primordiales de su vitalidad y progreso. 
« Esto es mucho, señores, pero no es todo* 

tí Las breves palabras de una improvisación arrancada 
ádolorosas emocioneSj no pueden compendiar en una sín- 
tesis las manifestaciones de una inteligencia tan vasta» 
juzgando al doctor Velez como hombre de gobierno, como 
jurisconsulto, como publicista ó como orador^ 



VELH2 SiLAIlSFIELD 3tíb 

*t El orador! La palabra está dicha. Ha ahí el sello del 
hombre. Los que componemos las generaciones presentes 

no olvidaremos la figura oratoria del doctor Yelez Saars- 
field. 

a Tenia en su voz aquellos acentos que se graban en la 
memoria de las Asambleas ó de los pueblos, y que ponen 
en presencia del orador la posteridad lejana, Cuando algu- 
nos años hayan pasado; cuando los que estamos aquí pre- 
sentes hayamos entrado en esas horas creapusculares en 
lasque los a últimos murmullos del día se confunden con 
los primeros silencios de la noche, i> cuando nuestro pensa- 
miento se vuelva ya con predilección hacia el pasado, 
para reanimar sus espectáculos por el recuerdo, todos dire- 
mos entonces: w |0h, qué orador* , .el molde quedo roto I — 
Nosotros 1© hemos oido en las sesiones de Junio, cuando 
pronunció aquellas palabras que han sido el estandarte 
durante cuarenta años, imponiéndonos la obligación de 
todas las conquistas, «Los pueblos no son á medías, ni 
libres, ni esclavos »— ¡Oh, qué orador! Nosotros le hemos 
oído en aquella sesión de la Convención de Buenos Aires, 
cuando propuso la adopción de la Constitución que hoy 
rige la República, contando con doloroso acento las diso- 
luciones de los antiguos Congresos. 

kAsí los que oyeron jóvenes ó niños al primero de los 
Chattam en su último discurso sobre el bilí de América, 
entregaban su recuerdo cincuenta ó sesenta años después 
k las nuevas generaciones, qua nos lo han trasmitido k su 
vez, — enternecimientos ó deslumbramientos postumos de 
la memoria que se suceden como una vibración armoniosa, 
repitiendo y perpetuando los efectos mágicos de la palabra 
hablada* 

«Señores; El doctor Velez murió anoche, y la triste 
nueva no es conocida sino después de pocas horas. No 
be podido asi recogerme dentro de mi mismo para buscar 
palabras dignas de pronunciarse en presencia de su tumba. 
Pero la gratitud nacional debía tener un intérprete en esta 
ocasión, ó inclinándome con respeto profundo dejo caer 



386 0BRA8 DK SAEMIBNTO 

de mis manos sobre los restos mortales del doctor Velez 
Saarsfield el puñado de polvo que separa por la eternidad 
á los muertos de los vivos, 
« j Doctor Velez Saarsfield^escaDsa en pazt 
« Los últimos días que habéis presenciado han sido agi- 
tados y turbulentos.— Pero esta es, senor, siempre vuestra 
patria. — Lo que irrita, lo que enemista, lo que divide debe 
ser efímero y transitorio, puesto que las grandes tradicio* 
nes que se apoyan sobre las tumbas de Kivadavia, de La- 
valle, de Alsina, vienen igualmente á levantar la vuestra — 
señor: los vínculos no están aun rotos, puesto que sabemos 
todavía reunimos todos> para enterrar con honor á nues- 
tros grandes muertos. — He dicho. 1 (^) 



( t) £1 diseurso pronnncUdo por Sarmiento en la misma tumba, se registra en 
el Tomo XXII de eiítas obras. (N.ME ). 



HISTORIA INÉDITA DEL CÚDIGD DE COMERCIO (O 



{ Bi Nacionai, Agíjato » de 1869.) 

Pocas veces una falta ha experimentado mas cruel 
castigo que haber redactado un Código de Comercio. íCuán- 
tas imputaciones odiosas recayeron sobre su principal autor, 
basta negarle la paternidad, que es lo que los autores de 
algo bueno sienten masl 

El público ignora hasta hoy la verdadera historia de 
este desaguisado; y como se trata de un nuevo código, 
cuyo autor puede pasar por las mismas pruebas, tomamos 
de una Memoria manuscrita que trata de varios hechos 
püblicos bajo el nombre de monografías históricas, una 
que se ocupa del Código de Comercio. 

Leemos en la página., » de este manuscrito, lo que sigue: 

«Poco después de estar hecho cargo de su redacción escribí 
un artículo sobre la necesidad de codificar nuestras leyes. 
Alberdí mí me había enrostrado mi falta de capacidad profe- 
sional para trabajos tales^ lo que hacia suponer al piadoso 
lector que él la poseía sobrada. BoHvia se habla dado 
códigos, Chile tenía el Civil de Bello, y el Uruguay habia 
dado áluz el de Acevedo. Comuniqué mi idea á los doctores 
Tejedor y Velez, oyendo de uno y otro objeciones á su 
practicabilidad por lo menos. Mi plan era sencillo, sin 
embargo, y hacedero por lo práctico- 



( 3 ) Dunoe «ste escrito del señor SarmleDto, pnlillcido en SI ífaeicnal, si en (Jo 
PreBldCDte, eo la época (fe pre&entai- Ai Congreio el Código Clrll, quee^tavez logro 
se aprotrara í libro eerrado* Ulm[H>ftaDGla déla materia JustlJl^arálat redundan- 
eiafi. {Notaéti Editor.) 



388 0BKA8 DB S&KMEEf^TO 

«Tres codificaciones de las mismas leyes en la misma 
lengua, me decía yo, con mas ó menos imperfecciones, eran 
sin embargo una excelente base para facilitar la redacción 
de un cuarto código mas perfecto. ¿Por qué no adoptar 
el de Chile, por ejemplo, y enmendarlo por proyectos de ley? 
¿Por qué no el de Acevedo? El doctor Velez oponía á uno 
y otro objeciones que no es del caso recordar, concluyendo 
siempre que este asunto se tocaba, con esta invariable 
aserción: «Un código de comercio, si; eso es indispensable 
hoy, por lo insuficiente de las Ordenanzas de Bilbao, y 
para eso estoy preparado j> 

«Esto ocurría desde un año antes de pensarse en la redac- 
ción de un código. Habiendo sido nombrado el doctor 
Velez Ministro de Gobierno, asáltelo á poco con mi pro- 
yecto. 

« — Ahora es tiempo,ledije,dereal¡zarsu idea deun código 
de comercio. Vd. lo decreta y Vd. lo lleva á cabo. — Opúsome 
dificultades de posición, acaso porque lo tomaba de sorpresa 
la idea de hacer práctico lo que había tantas veces repetido 
como posible. Dos días después me comunicó que había 
hablado de ello al señor Obligado, y dádole éste su asen- 
timiento. 

«El propósito del Ministro era evitar un procedimiento 
que traía aparejadas mas de años de demoras, dos largas 
instancias, nombrando codificadores á los doctores Acevedo 
y Barros Pazos; y quedar él como revisador de la obra, 
para su aprobación. 

«Yo me opuse abiertamente á esto que exigía segunda y 
tercera reforma. La dificultad de parte del doctor estaba 
en un sentimiento de decoro. ¿Cómo nombrarse el Minis- 
tro encargado de hacer el Código? Yo hice prevalecer al 
fin mi idea, y el nombramiento recayó en Acevedo y Velez. 
Pueden compararse las fechas del nombramiento de Ministro 
y codificador para ver cuan cerca andan una de otra. 

« Asi nació la idea de codificar las leyes. Yo proponía un 
código civil para principiar; el doctor Velez uno de comer- 
cio, para lo que, repetía, estaba perfectamente preparado. 
Acevedo se quejó después de que yo no le dada otra parte 
en la obra que la de compilador. Perdónemelo su memoria. 
En el plan original no le dábamos otra. Él había ya arre- 
glado y codificado un Código Civil, dando en ello muestra 



VELBZ aAARSFlELD 389 

de método, prolijidad y acierto. Para él esta parte tan esen- 
cial al buen éxito, le era fácil y práctica. El doctor Velez 
se encargaría de la parte crítica y avanzada de la teoría, 
si puedo expresarme así. Los Códigos Comparados de Co- 
mercio, cincoj con las cinco redacciones del mismo artículo 
en la misma pá^^ina, facilitaban mucbo la obra manual. 

«Organizóse y distribuyóse el trabajo en sesiones prepara- 
torias, á que asistí siempre como parte muy interesada, del 
modo siguiente : 

«El doctor Acevedo traería el primer título un sábado, y 
]o dejaría para ser examinado por el doctor Velez. Traería el 
segundo para otro sábado, y entonces el doctor Velez 
sometería sus observaciones al primero. 

«Cuando este último caso llegó, el segundo dijo al primero" 
— ^Doctor, he leído su trabajo, y le doy mis parabienes: na 
tengo una palabra que añadir, ni quitar; hágalo poner en 
limpio, y ese será el primer título del Código de Comercio. 
Si asi sigue, hemos emprendido un trabajo fácil y de pronta 
terminación.)» 

«Al segundo título el doctor Velez opuso algunas obser- 
vaciones, que fueron adoptadas; y para ahorrar repeticiones, 
diré cómo se hacía este trabajo. Una semana había, con 
el manuscrito del título por delante, estudiado el punto el 
doctor Velez, que aguardaba á Acevedo el sábado, con la 
mesa literalmente cubierta de libros abiertos y Revistas 
de Legislación, que trataban del punto, como progresos que 
la ciencia había hecho después de la adopción de los diver- 
sos códigos, ó los inconvenientes que la práctica había 
demostrado. Un título entero fué hecho por el doctor 
Velez, el de las letras ó papeles de cambio, por haber 
adoptado para su primitiva redacción una base reconocida 
ahora falsa. 

« Diez meses duró este trabajo, desempeñado por ambo» 
colaboradores, no sólo con asiduidad, sino con un espíritu 
de conciliación y deferencia que pocas veces se encontrará 
entre hombres de saber. Cuando en el Senado objetaba» 
al doctor Velez la adopción de cierta prescripción en lugar 
de otra que reputaban mas adecuada, se justificó diciendo 
que esa había sido su opinión ; pero que tan buenas razones 
le había dado el doctor Acevedo en favor de la que pre- 
valeció, que le había prestado su asentimiento. Durante los. 



390 OBRAS DE SAa&IIBNTO 

diez meses de elaboración, el doctor Velez vivió en un 
estado de exaltación mental casi febriL Vivía del Código, 
y la materia del titulo del que se ocupaba era el tema de 
sus pláticas diarias, con quienes quisieran oirlo, deleitán- 
dose en la contemplación de las bellezas del derecho, 
explicando las causas profundas de disposiciones al parecer 
nimias, como si describiera países nuevos, señalando al 
viajero, de que él era cicerone^ los monumentos principales, 
su dedicación y objeto. 

«Terminado el Código, era preciso presentarlo al Gobierno, 
y aquí volvía la cuestión de decoro. El doctor Velez proponía 
que Acevedo lo presentara solo, á lo que se negó diciendo 
que no quería aparecer autor de obra en que tanta parte 
tenía el otro; y entonces formaron ambos el bello oficio 
de remisión, con lo que se mandó imprimir. 



n 



Yo había sido hasta aquí la mosca del cochero. Podía 
como ella decir: jcómo hemos trabajado en el Código! Yo 
me había encargado de la corrección final de las pruebas ; 
y tanto había oído en la discusión de los puntos cuestio- 
nables, que podía decir que me hallaba pasablemente 
instruido de su contenido. Era por entonces Senador, y 
presenté el proyecto de ley que decía tout bonnement: Es 
ley del Estado, el Código de Comercio I Las enmiendas se 
harán por proyectos de ley separados. 

Si era á fuer de teniente coronel que proponía este tempe- 
ramento, como lo insinúa un escritor montevideano, es 
porque son los militares los que conocen los medios de 
allanar montañas de dificultades, tales como la revisión 
por una comisión que sabe menos que los autores, ó sabe 
otra cosa que ellos, lo que reclama otra comisión que los 
ponga de acuerdo con los honorarios correspondientes, y 
años y años de por medio. 

El proyecto y el Código se presentaron al Senado, y la tem- 
pestad estalló. La oposición era, salvo una minoría de seisi 
compuesta de tres elementos distintos. Los que nada sabían 
sobre comercio ni leyes, á cuya cabeza estaba el poeta Már- 
mol. Se nos presenta,decía,un libro cerrado para que lo apro- 



YSLBZ SAARSFIBLD 391 

bemos. Es un libro abierto, le contestaban, para que lo 
lean ciegos I Mas tarde se reconoció que estaba ciego I 

A la cabeza de los comerciantes estaba el finado Alcorta. 
El doctor Velez respondía á sus pretensiones de tener voto 
en la materia^ que nunca se había consultado en país alguno 
á comerciantes sobre leyes de comercio. 

Otra fracción la componían los abogados ; y quien haya 
tenido pleitos, sabe que hay diez de ellos para el pro, y 
otros diez prontos para el contra. 

La verdad es que la rutina de la manera ordinaria de 
discutir leyes, entraba por mucho en la oposición, celos de 
profesión en algunos, y mala voluntad en muchos. 

El proyecto fué desechado, y pasó el Código á Comisión ; 
y esto fué todo el trabajo del año. La Comisión se reunió 
una vez, propuso reformas á diestro y siniestro, y no hizo 
nada en todo el año. 

Presentóse de nuevo el proyecto primitivo un segundo 
año, confirmado su autor por el fracaso de la pretendida 
comisión ; pero el espíritu de resistencia no habia dismi- 
nuido. Por entonces tomaba ya un carácter de malignidad, 
como las heridas que no se curan al principio, y que mues- 
tra una de las aberraciones mas tristes del espíritu humano. 
El Código al final de cuentas no dañaba á nadie, no hería inte- 
rés alguno; sus autores no se habíai; propuesto ningún fin de 
lucro. El doctor Velez no recibía honorario por su trabajo, 
por ser Ministro y ademas autor de la idea. 

Y sin embargo, el segundo año la animosidad era perso- 
nal,violenta, mas contra él que contra mí, que solía dejar 
escapar verdades tanto mas amargas cuando mas eviden- 
tes eran. 

Un incidente solo puede dar idea de este estado enfer- 
mizo de los ánimos. Una noche rogué al autor del Código 
que no asistiese á la sesión. Quería yo ir al fondo de aque- 
lla línea cerrada de celos, prevenciones y mala voluntad, 
porque nada mas obstaba á la adopción del Código. Mas 
de un año había transcurrido sin que ni abogados, comer- 
ciantes, ni senadores produjesen en la prensa una refuta- 
ción de algún artículo especial. Ni el pretexto de economía 
podía alegarse, pues los gastos estaban hechos. 

Llegó la hora de abrirse la sesión, y en las antesalas 
pude observar un fenómeno extraño, incomprensible. 



392 OBaA.S DE SARMIENTO 

Conocía á Jos senadores hostiles al proyecto, á los amigos, 
á los prevenidos^ y la exasperación, la convicción, la obsti- 
nación, el rencor tiene expresiones propias que 8e mues- 
tran en la fisonomía. Esta vez era otra cosa lo que veía 
en los semblantes. 

Era mas que odiOf una mezcla de desprecio y asco en 
unos, de repugnancia y lástima en otros. Sorprendí á 
alguno mirándome de reojo, como quien espía tos raoyi- 
mientos de un hombre colocado en circunstancias odiosas. 
Entramos en sesión y bajo estas impresiones pedí la palabra. 
Recorrí de una mirada todo el Senado, y me quedé yerto- 
La misma ñsonomía en todos, excepto algunos amigos* 
Ahora se añadía el desprecio, el disgusto de tener que tolerar 
media hora, acaso mas tiempo en oir liablar al reprobo. 

Quise hablar y tenía los labios y la garganta seca como 
la ropa. 

Pedí agua, y no encontró palabras para principiar. Már- 
mol se apercibió de mí congoja, y me propuso pasará 
cuarto intermedio, no obstante que la sesión priacipiaba 
recien. Hice un supremo esfuerzo, haciné ideas y me con- 
fundí porque estaba desalentado. Los que me oyeron (y 
algunos amigos que había invitado yo^ dicen que me ponía 
la mano en la boca, sin saber lo que me hacía, y la voz se 
hacía sepulcral, como eran incoherentes las frases. Puse 
de peor condición el asunto. 

Después de salir de sesiones pregunté á un amigo, qué 
significaba aquel terrible aspecto de la Cámara, que me 
había anonadado como una atmósfera envenenada. 

No sé, me dijo. Sólo que sea que en antesalas poco antes 
de entrar usted alguno explicó la causa de su insistencia 
porque se adoptase el Código, diciendo que como si se corre- 
gía, se perdería la edición numerosa que había hecho 
Pinero, usted hacía fuerza de vela para que se adoptase! 

Esta luz siniestra aclaraba el misterio. 

Era yo un mercachifle de libros, y aquel empeño, aquel 
arrostrarlo todo, aquel discurso mismo que iba á pronun- 
ciar para llevar la convicción á los ánimos, era inspirada 
por motivos venales, acaso unos cien pesosl! 

Pinero tenía trece ejemplares del proyecto de Código!!! 

Y sin embargo, lie visto tres vtces por lo menos ganarse 
y perderse votaciones por sugestiones de este género. 



TBLBZ SAAH8FIELD WB 

¡Pobres cuerpos deliberantes! Fué rechazado el proyecto 
contra cinco votos. 

Al tercer año si no estaban quebradas las animosidades, 
no tenían pretexto para mostrarse. 

En honor de Mármol debe decirse que él fué el primero 
en reconocerlo impracticable de someter á discusión rail 
seiscientos artículos, y la nulidad de las comisiones nom- 
bradas, pues en dos años no habían dos sesiones. Sancio- 
nóse en el Senado, y pasó k la Camarade Diputados donde 
le quitaron toda la parte dispositiva para las enmiendas y 
manera de incorporarlas en el texto cada diez años, nom- 
brando una comisión de revisión. Si don Alfonso hubiese 
ordenado lo mismo para sus leyes de Partida y las Recopila- 
das y la Novísima hubiesen seguido este plan. Ja España y 
no Napoleón habrían dotado al mundo de Códigos revi- 
sados. 

Esta idea no era del Teniente Coronel, sino plagiada á 
los Estados Unidos, cuyos Estados tienen ^ue Revisad Statutesj 
corregidos, cada diez años, para¡eliminar las leyes derogadas 
é insertar las enmiendas ó las nuevas. Así el libro de las 
leyes está al alcance do todos. Yo he dado al doctor García 
una vez, en cinco minutos, reloj en mano, una ley que me 
pedía. 

m 

Se había al fin sancionado un Código tres años y medio 
después de elaborado, y uno de concebido y decretado; 
cuatro años por las vías mas expeditivas al militar. ¿Qué 
hubiera sido sise persistiese en que el doctor Barros Pazos 
hubiese tomado parte en la redacción; el doctor Velez 
y algún otro en la revisión, y hubiese pasado á comisiones? 
Hoy estaríamos en sesión todavía. 

De repente, el poeta Fajardo, oriental que escribía un 
diario, lanzó un cargo al doctor Velez, diciendo que el 
Código era la obra si no exclusiva, principal del doctor 
Acevedo, oriental! Si no recuerdo mal las impresiones de 
entonces, me parece que esta idea encontró asentimiento 
en una buena parte del público argentino. 

La insinuación tomó carácter de afirmación luego. Re- 
cuerdo que el doctor Velez extrañó, sin resentimiento, que 



394 OBRAS DE SARMIfiNTO 

el doctor Acevedo no hubiese desmentido inmediatamente 
aserción que tanto se separaba de la verdad. 

Fué preciso sacar á luz documentos* y sin cargo alguDo al 
doctor Acevedo, resultó denjostrado, que de los mil seis- 
cientos artículos, cuatrocientos veinte y ocho habían sido 
introducidosjpor el doctor Velez; y como un Código de Co- 
mercio tiene gran parte de los cinco Códigos Compara- 
dos, resulta que en cuatrocientos artículos nuevos, debió 
estar todo lo nuevo y que avanzaba sobre los antigaos 
Códigos. 

Yo había visto salir estos artículos de la crítica da esos 
mismos Códigos, de autores alemanes, de revistas france- 
sas de legislación, de leyes^inglesas y norte-americanas de 
reciente data. 

Pero lo que puedo certificar es que la idea de hacer un 
Código de Comercio fué exclusivamente del doctor Velez, raa* 
nifestada un año antes que se pensase en hacer Códigos 
de ninguna clase, y desde entonces diciendo que era para lo 
que estaba preparado. Estaríalo igualmente el doctor Ace- 
vedo; pero fué el doctor Velez quien lo solicitó para ayu- 
darlo, no contando con sus luces por no saber si las tenía 
especiales en la materia, que nunca pudo creer suficientes, 
sino con su práctica de redactar, organizar y formar Código 
de que había dado muestra en el Civil suyo. 

Las objeciones que hacía el doctor Velez á mi idea de 
adoptar lisa y llanamente el Código del doctor Acevedo, á 
mas del capítulo sobre el matrimonio civil que él hallaba 
objecionable, era que el Código era simple organización de 
las leyes españolas, según se dejaba ver en las citas al pie, 
sin la suficiente crítica, é incorporación de los inmensos 
progresos hechos por la ciencia en estos últimos tiempos.» 

Hasta aquí el manuscrito. 

Mas tarde, cuando el Congreso hubo de adoptar como 
nacional el Código de Comercio de Buenos Aires, el doctor 
Velez tantas veces puesto en la picota por el Código, pri- 
mero como malo, después como ajeno, volvió á pasar por 
una flajelacion impía, que ha debido amargar los últimos 
años de su vida, viendo los enemigos que puede crear el 
deseo de hacer un poco de bien, sin daño de nadie, y con sólo 
levantarse k las cuatro de la mañana durante cinco Qños, 
á los sesenta y cuatro de edad, y vaciar en el papel el fruto 



TELBZ aAARSFIBLD 395 

de cincuenta años de estudio, para decín^he aquí¿loque he 
hecho. 

Tenemos por delante el Código del doctor don Dalmacio 
Velez Saarsfield Ahora no tiene un colaborador k quien se 
le atribuya su obra, aunque ya se insinuó en Francia que 
plagiaba á Frey tas ó servía á loa intereses del Brasil. 

Por algo se comienzal El debate está abierto; y pronto já 
recibirlo todo. 

n púvero aiiomniató 

Amito úatpniatQ 

SoUq U pubblicQ flageUo. 

El Código ha sido presentado á las Cámaras para su 
adopción. 



tiroiCE DEL TOMO XXVn 



Páetóa 

Vida de Ünooln.— IntrodaccloD.** . ,..*..,..,..»... ,, 5 

iQfancLa y edueadOQ ., M 

EDtrada en la vida pública U 

Én el Ck)ngreso 46 

Ante It Nación 75 

Candidato y Presidente iOt 

De Sppingfleld á Washington 109 

La nueva administración ii6 

Llamamiento á lasarmas 143 

Acción del Ctongreso 160 

Una pausa en la lucha 169 

El Congreso de 1861 á 1863 174 

La esclavitud 182 

La campaña peninsular 187 

La libertad de millones 193 

Mas complicaciones SOO 

La reacción 204 

Primera tentativa de reorganización 217 

Derechos de extranjeros y soldados negros 324 

Reelección 228 

Lincoln reelecto 236 

Triunfodeia gran República 342 

Se estrechan las filas 250 

En Richmond 259 

El último acto 269 

El castigo 378 

Revista militar.— Reorganización 287 

Conclusión 293 

Bosquejo de la biografía de D. Dalmaoio Velez Saarsfleld 299 

Infancia y Juventud 299 

La Eneida 306 

La guerra civil 313 

Emigración 324 

Renacimiento 337 

Oratoria , 345 

Política y gobierno 358 

Los Códigos , 372 

Conclusión. — Oración fúnebre 381 

Historia inédita del Código de Comercio 387 



SAL '¡531-!. I.l 



OBRAS 



DR 



D. F. SARMIENTO 



PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOS DFX GOBIERNO 
ARGENTINO 



TOMO XXVIII 



IDEAS PEDAGÓGICAS 



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HL'KNOS AIRES 

6814 -Impr«nl.i y Liloj^raña «Mariano Moreno». Corrienles 829 

1899 



OBRAS 



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D. F. SARMIENTO 



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OBRAS 



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D. F. SARMIENTO 



PUBLICADAS BAJO LOS AUSPICIOS DEL GOBlElíNO 
ARGENTINO 



TOMO XXVIII 



IDEAS PEDAGÓGICAS 



BUENOS AIRES 



6811 — Imprenta y Utograña «Mariano Moreno r» Corrientet «29. 



S/IL H53H .1.1 









^. 



¿//•^ 






EDITOR 
A. BELIN SARMIENTO 



PRÓLOGO 



Sarmiento vino a establecerse en Santiago en los primeros diae de 
enero de 1841* Tenía entonces 30 años de edad. 

Diez años antes había rejentado k escuela de una pobre aldea chile- 
na, con el sneldo mensual de trece peeoa. En su proTincia natal tam- 
bién había sido maestro da primeraa letras, director de un colejio de 
ñiflas, periodista, soldado en loe campos de batalla contra la tiranía 
de Ecsas. 

El joven emigrado no traía recursos, ni recomendaciones, ni títulos 
qne hacer valer ; toda su fortuna conaiatía en algunos libros. Pero 
luego contrajo amistad con los profesores don José María Nníiez i don 
J. Victorino Laatarria, quiénes lo presentaron al ministro de instruc- 
ción pública don Hanuel Montt. 

Este hábil majisti'ado meditaba entonces la idea de crear una escuela 
normal de preceptores ; i vi6 desde el primer momento en el modesto 
emigrado al director del futuro establecimiento, a su auxiliar mas eficaz 
en la tarea de levantar, desde los cimientos, el grandioso edjñcio de 
la inetruccion primaria. 

En aquellos mismos diae, Sarmiento inició sus trabajos en la enae* 
nansa i en la prensa, hallando la mas lisonjera acojida. 

Su labor pedagójica fué vasta i trascendental. Se notan en ella 
tres partes distintas : dirección del primer curso de la escuela normah 
o sea, la instituciou del preceptorado nacional ; la reforma de la ense^ 
ñanza de la lectura, i la fundación del periodismo pedagójico. 

Tal es la obra magna que deaeo reseñar con brevedad i concisión en 
las presentes pajinas, de^dendo á una invitación altamente honrosa. 

Sarmiento observó luego el deplorable estado de atraso en que se 
hallaba la enseñanza de la lectura, para la cual no se conocía otro pro- 
cedimiento que el de deletreo. 



o 0BRA4 DE SAKHie^TO 

Diversas teatatívas de reforma, Tenñcaáaa doade loa ptimeroo días 
de la independencia nacional^ no habían tenido éxito a causa da la 
incultura de los maestros i la falta de ieatoe adecuadoa al efecto. 

£1 mismo año citado, el maestro arjentíno empezó sub abajos de 
reforma, reproduciendo un Método d^ Lectura^ que había compuesto 
don Juan Manuel Bonifaa, intelijente español consagrado a k primera 
enseñanza en la república del Urugoai. 

Elste testo, compuesto de quince carteles, estaba ad^pUdo a la ense- 
ñanza mutua. Era silábico relatiro, con las letras diapuestas en o^ia 
clave ó cantilena, formando una especie de anagrama alfabético ^Ud 
decía, c merece se te de leche beve peneque Terreñe xejefe. » Esto era 
un procedimiento, derivado de la aplicación qm del anili£ig hizo a^ 
castellano el célebre pedagogo español don José Mariano Vaüejo. 

Contenía algunas innovaciones de importancia: el autor llamaba 
que i gue a las letras ci g, por ser el sonido que representan en el 
mayor número de casos en el orden natural i el constante en el inverso ; 
i distinguía las consonantes r i rr para los dos sonidos distintos de 
este signo. Inmediatamente después de las siiabas simples, ya habla 
frases como estas : c fíjate niño, en lo que leas, imita en todo al que te 
enseña, >j etc. 

Este testo estuvo adoptado en algunos colejios de Santiago, oon éxito 
bastante lisonjero. 

En 1842, Sarmiento prosiguió sus ensayos. Bmmprímió el Método 
práctico de enseñar a leer por el pedagogo español don Yicente Naharro. 
Este testo es de conformidad ai procedimiento silábico absoluta El 
alumno, desde la primera lección, sin conocimiento previo de ninguna 
letra, principia á leer palabras como al ma, be Uo^ ha la^ va ca, vi ga^ 
pa paj pu ño, nía no^ mi «a, etc. 

Sin duda, los maestros poco preparados no pueden aplicar oon fad- 
lidad este procedimiento. A poco lo convierten en el arduo aprendi- 
zaje de un gran número de signos, o sea, de sílabas, consideradas cómo, 
sonidos distintos. 

Con fecha 22 de agosto de aquel año. Sarmiento elevó al ministerio 
de instrucción pública un informe rotulado Análisis de las cartillas» 
silabarios i otros métodos de lectura conocidos i practicados en Chile' 

Después de sentar algunos principios ortolójicos, el autor pone de 
maniñesto la insuficiencia de la vieja cartilla, rechaza con severidad un 
Curso de leclura^ arregUdo para el uso de las escuelas lanoasterianas 
de Buenos Aires ; espone que el método prácUoo de Naharro no es 



PRÓLO0O 7 

adecuado a la ensefianza rudimentaria de la lectura ; i luego critica 
también la obra de Yallejo. Termina recomendando á Bonifaz. 

Lo mas notable es que el autor insinúa el moderno fonetismo ortoló- 
jioo. Hé aquí sus propias palabras : < La m es una letra que puede 
pronunciarse, o a lo menos percibirse, sin auxilio de vocal ; basta para 
ello pegar con fuerza los labios i hacer salir por las narices el aliento 
i la voz para producir un sonido prolongado indefinidamente, que no 
puede equivocarse con el de otra letra. La 5 se produce igualmente 
apretando los dientes i haciendo escapar el aire por sus intersticios; 
la /*, la t; la «/ la rr con solo prolongarlas como si se pudiese escribir 
asi : fffff mrrrrr.i^ 

Sarmiento espone también sus ideas acerca de la formación de un 
testo de lectura. Lo quiere calculado para los pueblos americanos, al 
teatro en que se desenvuelve la intelijencia infantil. No acepta los 
libritos de adajios^ refranes i proverbios, como el de Martínez de la 
Besa. Prefiere los cuentos sencillos, en el propio lenguaje infantil, 
como los de miss Edgeworth. 

Este opúsculo, el primero publicado por Sarmiento, marca la época 
inicial de notables reformas escolares en Chile. Don Francisco Bello» 
el erudito autor de la Oramática latina^ le dedicó un artículo bibliográ- 
fico con lo mejores conceptos, en El Semanario de Santiago^ número 
22, de fecha I"" de diciembre de 1842. 

Mas todavía. Sarmiento publicó en aquel mismo afio un SilábariOy 
que puede considerarse como un ensayo del que dio á la estampa tres 
afios después. Fué impreso á espensas del gobierno, á fin de satisfa- 
cer un pedido urjente de cartillas que había hecho el intendente de 
Valdivia. 

Consta de dieciseis lecciones, cada una de las cuales contiene ejem- 
plos de las diferentes especies de sílabas, en el orden que a continuación 
se expresa. 

1. Las vocales solas i precedidas de h i las consonantes.— 2. Articu- 
laciones simples directas. — 3. Continuación de las mismas, haciendo 
notar ciertas irregularidades como ce, eí, xe xijeji^ etc. — 4. Articulacio- 
nes simples inversas. — 5. Letras mayúsculas. — 6. Articulaciones sim- 
ples mistas. — 7. Articulaciones compuestas directas e inversas. — 8* 
Combinaciones compuestas mistas. — 9. Letras bastardilla. — 10. Dip- 
tongos i triptongos. — 11. Diptongos en sílabas directas. 12. Dipton- 
gos en sílabas compuestas directas. — 13. Besúmen de diptongos i 
triptongos. — 14. Ejercicios de la ^ i la c. — 15. Letras estranjeras i 
notas ortográficas.— 16. Ejercicios de lectura. 



8 OBRAS DB SARMIENTO 

Esta trabajo es hoi desconocido aun de los eruditos bibliógrafos na- 
cionales. Las noticias que se oonserran de él son las consignadas en 
las publicaciones periódicas del afio en que salió á luz. 

Entretanto, el ministro don Manuel Montt dictó el decreto de creación 
de la escuela normal de preceptores, con fecha 18 de enero de aquel 
afio, esto es, solo dos años después de la fundación del primer estableci- 
miento análogo de los Estados Unidos de Norto América. 

La dirección fué confiada á Sarmiento ; i á petición de éste^ nom- 
brado subdirector ó ayudante el intelijete joven don Ignacio Acufia, 
que había cursado humanidades en el Instituto Nacional. 

El 14 de junio tuvo lugar la apertura sin ceremonia alguna. 

Los jóvenes incorporados eran estemos: los de planta recibían una 
pensión anual de den pesos ; los supernumerarios eran aspirantes á las 
plazas de pensionistas que vacasen. 

La preparación de estos jóvenes, por lo jeneral, era sumamente defi- 
ciente : algunos no sabían leer con facilidad, ni poseían una forma 
tolerable de letra, ni comprendían las primeras nociones de aritmé- 
tica. Pero varios de ellos habían estudiado latín en los conventos de 
provincia o de la capital, dato revelador i característico de la época. 

La enseñanza debía comprender las siguientes asignaturas, según el 
decreto citado: 

1^ Lectura i escritura con perfección ; 

2^ Dogma i moral relijioso ; 

3^ Aritmética comercial ; 

4^ Gramática i ortograña castellana; 

5* Jeografía descriptiva : 

6^ Dibujo lineal; 

7" Nociones jenerales de historia i particulares de la de Chile. 

8^ Métodos de enseñanza mutua i simultánea. 

El director tomó a su cargo la enseñanza de los ramos científicos ; 
i el ayudante, la de los artísticos. 

Sarmiento llevó desde el primer dia un «diario de las operaciones 
i de la marcha de la enseñanza, por lo que pudiera convenir para lo 
futuro » ( ^ ). Consta éste de sus comunicaciones, mensuales ó bimes- 
trales, dirijidas al ministerio. Conservado inédito, hoi descubre aun 
en los menores detalles el proceso de la enseñanza del director. 



(I) Archivo de la Escuela Normal de Preceptores de Santiago. 



PRÓLOGO 9 

Hó aquí loe primeroa informes: 

(í 1** de julio de 1843. — EUnfraacritoda cuanta á US, deque en log 
quince días del mes de junio próximo pasado bq ha dado principio a la en- 
aefianzade los elementos de la lectura i escritura, haciendo en la primera 
ejercitar la pronunciación para eorrejir los defectos que traen los alum* 
nos, habiéndose limitado a estos dos raraoa por^ahora hasta que haya 
salido del eatudio de los rudimentos. . , » 

A falta de testos especiales, el director adoptó para las ejercicios de 
lectura, la interesante publicación periódica denominada El Instructor^ 
que editaba en Londres el célebre impresor Áckermam, Con esto de- 
mostró poseer una noción clara i perfecta de las condiciones que debe 
reuíiir un testo de lectura, de carácter enciclopédico i científico, tal 
como lo prescribe la pedagojía contemporánea. 

No enseñó otra letra que la inglesa, esoluyendo la espaílola, lo que 
exijió un dilatado esfuerzo para vencer hábitos arraigados con la tena- 
cidad que dan muchos años de práctica, 

«1° de agosto de 1842. — El infrascrito, director de la Escuela 
Normal, tiene el honor de informar al sefior Ministro que en el mes- 
de julio que acaba de terminar, se ha principiado la enseñanza de la 
aritmética, de la historia sagrada i doctrina cristiana, cuyos estudios 
con los ejercicios de lectura i escritura ocupan hasta ahora las cinco 
horas diarias que ha destinado a la enseñanza, haciendo ademas que 
en sus casas estudien las lecciones. 

Principian las clases a las seis de la mañana i concluyen a las tres 
de la tarde, subdividiéndolas con un momento de descanso. 

El infrascrito ha creído preferible esta continuidad de horas a la de 
hacer las lecciones mañana i tarde, por los inconvenientes que trae la 
diversidad de costumbres de las diversas casas de los alumnos en 
cuanto a las horas de comer . . . 

uno de los primeros cuidados durante este tiempo ha sido introducir 
el orden, la disciplina i la moralidad entre loa jóvenes alumnos i 
puede asegurar al señor Ministro que ha conseguido mucho a este 
respecto, no obstante que los medios de influencia con que cuenta 
son tan vagos que teme que el ejercicio i el hábito les haga perder 
su eficacia . . . 

No puede usar de castigo alguno, ni cree tampoco posible ni nece- 
sario este sistema de corrección para jóvenes que van a dirijir mas 
tarde establecimientos de educación i que están pensionados por el 
gobierno ...» 

Para la clase de aritmética, los normalistas tenían la Ariimética de 



10 OBRAS DE SAHMIBNTO 

los niños, escrita por don José Mariano Yallejo ; i íambieu el teato 
de Lacroix. En el primer afio estudiaron las nociones jenerales de 
numeración, las cuatro operaciones fundamentales, loa quebrados i 
fracciones decimales, las raaones i pro porción es, las reglas de tres i 
compañía, simple i compuesta, todo por medio de tiii proc^lmiento 
mas sistemático que metódico. 

La clase de relijion se hacía por el Catecismo de la doctrina cristiana 
por el cardenal Caprara, que había traducido del francés al castellano 
el ilustre patriota don Manuel de Salas en 1826. Los dias jueves, los 
alumnos leían los evanjelios i oían esplicaciones orales particularmente 
sobre el espíritu de la moral cristiana. 

«12 de noviembre de 1842. — El que suscribe informa al señor 
Ministro a quien se dirijo que en el mes de octubre vencido ha dado 
principio a la enseñanza de la jeografía, formando un cuadro sinóptico 
de cosmografía como estudio preliminar. Continúa la enseñanza de la 
lectura, escritura, doctrina cristiana i aritmética. De esta ultima se 
han hecho diversas clases i los jóvenes mas adelantados se ejercitan en 
enseñar a los que van mas despacio ...» 

Había entonces tres testos de dicho ramo: el Catecismo dejeografía 
publicado en Londres por don José Joaquín de Mora i reproducido en 
Buenos Aires i en Santiago; las Lecciones de jeografia tnodema com- 
puestas en 1838 por don J. Victorino Lastarria ; i el Curso elemental 
de jeografia moderna dada a luz en 1839 por el profesor arjentíno 
don Tomás Oodoi Cruz. 

El director dispuso que los alumnos hicieran estractos en cuadernos 
divididos en carillas, con el nombre del estado, límites, capital, ciuda- 
des principales, población, relijion, gobierno, etc. 

« 1° de diciembre de 1842. — El infrascrito pone en conocimiento 
del señor Ministro que en el pasado mes de noviembre ha ccntinuado 
la enseñanza de la lectura i última parte de la doctrina cristiana, las 
razones i proporciones i la regla de tres simple, quedando solo cinco 
de la colección de cuadros de aritmética por recorrer. 

La enseñanza de la jeografía continúa con buen suceso, habiéndose 
terminado ya la de cosmografía i el conocimiento i uso de las esferas . . . 

Instruido el infrascrito que el gobierno hace litografiar un mapa de 
la costa de Chile, cree útil que se den a la Escuela Normal algunos 
ejemplares a fin de poder enseñar en ellos a colocar las ciudades prin- 
cipales i demás accidentes jeográficos, aunque esto no pueda hacerse 
sino de una manera aproximativa... 



PRÓLOGO 1 1 

La moral i da ti interna c!el establecimiento se mejora cada vez más i 
carta ú'm se aumenta el nümeTo de alumnos que se distinguen por su 
aplioadon. buena conducta i aprovechamiento. Las listas adjuntas ins- 
tniirán a US* del mérito e instrucción de cada joven, según el lugar 
que en ellas ocupan. 

No prevé el infrascrito el inconveniente que habría en publicar por 
la prensa eatas listas, prometiéndose por el contrario, mucho bien de 
ello» pues 4^ue infíairfa poderosamente en la buena comportacion de 
estos jóvenes i serviría para juatiñcar ante el público las razones que 
motivan la reparación de los menos estudiosos que hacen aparecer 
como injusticia del director de la Eaenela Normal, ante sus familias,' 
lo que es efecto de au propia ineptitud. 

Aun juzgaría oportuno el que se diese publicidad a los informes 
que menBualmente se pasan al gobierno, a ñn de que el público siga 
los progresos de la enseñanza i mantenga vivo el interés en la mejora 
de las escuelai, que es su objeto ; esto sería de tanta mayor importan- 
cia, si como es de esperarlo, la prensa de Santiago se ocupase de 
este grande asunto de interés público. Cree que sería oportuno que 
hubiese en la escuela algunos ejemplares de los diarios, que contienen 
siempre una lectura útil i animada, i que puede en lo sucesivo ser 
instructívo sobre asuntos que interesen a los jóvenes de la Escuela 
Normal. Insisto sobre esto porque muchos jóvenes de los mas aplica- 
dos han intentado en su escasez de recursos aprorrotarse para obtener 
algunos ejemplares del diario que se publica hoy en Santiago i ha 
sido al infraacrito necesario para ahorrarle este gasto, proporcionárseles 
a BUS expensas. 

Convendría asimismo que la Escuela Normal tuviese un barómetro i 
un termómetro para hacer apuntar a los jóvenes diariamente las varia- 
clones de temperatura i presión de la atmósfera. Cuando estos jóvenes 
se hayan distribuido por todo la república, nadie mejor que ellos 
pueden ser encargados de reoolectar estos i otros muchos datos útiles 
oon tal que se les haya habituado a hacerlo. » 

El mapa citado es la Carta de la cosía de Chile tomada a bordo 
del buque de S, sM. B. * Beagle », impreso en Santiago por el litógrafo 
Besplanques. 

El diario que se menciona, El FrogresOj el primero que haya habido 
en Santiago^ fundado por el mismo Sarmiento, el 10 de noviembre de 
aquel año. en unión de su compatriota don Vicente Fidel López. 



A medidos de enero de 1S43, se rindieron los primeros exámenes 

rc2 



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^.-v. 



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12 OBRAS DB SARMiSfCTO 

de los normalistas ante el rector del Instituto Xacionat don Antonio 
Varas. 
Informando al respecto, el Sr. Yaras se aspresa oomo sigue : 
d Otra parte de la educación de los que ae destinan a maestros^ i 
<)ue con satisfacción he visto atendida en la Escuela Normal, ee ese 
cierto grado de cultura en el porte, las maneras, etc. Los maestros 
son el primer modelo que toman los niños, i es necesario que no solo 
sean capaces de instruirlos en ciertos ramos S inculcarles los buenos 
principios morales, sino también de darles el ejemplo de pul] miento de 
las costumbres i de todas esas esterioii dadas que tanto distinguen al 
hombre culto del que no ha gozado las ventajas de la educación. 

Esta observación no solo honra a quien la formula sino al director del 
establecimiento. Ambos revelan comprender coa exactitud las delicadas 
funciones del majisterio (i). 

Mientras los normalistas permanecían en vacaciones. Sarmiento escri- 
bía artículos pedagójicos en El Progreso. En«l que lleva el rubro de 
Exámenes 'públicos^ demuestra la ineficacia de éstos, oomo prueba de 
suficiencia. Los denominados Colegio de las tnunjuü ftain^óOó^ Etise- 
ñanxa de la pintura^ Método casero para dar á los niños chicos idea 
del valor y colocación, de los números^ no han perdido aun su impor- 
tancia didáctica (i^). 

En uno de esos artículos, Sarmiento aplaudía que la Gaceta de los 
tribunales hubiera añadido a este título el de instrucción pública con 
el propósito de tratar diversos temas escolares. 

La Gaceta de los tribunales i de la instrucción pública fué el segundo 
periódico peJagójico publicado en Chile, i, en parte, contribuyó al 
movimiento escolar de aquella época. 

Hé aquí las informaciones del director acerca del desarrollo de la 
enseñanza en el segundo año de estudios normales : 

«3 de mayo de 1843. — Las lecciones de doctrina cristiana conti- 
núan repitiéndose de memoria todos los sábados, dándose por lección 
una parte entera de las cuatro en que está dividido el catecismo 
grande que sirve de curso. Durante la cuaresma se dieron algunas 
lecciones de historia de Jesucristo, siguiendo el testo del Evangelio i 
nuevas i mas prolijas esplioaciones sobre los sacramentos de la peni- 



(I) Dicho informe so halla en la Qcuxta de los tribunales i d« la instrucción pública, 
nürn, G2, de fecha 11 de marzo do 1843. 

(II) Obras de D. F. Sarmiento, tomo IV. 



PRÓLOGO IS 

tencia i comuikioii, a fía de preparar a los alumnos a cumplir con la 
Iglesia, lo que Teriñcaroo tcMÍOB, haciéndolo constar oon cédulas, o el 
aserto por escrito de loa profesores. 

Sig^ue el eatüdic» de la jeogmfía^ habiéudoBe ya recorrido, a mas de 
las nociones jenerales de cosmografía i conocimiento i uso de la esferaj 
1& parte descriptiva de la Europa j Asia. Los mapas están ya prepa* 
rados i llenan su objeto en la esplicacion délas lecciones. 

Los alumnos naas adelantados en la clase de escritura, han dado 
principio a estudiar el dibujo, ejercitándose por ahora en trazar líneas 
rectas, horizontales^ perpendiculares, etc. Aun carece el establecí mi en» 
to de un tratado de dibujo lineal que para el curso de eBte ramo de 
enseñanza es preciso. 

Diariamente se lleva una clase de aritmética en que se esplican 
todos los problemas que pueden ocurrir, liaciendo que se ejerciten los 
alumnos en las reglas llamadas de práctica, que facilitan las opera- 
ciones de los cálculos.» 

Los normalistas adquirieron gran destreza en los ejercicios carto- 
gráficos, llegando muchos a producir buenos mapas. Formaron ademas 
un diccionario geográfico. El profesor hacía clases mui interesantes 
de este ramo, pues hablaba con gran caudal de conocimientos de las 
particularidades de cada país i dé su historia. 

«20 de junio de 1843. — El infrascrito pone en conocimiento de 
ÜS. que, considerando oportuno dar principio a la ensefianza de la 
gramática castellana, ha consultado a personas inteligentes sobre el 
tratado que podría adoptarse de entre los conocidos i le han recomen- 
dado el de Alvear, acompañado de un apéndice por el señor Nuñez.» 

En aquel tiempo, recien se principiaba en Chile a comprender la 
importancia del estudio de la gramática castellana, gracias al empeño 
de don Andrés Bello. 

El texto aludido era el titulado Lecciones de Qrmnática OxsUllana 
por don J. Herrera Dávila y don A. Alvear, impreso en Sevilla en 1829 
como parte de una enciclopedia, i reproducido en Santiago en 1832 i 
1835. Una de estas reproducciones contenía el apéndice escrito por 
don José María Nuñez, discípulo de Bello i profesor del ramo en el 
Instituto Nacional. 

(( 1^ de setiembre de 1843. El infrascrito tiene el honor de comu- 
nicar a ÜS. que los alumnos del establecimiento cuya dirección le 
está confiada, han concluido ya la parte de la gramática castellana que 
ha creído necesario enseñar, también el análisis gramatical ; i hoi se 



14 OBUkS DE 8ARM[ENT0 

ocupan en el análisis lójico, así mismo en repaBar la aritmética oomer- 
cial i la jeografía en la que casi todos están versados. Siguen tamicen 
los repasos del catecismo, cursando al mismo tiempo la clase de es- 
critura ...» 

«2 de setiembre de 1843. El infrascrito comunica k ÜS. que para 
continuar la ensefianza de la gramática castellana, le son de absoluta 
necesidad un diccionario i una gramática por don Tícente Salva . . . a> 

Sarmiento dictó a sus discípulos una serie de lecciones de esta asig- 
natura, publicadas después en El Progreso. Adoptó para el análisis 
lójico las Horas serias de un joven por Saint-Foix. 

« 6 de noviembre de 1843. . . » 

Con motivo de aproximarse el mes de enero, el infrascrito hace que 
los alumnos hagan un fuerte repaso de cosmografía, jeografía, aritmé- 
tica i doctrina cristiana; i habiendo adquirido todos una forma regular 
de letra i el suficiente conocimiento de lectura, cree que pueden pre- 
sentarse a examen con tal cual lucimiento, no quedando del programa, 
para el afio venidero, sino el estudio de la historia, pedagojía o métodos 
de ensefianza i nociones de dibujo lineal. 

Cree el infrascrito que convendría dar dos pesos a cada uno de los 
alumnos, para que puedan proporcionarse útiles, como plumas, papel, 
cortaplumas, reglas, etc., para prepararse debidamente a los exámenes, 
ya para la construcción de mapas como para diversos objetos de espo- 
sicion ...» 

En estos repasos había siempre una franca comunicación de ideas 
entre el maestro i sus discípulos. 

Sarmiento hizo un resumen de sus trabajos del segundo afio, en 
informe de fecha 4 de enero de 1844 ( ^ >. En él demuestra los inconve- 
nientes del esternado; pide que el establecimiento sea colocado bajo 
la inspección de la Universidad; el nombramiento de un capellán i pro- 
fesor de relijion ; i la ensefianza del francés, como medio de que los 
normalistas pudieran instruirse en lo sucesivo en los métodos de 
ensefianza. 

Aquí debo referirme á la Memoria leída á la facultad de humanidades 
él 17 de octubre de 1843^ sobre ortografía americana (i^). 

Sarmiento espresa en ella que desde tiempo atrás se sentía arrastrado 



( I) Reproducido en el Monitor de la$ EseueUu. Tomo I, páj. 25. 

(II) Obras, tomo IV. Reimprimióse en los JnaUs dé la Universidad dé Colombia, 
números 28 i 20, abril de 1871. 



PRÓLOGO 1 15' 

al estudio de loa precedí mieo tos de lecttira, que creía poder presentar 
deBde luego un sil abano gradual para facilitar el aprendizaje de Iob 
niños, pero que prériamente quería allanar algunas diñcultades orto- 
gráñc^s. 

Pedía la supresión de las letras h^ v, x^%; la de la ti muda en las 
combinaciones que^ qui^ gtte^ ^íh'; el U90 de la i/ solo en su ofído de con- 
sonante ; el de la c^ ( que ) en su sonido fuerte; i que se dominaran fe, je, 
le, etc, las consonantes efe, jota, ele^ etc. 

En cuanto a la silabación proponía estas dos reglas : u Toda con-- 
sonante imprime sin escepcion a la vocal que acompafla el sonido que 
su nombre representa. Toda consonante colocada entre dos vocales 
modifica a la vocal subsiguiente; la verdadera división de las silabas^ 
en cuanto á ¡as partículas componentes, pertenece al estudio de la 
gramática.^ 

Do esta manera, Sarmiento borraba todas o casi todas tas dificultades 
de la lectura. Desgraciadamente no todas sus ideas fueron aceptadas: 
la facultad aprobó la supresión de la h en I03 caicos en que no suena i 
de la H muda en ^we, quí ; el uao de iñ y solo en su oficio de con- 
sonante ; el nombre de las consonantes i las reglas de süabaeíon. 
Ademas, distinguió Los caracteres r i rr que representan sonidos dis- 
tintos; i aplaudió la práctica do escribir oonj las sílaljasjflj ji en todos 
los casos. 

Ebta reforma, si no radical, importaba con todo un gran triunfo para 
el innovado de los procedí rnientoa de lectura. Ha quedado celebre en 
loa anales literarios del país la discasion ortográfica de entonces (i). 
La ortograña chilena se llama todavía de Sarmiento. 

En las vacaciones de aquel año, el director de la Escuela Normal 
insertó en El Progreso nuevos artículos pedagójicos, como el titulado 
Los coítiigos i re^ompmisas en los cstabkeimientos de tduaicion { ^^ ) en 
el cual recorría ba la cruel severidad de los dómines de antaño. 

El autor creía necesario los castigos sin incurrir en abusos, solo para 
oorrejir las faltas de orden» Pero no tenía fé en la eficacia « de las 
Bolemnes distribuciones de premios >>, que basta boi Be repiten de aüo 
en año sin resultados do ninguna clase. 

Continúan las informaciones inéditas del director de la Escuela 
Normal. 



í I) OÉTM, tomo IV, 
(£1) Úbr^a, tomo lY. 



16 OBRAS D» SARMIENTO 

<( 1° de mayo de 1844. El infrasorito tíene el honor de poner en 
conocimiento del señor Ministro a quien se dirijo que, habiendo dado 
principio a la ensefianza de la historia desde el momento que obturo 
los trataditos que debían servir de testo escrito, ha hecho recorrerse en 
el pasado mes la mayor parte de la historia antigua de Fleury hasta 
llegar a la destrucción del imperio de Alejandro. Dentro de mni 
pocos dias mas concluirá con este pequefio tratado para recorrer^ tan 
lijeramente como lo hace necesario el testo, la historia de Grecia por el 
mismo autor, a ñn de que los alumnos de la Escuela Normal adquieran 
las nociones jenerales necesarias para el estudio déla historia romana^ 
en que el infrascrito piensa demorarse con mas detención. 

No marcha con menos éxito el estudio del dibujo lineal en cuya 
teoría i práctica hacen progresos satisfactorios, siguiendo el curso im- 
preso por el gobierno. 

Después de haber enseñado la escritura inglesa, redonda i jermánica^ 
ha hecho el infrascrito que se ejerciten en la espeditiva, según el 
método de enseñanza que ha llamado anti-angular, no solo con el objeto 
de que adquieran la facilidad de ejercicio apetecible, sino también por 
lo que puede convenir que se ponga en práctica este método de ense- 
ñanza que tan buenos resultados ha dado ya. 

La distribución de las horas de trabajo en la Escuela Normal es como 
sigue: de 10 a 11 escritura, de 11 a 11 1/2 repasos i descanso, de esta 
hora a 12 1 2 lección de dibujo, de 12 1/2 a 1 1/2 práctica del dibujo, 
de esta hora a 3 lección de historia ...» 

Los trataditos de historia a que se reñere el director eran la obra 
intitulada Curso completo de historia referida a los niños talas niñiias 
por Lami -Fleury, escritor didáctico francés. Constado dieziocho opús- 
culos, de los cuales se reimprimieron en Chile los denominados Historia 
AntigtM, traducido por don M. de Villafane; Historia Griega, traducido 
por el mismo ; Historia Eoinana^ puesta en castellano por don Fernando 
Bielsa ; e Historia Santa, por los años de 1843 a 1845. 

La letra anti-augular o americana es ia inglesa con algunas modifi- 
caciones, de las cuales la mas importante i característica consiste en 
agregarles trazos angulosos a los rectos i curvos que la forman. El 
procedimiento del método es menos complicado, i, por tanto, mas rá- 
pido el resultado. 

« 4 de junio de 1844. El infrascrito tiene el honor de poner en cono- 
cimiento del señor Ministro que durante el mes de mayo ha terminado el 
curso de historia antigua i principiado la enseñanza de la de Grecia, para 



PRÓLOGO 17 

/ 

cayo fin se ha provisto del tratado publicado por la imprenta de El 
Progreso, . . » 

« 3 de julio de 1844. Continúa la ensefianza de la historia de Qre- 
da, que terminará en el mes entrante para dar lugar a la de Boma i la 
del dibujo lineal en que hacen progresos considerables; igualmente 
hacen diarios ejercicios de ortografía de los que, tan pronto como estén 
corrientes, piensa el infrascrito pasar a un curso de pedagojia, que ser- 
virá de testo para el estudio técnico de este ramo principal de su pro- 
fesión.» 

Para la segunda asignatura mencionada se adoptó el testo rotulado 
Principios de dibujo lineal por A. Bouillon que, en 1844, tradujo del 
francés al castellano don José| Gegers Montenegro. 

Esta traducción inspiró á Sarmiento el artículo Del estudio del dibu- 
jo lineal, en que demuestra la conveniencia de enseñarlo en las escue- 
las primarias {}), 

« 3 de setiembre de 1844. — Ei infrascrito tiene el honor de informar 
á ÜS. que, habiendo terminado los cursos de historia antigua i griega, 
ha dado principio en el pasado mes de agosto al de historia romana, 
sirviéndose de un tratado sustancial i metódico que para el efecto ha 
traducido del francés, habiendo hasta la fecha recorrido ios principales 
acontecimientos de la fundación de Roma hasta los tiempos de la repú- 
blica. Cree el infrascrito que sus alumnos serán los primeros en pre- 
sentar resultados de un estudio tal cual profundo de la historia de aquel 
célebre pueblo que nos ha legado sus instituciones i su civilización. 

Continúa con suceso el estudio del dibujo lineal i según sabe por los 
profesores del ramo en el Instituto, los resultados obtenidos en la 
Escuela Normal son mas completos que los que han podido recojerse 
allí. El infrascrito no ha economizado medio de interesar a los jóvenes 
en este estudio^ de cuyos resultados espera la mas benéfica influencia 
cuando haya de aplicarse a la educación primaria en jeneral. Ha sido 
para este fin secundado del modo mas satisfactorio por el sefior Acufia 
profesor del ramo. 

Estos dos estudios i ejercicios de ortografía, absorben el tiempo por 
el trabajo que demanda la copia de las complicadas figuras del dibujo 
lineal i de los cuadros murales e interrogatorios de la historia romana, 
que se estudia de memoria.» 

Se vé por esto, que los estudios normales no eran inferiores a los del 



(I) 06r(W, tomo IV. 

Tomo xxvm. — S 



18 OBRA» DK SAKMIttNTO 

Instituto Nacional, el primer establecimiento de educación de la Repú- 
blica. 

« 7 de noviembre de 1844. — El infrascrito tiene el honor de poner 
«n conocimiento del señor Ministro, que en el mes que acabado termi- 
nar, se ha concluido el curso del dibujo lineal^ de cuyas figuras ejecu- 
tadas por los alumnos acompaño un cuaderno, pudiendo asegurar al 
sefior Ministro, que la intelijeneia de la materia corresponde en la 
mayor parte a los resultados que aparecen, de lo que está mui satis- 
fecho. 

El laborioso curso de la historia romana ha sufrido algunas interrup- 
ciones, causadas por la falta de texto impreso, pero no obstante esto, 
han podido recorrer los siete siglos que preceden a la fundación del 
imperio, cuyos principales acontecimientos estudian actualmente.» 

«23 de noviembre de 1844. — El infrascrito tiene el honor de poner 
en conocimiento del sefior Ministro, que, con la historia romana que 
-va a concluir en la entrante semana, terminan los cursos ordenados por 
el decreto supremo de 18 de enero de 1842^ quedándole solo que dar 
algunas lecciones de pedagojía, en las que invertirá poco tiempo.» 

Hai constancia de que esta clase de última hora, consistió en breves 
apuntaciones sobre organización escolar, de conformidad a los sistemas 
de ensefianza denominados mutuo i simultáneo. 

Yeríficáronse los exámenes finales en la primera quincena de enero 
de 1845, ante una comisión compuesta de don Ambrosio Andonaegui 
i don Rafael Minvielle, miembros del consejo universitario (i). 

Sarmiento elevó entonces al ministerio una Instrucción sobre la oc^- 
eidad, moralidad^ carácter e instrucción de los alumnos de la Escuela 
Normal^ con fecha 19 de abril. En este documento, sumamente intere- 
sante, se da a conocer a cada normalista con rasgos rápidos i verdadera 
sagacidad. De algunos hai predicciones que han tenido el mas riguroso 
cumplimiento. 

El curso produjo veinte preceptores, que fueron luego designados 
para dirijir las primeras escuelas modelos de la República. 

No fuera justo omitir aquí los nombres de aquellos que prestaron 
servicios mas eminentes a la causa de la ensefianza. Don José Bernardo 
Suarez ha dirijido la escuela superior de Santiago, i desempefiado el 
cargo de visitador jeneral de escuelas, escritor didáctico infatigable, 



(I) El informe evacuado por esta comisión, se halla en la Gaceta de los tribunales 
i de la instrucción pública, N<> 163, de 25 de abril de 1846. 



PRÓLOGO 19 

•ee autor de una larga sene de textos i de obras para el uso de los 
maestros, Don José Dolores Bustos, arjentíao (^), fué visitador de 
escuelas, autor de varios trabajos didácticos i de diversos articules pe- 
dagójioos inaertoa en los periódicos de aquel tiempo. Don Tomas 
Ifartinez, don Blas Boldan, don Mtinuel C, Mardones i don José Santos 
Rojas, perseveraron por muchoa aHos en las filas del precept orados 
prestando servioios sefialados. 

Jazgado a la luz de la pedagojía actual^ el primer curso de la Es- 
cuela Normal de Preceptores de Santiago, adolece de gravísimos 
defectos. Tuvo mas bien carácter literario que pedagójico, por^ue^ 
como se habrá notado, los normalistas no tuvieron práctica ninguna 
en la enseñanza. Las nociones de pedagojía que recibieron, al ter- 
minar el curso, forzosamente tuvieron que ser por demás rápidas. 

Sarmiento no ensefió la historia de Chile, como prescribía el decreto 
orgánico del establecimiento. Acaso ello se esplique con la Calta de un 
testo adecuado, pues El chileno instruido en la historia topográfica^ 
civil i política de su país, publicado en 1834 por el padre José Javier 
'Ouzman, carece absolutamente de condiciones didácticas. El literato 
arjentino i compañero de Sarmiento, don Vicente Fidel López, publicó 
después, en 1845, un Manual de historia de Chüe^ que es el primer 
testo compendio para la enseñanza del ramo dado a luz entre nos- 
otros. 

Sarmiento enseñó sucesivamente las varias asignaturas del plan de 
estudios, de conformidad al testo escrito de cada una, que servía de 
programa, esto es, s^un el sistema que hoi se llama antiguo, i que 
era el único adoptado en aquel tiempo. Pero salió del círculo 
rutinario del aprendizaje esclusivo de memoria^ porque siempre veri- , 
^có el testo con su palabra animada i vehemente. Fué su enseñanza 
libresca, pero a la vez oral, con vivos resplandores de la pedagojía ac- 
tual, que él como innovador presentía en muchas de sus fases mas 
importantes. 

Aprobada por la Universidad, como se ha visto, la mayor parte de 
sus reformas ortográficas, Sarmiento principió aquel año a publicar los 
testos que venía meditando para la enseñanza de la lectura. 

En 1844, dio á la estampa dos traducciones del francés rotuladas La 



( I ) Hai una biografía de Bustos por Sarmiento. Obroi, tomo III. 



20 X)UKA8 l>lfi SARMIENTO 

Conciencia deun Mño i Vida de Jesucristo (^) de las cuales se han 
hecho ediciones hasta hace poco 

La primera es un pequefio pero precioso tratado de moral infantil^ 
para despertar en el corazón de los alumnos las primeras nociones del 
conocimiento de Dios i los deberes del hombre. 

La segunda es una hermosa esposicion de las doctrinas del Evan- 
jelio, orijinalmente compuesta en alemán por el canónigo Cristóbaí 
Schmit, i cuya versión francesa fué adoptada para las escuelas munici«^ 
pales de París (^i). 

Después del Catón cristiano político publicado por el obispo de 
Cienñiegos en 1819, estos librítos fueron los primeros impresos ea 
Chile para el uso de las escuelas. Ellos recuerdan una evolución no- 
table en la enseñanza de la lectura: la sustitución de los libros ascétioos 
oon cuentos leferídos en estilo vulgar i a veces ofensivos al pudor, que 
86 usaron en la colonia, por testos de moral relijiosa, al alcance del 
nifio. 

En oficio de 5 de enero de 1845, el director de la Escuela Normal de 
Froceptores pasó a la fEusultad de filosofía i humanidades de la üniver« 
aidad, los manuscrítos de un Método gradual de enseñar a leer el oos^e- 
«ano (ni). 

El autor esplica en este oficio los defectos i errores comunes de loa 
silabaríos usados entonces ; i la necesidad de adoptar uno de plan sis- 
temático, consultando todas las dificultades que embarazan al niña 
En seguida se refiere a sus observaciones respecto de lo que llama loa 
fenómenos del aprendizaje de la lectura; i a los testos españoles i es- 
tranjeros que había consultado. Da, por último, los fundamentos i el 
detalle de la materia de cada lección. 

La facultad confirió el encargo de examinar el trabajo a don Rañiel 
Hinvielle, distinguido literato español que había llegado al pais en 1837^ 
era profesor i miembro de la misma facultad universitaría, i había sos^ 
tenido con Sarmiento agrías polémicas por la prensa con motivo de la 
cuestión ortográfica (i^). 



( I ) Ed España se hizo una reimpresión de este testo con el titulo de XvanjeUo, 
para los Niños, por don Anjel Terradillas. El cambio del titulo parece que solo tien* 
por ob^jeto ocultar el orijen del trabajo. 

( n ) Don Andrés Bello hizo un elojio de la traducción de Sarmiento, en BlAraveatíO 
de fecha 21 de marzo de 1845. 

( III ) Oficio inserto en la Gaceta de los TrUmnáles, número 116, de 17 de mayo de 
1845. 

(IV) Obras, tomo IV. 



PRÓLOGO 21 

Minvíelle evacuó 3U informe con fecha 14 da mayo del mismo año. 
Ante todoencareco el mérito da los que dedican bq tiempo a eate jéoero 
lie trabajos^ ala brillo pero de indíaputable utilidad, porque la enseñanza 
de los rudimentos de la lectura influye evidentemente en los estudios 
posteriores. 

Entrando en el análisis del testo, el informante encuentra que es claro 
i sencillo con ejemplos de todas las combinaciones silábicas del idioma. 
Aplaude el procedimiento (fonético) recomendado por el autor para la 
fusión de consonante con vocal en ciertos casos, i cree natural que el 
niño por analojía proceda de igual manera en los demás. Así mismo» 
la graduación que impide amontonar dificultades presentándolas suce- 
sivamente. 

En efecto, esa graduación es seguramente lójica. El silabario se 
desarrolla de este modo : 

Gase primera, — 1^ Las vocales i combinaciones ah^ eh^ oh^ la clave 
alfabética o cantilena vepeneque que merexe se te de leche llegue heyerre 
4le xejefe ; tres abecedarios según el orden clásico, el de analojía de los 
sonidos i el de las formas. 

2® Combinaciones simples directas de las consonanses Sy f^ x^ rr^ ü^ &, 
"esto es, de las que con mas facilidad pueden articularse fonéticamente. 

A juicio del autor esta es la parte mas difícil de la enseñanza, por 
i^uanto de ella depende el resultado de lo demás. Luego esplica ía 
manera de pronunciar sssssssa, ffffffffdon cada una de las vocales. 

Estas dos lecciones caracterizan el silabario: es sintético según el 
procedimiento silábico relativo. 

3^ Continuación de la misma especie de articulaciones, con la lec- 
tura de ¿"ase sencillas. 

4° Combinaciones irregulares, como 06, ci^ ge^ giy gue, gui, sucesiva- 
mente con ejercicios de frases. La enseñanza de las mayúsculas es ya 
sistemática. 

Clase segunda. — !<> Articulaciones inversas simples i compuestas, 
con lectura de oraciones. 

2o Articulaciones mistas, simples i compuestas, con ejercicios de 
lectura corriente. 

Clase tercera, — 1^ Diptongos i triptongos. 

2^ Los mismos articulados i los correspondientes ejercicios. 

Clase cuarta. — Contracciones, con lo cual termina el silabario propia- 
mente dicho (^). 



( I ) Todo esto es conforme a la segunda edición» que es del año 1846. No he podi- 
do encontrar un ejemplar de la primera. 



!8S OBELA 8 DS SAIiUlCKTO 

La facultad aprobó el silabario de Sarmiento en 16 de abril de aqoei 
año. Pooo después, por la imprenta de El Mercurio, de Yalparaiso, 
apareció la primera edición del Método de lectura gradual ( ' ). 

Sarmiento publicó luego después el opúsculo Jnsiruccion para los^ 
maestros de escuela para enseñar a leer por el Método gradual de lectura 
(1846), donde consigna numerosas indicadonee de utilidad incontes- 
table (H). 

Hé aquí algunas por vía de ejemplo: 

Hai que combatir el tono empalagoso i de leyenda con que mudios 
se habitúan a leer, teniendo presente que, a menudo, toda la vida no 
basta a correjir los malos hábitos adquiridos en la in&ncia. 

La pronunciación debe ser siempre correcta: da reglas para emitir 
las consonantes b v, «, », U, y rr. 

Todo debe tender a que el niño se aficione a la lectura. Así puede 
con su solo esfuerzo, adquirir una gran instrucción, que decida de su 
suerte futura. 

El opúsculo es, como ahora se dice, una metodolojía del ramo. 

En una de sus últimas comunicaciones al ministerio, fechada el 24 
de abril. Sarmiento emitió por primera vez la idea de crear un periódico 
mensual, que tenga por objeto esclusivo la intruocion primaría, para 
que sirva de vehículo para diseminar conocimientos en los maestros 
de escuelas, fortificar los que tienen, i comunicarles las leyes, reglamen^ 
tos i disposiciones que hagan referencia a este ramo, con la trasmisión 
de todos los datos, noticidS i trabajos que deban emprenderse i mil 
otros detalles que juntos formarían una escuela permanente de ense- 
ñanza para los maestros, cuyos resultados no se harían esperar, puea 
de este medio se han valido en Europa como el mas eficaz para que la 
educación no se estacione, estacionándose los mismos que la dirijen. 

Sarmiento elevó al Oobierno la renuncia de su puesto con fecha 15 de 
octubre de 1845. 

Poco después, el afortunado innovador salía á desempeñar adhonorem 
las funciones de comisionado de educación en Estados unidos i Europa. 

Consignó el resultado de este viaje en la obra que denominó De la 
educación popular ( 1849 ), la primera publicada en castellano sobre tan 
interesante materia ( ^^^ ). 



(I) Este DO es el mismo titulo con.qae el orijinal fué presentado a la Universidad» 
según se ha dicho. En este tomo. 

( II ) En este tomo. 

(III) Obrat, tomo XI. 



PRÓLOGO 23 

No olvidó en ella sa tema favorito : la ensefianza de la lectura, a Mí 
viaje a Eapafia tenía por objeto principal estudiar los métodos de lec- 
tura i las cuestiones ortográficas. Sobre lo primero debo decir que 
encontré poco asunto de instrucdon, pareciéndome que en América se 
han hecho mas útiles i eficaces innovaciones. » En seguida menciona 
algunos silabarios que llamaron su atención, como la Esialel^ía espli* 
eada por Suarez, por la aplicación detallada que contiene sobre el fone- 
tismo ortolójico. I esplica este procedimiento en una escuela de Berlin, 
cuyo maestro tomó la palabra SarmterUo como normal 

«Este método, dice, es lójico i de una fácil aplicación; el nifio 
aprende a leer escribiendo o viendo escribir la palabra, al mismo tiempo 
que en el libro se empefia por descifrar la palabra ya escrita. » 

Todavía en 1849, Sarmiento tradujo dos opúsculos escritos en francés 
por Leví-Alvarez : Manual de la kisioria de loe puebloey al cual agregó 
algunas efemérides concernientes a la de Chile ; i El porqué o la física j 
suficiente para enseñar a los nifios las causas naturales de todos los 
fenómenos que se ofrecen a cada paso a su consideración. 

Finalmente, el maestro innovador dio a luz cinco carteles bajo el 
rubro de Lectura gradual (1S62) los cuales constituyen, con modifica- 
ciones interesantes, una reimpresión de la primera parte de su silabario. 
El primer cartel contiene el triángulo vocal, en que están indicados los 
tres sonidos primordiales^ i los dos intermediarios. En seguida, las 
vocales en orden alfabético, tres de ellas con h. Luego después, los 
diptongos i triptongos, con h i sin ella, como una preparación de la 
fusión de consonante con vocal. En el segando cartel se encuentra el 
abecedario restaurado según el filólogo Eraitser. 

Estos carteles comprenden útiles prevenciones sobre la manera 
de usarlos; i sobre las ventajas del fonetísmo (i). 

Fueron, pues, Sarmiento i la brillante pléyade de sus discípulos quie- 
nes defendieron iiasta en las escuelas mas apartadas el procedimiento 
silábico de enseflar a leer, no obstante la resistencia tenaz i desespe- 
rada de la rutina, cuyo pendón era la vieja cartilla. 

Ellos sufrieron las asperezas i contrariedades de aquella jomada 
memorable, venciendo las añejeoes de los que no comprendían la 
lójicB i nataralidad del fonetismo ; i las de las familias que no acepta- 
ban un testo sin los rezos i oraciones de estilo. 



(I) Aoeroa de estos carteles, hai un articulo que parece escrito por el mismo Sar- 
miento, en el MonUor d$ ¡aa Etcutias primariag, tomo I, paj. 137. Ambos en este tomo* 



9t OBHKM l>E JfARMLENTO 

Pero tuvieron la gloria de suscribir el acta de defunoion, del deletreo 
secular i de todo su obligado cortejo de enervantes rutinarismos. 

Sarmiento, una vez afianzada la existencia del silabeo en las escue- 
las, tuvo imitadores como Arguelles, Ahumada Moreno i otros autores 
de silabarios. No obstante, el Método gradual de lectura fué el adoptado 
jeneralmente por espacio de mas de cuarenta afios, esto es, mientras 
estuvo en boga el procedimiento silábico. 

Este quedó oficialmente desterrado de las escuelas el aflo de 1889. 
El congreso nacional pedagójico de aquel año, sancionó la evolución 
trascendental, que venía preparándose lentamente, de sustituir la sín- 
tesis por el análisis-síntesis en la enseñanza de la lectura. 

El mismo Sarmiento había enseflado a leer a uno de sus hijos por 
el procedimiento fonético de la lectura i escritura combinadas, según 
refiere en su Vida de Dominguito. Pedagogo ilustrado i reformista, 
tuvo la clara intuición de los procedimientos del porvenir. 

Como se ha dicho. Sarmiento aplaudió la Oaceta de los tribunales i 
de la instrucción pública i avanzó la idea, en oficio dirijido al minis- 
terio, de crear un periódico esclusivamente pedagójico. Sobre el 
mismo asunto escribió en La Tribuna en 1849 (^). 

La primera publicación de este jénero editada en el país, había sido 
El Redactor de la Educación, órgano del movimiento pedagójico pro- 
movido en 1825 por Lozierl, sus discípulos en el Instituto Nacional. 

El gobierno acojió mas tarde el proyecto insinuado. Por decreto 
fechado el 6 de agosto de 1852, mandó crear el Monitor de las escuelas 
primarias, cuya dirección fué confiada al ex comisionado de educación 
en Europa. 

Sarmiento lo redactó desde el primer número, que apareció el 15 del 
mes i afio citados, hasta el número 8 del tomo tercero, que corresponde 
al 15 de marzo de 1855, en parte con la colaboración de su antiguo 
discípulo don José Bernardo Suarez. 

El redadtor imprimió a la publicación el mismo rumbo, el mismo 
carácter que hoi tienen las principales revistas pedagójioas de Europa 
i América. 

Dio a conocer los progresos de la educación popular en loa Estados 
unidos de Norte América, en una serie de artículos orijinales unos, 
trascritos otros. 



(I) Obras, tomo IV. 



Insertó datos acerca de los principales ea tablee i mien tos de ense- 
ñanza qne íaDcieuaban entonces ea esta capital, tales como la escuela 
de artes i oficios, de agricultura, de pintura, de música, de sordo- 
mudos, etc. 

Formuló indicaciones que en todo tiempo serán leidas con provecho 
acerca de los deberes de los visitadores de escuelas que tan grande 
influencia ejercen en el desarollo i marcha de la enseñanza. La institu- 
ción de los visitadores comenzaba entonces a ensayarse en Chile. 

Trató aquellas cuestiones metodolójicas de mas inmediato interés 
para las escuelas de su tiempo, tales como los procedimientos de lec- 
tura i escritura. Reproduciendo artículos del célebre pedagogo alemán 
Diesterweg, recomienda la simultaneidad de esas enseñanzas, a la 
manera de como bol se practica. 

Escribió sobre bibliografía pedagójica, estimulando los primeros pasos 
de la literatura didáctica ; sobre la conveniencia de organizar en las 
escuelas pequeños museos de objetos naturales ; sobre la necesidad de 
crear una escuela normal de preceptoras, como la que ya había de 
maestros ; sobre las ventajas que reportarían los preceptores reunién- 
dose periódicamente en conferencias profesionales, etc. 

Promovió la fundación de las bibliotecas populares en una serie de 
artículos, i luego presentó, como muestra de los libros que podían 
componerlas, una Esposicion e historia de los descubrimientos modernos 
( 1854 ) estractada de una obra /le Figuier sobre el particular. 

Promovió asimismo la fundación de escuelas ; quería para los pueblos 
hispano-amerioanos millares de maestros en vez de soldados. El dio 
a estos pueblos el grito de alarma : «Hagamos yankees pare hacer 
frente a los yankees.» 

Insistió sobre la necesidad imperiosa de la edificación escolar, reco- 
mendando los locales de capacidad considerable, de trescientos niños 
o mas. 

Keprodujo una jimnasia aplicable á las escuelas, una cosmografía 
popular, el precioso librito de las Doce virtudes de un buen maestro^ 
una serie de lecciones objetivas sobre gramática, i otras sobre cosas* 

En una palabra. Sarmiento creó el periodismo pedagójico en Chile, 
precisamente con los caracteres modernos. 

Los últimos trabajos del eminente pedagogo a favor de las escuelas 
chilenas no deben omitirse esta vez. 

La mayoría de los preceptores de entonces, que no eran normalistas 
tenían una instrucción por demás reducida ; i había que remover este 
obstáculo a fin de impulsar el progreso esoolar. Fué con este motivo que 



26 OBRAS DE SARMIENTO 

66 ideó la instituoioQ de los c(ejdroioioa de maestros», para enseñar a 
los preceptores «tesoreros de la instrucción pública con las arcas 
vacías ». 

Sarmiento dirijió el primero de estos ejercicios, inaugurado con 
sencilla solemnidad el 8 de enero de 1855. La ensefienza estuvo a 
cargo de^ un cuerpo de profesores. El director dictó un curso de peda- 
gojía, i pasó al ministerio un luminoso informe al respecto (i). 

En 1853, el gobierno ofreció un premio de mil peeos al autor 
nacional o extranjero que presentase a un certamen el mejoi: libro sobre 
estos tres puntos : «influencia de la instrucción primaría en las cos- 
tumbres, en la moral pública, en la industria i en el desarrollo jeneral 
de la prosperidad nacional ; organización que conviene darle, atendido 
las circunstancias del país ; sistema que convenga adoptar para procu- 
rarse rentas con que costearla». ^ 

El jurado respectivo, compuesto de don Andrés Bello^ don José 
Manuel Orrego, don Manuel Carvallo, don Yentura Blanco Encalada 
i don Francisco de Borja Solar, después de examinar siete memorias^ 
colocó en segundo lugar una titulada Edttoaeion común. 

Sarmiento la había escrito al correr de la pluma en el espacio de 
doce o quince días. Esta obra, publicada en 1856, abunda en ideas 
de aplicación inmediata a la actualidad escolar del medio en que fué 
escrita. Sería largo, indicar las principales, pero no es posible dejar 
de eludir a la de organizar la enseílanza de manera de hacer de todas 
sus partes un sistema único (^i). 

El ilustre maestro argentino, después de instituir el preceptorado 
nacional, de reformar ladical mente la enseñanza de la lectura i de 
promover el periodismo pedagójico, regresó a su pais en 1855. 

La gratitud de los chilenos ha colocado su nombre^ con caracteres 
de oro, en el frontispicio de suntuosos palacios destinados a la primera 
enseñanza. 

Santiago de Chile, mayo de 1899. 

Manad Á. Ponce. 



(I) Monitor dó ¡as esouiku primarias, tomo III. Va en este tomo. 

(II) Obras, tomo XII. 



akAlisis 

Be las CanillaB, Silabarios y otros métodos de lectura conocidos y 
practicados en Chiles por el Director de la Escuela Normal. 



ADVERTENCIA 

Habiendo pedido el Gobierno un informe sobre los mé- 
todos de lectura conocidos y practicados en Chile, ha dis- 
puesto que se publique el que ha sido presentado, á fín de 
llamarla atención de Jos que en la mejora de las escuelas 
primarias se interesen. Mientras que todos se afanan por 
extender y perfeccionar la instrucción superiorj yace en 
el mas completo abandono la que sirve de introducción k 
aquella, y que es común -k todas las clases de la sociedad» 
y por este respecto la única que es verdaderamente nacio- 
nal, pues que tanto interesa al rico como al pobre, al habi* 
tante de las ciudades como al triste labrador de nuestros 
campos. 

El anáiisis de ios diverso» viétodos de lectura comcidos y practi- 
cados en Chite que se ofrece al público, puede conducir puea 
á suscitar las observaciones de los inteligentes para for- 
mar un método de lectura fácil y expeditivo; á, despertar el 
interés de todoSi sobre la mejora de las escuelas, introdu- 
ciendo en ellas nuevos medios de instrucción; y á llamar 
la atención de los maestros y preceptores de la enseñanza 
primaria que guiados hoy por la rutinaj perpetúan loa 
obstáculos que retardan ó hacen inútil la instrucción que 
dan á los niños. 

No interesa menos á loa padres de familia cualquiera 
reforma que en los medios de enseñar se introduzca^ 
Cuanto menos tiempo se requiera para completar la ins^ 



28 OBRAS DE SARMIENTO 

tracción primaria de los niños, menos costosa será ésta 
para sus padrQ3; pudiendo dedicarlos con provecho á los 
estudios superiores si sus posibles lo permiten ó á los que- 
haceres domésticos, cuando las facultades no den para 
mas. 

Ya es tiempo de que todos nos ocupemos seriamente de 
la mejora de la instrucción primaria, que tanto interés 
excita en todos los pueblos civilizados. Querer que el 
Oobierr^o lleve por sí solo á cabo tan importante como 
difícil tarea, sin la activa cooperación de los ciudadanos, 
es pretender imposibles; y no se verá á este respecto en 
Chile, lo que no se ha visto en parte alguna. La negligencia 
de los padres de familia que desde que confían sus hijos á 
un maestro de escuela no se ocupan mas de saber si ade- 
lantan, si aprenden, escaseándoles el estímulo que la apro- 
bación paternal les proporcionaría, es igual á la de los 
vecinos en general, que rara vez se ocupan de inquirir 
sobre el estado y progresos déla instrucción en las escue- 
las, abandonando absolutamente este cuidado, si lo hay, á 
las autoridades, que no siempre se conducen mejor, por el 
mismo sentimiento de indiferencia y casi menosprecio con 
que el común mira las escuelas. Pero la instrucción prima- 
ria es la medida de la civilización de un pueblo. Donde es 
incompleta, donde yace abandonada, y al alcance de un 
corto número hay un pueblo semi-bárbaro, sin luces, sin 
costumbres, sin industria, sin progresos. Lo contrario sucede 
donde la instrucción primaria llama la atención de todos, 
y se hace un interés de primer orden, no sólo para el 
Gobierno que la establece, reglamenta y dirige, sino para 
cada un padre de familia que vigila en el adelanto de sus 
hijos, y mira la escuela de su departamento, ó de su parro- 
quia como una propiedad suya, en cuya buena conservación 
están interesados el honor del lugar de su residencia, su 
propia utilidad y la de todos sus convecinos. 



IDBA.S PEDAGÓGICAS 29 



Señor Ministro de Instrttccion Públietu, don Manuel Montt. 

Presento á V. E. el Análisis de las Cartillas, Silabarios y 
otros métodos de lectura practicados ó conocidos en Chile, 
que me habla encomendado hacer: y sin que pueda consi- 
derársele como un trabajo completo, tendrá al menos el 
mérito de ser un primer paso que provoque otros mas 
seguros. 

Conviene mucho llamar la atención del público sobre 
una materia que los sabios desdeñan por lo general y de 
que los encargados de la enseñanza primaria tienen muy 
limitadas nociones; sin embargo que puede decirse que la 
imperfección de los medios de enseñanza influye, si no 
decide, poderosamente en el atraso de la cultura intelec* 
tual del mayor número. 

Dios guarde á V. S., señor Ministro. 

Domingo F. Sarmiento. 
Santiago, n de Agosto de 184S. 



ANÁLISIS DE MÉTODOS DE LECTURA 



Cuando se trata de dar á la enseñanza primaria la exten- 
sión y uniformidad que conviene á. su mas pronta y segura 
difusión, nada es mas oportuno que el examen prolijo de 
las diversas cartillas, silabarios ú otros métodos de lec- 
tura, que sirven para la enseñanza popular, ó están adop- 
tados en los establecimientos de educación pública; pues 
que el conocimiento de ellos, y el examen detenido de sus 
perfecciones ó defectos, puede indicar el camino que debe 
seguirse para la adopción ó creación de un método nuevo 
que llene cumplidamente su objeto, en cuanto á facilitar 
la enseñanza, poniéndola al alcance de todos por su sen- 
<5illez, baratura y claridad . 

Este es el trabajo que me propongo realizar, y aunque 
las observaciones y deducciones que haga no estén exen- 
tas de error ó inexactitud, podrán servir para llamar la 
atención de los inteligentes; los que adoptando las unas, 
corrigiendo las otras y añadiendo á aquellas las propias, 
arribarán al ñn á la incorporación de todas en un solo 
cuerpo de doctrina basado sobre una teoría realizable y 
sencilla, que en su aplicación á la lectura, dé un método 
breve y satisfactorio en sus resultados. 

Pero antes de entraren este trabajo, creo oportuno hacer 
algunas observaciones generales sobre la lectura, objeto 
de la enseñanza, para mejor conocer los medios, conociendo 
el fin á que se aplican. 

Entiendo por lectura el arte de descifrar la palabra escrita. 
Guando las palabras se pronuncian pausadamente, se nota 
que están compuestas de unos sonidos al parecer elemen- 
tales que han llamado «tVd^a^. Mas como en las silabas se 
notan aun sonidos divisibles que pueden emitirse por si 



IDEAS PEDAGÓGICAS 31 

solos, y algunos de ellos separadamente, resulta que la 
sUal^a misma es un compuesto de diferentes sonidos entre 
los cuales predominan, como elementales en el castellano, 
^3Ínco que han recibido con propiedad ei nombre de voca- 
les, por hacerse por la sola emisión de la voz modificada 
por diversas aberturas déla boca, y veinte modificaciones 
que llevan el nombre de consonantes por ser inexacta ó 
difícil su emisión, cuando no consmnan con una vocaL 

Todos esos sonidos han sido determinados y representa^ 
dos pQi^ signos escritos que se llaman letras^ y su conjunto 
abecedartoó alfabeto; y combinándolos entre si de manera de 
reproducir las diversas articulaciones de la voz humana, se 
ha conse^ruido reconstruir, primero las silabas, elemento 
perceptible de la palabra, y en seguida y con el auxilio de 
éstas, las palabras mismas, expresión del pensamiento. 
La enseñanza de la lectura de un idioma consiste, primero, 
en conocer Ioíí cat'ac teres que representan ¡os sonidos; segundo, 
conocer las diversas modificftciones ó combinaciones que un idioma 
tiene en la organización de sus sílabas; tercero, la manera de 
reunirse éstas para construir la palabra. 

Luego de conocidos los caracteres, la mas sencilla de las 
modificaciones que los sonidos vocales ó fundamentales 
pueden experimentar es la que se representa en la escri- 
tura con una vocal precedida de una letra consonante, lo 
que se llama una articulación directa, como ba. 

2» Igualmente simple la de una vocal seguida de una 
<ionsonante comoa¿>. 

3^ Una vocal precedida y seguida de consonantes como 
tas. 

4* Una vocal unida á una ó mas vocales formando un 
solo sonido como ai. 

5* Una vocal precedida de dos consonantes como bla. 

6* Una vocal seguida de dos consonantes como ins. 

7» Una vocal precedida de dos consonantes y seguida de 
una ó dos consonantes como trans. 

Sin el conocimiento previo de todas estas modificaciones 
del sonido vocal, no puede emprenderse la lectura de las 
I)alabras; y el método que lo intentara, no sólo llenaría de 
dificultades y de embarazo á los niños, sino que también 
haría de la lectura un estudio empírico, interminable é 
ncompleto. 



32 OBRAS DB SARMIENTO 

Sin hacer uso de otros antecedentes, voy á dar principio 
al examen de los tratados de lectura usados en Chile, 
principiando por la cartilla y doctrina cristiana que es el 
tratado mas popular de lectura; pues que sirve en las fami- 
lias, en casi todas las escuelas, y es el que se propone poner 
á la infancia en aptitud de poder leer con su auxilio los 
damas libros. 

Si algún curioso desease conocer mas á fondo la materia 
de que se trata, convendría que tuviese á la vista la car- 
tilla, el Catón cristiano (hay tres ó cuatro), la colección de 
cuadros de lectura de enseñanza mutua, y demás indica- 
dos en este opúsculo. 

CARTILLA 

Compónese este método de lectura de un alfabeto ó abe- 
cedario en que las letras que representan los sonidos ele- 
mentales están confundidas y entremezcladas con las con- 
sonantes, cuya nomenclatura se hace aprender de memoria 
á los niños. En seguida vienen las letras elementales 
solas, pero acentuadas, lo que constituye una diferencia 
que á la vista poco ejercitada de los alumnos, puede traer 
graves errores y mucho embarazo. Sigue la unión de cada 
consonante del alfabeto con las cinco vocales, para produ- 
cir las articulaciones directas. Pero sobrevienen las com- 
binaciones ca, oe, cij coj cu^ ga^ ge^ gi^ go^ gu^ que por una 
aberración de nuestra ortografía^ tienen diversos sonidos, 
y el niño que por la arbitraria nomenclatura de las letras, 
DO ha podido formarse una regla para averiguar ó darse 
razón de la combinación que resulta de una consonante y 
una vocal, encuentra este tropiezo áega^go, gu^ y deca, co,cu^ 
que lo pone en nuevas confusiones. Tal es el efecto de esta 
falta de regla y de distinción, que hasta la edad viril se 
conserva la fluctuación en que quedan los niños sobre si es 
ga ó ja^ ge ó gue. Mas adelante nos detendremos sobre este 
punto capital. Sigue la combinación Aa, he^ hi^ hOy hu^ en que 
la consonante A no modiñca el sonido vocal. Luego esta 
otra: «a, t^, ti, to, iu^ que produce dos vocales separadas; 
porque en la manera de enseñar del pueblo no existe el 
diptongo. Me abstengo de notar otros defectos, por no ser 
llegado el caso. Sigue á esto la combinación de una vocal 



iDKkS PEDAGÓOlCAa 33 

precedida de cada una de las consonantes del alfabeto y 
seguida de la conaonante íi,con las mismas irregularidades 
de la anterior. Faltan, por supuesto, todas las demás com- 
binaciones que el castellano tiene del mismo género» como 
bad^ &acj bonit bot^ éííj ttar^ bel^ etc., lo que es un gravísimo 
defecto. Continúan unos cuantos casos por contracción, 
como Wa, c¿¿i, fia, pía, bra^ dta, fta, gra^ pra^ y en seguida viene 
la lectura. 

Según la distinción de silabas que hicimos al principio» 
faltan ejemplos de todas todas las silabas formadas de vocal 
seguida de consonante, como a/, as^ an, etc.; de todas las de 
dos ó mas vocales, como au, tai, iei: de todas las de una vocal 
precedida de dos y seguida de una ó dos consonantes, como 
brasy trans^ de todas las de vocal seguida de dos consonantes, 
como ins, obs^ ers. 

Es decir que faltan enseñanza y ejemplos de la mitad de 
las silabas que van k ocurrir en la próxima lectura: que no 
se ha enseñado en un solo caso de pronunciación difícil; 
como ac, ad, abs^ ins^ etc., dejando estos vicios de la ense- 
ñanza huellas hasta la edad adulta, haciendo la pronun- 
ciación defectuosa é incorrecta. 

Por lo que, la siguiente lectura es una continuación de 
enseñanza rudimental, á medida que se encuentran nue- 
vas combinaciones que no se hallaban en los elementos 
anteriores; y por tanto cada niño necesita un maestro que 
le vaya explicando los nuevos casos que ocurren, como 
vamos á demostrarlo. 

Lectura del persignarse de la Cartilla 

Sílabas y combinaciones nuevas que no se han enseñado 
antes: por, ña/, cí-uo;, nues^ tros^ gos, nos^ ñor^ Dios^ en, el, nom^ 
del, es. 

El Padre nuestro 

TaSf los, cie^ reí, tady tie^ Aot, er, per^ cfon, mal. 

Ave María 
Sal^ ves^ ciay vien. 

El Credo 

Oria, dor^ crís^ cio^ vv\ muer^ deSy t«, /fer, ai, tei\ bio^ dies^ nfr, 
juzj gar^ vos, 5ta, nton, rrec^ car. 

Tomo xxtiu.— 3 



34 OBRAS DE SARMIENTO 

La Salye 

Sal, cor^ iuly doSy jos^ siis^ mas, mieriy piLes^ vitela tie^ mues^ rue^ 
dig^ zar^ las. 

Los Mandamientos 

Diez, rres^ tos, ñor, sie, cuar, rar, tar^ car, ses, sepj oc, fal, tir, 
ger^ ciar, bie, nes, cié, mis. 

Los de la Santa Iglesia 
Fier, guar, vez, tes, bet\ or. 

Sacramentos 
Bau, fir, ex, un, ser, gar. 

Confesión 

Sion, fie, siem, vos, gmis, ar, tor, dad, cuan, hom, an, ad, ber, bue, 
dar, guar, bu^n, nes, ter, gir, frir, vos, cor, fer, brien, dien, mir, 
can, ves, ber, via, ria, mil, lar, cas, tem, plan, mun, ver, ir, ler, gus, 
pal, teo, rres, ju^, for. 

Acto de Contrición 

Ac, quieti, sois, os, cum, plir, frer, tis, cis, hai, cuan, mas, ñas, 
brar, sor, nir, jui,pul,vir, par, hos, cuer, cual, guie, eréis, tal, sais. 

Según el prolijo examen que precede ocurren en la car- 
tilla, en el solo espacio de unas cuantas páginas, ciento 
ochenta combinaciones nuevas de letras, de cuyo modo de 
formar silabas no ha tenido el educante el menor antece- 
dente, sin contar entre estos casos los numerosos en que las 
mismas silabas están repetidas; y como no hay de ellas 
una enseñanza sistemática y ordenada, las olvida á cada 
paso; de manera que aun después de haber concluido la 
cartilla entera, queda tan á obscuras de lo que se le ha 
enseñado, que apenas podría darse cuenta de ello. Aun 
suponiendo el rezo de la cartilla un estudio aunque desor- 
denado, faltan ejemplos de un gran número de casos, lo 
cual prolonga indefinidamente el aprendizaje. ¡Cómo apren- 
den los niños á leer con medios tan absurdos ó incomple- 
tos! Aprenden á fuerza de paciencia, rigores y tiempo de 
parte de los que los eaBeñan, á fuerza de lágrimas^ sufri- 
mientos, y hastío de parte de ellos; y al fin después de un 
año de correcciones y dudas, ellos auxiliados de la memo- 



IDEAS PEDAGÓaiOAS 35 

ría y de su admirable instinto por las analogías» descubren 
el sistema de la organización de las silabas, marchando de 
inducción en inducción, conjeturando un día una cosa, 
otro otra, hasta darse cuenta muda de la lectura y de la 
diversa formación de las sílabas: trabajo es este que se 
opera en la mente de los niños confusa y lentamente, sin 
que ellos mismos puedan darse cuenta de los medios de que 
se han servido para salir de estas diñcultades que nacen 
á cada página. Pero las consecuencias morales de este estu- 
dio, en que no hay clasificación, ni método, ni sucesión, 
ni nada claro, son mas fatales de lo que puede imagi- 
narse. Por una asociación necesraria de ideas, los niños 
cobran un odio eterno á la lectura, por el recuerdo de las 
penosas difícnltades de ella, y por la ninguna aplicación 
que de su conocimiento se hace á una cosa nueva para 
ellos, ó que les llame la atención. Llevados de un celo 
indiscreto é intempestivo han hecho de la cartilla un cate- 
cismo, y sus inventores parece que menos se han curado 
de enseñar en ella á leer que de dar un tratado del 
rezo. De aquí nacen tedavia nuevas dificultades. El niño 
sabe rezar por lo común, antes de aprender k leer y por 
tanto no hay cosa alguna que llame su atención sobre el 
sentido de las palabras. El modo de leer, es aun un nuevo 
obstáculo. Es la práctica popular repetir las letras indivi- 
dualmente, y luego la silaba que forman, y en seguida la 
palabra y aun una serie de palabras; como en este caso : 
pe-o-erepor; ele-a la; esee se; eñe-a-e-le nal; por la señala etc. Muy 
ducho ha de ser ya el niño que llegue á sacar de entre 
este montón de paja, el grano limpio de la verdadera lec- 
tura. 

Creo que sin vacilar puede asegurarse que la cartilla 
será, mientras exista tal como es hoy, un obstáculo para la 
instrucción popular y sobre todo para aquella que se obra 
en el seno de las familias pobres, en las escuelas de mujer 
y en las pequeñas aldeas ó lugares de la república, que con 
preferencia debe ser atendida por los que se propongan 
mejorar la condición intelectual del pueblo, y abrir las 
puertas del santuario de los conocimientos á la clase mas 
numerosa de la sociedad. Esta manera de enseñar á leer 
deletreando, que corta el sentido y la hilacion de las frases» 
ha hecho nacer aquella entonación empalagosa y repug- 



36 OBRAS DE SARMIBNTO 

nante con que se habitúa desde el principio á los jóvenes, y 
que en la edad adulta es imposible extirpar del todo, como 
he tenido mil veces ocasión de experimentarlo, y como lo 
experimento actualmente con los jóvenes que forman la Es- 
cuela Normal; resultando de aquique la lectura aun después 
de que ha pasado la dificultad de repetir las palabras, es árida, 
sin animación y sin vida, hallándose imposibilitado el que 
lee de expresar y por tanto de participar de las emociones 
de la narración, diálogo ó discurso, enérgico ó sentimental 
que el libro contiene. Del sistema de deletreo y de repetir 
después la palabra entera, resulta otro defecto mayor, 
cual es el de los errores que cometen, al leer una palabra 
y la manía de repetirla hasta que logran decirla. Hay un 
hecho curioso que he observado, y del que he sacado una 
grande utilidad, haciéndolo servir de base para un nuevo 
medio de repetir las palabras escritas. Tal es, que los 
errores que los niños cometen ocurren casi siempre en las 
palabras de mas de tres silabas, y en éstas al leer la última 
y penúltima sílaba. La razón es sencilla; las personas 
que tienen un grande ejercicio de lectura alcanzan á 
recorrer de un solo golpe de vista uno, dos y casi tres ren- 
glones de un libro, mientras que los menos ejercitados no 
disciernen masque algunas palabras, y los niños apenas 
las primeras sílabas de una; las últimas, por poco que 
alcancen á conjeturar lo que puede decir según lo indican 
las primeras sílabas, las dicen de memoria y sin detenerse 
al leerlas; así, cuando encuentran la palabra memorial casi 
siempre dicen memoria; los plurales los hacen singulares 
y á los verbos les cambian los tiempos y personas, adulte- 
rando y obscureciendo el sentido. De este hecho general 
y constante he deducido no sólo que es necesario leer sila- 
bando, sino que debe continuarse leyendo así por siem- 
pre, hasta que de suyo desaparezca ó deje de percibirse el 
silabeo en la lectura. Los niños que han aprendido por 
este método tienen lugar de ver la palabra sucesivamente 
y si yerran en una que otra sílaba, se les deja pasar, á fin 
de que no se habitúen á esa repetición que tanto molesta 
á los que la escuchan y que ofusca la mente de los niñoSf 
haciéndoles olvidar el sentido de lo que leen. 



IDEA 8 PEDAGÓGICAS 37 



CATÓN CRISTIANO 



En este libro elemental hay en unos una segunda edi- 
ción del silabario de la Cartilla, sin progreso ni añadidura 
alguna^ en otros algunas mejoras útiles y nuevos motivos 
de confusión. 

Entre los varios que he visto, es uno de los mejores el 
que reimprimió el año 38 la imprenta de la Independen- 
cia, cuyos defectos y ventajas indicaré brevemente. La 
primera de estas últimas es la separación de los sonidos 
elementales de entre los demás modificantes; pero por no 
sé qué desacordada ocurrencia han elevado al rango de 
vocal á la F y á la F que la escritura moderna ha relegado 
¿ la clase de consonantes. Siguen k estas las vocales prece- 
didas de la A muda ó señal que no modifica á la vocal, pero 
esto sin hilacion y sin correspondencia alguna de colocación 
para indicar al niño que son en su pronunciación entera- 
mente análogas á las vocales solas : están escritas de esta 

manera : 

fl, e, i, o, w, v, y. 
ha^ Ae, Al, Ao, hu. 

colocación arbitraria que hace inútil la oportunidad de la 
separación de esta letra sin sonido de la masa de las con- 
sonantes. Dejo á un lado la doctrina de los gramáticos que 
da á la A un sonido en los casos de Aua, hue^ etc. : si el tal 
sonido existe, no es á mi entender porque la h tenga hoy 
un sonido especial, sino porque ua, ue^ se pronuncian mas 
naturalmente y con menos afectación con un sonido suave 
de guay güe y que se pronunciarían lo mismo aun cuando no 
precediese la h; pero esta es una cuestión que en nada 
interesa á los niños, ni al arte de enseñar á leer. Se siguen 
las consonantes y en un orden enteramente nuevo, en cuyo 
nuevo arreglo parece que el inventor ha querido aproximar 
todos los caracteres que tienen sonidos análogos ó aproxi- 
mativos: como 6, v, z^ ch, í, K, y, jf, /, íc, c, í, k: arreglo que 
traería quizá alguna ventaja, si no estuviese contrariado 
por la sucesión de las otras consonantes que carecen de 
analogías. 

PRIMERA CLASE 

La 2s 3* y 4* lección que consisten en ejemplos de una 
vocal modificada por una consonante precedente, están 



40 OBRAB DB SARMIENTO 

arregladas d© manera de obviar la díficultady tropiezo que 
resulta de las combinaciones ga^ ge, gi^ go, gu y otras en que 
ocurren irregularidades, las cuales forman la 5* lección, en 
la que dicbos casos están colocados de esta manera: 

ga, gue, gui, go, gu. 
ja, je, ji, jo, ju. 
ja, ge, gi, jo, ju, 
ca, que, qui^ co, cu. 

Si este arreglo tiene la ventaja de presentar los sonidos 
idénticos de ge, gi con je,jii y el de que, qui con ca, co, cu, tiene 
el imperdonable defecto de haber olvidado el ejemplo de ce, 
ci que como excepción debía ilustrarse como el de ge, gi, con 
comparación de za, ze, zi, zo, zu, sonido idéntico k ce, ci\ pues 
el que, qui tiene sonidos regulares; de manera que toda la 
buena inteligencia de la distribución de las combinaciones 
precedentes, viene ¿estrellarse en la imperfección con que 
está desempeñada aquella última parte. Los alumnos 
encontrarán á cada paso en la lectura la combinación irre- 
gular de ce, d que tan arbitrariamente es aquí excluida del 
número de las sílabas; debiendo tenerse presente que aun 
valiéndose de todos los auxilios imaginables para salvar 
este tropiezo de la ortografía castellana, quedan por largo 
tiempo fluctuantes y dudosos de su verdadera pronun- 
ciación. 

La 6* lección tiene unos cuantos ejemplos de una vocal 
modificada por una consonante posterior; concluyendo 
muy oportunamente en aquellas pronunciaciones difíciles 
que el pueblo ha corrompido en el hablar común; como 
ab, oc, ig, ex, ip^ etc. 

SEGUNDA CIASE 

Principia esta por las vocales mayúsculas y la F unida á 
ellas y una repetición de las modificaciones ha, he, hi, ha, hu. 
Le sucede la combinación de la vocal precedida de la señal 
h y seguida de una consonante. La 3* y 4» lección se pro- 
ponen mostrar ejemplos de las combinaciones de una vocal 
precedida y seguida de una consonante; mas al revés de lo 
que notamos en la cartilla, cambia las consonantes de la 
terminación de las sílabas, sin alterar la precedente; siendo 
uno y otro medio incompletos. Pero inferior en esto á la 



cartilla, carece de ejemplos de rocal modiíicada por dos 
íonsonanteSj que soo de una ocurrencia frecuente en la 
lectura. Brando, dri no tienen enseñanza elementaL No la 
hay asimismo de vocal modificada por dos consonantes 
posteriores; no la hay da vocal modlñcada antes y después 
por dos consonantes, ni tampoco de la emisión unida de dos 
ó tres vocales. Pero lo que es aun menos iustificable es la 
omisión de los caracteres mayúsculos, que diferenciándose 
tan notablemente délos minúsculos,e8 necesario estudiarlos 
y conocerlos particularmente. Sólo se encuentran en los 
elementos de sílabas los siguientes : fi, Z, 7, A, £, F, O, Ll^ 
J, /f, y V. Otro Catón mas completo que este, tiene en el 
abecedario dobles las letras, es decir, un carácter mayúsculo 
y otro minúsculo, lo que hace ímprobo el trabajo de la 
memoria de los niños. 

Prescindo de la falta de método en la distribución de la 
enseñanza y de lo incompleto y arbitrario de la manera de 
«nseñar, lo que me propongo analizar mas tarde, siendo por 
ahora mi único objeto demostrar la imperfección é insufi- 
ciencia de estos tratados de lectura y los embarazos de que 
llenan á los niños, pervirtiendo en ellos la razón, inspirán- 
doles una funesta adversión á la lectura, por lo penoso de 
su aprendizaje. 

SISTEMA DE ENSEÑANZA MUTUA 

Voy á entrar ahora en el examen del método de lectura 
llamado de enseñanza mutua, ya sea por estar expuesto en 
cuadros preparados para el uso de aquel sistema de ense- 
ñanza, ya sea por haber sido inventado ex profeso para la 
planteacion del sistema de Bell y Lancaster. Durante la 
administración del señor General Las Heras en Buenos 
Aires, un señor Robertson, ingles, y un señor Baladia, espa- 
ñol, fueron encargados de preparar los elementos para la 
adopción de aquel nuevo sistema de enseñanza, y uno de 
los trabajos que presentaron al Gobierno fué la colección de 
cuadros de lectura de que vamos á ocuparnos. Obra colo- 
sal ciertamente y que revela en sus autores asiduidad y tareas 
indecibles. Debo antes de analizarlo prevenir que lo he ex- 
perimentado en varias épocas, y particularmente en la villa 
de los Andes, durante un año de práctica, y no obstante mi 



40 OBRAS DB SARMIENTO 

entusiasmo por la enseñanza mutua y los métodos afectos por 
entonces á ella, pude observar que los resultados no corres- 
pondfan á mis esperanzas, menos por el sistema mismo 
que por lo imperfecto de los métodos usados. Esta observa- 
ción es tanto mas necesaria cuanto que me intereso en 
inducir al Gobierno & retirarlo de las escuelas dominicales» 
á que ha sido aplicado, por estar persuadido que es» si no el 
único, el mayor obstáculo de los que retardan sus progresos 
y dejan burladas las miras benéficas de su institución. Un 
hecho digno de notarse en la invención de este método de 
lectura es que, como todas las innovaciones, tiene la exa- 
geración y toca los extremos de una reacción. Como la 
Cartiüa y el Caton^ únicos medios de enseñanza elemental 
conocidos hasta entonces, eran tan incompletos é insufi- 
cientes para dar á los alumnos una idea clara de los soni- 
dos y de la formación de las sílabas que forman las palabras, 
se tocó en el extremo opuesto de formar una serie de 
combinaciones de silabas tan completa y tan difusa; y 
hacer preceder en seguida, á la lectura de los libros, tantos 
estudios preparatorios en palabras de dos, de tres, cuatro, 
y aun de ocho silabas, que sin exageración puede decirse 
que están registradas en estos ensayos todas las palabras 
del idioma castellano. Esta lectura muerta y sin sentido* 
este trabajo puramente mecánico de repetir millares de 
palabras colocadas por el orden alfabético, sin trabazón 
ninguna y sin expresar una sola idea que atraiga la aten- 
ción de los alumnos, es la tarea mas odiosa é insoportable 
para la infancia, cuya atención es tan difícil de ñjar en un 
solo objeto; trayendo esto tal desaliento que el progreso de 
la instrucción se retarda por la falta de interés en el tra- 
bajo, no obstante la facilidad que su metódica organización 
ofrece. Otra de las circunstancias notables de este método, 
y que nace de las ideas dominantes aun en la época de su 
formación es el predominio del espíritu de sistema del siglo 
XVIII que llevaba á desenvolver una idea abstracta en 
todas sus consecuencias posibles, sin curarse de su apli- 
cación práctica á la realidad y á las exigencias del objeto 
á que se aplicaba. Este espíritu de sistema está llevado 
en el método de lectura que analizo con un rigor y una 
exactitud lógica tales, que al fin llega á separarse y olvi- 
darse enteramente de su objeto, que es enseñar á leer el 



IDEA9 PBDAG(5G[0A8 41 

castellano; podiendo, sí los usos ortografíeos de los diver- 
sos idiornas no fuesen tan arbitrarios y los sonidos que 
representan tan distinf.0Sf aplicarse á cualquier otro idioma, 
como voy á. ponerlo de manifiesto. La teoría de este sis- 
tema es muy sencilla. Conocidos los caracteres mayúsculos 
y mindsculos, combinar los primeros entre sí de todas 
las maneras posibleSf sin relación á tas silabas que el cas- 
tellano forma \ de donde resultan las combinaciones si- 
guientes: 

PRIMEEN CLARE 

CmdroM í% 2^ y 3^ 

Las íetras minúsculas colocadas por orden de seme- 
janza de caracteres. 
Las mayúsculas ídem. 
Minúsculas bastardillas. 

SEGUNDA CLASE 

Cuadros 4*, 6\ 6% 7^ S\ y 9" 

Combinaciones de vocal con vocal, de donde resultan 
estas íV,ee, oú, oü^ uu y otras que no forman verdaderas sila- 
bas ó diptongos. Combinación de cada vocal con todas las 
consonantes sucesivamente, da donde resultan las sílabas 
iñtilí^ichjj^ig^ik^w^iy y las mismas con cada una de las 
vocales, en todo 40 sílabas falsas por no existir en el cas- 
tellano. Combinaciones de cada consonante con cada 
vocal. En todas 200 sílabas, 

TERCERA CLASE 

Cuadras 10 á 23 incluske 

Combinaciones de vocal precedida y seguida de conso- 
nantes, de las que resultan 2008 silabas de las cuales mas 
de las cuatro quintas partes, ó son falsas^ ó de una pro- 
nunciación difícil y de rara ocurrencia en el castellano, de 
este modo: 

100 sílabas diversas acabadas en t como guiu pflf, jot, 

100 id, — — ñ — rfiTr, joñ^ yan. 

100 id. — — U — sell, piU, mu 

100 id. — — h — ftukflohtñoh* 

100 id, — — P — ^^<^íh ftopjep' 



^ 



42 



OBRAS DE SARMIENTO 



100 silabas diversas acabadas en c como cic^choc^ fue. 



100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 


100 


id. 



X 


— rax^ chuxy dix. 


V 


— tev^ chov^ div. 


d 


— medjvidjad. 


b 


— /aé, cheby xib. 


i 


— Ai;, moj, chuj. 


Q 


— diq^paq, toq. 


9 


— tog,rig,pug 


f 


— gify dof, paf. 


ch 


— dich^bachfpech. 


y 


— diy, bay, moy. 



En todo 1600 sílabas difíciles, arbitrarias é inútiles. 

Desde el 24 hasta el 26. Combinaciones de dos vocales 
antepuestas á una consonante, en todo 528 sílabas, de las 
cuales no hay una octava parte de verdaderas sílabas ni 
de aplicación á nuestro idioma. Para demostrarlo basta- 
rán los siguientes ejemplos: eoh^ eec, «t?, eoj^ utig, oag, uob^ oww, 
o»p, oax^ eill^ ioj, iiig, uiL uufí^ uoll^ uav^ wmí, uop^ uic^ ief^ it/, iem^ 
ouj^ ooñ, uig^ eey^ tttí, íaA, etc. Desde el 27 hasta el 28: combi- 
naciones de una consonante interpuesta; 545 sílabas, todas 
inútiles por ser impropias, pues *>m, ata, edo, agüe, ife, ugo, no 
son combinaciones silábicas, sino dos sílabas unidas. 

Desde el 28 hasta el 32: combinaciones de una conso- 
nante antepuesta á dos vocales, en todo 557 sílabas, muchas 
de ellas impropias. En el 32: 55 sílabas de contracción ó 
dos consonantes antepuestas á una vocal, todas naturales y 
útiles: 39 sílabas de consonante y diptongo: 5 sílabas de 
diptongo. 

Cuadro 33: 130 combinaciones de vocal precedida de dos 
consonantes y seguida de otra, todas útiles. Faltan 
trans, etc. 

Por la exposición anterior, resulta que el alumno ha 
tenido para llegar á leer palabras, que hacer el monstruoso 
y monótono ejercicio de 4.272 sílabas:] para cuyo aprendi- 
zaje ha necesitado recorrer 34 cuadros de lectura, siendo 
como creo haberlo demostrado, la mayor parte de ellas 
absurdas ó de rarísima ocurrencia en el castellano. 

Después de haber apurado la paciencia del alumno con 
todo este aprendizaje tan largo y cansado, se creerá que va 
á entrar al fin á la lectura de palabras que formen discurso. 



T 



IDEAS FEDAQÓGICAB 43 

puesto que no bay sílaba ni combinación posible ni impo- 
sible, usada ó desusada, en qu© no se haya ejercitado hasta 
la saciedad y el aburrimiento, Pero no sucede así: el 
implacable método no lo soltará de la mano hasta que no 
haya extinguido en él todo resto de paciencia, toda chispa 
de entusiasmo y toda muestra de interés. Una nueva 
tarea principia, sin díñcultades; pero eterna, sin fin y sin 
utilidad. Principian los ejercicios de palabras disecadas en 
silabas divididas por un guión. 

Desde el cuadro 33 hasta el 40: 1.459 palabras bisílabas 
puestas en columnas en el orden alfabético; como pa-lo, 
fO'Co^ de-jar y in-gles. 

Desde el 41 hasta el 59: 4-032 trisílabos divididos con 
guión en el mismo orden que los anteriores, y el cuadro 60, 
como para dejar respirar un poco al alumno y que cobre 
aliento, le da un traguito d$ lectura con algún sentido^ pero 
siempre dividida con guiones, siguiendo de nuevo la leta- 
nía de palabras de cuatro y de cinco silabas. 

Desde el 61 hasta el 79: 3.648 palabras en columna 
cerrada y subdivididas con guiones. 

Desde el 79 hasta el 85 : lectura seguida, pero siempre 
dividida con guiones. 

Desde el 86 hasta el 95 : palabras de cinco silabas, 1.000 
alternadas, unas divididas con guiones, otras no. Desde el 
96 hasta el 104: lectura seguida. 

Desde el 105 hasta el 108 : 256 palabras de seis y mas 
sílabas. Desde el 109 al 130: lectura. 

Notaré al terminar estas observaciones que la materia de 
la lectura participa de la abstracción del método mismo, 
sin cuidarse de la capacidad y alcances de los que lo leen. 
Después de algunas máximas morales y algunos datos 
geográficos, cae en una disertación filosófica, metafísica, 
sobre la manera cómo se han formado los idiomas; materia 
muy digna por cierto de la especulación de los sabios; pero 
incomprensible y lo que es mas, de ningún interés para los 
alumnos. Después de haber pasado por el estudio de 4.272 
sílabas, ha sido preciso repetir 10.808 palabras para llegar, 
en fin, al objeto de tanto sacrificio, la lectura, y aun ésta es 
en los cuadros que analizamos, fastidiosa y monótona. 

Un sistema semejante es lo mas completo, lo mas cien- 
tífico, si se quiere; pero también lo mas pernicioso que ha 



44 OBRAS DS SARMIENTO 

podido imaginarse para poner en manos de la infancia 
Del arte de leer que para enseñarlo con provecho requería 
un método cuya ingeniosidad consistiese en hacerlo fácil y 
de una corta extensión, se ha hecho una ciencia complica- 
dísima é inaplicable k la lengua castellana, objeto de la 
lectura- Pero este largo y lógico método no da todos sus 
pésimos frutos, sino cuando se le aplica á la enseñanza 
de las escuelas dominicales. Debe tenerse presente que 
los hombres toscos del pueblo á quienes la íitantropía 
del Gobierno compele á aprender á leer, tienen inconve- 
nientes naturales que hacen muy lentos ios progresos 
de la enseñanza: el primero de ellos es la falta de 
capacidad mental, pues que "es un hecho vulgarmente 
conocido que las facultades intelectuales del hombre 
que no ha recibido durante la juventud ningún género de 
instrucción, se entorpecen y se resisten por tanto al estu- 
dio: segundo, la falta de voluntad y de paciencias que trae 
el desagrado de una tarea compulsiva que no se ha empren- 
dido espontáneamente, y cuyo íin remoto no se aprecia de 
manera de excitar un vivo interés: tercero, !a torpeza de 
los órganos de la pronunciación que se niegan á toda nueva 
composición de sonidos, cuando han llegado á todo su 
desarrollo y madurez; y en este sentido, el método de ense- 
ñanza mutua es lo que hay de mas opuesto á la capacidad 
natural del pueblo • Sabido es que el vulgo se resiste X 
adoptar todo sonido que requiera el mas pequeño esfuerzo 
de pronunciación; que dice aucion, pauto^ oujeto^ mostrm^ defeU' 
íq^ oserbasion, ciraistamia^ afeuto^ istrumento^ coslansia^ amütdf 
esamen^cofTusíon^istamiaiy que el idioma culto cede de día 
en día á las exigencias del pueblo llano. Ahora, el método 
que analizamos no tiene un solo cuadro en el cual no ocurran 
las combinaciones mas forzadas, lo que pone á la lengua 
en un suplicio sin descanso ni intermisión; y siendo impo- 
sible producir sonidos exactos, se confunden las ideas y se 
estorba todo progreso. El vulgo no puede pronunciar tgi 
i>, ip, ibj idt ix y sus oídos en la edad adulta no se hallan en 
estado de distinguir cada uno de estos sonidos sin un grande 
y prolongado ejercicio. Suponiendo que estas dificultades 
pudiesen vencerse, aun hay otra de mas gravedad que hace 
enteramente inaplicable este método de lectura á la ense- 
ñanza de las escuelas dominicales. Un cómputo sencillo 



IDEAS PEDAGÓGICAS 45 

bastará para ponerlo de manifiesto. La colección consta 
de 130 cuadros, en los que hay de seis á siete columnas de 
24 á 32 silabas ó palabras cada una; lo que hace un total de 
casos de cerca de 200 por cuadro, todo lo que para ser sufi- 
cientemente comprendido, requiere que por lo menos se 
estudie en dos ó mas lecciones. Luego los días festivos 
que la milicia puede dedicar á esta tarea, al año no alcan- 
zan á 40; de manera que dividiendo el doble del número de 
cuadros (suponiendo que se aprenden en dos lecciones, unos 
con otros) resulta que se necesitan por lo menos seis años 
para cursarlos completamente. Sé muy bien que la ense- 
ñanza mutua para un tanto á este inconveniente, facili- 
tando el paso de una clase á otra á los que ya están corrien- 
tes en los estudios de algunas de ellas; pero este remedio es 
sólo útil para las comprensiones mas despejadas: la masa 
de los que aprenden, y estala forman los menos aventaja- 
dos, tiene que seguir el curso natural de las lecciones y por 
tanto apurar, si noel todo, la mayor parte de los cuadros que 
forman la colección. 

En establecimientos como las escuelas dominicales, en 
que las lecciones se suceden con intervalos tan grandes, 
como las semanas, en cuyo lapso de tiempo el trabajo cor- 
poral absorbe toda la atención, las lecciones deben ser tan 
claras como circunscriptas; de manera que el fin á que se 
aplican no sea tan lejano que el trabajo parezca intermi- 
nable y en el desaliento de arribar á ¡los resultados, dege- 
nere en una tarea forzada en que ni la inteligencia ni la 
voluntad tengan parte. Nada, pues, debe haber de inútil ni 
de exuberante; y como creo haberlo hecho sentir, el método 
de enseñanza mutua peca por una difusión empalagosa» 
suficiente para desalentar aun á los mas interesados en 
aprender á leer. Tan convencido he estado de algunos 
años atrás por mi propia experiencia de la imperfección y 
de las dificultades de este método, que apenas supe que el 
Gobierno hacía una reimpresión para distribuir á la milicia, 
volé á la imprenta para ver si aun era tiempo de estor- 
barlo, exponiendo las razones que contra él dejo apun- 
tadas. Desgraciadamente habían ya impreso 26 pliegos, y 
ya era demasiado tarde para que se abandonase obra tan 
adelantada. Creo, sin embargo^ que lo expuesto induzca al 
Gobierno á que se haga una verificación de los defectos que 



46 OBRAS DE SARMIENTO 

apunto; porque estoy persuadido de que las consecuencias 
son de tal trascendencia que puede traer gravísimos males 
el dejar sin reforma esta parte elemental de la enseñanza. 

VARIOS OTROS MÉTODOS 

Conozco otros métodos de lectura y silabarios de que haré 
aquí una breve mención. Los españoles residentes en 
Londres han publicado algunos que con mas (T menos 
títulos, aspiran á la perfección. El Método práctico de apren- 
derá leer por Navarro reúne algunas de las ventajas que 
hemos echado n^enos^en los anteriores, pero es muy incom- 
pleto» pues no sirve sino para ejercitar en la lectura des- 
pués de haber aprendido en otro tratado á formar las síla- 
bas y recomponer las palabras. Me detendré á dar breves 
noticias de dos tratados de lectura que en su organización 
reasumen todos los demás. Uno de estos es el silabario 
usado en las escuelas y popularizado entre las familias de 
Buenos Aires y algunas otras provincias de la República 
Argentina de mas de 25 años á esta parte, por lo que la 
cartilla es allí apenas conocida; y á. no haber hecho mas 
tarde nuevos progresos el arte de enseñar á leer, podría 
decir que es lo mas perfecto y lo mas metódico que se ha 
inventado. Consiste este sucinto método en una serie de 
lecciones, de las cuales la primera, la forman los caracte- 
res minúsculos; la segunda una casilla de combinaciones de 
vocal precedida de consonante, puestas las combinaciones 
en este orden: 

da, dCy (f«, ¿o, du, 

f^> fi^ fOf fu, fa. 

1% lo, lu, la, le. 

mo, mu, ma, me, mi. 

nu, na, ne^ ni, no. 

La que pudiendo leerse para abajo después de estudiada 
en el orden natural ó en columnas, da| esta cantinela, 
dafelimonu que le sirve de nombre. 

3* Otra casilla que el mismo orden que la antecedente 
produce la cantinela paresito^u. 



IDE^S PBDAGÓGICAB 47 

4^ Una casilla en que están las silabas; 

éa, be. 

$ha^ che. 
lia, lie. 
xa, xe. 
5* Una casilla colocada en este orden: 
za, zoy zuj / ze, zi. 
ca, 00, cu, \ ce, ci. 
ja, jo, ju, I j>, ;•. 
ga, goy gu, { ge, gi. 

que, qui. 
güej güi, gue, gui. 
Aa, he, hi, ho, hu. 
Con cuyo mecanismo se intentaba dar á los alumnos el 
auxilio de sonidos idénticos, para que se guiasen en las 
irregularidades de la c y de la g. 
6* Letras mayúsculas. 

7* Letras y combinaciones antiguas como: ff, fi, ph, ss, etc. 
9^ Combinaciones de vocal seguida de consonantes, como 
al, ob, um, ot*, is, etc. 

10* Vocal precedida y seguida de consonante como bas. 
11» Vocal precedida de dos consonantes como bla, blar. 12* 
Pronunciaciones difíciles; Qomo,cons, obstine. 13* Diptongos 
y triptongos. 

A la perfecta inteligencia de las diversas combinaciones 
que hay en nuestra lengua, reunia este silabario lo compen- 
diado y metódico de las lecciones, en las que, si no estaban 
registradas todas las combinaciones silábicas del caste- 
llano, había muestras de cada clase de ellas; de manera 
que pudiesen servir de guia á la inteligencia de los alum- 
nos. El método de enseñarle era igualmente favorable para 
la comprensión de la lectura, pues desde la primera lección 
se principiaba á nombrar la combinación y nunca las 
letras: silabando sin deletrear. 

Otro método de lectura que merece citarse es el que, con 
el nombre de Director de la juventud, se ha publicado en Es- 
paña el año 1836; el cual aunque muy adelantado y mas 
perfecto que la cartilla, el Catón y el silabario, muestra 
que en España no se han dado ni mayores ni mas decisi^ 



48 0BRA.8 DE SARMIENTO 

VOS pasos que entre nosotros. Con las mismas subdivi- 
siones de combinaciones que el silabario popular en las 
provincias argentinas, tiene ademas varias lecciones de 
ejercicio de palabras sueltas divididas en monosílabos^ bisíla- 
boSj trisílabos; palabras diptongadas y triptongadas] y palabras de 
cuatro, cinco, seis y de mas silabas con otras de difícil pro- 
nunciación. Todas ellas est&n divididas en silabas con 
guiones para facilitar su lectura. A estas lecciones elemen- 
tales siguen ejercicios de lectura que no me detengo á. 
analizar circunstanciadamente, por proponerme hacerlo 
mas despacio en su lugar y ocasión; baste por ahora decir 
que es un librito grueso y que contiene no sólo el sistema de 
lectura ó mejor de silabeo, sino una buena colección de 
ejercicios. 

TEORÍA DE LA LECTURA DEL SEÑOR VALLEJO 

Hasta aquí he ido examinando los diversos métodos de 
lectura que me son conocidos y que están en práctica en 
este país y en algunos otros de los que hablan la lengua cas. 
tellana; haciendo notar en ellos la falta absoluta de ejem- 
plos y de enseñanza metódica délas diversas combinaciones 
silábicas que admite el castellano; de los sonidos fundamen- 
tales unidos á los que los modifican. El señor Vallejo parte 
de un principio enteramente contrario; no reconociendo ó 
al menos no admitiendo para la enseñanza de la lectura, 
como sonidos fundamentales del castellano, sino Igls sílabas 
y los sonidos vocales solos; sosteniendo que no pueden propia- 
mente descomponerse estos últimos, cuando se pronuncian 
modificados por las consonantes. Es el señor Vallejo un 
tratadista español que á mas de haber prestado grandes 
servicios á la difusión de las matemáticas, se ha dedicado 
especialmente á idear medios de enseñanza fáciles ó en 
armonía con el estado de inteligencia en la infancia. Para 
ella ha escrito Ideas preliminares que deben darse á los niños para 
el estudio de la aritmética de niños. El método analítico de enseñar 
y aprender áleer. La nueva cartilla que es un compendio de 
este método de enseñar á escribir y algunos otros. El señor 
Vallejo á mas de haber estudiado la infancia largo tiempo, 
ha visitado numerosas escuelas y hecho observaciones muy 
prolijas sobre los métodos conocidos para la enseñanza de 



IBBAS PEDAGÓGICAS 49 

la lectura en España; y sus observaciones deben sernos 
por tantos motivos muy apreciables. Efectivamente, en su 
teoría de la lectura se hallan consignados una multitud de 
hechos ó ideas útiles que debían ser conocidos de todos 
los que se dedican á la enseñanza de las escuelas. Sin 
embargo de todo esto» no sé si decir que se ha extraviado 
-en las aplicaciones que de verdades innegables ha hecha 
y que desconociendo ciertos hechos, por no ser bien apa- 
rentes, ha incurrido en un error de gravedad. Siento 
mucho decir que nunca he probado en la enseñanza su 
teoría y que por tanto, no tengo sobre sus efectos toda la 
certeza que resulta de la práctica y de la experiencia* Ni 
me hacen tampoco mucha fuerza los buenos resultados que 
él ha experimentado, pues de tal manera estoy persuadido 
de la temprana capacidad de los niños para la lectura, 
que creo que con un poco de paciencia, se conseguiría 
hacer que un niño leyese en un libro sin mas estudios ru- 
dimentales que los que allj hiciese empíricamente. Lo 
que en materia de enseñanza se necesita es un método que 
ahorre tiempo y trabajo á los que enseñan, como á los que 
aprenden, y que pueda aplicarse á todo género de capaci- 
dades y de circunstaaciaSi El señor Vallejos cree muy 
difícil, si no imposible, que un niño conciba como letra 6», 
por ejemplo, y la íi juntas, formen fra, y no bea^ como parece 
natural; y espantado de la arbitrariedad de los nombres 
que tienen las letras como el de ache, joírt, zeia, equis^ ^/e, 
Wtf, etc.f con las que se forman las silabas cha^je^ zo^ err, /í, iuha. 
creído imposible que pueda darse una J^egla para la forma- 
ción de la silaba; de donde deduce que este elemento de la 
lectura se enseña y aprende empíricamente, recargando la 
memoria de los niños con el estudio de mas de mil silabas, 
y corrompiendo su inteligencia con un estudio empírico, 
arbitrario y absurdo* Cree igualmente que los niños 
poseen en alto grado una gran capacidad de análisis, de 
que debe sacarse provecho; y partiendo de estos dos princi- 
pios ha formulado una cantinela de sílabas en que están 
todas las consonantes del abecedario de esta manera, 
mañana bajará chafailada la pacata garrazat/asa^ etc*, y estas 
mismas letras consonantes unidas á las otras vocales pro- 
ducen todas las silabas da vocal precedida de consonante* 

Ton» IXTEH.-^ 



50 OBRAS DS SAKlflBNTO 

Leyantado este andamio, continúa y completa su obra con 
el auxilio de diez y nueve reglas que enseñan sucesiva- 
mente al niño la manera de formarse todas las combina- 
ciones silábicas del castellano. 

Lo primero que noto en los principios del señor Vallejo 
es el error en que, á mí juicio,, incurre al persuadirse que 
los niños aprenden las silabas empíricamente: es cierto que 
la nomenclatura antigua de las letras es suficiente para 
confundir su memoria y su instinto por las analogías, las 
dos palancas de su naciente inteligencia; porque un niño 
es todo memoria é imitación : guiado por el recuerdo pro- 
cede por analogías, y va de lo que conoce á lo desconocido 
por inducciones análogas: así, Cuando dice: yo sabo la lección* 
no se expresa así consecuencia del análisis razonado que 
ha hecho de la manera de proceder de los verbos regula- 
res como pretende el señor Vallejo, sino por la analogía 
que hay entre todos los que conoce, y porque las termina- 
ciones de aquellos están retumbando, por decirlo así, en 
8US oídos. Sucede lo mismo en la lectura y tengo de esto 
convicciones profundas, fundadas en experiencias prácticas 
que de ello he hecho ex-profeso. Enseñando á un niño á 
decir be^ a? ba; de^ a? da; no tarda mucho tiempo en acertar 
á decir pa; cuando se le propone pe, a? por cierta armonía 
que esto último produce en sus oídos y por la analogía que 
encuentra con los anteriores. Tan cierto es que los niños 
hallan muy luego una regla para la combinación de las 
letras que cada vez que les dicen ce, a? contestan za; y saben 
leer ya, y aun se obstinan en hacer esta combinación por 
mucho tiempo. Lo mismo sucede en las demás silabas y 
de acuerdo con el señor Vallejo, no creo necesario que un 
método de lectura contenga todas las sílabas del castellano; 
pues basta que hayan ejemplos variados de cada manera 
distinta de combinarse los sonidos elementales^ para que 
pueda un niño descubrir las análogas que antes no se han 
estudiado. Todos los que han enseñado á leer saben qile 
la diñcultad para los niños está en formar la primera sílaba 
en la unión de vocal y consonante; pues una vez que han 
logrado decir fta, continúan ftc, 6í, ¿o, bu, sin equivocarse 
nunca: que una vez que comprenden lo que dicen juntas 
las tres letras tasy ellos dicen volando tes, tis, tos, ttiSy das, des, 
diSi doSf duSi y algunos métodos de lectura tienen la prolijidad 



IDEA a PEIDAGdQIGAB 61 

de cambiar la sucesión de las vocales» para hacer fijarse k 
los niños. Es, pues, de todo punto infundado el cargo que 
el señor ValÍGjo hace á los métodos silábicos de cargarj 
cuando son completos, la memoria de los niños con el estu- 
dio de mil sílabas por lo menos: porque de ellas no estudian 
sino un corto número que les sirve de padrón 6 modelo para 
guiarse en la formación délas demás análogas. Otro error 
fundamental en la teoría del señor Vallejo es atribuir á 
una explicación teórica que de una cosa un poco abstracta 
se haga k un niño, un efecto tal sobre sus facultades men- 
tales que determine una acción ó deje en él una idea clara y 
neta. Este es un error de que en general participan nues- 
tros tratadistas. El vocabulario de palabras que conoce uo 
niño, es muy reducido y me imagino que en la mayor parte 
de las cosas que nos oyen explicar, proceden á la manera 
de aquel que oyendo á un extranjero que apenas chapurrea 
el castellano, cree haberlo comprendidOj cuando de sus 
gestos, de sus acciones y de una que otra palabra bien 
dicha» resulta algún sentido vago y confuso que» sin em- 
bargo, basta para gentes inteligentes. Esto se nota en la 
enseñanza de la gramática y de la aritmética: por poco que 
se varíe la pregunta el niño no sabe qué responder, porque 
tanto ha entendido la que está en el tmtado, como la nueva 
que se le hace y que tiene la misma respuesta- Voy á- 
poner un ejemplo tomado de la teoría del señor Vallejo 
que haga sensible mi pensamiento. 

R&gía sexta dtí sistema analüica 

o6i en una palabra, dice, se halla una sola vocal entre 

consonantes; todas las consonantes modifican a la vocal 
por su orden sucesivo.» La definición no puede ser mas 
clara. Pero vamos á la aplicación. Supongo que un niño 
que va recién á aprenderá leer tenga una idea tan clara de 
lo que es una palabra en lo escrito, que comprenda bien que 
cada montonciilo ó grupo de letras que ve en el libro, ya 
sea chico ó sea grande, es una palabra^ cosa que aunque á 
nosotros nos parezca trivial» no es asi á la luz del cre- 
púsculo de la razón: supongo también que sienta clara* 
mente lo que es estar una sola vocal entre dos consonantes : 
vamos k la regla: «todas las consonantes modifican ala 




52 OBRAS BB SARMIBNTO 

vocal por un orden sucesivo». Bien: pero ¿entenderá un 
niño esto de «todas las consonantes modificando á la vocal 
en orden sucesivo.»? Supongamos que el niño vaya á, 
hacer su aplicación á la palabra nos y que sepa lo que 
quiere decir modificar (otra cosa es para el niño caminar, 
comer, saltar, etc. )^ todas las consonantes. modifican á la 
vocal o que está entre dos consonantes; es decir, que la n 
que está al principio y Iql s que está al fin, reunidas en la 
mente del niño en un grupo, según lo expresa la palabra, 
todos han de separarse para indicar que primero modifica 
la n juntándose ala o y después la s que está al fin de la 
misma o; la primera modificando en adelante para atrás y 
la segunda de atrás para adelante. Ahora, yo pido á quien 
quiera hacer la prueba, que haga que un niño de doce años 
abajo, si no tiene ya alguna cultura, ponga grupos de poro- 
tos de á uno, de á cuatro, de á tres, de á cinco, de á dos, 
en orden sucesivo y si acierta á ponerlos, en virtud de 
haberle dicho en orden sucesivo en este orden, 5, 4, 3, 2,1, 
ó 1, 2, 3, 4, 5, pueden estar seguros de que hay una preco- 
cidad de inteligencia de que no ocurre un ejemplo entre 
mil. Si el niño aprende á hacer las modificaciones que 
se le dicen, no es ciertamente por las reglas que se le dan, 
sino por otro método interno que él tiene de proceder en 
todos los casos y de que no sabe dar sino los resultados. 

En pos de esta regla vienen los ejemplos como bol, den, col, 
dar, coz, des, buzj etc.; y si sucede que el niño no comprende 
la regla que se le enseña y lee ó aprende á nombrar las 
sílabas indicadas, resulta que aprende empíricamente y 
que el señor Vallejo cae de lleno en el mismo escollo que 
tanto quería evitar. Otro defecto de este método es la falta 
de material preparado para ejercitar las diez y nueve reglas 
que enseña en seguida, para darse razón de las combinacio- 
nes ó modificaciones diversas que experimentan los sonidos 
fundamentales; porque si el primer ensayo va á hacerse 
leyendo las reglas mismas, no comprendo cómo hará la 
aplicación de reglas que aun no se han estudiado. Para 
demostrarlo, necesito hacer una sucinta recapitulación de 
las reglas. 

1* Modo de formar las sílabas de dos vocales, como 
€0, ca, ai. 

2» De consonante y vocal, como, ía, fi, co, la. 



) 



IDBAfl FBDAOÓOICAd 53 

3' Como cae^ miau, 

4* Como tVíij age, 

6* Como alf ox, on, 

7* Comodín* etc., etc. 

Vamos á, leer la primera lección y veamos cuántas de la& 
diez y nueve reglas concurre q k un tiempo para leer y 
darse cuenta de la primera que dice así: Si (regla segunda), 
dos (regla sexta), ó, mas (regla sexta), yo, (regla segunda), 
ca (regla segunda), les (regla sexta), o, so (regla segunda), 
lo (regla segunda), se (regla segunda), pa (regla segunda), 
ra (regla segunda), das (regla sexta), por (regla sexta), la 
(regla segunda), le (regla sexta), tra (regla décima), etc. 

Por lo que precede, parece que queda de manifiesto que 
para entenderlo que está escrito en la regla primera, se nece- 
sita saber lo que se va á enseñar después de las reglas 2% 6^ 
y 10^. Cómo se ejecuta este trabajo, es lo que no he podido 
comprender hasta ahora, no obstante que leo y releo la 
cartilla y la teoría de la lectura. ¿Y han aprendido á leer 
los niños por este método? Sin duda que si; resta sólo saber 
cómo se han ingeniado interiormente para conseguirlo. 

No obstante mis objeciones contra este método, las 
reglas que para leer las palabras da el señor Vallejo, como 
la explicación de los movimientos de los órganos que con- 
curren á formar los sonidos, y los medios de enseñar su 
método, son de suyo de una utilidad tal para los maestros 
que, como he dicho antes, creo que seria muy útil que se 
popularizasen para ilustración de cualquier método de lec- 
tura. No sé si el método del señor Vallejo ha sido adop- 
tado en las escuelas españolas y si su práctica ha pasado de 
los aficionados que hayan querido ensayarlo (*), pero si no 



(i) Después de preseDtado al Gobierno este trabajo, he visto ud capítulo de carta 
del señor general Borgofío, Ministro plenipotenciario del gobierno de Cliile. en 
Madrid, quien con el mayor encomio tiabla de los felices resultados obtenidos del 
método de lectura del señor Valiejo, en las escuelas dominicales de la guardia 
nacional, que él mismo dirige. Las objeciones que be becbo contra la aplicación 
de un método puramente racional, á la enseñanza de los niños pierden toda su 
fuerza con respecto á hombres adultos que tienen por monitores los oficiales deí 
cuerpo. Las explicaciones de4as reglas dadas, caen sobre un terreno mejor pre- 
parado. 

Bl sistema analítico es sin duda un gran progreso; y no dudo de que pueda 
aplicarse con buen suceso á la enseñanza particular ó á la de los adultos. Uno 



54 OBRAS DE SARMIENTO 

ha producido todos los resultados que se promete y que 
merecían sus laudables esfuerzos, creo que habrá traído la 
inmensa ventaja de enriquecer con datos preciosos á los 
que han consagrado como él sus tareas á, imaginar métodos 
de lectura, siguiendo el orden de combinar las letras para 
componer la sílaba y después de conocerla elementalmente, 
desentrañarla del conjunto de letras que forman la palabra. 
Según el orden que he llevado en los análisis de los di- 
versos métodos de lectura, se ha visto un sistema de sila* 
bas trunco é incompleto en]la Cartilla y el Catón; otro con- 
fuso y arbitrario en el sistema de enseñanza mutua; otros mas 
ó menos suficientes, mas ó menos perfectos en los varios 
métodos de lectura; uno basado en mal fundadas suposi- 
ciones, en el del señor Vallejo; rudimentos confusos; un 
sistema lógico y generalizador, otro razonado, teórico y cir- 
cunscripto. Resultando de todo esto una multitud de 
datos, clasificaciones, reglas, sistemas é innovaciones que 
arrojan ya una gran luz sobre las condiciones que debe 
reunir un método de lectura. Cualquier paso que intente 
darse en la formación de métodos, debe partir del conaci- 
miento de lo que ya se ha establecido antes, como hechos 
y como principios. Veamos cómo se ha desempeñado una 
nueva tentativa en el, 

MÉTODO DE LECTURA DE BONIfAZ 

Las objeciones mas fuertes que Vallejo hace al sistema 
de organizar la sílaba es la incoherencia entre los nom- 



de los Jóvenes de la Escuela Normal que yo había enseñado ft leer por el método 
de la enseñanza mutua, y con la nomenclatura reformada de las letras que se usa 
en Buenos Aires, me ha asegurado haber enseñado en unas cortas explicaciones á 
una hermanita suya, lo que no parecerá un grande esfuerzo, luego que se conciba 
que desde que se uniforma la nomenclatura de las letras, la regla de la forma- 
ción de las silabas salta á la vista, pues que en todos los casos ios resultados flon 
uniformes. Por lo demás, la teoría de la lectura del señor Vallejo, ha sido 'reci- 
bida con interés por la sociedad ettabUeida en Parít para la mejora de la enseñanza 
elemental. Iguales manifestaciones ha hecho la Academia francesa y la sociedad 
económica de Cádiz. Los ejemplos quede su feliz aplicación presenta el señor 
Vallejo sonlnumerosos y no prueban menos las ventajas de su método á los 
anteriormente conocidos en España, sino también su celo ardiente por la edu« 
cacion primaria y la difusión de la enseñanza á que ha consagrado todos sus deS" 
velos. {Nota del autor). 



IDEAS PBDAGÓaiCAS 55 

bresde las letras y los sonidos que representan, cuando 
suenan unidas con las vocales; no hallando ni visos de 
razón en que la be y Isl a formen la sílaba ba; y la efe y la a 
la sílaba /a, y no bea ni efea; la ache y la a cha y no achea, etc., 
y cierto que la objeción es de gran fuerza. Pero cuando se 
trata de crear métodos de lectura fáciles y razonados ¿se 
considerará esta arbitraria nomenclatura una cosa tan res* 
petable que esté á cubierto de la lima de la reforma? ¿No 
podría hacerse una nueva nomenclatura uniforme y que 
<;on*espondiese con los sonidos que tienen las letras en las 
sílabas? Esta cuestión que arredró á Vallejo {*) la ha 
resuelto victoriosamente don Manuel Bonifaz, otro español 
residente en la República Argentina. Es verdad que en 
Francia se había introducido de mucho tiempo atrás una 
nueva y sistemática nomenclatura de las letras: en España 
la propone Gicilia, como indispensable en su tratado de 
prosodia: algunos, españoles, autores de silabarios, habían 
substituido ya los nombres de ele^ ellcy eme, ene^ eñe; con los 
mas breves de ley lle^ ma, n^, ñe: sobre todo en Buenos Aires 
estaba en práctica desde el año 1823 una nueva y uniforme 
nomenclatura de letras; y Bonifaz podía crear sobre esta 
base tan bien establecida un nuevo método. Efectivamente 
para el niño no hay mas razón para que la d se llame de^ 
la p, pe; la f, te; y la ft, be, que la zeta^ ce; la;oía, je; la erre^ 
rre; la ache^ che; puesto que en la combinación de la sílaba 
dan todas resultados análogos; á saber da, pa, ía, ^a, ba^ja^ 
rra^ cha. Luego conocida la analogía de resultados, la nueva 
nomenclatura debe fundarse en ellos para crear la analo- 
gía de nombres; á fin de que el niño por la analogía y uni- 
formidad de los nombres, descubra la analogía y unifor- 
midad de los resultados; formándose á sí mismo una regla 
general para todos los casos. Esto establecido pueden fun- 
dirse los nombres de las letras siguientes en un tipo común: 
be^de^ /a, cheje^ fe, /te, w^, ne, ñe^ pe^qm^ rre^ te, ye, ze; pero sobre- 
vienen algunas dificultades. La ce forma, unida á la a, á la o 
y á la u, un sonido de qtM; y con la & y la t, conserva el de 



(i) Vallejo ha propuesto y recomendado en bu arte de escribir un nueyo sistema 
de caracteres para escribir el castellano. A la m sosUtuye la k, ft la r, da el 
sonido suave, y la rr la escribe r, la ch la substituye con la x, uniformando las 
demás en la terminación en a como f, fa. {N, del A,). 



56 OBRAS DB SARMIENTO 

ce: tiene pues dos sonidos distintos y por tanto, tiene doa 
nombres. Asi se la llamaba en Buenos Aires ee ó que^ y á la 
jf, ge ó gue-y á. la r, rre ó re\ á. la a?, quese ó ge\ & la y, y ó ye. Pera 
este método de dar dobles nombres á las letras que tienen 
dos sonidos, no obstante su exactitud ló(;ica, tiene el grave • 
inconveniente de traer algunk confusión á los niños. Bo- 
nifaz quiso averiguar el nombi*e que debía darse á. cada una 
de aquellas, según el mayor número de casos en que pre« 
dominaba el uno ó el otro sonido, y ha obtenido ó debida 
obtener estos resultados: ca^ ce, ct, co^ cu, aCy ee^ te, oc^ uc, cra% 
cre^ crú cro^ ct^^ cla^ cle^ di, clo^ clu^ en todos los cuales la 
letra se llama que; porque ese es el sonido que produce al 
unirse delante ó después de vocal, excepto en dos casoa 
únicos en que es ce; esto es, cuando se junta con la « y la t. 
Luego el nombre de esta letra es que, y ce y es la excepción 
ó la anomalía. Lo mismo sucede con lagfe, que en tolos 
los casos produce el sonido de gue. Los gramáticos y los- 
prosodistas se han propuesto explicar en las silabas cla^ cra^ 
pie, ble^ la manera cómo dos consonantes modifican & una 
vocal, y Vallejo ha aceptado la solución que supone qua 
hay una supresión ó contracción del sonido de la misma 
vocal, que se repite en cada una de las consonantes: asf 
dicen que bla es una abreviación de fra, la; pues que bala 
repetida con ligereza muchas veces da al fin bla, y efectiva- 
mente hacen ya mas de diez años que en Putaendo enseñé 
á una chiquilla de tres años de edad á. decir Ma, haciéndole 
repetir bala, bala, bala, balábala, hasta que decía bla. Pera 
sin admitir ni desechar esta definición que cuando menos 
me parece ociosa como tal, yo preguntaría ¿cómo se hace 
la contracción en las sílabas cte, ^/í?pues descompuestas 
formoin cele, gile, lo que es falso, atendido el nombre que 
actualmente tienen aquellas consonantes. Los hombres 
maduros hallan un cuesta arriba y una repugnancia en 
llamar gue kla g,y que á la c, no obstante la evidencia mate* 
mática que resulta de las anteriores demostraciones; pero 
esta preocupación no milita con los niños que no conocen 
como se han llamado antes las letras y que hallarán mucha 
utilidad en llamarlas como suenan en las sílabas. Si hay 
excejiciones se les enseña á distinguirlas, y mas adelante, 
apuntaré los medios que para conseguirlo he practicado. 
Otra dificultad nace de la rre que en medio y fin de dicción 



IBBAS PEDJLGÓQICAB 87 

cuando no va doble suena como en merengue j y en princi- 
pio de dicción, como en remo: tiene» pues, dos sonidos, ¿y 
cómo distinguirlos? Algunos prosodistas han dado en decir 
que la r no tiene sonido suaves sino cuando modifica á la 
vocal subsiguiente; de manera que en estas palabras bara« 
íwríi, quiero^ sombrero^ dividen asi las sílabas bar-a- tur-a; quier-Oj 
som-brer-o y ya se ha escrito uno que otro libro con esta di- 
visión de sílabas; la historia de la revolución de México y 
algún otro. 

Se' fundan para esto en que la r no ocurre en principio de 
dicción sino rr, y en que hay dificultades en pronunciarla 
sola sin que la anteceda vocal. A mi me parece que de esto 
último ha nacido lo primero, y el que los órganos de la voz 
no se presten á dar fácilmente un sonido,sin estar preparados 
por un movimiento anterior, no quita que ese sonido modi- 
fique á. una vocal subsiguiente: en israel^ honra y Ulrica, no 
puede pronunciarse ere porque la «, n, ¿dejan los órganos de 
la voz en tal disposición que no pueden sin cambiar de 
postura seguir con las de la ere. Yo sometería esta teoría 
á la de la contracción de la sílaba bla; pues pre sensible- 
mente no dice perre sino pe re; en 6ro, bo ro y así en todos los 
casos de contracción. La dificultad de pronunciar este sonido 
en principio de dicción es mas aparente que real; porque 
todos los niños á quienes he enseñado no han mostrado 
gran dificultad en ello; sólo, sí, que necesitan detenerse á 
cambiar la forma de los órganos del habla. Pero los ver- 
daderos inconvenientes que encuentro para la adopción de 
esta reforma, cuya verdadera utilidad no comprendo, es el 
introducir nuevas excepciones á la manera ordinaria de 
formarse las sílabas, dejando en medio de dicción y entre 
consonantes, vocales aisladas que no forman sílaba, ni son 
modificadas por la subsiguiente^ ni por la precedente conso- 
nante; como en este caso pa-nor-a-ma ca-mar-e-ta. En verdad 
que estas irregularidades ocurren en principio de dicción, 
cuando una palabra se modifica por una preposición como 
en des-amor^ in-a-pe-ten-cia y en medio de dicción, cuando 
dos vocales unidas no forman sin embargo diptongo. Pero 
hay mucha diferencia en que unas cosas existen necesa- 
riamente y que otras nazcan para existir, de la especula- 
ción de los eruditos. Otra razón, y esta es la única 
concluyente para no admitir la exclusión de la combina- 



58 OBRAS DE SARMIENTO 

cion de vocal modificada por ere subsiguiente, es que lectura 
es el arte de descifrar las palabras escritas; y como los libros 
comunes no admiten todavía en la división de las sílabas 
semejante exclusión, debemos enseñar á los niños á leer 
como está escrito; esperando que el uso común y constante 
adopte aquella diferencia, para enseñarla entonces á los 
niños; porque si no se ha de atender al uso y se adopta al 
contrario, lo que parece mas conforme á la razón, podría 
presentarse y adoptarse un sistema completo de ortografía 
que representase perfectamente nuestra habla, tal como 
ella es en todas las clases de la sociedad. Debo añadir á 
esto, que para modificar el primer cuadro de Bonifaz en 
la parte que tiene relación con la r, es necesario destruir 
sus ejercicios de lectura que no podrían reconstruirse sin 
mucho trabajo. 

Para salvar esta dificultad Bonifaz ha hecho dos letras; 
la una r, la otra rr, como la / y C, conformándose en esto con 
el uso general que empieza á considerar estas dos letras 
como distintas, explicando por excepciones los casos que 
en una y otra se confunden en la escritura. La y griega 
no presenta tantas dificultades, puesto que ya no se usa 
sino como consonante en ya^yi^ etc., y aun suponiéndola 
consonante su sonido al fin de dicción apenas se distingue 
del de la vocal. La ha llamado pues ye. La equis presenta 
todavía dificultades, y aunque esta letra ha perdido el so- 
nido de j\ cuando modifica alguna vocal subsiguient6| 
tiene el inconveniente de ser una letroi jeroglífica^ si es posi- 
ble decirlo así; porque en ella están fundidos dos sonidos 
distintos que tienen en nuestro idioma sus caracteres pro- 
pios; tales son el de que y el de se. Los gramáticos dicen 
que á veces es^ y »; y á veces quey s como en egsamen^ ecsaeío; 
pero no todos están de acuerdo sobre estas diferencias. 
Bonifaz, sometiéndose á una necesidad actual, ha dado á 
la X el sonido áequse^ que es difícil de pronunciar al princi- 
pio, pero que es el mismo que tiene en el idioma y que la 
generalidad de los hombres adultos no sabe pronunciar, 
costándoles mil veces mas el aprenderlo que á los niños, 
cuyos órganos se prestan á producir dócilmente todos los 
sonidos que hay en todos los idiomas. 

Un joven que está versado en las doctrinas de los proso- 
distas me ha dicho que éstos no admiten que la quse {x) 



IDEA.3 PEDAGÓGICAS B9 

modifique nunca la vocal subsiguiente, sino solamente á la 
que le precede; pero como no recuerdo muchos casos en 
que esta letra sa halle en las silabas del medio ó del fin de 
una palabra, no hallo gran inconveniente en admitir, si se 
cree necesario^ que sólo modifique á Ea vocal anterior; 
aunque aveces quede una vocal en medio de dos conso- 
nantesjo que á. mi juicio debe evitarse siempre que sea 
posible, para alejar toda confusión, y la multiciplidad de 
reglas en la descomposición de la palabra en silabas. Por- 
que es preciso convencerse que lo que interesa es formar 
un método de lectura sencillo y fácil, y que enseñar 4 leer 
no es enseñar gramática, ni prosodia; pues lo que se aprende 
en tan tierna edad para producir por resultado final la 
lectura, se olvida con prontitud; no quedando en la 
mente de los niños, sino el efecto que es saber leen Y como 
por otra parte la a: es una letra que ya está amenazada de 
desaparecer completamente en nuestra escritura, y es de 
rara ocurrencia, no creo deber insistir contra la esclusion 
de lar (ere) al principio de sílaba: ez-a-mm^in exdc-tütud, próx- 
i-wiD, a-7iex-o^ me parecen sin embargo mas forzadas que 
B-xamen; i-m'Xm'ii4ud¡ pro-xi-mo; a-ne-xo^ no obstante que reco- 
nozco que hay en este último modo una violación de las 
verdaderas separaciones de las preposiciones m, ex; mas yo 
no trepidarla en violar toda regla gramatical, á fin de hacer 
fácil y sencilla la enseñanza de la lectura: los jóvenes que 
mas tarde se dediquen al estudio sabrán cómo se forman 
las palabras y la verdadera división de las silabas; y los 
que no, habrán logrado aprender con facilidad bajo una 
regla uniforme, sin que jamas tengan necesidad de ocu- 
parse de estas cuestiones, 

Bonifazha llamado á la r consonante simplemente ue, 
enseñando que se la restablezca en su verdadero sonido, lo 
mismo que á la íw para distinguirla de la se; con lo cual y 
algunas prevenciones que se hacen en el discurso de la 
enseñanza sobre lar y rr* en principio de dicción, ha con- 
seguido dar á todas las letras consonantes un sonido signi- 
ficativo del modo cómo han de modificar á las vocales. 

Me he detenido tanto en estos pormenores, porque he 
creído que para generalizar una reforma en la nomencla- 
tura de las letras y destronar un sistema vicioso y arbitra- 
rio, es necesario destruir la conciencia que el hábito ha 



40 OüEAS DB SARMIENTO 

formado en oosotroa, y convencer de* las ventajas de la 
reforma, apoyándose en la bondad de las consecuencifius y 
lo fundado de los principios. Mas el método de Bonifazno 
ha parado aquí; pues adoptando el nuevo orden dado á las 
sílabas padrones d6 Yallejo en una cantinela fácil de con- 
servarse en la memoria de los niños, ha formado otra de las 
letras, la cual repraseuta todo el abecedario en palabrasí 
aunque no todas ellas tengan significado» ni expresen nada 
en castellano; ahorrándose con esto la molestia que se ha 
tomado Vallejo de explicar lo que significa chafallada en 
castellano y como seria ^arra«a^a«a una palabra compuesta 
de garra y del aumentativo de xaya, con no sé qué otras pe- 
queneces de este género, después que él mismo observa que 
los niños aprenden de memoria todo los que se les enseña; 
como la cantinela latina darí/i»^ barbara celarent y yo agre- 
garé el maseuía sunt maríbus que contiene la regla de los 
géneros latinos. 

La cantinela obtenida por Bonifaz para retener el alfabeto 
es como sigue: rnerece iesede leche beve peneque que llegtte yerreñe 
a»ye/c, la que descompuesta produce estos sonidos m, r, *, t 
s, ¿^ I, úh, b, t\ j?, n, c, qu, n,g, y, rr^ ñ, xj, f. ' 

Una vez uniformada la nomenclatura de las letras, y 
colocadas en un orden tal que puedan retenerse en la 
memoria, el método de Bonifaz presenta todas las ventajas 
que de su sistema analítico se propone Vallejo; porque 
confiando en el instinto de analogía de los niños, les enseña 
á unir la jn con la a para formar la silaba ma, Y aquí es el 
lugar en que debo notar un hecho que Vallejo ha contra- 
dicho y que Bonifaz ha descuidado observar, no obstante 
que ambos han colocado como por adivinanza, la letra m k 
la cabeza de sus respectivas nomenclaturas. La m es una 
letra que puede pronunciarse, ó á lómenos hacerse perci- 
bir, sin et auxilio de vocal; basta para ello, pegar con fuerza 
los labios y hacer salir por las narices el aliento y la voz 
para producir un sonido prolongado indefinidamente, que 
no puede equivocarse con el de otra letra. La^e se produce 
igualmente apretando los dientes y haciendo escaparse el 
aire por sus intersticios; la/i?, la fe„la%6, la ye, la rre con 
sólo prolongarlas como si pudiese escribirse así: ffffffy www^ 
xz^zz^ rr r rn\ etc< Luego, no es imposible explicar á un niño 
cómo se confunden el sonido consonante y el vocal en la 



IDEAS PSDAGÓGICAJ 61 

sílaba, pues basta producir aquellos sonidos prolongados y 
abrir en seguida la boca con las formas que su abertura 
toma para modificar la voz en los sonidos a^ á, i, o, «, La 
experiencia la he repetido mil veces con el mejor suceso, 
y haciendo que los niños la repitan se ve manifiestamente 
que la comprenden. Pero no importa que el niño pueda 
darse cuenta de cómo sucede la fusión de las dos letras en 
la silaba: lo repite empíricamente si se quiere; pero después 
de haberle ayudado para la formación de las silabas iiia^ met 
mij tm, mu, para las sílabas ra, re, r*, ro, rw, xa, ¡te, xi, «o, %u^ 
si cada vez que ocurre uua nueva combinación, después de 
haber dicho m, a?fna; r , a? ra, como por ejemplo esta; í, a? 
es raro que no responda obedeciendo á, una armonía inte- 
rior que le dice ía; por analogía, por instinto. Lo he 
observado mil veces; unos aciertan á descubrir la regla á 
las cuatro consonantes, otros a las seis, los mas tardos á las 
siete; pero una vez que aciertan, toda la obra está con- 
cluida y ellos solos pudieran leer todas las combinaciones 
de tas otras letras sin el auxilio del maestro, si por desgra- 
cia de nuestra ortografía, no ocurriese luego la anomalía 
de los casos ¿»j ¿n", ge^ gi, en que el niño ve estrellarse todo su 
saber, sin poder darse razón de esta absurdidad, después 
que él había ensayado su inteligencia con tan próspero 
resultado y cuando con engreimiento se avanzaba en la 
nueva carrera abierta á su curiosidad. Un distinguido lite- 
rato (*) á, quien exponía este método me hizo á. este res- 
pecto una observación que no debo desperdiciar, no obs- 
tante que he indicado ya algo mas general sobre la falta 
de método en la lectura. «¿Quién podrá, calcular^ me decía, 
las consecuencias funestas que trae parala moralidad de un 
niño, el eacontrar á su primer paso en la senda del saber, 
en este ce, c^ y ge^ gi, el escándalo de una arbitrariedad 
incomprensible, de un absurdo que su razón reprueba, sos- 
tenido por el maestro mismo que debía guiarlo por los 
dictados de la razón? Todas las sílabas se forman bajo una 
regla uniforme que él ha descubierto y luego, cuando mas 
contento estaba de sí mismo, el maestro lo detiene y le dice 
cé^ a^ oí; cuando él había dicho conforme á la mas severa 



(1 ) D. JíüÚTéñ Bello. 



62 OBaá.8 DB SARMIENTO 

lógica. c€y a^ xa, Ó bien que^ajca^que^ejce^ cuando su instinto, 
su razón, le están gritando que, e, quef» Reflexión profunda 
que daría que pensar á los etimologistas que por sostener 
unos antecedentes absurdos, perjudican á la claridad de la 
lectura y al desarrollo de la infantil inteligencia. Pero no 
hay remedio; es preciso leer lo que está escrito y como 
está escrito. Lo único que puede hacer el maestro es ate- 
nuar la falta, llamar la atención sobre ella y explicar la 
anomalía, no obstante que el niño sabrá leer y siempre 
estará insistiendo en que ce, a es xa, ó que, e es ce, según 
que se le enseñe á nombrar la letra. 

Yo me he valido de un método que me ha producido 
buenos resultados. Cuando leían unos pequeñuelos en 
quienes experimentaba este método, ;los dejaba llegar 
descuidados hasta el fatal ce, d y cuando decian que, qui^ 
siguiendo la analogía de ca, co,cuy del nombre de la letra 
los sorprendía repentinamente con el golpe estrepitoso del 
puntero en el cuadro, con lo que se quedaban atónitos y 
desconcertados; entonces les decía: aquí no es como en los 
demás casos, dice ce, e/, y esta maniobra la repetía siempre 
que llegaba el caso de ce, d ó de ge, gi. Después observaba 
que en llegando al atolladero se paraba el que estaba leyen- 
do, miraba á los otros, me miraba á mí, pero ni se acordaba 
de lo que le había dicho, ni decía que, qui ni gtte, gui tampoco 
hasta que con nuevas explicaciones lograba al fin que 
retuviera en la memoria la irregularidad del ce,ci y del^e,^* 
Cuando hice reimprimir aquí el método de lectura de 
Bonifaz, puse en letra bastardilla estos casos anómalos, 
para llamar con ello la atención, y agregué al pie del cua- 
dro primero un ejercicio de estas excepciones; porque «o 
creo excusado toda clase de auxilios especiales para ayu- 
dar á los niños á salir de este aprieto; pues que veo aun 
en los adultos que no tienen mucho ejercicio de lectura, 
que están siempre llenos de incertidumbre y de dudas; é 
imagino que sería muy ventajoso aplicar á estas irregula- 
ridades el ingenioso método de que se han valido en Fran- 
cia para hacer perceptible á la vista, en las conjugaciones 
de los verbos, la radical y la terminación, imprimiendo la 
última con letras coloradas. Los niños se fijarían en este 
distinto color, comprendiendo cada vez que lo encontrasen 
que allí había alguna novedad; siendo fácil hacerla cono- 



\ 



1I>EAS PEDAGÓGICA» IB- 

cer después de haber despertado su atención fuertemente 
pormedio déla impresión de los sentidos. 

Pero volviendo al método de Bonifaz» presenta todavía 
otra ventaja, cual es la de poner en un mismo cuadro y 
partiendo del mismo centroj que lo forman las consonantes, 
laa dos maneras de modiíicarse el sonido vocal, poniendo 
á un lado las combinaciones naturales de vocal precedida 
de consonante y a otro las inversas de vocal seguida de 
consonante asi: 

um om im em amu o i e a ^ae i o urna me mi mo mu 

De manera de poder simultáneamente ensenar estos dos 
modos de modificar la vocal. Concluido este ejercicio de 
lectura, y cuando los niños se han convencido de que hay 
una regla fija para formar las sílabas, Bonifaz ha ideado 
una innovación en el arte de enseñar á leer, que le honra 
enalto grado y que acaso le ha sido sugerida por el vacío 
que notó en Vallejo de no tener terreno preparado para 
poner en práctica sus reglas de lectura (*). Bonifaz apenas 
ha enseñado las dos clases de combinaciones antedichas 
que pone un cuadro de lectura tan hábilmente preparado 
que un chico puede darse el petardo de creer que ya sabe 
leer; pues que puede imponerse del contenido de este cua- 
dro, lo que alienta su espíritu y le llena de una satisfacción 
tanto mayor, cuanto que la materia de la lectura está al 
alcance de su inteligencia, compuesta con sus palabras y 
tomada de sus necesidades actuales, de sus juguetes, etc. 
Sobre este pjnto volveré después; dice así: 

fija Uniño ñn lo que le a», 
imi ia en io do al que ie en hü ña. 

Como se deja ver fácilmente, no hay una silaba en estos 



(l) Al tijlaino tiempo que obtenía los Informes ciue sobre la aplicación de la 
teoría del si^^ñor Vallejo k la milicia DadonaK he reproducido en una de las notáis 
anteriores, ba llegado á rnl^ manoK e] mas conipleto sUabaHo inj^lés, en el cual 
está adoptado para aquel Idioma el nUsiuo juecanli^mo de pr^í^entár á cada nuera 
combinación de SEÍlaMs quu ae^ enseña, un ejercicio de lectora co ni pueslc» de 
palabras Tonnadas íjnlciimenteüe las sílabas ra conocí das ^ Eu diclio silaljarlo los 
ejemplos üon uum<f rosos y variados^ no siendo de menos de 198 páginas la colee- 
clon- Has no \vAj lecciones dobles de un mismo ejercicio; es decir, uno dividido 
eo silaban j el otro en que de catas mismaíi silabas está compuesta la palabra, lo 
qtie facillia indeciblemento la lectura üe los libros, { A\ del A. i. 



64 0BRA.8 DB SARMIENTO 

ejercicios que no haya estudiado ya, y que no comprenda 
perfectamente. Esta manera progresiva de ir poniendo poco 
& poco las sílabas diversas, y luego un ejercicio de lectura 
apropiado, es lo mas conforme con la índole de los niños, 
inquieta, impaciente, que les hace creer eterna la tarea 
que no pueden terminar en un día;y tanto en el método de 
dejar que el niño forme sus conjeturas sobre la formación 
de las sílabas, por la analogía de resultados que le dan las 
que ya conoce, como en esta distribución de la tarea con 
descansos á cada nuevo ascenso, se ha consultado con 
admirable fisolofía el carácter y la capacidad de la infan- 
cia, y la manera de proceder de sus facultades intelectua- 
les que, sin duda no es por análisis razonado, ñi por defini- 
ciones, sino por imitación, por inducciones obscuras, por 
analogías con lo que ya conoce, por instinto en fin. 

Este estudio está acompañado de un doble progreso en la 
lectura y haciéndola gradual y paulatina se ahorran todas 
las dificultades que tiene para el niño el leer la palabra, no 
obstante que conoce las sílabas que la componen, cuando 
las encuentra separadamente. Vallejo ha dado diez y 
nueve reglas para descomponer la palabra en sílabas, para 
poder leerla: Bonifaz no ha dado ninguna, y sin embargo 
ha logrado el objeto, sin que el niño sienta esfuerzo ó mo- 
lestia para realizar esta parte difícil de la lectura. Después 
del cuadro, 

fija ieniño mh que h as 

ha puesto este otro: 

fijóte niño en h que leas 

y poniendo ambos á la vista, ordena que se diga al niño: 
aquí dice lo mismo que en el que ya se ha leído: éste fíjaie^ 
es lo mismo que Siquél fi-jate; lean ustedes y cuando tengan 
dudas vean en el otro. 

El resultado ha justificado completamente la invención: 
no sólo leen todos los renglones que están duplicados, des- 
entrañando ellos las sílabas, sino que se leen sin saberlo, 
diez ó doce que hay diferentes en éste, de los que contienen 
el primero, así: 

En el 2^ cuadro, ejemplo S^. 

te daré una cosa bonita. 



IDEAS PEBJWCHÍaiCAS 65 

En el 3«' cuadro, ejemplo 3*'- 

José toma unperfiiQ dogo. 
Ea elS^ cuadro, ejemplo 12. 

La gm ia rra de Jo sé es de ma de ra fi na. 
En el 3«' cuadro, ejemplo 12. 

iu guitarra es de madera fina. 

Superchería inocente que acostumbra al niño á buscar la 
filaba é ir devanando la palabra para repetirla sucesiva- 
mente. 

Los cuadros originales de Bonifaz traían divididas las 
silabas entre si con guiones, conformándose en esto con el 
uso establecido; yo suprimí estos guiones por inútiles y por- 
que su falta al pasar al cuadro en que está recompuesta la 
palabra, puede causar extrañeza á los niños; bastando el 
uso de los espacios de imprenta para separar las sílabas, 
y aun pienso que sería conveniente en un mismo cuadro, ó 
á medida que se avanza en la lectura, ir disminuyendo la 
distancia entre silaba y sílaba de las que forman una pala- 
bra, hasta usar la menor posible; á fin de no hacer dema- 
siado brusca la transición de las palabras divididas en 
silabas á las que están incorporadas en un solo grupo. 

Otra innovación importantísima en el arte de enseñar es 
la supresión de los alfabetos de bastardilla y mayúscula 
que se hace aprender por separado á los niños, ocupando 
en ello tiempo y trabajo, por la diversidad de caracteres. 
En el primer cuadro de ejercicios Bonifaz escribe las pala- 
bras así: 

fi ja te etc . 

^n el segundo cambia ia primera letra en f. 

Fíjate etc. 

y diciéndole; esta letra grande es lo mismo que aquella 
otra; los niños siguen buscando siempre para explicarse 
las demás que ocurren, su correspondiente en el cuadro 
anterior. A mí no me pareció suficiente este modo oblicuo 
de introducir cojuo por contrabando las mayúsculas, é hice 
la siguiente reforma: al lado de fi ja te puse F- fíjate y en el 

Tomo xxtui.— 5 



66 OBRAS DE SARMIKNTO 

segundo cuadro /"i^afe; estableciendo en ambos la corres* 
pondencia de un modo sensible y fácil de encontrarse al 
primer golpe de vista. 

Para terminar el examen de este método de lectura, diré 
que en los dos cuadros sucesivos trae todas las combina- 
ciones que forman las letras para producir sílabas en el 
castellano, y cada nueva serie de sílabas acompañada de 
ejercicios de lectura, primero divididos en sílabas y en 
seguida los mismos en palabras compactas, sin presentar 
nunca una combinación que ya no sea conocida. Este 
método presenta en último resultado estas ventajas: 1% 
tener una nomenclatura de letras uniforme, cuyos nombres 
conducen á conjeturarla modificación que experimenta la 
vocal; porque estos nombres están tomados del sonido de la 
modificación misma; 2*, que reducidos á dos casos únicos 
las aberraciones de la regla general, da medios auxiliares 
para ayudar la mente de los niños á pasar por las anomalías 
de ce, ci y de ge gi] 3% que nada innova en la ortografía actual, 
reconociéndola tal como existe; pues no pertenece á la 
enseñanza del arte de descifrar la palabra escrita, corregir 
lo que existe antes que él se aprenda; 4% restablece en la 
enseñanza primaria la recta pronunciación de la v y de la x 
por la necesidad que hay de distinguir netamente los 
sonidos de ellas, de los de la 6 y de la s; 5% que no deja 
ociosa, ni contraria, ni confunde la razón de los niños, 
valiéndose por el contrario de los mismos medios que 
ellos tienen de aprender todas las cosas: á saber de la 
memoria, la imitación y la analogía; 6% que no pretende 
explicar nada, sino que deja que los niños sigan sus pro- 
pios instintos; 7% que presenta ejemplos y enseñanza sepa- 
rada de todas las clases de modificaciones que experimenta 
el sonido vocal; 8% que subdivide el trabajo, presentando á 
cada nuevo progreso una aplicación á la práctica de loque 
se ha aprendido; haciendo de este modo mas fácil la tarea 
que hay que desempeñar, cuando entrando de golpe á 
leer palabras de toda clase de sílabas, aunque estén sub- 
divididas con guiones, se lucha con la diversidad de recuer- 
dos que cada una exige; 9% que enseña sin esfuerzo los 
diversos caracteres usados, introduciendo furtivamente las 
mayúsculas, según que van ocurriendo; 10*, que muy desde 
los principios y por un mecanismo sencillo, se habitúa al 



IDEAa PEOAGÓOIGAS 67 

niño á recomponer la palabra después deque se le ha mani- 
festado dividida en silabas, haciendo desaparecer poco k 
poco la gran dificultad que tienen los niños, aun después 
de haber estudiado las sílabas por los métodos mas com- 
pletos, para hallarlas y discernirlas en las palabras, ó lo 
que es mas inteligible, descubrir las coyunturas que com- 
ponen los miembros silábicos de que la palabra está for- 
mada; 11% usar por materia de lectura oraciones cortas, y 
al alcance de la inteligencia de los niños, lo que los esti- 
mula y divierte al mismo tiempo. 

Creo que son estas ventajas suficientes para considerarlo 
como g1 último grado de perfección conocido hasta ahora 
en el arte de enseñar á leer; pues reúne todas las condi- 
ciones que pudieran apetecerse. Si hubiera de proponerse 
la adopción de un método de lectura que sirviese para la 
educación popular en Chile, yo aconsejaría que se exami- 
nase éste por personas inteligentes, haciendo on él iasmo- 
dihcaciones necesarias para ponerlo al alcance de todos los 
que se dedican ala enseñanza. 

Desde ahora apuntaré las que me parecen mas esenciales. 
El cuadro primero que es la clave del sistema, requiere 
una revisión meditada y prolija, á fin de allanar cualquier 
tropiezo que en la formación de las sílabas ocurra, haciendo 
sensibles á la vístalas irregularidades de las combinaciones 
€Bj cij g% gi* Como la exposición en cuadros en que se 
halla actualmente este método, es sólo aplicable el sis- 
tema de enseñanza mutua, creo que convendría refundirlo 
en un librito manual, y de la menor es tensión posible, á fln 
de hacerlo barato* 

Para conseguir este fin debiera conservarse en un cuadro 
siempre el primero; pues, no puede subdividirse, sin que 
pierda el mérito del conjunto; pudiendo separarse del libro 
y aforrarse en un tablero que se tendría en cada escueiita 
y muchos en las de mas consideración. 

Los cuadros 2** y 3^ debían irse colocando alternativamente 
en una pagina uno, y en la de enfrente el otro, á fin de que 
cuando se llegue á. leer el que está en palabras se tenga, 
sin ojear, á la vista el silabado que tenga de guía para que 
el niño resuelva por sí mismo las dificultades que puedan 
sobrevenirle en la lectura del otro; debiendo repetirse lo 
mismo en todos los cuadros dobles de ejercicios. Los S'^íS" 



68 0BRA.8 DE SARMIENTO 

y ll^' que contienen los demás rudimentos de las modificacio- 
nes silábicas, podrían reducirse á la mitad de su extensión 
actual; suprimiendo una gran parte de las combinaciones 
registradas en ellos, pues que para su inteligencia, basta 
que los niños vean ejemplos de cada manera de combina- 
ción para que ellos puedan por analogía descubrir y formar 
todas las que tiene el castellano. Convendría también 
añadirle los casos de abrogar, subrogar, y otros en que la pro- 
nunciación se refiere á la composición de la palabra y moni- 
roto^ banearota y otros casos excepcionales y análogos. Igual- 
mente algunos ejemplos de las alteraciones que causan los 
acentos, para cuyo fin ha hecho Vallejo un trabajo impor- 
tantísimo, reuniendo muchas palabras acentuadas de 
diversas maneras, como: 

ánimOy animo, arrimó, 
célebre^ celebre^ celebré^ etc. 

Tampoco estaría de mas una serie de palabras de extraña 
y complicada organización, á fin de que nada quedase que 
desear; á todo esto debía seguir un asunto de lectura de 
algunas páginas, que sirviese para ensayo final de las 
reglas de lectura aprendidas ó adivinadas por los niños; 
debiendo cuidarse de que el asunto de ella fuese trivial, 
como es la inteligencia de los niños, y sobre cosas que estén 
á sus alcances. 

No quiero perder la ocasión de insistir en la necesidad de 
hacer imprimir libritos, cuyo contenido sea de un interés 
insignificante para los hombres adultos; pero que para los 
niños tengan el atractivo de estar al alcance de su limitada 
comprensión, y de versarse sobre asuntos que les sean fa- 
miliares y aun personales. Esto no sólo trae la ventaja de 
hacerlos contraerse á la lectura, que de suyo es un tra- 
bajo molesto; que requiere una contracción asidua, cons- 
tante y prolija; y que contraría y martiriza el instinto volu- 
ble de la infancia, sino que les hace comprender que en los 
libros pueden hallarse cosas divertidas, inteligibles y sólo 
útiles por este aspecto. No hay cosa mas absurda ni mas 
fatal en sus consecuencias que poner en manos de los niños 
el primer libro que se encuentra, ó ciertos tratados que se 
aplican generalmente al uso de las escuelas, por tener, como 
dicen los que los recomiendan la ventaja de ser muy ins- 



IDBA3 PEDAGÓGICAS 69 

tructivos y muy moralesp Pero yo quisiera que tuviesen la 
paciencia de analizar palabra por palabra un período de 
los tales libros morales, y estudiando la pequeñísima parte 
del idioma que comprenden los niños, se convenciesen de 
la petulancia y falta de reflexión que hay en pretender anti- 
cipar un alimento que los órganos digestivos de la mente no 
admiten todavía. 

Hay uD libro de escuelas titulado ObUgactones del hombre^ 
tratado ütil en si mismo y de muy provechosa lectura* Mas, 
yo pregunto ¿qué le importan al niño las obligaciones del 
hombre? El niño quiere á su madre por instinto; respeta k 
su maestro por temor y por la afección que le liga siempre 
al que está, en contacto con él. Querría á un tigre, á un 
bandolero si éste la cuidase y ejerciese sobre él una auto- 
ridad paternal, Ama a sus hermanos, porque vive con 
ellos, porque participan de sus juegos infantiles; y yo he 
conocido un niño de ocho años que se alegró infinito de la 
muerte de un hermanito suyo porque según él decía ya no 
había quien le dijese iuirio, que era el sobrenombre con 
que le mortificaba, cuando se peleaban, lo que por lo menos 
ocurría una vez al día. A mi juiciOt este niño razonaba 
muy bien, ó al menos, según su manera de ver las cosas; se 
libraba de un mal y esto le agradaba^ y por otra parte no 
comprendía lo que es morirse ^ Al otro día andaba triste 
porque no tenía con quien jugar, y poco después se le 
veía llorar, porque vio enterrar á su hermano y sólo enton- 
ces vino á comprender lo que quería decir morvrse^ que al 
principio le parecía un pequeño accidente^como lastimarseí 
caerse, no poder salir á jugar^ ú otra cosa semejante. ¿Qué 
le importan á un niño los deberes para con el prójimo» la 
patria, la sociedad y todos ios demás! Para él no hay mas 
deber que ir á la escuela» mas placeres que jugar, ni mas 
reconocimiento que el instinto de amar á los que lo aman* 
Todo lo demás está muerto para el; el mun'lo no existe sino 
k condición de poder correr sobre la tierra, comer frutas y 
hallar materiales para fabricarse sus entretenimientos . 

Las consecuencias ílel estr^ivfo de la educación primaria 
dejan entre nosotros huellas imperecederas qut3 no se 
borran sino por una segunda educación^ inlluyendo ¿qué 
digo iníluyendofdecidiendo irrevocablemente de la suerte 
de un pueblo y retardando indefinidamente su civilizíícion 



70 OBRAS DB SARMIENTO 

¿Quién es aquel que ha aprendido á leer por los métodos 
conocidos de lectura que no recuerde la aversión á los 
libros y A la lectura que ha sentido cuaado niño? Pues bien; 
esta aversión se conserva en todos tos que no han hecho 
estudios posteriores; es decir, en la masa general de la 
población; y he oído á dos directores de col